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Entradas etiquetadas como ‘mujeres’

No me cuentes cuentos

Por Charo Marcos 

Érase una vez una niña que quiso ser piloto de rallys; y otra que se convirtió en científica; una que se puso al frente de un ejército, y otra más que se propuso dar la vuelta al mundo cuando las mujeres no se movían de casa… Érase una vez, en definitiva, muchas niñas que quisieron ser lo que les dictaron sus sueños. Y así fue. Todas ellas se convirtieron en mujeres extraordinarias y continúan peleando por hacerse un hueco en la Historia, que nunca se lo ha puesto fácil. ‘No me cuentes cuentos’ es una colección de relatos infantiles que se distribuye a través de Internet y que trata de hacer justicia con muchas de ellas: pioneras, profesionales de todos los campos, heroínas en muchos casos… todas españolas y grandes desconocidas en su mayoría.

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Una pantalla de cine para cambiar el mundo

Por Lurdes Calvo 

Las imágenes, las noticias, los relatos repetidos hasta la extenuación saturan nuestro día a día. Una sobre-exposición que desinforma y banaliza la realidad de un mundo que parece quebrarse en miles de lugares, en cientos de miles de injusticias y en millones de vidas. Es necesario detenernos a observar y profundizar en las historias para encontrar un camino a la acción. Esto es lo que pensamos hace cinco años un grupo de voluntarias de Médicos del Mundo Madrid, cuando nació la idea de crear el Festival de Cine Documental, Videoperiodismo y Derechos Humanos Artículo 31. Un espacio con vocación feminista y activista que establece un diálogo a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, añadiéndole un artículo que creemos imprescindible: el derecho a denunciar la vulneración de los otros 30.
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#Cállate .@mujer, o voy a por ti

Por Lola Liceras 

Acaba de recibir una alerta de contestación a su último tuit. En él denuncia el trato recibido por una víctima de violencia de género. No había sido la única tuitera que denunciaba ese caso de violencia, ni era la primera vez que lo hacía. Pero por primera vez recibía una amenaza. Entre quien la sigue hay familiares, personas amigas y conocidas de su entorno más cercano, pero también mucha gente que la conoce por su activismo. Muchas identidades que ella no conoce y que han sabido de ella porque gracias a Twitter puede contar lo que pasa y expresarse de manera inmediata.

Imagen de Alisa Mulder / Unsplash.

Esto es un ejemplo de lo que muchas mujeres sufren en Twitter. Violencia online por manifestar libremente su opinión sobre cualquier tema, da igual que sea de política, de cuestiones sociales, por defender los derechos humanos, particularmente los de las mujeres, por expresarse de manera diferente. Sufren constantemente esta violencia por el hecho de ser mujer.

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Educar a la abuela

Por Eloísa Molina 

Han pasado unos 60 años desde que Dina y Colorinda se sentaron en una clase por última vez. Pero están de vuelta, boli en mano, con cuadernos y notas garabateadas enérgicamente. Entrenan sus habilidades para los negocios, aprenden  formas de potenciar sus puestos de la calle, descubren oportunidades de mercado para su propia cosecha o sus esponjas de baño tejidas. ‘El colegio no tiene edad ni límite, soy capaz de aprender cosas nuevas. Soy lo suficientemente madura para poder evaluar lo que es bueno o malo y quedarme con lo que es útil’, dice Dina, mientras nos explica que está a punto de cumplir 70 años.

“Los niños que están conmigo todavía son pequeños, quiero hacer algo para mejorar sus vidas”, dice Colorinda, que cuida de cuatro nietos que se convirtieron en huérfanos en el largo conflicto armado de Sudán del Sur. Ambas mujeres forman parte de las 84.000 personas en Juba que se benefician de una ayuda para participar en el programa de formación fundado por el Programa Mundial de Alimentos y organizado por World Vision. Cada mes, las “abuelas” de la comunidad acuden a cinco días de formación y reciben una ayuda de 45 dólares para utilizarlos libremente en sus negocios, en comprar comida para sus casas, en la educación de sus nietos, o en cubrir costes sanitarios.

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El tiempo de las mujeres árabes es hoy ‘la diversidad’

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

“Ramika es rapera en Afganistán, todo un desafío a la convenciones de una sociedad misógina tan ultraconservadora. Su última canción, Doghtar Afghan (chica afgana), denuncia la situación de las mujeres en ese país que intenta salir adelante después de tres décadas largas de conflictos”. La frase pertenece al libro El tiempo de las mujeres: crónicas asiáticas, que la periodista y escritora Ángeles Espinosa acaba de publicar en la editorial /La Línea del Horizonte y que nos acerca a ese mundo femenino que desde una orilla cubrimos tan a menudo con el velo de los tópicos.

Imagen de Harits Mustya Pratama (unsplash)

Ramika es rapera, la iraní Nidal Naser es juez en la ciudad de Nayaf y la yemení Tawakul Kerman logró Premio Nobel de la Paz. Son mujeres, explica Espinosa, que pueden o no llevar cubierta su cabeza, pero que van dando pasos hacia adelante, con el reto que supone no sólo luchar contra estructuras religiosas, políticas o legales, sino con lo más cercano, la familia.

La obra de Ángeles Espinosa nos lleva de viaje por una docena de países a lo largo de un centenar de las crónicas que ha publicado como corresponsal de El País en el mundo árabe a lo largo de los años. La selección nos revela las conquistas de las mujeres, algunos nombramientos en cargos públicos y también los muchos retos por cumplir, los miedos, el sufrimiento, los retrocesos cuando soñaban con una liberación que llega lenta. “Es sobre todo diversidad”, explica la autora. “Y hay que mirarlas así, rompiendo con la única idea de que el velo es un reflejo de atraso porque eso nos impide ver lo que hay debajo, que es diversidad”, asegura.

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Angélica Bello y otras historias sin final

Por Carmen Suárez

‘Volvimos a retomar fuerzas y nos replanteamos continuar con su legado que, en memoria de ella,  no se puede perder’

El 16 de febrero de 2013 murió Angélica Bello. Tenía 45 años, era una significada activista por los derechos de la mujer y, según la versión oficial, se suicidó disparándose un tiro en la boca con la pistola de uno de sus guardaespaldas.

Esa versión oficial estaba muy lejos de lo que podían admitir sus compañeras de lucha. La única verdad incontestable, más de tres años después, es que su muerte puso fin a una vida  dedicada a  la lucha por la  defensa de los derechos de las mujeres.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

Pero esa muerte no es el final de la historia. Contrariamente a lo que cabría pensar, la trágica muerte de Angélica dio un empuje mayor a la causa por la que combatía desde 1996. Angélica se vio inmersa  en esta lucha cuando, en 1996, tuvo que huir junto con sus hijos de su tierra natal, Saravena (Arauca),  víctima de amenazas por su vinculación con el partido Unión Patriótica. Eso le llevó a vivir en primera persona la experiencia de desplazada y a convertirse en líder por la defensa de los derechos de las personas que habían tenido que huir y más específicamente, de las mujeres que lo padecían.

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Lo que nos falta es lo que nos separa

Por Nuria Coronado

No es por tirar piedras sobre nuestros tejados pero día sí y día también, a cada foro que acudo sobre liderazgo femenino, escucho que las mujeres no estamos donde nos merecemos por dos obstáculos que nos ponemos solitas. Nos falta hacer networking y perder el miedo a hablar en público.

Si bien, tal y como dice el influencer Alfonso Alcántara @yoriento en la vida profesional  “hace falta más work y menos net”, en el caso de las mujeres puede que tengamos que darle la vuelta a la tortilla. Trabajar ya trabajamos de lo lindo (algo debe influir aquello de creer que tengamos superpoderes y nos liemos la manta a la cabeza para hacer miles de cosas a la vez…aunque en ello se nos vayan las fuerzas) y se prefiera anteponer en muchos casos la conciliación a acudir a saraos varios en los que conectar y darse a conocer.

Hace bien poco decía Monserrat Tarrés @tarremo presidenta de la Asociación de Directivos de la Comunicación (DIRCOM) que “las mujeres trabajamos mucho pero no trabajamos nada el networking y eso no nos ayuda en la vida laboral”  y razón no le falta.

Las redes de contacto (no hablo de las 2.0) dan visibilidad. Una visibilidad que en el caso de estar buscando trabajo resulta más necesaria si cabe. Según el experto @juanmerodiohay que dejar de buscar trabajo para centrarse en conocer gente. Esa es la clave para que surjan oportunidades”. Y como la ocasión la pintan calva los hombres no la dejan escapar. Tanto es así que por cada dos mujeres hacen networking, hay tres hombres que lo hacen. Por eso no deberíamos olvidar que las redes de contacto “no sólo sirven para facilitar las relaciones, sino también para compartir experiencias o generar ideas”, tal y como describe PWC @PwC_Spain en su informe Inspirando, women as leaders

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Esa edad a la que un día llegaremos

Por Rosa BrialesRosa Briales 

Josefa Caballero, Pepita, nació en O´Donnell hace 92 años. Tiene 2 hijas, 6 nietos, 11 bisnietos y una tataranieta de 12 años. Confiesa que su mayor sueño sería poder reunirlos a todos por su cumpleaños. Mantiene un contacto regular con muchos de ellos pero vive sola en su casita baja de López de Hoyos como ha hecho desde hace más de sesenta años. ‘Aquí puedo levantarme cuando quiero, salir y entrar sin tener que dar explicaciones a nadie, no me apetece ser una molestia ni ir a otro lado. Mucho menos a una residencia, al menos mientras yo pueda valerme por mi misma’. Y Pepita puede valerse por si misma,  aunque enfile el camino de sus 91 años, sus movimientos demuestran una agilidad y una energía sorprendentes. ‘Todo el mundo piensa que tengo setentaytantos’.

Pepita, junto con algunas compañeras, enseñando cocina en uno de los Authentic Tours. Imagen: Amigos de los Mayores

Pepita, junto con algunas compañeras, enseñando cocina en uno de los Authentic Tours. Imagen: Amigos de los Mayores

Lo que sí le da miedo son algunos cambios que ha empezado a notar últimamente, la memoria ya no es la que era ‘a veces no recuerdo como se escribía alguna palabra, y si al comenzar la frase debería hacerlo con mayúscula o minúscula, entonces intento hacer algo que se parezca a las dos, algo así’ . Pero por supuesto ella no piensa rendirse, la semana que viene se ha apuntado a un taller para ejercitar la memoria y prevenir esa enfermedad terrible cuyo nombre no quiere citar.

Otra cosa que a veces asusta a Pepita es la soledad, sobre todo por las noches, ‘a veces piensas qué pasaría si te ocurre algo y estás sola. La soledad es una de las peores cosas que te puede pasar cuando te haces mayor, yo tengo una familia grande y mantengo relación con la mayoría, aunque me gustaría que me hiciesen más compañía, muchas veces les digo de broma  que con todos los que somos si se turnasen para llamarme todos los días, jamás estaría sola‘.

Pero Pepita tiene suficientemente llenos los días, con su grupo de gimnasia  ‘hace poco me llevaron como un ejemplo a un gimnasio para que enseñase los ejercicios que aún hago con la pelota‘, las visitas a las hermanas Padilla que viven en el barrio o sus amigos del Centro de Día donde come casi todas las mañanas. Este año además se ha apuntado a enseñar a los más jóvenes recetas típicas españolas en el Taller de Cocina Cayena dentro de la iniciativa de los Authentic Tours. ‘Enseñar cosas a los demás me hace sentir como una niña’. Y la sonrisa de Pepita nos sigue recordando que lo que nos acercan son las cosas que tenemos en común, nada que ver con la edad.

Hoy 1 de octubre celebramos el Día Internacional de las Personas Mayores. Desde 1990 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó este día para rendirles homenaje y dar visibilidad internacional a este grupo de población. La mayoría de la ciudadanía desconoce esta celebración y su importancia teniendo en cuenta los desafíos que imponen los cambios en los modos de vida. Como cada año queremos llamar la atención de la opinión pública sobre el colectivo de las personas mayores y especialmente el problema de la soledad que afecta a un número significativo de ellas. Este año queremos tender puentes y reflejar los vínculos en común que comparten diferentes generaciones.

La música, el fútbol,  el teatro… las cosas que tenemos en común suelen ser un vínculo entre las personas. Y la edad pese a algunos prejuicios generales no supone un impedimento. La relación de nuestros mayores y voluntarios y voluntarias de Amigos de los Mayores  son pruebas diarias de ello y este año queremos extender esta experiencia al público. Para la ocasión hemos preparado los Authentic Tours, una manera diferente de descubrir rincones de la ciudad de Madrid a través de la experiencia y los conocimientos de personas mayores a las que acompañamos. Porque entre las cosas que nos unen por supuesto está un plato de buena comida y ninguna chef mejor que Josefa Caballero para enseñarnos como se hace un buen salmorejo a sus 92 años.

Rosa Briales es responsable de sensibilización de Amigos de los Mayores. Con motivo del Día Internacional de las Personas Mayoes, organizamos experiencias como los Authentic Tours. También es posible hacer una aportación y regalar compañía para personas mayores llamando al teléfono 91 359 93 05, a través de la página web o escribiendo a socios@amigosdelosmayores.org.

¿Pasará España el examen de igualdad de la ONU?

Por Carmen Miquel Acosta 

Este artículo comienza con una afirmación obvia: España forma parte de la comunidad internacional y como tal tiene compromisos con los derechos humanos que nos incluyen también a las mujeres. Desafortunadamente, en relación con la igualdad de género esta realidad se traduce en muchas ocasiones en papel mojado. Así se ha podido comprobar en la reciente reunión del Comité de la ONU que se encarga de vigilar la situación de discriminación de las mujeres en el mundo, celebrada en los últimos días en Ginebra.

Manifestación feminista. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

Manifestación feminista. Imagen: Alianza por la Solidaridad.

En este encuentro, España ha sido sometida a examen sobre su grado de cumplimiento  de los derechos de las mujeres, recogidos en la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (conocida como la “CEDAW”, por sus siglas en inglés), que entró en vigor en nuestro país en 1984. Y  ¿qué ha pasado con este examen? Pues que seguramente nos darán un merecido suspenso. En Ginebra hemos tenido la evidencia de que algo no va bien con quienes nos representan: en sus contestaciones al Comité demostraron una patente falta de preparación y un discurso voluntarista pero nada riguroso; es más, realizaron afirmaciones que no están respaldadas por datos o que entran en serias contradicciones con los  recabados por la sociedad civil en sus Informes. Como colofón, dejaron claro al Comité que sus recomendaciones no son vinculantes para este Gobierno.

Esta postura da al traste con el trabajo desarrollado anteriormente, pues en los últimos años, España se había venido posicionando como un actor referente en su trabajo por los derechos de las mujeres. Además, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, en su candidatura asumió que la igualdad de género era uno de sus puntos fuertes. Sin embargo, lo ocurrido estos días demuestra que ya no somos ese pretendido referente dentro y fuera de nuestras fronteras, sino que vamos camino de todo lo contrario.

Esta pérdida de protagonismo se ejemplifica claramente en la condena de la CEDAW a España, hace un año, debido al grave caso de Ángela González Carreño, la madre cuya hija fue asesinada por el padre y exmarido maltratador durante las visitas que ella trató sin éxito de que fueran supervisadas judicialmente. La falta de respuesta por parte de las autoridades tuvo un resultado terrible para Ángela y su hija. A día de hoy, el Gobierno no ha cumplido, ni tiene visos de cumplir, con las indicaciones del Comité para resarcirla ni se han tomado medidas para que crímenes como éste no se repitan. Y entonces, ¿para qué firmar tratados internacionales de derechos humanos? ¿para qué viajar hasta Ginebra si lo que allí de dice “no es vinculante”?

Las mujeres en España  no hemos salido mejor paradas en el reciente informe realizado por un grupo de trabajo de la ONU sobre la discriminación de género, tras la visita que realizó en diciembre pasado a nuestro país. Este documento (por ahora sólo disponible en inglés) hace un repaso del retroceso en derechos de las mujeres que hemos experimentado en este país sobre todo a raíz de la puesta en marcha de los recortes en el 2008. Entre otros asuntos, menciona el desmantelamiento de las políticas de igualdad, niveles intolerables de violencia de género y las restricciones al acceso al aborto de las menores de 18 años.

Por si fuera poco, en la revisión de Beijing +20 que tuvo lugar en marzo pasado, España excluyó a la sociedad civil de la negociación de los acuerdos. Beijing fue la Conferencia de la ONU sobre la mujer que tuvo lugar en 1995, histórica por los compromisos adquiridos por los Estados en relación a la situación de la mujer en áreas como pobreza, educación, salud, violencia, economía, participación política, derechos humanos y medios de comunicación. Si bien tampoco es vinculante, fue adoptada como una agenda para la acción a nivel internacional.

Si es muy cansino ese discurso de que “todo va bien”, que no hay alternativa a la crisis, incluso que vivimos la supuesta “recuperación económica”, también lo es esa postura paternalista porque los derechos humanos son innegociables y su reconocimiento no debería depender de la voluntad de los Estados. España no puede pretender llevarse una palmadita en el hombro si incumple los derechos de las mujeres; es un asunto que no es indiferente a la ciudadanía responsable en una sociedad democrática, consciente de que un mundo sin igualdad es un mundo injusto. Todas las personas tenemos debemos reclamar que nuestros Gobiernos cumplan con los derechos humanos. No más papeles mojados.

Carmen Miquel Acosta es técnica del Programa de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad

La casa de Guita

Por Júlia SerramitjanaJulia Serramitjana

Guita es nepalí y acaba de perder su casa. Cuando la tierra tembló el pasado 25 de abril, estaba en una reunión de la comunidad en la que vive, en la zona rural de Champi, en el noroeste del país. Estar fuera de su casa la salvó. Sus dos hijos también consiguieron salir ilesos de la vivienda, antes que se desmoronara y se convirtiera en un montón de piedras y polvo. Están vivos y son afortunados por ello, pero todo lo que tenían se ha esfumado en segundos.

Guita está sola tratando de sobrellevar este drama. Su marido Ramés no puede estar con ella. Trabaja en la construcción en Dubai y les manda dinero cuando puede. Pudieron hablar días después del seísmo pero no podrá venir para ayudarles. Guita deambula por los escombros de lo que hace apenas minutos había sido su casa, intentando recuperar algunas de las cosas que han quedado sepultadas: cuadernos de texto de sus hijos, un jarro de agua y un plato.

Curiosamente, lo hace vestida con un ‘punjabi’, el vestido que los nepalíes tienen reservado para las fiestas y celebraciones. La imagen roza lo surreal. Es obvio que no hay nada que celebrar, pero es lo único de ropa que tiene ahora. La pudo recuperar porque la había llevado al costurero una semana antes del terremoto y ese edificio no sufrió daños. Así que fue a buscarlo y se lo puso.

Además de su casa, Guita a ha perdido las semillas para la próxima cosecha. Se ha quedado sin su medio de subsistencia.

Además de su casa, Guita a ha perdido las semillas para la próxima cosecha. Se ha quedado sin su medio de subsistencia. (C) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ver esta imagen me hace estremecer. Hace años una máquina excavadora derrumbó en escasos minutos la casa en la que había vivido mi familia durante varias generaciones. En un abrir y cerrar de ojos desapareció todo lo que se había construido allí durante años y años. Las paredes, las habitaciones, los muebles, los olores y los sonidos a los que uno se acostumbra. Todo lo que habíamos vivido, compartido y aprendido en esa casa dejó de exisitir para transformase sólo en recuerdos que, de vez en cuando, rescata nuestra memoria. Recuerdo que, con la mirada clavada en el suelo, aún en shock y como si fuera un último intento para rescatar nuestro pasado, tratábamos de recuperar  objetos que se habían quedado dentro: un cuadro, unos platos de porcelana y una baldosa. Y es que una parte de nosotros  se quedaba entre esos escombros para siempre.

No sé si Guita habrá tenido tiempo de pensar mucho en eso. Con las lluvias monzónicas al caer, en su comunidad se apresuran para acondicionar cobertizos que les protejan hasta que puedan levantar edificaciones más sólidas. No pueden perder tiempo.

Además, Guita ha perdido todas las semillas de cereal que guardaba en su casa para la próxima cosecha y no tiene nada con lo que poder subsistir. Cuenta que su marido tratará de mandarle dinero y que sus vecinos la están ayudando. Ella también está ayudando en lo que puede para poder volver a la vida que tenían antes. Enfundada en su ‘punjabi’ de colores alegres en un escenario triste y gris, ahora le toca empezar de cero para volver a tener su casa, luchando para seguir adelante.

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Oxfam Intermón