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Entradas etiquetadas como ‘Alianza por la Solidaridad’

‘La mala fe’, un portal de ‘true news’ sobre los derechos de las mujeres

Por Rosa Tristán

La información sobre derechos humanos está plagada de fake news, sobre todo en determinadas regiones de este mundo. Igual se criminaliza en los medios y desde las instituciones a líderes ambientales que a personas que defienden la libertad de elegir sobre la sexualidad. En regiones, como América Latina, el conservadurismo y una agenda cada vez más anti-derechos se está infiltrando en todas las esferas del poder.  Pero también surgen iniciativas para desenmascararlas, como es el caso del nuevo portal de noticias La Mala Fe, una iniciativa del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai), que está teniendo un gran éxito en toda la zona y que se centra en la defensa de los derechos reproductivos, la diversidad sexual y una educación libre de prejuicios. Se trata de sacar a la luz las falsedades y poner en valor las acciones que, pese a ser muchas, no siempre encuentran hueco en otros canales informativos.

Y es que la aparición de La Mala Fe coincide con el incremento de iglesias evangélicas que, aliadas con las facciones más conservadoras de la Iglesia Católica, tratan de impedir cambios legales y sociales fundamentales para caminar hacia la igualdad de género y la libertad de decisión de las mujeres, ya sea desde las altas instancias de los estados o desde los púlpitos, como ha ocurrido en Argentina en relación del proyecto para la reforma del derecho a la interrupción del embarazo.

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Una abogada ‘contra los diablos’ y por los derechos ambientales

Por Rosa M. Tristán

‘Yo no tenía experiencia en temas ambientales, sólo en los de derechos humanos, pero en el fondo ambos son lo mismo pues detrás de las vulneraciones de los segundos están muchas veces expropiaciones de los primeros’, reconoce Yanira Cortez en una visita España, invitada por Alianza por la Solidaridad para hablar de Defensoras de Derechos en una convulsa región donde los conflictos civiles y los desastres se suceden en los últimos tiempos. A la activista no se lo han puesto fácil. Su batalla por la defensa de los recursos naturales en El Salvador, un país inmerso entre la violencia urbana de las ‘maras’ juveniles y la pobreza creciente de sus campesinos, no ha contado con los suficientes adeptos y sigue la senda del expolio de los recursos naturales por parte de grandes empresas que hace mella en toda Centroamérica.

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Walkiria: el agua tiene nombre de mujer

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

‘El agua está muy vinculada al hecho de ser mujer. Nos la asignan como pareja porque desde que nacemos ya tenemos asignados el rol que debemos desempeñar con ella. Si la contaminamos, nos quedamos sin ella, pero los hombres no lo ven’. Walkiria Castillo es una de esa mujeres ‘invisibles’ y luchadoras de cuya voz, como si de un grifo abierto se tratara, emanan litros de fortaleza y conciencia ambiental. Campesina en la pequeña aldea de Mina de Agua, cerca de la costa del Pacífico en Nicaragua, lleva tiempo peleando contra la minería de oro que prolifera en su tierra y contamina el recurso que da nombre al lugar en el que nació.

‘¿De qué nos sirve que nos pongan el agua en casa si luego no podemos beberla. He denunciando que la explotación del oro nos está dejando sin agua potable, pero todos los hombres se han puesto en mi contra, también la Alcaldía. Si todas alzáramos la voz sería diferente, pero que sepan que aún sola no me voy a quedar callada, que seguiré reclamando’, asegura mientras mete sus manos en el agua de la pila que ahora tiene en casa.

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Aliadas: treinta años de trabajo con y por las mujeres

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

Mujeres luchadoras, mujeres que caminan juntas, mujeres que pedalean con bicicletas con ruedas cuadradas, mujeres a las que se cierra la boca, que hablan al mundo, que callan la violencia que sufren, que vuelan o que hacen equilibrismo en el vacío. Son algunas de las imágenes expresadas en 60 obras de arte que estarán dentro de tres días en el centro de Madrid. Cada una nos retrata en una de esas facetas que nos convierten, en conjunto, en un caleidoscopio. Cada una es un espejo en el que podemos mirarnos, y reconocernos y aliarnos con la que está al otro lado. No se puede elegir porque somos todas.

Obra de la artista Carmen García Huerta para la exposición Aliadas.

Obra de la artista Carmen García Huerta para la exposición Aliadas.

No voy a mencionar a cada una y cada uno de los artistas que participan en esta muestras con la que Alianza por la Solidaridad conmemora 30 años de trabajo. Si diré que son 59 grandes, en realidad 60 si añadimos al comisario, que también lo es. Son demasiados como para no tener que dejar fuera a alguien cuyo nombre y trabajo se ha aliado solidariamente por una causa tan justa y tan necesaria como la igualdad de derechos entre las mujeres y los hombres en todos los ámbitos de la vida y todos los rincones del mundo. Los hay muy famosos y los hay que podrían llegar a serlo en el futuro.

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Nadie Abu Nahla: estrategias activistas contra la violencia en Gaza

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

A los 12 años de edad, Nadia Abu Nahla ya escribía artículos en el periódico palestino Al Hayat. Hoy es la directora de la organización Women´s Affairs Technical Committees (WATC) en Gaza y, sobre todo, una luchadora por los derechos de unas mujeres que han nacido y que viven en desamparo por parte de su gobierno, hoy en manos de Hamas, de la comunidad internacional y dentro de sus propios hogares, Activista y feminista, el Comité que hoy dirige Nadia quiere romper con el silencio de esas palestinas con derechos pisoteados, con vidas envueltas en un círculo de violencia del que llevan demasiados años sin salir.

Nadie, durante su reciente visita a España. Imagen: Rosa M. Tristán / Alianza por la Solidaridad

Nadie, durante su reciente visita a España. Imagen: Rosa M. Tristán / Alianza por la Solidaridad

Nadia ha visitado Madrid y ha querido conocer a quienes trabajan en Alianza por la Solidaridad, una ONG española que apoya su trabajo contra la violencia de género en esa Franja bloqueada por el Estado de Israel desde hace ya nueve años. Es demasiado tiempo para esos 1.800.000 seres humanos encerrados en apenas 385 kilómetros cuadrados, veinte veces menos que la Comunidad de Madrid.  En cuanto empieza a hablar impresiona su fortaleza y su tesón después de tantas décadas de lucha, tanto como sus profundas ojeras.

“Nací en Gaza de un padre implicado en la política y una madre que era profesora y que llegó a dirigir su colegio. Todos en casa hablaban del sufrimiento de perder su país en 1948 para convertirse en refugiados. Crecida en ese ambiente, desde muy joven me impliqué en la política y a los 12 años ya escribía en un periódico. Que yo sepa fui la primera niña en hacer algo así”.

Con esos comienzos no resulta extraño que en la universidad no tardara en movilizarse políticamente, ‘sobre todo cuando comprobé que mis compañeras no eran conscientes de los derechos que no disfrutaban, de la discriminación de su estatus respecto a los hombres.  Sus escritos en este sentido, le generaron no pocos problemas con las autoridades académicas. ‘Tuve trabas, que siguieron muchos años después, cuando el Estado de Israel me impidió continuar mis estudios en la Universidad de Birzeit, en Ramala, al prohibirme salir de la Franja durante cinco años bajo amenaza de cárcel’, recuerda.

En los años 80, cuando los grupos islamistas tomaban fuerza en Palestina, una joven Nadia de 18 años era elegida como representante estudiantil en su campus, la única mujer que ha ostentado ese puesto desde entonces. Años después, a raíz de la Primera Intifada de 1987, se convertiría ya en una reconocida activista en apoyo de las mujeres palestinas, ya fuera organizando  ayudas familiares, escribiendo informes o realizando acciones que las concienciaran sobre unos derechos que eran desconocidos para la mayoría.

Son recuerdos que me va traduciendo del árabe Sabah A. Armana, una  palestina que la acompaña y que vive en España. Sabah llegó a ser directora general del Ministerio de Asuntos Sociales de su país. Hoy, con el estatuto de refugiada política, sobrevive con apenas 450 euros de ayuda pública en Madrid, donde aterrizó hace cuatro años.

Ambas, Nadia y Sabah, tienen buen recuerdo de los acuerdos de Oslo de 1993, que permitieron crear la Autoridad Nacional de Palestina, y de la explosión de organizaciones que surgieron después, un panorama en el que las mujeres quisieron reivindicar su papel, invisibilizado por el gabinete de Yassir Arafat. “Entonces montamos el Comité (Women´s Affairs Technical Committees) y peleamos para que no se implantara por ley la obligación de pedir permiso al padre o al esposo para poder trabajar fuera de casa, tal como se pretendía. Otras metas no las conseguimos entonces, pero sí después, como una cuota del 20% en las candidaturas electorales”.

Todos estos avances se truncaron con la victoria de Hamas en Gaza, con el bloqueo, con los bombardeos continuos de Israel sobre las familias del recientemente denominado Estado de Palestina. “Ahora Hamás tiene  el control de las calles. A las niñas se las obliga a llevar velo en las escuelas. Es una vuelta al pasado en derechos que habíamos conseguido”, denuncia Nadia.

Un velo de tristeza se posa sobre su mirada, mientras su voz se torna indignada.  “La comunidad internacional no aceptó el triunfo de Hamás en 2006 y desde entonces no recibimos ayuda. En cinco años hemos sufrido tres guerras, 11.000 familias no tienen vivienda. A menudo nos falta la luz, el agua para beber, la comida. No se han reconstruido las infraestructuras que Israel destruyó porque el bloqueo lo impide. Y fallan los servicios de salud, la educación, la posibilidad de tener un empleo”, enumera acelerada, como si quisiera golpear la conciencia abstracta de esa comunidad internacional con sus palabras.

Todos sus compatriotas en Gaza viven con ello, pero reconoce que las palestinas son quienes más reciben los impactos de ese olvido. “La violencia de género aumenta cuando los maridos no trabajan y detectamos cada vez más depresiones entre las mujeres, que aumentan los suicidios.  Otras están cayendo en la adicción a drogas para evadirse de esa realidad de la que no creen poder escapar. En WATC les ayudamos, les damos formación sobre violencia, sobre sus derechos, intentamos que se organicen y que sean capaces de tener una profesión y unos ingresos. Pero el mundo no puede  cerrar los ojos a lo que pasa allí. Deben abrirlos y deben hacerlo ya”.

Rosa Martín Tristán es Coordinadora de Comunicación de Alianza por la SolidaridadAlianza por la Solidaridad trabaja con Women´s Affairs Technical Committees (WATC) en Gaza desde 2011 con un proyecto de lucha contra la violencia de género y  que incluye campañas de sensibilización para toda la población y es financiado con fondos de la Agencia  Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID)

¿Pasará España el examen de igualdad de la ONU?

Por Carmen Miquel Acosta 

Este artículo comienza con una afirmación obvia: España forma parte de la comunidad internacional y como tal tiene compromisos con los derechos humanos que nos incluyen también a las mujeres. Desafortunadamente, en relación con la igualdad de género esta realidad se traduce en muchas ocasiones en papel mojado. Así se ha podido comprobar en la reciente reunión del Comité de la ONU que se encarga de vigilar la situación de discriminación de las mujeres en el mundo, celebrada en los últimos días en Ginebra.

Manifestación feminista. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

Manifestación feminista. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

En este encuentro, España ha sido sometida a examen sobre su grado de cumplimiento  de los derechos de las mujeres, recogidos en la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (conocida como la “CEDAW”, por sus siglas en inglés), que entró en vigor en nuestro país en 1984. Y  ¿qué ha pasado con este examen? Pues que seguramente nos darán un merecido suspenso. En Ginebra hemos tenido la evidencia de que algo no va bien con quienes nos representan: en sus contestaciones al Comité demostraron una patente falta de preparación y un discurso voluntarista pero nada riguroso; es más, realizaron afirmaciones que no están respaldadas por datos o que entran en serias contradicciones con los  recabados por la sociedad civil en sus Informes. Como colofón, dejaron claro al Comité que sus recomendaciones no son vinculantes para este Gobierno.

Esta postura da al traste con el trabajo desarrollado anteriormente, pues en los últimos años, España se había venido posicionando como un actor referente en su trabajo por los derechos de las mujeres. Además, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, en su candidatura asumió que la igualdad de género era uno de sus puntos fuertes. Sin embargo, lo ocurrido estos días demuestra que ya no somos ese pretendido referente dentro y fuera de nuestras fronteras, sino que vamos camino de todo lo contrario.

Esta pérdida de protagonismo se ejemplifica claramente en la condena de la CEDAW a España, hace un año, debido al grave caso de Ángela González Carreño, la madre cuya hija fue asesinada por el padre y exmarido maltratador durante las visitas que ella trató sin éxito de que fueran supervisadas judicialmente. La falta de respuesta por parte de las autoridades tuvo un resultado terrible para Ángela y su hija. A día de hoy, el Gobierno no ha cumplido, ni tiene visos de cumplir, con las indicaciones del Comité para resarcirla ni se han tomado medidas para que crímenes como éste no se repitan. Y entonces, ¿para qué firmar tratados internacionales de derechos humanos? ¿para qué viajar hasta Ginebra si lo que allí de dice “no es vinculante”?

Las mujeres en España  no hemos salido mejor paradas en el reciente informe realizado por un grupo de trabajo de la ONU sobre la discriminación de género, tras la visita que realizó en diciembre pasado a nuestro país. Este documento (por ahora sólo disponible en inglés) hace un repaso del retroceso en derechos de las mujeres que hemos experimentado en este país sobre todo a raíz de la puesta en marcha de los recortes en el 2008. Entre otros asuntos, menciona el desmantelamiento de las políticas de igualdad, niveles intolerables de violencia de género y las restricciones al acceso al aborto de las menores de 18 años.

Por si fuera poco, en la revisión de Beijing +20 que tuvo lugar en marzo pasado, España excluyó a la sociedad civil de la negociación de los acuerdos. Beijing fue la Conferencia de la ONU sobre la mujer que tuvo lugar en 1995, histórica por los compromisos adquiridos por los Estados en relación a la situación de la mujer en áreas como pobreza, educación, salud, violencia, economía, participación política, derechos humanos y medios de comunicación. Si bien tampoco es vinculante, fue adoptada como una agenda para la acción a nivel internacional.

Si es muy cansino ese discurso de que “todo va bien”, que no hay alternativa a la crisis, incluso que vivimos la supuesta “recuperación económica”, también lo es esa postura paternalista porque los derechos humanos son innegociables y su reconocimiento no debería depender de la voluntad de los Estados. España no puede pretender llevarse una palmadita en el hombro si incumple los derechos de las mujeres; es un asunto que no es indiferente a la ciudadanía responsable en una sociedad democrática, consciente de que un mundo sin igualdad es un mundo injusto. Todas las personas tenemos debemos reclamar que nuestros Gobiernos cumplan con los derechos humanos. No más papeles mojados.

Carmen Miquel Acosta es técnica del Programa de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad

Gaza: mujeres entre bombas

Por María Salvador 

Después de casi dos horas de viaje desde Jerusalén llegamos  a la entrada de Gaza. Un edificio parecido a un pequeño aeropuerto con varias torres de vigilancia, como si entraras a una cárcel, es lo que más llama la atención, aparte de un barullo de hombres que esperan en sus coches a la gente que logra salir. Traspasar la puerta me genera una sensación que va del miedo a la incertidumbre. Me vienen a la cabeza imágenes de la guerra del 2014, la operación denominada Margen Protector, que entre julio y agosto de 2014 acabó con la vida de 2.132 civiles, entre los que había al menos 302 mujeres y  582  niños y niñas. Aquellas bombas destruyeron 14 centros de salud y dañaron gravemente 50 clínicas de atención primaria y 17 hospitales.

Mujer en un paso en Gaza. Imagen de María Salvador

Mujer en un paso en Gaza. Imagen de María Salvador

Tras pasar los controles, un coche nos espera para llevarnos a visitar los proyectos que tiene en marcha Alianza por la Solidaridad para paliar los efectos de un conflicto que lleva activo más de medio siglo. Nuestro primer destino es la clínica de Al Buraij, un centro dedicado a la salud sexual y reproductiva para las mujeres donde reciben información básica sobre embarazos saludables, métodos anticonceptivos y que es un lugar seguro si sufren violencia de género. Allí se les proporciona una atención integral: salud, atención psico-social y asesoría legal; es la puerta de salida de esa violencia invisible en un entorno ya de por sí violento,  de un problema que supone un estigma social a quienes lo denuncian. En Al Buraij, reciben atención gracias a la cooperación española.

De camino no dejo de ver casas y edificios derruidos, marcados por las balas y las bombas. Ruinas que, cuando me fijo, compruebo son el techo de familias enteras. En algunas veo a los hijos pequeños jugando entre los escombros. En otras hay ropa tendida.

A la puerta de la clínica no espera Firyal. Lleva el atuendo de la mayoría de las mujeres en Gaza, con el pañuelo en la cabeza que no deja escapar un pelo. Es la coordinadora y quien nos presenta al personal, todas mujeres (tres abogadas, una psicóloga y dos trabajadoras sociales). En el servicio médico conocemos a la ginecóloga, la enfermera y la encargada de farmacia.  ‘El personal es femenino porque así es más fácil que vengan y podamos trabajar sus problemas, sobre todo la violencia de género’, nos asegura Firyal.

Descubro que casi todas son madres, hijas, incluso abuelas, empeñadas en atender a otras palestinas de escasos recursos. Cada día llegan a la clínica o visitan barrios para llevar información sobre cómo salir del círculo de las agresiones, el cuidado de los embarazos o la nutrición de los hijos. Va a casas, pero también a los precarios refugios de quienes perdieron sus hogares con la guerra.

Imagen de María Salvador

Imagen de María Salvador

Yo estoy aquí unos días, pero pienso en la vida diaria de cada una de ellas; en cómo sufren la incertidumbre, en las bombas caídas sobre sus casas. Viven cada hora la tensión de un conflicto sobre el que la mayoría ha perdido la esperanza de solución, conscientes de que a pesar de los acuerdos internacionales, todo se resume en un conjunto de intereses políticos que no dejan ver la vulneración de derechos de la población.  Pienso en estas mujeres palestinas que se esfuerzan para que al día siguiente alguna compatriota crea que Gaza es un lugar un poco mejor para vivir. Y desde Alianza por la Solidaridad queremos seguir apoyándolas en su tarea, pero también en su capacidad de lucha.

Hoy, 7 de julio, se cumple un año del inicio de la última ofensiva y desde entonces las bombas no han dejado de caer en este territorio. Cuando traspasé los controles de entrada fui consciente de que es una población encerrada, sin posibilidad de escape. El pasillo enrejado de casi dos kilómetros que separa Israel de Gaza se me hace interminable. Mi compañera Marta y yo nos miramos, incapaces de decir nada. Al entrar y salir de la Franja todo alrededor es tierra vacía.

Por paradójico que parezca, ya de regreso por ese mismo pasillo que parece no tener fin mi vista se fija en un cartel:  “Welcome to Israel”, reza. Pero yo no me siento bienvenida.

María Salvador es responsable del programa de Acción Humanitaria en Alianza por la Solidaridad

Día Internacional de acción por la salud de las mujeres: cuerpos y derechos

Por Rosa Martín Tristán Rosa Tristán

En la actualidad, 800 mujeres mueren cada día por causas directamente relacionadas con el parto y el embarazo, 47.000 mueren en abortos inseguros cada año y a dos millones de niñas se les practica la ablación del clítoris. En España, se acaba de aprobar una reforma de la Ley del Aborto que obliga a las menores a tener la autorización de sus padres y madres para interrumpir un embarazo, vulnerando su derecho a decidir. Este es un escueto resumen de lo que supone para la mitad de la población mundial no tener acceso a los derechos relacionados con su cuerpo, con su salud, con su bienestar y su dignidad.

Imagen alegórica de la campaña. Cortesía de Alianza por la Solidaridad.

Imagen alegórica de la campaña. Cortesía de Alianza por la Solidaridad.

Hoy  jueves, 28 de Mayo, se celebra el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, una jornada que, como tantas otras, tratan de poner el foco sobre situaciones que en pleno siglo XXI parecen sacadas del libro de los horrores. ¿Acaso no lo es que millones de mujeres sean obligadas a tener hijos que no quieren? ¿Acaso no lo es que se les mutile el cuerpo?  ¿O que mueran al abortar?

La campaña “Mi cuerpo, mis derechos”, promovida por la coalición internacional Action2015, que hoy se lanza a nivel internacional, parte del convencimiento de que las generaciones futuras no podrán disponer de un mundo justo, igualitario y sostenible sin que los derechos a la salud y a una sexualidad y una reproducción elegidas en libertad, sean una realidad.

Action2015, en esta jornada, hace hincapié especialmente en estos derechos para las jóvenes, y promueve que sean reconocidos en las cumbres mundiales de Naciones Unidas que tendrán lugar este año como un objetivo fundamental en el compromiso por un mundo más justo y sostenible.

Ese ese el objetivo de la campaña “Mi cuerpo, mis derechos”, que se celebrará en diferentes países de forma simultánea y que en España promueve Alianza por la Solidaridad.

En la misma, participan cinco reconocidas feministas, cineastas y periodistas, en un vídeo en el que responder a una pregunta sencilla: ¿Por qué como mujer tiene derechos sobre su cuerpo? Y las respuestas, contundentes, nos dicen que queda mucho por recorrer, aunque también mucho hemos avanzado.

En definitiva, hay que aprovechar la oportunidad que supone la definición de la nueva Agenda de Desarrollo Posterior al 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible para instar a los Estados que adopten una visión que permita alcanzar los compromisos asumidos hace más de 20 años en Beijing. Ha pasado demasiado tiempo.

Alianza por la Solidaridad convoca a una acción de calle en Madrid para visibilizar esta campaña. Hoy jueves 28 de mayo estará en las calles para invitar a toda la ciudadanía a participar en un photocall con un tatuaje (calcomanía) en el que puede leerse este mismo lema: “Mi cuerpo, mis derechos”. Todas las imágenes tomadas formarán parte de la campaña a nivel mundial. Es una acción que tendrá lugar en la plaza junto al Museo Reina Sofía de Madrid (calle Santa Isabel, 52) entre las 11 y las 19 horas de hoy jueves 28 de mayo. Os invitamos a pasar por allí.

Rosa Martín Tristán es Coordinadora de Comunicación de Alianza por la Solidaridad.

Mujeres sobre la Tierra

Por Cecilia Carballo CeciliaCarballo

Hoy es el día de la Tierra y me gustaría reflexionar sobre las implicaciones de las mujeres en el desarrollo sostenible. Especialmente, en un mundo que transita hacia modelos “deseablemente” mejores y más equitativos. Las mujeres debemos ser parte de las transformaciones económicas, sociales y políticas de las transiciones hacia nuevos modelos productivos. Modelos productivos que cambien la matriz energética de la que dependen y que “venden” una idea falsa de progreso. El cambio y la transición no tiene sentido sin visibilizar y preconizar el rol de las mujeres en la configuración de estos nuevos procesos de desarrollo.

Una mujer trabaja la tierra en Guinea Bissau. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

Una mujer trabaja la tierra en Guinea Bissau. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

Esto pasa por mejorar no sólo nuestras capacidades, sino por permitirnos participar como agentes del cambio. Las mujeres innovamos, diseñamos, educamos y somos capaces de formular la transición con un alto valor añadido. No somos sólo receptoras de los cambios que vivimos, somos partícipes y en muchos sitios, incluso de manera invisible -lideramos estos cambios.

En el día de Tierra es necesario recordar también, que las mujeres somos más vulnerables a los efectos nocivos del cambio climático y, seguimos excluidas en muchos lugares del desarrollo tecnológico. Contamos con habilidades únicas y específicas para afrontar y combatir el cambio climático, sobre todo el conocimiento de los ecosistemas locales, la agricultura y el manejo de recursos naturales. Somos emprendedoras en tecnología limpia y empresas que hablan de otra economía, de una economía más colaborativa y con baja huella de carbono.

Pese a que la brecha de género en la industria de las energías limpias habla de una mayor integración laboral, aún estamos sólo en el 25 % del conjunto de la mano de obra empleada por el sector. Sin embargo, es evidente que la integración de las mujeres en todos los niveles de la cadena de valor de la energía dará lugar a iniciativas más eficaces de energía limpia. Es evidente que con nuestra integración, habrá mayor retorno de las inversiones, aumentando su sostenibilidad y ampliando las oportunidades de reducción de emisiones.

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Cinco mujeres chinas

 Por Rosa Martín Tristán Rosa Tristán

Cinco mujeres chinas han sido detenidas por salir a la calle a defender sus derechos. Cinco activistas que pensaron que preparar acciones para el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, no podía ser perseguido en el mismo país que prepara con la ONU una cumbre mundial sobre la mujer para el mes de septiembre de este año, justo 20 años después del encuentro de Beijing; y con el mismo presidente, Xi Jinping, que dijo al tomar el poder que los derechos de las mujeres serían una prioridad en sus políticas… Lo pensaron, si, pero se equivocaron y ahora las cinco están entre rejas porque dos días antes de esa fecha preparaban una actividad tan peligrosa y delictiva como es repartir pegatinas contra el acoso sexual en el transporte público en Pekín.

Imagen de la campaña por la liberación de las mujeres chinas.

Imagen de la campaña por la liberación de las mujeres chinas.

Ha pasado más de una semana desde que Li Tingting, de 25 años, también conocida como Li Maizi, Wang Man, Wei Tingting, Zheng Churan y Wu Rongrong , conocidas activists por los derechos humanos, decidieron participar en las acciones que se planificaban a nivel global dentro del movimiento Action/2015. Es un movimiento que aglutina a más de 1.200 organizaciones de todo el mundo para que en las dos grandes cumbres políticas de este año (la Cumbre del Clima y la Cumbre sobre los nuevos objetivos de desarrollo sostenible) tengan sobre la mesa las exigencias de la sociedad civil. Entre ellas, Alianza por la Solidaridad, y como tal participamos el 8 de marzo en acciones por todo el mundo.

En China, las cinco detenidas querían repartir pegatinas a los usuarios del metro, los trenes, los autobuses con  unos delictivos mensajes: “Fin del acoso sexual, permítannos seguridad” o “Policía, detenga al acosador sexual”. Pero no fue posible. Las autoridades chinas determinaron que pretender que a una mujer no la metan mano y que el que lo haga sea denunciado, es “generar disturbios” y “buscar problemas”. Así lo han señlado.

Resulta difícil de creer, y lo digo desde las muchas desigualdades que aún sufrimos en España, que un Estado del siglo XXI, que es la gran potencia económica del momento, que prepara su propia estación espacial, que presume de innovación tecnológica, persiga y arreste a cinco jóvenes, algunas en su propia casa, por querer que no haya más vejaciones a las mujeres, y aún es más sorprendente descubrir que  el mismo Gobierno ‘vende’ pùblicamente, y ya era hora, la próxima aprobación de una ley contra la violencia de género y los abusos sexuales.

Desde Alianza por la Solidaridad hemos lanzado una campaña de recogida de firmas dirigidas al embajador de China en España. Lo hacemos porque esa doble cara, la que tiene el Gobierno de Jinping en los organismos internacionales y la que viven cada día las activistas chinas de derechos humanos, debe ser denunciada. Sólo la presión internacional puede lograr su pronta liberación.

Hace unos años conocí en Vietnam a hombres chinos que iban a buscar mujeres al país vecino. En su país no encontraban. Tras el genocidio silencioso de las niñas, más recientemente con abortos selectivos o utilizando técnicas de fecundación ‘in vitro’, generaciones enteras se han quedado, y aún se quedan, sin posibilidad de encontrar pareja. Las compraban como una mercancía más a sus familias.

Ahora, estas detenciones no hacen sino poner en el escaparate global las incongruencias de una sociedad que presume de desarrollo mientras los derechos humanos son papel mojado.

Por las cinco, que son el espejo de millones, yo ya he firmado ¿Y tú?

Rosa Martín Tristán es Coordinadora de Comunicación de Alianza por la Solidaridad.