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Archivo de la categoría ‘Economía’

Trabajadoras de hogar en el Senado y en pie de lucha

Por Pepa Torres

En España existen más de 700.00  trabajadoras de hogar y cuidados, la mayoría mujeres migrantes, de las cuales sólo están dadas de alta en la Seguridad Social 435.000. Su trabajo invisible sostiene la vida y la economía no sólo de nuestro país, que hoy es también el suyo, sino de sus lugares de origen, pues sin sus remesas serían inviables. Ellas son las protagonistas de las cadenas globales de cuidados y el sistema capitalista y patriarcal tiene una eterna deuda con ellas. Deuda que lo es a la vez de cuidados y de justicia.

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Cuidados y cuidadas

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

‘Quiero encontrarme mejor […] Quiero poder limpiar y cuidar de mis hijos, y ser lo más feliz posible’. Esta frase, de una mujer que padece varias enfermedades, entre ellas, una depresión, resume la carga de cuidados a la que se enfrentan las mujeres, que, sumado a que son quienes han sufrido de manera diferenciada las consecuencias de las medidas de austeridad tomadas por el gobierno durante la crisis, las sitúan en una posición de especial vulnerabilidad. En #LaRecetaEquivocada, decenas de mujeres cuentan cómo se enfrentan a las consecuencias de los recortes sanitarios: listas de espera que se duplican, personal sanitario con ansiedad y explotado, aumento del copago farmacéutico que hace que las personas enfermas racionen sus medicamentos, entre otros aspectos.

Imagen de unsplash.com

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Para avanzar en igualdad, permisos igualitarios

Por Ángeles Briñón

La igualdad entre mujeres y hombres pasa porque los hombres se impliquen en los cuidados. Actualmente,  cuidar tiene nombre de mujer. Son las mujeres las que cuidan de las criaturas al nacer, de las personas mayores y dependientes. Afortunadamente los hombres se van incorporando  a las tareas de cuidados, pero aún queda un largo camino por recorrer. Aquí vamos a analizar los cuidados de hijas e hijos en la primera etapa de su vida, por considerar que, cuando llega una criatura, la división sexual del trabajo se consolida, incluso en las parejas que son más igualitarias, en aquellas en las que los roles de género tienden a difuminarse en el resto de las tareas.

La legislación actual no permite que los padres se ocupen del cuidado de las criaturas cuando nacen al mismo nivel que las madres. Recordemos  que mientras que las madres se ausentan del mercado laboral 16 semanas, los padres se ausentan 4 semanas. Por ello, las empresas ven a las mujeres como ‘menos disponibles’ para el trabajo remunerado, lo que conlleva discriminación salarial, escaso acceso a puestos de dirección y/o responsabilidad, trabajos feminizados con poco reconocimiento social y económico.

La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles, PPiiNA, lleva años promoviendo un cambio en la legislación para que los permisos por nacimiento y/o adopción sean iguales, intransferibles y pagados al 100%. Desde ella, se ha elaborado una Proposición de Ley (PL) que se ha debatido con los grupos parlamentarios en varias legislaturas, pero a pesar de que todos los partidos aceptan que los permisos igualitarios son imprescindibles para avanzar en igualdad, para facilitar el cambio de roles que tanto condicionan la vida de las mujeres, las propuestas que luego hacen son una trampa.

Sólo el grupo parlamentario Podemos-En Comú Podem-En Marea presentó una PL que recoge las demandas de la PPiiNA en dos ocasiones, pero fueron vetadas por el gobierno. Recientemente este grupo ha vuelto a presentar las leyes vetadas, entre las que se encuentra la equiparación de permisos.

Ciudadanos quiere ampliar a cinco semanas el permiso de paternidad, pero plantea que este periodo tenga que ser disfrutado obligatoriamente de forma simultánea por ambos progenitoras/es. El PSOE presentó una PL, vetada por el gobierno, en la que proponía que fueran seis las semanas que obligatoriamente deberían ser disfrutadas de manera conjunta. En apariencia disfrutar simultáneamente de cinco o seis semanas puede parecer una medida positiva, pero lo que en realidad pretenden es que los padres no lleguen a quedarse solos con la criatura. Es una ‘trampa’, pues deja a los padres en una función de ‘ayuda’, sin que se responsabilicen del cuidado en solitario.

Con la propuesta de la PPiiNA, incluida en las reivindicaciones de la Huelga Feminista del #8M, dos semanas a disfrutar obligatoriamente de forma simultánea y cuatro más a disfrutar simultáneamente o no, en función de la decisión de las/os progenitores, permite que la/el bebé pueda permanecer en casa durante más tiempo. Los padres cuidarán en solitario, lo que facilitará el cambio de roles y la eliminación sexual del trabajo.

Ángeles Briñón García es bloguera, experta en igualdad de género y forma parte de Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles. 

 

Tazas de café para un mundo más igual

Por Lula Gómez

“¿Un cafecito?”, esta invitación habitual que se repite en prácticamente todo el planeta puede representar mucho más que un espacio de charla agradable con el cálido brebaje. Para Agnes Nagmara, granjera, casada y madre de cinco hijos, este cultivo que llama a socializar le ha cambiado la vida. Ahora, esta mujer de Uganda tiene un sueldo, dispone de su dinero y cuenta con un espacio de trabajo donde –con o sin café- comparte historias.

Ser caficultura, producir el famoso grano con el que desayunamos a diario, le ha empoderado. Cuando Agnes se casó, recibió una pequeña plantación de café. Fue entonces cuando se dio cuenta de que las mujeres de su comunidad se llevaban la peor parte de aquel cultivo que para el músico Guiseppe Verdi era un bálsamo para el corazón y el espíritu. Lejos de disfrutar esas bondades, ellas lo cultivaban, secaban, tostaban y acicalaban, mientras que ellos, sus compañeros, lo comerciaban y obtenían los beneficios. Ahora, ellas cuentan con la autonomía asociada a una independencia económica. ‘Me siento genial porque después de trabajar, recibo dinero, lo llevo a la mesa con mi marido y discutimos qué hacer con él’. Aparte, el trabajo remunerado, le ha reportado otros bienes a la comunidad: las niñas y los niños de la comunidad ahora pueden ir a la escuela. Pero hay más.

Para Agnes Nagmara, caficultura ugandesa, el comercio justo es sinónimo de desarrollo. Foto: Pablo Tosco.

Cooperativa, que viene de la palabra cooperar, ha sido otro de los conceptos que esta mujer africana ha incorporado en su día a día. ‘Hemos dejado de estar encerradas en nuestras casas. Ahora, cuando vamos a trabajar, hablamos y compartimos ideas. ¿Que qué hacemos con los beneficios, que quién sabe cómo cultivar miel, que por cuánto te has comprado este vestido, qué quién baja a la capital…? Hemos desarrollado una amistad para la que antes no teníamos espacio’, explica.

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¡Cuidado!, un bien social que financiamos las mujeres

Por Belén Sobrino

Los cuidados, cuidarnos y cuidar al otro/a, realizar las innumerables tareas domésticas que alimentan nuestro día a día y nos permiten funcionar: cocinar, limpiar, fregar los platos, limpiar la ropa y un largo etcétera. “Tareas” que en pocas ocasiones hemos reconocido como trabajo. Es como si hiciéramos un “hueco libre” en nuestras vidas para solventarlas. Pero resulta que el hueco es grande y cuesta dinero y, hasta ahora lo hemos asumido nosotras, las mujeres y niñas a costa de nuestra salud; acceso a oportunidades de desarrollo personal y profesional; reproduciendo, de esta manera, los círculos de precariedad y de pobreza que enfrentamos.

Las cifras cantan, así como la necesidad de inversión que garantice la redistribución. Solo en África Subsahariana el hecho de que las mujeres y niñas ocupen mayormente su tiempo en el trabajo no remunerado de cuidados acarrea unas pérdidas económicas anuales del 6% del Producto Interior Bruto. Si no se toman medidas, la región tardará cerca de 81 años en alcanzar la igualdad de género. En América Latina y Caribe, las mujeres y niñas invierten una media de 3 a 4 horas diarias más que los hombres en realizar trabajo de cuidados, además la provisión de cuidados se concentra en mujeres con un nivel bajo de empoderamiento económico, que generan desigualdades entre las propias mujeres.

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Las mujeres y la edad de trabajar

Por Nuria Martínez Moreno 

¿Qué edad es la buena para trabajar? No es una pregunta baladí, y seguro que ningún hombre se la plantea, y sin embargo es la espada de Damocles que pende sobre todas nosotras, y especialmente las que hemos decidido compaginar nuestra carrera profesional con nuestra vida personal. Cuando aún ni me planteaba formar una familia, recuerdo a un redactor jefe de la Agencia EFE que dijo una frase que, entonces me impactó, y que he recordado a lo largo de toda mi vida: ‘Las mujeres sois mejores periodistas que los hombres hasta que tenéis hijos’.

Con los años, he confirmado una y otra vez que no es cierto. No, no es que al tener hijos seamos peores profesionales: lo que ocurre es que el mercado laboral -quienes deciden- nos pone toda una serie obstáculos nada difíciles de salvar.

‘Ahora no, porque puedes quedarte embarazada’

Hace catorce años, un gran laboratorio farmacéutico me ofreció la dirección de comunicación de su fundación. Por aquel entonces mis hijos tenían 10 y 6 años y yo estaba empeñada en conciliar. Y esa condición fue lo primero que puse encima de la mesa a la hora de negociar. Ningún problema hasta que una persona de Recursos Humanos me llamó para cerrar una simple reunión de trámite y firmar el contrato. Le pedí un cambio de hora porque coincidía con la salida del cole de mis hijos, y me respondió ‘¿Pero quién te has creído que eres? Aquí no conciliamos ninguna y tampoco lo vas a hacer tú”.

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El suelo pegajoso, el primer obstáculo del techo de cristal

Por Clara Calbet

A menudo se habla del techo de cristal, aquel que impide a las mujeres acceder a cargos directivos dentro del mercado laboral. Las posiciones de dirección y gerencia son ocupadas por mujeres solamente en uno de cada tres puestos. Esa tendencia se repite no solamente en España, sino en toda la Unión Europea. Además, es uno de los ámbitos donde la brecha salarial es más fuerte (entre un 20 y un 25%). Es un problema importante que no debemos olvidar.

Lo que no se comenta tan a menudo es el suelo pegajoso, un problema que afecta directamente una gran parte de las mujeres que están en el mercado laboral. Hace referencia a la precariedad de las ocupaciones más feminizadas y las enormes dificultades que tienen las mujeres para salir de ellas, acceder a otros ámbitos y conseguir unas condiciones laborales mínimamente dignas. ¿Cómo se manifiesta el suelo pegajoso? Veamos algunos gráficos significativos.

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Sin igualdad no hay recuperación

Por Carmen Castro García

Sin igualdad no hay recuperación. Esa es la evidente conclusión del último Informe de Oxfam, en el el cual se confirma que la supuesta recuperación económica sólo alcanza a quienes ya estaban en los tramos superiores de renta y riqueza.

Los datos hablan por sí mismos: a nivel global, el 1% más rico de la población acumula el 82% de la riqueza generada el año pasado. Parte de estos ricos son quienes se han paseado por el sarao del Foro Económico Mundial de Davos, haciendo gala de su hipocresía y falta de empatía social ante las realidades marcadas por la pobreza, la creciente desigualdad, el cambio climático y la expropiación de los derechos humanos a parte de la población mundial.

Pauta similar se reproduce en el Estado español, donde el 10% de la población más rica acumula el 53,8% de la riqueza y el 1% más rico se reparte el 40% de toda la riqueza creada en 2017, mientras que el 50% más pobre apenas accede al 7%. La obscena acumulación en manos de la minoría elitista ha ido creciendo a un ritmo del 13% anual, mientras que los salarios lo hacían a un 2%. Estos datos deberían ser suficientes para poner en cuestión el discurso de la supuesta recuperación, algo que se revela nítidamente en el informe ¿Realidad o ficción? La recuperación económica en manos de una minoría.

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Esclavitud oculta

Por Silvia Carrizo

El principio organizacional de Europa basado en el respeto a la dignidad humana, libertad e igualdad que sustentan el ideario de la Unión Europea están muy lejos de ser tangibles cuando hablamos de comunidades extranjeras y de relaciones laborales. En estos ámbitos son palpables y permean vestigios de racismo y clasismo históricos que afectan directamente la vida de miles de personas.

La sociedad vasca y española tiene asumido que para que funcione su “Estado de Bienestar “ (o mejor dicho, su modo de vida personal) necesita tener disponibles un ejército de mujeres sin derecho, que puedan esclavizar. Y esas mujeres no son cualquiera. Son mujeres pobres e inmigrantes. El ejemplo más claro se encuentra en las condiciones laborales que son resabio de la esclavitud del siglo XIX, como es el trabajo de interna: 24 horas 365 días, sin ningún derecho laboral, por salarios que apenas alcanzan el Salario Interprofesional. Una realidad que no supone a nivel de estructuras de gobierno ningún cuestionamiento político, moral ni ético.

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De la crisis económica a la crisis de los cuidados

Por María Reglero

A raíz de la ´crisis económica´ que estalló en nuestra sociedad a finales de 2008 y que durante los primeros años impactó negativamente a los trabajadores del sector de la construcción y el automóvil, se fue evidenciando en su evolución, cómo las desigualdades de género se estaban acentuando, principalmente en detrimento de las mujeres de clase trabajadora.

Uno de los aspectos más alarmantes del informe que publicó ayer Oxfam Intermón sobre desigualdad es que ellas se sitúan en la base de la pirámide económica. Y entre ellas, más aún las mujeres cabeza de familia monomarental, mujeres migrantes, y mujeres en trabajo informal y empleos precarios. Es decir, una gran parte de las mujeres que ya estaban en la cuerda floja en situación de supuesta bonanza, fueron las primeras en sufrir el impacto de la crisis, experimentando situaciones de pobreza y exclusión social, ellas y sus familias.

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