Archivo de la categoría ‘Internacional’

¿Bastará una crisis?

Por María Reglero y Eva Moure

Estos días resuena por las redes una frase pronunciada hace décadas y que nos conecta con una de las voces emblemáticas del feminismo del siglo XX:

“No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.

Si estuviese aquí, Simone de Beauvoir cumpliría 111 años. Su frase sigue más vigente que nunca.

Desde hace semanas se suceden declaraciones, se toman decisiones, se llega a acuerdos políticos que pretenden dinamitar derechos fundamentales que han sido avalados por leyes nacionales e internacionales, consensuadas global y localmente, que nos han permitido avanzar como sociedad gracias al activismo del movimiento feminista y de mujeres. Los avances son, para algunos, para muchos, una amenaza a sus privilegios, y parte de la sociedad se ha puesto a caminar hacia atrás, en un intento de frenar lo imparable. Agresivamente, irresponsablemente. Hay quienes actúan con un negacionismo vergonzoso, hay quienes manipulan los datos creando fake news que corren por las redes sociales. Pero los datos oficiales no dejan lugar a dudas: 97 feminicidios fueron perpetrados por hombres en 2018 en España, 47 según la delegación del Gobierno en Violencia de Género, ya que este organismo recoge exclusivamente los feminicidios perpetrados en el contexto de pareja y ex pareja. En total, hablamos de 975 mujeres asesinadas en España a partir del 1 de enero de 2003, desde que se empezaron a contabilizar estos casos. En América Latina, al menos 2.795 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 23 países de la región en 2017 según la CEPAL.

Imagen de Marija Zaric.

Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres mujeres (35%) en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual en el contexto de una relación de pareja o violencia sexual perpetrada por terceros en algún momento de su vida. Sin embargo, estudios nacionales demuestran que hasta el 70% de las mujeres ha experimentado violencia por parte de un compañero sentimental a lo largo de su vida.

¿Cómo, con estos datos, se puede negar la existencia de los distintos tipos de violencia que los hombres ejercen contra las mujeres? Desconocer las cifras, manipularlas o minimizar este tipo de violencias es una gran irresponsabilidad y demuestra un total desconocimiento de la realidad y de los compromisos adquiridos por España a nivel nacional e internacional. Asimismo, no reconocer la existencia de la violencia de género, no es solo negar la violencia específica que los hombres ejercen hacia las mujeres en el contexto de la pareja o expareja, como recoge la Ley 1/2004, sino negar el conjunto de violencias sobre las cuales existe un consenso global, recogido en instrumentos internacionales de derechos humanos. Hay cuestiones que son innegociables.

Es clave mantener todo lo que hemos conseguido, que son muchos avances a lo largo del tiempo. Por citar algunos, solo en materia legal: Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres (1993); resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2000, 2008); el Convenio de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres, también conocido como Convenio de Estambul (2011), que contempla todas las formas de violencia contra las mujeres e implica que los estados deben introducir en sus sistemas jurídicos estos delitos, y abordar la violencia desde un enfoque integral. Por citar algunos. Poner en entredicho la necesidad de tener legislación específica para proteger a las mujeres sobre la violencia que se ejerce sobre ellas, va en contra de los compromisos y obligaciones adquiridas por el Estado español como miembro de la Unión Europea y las Naciones Unidas.

En España falta dar muchos pasos hacia adelante en materia de políticas públicas y transformación de imaginarios que reproducen y normalizan las violencias, en la interpretación del código penal respecto a violencia sexual y la reforma del mismo, para prevenir cualquier tipo de revictimización de las mujeres que sufren violencias, para adoptar el Convenio de Estambul con presupuesto y rendición de cuentas, desarrollando acciones concretas en el marco del Pacto de Estado contra la violencia de género… Así que seguiremos, como dice Beauvoir, vigilantes. 2019 ha empezado con cientos de miles de mujeres indias manifestándose por sus derechos. El 15 de enero se esperan concentraciones en todo el país en solidaridad con las mujeres andaluzas y todas las personas que defienden la democracia. Para el 8 de marzo se está preparando una huelga general que volverá a ser histórica. El mundo nos mira. La manifestación del 8 de marzo 2018 en Madrid fue la más multitudinaria a nivel global, con concentraciones sin precedentes en todo el estado español. Tenemos dos opciones: ver lo que está ocurriendo y admitir la realidad o negarla. Y podemos involucrarnos. Porque ocasiones no faltarán. Y es momento de no solo no dar pasos atrás, sino de darlos hacia adelante.

María Reglero y Eva Moure trabajan por los derechos de las mujeres en Oxfam Intermón

Tu futuro en una cesta

Por Carmen Suárez

Moina Sardar tiene 35 años y vive junto a su marido, Lucas, y el menor de sus dos hijos, Munna, de 15, en Manikhar, una pequeña población de 370 habitantes rodeada de estanques, palmeras y arrozales en el sudoeste de Bangladesh. Su hijo mayor Mikhal, de 20 años, estudia en la ciudad de Dhaka.

Junto a un grupo de mujeres de la comunidad, Moina produce cestas con hoja de palma. Esta ocupación les permite obtener sus propios ingresos y aportar dinero a la economía familiar. Todas ellas trabajan para BaSE, una organización de comercio justo creada en Bangladesh, que coordina y promueve los productos de artesanía de varios grupos de mujeres de ese país.  Nació en 1977 y actualmente la integran más de 10.000 productoras (el 99% son mujeres), organizadas en 17 grupos, uno de ellos compuesto por personas que sufren alguna discapacidad.

Puspo Biswas muestra una de las cestas elaboradas por ella en la comunidad de Kamarali, en Bangladesh. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Puspo Biswas muestra una de las cestas elaboradas por ella en la comunidad de Kamarali, en Bangladesh. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón

En BaSE se busca esencialmente dar una oportunidad a las mujeres que, como Moina, tienen el acceso limitado al de trabajo.  Tener ingresos les permite contribuir económicamente con los gastos de la familia, la situación cambia, se las considera de otra manera. Gracias al comercio justo, tienen la oportunidad de salir de la pobreza y recuperar la dignidad en su entorno social.

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Un año para recordar

Por Belén de la Banda

Comienzan estos días en que, entre fiesta y fiesta, echamos la vista atrás para recordar cómo era todo al principio del año, y qué ha ocurrido desde entonces. No ha sido un año tranquilo, ni en la política, ni en la sociedad, ni en la vida personal de la mayoría de nosotras. Pero es posible apostar a que todas recordaremos 2018 por algo que hemos vivido en común.

No será posible recordar este año sin pensar en lo que han hecho las mujeres. La oleada de crecimiento feminista, el tsunami de sororidad, la contundencia y la representatividad social de las reivindicaciones, y sobre todo el macrocosmos de conversaciones, comentarios, análisis sobre la marcha, flashbacks y reconocimientos.

Momento de repaso. Imagen de Alexis Brown.

No olvidaremos las oleadas internacionales de denuncias, encuentros, apoyos, colaboraciones, acuerpamientos. No olvidaremos a las activistas internacionales de las que tanto hemos aprendido, a las que tanto debemos. No olvidaremos a Berta Cáceres, a su hija, a su madre, ahora enfrentadas al juicio por el asesinato de la lideresa. No olvidaremos a Julie Cissé, que vino a recoger su Premio Mujeres Avenir 2018 al trabajo de sus compañeras en favor de los huertos propios para las mujeres, los ingresos propios para las mujeres de Senegal. No olvidaremos a Liliane Dakoure, defensora de las niñas enfrentadas al matrimonio temprano y a la ablación genital en Burkina Faso. No olvidaremos a María José Díaz Reyes, defensora de los derechos de las mujeres en Nicaragua.

No olvidaremos, porque ella y su causa forman parte de nuestra vida cotidiana, a Rafaela Pimentel, que recibió este año el premio Avanzadoras: ella y todas las trabajadoras del sector de los cuidados se enfrentan a un posible cambio legislativo para entrar definitivamente en el régimen general de la seguridad social.

No olvidaremos a las mujeres que se atrevieron a denunciar el abuso y el acoso que habían sufrido. No olvidaremos a quienes las apoyaron, las acompañaron, las

Y habrá muchos momentos especiales para recordar. No olvidaremos el 8 de marzo de 2018. No olvidaremos las voces de las mujeres vascas en su canción pidiendo justicia. No olvidaremos los delantales en las ventanas, símbolo de las mujeres que todavía no pueden (siglo XXI y estamos así) hacer huelga. No olvidaremos las oficinas vacías. No olvidaremos lo que quedó sin hacer, o sí, porque sabemos que lo que hicimos fue millones de veces más importantes. No olvidaremos los grupos de mujeres organizadas que llegaban en auténticas oleadas hasta el centro de nuestras ciudades. No olvidaremos la ciudad felizmente paralizada, colapsada en la manifestación más potente, reivindicativa, emocionante, pacífica y explosiva, que hemos vivido. -Y causas nunca nos faltaron-.

No olvidaremos la solidaridad entre generaciones, los nuevos liderazgos de las más jóvenes, la búsqueda de la experiencia en las feministas de siempre. No olvidaremos las narrativas compartidas, los constantes encuentros, los muchos descubrimientos. No olvidaremos que hoy sabemos cuánto nos queda por delante, el año que viene y todos los que nos esperan.

¡Salud, compañeras!

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Oxfam Intermón. 

Cuando la violencia contra las mujeres se convierte en motor de cambio

Por Judit Saavedra

’Me mutilaron cuando tenía solamente una semana de vida, como a todas las otras niñas de la comunidad donde me crié, en Damina, Malí. Pensaba que todas las niñas del mundo estaban mutiladas, que habían nacido así, por eso lo veía como una cosa normal’: Dialla Diarra, 42 años.

Dialla Diarra llegó a Banyoles (Girona) en 1993 y no fue hasta que vio los problemas ginecológicos que tenía una amiga suya que empezó a hacerse preguntas. En ese momento, entendió que se encontraba ante un problema oculto. Tanto ella como su amiga forman parte de los 200 millones de niñas y mujeres mutiladas que se calcula que hay en todo el mundo. Además, según datos del Mapa de la Mutilación Genital Femenina en España (2016), Girona es la tercera provincia con más población empadronada con origen en países en los que se practica esta terrible práctica (en Cataluña residen un tercio del total).

’Cuando cortas a una niña es como si cortaras una parte de su lengua para siempre’, afirma Dialla. Para las mujeres que lo han sufrido, hablar de ello es muy complicado. La mutilación no solo tiene graves consecuencias para su salud física, sino también psicológica. Implica también efectos que repercuten en su vida social a la hora de relacionarse con los demás, unas secuelas que durarán toda la vida.

La activista africana, sinónimo de fuerza y determinación, decidió que la única manera de combatir esta violencia contra las mujeres en su entorno y en los países de origen era hablando de ello, debatiendo y sensibilizando a las mujeres afectadas, al personal sanitario, a los líderes de las comunidades y a los representantes religiosos. Pero para hacerlo, antes debía encontrar la manera de romper el silencio, ya que de la mutilación no se habla en casa. Pensó cómo apoyar a la comunidad subsahariana en su integración en la sociedad de acogida y fundó, en 2006, la asociación de mujeres subsaharianas “Legki Yakaru” (“mujeres de hoy”, en sarankule). Desde entonces, la organización trabaja para ganarse la confianza de las mujeres y las niñas. Se trata de que se sientan empoderadas y puedan ejercer el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, no solo para prevenir y evitar la mutilación genital femenina, sino también otras violencias machistas, como los matrimonios forzados.

’Hemos conseguido que 30 o 40 mujeres se sienten en una mesa a debatir sobre su salud sexual y reproductiva, y que expresen sus sentimientos sobre la mutilación’, señala orgullosa. Algo impensable hasta hace poco. Ahora todas estas mujeres disponen del poder y la formación necesarias para cambiar su situación. Tienen voz y voto en sus casas y además se han convertido en formadoras y se desplazan a distintos pueblos dando charlas sobre la mutilación genital femenina y otros temas que conciernen a las mujeres africanas.

Dialla cree firmemente que la base para luchar contra esta práctica es la educación y el diálogo intercultural. Y precisamente a través de esas conversaciones ha conseguido grandes resultados. Talleres de sanidad, cursos de informática e idiomas y clases de danza, entre otras actividades, han servido para generar espacios de empoderamiento entre las mujeres y las niñas. ’Hoy en día hay muchísimas mujeres africanas que trabajan, que traen un sueldo a casa y que mantienen a la familia, a la vez que ayudan a sus hijos en los estudios’, comenta la defensora de los derechos humanos.

Una de las participantes de esos talleres de sanidad es Goundo Diabira. Nacida en Banyoles hace 19 años, pertenece a la nueva generación de jóvenes que se sienten concienciadas sobre sus derechos. Ella habla de derechos de las mujeres y también reivindica una identidad: ’Para mí es importante que la gente vea nuestra cultura, porque es muy bonita también. Queremos dar a conocer cómo somos, de dónde venimos y quiénes eran nuestros antepasados’. La joven llama a Dialla “Mama Dialla”, que es como la conoce todo el mundo. Porque esta gran matriarca que es energía, alegría y pasión se ha convertido en una figura clave para las mujeres africanas que viven en Banyoles. Para ellas y también para los líderes de las comunidades que viven en África. No hay día que, al salir a la calle, alguien no la detenga. La saludan, le piden consejo, le cuentan sus avances.

Con su organización, ha tejido una red de asociaciones en diferentes países del continente africano que le dan apoyo. Así, cuando se detecta que una niña que viaja a su país de origen está en riesgo de sufrir una mutilación, hay una persona encargada de explicar a la familia de allí qué consecuencias físicas y psicológicas tiene para la niña y a qué consecuencias penales se enfrentan sus padres.

Dialla, fuerza, motivación y cambio, está contenta con lo conseguido hasta ahora, pero su meta va más allá: Tenemos que salir, llegar a más mujeres, las que están mutiladas y las que no. Tenemos que salir y luchar conjuntamente con las mujeres europeas que defienden la salud y el bienestar de todas’.

Judit Saavedra se licenció en Periodismo pensando en ser reportera de guerra… Y aunque no se fue al campo de batalla, lucha día a día por cambiar las injusticias. Tras trabajar en radio, prensa y televisión, decidió especializarme en comunicación social y cooperación al desarrollo. Ha trabajado y colabora en el departamento de comunicación de Oxfam Intermón. 

Libanesas y sirias hermanadas por un futuro mejor

Por Paula San Pedro

6 julio 2018. La guerra en Siria dura ya siete años. Siete años que ha roto en pedazos la vida y las esperanzas de los 22 millones de sirios. Mientras pasa el tiempo, este conflicto no deja de sumar trágicos récords. Es ya la mayor crisis de desplazamiento del mundo y ha provocado que más de la mitad de la población haya tenido que huir de sus casas. Es también la más cara de la historia, Naciones Unidas ha pedido casi ocho mil millones de dólares para responder a las necesidades.

Aparte, las infraestructuras en el país están completamente devastadas, más del 60% de los hospitales han sido destrozados, un cuarto de las escuelas han sido cerradas y dos tercios de la población no tiene acceso al agua.

Asentamiento de Majdaloum, Siria, por Pablo Tosco

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Mujeres migrantes en la frontera sur española

Por Júlia Trias

Ella llegó en patera a España desde Marruecos en 2016. Se fue sola de Costa de Marfil con poco más de veinte años, dejando a medias su carrera en Periodismo y Comunicación, después de que le dijeran que se tenía que casar con un hombre que no había elegido. Pasó un año en Marruecos antes de poder coger una patera, donde se convivió con otras muchas mujeres forzadas a prostituirse durante el tiempo que estuvieron allí. Ella se presenta como Binta pero dice que también podría hacerlo como María, Paula o Marta. ‘Es la historia de esas mujeres que deciden irse, que toman la decisión un día porque ya no pueden más. Son mujeres que tienen ganas de cambiar las cosas y que se han atrevido. Y hoy hablo porque ya basta de tratarnos como si fuéramos débiles’.

No solo el trayecto es mucho más duro y difícil para las mujeres, sino que cuando llegan a territorio español deben seguir afrontando situaciones de discriminación muy graves. El discurso oficial de la victimización de las mujeres migrantes como víctimas inocentes y obligadas a trabajar e incluso a migrar contra su voluntad ha llegado a constituir un mito cultural que tiene un gran impacto hacia ellas. Repercute directamente en su seguridad y en el no reconocimiento de su capacidad de agencia y de sus proyectos emancipadores.

Llegada a Motril. 8 de febrero de 2018. @Fotomovimiento”

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La vida de una cooperante más allá de las balas y la sangre

 Por Belén Gómez

Hace tres años, Shireen caminaba por la calle con sus amigos por Aleppo, Siria. Paseaban con normalidad por los check points del ejército sirio y del Ejército Sirio Libre. Era un día especial: estaban terminando los exámenes finales de sus posgrados y pensaban sobre su futuro y lo que vendría después. Pero lo que vino después descarriló sus planes.
A cierta distancia, Shireen escuchó gritar: `¡Van a abrir fuego! ¡Van a abrir fuego!`. Algunas personas a su alrededor se cubrieron; otros comenzaron a correr. En mitad de ese caos, su amiga Shirian fue asesinada a tiros. Cuando Shireen giró para correr, una bala le dio en el pecho. Pensó: `Ya está, me estoy muriendo`, pensó. Pero unos días más tarde, abrió los ojos en un lugar extraño. Había sido rescatada por el Comité Internacional de la Cruz Roja y estaba en un hospital en Turquía. ´Nunca imaginé que dejaría mi país así´, dice. ´Vengo de una buena familia. Tuvimos una casa muy bonita. Nunca necesitamos el apoyo de nadie´, apunta. Después de meses en el hospital, Shireen superó sus heridas y se recuperó por completo.


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África en la mente para seguir luchando

Por Hibaaq Osman

Como activista que soy, trabajo firmemente por aumentar la participación de las mujeres en la vida pública. Porque somos parte del movimiento y percibimos que existe una necesitad constante de él. Cuando queda tanto por cambiar para conseguir un mundo más justo y más equitativo, ¿cómo podemos tomar en consideración desacelerar? No obstante, en este contexto resulta fundamental pararse a reflexionar, reconsiderar y consultar con expertos, con influencers y con nuestras hermanas del movimiento global para la igualdad el rumbo a tomar.

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En el Día de África: una mirada a las mujeres

Por Beatriz Novales

Antes de ir por primera vez a Burkina ya me habían hablado de Sankara, uno de los grandes revolucionarios africanos: un adelantado a su época. En apenas cuatro años, entre 1984 y 87, dio un cambio radical al rumbo del país, antes de ser asesinado. Indagando sobre su vida y su acción política, descubrí que Thomas Sankara era, además, feminista:

‘Si perdemos la lucha por la liberación de la mujer habremos perdido el derecho a una transformación positiva de la sociedad’

La cita aparece en el libro ‘El África de Thomas Sankara‘ de Carlo Batà. Y a pesar de todas las dificultades, la situación de la mujer en Burkina ha tenido una evolución positiva desde entonces, especialmente en cuanto al acceso de las niñas y las mujeres a la educación -en especial en medio urbano- y a la representación política de las mujeres.

Fati Marmoussa es una joven agricultora de la región de Tafgo, Burkina Faso. Ha participado en actividades de formación para mejorar la nutrición y salud de su familia. Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Las mujeres son las grandes protagonistas de los proyectos productivos que Oxfam lleva a cabo en Burkina. Mujeres emprendedoras siempre dispuestas a la innovación y a organizarse de forma colaborativa para que sus iniciativas sean más rentables y al mismo tiempo generen mecanismos de solidaridad entre ellas.

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Tazas de café para un mundo más igual

Por Lula Gómez

“¿Un cafecito?”, esta invitación habitual que se repite en prácticamente todo el planeta puede representar mucho más que un espacio de charla agradable con el cálido brebaje. Para Agnes Nagmara, granjera, casada y madre de cinco hijos, este cultivo que llama a socializar le ha cambiado la vida. Ahora, esta mujer de Uganda tiene un sueldo, dispone de su dinero y cuenta con un espacio de trabajo donde –con o sin café- comparte historias.

Ser caficultura, producir el famoso grano con el que desayunamos a diario, le ha empoderado. Cuando Agnes se casó, recibió una pequeña plantación de café. Fue entonces cuando se dio cuenta de que las mujeres de su comunidad se llevaban la peor parte de aquel cultivo que para el músico Guiseppe Verdi era un bálsamo para el corazón y el espíritu. Lejos de disfrutar esas bondades, ellas lo cultivaban, secaban, tostaban y acicalaban, mientras que ellos, sus compañeros, lo comerciaban y obtenían los beneficios. Ahora, ellas cuentan con la autonomía asociada a una independencia económica. ‘Me siento genial porque después de trabajar, recibo dinero, lo llevo a la mesa con mi marido y discutimos qué hacer con él’. Aparte, el trabajo remunerado, le ha reportado otros bienes a la comunidad: las niñas y los niños de la comunidad ahora pueden ir a la escuela. Pero hay más.

Para Agnes Nagmara, caficultura ugandesa, el comercio justo es sinónimo de desarrollo. Foto: Pablo Tosco.

Cooperativa, que viene de la palabra cooperar, ha sido otro de los conceptos que esta mujer africana ha incorporado en su día a día. ‘Hemos dejado de estar encerradas en nuestras casas. Ahora, cuando vamos a trabajar, hablamos y compartimos ideas. ¿Que qué hacemos con los beneficios, que quién sabe cómo cultivar miel, que por cuánto te has comprado este vestido, qué quién baja a la capital…? Hemos desarrollado una amistad para la que antes no teníamos espacio’, explica.

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