Entradas etiquetadas como ‘estereotipos’

Publicidad sin estereotipos sexistas

Por Uschi Henkes

Que desaparezcan de las pantallas las mujeres engañosamente perfectas, las noñas, las obsesivas compulsivas de la limpieza, las pacatas, las recatadas, las arpías, las banales, las que son meras comparsas, las sosas, las sin gracia, y que en su lugar, veamos mujeres de todo tipo y condición, pero que no responden a un marcado patrón, a un estereotipo. Esa es la ambición de un proyecto llamado #OVER_, que ha puesto en marcha el Club de Creativos (c d c), asociación que reúne a los profesionales que trabajan en publicidad en España, con la colaboración del Instituto de la Mujer. Un proyecto que se ha materializado en un libro y un folleto que buscan concienciar a  la industria publicitaria de la necesidad de acabar con los estereotipos que encorsetan y limitan a las mujeres.

En estas dos décadas, ha estado regido por diez profesionales, en mandatos de dos años. De los diez, nueve son hombres. Yo soy la primera mujer que preside el club en toda su historia. Mi mandato concluye ahora y quien llega es también mujer, Judith Francisco. Una rotación que representa un claro signo del cambio que estamos viviendo.
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La juventud en Latinoamérica aún ve “normal” la violencia machista. ¡A desaprender!

Por Aida Pesquera

Los países de América Latina y el Caribe han adoptado, desde los 90, leyes y otras normas para la protección de las víctimas de violencia machista. Colombia, por ejemplo, cuenta con importantes directivas aprobadas entre 1996 y 2015, además de planes nacionales para prevenir y atender la violencia contra mujeres y niñas. Los avances legislativos son significativos, pero hay que reconocer que la situación de la violencia contra las mujeres persiste. Según la Comisión Europea para América Latina y el Caribe, CEPAL, 1.831 mujeres fueron asesinadas por el solo hecho de ser mujeres en 2016.

Imagen del informe publicado por Oxfam sobre imaginarios. En él se recoge también que hay caminos para la transformación de imaginarios.

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Tirar la piedra y esconder la mano

Por Maribel Maseda

Hace unos meses  vi estupefacta una parte de una película de la década de los 50 en la que el marido de una señora la ponía sobre sus rodillas y la azotaba mientras ella sollozaba. El hijo pequeño le decía ‘¡mamá!, papá te está pegando!!’ a lo que el padre respondía con absoluta normalidad ‘claro, hijo’. Y el hijo  replicaba mirando con fascinación la escena:  ‘¡entonces es que papá te quiere, mamá!’ y a la madre se le iluminaba la cara y recibía entonces los azotes feliz, sin sollozos.

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

‘¿porqué no le deja?’. ‘Cómo puede seguir con él?’-

’con toda la información que hay hoy en día, ¿cómo siguen metiéndose en relaciones así?’-

La única parte real de esta escena es la de que el maltratador realmente se cree en el derecho y el poder de pegar a su mujer, no porque la quiera, sino porque la cree ‘suya’. Nos preguntamos porqué la violencia contra la mujer continúa y lo hacemos sin tomar conciencia de la cantidad de mensajes contradictorios que se dictan y se consienten.

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Dar o no dar (la talla)

Por Nuria Coronado

Sin centímetros o arrugas. Así esculpe la sociedad occidental la imagen de la que ha de ser la mujer actual. Como si el universo femenino se redujera a un mero maniquí la proporción 90-60-90 y la juventud mandan. Tanto es así que tal y como indica el informe “Los estereotipos de género en la publicidad” elaborado por el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA): el 85% de las mujeres que salen en los anuncios son jóvenes. No hay ni rastro de profesionales cualificadas o de mujeres maduras. Y cuando aparece una persona en este rango de edad, la cantidad de varones dobla a la de mujeres.

Lo de menos es la talla.

Lo de menos es la talla. Imagen de Dreamstime.org

Y así pasa que de tanto que nos ponen medidas, nos hacen olvidarnos de la verdadera belleza. La que todas y cada una de nosotras llevamos grabada en el adn y no entiende de tallas ni está en un rostro perfecto.

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¿Por qué borrar lo que somos?

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unos meses estalló una polémica tras filtrarse unas fotos sin photoshop de la conocida modelo Cindy Crawford. En ella aparecía la top model con una tripa flácida y con estrías;  como la que puede tener cualquier mujer de su edad, y más habiendo sido madre en dos ocasiones. Lo más triste de lo ocurrido es que posteriormente se trató de tapar mostrando fotos donde la modelo lucía un vientre plano y liso; como si el tener estrías o tener la tripa blanda fuese algo negativo o descalificador.

Imágenes de la cuenta de Cindy Crawford en Instagram

Imágenes de la cuenta de Cindy Crawford en Instagram

Para mí lo realmente alarmante es perpetuar modelos de mujeres irreales, que tratan de cambiar su físico a toda costa con tal de parecer más guapas, delgadas y sobre todo más jóvenes. Nos exigimos unos cánones irreales, rígidos y devaluadores que nos acaban quitando y borrando lo que somos y esto lo absorbemos en la televisión, en los medios y en la publicidad a diario, sin juzgarlo, examinarlo críticamente o exigir algo diferente.

De hecho el otro día estaba con unos amigos viendo una película estadounidense  y casi no reconocía a muchas de las actrices que en ella aparecían por sus retoques de cirugía y demás. Habían perdido su identidad, su carácter; es como si hubiesen dejado de ser ellas. Todas eran mujeres guapas en el pasado que tratando de parecer más jóvenes habían sido sometidos entre otros retoques a la secta del pato Donald; aquella que reconstruye rostros haciendo que la expresión de la zona de la boca y labios parezca la del famoso personaje de Disney, perdiendo toda autenticidad, realismo, belleza e individualidad.

Esta idealización descabellada y totalitaria del cuerpo y el rostro joven, liso, delgado, uniforme, es como señalaba anteriormente absurda. Sobre todo por el sometimiento que implica a un modelo poco real, principalmente de la mujer, y donde realmente acabamos siendo sometidas a ser otros meros artículos más, que a su vez acaban consumiendo productos para evitar tener arrugas, celulitis, estrías, color de piel determinado, etc.

En la consulta hace algo menos de un mes unos padres me hablaban entre otras cosas de lo preocupados que están porque su hija de nueve años tiene un ligero sobrepeso. A mí lo que me resultaba más alarmante es que en el campamento donde estaba se había convertido en ‘la gorda‘; ese insulto se había convertido en su seña de identidad. Ni que decir cuántas mujeres en psicoterapia han manifestado su frustración y rechazo hacia su cuerpo o su rostro.

Sobre esto hay un documental que realizó la activista italiana Lorella Zanardo en 2009 que habla sobre esa imagen de la mujer en la televisión italiana, que no difiere mucho de lo que pasa en otros países, entre ellos España. Titulado “El cuerpo de las mujeres” hace un recorrido de diferentes programas televisivos donde la mujer llega a ser un objeto de entretenimiento más; despersonalizada, humillada de forma más o menos sutil, y desprovista de personalidad e identidad. Meras muñecas de entretenimiento. Lo ponemos a continuación; no tiene desperdicio.

Parece que todas tenemos que cumplir con unos cánones de belleza que no permiten la singularidad, el carácter, el paso del tiempo, la historia pasada con sus alegrías, sus enfados y sus tristezas. Se nos vende un modelo de uniformidad y homogeneidad irreal y degradante que esconde todo lo que somos detrás de la cirugía; personas con una historia rica para ser apreciada y valorada por lo que somos y hemos vivido, no por lo que parecemos.

En todo esto no podemos obviar que no es la mirada de los hombres la que nos persigue, sino la de las propias mujeres, las más críticas y fulminantes que apoyan esa obligación a seguir respondiendo rígidamente a esos cánones. No nos rebelamos porque lo tenemos asumido. Hemos entrado en el juego incorporando también a nuevas generaciones de mujeres para que lo sigan haciendo.

Modelos de mujer artificiales sometidas a unos patrones que nos alejan de lo que somos y de lo que deberíamos querer ser, simplemente mujeres.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

¿Quién tiene prejuicios?

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Los prejuicios respecto a lo que se debe y no se debe ser, comportar, actuar, pensar, etc., están inmersos en cada persona mucho más profundamente de lo que creemos, afectando en cada decisión que tomamos, por pequeña que sea. El aspecto más relevante es que a menudo ni somos conscientes de tenerlos, y decidimos un tipo de comportamiento guiados por ellos; pudiendo tener consecuencias negativas para otras personas, para uno mismo, y para toda la sociedad.

Cartel de la película 'Las mujeres de verdad tienen curvas'.

Cartel de la película ‘Las mujeres de verdad tienen curvas’.

El otro día en una comida me contaban que un chico había sido padre y que no solicitó los veinte días de permiso de paternidad por las represalias que eso pudiese tener en su empresa, ya que ninguno de sus compañeros lo hacía. Hace unos meses una mujer me decía en terapia lo culpable que se siente por el volumen de trabajo que tiene y lo poco que ve a sus hijos, cuando el marido es el que pasa más tiempo con ellos. Mujeres inmigrantes que se responsabilizan de mantener a toda su familia en el país de origen y que no se permiten nada para ellas, niños que preguntan a sus progenitores cómo hacen el amor dos mujeres o dos hombres y obtienen silencio por respuesta, mujeres que toman la iniciativa para tener relaciones sexuales y son vistas como fáciles o busconas, un padre de familia que se siente hundido al estar en desempleo al ser visto como el único responsable del mantenimiento económico de su familia, mujeres maduras sin pareja a las que se les adjudica una “tara” sin valorar la opción y elección personal de no mantener una relación afectiva estable, organismos públicos o privados que no promueven el ascenso de mujeres a puestos directivos por ser madres, chicas musulmanas que llevan el velo y son vistas como raras o peligrosas, adolescentes que reniegan de su cuerpo por no cumplir con los modelos que aparecen en la publicidad y en los medios de comunicación, etc.

Algunos ejemplos, pequeños detalles, respuestas puntuales que siguen cargadas de prejuicios sobre lo que deben y no deben de ser los hombres y las mujeres, las madres y los padres, las culturas, las religiones, las parejas, las familias, el trabajo, las relaciones sexuales, la educación, el deporte, etc.

Los prejuicios abarcan diferentes secciones. Son ideas que sirven para establecer un juicio antes de que sea fundado, o experimentado. Pasan de generación en generación, ya que los adquirimos de personas relevantes para nosotros, en un contexto y momento determinado que no tiene por qué ser exclusivamente en la niñez; por ejemplo, si voy de viaje y mi guía me comenta de una ciudad donde sus habitantes son muy peligrosos, sin haberlo experimentado en persona, es fácil que  integre que me tendré que alejar de personas de ese lugar. Se acaba asumiendo entonces esa idea como propia.

Realmente funciona para la persona que prejuzga ya que le simplifica la vida: ‘Esto es bueno, esto es malo, esto es peligroso, esto es lo correcto, esto es lo incorrecto.…’ De esa forma los prejuicios pueden servir para facilitarnos la vida, darnos seguridad, y protegernos, pero también nos limitan, ya que no dejan de ser ideas que nos implican decidir, responder, y comportarnos de determinada manera muy sesgada. Además  suelen ser bastante estables, aunque haya distintas pruebas en contra que lo pudiesen refutar.

Hay países donde la amistad entre un hombre y una mujer fuera de lo que es una relación conyugal es mal vista y castigada. Otros, incluido España, donde muchas mujeres son asesinadas cuando empiezan a decir no, porque siguen siendo consideradas una propiedad de su pareja. A la mujer frecuentemente se le ve como un objeto (de satisfacción, de cuidado..), en vez de sujeto, donde se realza su apariencia física, antes que su inteligencia.

Prejuicios que están en la familia, en el colegio, en las relaciones laborales, en la pareja, en la publicidad, en todas las sociedades, y que debemos de reflexionar en cómo nos afectan y limitan.

Y tú, ¿qué prejuicios tienes?

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

Ensalada de estereotipos

Por Mariana Vidal Mariana Vidal

‘El último, nena’, decían los alumnos de un conocidísimo colegio de Madrid cuando se retaban a iniciar una carrera. Han pasado los años, pero este video de una empresa norteamericana sobre los estereotipos respecto a las niñas me ha recordado esa frase.

Los vemos por todas partes, porque son profecías autocumplidas. Tratamos inconscientemente de confirmarlos, de que las personas que conocemos se adapten a un esquema de conocimiento anterior. Por eso triunfan.

Me parece tan revelador el video como la ristra de comentarios que lo acompañan en Facebook: estereotipo tras estereotipo, insisten en que los hombres tienen más masa muscular, que decir esto es una forma de picar a las niñas y ellas pueden decir otra cosa… Frente al argumento irrefutable de que existe un estereotipo que refuerza una idea tan añeja como la presunta incapacidad de las niñas para la actividad física. Estereotipo desmentido por el último mundial de natación, por no ir más lejos.

El debate sobre los estereotipos de género está cada día sobre la mesa, en nuestras pantallas, en nuestros colegios, en nuestras relaciones familiares y laborales. Quizá videos como este, publicitarios o no, puedan ayudarnos a entendernos mejor y pensar de otras posibles formas.

 

Mariana Vidal es comunicadora y especialista en América Latina.