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Entradas etiquetadas como ‘machismo’

Evaluar el Pacto de Estado Contra la Violencia de Género es sostenerlo

Por Lola Liceras

Han pasado ya ocho meses desde que se aprobara el Pacto de Estado, un avance para los derechos humanos de las mujeres, entre otros motivos por el hecho de que mucha gente, desde las organizaciones de mujeres a las de derechos humanos, desde los partidos políticos a personas expertas, pusieran en común objetivos y propuestas para detener la violencia contra las mujeres. Pero hay que concretar acciones, presupuestos y plazos. Y atender sus lagunas.

Y sin embargo, para que el Pacto siga vivo necesitamos saber cómo se está desarrollando, dónde están las dificultades para cumplirlo y cuáles son sus carencias. Porque evaluarlo es sostenerlo. Así lo hicieron el pasado 16 de mayo muchas mujeres concentradas ante el Congreso para exigir al gobierno que rectificara y pusiera los 200 millones de euros acordados, frente a los 80 que figuraban inicialmente en el Anteproyecto de Presupuestos Generales del Estado. Y se consiguió.

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San Valentín como oportunidad

Por Bethan Cansfield y Lourdes Montero

Hoy, en numerosos países, muchas parejas celebrarán el día de San Valentín, también conocido como ‘El día de los enamorados’ en algunos países de América Latina. Aunque supone una gran oportunidad para promover las relaciones sentimentales saludables, también es un momento importante para llamar la atención sobre la crisis que afecta a mujeres y niñas de todo el mundo. El 30% de las mujeres experimentará en algún momento de su vida violencia física o sexual a manos de su pareja, ex pareja o esposo.

Un grupo de jóvenes de Bolivia muestra el mural que acaba de pintar en una calle de La Paz (Bolivia): Busca tu final feliz. Imagen de Sandrine Muir-Bouchard, 2017.

En este 30% no se incluye el control coercitivo. Una forma de dominación que se consigue a través de la intimidación, el aislamiento, la degradación y la privación, así como el control psicológico y económico. Así que, aunque esta cifra pueda resultar sorprendente, no es más que la punta del iceberg.

Las violencias contra la pareja no tienen una única causa, sin embargo está demostrado que uno de los factores que ayuda a predecir este tipo de violencias es el hecho de compartir creencias discriminatorias (convenciones sociales) sobre lo que se considera normal y adecuado en una relación. Ejemplos de estas creencias son la idea de que un hombre tiene derecho a ejercer poder sobre una mujer o que puede disciplinarla. En algunas sociedades del mundo se defiende que los celos y el control por parte de los hombres son una forma de mostrar afecto. Y las películas, la música y las telenovelas fomentan esta imagen, al igual que la familia y las amistades.

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Sí, es machismo

Mariana Vidal

Por Mariana Vidal 

Hay anécdotas muy tontas, pero muy reveladoras. Estos últimos días hemos asistido a un par de ellas. Todos tenemos problemas más graves, y son cosas que pasan todos los días. Por eso no les damos mucha importancia. Pero son expresiones de machismo.

La tenista canadiense Eugenie Bouchard. Imagen: EFE.

La tenista canadiense Eugenie Bouchard. Imagen: EFE.

La primera: un periodista deportivo le pide a dos jugadoras de tenis, a las que entrevista después de ganar sendos partidos, que se den una vuelta para que todos vean bien su vestido, y por lo tanto su cuerpo. Fue el fin de semana pasado, en el Open de Australia de Tenis. Es sólo una anécdota, al parecer, que una jugadora de máximo nivel mundial sea considerada antes un cuerpo y un espectáculo que una profesional del deporte que acaba de conseguir un gran resultado. Nadie le da mucha importancia a que un periodista deportivo piense que es el cuerpo de las jugadoras lo que interesa al público que sigue desde todo el mundo un torneo de primer nivel. No tiene gran importancia, pero como dijo Serena Williams: ¿le hizo la misma petición a Nadal, a Federer, a Djokovic? No, no se la hizo. Pues entonces, sí, es machismo.

La segunda: una concursante -también conocida por algunos como ‘princesa del pueblo’- de un programa de telerrealidad presuntamente ‘vip‘ opina sin ningún empacho que por qué van los hombres a fregar habiendo allí mujeres. No es que la opinante sea un referente moral de gran altura para la sociedad española, pero sus opiniones tienen una gran capacidad de difusión. Y sí, opinar que las mujeres son más idóneas que los hombres para realizar las tareas de fregado es una idea bastante extendida. Pero sí, es machismo.

La tercera anécdota son los comentarios que ha despertado la recomendación del Observatorio sobre la Violencia de Género sobre la conveniencia de erradicar los piropos. Como todo lo que cae en el ámbito de las costumbres, es algo a lo que socialmente estamos acostumbrados. Cuando se habla de acabar con ellos, hay quienes se vienen arriba defendiendo la presuntamente amenazada libertad de expresión del piropeador, y quienes evalúan el piropo en función de su carácter positivo y su buen gusto (pero si no tenía buen gusto quien te lo dijo, ya lo llevas puesto). La realidad es que se trata de una imposición: cualquier mujer que va por la calle no debería verse sometida a las opiniones no solicitadas de personas desconocidas sobre su aspecto físico. Y si esto ocurre, aunque sea algo muy sutil y muy corriente, aunque tenga ínfulas artísticas y poéticas, aunque el tipo lo haga con su mejor voluntad, es una perturbación y una invasión del bienestar de la mujer. Y sí, es machismo.

Mariana Vidal es comunicadora y especialista en América Latina.

Hazlo tú misma: fanzines en el movimiento Riot Grrrl

Por Lupe Blissett Lupe Blissett

Ahora mismo, esto trata sobre la frustración. Frustración en la música. Frustración en la vida. En ser una chica, en ser homosexual, en ser una inadaptada. En ser una idiota, ya sabéis, la última niña a la que escogen en los equipos de la escuela. Que es de donde viene todo esto del punk, por otro lado.

Lo escribía Donna Dresch, una joven de Washington, a principios de los 90. Lo hacía en su propia publicación amateur, ‘Chainsaw’, un puñado de fotocopias grapadas y mal maquetadas pero cargadas de sensibilidad, rabia y honestidad. Como ella, decenas de mujeres en todo Estados Unidos estaban imprimiendo sus sentimientos sobre papel. Y lo hacían en un marco que lo dotaba todo de sentido: Riot Grrrl.

 

Riot Grrrl Zine

 

Riot Grrrl fue un movimiento feminista que se originó hace dos décadas en el marco de la escena musical hardcore-punk de California. Diversos grupos formados por chicas, como Bikini Kill, Bratmobile o Tiger Trap, dieron un paso al frente para romper con la hegemonía masculina en el rock. Ya sabéis, la que marca que los chicos hablan de música y las chicas escuchamos; ellos forman grupos y nosotras clubs de fans.

Pero hubo algo más que música. La explosión de creatividad que liberaron esas bandas, combinada con la cultura DIY del punk (Do It Yourself, es decir Hazlo Tú Misma) propició que chicas de todo Estados Unidos creasen su propia red de expresión artística. Los fanzines, publicaciones no profesionales realizadas y distribuidas con pocos medios, fueron su principal canal de intercambio de información.

Una buena selección de aquellos fanzines quedan recogidos ahora en The Riot Grrrl Collection, un volumen editado hace apenas un mes por la editorial estadounidense Feminist Press. El conjunto es apabullante: 370 páginas de artículos, cartas, flyers, postales, cubiertas de cassette… Un testimonio vivo de cómo se configuró un movimiento cultural en una era previa a la extensión de Internet.

 

The Riot Grrrl Collection

 

A fecha de hoy encontraréis muchos fanzines de cómic, ilustración, políticos, musicales; pero los editados en los 90 por riot grrrls sorprenden por su sinceridad radical. El movimiento fue abiertamente reivindicativo, por lo que abundan los artículos de denuncia. Pero fue también liberador como medio de expresión íntimo y personal, por lo que eran frecuentes los escritos sobre sexualidad, aislamiento social, discriminación o sencillamente la narración de sueños, confesiones y esperanzas.

El tono confesional de estos fanzines adquiere tintes sorprendentes en textos como ‘Fuck Off Man’, en el que una autora anónima relata cómo su padre abusó sexualmente de ella en su infancia y cómo se niega a sentirse víctima, a sentir un estigma por algo que ella no cometió. Un texto que conmueve y empodera al mismo tiempo y que se cierra así: “Todo el peso de esta experiencia debe ser sólo mía, pero ahora que la has leído te pertenece. Ahora lidia con ella.”. Intimidad que despierta conciencias. Puro estilo Riot Grrrl.

 

Lupe Blissett es artista.

No tiene gracia

Por Júlia Serramitjana

Julia Serramitjana


“¿Por qué la estatua de la libertad es mujer? Porque se necesitaba una cabeza hueca para hacer un mirador” “¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La de Fairy.”

¿Os hace gracia? A mí ninguna. Éstos y otros chistes forman, todavía y desgraciadamente, parte de nuestra cotidianidad. ¿Quiénes no hemos estado en una cena en la que alguien se arranca a contar un chiste sobre lo torpes que son las mujeres o lo mal que conducen? Muchas veces me he encontrado en esta situación y veo, estupefacta, como tanto hombres y mujeres aún nos reímos en vez de sorprendernos del grado de degradación que suponen estos comentarios, aparentemente graciosos e inocentes pero que son un elemento más que va calando en nuestra sociedad y en nuestras actitudes.

 

Un SMS incitando a recibir comentarios machistas (Fuente: ONU Mujeres)

Un SMS incitando a recibir comentarios machistas (Fuente: ONU Mujeres)

 

Impresiona ver cómo este tipo de chistes circulan a través de los móviles (como el de la imagen) y en internet hay páginas enteras dedicadas a “los mejores chistes machistas”, perfiles de Twitter  y Facebook con un montón de ellos.

Es cierto que también existen  chistes sobre hombres y sus conductas, sobre lo supuestamente torpes que son en algunos países y sobre cualquier tipo de persona y animal. En definitiva, nadie se salva.  Y es que el humor es humor, es subjetivo y forma parte de nuestra educación no formal. Por este motivo, nos podemos sentir ofendidos y ofendidas cuando los escuchamos, porque no estamos condicionados de igual forma por los estereotipos ni influenciados por la realidad que nos rodea.

A mí no me hacen ninguna gracia, ¿y a ti?

 

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Intermón Oxfam

¿Estadísticas o mentalidad?

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

Números, números, números. Necesitamos medir, cuantificar, poner cifras para entender la importancia de un suceso. Por ejemplo, ¿cuántas víctimas de violencia de género ha habido en España este año? Según las estadísticas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 29 mujeres.

¿Son muchas o pocas? Hasta ahora, para figurar como víctima de violencia de género había que morir. Literalmente, tu agresor tenía que matarte. Si te daba una paliza o un puñetazo no contaba. O aunque te clavara un cuchillo, ¿sobreviviste? Pues no eres víctima.

Las nuevas estadísticas de la ministra Ana Mato parece que van a llenar parte de ese vacío. Y digo parte porque se contabilizarán a las personas que permanezcan ingresadas más de 24 horas. Es decir volvemos a lo mismo, que te chillen, te zarandeen o te hagan la vida imposible no vale. Y  para que te ingresen más de 24 horas la agresión recibida tiene que haber sido brutal (o mortal).

Cuando Sole Giménez escribió el primer post de este blog habló de unas estadísticas (en la imagen) que ponían de manifiesto la desigualdad existente entre hombres y mujeres. Personalmente me indigné y me pregunté por qué se daban estas situaciones.

 

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Sin embargo, a lo largo de estas semanas, me he dado cuenta de que hay algo más que no aparece en las cifras y que se ha ido dibujando durante estas semanas en nuestro blog, sobre todo en los comentarios.

Y es que muchos lectores/as hablan de situaciones que son muy difíciles de cuantificar. Sinceramente, me ha sorprendido  esa permisividad pasiva que a veces tenemos hacia situaciones injustas o, incluso, la defensa que algunas personas hacen de la desigualdad de la mujer aludiendo a roles tradicionales.

Por eso me pregunto si realmente somos sensibles a las estadísticas, si entendemos que detrás de los datos hay mujeres reales. Por ejemplo, no dejo de sorprenderme ante algunos comentarios de la entrada sobre el prostíbulo Paradise, donde un/a usuario/a anónimo justificaba el ‘auge de la prostitución’ porque ‘la liberación de la mujer ha hecho que el hombre no pueda satisfacer sus necesidades sexuales como macho’.

Las estadísticas, aunque son necesarias, no son perfectas en sí mismas y dejan muchos matices en el camino, aspectos que sí percibimos en nuestro día a día. Por ejemplo, Susi en el primer post hablaba de mujeres que, realizando las mismas tareas que los hombres, tienen un contrato en el que figura un cargo diferente y  cobran un sueldo inferior. Cuando los informes muestren que las  mujeres cobran un sueldo inferior a los hombres el dato estará justificado por la diferencia de puesto.

Hasta que no seamos capaces de cambiar el pensamiento que hay detrás de las cifras no habrá un cambio significativo en los números. En mi opinión, estamos tan acostumbrados a recibir números de muertos, de refugiados… que las cantidades han perdido el sentido.

Laura Martínez Valero es estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Colaboradora del equipo de comunicación de Intermón Oxfam.

Machismo al revés

Por Irantzu Varela Irantzu Varela

No, el feminismo no es lo mismo que el machismo, pero al revés.

Porque el machismo es la forma de pensar que opina que las mujeres estamos subordinadas porque es lo que nos merecemos, la posición en la que nos corresponde estar, dada nuestra naturaleza inferior, secundaria, complementaria.

Y el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos gente. Es la forma de pensar que opina que todas las personas debemos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades.

Imagen del día contra la violencia machista

Imagen del Día contra la violencia machista

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, pretendería que los hombres vivieran sometidos a las mujeres, que trabajaran sesenta días más al año para cobrar lo mismo, que cuidaran gratis, pensando que es su obligación y por amor, a todas las personas de su entorno; que asumieran como propia la única responsabilidad de los trabajos domésticos, que se sometieran a unos roles de belleza imposibles impuestos para nuestro capricho, que se dedicaran a satisfacer los deseos de las mujeres en la cama, en la cocina, en la calle.

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, buscaría excusas biologicistas para explicar la discriminación, utilizaría a los hombres como adorno y hablaría como si la mitad de las personas no existieran. Trataría de construir un sistema de desigualdad, orientado a mantener sometida a la mitad de la población del mundo, para que fueran sus sirvientes, sus cocineros, sus enfermeros, sus mancebos, sus distracciones…

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, pretendería que las mujeres tuviéramos privilegios a costa de la libertad de los hombres, que mandáramos por encima de ellos en la política, en la economía, en la cultura, en los medios de comunicación, en la calle. Habría mujeres que pegarían a sus parejas, mujeres que matarían a sus maridos, mujeres que violarían a hombres, mujeres que torturarían hombres, y mujeres que harían chistes sobre ello, que cuestionarían a los hombres que lo denunciaran, que se burlarían de los hombres que lucharan para combatirlo.

El feminismo se diferencia del machismo en que es una forma de pensar, de luchar y de vivir, que pretende que construyamos entre todas y todos una sociedad en que ninguna persona tenga menos oportunidades ni menos derechos por ser una mujer, en que nadie tenga represalias ni miedo por su opción sexual, en que todas las personas sean dueñas de su cuerpo y de su sexualidad, y que nadie pretenda secuestrar su capacidad para decidir sobre ningún aspecto de su vida.

El feminismo se diferencia del machismo en que el primero es una ideología de la libertad, de la igualdad, y el otro es una ideología de la esclavitud y de la subordinación.

El feminismo es lo opuesto al machismo. Que no es lo mismo, pero al revés.

 

 

 

Irantzu Varela es periodista, feminista, experta en género y comunicación, y (de)formadora en talleres sobre igualdad en Faktoría Lila.