Archivo de noviembre, 2019

Reinventar el amor, un poema a la vez

Por Sandrine Muir-Bouchard

“1000 maneras de amar sin violencia” fue el tema que convocó a artistas de América Latina y el Caribe para escribir poemas y canciones para el 25 de noviembre, Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Se suman a un reto poético global (#DigamosBastaCypher  y #1000ManerasDeAmarpublicando) videos que denuncian las violencias machistas y proponen nuevas formas de amar sin violencia en sus redes sociales, principalmente Instagram.

“Me parece muy importante que las mujeres saquemos la voz para compartir nuestras vivencias, tanto de violencia como de resistencia, pues hemos crecido en sociedades conservadoras que nos quieren calladas”, afirma Rebeca Lane, rapera feminista guatemalteca. “Necesitamos que el hip hop empiece a denunciar lo que pasa en nuestra sociedad, nos están callando, a nuestras niñas las están violando”, agrega La Rola, una de las integrantes de la colectiva colombiana Líricas del Caos. Gaudy Mercy (República Dominicana), La Reyna y La Real (Cuba), Vero Pérez y Camila Torrico (Bolivia), y la colectiva Hip Hop Femenino El Salvador (ELS) son otras de las protagonistas del reto en la región.

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Una sociedad libre de fundamentalismo

Por María Reglero

Las violencias machistas son una de las violaciones de derechos humanos más prevalentes y extendidas en el mundo entero. A estas violencias, que afectan principalmente a mujeres y niñas, también se les denomina violencia de género e incluyen diferentes manifestaciones como son violencia física, psicológica, y sexual. Se producen en el contexto de la familia, en nuestras comunidades y espacios públicos, y son en ocasiones perpetradas o toleradas por los Estados, tanto en tiempos de paz como en tiempos de crisis. Las violencias están arraigadas en un conjunto de normas sociales e imaginarios nocivos en un mundo donde la desigualdad de género es estructural, si bien las desigualdades se manifiestan de forma diversa en diferentes contextos.

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Por una vida libre de violencia

Por Pilar Orenes

 

Nos acercamos al 25 de Noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres. La fecha se eligió en honor a las hermanas Mirabal, torturadas y asesinadas un 25 de noviembre de 1960 por la dictadura del general Trujillo en República Dominicana. Fueron víctimas por enfrentarse a un régimen absolutista y defender sus derechos.

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El feminismo del Ibex 35

Por Liliana Marcos Barba

Los cánticos multitudinarios de las manifestaciones del 8 de marzo y los ríos de tinta impresa al calor del #Me Too han llevado al feminismo hasta cuotas inimaginables hace apenas cinco años: partidos políticos que no quieren dejar de salir en la foto o empresarias de la estratosfera que sin tapujos proclaman su compromiso con el feminismo. Bienvenidos sean los compromisos y declaraciones si vienen acompañados de cambios en políticas y conductas –también conductas empresariales– que nos acerquen a una mayor igualdad entre ellos y ellas.

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Solo sí es sí; lo demás es violación

Por Virginia Álvarez y Carmen López

Si hay algo que vuelve a quedar claro con la última sentencia sobre la violación en grupo de una menor de 14 años en Manresa es una cosa: las palabras importan e importan porque construyen imaginarios en la sociedad. Importan porque según lo que se diga o se deje de decir, las mujeres sentiremos, en mayor o menor medida, que se lucha contra la impunidad y el silencio que ha envuelto a las agresiones sexuales, en parte por la acción o inacción de las autoridades que deberían protegernos.

Las palabras importan y mucho, porque no estamos ante violencia doméstica cuando un hombre, bien sea el marido o cualquiera con el que se tiene una relación afectiva, pega, maltrata o mata a una mujer. Estamos ante violencia de género, estamos ante una violencia contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Empezar a llamar a las cosas por su nombre permite dimensionar el fenómeno, pensar, desarrollar políticas públicas y leyes que incorporen este enfoque: nos matan porque somos mujeres. 

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Alfabetización financiera para empoderarse

Por Willie Lovai 

Raylee está en quinto grado. Hasta hace poco tenía que levantarse antes del amanecer para llegar a la escuela a tiempo ya que tenía que recorrer kilómetros. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. “Gracias al éxito de su negocio, mi madre ahorró algo de dinero y me compró una bicicleta. Ahora puedo llegar a la escuela a tiempo, incluso cuando llueve”, cuenta este joven de 13 años.

Raylee y su madre, Rachel, son de la Región Autónoma de Bougainville en Papúa Nueva Guinea, una isla que alberga a más de 300.000 personas. La mayoría de los habitantes en Bougainville adoptan la agricultura como una de las principales fuentes de ingresos. Rachel vive en el norte de la isla junto a sus cuatro hijos. Cultiva cacao, y ahora, también se dedica a la cría de aves y es una persona respetada dentro de su comunidad por su trayectoria profesional y sus decisiones financieras.

@World Vision. Los ingresos generados por el negocio de pollos le han permitido a Rachel comprar un tanque de agua.

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Sofía no está sola

Por Raquel Checa

¿Realmente existen casos de desnutrición crónica en Guatemala? Todavía hoy me retumba en la cabeza esa pregunta que hace unas semanas me formuló un amigo guatemalteco, antes de mi viaje al Corredor Seco. En ese viaje tuve la oportunidad de conocer a familias y en especial a mujeres luchadoras incansables.  

Historias como la de Sofía (no cito el nombre real por respeto a su privacidad) y sus tres hijos de 8, 6 y 3 años. Ella es una mamá soltera y luchadora incansable que nos contó en su casa cómo camina cada día una media de 4 horas para recoger leña y luego dedica otras 2 horas para desplazarse hasta otra comunidad donde la vende. Así obtiene algo de efectivo para poder comprar alimentos para sus hijos.

© Nico Boersen/Pixbay

Muchos días no logra su objetivo porque la leña que encuentra está mojada por las lluvias y nadie la compra. Vuelve a casa con las manos y el estómago vacío. Viven en una chabola hecha con palos de caña, suelo de tierra y techo de plásticos, en la que cada día aguantan tormentas y lluvia. Yo la escucho atenta, mientras ella relata su situación. Nos cuenta que en estos últimos meses ha recibido el apoyo alimenticio y económico para sus hijos gracias a un proyecto que estamos implementando como Oxfam Intermon allí. Ese proyecto les ha ayudado a sobrevivir en la peor época del año, ya que las cosechas se han perdido por el efecto del cambio climático. 

Mi cabeza empieza a dar vueltas sobre qué más podemos hacer para cambiar la situación de miles de casos como los de Sofía y sus hijos. Me niego a creer que este problema no tiene solución, sí la tiene y somos muchas organizaciones las que estamos trabajando y exigiendo al Estado que cumpla con su responsabilidad. La desnutrición crónica es producto de las condiciones de desigualdad y exclusión estructurales, tanto en el acceso a salud y educación, como a medios de vida dignos, entre otros. Y la crisis climática llega a agravar aún más esta situación, haciendo que pierdan las pocas cosechas que han estado cultivando por meses. 

Tras despedirnos de Sofía, visitamos un centro de recuperación nutricional en la cabecera municipal. Conversamos con el doctor a cargo. Nos cuenta en qué estado de gravedad llegan los niños y niñas a su centro. Cómo se quedan ingresados por semanas hasta que logran sacarlos de peligro. Visitando las dos salas del centro conocemos a un papá que lleva ya más de un mes viviendo allí mientras su hija es tratada por un caso grave de desnutrición aguda. Nos cuenta que no le importa si en ese tiempo ha perdido ya lo poco que logró sembrar, para él lo importante es que su hija se cure. A la par, en otra cama, hay una mamá con una bebé de menos de 6 meses que ha perdido peso de forma muy rápida. Está literalmente en los huesos, llevan 8 días allí recibiendo el tratamiento médico. Nos cuenta entre lágrimas que está preocupada por sus otros pequeños que dejó en casa. Nos sentamos con ella a conversar, nos narra cómo dio a luz a 11 hijos en su casa sin ninguna ayuda de doctores ni comadronas, sola. Tiene 38 años. Relata que su marido, buscando un mejor futuro, se fue de “mojado” a Estados Unidos y cómo, llegando allí, lo detuvieron como si fuera un delincuente y lo deportaron al cabo de unos meses. Ahora está trabajando en fincas como obrero agrícola y lo poco que le pagan lo dedica a la alimentación básica de la familia. 

Todas las familias que conozco me relatan lo mismo, apenas tienen comida que darles a sus hijos, muchos sobreviven únicamente comiendo tortilla (hecha a base de maíz), hierbas y sal. No comen pollo más que en raras ocasiones y no saben lo que es el pescado u otras carnes. Su dieta es tan pobre que afecta irremediablemente el crecimiento y desarrollo de los niños, incurriendo en muchos casos en situaciones de desnutrición crónica y severa, entre otras enfermedades. La presencia del Estado en esas zonas es muy baja, no hay condiciones suficientes para que esas comunidades puedan salir de esa situación de extrema pobreza. Son los olvidados del Gobierno y del Congreso en este país, apenas se acuerdan de ellos cuando llegan las campañas electorales.

A mi regreso de visitar la zona del Corredor Seco, visito a mi amigo, le hablo de Sofía y de muchas otras familias que he conocido. Se indigna con lo que escucha (aunque sabía de datos y noticias no quería creer que fuera cierto). Empezamos a soñar qué más podemos hacer como ciudadanos (desde Guatemala y desde otras partes del mundo) para que esta situación cambie de una vez por todas. Organizaciones como Oxfam Intermon, junto con entidades guatemaltecas, estamos trabajando desde hace años en resolver este problema, pero necesitamos ser más. El Estado de Guatemala debe actuar de forma efectiva ante este problema. Y vamos a seguir exigiendo que actúen. 

Es una lucha de todas: Sofía no está sola.

Raquel Checa es responsable del Área de Programas Influyentes para Oxfam Intermón.