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Archivo de la categoría ‘Familia’

Me llamo Sara y no soy pecado

Por Maribel Maseda

Sara es musulmana, comprende y comparte la libertad de culto y se rebela contra la alienación de la mujer -y más aún cuando se obliga a aceptarla como prueba de fe-. Su historia de abanderada de los derechos de la mujer comienza, sin saberlo, en el seno de una familia en la que se entrega a las hijas al hombre llegada la edad apropiada para ello.  Sara se niega a ello y se enamora de un hombre que: “me deja que estudie y que vaya a la Universidad. Me trataba con importancia”.

“Si las mujeres fuéramos un pecado, Dios no nos hubiera creado. Si solo quisiera a los hombres, no nos habría hecho a nosotras”. Imagen de Maribel Maseda.

Poco tiempo después se casan y, en uno de sus viajes al país de él -y embarazada de su primer hijo-, le comunica que no volverán a Europa. A partir de ese momento todo comienza a cambiar aunque Sara tarda en reconocerlo. En casa los gritos y los insultos se suceden y poco a poco él comienza a incorporar actitudes propias de un secuestro. No se le permite utilizar el teléfono ni siquiera para comunicarse con su familia, tampoco asomarse a la ventana, que debía mantener cerrada. Embarazada ya de su segundo hijo, permanece encerrada en la casa día y noche, sin comida ni mantas. Tampoco puede ver a su hijo mayor, que se había llevado su familia política. Pasaba así días enteros hasta que el marido volvía por la noche y ella debía mantener relaciones sexuales con él.

Un día convence al marido para viajar a su país. En su mente estaba la idea de poder escapar, pero cuando llega el momento del viaje, de nuevo le informan de que su hijo mayor, de dos años, no viajará con ellos. De esta manera renuncia a la idea de la huida y continua su cautiverio, esperando la ocasión para intentarlo pero sin separarse de sus hijos. Es golpeada y amenazada de muerte, y las escasas veces que puede salir a la calle debe hacerlo cubriéndose con los ropajes tradicionales a los que ella no está acostumbrada. Debe sujetar la tela con la boca, por lo que no puede hablar libremente y, si se le cae mostrando su rostro o su pelo, será castigada severamente.

Pasa meses alimentándose solamente de leche materna. Y recuerda como una vecina ataba mendrugos de pan a un palo y lo deslizaba por su ventana hasta llegar a la de ella, cuando alguna vez podía abrirla. Una vez él olvida la llave en la puerta. Pero ya le ha quitado su voluntad, está muy débil, en los huesos y asustada. Ve la llave pero se preguntaba qué hará si sale a la calle, a donde acudirá, quien la ayudará.

Decide salir e ir a denunciar que le han quitado a sus hijos. Las autoridades contactan con el marido, quien promete dejarle la llave y verlos. Y todo se olvida. Nada cambia. Vuelven a llevarse a sus hijos y vuelven a encerrarla. Pero no se rinde. A pesar de su muy deteriorado estado físico, la idea de conseguir huir con ellos le da la paciencia necesaria para esperar. Uno de los días en los que la suegra la encierra,  ella se abalanza sobre la mujer hasta que le quita la llave. Se enfrenta de tal manera a su suegra que nunca más se atreve a encerrarla. Sara ya no puede perder nada más.

No tiene ningún plan de huida, pero necesita dinero para comer y para cuando llegue la ocasión de escapar. Han pasado ya casi 4 años. Por más que lo pide, nadie se atreve a ayudarle a ver a sus hijos; su familia política amenaza de muerte a quien lo intente.

Pero una noche, el marido por fin trae a los dos niños y, tras mantener relaciones sexuales con ella, se marcha y los deja allí, convencido de que ya no tiene ni voluntad ni fuerza ni recurso para salir de aquella casa.

Sara cree firmemente que aquella puede ser la única ocasión en la que poder huir con sus dos niños. A las 6 de la mañana está lista a pesar de no tener ningún plan, ninguna ayuda, ningún amigo o familiar. Ha preparado dos biberones, pan, pañales y algún dinero que ha podido esconder. Se viste con  prisa.  La frontera está a casi 200 quilómetros, por lo que se dirige al lugar donde hay taxis y,  en su desesperación, pide abiertamente ayuda para cruzar la frontera. Al oírla, todos los hombres quieren devolverla a su casa. Pero Sara no está dispuesta a perder lo que está convencida de que es la salvación para ella y sus hijos y, como si hubiera perdido el control sobre sí misma, comienza a gritar: “o me decís por donde se cruza  la frontera o me mato aquí mismo”. Le indican con un dedo “ por allí”. Se introduce en un bosque sola, sin saber orientarse, con sus dos hijos en brazos y camina y camina esperando ir en la dirección apropiada. Un soldado la frena poniendo una metralleta en su pecho, ella aparta un poco su ropa y muestra a su niño… el soldado entonces baja el arma y le indica como llegar a su país.

Camina durante 24 horas.  Cuando para, no quiere cerrar los ojos y quedarse dormida temiendo por sus hijos. Pero en un vagón de tren el sueño le vence y cuando despierta, se da cuenta de que le han robado el poco dinero que llevaba. Por suerte, durante el viaje siempre encuentra a alguien que, compadecido, la ayuda. Es una ruta durísima en la que el cansancio, el hambre, el terror de no conseguirlo, de que sus hijos no lo consigan, convierten en una tortura, pero nunca pensó en echarse atrás.

Ha educado a sus hijos en su religión y tradición. Ha intentado inculcarles los valores de la honestidad y  del respetoPorque la verdad no solo está en lo acertado, sino en aquello que uno puede libremente reflexionar, cuestionar y aceptar o no como tal. Quizá no hay que buscar el error en  la tradición o el culto, sino en el hecho de que su imposición, sin posibilidad de revisión, evita que uno utilice la capacidad de discernimiento. Sara ha decidido mantener su fe, con plena conciencia de que la alienación de la mujer no es parte de ninguna religión. Ha sido y es perseguida por mantenerlo, a pesar de que en su “me deja estudiar” aún podamos ver en marcha parte de su necesario proceso de discernimiento, que antes iniciaron otras mujeres de religiones diferentes.

Conozco a Sara desde hace muchos años. La recuerdo un día que nevaba intensamente. Apareció en mi puerta protegida solamente con una fina camisa blanca y un gorrito en la cabeza; toda su ropa se había destruido en el incendio que se produjo inesperadamente en su casa. Me dio los buenos días con su habitual sonrisa, franca, espontánea, abierta, como si a pesar de las desgracias, el hecho de poder mostrarla hiciera de todo lo demás una mera anécdota. Su vida aún es difícil, “pero puedo ser yo, aquí tengo derechos, porque sé que los tengo. Quiero mi libertad, la de ser como soy, con mi propia naturaleza”.  La libertad para elegir, por igual, para todos, es la señal inconfundible de que la sociedad evoluciona. Pero yo añadiría que debe ir acompañada por la libertad para comprender, para imaginarse momentos diferentes, incluso para imaginarse a uno mismo de forma diferente. Sara es un ejemplo de fortaleza y  valentía; ha perdido mucho, pero mantener sus principios le hace sentirse triunfadora en un mundo que la ha repudiado precisamente por lo mismo. Su mirada es una mezcla de tristeza, cansancio y esperanza, la de ser ella misma. No es la del rencor y la rabia de no poder cambiar a otros, a los que la secuestraron en aras de una ideología o de su propia egolatría.  Y es que la facilidad con la que algunos o algunas ejercen de persona, -no de hombre o de mujer-, en otras, se convierte en “atreverse” a serlo. La conciencia de esta grave diferencia marca a estas mujeres y niñas, pero con el sello de un  valor y certeza en los derechos humanos que los que los reclamamos en un entorno protegido, desconocemos. Personas como Sara son las que se convierten, sin pretenderlo, en portadoras de una verdad irrebatible tan peligrosa para otros que su precio asciende nada más y nada menos que a la propia vida.

El sentirse dueña de la suya, en un país que se lo permitió durante los años que tuvo que mantenerse escondida, hizo que nunca dejara de sonreír; ni el hambre, ni la pobreza, ni la soledad, han podido con ella.

Hay cosas que no por no verlas- desde cualquier “desde aquí”-, dejan de existir.

Admirable Sara.

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como Háblame, El tablero iniciático, y La zona segura. Coach de vida.

Ada Lovelace: las referentes existen

Por Beatriz Pozo

Este artículo está escrito en un ordenador y probablemente va a ser leído en otros. Un montón de letras que surgen como por arte de magia cuando pulso una tecla y se reflejan en una pantalla, y que, con unos cuantos clicks más, pueden aparecer en cientos de otras pantallas. Si lo piensas bien es casi como magia, y, aunque probablemente son muchas las personas a las que le debemos que esa magia sea posible, hay una en especial que, por mujer y por preceder a muchos de los nombres que todos conocemos, como Alan Turing o Bill Gates, merece la pena ser destacada.

Retrato de Ada Lovelace. Imagen: wikipedia.

Se llamaba Ada Lovelace y podía parecer el prototipo de una mujer de la alta sociedad inglesa del siglo XIX. Nacida en una familia noble, se casó joven con un hombre de similar posición que llegaría a ser conde, y durante años fue una presencia regular en los eventos y fiestas donde se reunían las más importantes figuras de la sociedad londinense. Sin embargo, no era una mujer convencional.

La madre de Ada Lovelace no quería que su hija recibiera una educación literaria. Temía que se pareciera a su padre. Separada dos meses después del nacimiento de su hija, estaba claro que no guardaba un buen recuerdo de aquel poeta que la engañaba, y que se había marchado a viajar por Europa, para acabar muriendo ocho años después en Grecia. Claro que, por aquel entonces, Ada se apellidaba Byron. ‘Demasiadas emociones‘, debió pensar su madre, ‘mejor que la niña no estudie letras’.

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El amor no duele

Por Flor de Torres 

Más allá de actos, lazos y recuento de víctimas, en la lucha contra la violencia de género aún queda pendiente una revolución desde el interior. Aquella a la que debemos ir juntos mujeres y hombres en armonía e igualdad. Una batalla, una revolución desde la profunda defensa de las víctimas y de sus familias para que el desgarro de la pérdida de vidas no vaya acompañado por la incomprensión y la frustración. Porque el amor no duele.

El amor no duele. Imagen de Vladislav Muslakov en Slack.

Pero esta revolución debe venir también del lado masculino. Hombres y mujeres debemos compartir una idea: la violencia de género está instalada en la desigualdad. La sociedad aún no puede ganar la partida porque, pese a que el Estado y la ley se han volcado en las víctimas, aún se pone en entredicho la violencia de género y se hace contrapeso con falacias sobre falsas denuncias o indeterminados privilegios en la atención a las víctimas.

Se acaba de presentar la Memoria de la Fiscalía General del Estado en la apertura del Año Judicial. De un total de142.893 denuncias en Violencia de Genero en 2016 resultaron condenadas o en causas tramitadas por denuncia falsa sólo 14 de ellas. Solo un 0,01%. Empírica y científicamente queda fuera de toda duda la veracidad y contundencia de la violencia de género.

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Con apenas ocho años: niños ante la violencia de género

Por Flor de Torres Porras

Con  apenas 8 años, una niña presenció el día  24 de Mayo de 2015 unos escalofriantes hechos que  ya son  firmes e indubitados. Están  recogidos del relato acreditado en  la Sentencia del Tribunal Supremo   Nº 447/17 de fecha 26/6/17. El  nombre de María no es real, lo utilizamos para proteger su identidad sobre hechos reales Juzgados y condenados en la referida Sentencia Firme)

María  es hija de Juan Ramón  y Mabel. Tiene diagnosticado un trastorno de espectro autista atípico y trastorno de aprendizaje. Desde la ruptura de sus padres en Junio de 2013  su madre tiene otorgada la custodia con un régimen de visitas a su padre.

A las 20 horas del día 24 de mayo de 2015,  tras estar con su padre en el estipulado ejercicio del derecho de visitas, Juan Ramón fue a entregarla a Mabel, desplazándose hasta el portal del edificio donde ella tiene su domicilio en compañía de su amiga Josefa, dueña del piso donde vive.

Niñas y niños se ven afectados por la tragedia social del maltrato. Imagen de Varshesh Joshi.

Una vez que Mabel recogió a la menor la subió al piso, diciéndole a su ex que esperase porque tenían que hablar de temas relacionados con su hija. Después bajó al portal, donde conversaron. En el curso del diálogo Juan Ramón le pidió, insistiendo en ello, que retirase unas denuncias que le había puesto por impago de pensiones. Le manifestó que quería conocer y hablar con María Josefa, la dueña de la casa donde convivían madre e hija, y a la que el hombre hacía responsable de que Mabel no reanudara su relación con él.

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Lesbiana y feminista (en la cama y en la calle)

Por Judit Abarca

“La lesbiana es insoportable porque engaña, ofende, invalida el sentido patriarcal. Desafía el sentido común.”

Nicole Brossard

Hace unas semanas conversaba con una amiga sobre nuestras “salidas del armario”, o como se dice en mi país, Nicaragua, “del closet”. Somos conscientes de lo que hemos recuperado al asumir abiertamente algo que tiene tanta relevancia en nuestras vidas. No solo hemos avanzado desde el punto de vista erótico-afectivo, sino también  desde el político, al ser activistas feministas ambas. La conversación era así:

  • ¿Y tu familia lo sabe? 
  • Había sospechas, pero hace unos años se enteraron por medio de otra persona, y por un tiempo me dejaron de hablar… Ahora se incomodan con mi presencia.
  • Entonces no tenes problemas con decirlo abiertamente… 
  • Aunque lo digo abiertamente en los espacios públicos, y puedo hablar de mi “experiencia” en la radio, en prensa escrita, y en mis redes sociales, la palabra “L” es la que aún no me atrevo a decir en una conversación con mi mamá…

Manifestación en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe Romero.

Nicaragua hasta hace muy poco tiempo contaba con una ley que tipificaba el “delito de sodomía”, esta forma de sanción legitimizada, aunque derogada en el año 2008, subyace en los imaginarios sociales que discriminan, excluyen, violentan a lesbianas, bisexuales, gays y personas trans. Lee el resto de la entrada »

Desde las entrañas de un divorcio

Por Irene Núñez Cid

Soy hija de padres divorciados. Mis padres se separaron cuando yo tenía 7 años y mi hermano 5. Confieso que al principio fue algo que me costó entender y asimilar. En 1991 era la única niña de la clase cuyos padres ‘habían dejado de quererse’ y la noticia llegó a todas las aulas del colegio.

Después de un divorcio pueden surgir nuevas formas de familia. Imagen de Jon Tyson.

Con el tiempo aprendí que el amor se puede acabar, y no pasa nada. Todo lo contrario, el fin de una etapa representa la oportunidad de vivir nuevas y mejores experiencias y, en mi caso, pasar a formar parte de lo que Roser de Tienda denomina como familias reconstruidas.

Familias que suman y que se enfrentan al reto de que esa suma funcione. Familias formadas a partir de otras familias que en su día se disolvieron para crear una nueva. Familias donde niñas  niños que quizás ni se conocían se convierten en hermanos de la noche a la mañana. Familias donde la pareja busca el equilibrio y el bienestar de todos sus miembros, intentando no descuidar a ninguno. Familias que tratan de llevarse bien con todas las partes. Familias que intentan hacerlo lo mejor posible.

Sin embargo, hasta hace recientemente poco tiempo, no me planteé en profundidad cómo había sido esa difícil experiencia para mis padres, en concreto para mi madre. Ha sido ahora, y tras la lectura de este libro, cuando me he puesto en su piel a través de las historias reales de mujeres auténticas como Remedios, Begoña o Mercedes. Mujeres que buscan salir adelante y comparten su experiencia como lección de vida y aprendizaje.

En uno de los capítulos de su libro, la autora, que vivió esta experiencia en primera persona pero desde el punto de vista de una madre, aporta consejos y reflexiones sobre cómo intentar gestionar esta fase con buena voluntad y sentido común.

Reconoce que, lógicamente, no siempre es fácil. Es un proceso en el que a priori intervienen dos personas, pero que finalmente afecta a muchas más.

Si con algo me quedo de toda esta lectura es que la clave está en tratar de perdonar para seguir adelante. Intentar ser honesto. Querer ser amable y, sobre todo, ser ejemplo para esos hijos e hijas que no merecen encontrarse en medio de un fuego cruzado.

Necesitamos voces como la de Roser, que sepan acompañar desde la cercanía y la complicidad muchos de los retos a los que se enfrenta una mujer en nuestro siglo, con historias conmovedoras que nos ayudan a sentirnos identificadas, además de aportar soluciones y terapias de vanguardia para vivir una vida más fácil y feliz. No es anecdótico que su último libro se llame Hazte la vida fácil.

Irene Núñez Cid es traductora y profesional de la Comunicación Social.

Sin casa pero con demasiados techos

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

O por qué las mujeres enfrentan más obstáculos, también, a la hora de ver satisfecho su derecho a la vivienda en España

Sofía quita un móvil de las manos a su hijo de un año, que va cogiendo con rapidez todo lo que se le pone al alcance, mientras mira de reojo a su madre, también agotada y enfadada. “Llevo tanto tiempo peleando que hay momentos en los que te cansas, pero creo que es importante seguir luchando”, asegura con una mezcla de dulzura y fiereza.

Sofía se ha entrevistado con Amnistía Internacional para el informe “La crisis de vivienda no ha terminado. El derecho a la vivienda y el impacto de los desahucios de viviendas de alquiler sobre las mujeres en España”, porque sufrió las peores consecuencias de la falta de protección a este derecho que existen en España, y acumuló tres sinónimos de desamparo: mujer, sola y pobre.

Parece dispuesta a todo para denunciar cómo, siendo madre en ese momento de dos hijos y afrontando ella sola todos los gastos, su vivienda social fue vendida a lo que comúnmente se conoce como “fondos buitre” en Madrid, y cómo vio que las condiciones de su alquiler supuestamente social fueron cambiando hasta que llegó un momento en el que no pudo afrontarlas. Parece dispuesta a contar cómo finalmente fue desahuciada, y ahora vive en una casa que no reúne las condiciones adecuadas para ella y sus hijos. Dispuesta, hasta que la desigualdad y la discriminación se imponen de nuevo en su vida: mediante el miedo a que su ex marido maltratador pueda llevar a cabo represalias contra ella si sale en las noticias.

Ahora Sofía no ha dejado de luchar, pero tiene que hacerlo a escondidas. Y es que, como ella, muchas mujeres se enfrentan a un número mayor de obstáculos para el acceso a la vivienda en España por el hecho de ser mujer. Por un lado, porque son quienes “acaparan” la tasa más alta de paro, un 20,3% frente a un 17,2% en el caso de los hombres. Por otro, porque son quienes encabezan el 83% de los hogares monoparentales, sufriendo como consecuencia un mayor riesgo de exposición a la pobreza: un 37,5% de estos hogares la sufre, frente a la media española del 22,1%. Y de esta manera se perpetúa, por desgracia, el círculo vicioso que implica tener a personas al cuidado, que supone una mayor tendencia a tener que asumir empleos precarios y parciales, ya que las mujeres acaparan el 72,1% de los puestos a media jornada. Pero es que además, tampoco aunque sean víctimas de violencia de género tienen asegurada, en muchas ocasiones, una prioridad a la hora de acceder a la vivienda social.

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Gertrude no pudo volar

Por Mª Ángeles Fernández

Iba a ser la primera vez que salía de su país, incluso de su entorno más cercano. Las ganas de ver nuevos horizontes eran evidentes. El liderazgo de su colina iba a traducirse en una experiencia en el extranjero. Pero no hay viaje ni tampoco relato. La historia de Gertrude desde Burundi a Bilbao no puede escribirse. ¿No se puede contar?

La burocracia ha demostrado la absoluta desigualdad de las mujeres en este pequeño país de la región de los Grandes Lagos. Gertrude ya tiene documentación personal y, por tanto, la ciudadanía negada a muchas de sus compatriotas, también ha legalizado su matrimonio, pero aún no ha logrado la cotitularidad de la tierra en la que trabaja cada día. ¿Si hubiera tenido algo a su nombre podría haber tomado el vuelo?, ¿si hubiera demostrado que es propietaria podría haber llegado a Bilbao? Las probabilidades tiñen las respuestas: esa documentación habría facilitado el proceso. Sin duda.

Aline, líder de una organización burundesa, durante su reciente visita a Bilbao. Imagen de Helena Bayona.

Gertrude Nyandwi no ha venido a Euskadi a conocer escuelas de empoderamiento o explotaciones ganaderas y agrícolas gestionadas por mujeres. Sí lo ha hecho Aline iyonizigye, que no para de sonreír y de contar la importancia del abono agrícola y del cambio en la gestión de los cultivos para la vida de su colina (la unidad administrativa más pequeña que existe en Burundi) y de las mujeres que habitan en ella. Lee el resto de la entrada »

En el Día del Pueblo Gitano: ¡Opre Romnjna! ¡Arriba las mujeres!

Por Patricia Caro Maya

El día 8 de abril  de 1971 se declaró en Londres el Día Internacional del Pueblo Gitano  y se institucionalizó  la bandera gitana, pero desgraciadamente este día se convierte a menudo en el día Internacional del Payocentrismo Patriarcal. No sólo celebra la imposición de los intereses antigitanos como centro de las políticas,  sino que además celebra su desconexión total de los derechos kalés con perspectiva interseccional.

La benevolencia  perversa que toma este día en los actos institucionales de alto abolengo, se vuelve  hostil si analizamos  las políticas de género impuestas sobre las kalís. Su mayor producto es normativizar  un estereotipo de mujer incapacitada a causa de su cultura. Pero tranquilas, las instituciones políticas han decidido unilateralmente una solución: negar la violencia de género estructural  y  capacitar  para el acceso a un  trabajo  precario que sustente los cimientos  del ensamblaje neoliberal. La  estrategia es sencilla e histórica: división sexual del trabajo, control reproductivo y negación de la economía feminista kalí.

Si a esto añadimos, un principio explícito en estas políticas donde se establece  que las comunidades romaníes no podemos gestionar nuestros propios recursos ¿Qué vía podemos escoger la kalís para contribuir a la igualdad de género en la esfera pública? ¿Cómo afectará eso a nuestras vidas privadas? ¿Y a nuestros derechos? Si nos impiden  gestionar  los recursos destinados a nosotras ¿Quién se supone que está capacitado? Como siempre, al amparo de este principio,  ya existían almas caritativas masculinas  bien  organizadas y predispuestas a  llevar la “pesada carga” de supervisar, dirigir y normativizar de manera paternalista los recursos  destinados a nuestros derechos y nuestras necesidades  (una pista: ninguna pertenece a la cultura gitana).

Afortunadamente, la debilidad democrática de esta alianza patriarcal contra los derechos de las kalís está absolutamente desconectada de la realidad viviente y activa de nuestras comunidades. Son justo las kalís más invisibilizadas  las que desde aquellas organizaciones comunitarias que tienen menos recursos, redes informales o de forma  individual,  trabajan de manera incansable por mitigar y revertir los efectos de este tipo de políticas. No obstante, a causa de la asimetría de poder, aunque sigue siendo necesario su esfuerzo, no es suficiente para conseguir que los derechos se hagan realidad.

Por eso, el Día Internacional del Pueblo Gitano no es un día para celebrar el Payocentrismo Patriarcal. Hoy, como todos los días del año, hay que concienciar a la sociedad española (paya y kalí), así como las élites políticas, de que es necesario aceptar el impacto fascista del antigitanismo de género. Es un día para construir un marco común entre instituciones payas y kalís con perspectiva interseccional  que transforme nuestras relaciones en una herramienta que contribuya al desarrollo democrático del país. Sabemos ya las cosas que no funcionan, ahora toca renovar las ideas paulatinamente y dar paso a nuevas estrategias  que generen un avance significativo en el ejercicio  de nuestros derechos.

Por todo ello, deseo la LIBERACIÓN  de su “pesada carga” a las almas paternalistas que se disfrazan de caridad y REIVINDICO  que  los derechos de las comunidades kalés con perspectiva interseccional dejen de ser el negocio de la marginalidad para ser el primer logro democrático del S.XXI.

En aras de afirmar la internacionalidad ancestral de la fuerza y resistencia del Pueblo Gitano con perspectiva de género y en avance de las democracia española,

Opre Romnjna!!! (¡Arriba las mujeres!)

Patricia Caro Maya es activista por los derechos de las mujeres, especializada en mujeres romaníes (Romnja). ‘Mover los cimientos del Patriarcado antigitano es mover los cimientos del Patriarcado sin fronteras en la búsqueda constante de nuestro Derecho a vivir como Humanas’.

En solidaridad con las niñas y mujeres de Guatemala

Por Nuria Coronado

En Guatemala, el terrible incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción ha puesto de manifiesto el grado de la vergüenza y la infamia en este país. Han fallecido al menos 40 menores y otras 30 permanecen hospitalizadas con diagnóstico reservado después de denunciar que estaban siendo violadas y maltratadas en el propio centro de acogida. Incendiaron varios colchones en protesta y no pudieron escapar del fuego porque estaban encerradas.

Es demasiado común que las víctimas de abuso sexual no sean creídas cuando denuncian lo que les ocurre. Por eso mujeresdeguatemala.org una ong afincada en España se esfuerza, día sí y día también, en denunciar la violencia sexual de sus compatriotas y en poner en su sitio a quienes ponen en duda la palabra de las víctimas amparados en cómplices sociales para seguir manteniendo los privilegios del machismo.

Homenaje. Imagen de Mike Labrum.

Hay algo peor a ser violada o agredida: no ser creída cuando lo cuentas. Es la doble perversión, el doble daño a la mujer que sucede más a menudo de lo que podamos pensar. La primera violación la ejerce un delincuente, un violador. La segunda, la de la in-credibilidad de los testimonios de las mujeres víctimas de la violencia machista, es aún más sangrante y enjundiosa ya que la llevan a cabo jueces, fiscales o forenses que usan el Derecho como un instrumento (más) para perpetuar el machismo. Basta con remitirse a cifras como las que da el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ (2016) según las cuales el motivo de absolución más frecuente en denuncias por violencia de género es la falta de prueba suficiente por constar sólo la declaración incriminatoria de la víctima (40,1%).

Una realidad que. como no se cansa de repetir Arsenio García Cores, perito, docente y experto en Derechos Humanos y análisis de determinación de la credibilidad, “es un camino de doble vía: la de los estereotipos y los prejuicios de género que instalados en la sociedad inciden en el Derecho, cuyas sentencias serán a su vez escuchadas y reproducidas en la sociedad, reforzando dicha estereotipia y perpetuándola”.  O lo que es lo mismo: que el Derecho, tiene género y no es precisamente el femenino. “El estereotipo es una creencia exagerada asociada con, o acerca de, las costumbres y atributos, reales o no, de un determinado grupo o categoría social. Es el inicio de una secuencia que va desde lo cognitivo (imagen estereotipada), que pasa por la actitud (el juicio previo o preexistente, el prejuicio) y finaliza en el comportamiento (la conducta discriminatoria). La comprensión de este mecanismo es fundamental para revelar que los operadores judiciales no toman decisiones sobre la base de estereotipos sino prejuicios, valoraciones basadas en dichos estereotipos pero asumidas además como categoría de conocimiento –sana crítica, máximas de la experiencia, etc.–. Por ello, los estereotipos se convierten en indetectables para el juzgador, porque al ser elevados a categoría jurídica, sobre la que se analizará la prueba, dejan de ser tales estereotipos: son certezas o al menos realidades ampliamente consolidadas que permiten la toma de decisiones”, añade este experto internacional.

Y de tanto estereotipo pasa que el mazo de la justicia, en vez de recaer con todo su peso en el lado de los culpables, abate a la víctima al dudar de su palabra y perpetúa, por los siglos de los siglos, la cultura de la violación.  “En los crímenes de violencia sexual, la credibilidad juega un papel fundamental que hasta ahora no ha sido debidamente analizado. Casi instantáneamente, los testimonios de las víctimas son puestos en duda —por las autoridades, las instituciones, las familias, las personas conocidas—. Una re victimización que sólo se comprende si enfocamos hacía su origen: los prejuicios y estereotipos que funcionan como trabas a un correcto análisis de la situación, y que actúan por encima de los estándares internacionales de credibilidad a los que obligan las leyes y tratados en materia de Derechos Humanos.”, tal y como explica Mercedes Hernández, presidenta la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG (mujeresdeguatemala.org).

Con el fin de concienciar sobre la injusticia y la revictimización a las que se ven sometidas las mujeres agredidas sexualmente, sobre cuya palabra recae constantemente la sospecha, @mujeresdeguate ha llegado a nuestro país para poner en marcha una valiente y valiosa iniciativa llamada #YoTeCreo. Se trata de una  campaña que responde “a la necesidad urgente de orientar y contener los juicios subjetivos —impregnados del estereotipo de género— en los casos de violencia sexual, y se dirige tanto a la población general como a los/as profesionales y funcionarios/as de las áreas e instituciones de salud y justicia. Para ello trabajamos en una serie de herramientas conceptuales, reelaboradas a la luz de la teoría feminista y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, añade Hernández.

Además #YoTeCreo analiza las consecuencias de no creer en la palabra de las víctimas y cómo ello favorece la impunidad jurídica y social, valiéndose de los medios de comunicación y de los tribunales que terminan convirtiéndose en laberintos y telarañas en los cuales las víctimas quedan atrapadas. ‘El proyecto yotecreo.net surge a raíz de la historia real de una víctima llamada Ana, que reúne el cómic que dibujó para narrar las agresiones a las que fue sometida. La campaña cuenta además con voces expertas en el derecho, la psicología y los medios de comunicación, entre otras, que reflexionan sobre la credibilidad y analizan las barreras sociales que impiden creer la palabra de las mujeres víctimas de agresión sexual, especialmente cuando, en casos como el de Ana, el agresor es conocido de la víctima, lo cual inactiva sus posibilidades de defensa’, añade Hernández.

Por tantas niñas como las del Hogar Virgen de la Asunción, por tantas Anas que por desgracia todavía sufren, es necesario alzar la voz y sumarse a movimientos como este. Cuesta muy poco y sirve de mucho. Es tan sencillo como acompañar virtualmente a mujeres cuya negativa y abuso no fue creído, mediante una foto con un cartel escrito a mano que lleve este sencillo mensaje: #YoTeCreo. ¿Te sumas?

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio