BLOGS

Cuando la violencia contra las mujeres se convierte en motor de cambio

Por Judit Saavedra

’Me mutilaron cuando tenía solamente una semana de vida, como a todas las otras niñas de la comunidad donde me crié, en Damina, Malí. Pensaba que todas las niñas del mundo estaban mutiladas, que habían nacido así, por eso lo veía como una cosa normal’: Dialla Diarra, 42 años.

Dialla Diarra llegó a Banyoles (Girona) en 1993 y no fue hasta que vio los problemas ginecológicos que tenía una amiga suya que empezó a hacerse preguntas. En ese momento, entendió que se encontraba ante un problema oculto. Tanto ella como su amiga forman parte de los 200 millones de niñas y mujeres mutiladas que se calcula que hay en todo el mundo. Además, según datos del Mapa de la Mutilación Genital Femenina en España (2016), Girona es la tercera provincia con más población empadronada con origen en países en los que se practica esta terrible práctica (en Cataluña residen un tercio del total).

’Cuando cortas a una niña es como si cortaras una parte de su lengua para siempre’, afirma Dialla. Para las mujeres que lo han sufrido, hablar de ello es muy complicado. La mutilación no solo tiene graves consecuencias para su salud física, sino también psicológica. Implica también efectos que repercuten en su vida social a la hora de relacionarse con los demás, unas secuelas que durarán toda la vida.

La activista africana, sinónimo de fuerza y determinación, decidió que la única manera de combatir esta violencia contra las mujeres en su entorno y en los países de origen era hablando de ello, debatiendo y sensibilizando a las mujeres afectadas, al personal sanitario, a los líderes de las comunidades y a los representantes religiosos. Pero para hacerlo, antes debía encontrar la manera de romper el silencio, ya que de la mutilación no se habla en casa. Pensó cómo apoyar a la comunidad subsahariana en su integración en la sociedad de acogida y fundó, en 2006, la asociación de mujeres subsaharianas “Legki Yakaru” (“mujeres de hoy”, en sarankule). Desde entonces, la organización trabaja para ganarse la confianza de las mujeres y las niñas. Se trata de que se sientan empoderadas y puedan ejercer el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, no solo para prevenir y evitar la mutilación genital femenina, sino también otras violencias machistas, como los matrimonios forzados.

’Hemos conseguido que 30 o 40 mujeres se sienten en una mesa a debatir sobre su salud sexual y reproductiva, y que expresen sus sentimientos sobre la mutilación’, señala orgullosa. Algo impensable hasta hace poco. Ahora todas estas mujeres disponen del poder y la formación necesarias para cambiar su situación. Tienen voz y voto en sus casas y además se han convertido en formadoras y se desplazan a distintos pueblos dando charlas sobre la mutilación genital femenina y otros temas que conciernen a las mujeres africanas.

Dialla cree firmemente que la base para luchar contra esta práctica es la educación y el diálogo intercultural. Y precisamente a través de esas conversaciones ha conseguido grandes resultados. Talleres de sanidad, cursos de informática e idiomas y clases de danza, entre otras actividades, han servido para generar espacios de empoderamiento entre las mujeres y las niñas. ’Hoy en día hay muchísimas mujeres africanas que trabajan, que traen un sueldo a casa y que mantienen a la familia, a la vez que ayudan a sus hijos en los estudios’, comenta la defensora de los derechos humanos.

Una de las participantes de esos talleres de sanidad es Goundo Diabira. Nacida en Banyoles hace 19 años, pertenece a la nueva generación de jóvenes que se sienten concienciadas sobre sus derechos. Ella habla de derechos de las mujeres y también reivindica una identidad: ’Para mí es importante que la gente vea nuestra cultura, porque es muy bonita también. Queremos dar a conocer cómo somos, de dónde venimos y quiénes eran nuestros antepasados’. La joven llama a Dialla “Mama Dialla”, que es como la conoce todo el mundo. Porque esta gran matriarca que es energía, alegría y pasión se ha convertido en una figura clave para las mujeres africanas que viven en Banyoles. Para ellas y también para los líderes de las comunidades que viven en África. No hay día que, al salir a la calle, alguien no la detenga. La saludan, le piden consejo, le cuentan sus avances.

Con su organización, ha tejido una red de asociaciones en diferentes países del continente africano que le dan apoyo. Así, cuando se detecta que una niña que viaja a su país de origen está en riesgo de sufrir una mutilación, hay una persona encargada de explicar a la familia de allí qué consecuencias físicas y psicológicas tiene para la niña y a qué consecuencias penales se enfrentan sus padres.

Dialla, fuerza, motivación y cambio, está contenta con lo conseguido hasta ahora, pero su meta va más allá: Tenemos que salir, llegar a más mujeres, las que están mutiladas y las que no. Tenemos que salir y luchar conjuntamente con las mujeres europeas que defienden la salud y el bienestar de todas’.

Judit Saavedra se licenció en Periodismo pensando en ser reportera de guerra… Y aunque no se fue al campo de batalla, lucha día a día por cambiar las injusticias. Tras trabajar en radio, prensa y televisión, decidió especializarme en comunicación social y cooperación al desarrollo. Ha trabajado y colabora en el departamento de comunicación de Oxfam Intermón. 

De mayor quiero ser putero

Por Beatriz Ranea

Imagina una sociedad en la que los niños coleccionan publicidad de prostitución y la intercambian como cromos en el colegio. Imagina los chistes que hacen a las niñas: que si se parecen a las mujeres de las fotos; que si ellas también son unas putas o podrán serlo cuando crezcan; les preguntarán a sus propias compañeras de cole cuánto cobran… Ahora imagina que esos mismos niños a los 14, 15 o 16 años con el dinero de la paga, reúnen 20-30 euros entre varios y se “invitan” a casas de prostitución para tener la que será quizá su primera experiencia sexual (más allá de la masturbación).

Foto de Ken Treloar, de unsplash. ¿Por qué se venden los cuerpos de las mujeres?

Sigue imaginando a ese niño que transita hacia el mundo adulto cuando cumpla la mayoría de edad y pueda entrar en clubs de alterne a celebrar o acabar noches de fiesta. Imagina esas noches en las que sale con sus amigos a tomar unas cervezas y uno pregunta: ‘¿nos vamos de putas?!’Como si de una opción de ocio se tratase. Imagina que estos chicos, ya hombres, siguen acudiendo a la prostitución en las fiestas universitarias; o en el descanso del trabajo en el polígono; cualquier tarde llamando a un piso de los muchos que existen; o por la noche desplazándose a cualquier burdel.

Este breve ejercicio de imaginación no requiere mucho esfuerzo porque es una realidad con la que convivimos: niños que crecen en una sociedad que normaliza y banaliza la prostitución. Niños que aprenden que la experiencia sexual puede verse reducida a pagar por follarse a una mujer que no les desea. Niños que reproducen un modelo de sexualidad donde el deseo sexual de las mujeres no es importante y el consentimiento se convierte en un producto que se compra por un precio determinado. Niños que se convierten en hombres adultos con una visión de las mujeres fuertemente deshumanizada y cosificada.

Por esto, cuando pensamos en la prostitución una de las preguntas que habríamos de plantearnos tiene que ver con el modelo de sociedad hacia el que queremos avanzar: no es posible educar en igualdad a niños y niñas si se normaliza la prostitución porque el modelo de masculinidad que se aprende y se reproduce en los espacios de prostitución es claramente incompatible con la igualdad de género. Una sociedad en la que hay tantos elementos que facilitan que los niños puedan convertirse en puteros plantea serias contradicciones: ¿cómo podemos señalar la violencia sexual fuera de los espacios de prostitución, pero permitir que esos hombres que identificaríamos como babosos, acosadores y/o agresores, sin embargo, dentro del burdel se conviertan en “clientes” sin más? ¿Cómo podemos plantear nuevos modelos de masculinidad más justos y más igualitarios si el prostíbulo va a estar ahí para que la masculinidad machista y patriarcal siga teniendo un refugio?

Afortunadamente no todo está perdido: frente a los nuevos puteros, nos encontramos a chicos jóvenes que construyen modelos de masculinidad que tratan de desactivar estos mandatos patriarcales. Pero si regulamos la prostitución, si la prostitución se reconoce como “trabajo sexual” no sólo todas las mujeres nos convertimos en objetos prostituibles; sino que los hombres se convierten en puteros potenciales y la industria de la prostitución incrementará la publicidad para conseguir generar más demanda buscando aumentar sus beneficios a costa de la explotación sexual de mujeres y niñas. Estamos a tiempo de frenarlo si generamos conciencia crítica que identifique la prostitución como una barrera infranqueable en el camino hacia sociedades más justas y más igualitarias.

Beatriz Ranea Triviño es investigadora feminista especializada en el estudio la prostitución y las desigualdades sociales. 

 

Una mirada jurídica al miedo de las víctimas

Por Flor de Torres Porras

Decía Stuart Mill,  precursor en el siglo XIX  del movimiento liberador de la mujer y sufragista de Gran Bretaña:

La mujer es la única persona (…) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo. Por eso las mujeres apenas se atreven, ni aún después de malos tratamientos muy largos y odiosos, a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto sea posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece’

Esta reflexión de Stuart Mill lo sitúa  como profundo  conocedor de la  situación  de las víctimas de violencia de género que atraviesan procesos judiciales largos, contradictorios y  sometidos  a las fluctuaciones  de dependencia emocional y psicológica respecto a su agente estresor, de su maltratador.

Imagen de Julius Drost (Unsplash)

Esas fluctuaciones provocan silencios como los vividos por Ana y su hija María, por su estado extremo de terror emocional. Ambas sufrieron durante 18 años brutales agresiones por parte de su  esposo y padre, respectivamente. A Ana en una ocasión la agredió y le rompió el tímpano y a María, tras entregarle tarde las notas, la cogió del cuello para asfixiarla. Su madre se interpuso para evitar males mayores y el agresor aprovechó para partirle la nariz de un puñetazo. Al ser alertada la policía,  no le  abrieron por miedo a represalias tras previas amenazas. Pero la lesión de Ana fue a peor y tuvo que ir a urgencias. Allí recogieron el parte médico que delató al maltratador. Él las siguió amenazando de muerte si declaraban en el juzgado, incluso llego a violar a Ana analmente. Luego la despertó de madrugada de un fuerte golpe y la obligó a velarle hasta que él se durmiera. 

Lee el resto de la entrada »

Portadas que no ven ni sienten

Por Lidia Fernández Montes

Que los medios de comunicación se comprometan a hacer tratamiento adecuado de las diferentes de violencias machistas, visibilizándolas, evitando el sensacionalismo morboso en su tratamiento y utilizando un lenguaje y unas imágenes no sexistas, Manifiesto Plataforma 7N, 2015.

Tres mujeres, una en el madrileño distrito de Tetuán, otra en Langreo y una última en Lepe fueron asesinadas este mes de julio en menos de 72 horas. Fueron víctimas de la violencia machista. Sin embargo, la prensa de papel no encontró ni un mínimo espacio para destacar este hecho en sus portadas. ¿Qué hubiese pasado si en lugar de haber asesinado a tres mujeres hubieran asesinado a tres futbolistas? ¿o tres banqueros? ¿o tres abogados? ¿Qué pasaría si en 15 años hubiesen asesinado a 945 hombres? No dudo ni por un minuto que habría sido portada, no de un día sino de una semana entera. Pero son mujeres, son invisibles.

Aunque, a veces, una no sabe si es mejor que nos ignoren a ver titulares del tipo: Martha, la coqueta empleada de hogar estrangulada con un cable por ‘El Cubano’, caricaturizando a una víctima de un modo tan grosero, atentando contra su dignidad. O el que nos informa de La brutal reacción de una camarera a la que un cliente tocó el culo, como si lo violento fuese la reacción de ella y no el manoseo del cliente.

No solo son las portadas o los titulares. Además, hay que recordar, día sí y día también, que no “mueren” sino que son asesinadas, que no se puede entrevistar al vecindario para que cuente lo maravillosa persona que es un asesino o que el material gráfico que acompaña a este tipo de informaciones debe respetar la dignidad de la víctima y no producir mayor sufrimiento.

Sin duda, los medios de comunicación han ayudado a visibilizar el problema de la violencia de género oculto durante tanto tiempo, pero deben mejorar su tratamiento. Su compromiso debe ir más allá de reportajes con declaraciones de buenas intenciones cada 25 de noviembre, porque si el resto del año transmiten valores y estereotipos sexistas o frivolizan en el tratamiento de los casos, estarán contribuyendo a perpetuar las causas de esta violencia.

Falta perspectiva de género y sensibilidad en la dirección y en los mandos intermedios (redactores/as jefe, personal de edición, etctéra.) de los medios de comunicación. Sin embargo, a veces, con ponerle un poco de interés bastaría para mejorar -y mucho- la ‘información’ que se publica.

El Convenio de Estambul anima a los medios de comunicación a ‘participar en la elaboración y aplicación de políticas, así como a establecer líneas directrices y normas de autorregulación para prevenir la violencia contra las mujeres y reforzar el respeto de su dignidad’. Es el momento de que recojan ese guante y se conviertan en agente activo a la hora de permitir comprender la complejidad del problema, sensibilizando y formando a la ciudadanía. Invisibilizarla es naturalizarla. No se puede ser neutral ante la violación de los Derechos Humanos más extendida del mundo.

Lidia Fernández Montes es Miembro del Observatorio de Igualdad de Género de la URJC. Participa en la Plataforma 7N contra las Violencias Machistas. 

La juventud en Latinoamérica aún ve “normal” la violencia machista. ¡A desaprender!

Por Aida Pesquera

Los países de América Latina y el Caribe han adoptado, desde los 90, leyes y otras normas para la protección de las víctimas de violencia machista. Colombia, por ejemplo, cuenta con importantes directivas aprobadas entre 1996 y 2015, además de planes nacionales para prevenir y atender la violencia contra mujeres y niñas. Los avances legislativos son significativos, pero hay que reconocer que la situación de la violencia contra las mujeres persiste. Según la Comisión Europea para América Latina y el Caribe, CEPAL, 1.831 mujeres fueron asesinadas por el solo hecho de ser mujeres en 2016.

Imagen del informe publicado por Oxfam sobre imaginarios. En él se recoge también que hay caminos para la transformación de imaginarios.

Lee el resto de la entrada »

‘La mala fe’, un portal de ‘true news’ sobre los derechos de las mujeres

Por Rosa Tristán

La información sobre derechos humanos está plagada de fake news, sobre todo en determinadas regiones de este mundo. Igual se criminaliza en los medios y desde las instituciones a líderes ambientales que a personas que defienden la libertad de elegir sobre la sexualidad. En regiones, como América Latina, el conservadurismo y una agenda cada vez más anti-derechos se está infiltrando en todas las esferas del poder.  Pero también surgen iniciativas para desenmascararlas, como es el caso del nuevo portal de noticias La Mala Fe, una iniciativa del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai), que está teniendo un gran éxito en toda la zona y que se centra en la defensa de los derechos reproductivos, la diversidad sexual y una educación libre de prejuicios. Se trata de sacar a la luz las falsedades y poner en valor las acciones que, pese a ser muchas, no siempre encuentran hueco en otros canales informativos.

Y es que la aparición de La Mala Fe coincide con el incremento de iglesias evangélicas que, aliadas con las facciones más conservadoras de la Iglesia Católica, tratan de impedir cambios legales y sociales fundamentales para caminar hacia la igualdad de género y la libertad de decisión de las mujeres, ya sea desde las altas instancias de los estados o desde los púlpitos, como ha ocurrido en Argentina en relación del proyecto para la reforma del derecho a la interrupción del embarazo.

Lee el resto de la entrada »

Tres urgencias ante las desigualdades de género

Por Ángeles Briñón

‘Mediante el trabajo ha sido como la mujer

 ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. 

El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa’.

Simone de Beauvoir

Ser mujer es sinónimo de desigualdad, de menos oportunidades que los hombres para acceder al trabajo remunerado, de menores oportunidades de permanencia o de promoción. Pero no sólo la desigualdad se sufre en el empleo, las diferencias se producen también en lo personal.

Las desigualdades de género son una realidad en todas las sociedades, si bien hay diferencias entre sociedades, culturas, momentos históricos y entre clases sociales o países, pero la división sexual del trabajo que confina a las mujeres al hogar, se produce siempre y supone un condicionante para su desarrollo personal y profesional. El espacio público ha sido tradicionalmente un espacio masculino y aún sigue siéndolo, pues a pesar de que las mujeres ocupan cada vez más espacios de decisión y de poder, el predominio de lo masculino es una realidad. Por el contrario, el espacio privado (o doméstico siguiendo a Soledad Murillo, 2006) ha sido y aún es ‘cosa de mujeres’. La dicotomía publico/privado está muy presente aún con las consecuencias que ello tiene para la vida de mujeres y de hombres, especialmente para las mujeres, que ven limitadas sus posibilidades de desarrollo personal y profesional.

Photo de Sharon McCutcheon para Unsplash

Una de las principales causas de la desigualdad de género es que el trabajo doméstico y de cuidados recae en las mujeres. Es cierto que se han producido importantes cambios, pero aún podemos afirmar que el cuidado de las personas dentro de la familia lo realizan las mujeres, ya sea cuidar a niñas y niños al nacer y a personas mayores o con alguna discapacidad. Mientras los roles de género sigan predominando en la sociedad, mientras los hombres no se corresponsabilicen de los cuidados, mientras las instituciones no asuman la parte que les corresponde, la igualdad entre mujeres y hombres no será posible.

Centrándonos en nuestra sociedad y las de nuestro entorno inmediato, es cierto que en las últimas décadas del siglo pasado se produjeron cambios de importante calado en lo que a las relaciones de género se refiere, pero las desigualdades persisten. A pesar de que en España, los 40 años de dictadura hicieron que los cambios legales para eliminar el dominio masculino fueran más lentos y las resistencias a los cambios sociales se intensificaran, las mujeres lograron en pocos años modificar las leyes y las costumbres. La incorporación masiva al empleo y a la educación superior lo demuestra.

No obstante, las desigualdades en el trabajo remunerado siguen estando muy presentes. La autonomía económica no reduce por si sola las desigualdades, pero sin duda es fundamental para lograrla. El trabajo que realizan las mujeres nunca ha sido tenido en cuenta, parecería que las tareas del hogar se hacen solas, que cuidar de niñas y niños no conlleva esfuerzo o que atender a una persona dependiente, ya sea por edad o por tener alguna discapacidad, se realiza por arte de magia. Solamente cuando esas tareas se contratan externamente se contabiliza como empleo, pero si lo realizan las esposas, madres, hijas… pasan desapercibidas.

Son muchas las propuestas que en este momento se plantean desde las administraciones para eliminar las desigualdades de género. Se habla mucho de eliminar la brecha salarial, de potenciar el acceso de las mujeres a puestos de dirección y/o responsabilidad, de evitar las barreras que tienen las mujeres para desarrollar una carrera científica…, pero se habla mucho menos de los trabajos feminizados, mal valorados y mal remunerados: de las trabajadoras domésticas que siguen sin tener derechos laborales, de las cuidadoras informales que siguen dedicando parte de su vida a cuidar de las personas mayores, de las mujeres emigrantes que trabajan en el servicio doméstico en situaciones de gran precariedad.

Por ello, en este momento de esperanza que vivimos, esperamos que las medidas que se pongan en marcha contemplen la realidad de todas las desigualdades de género. Algunas medidas que consideramos imprescindible, junto a las ya señaladas serían:

  • Es imprescindible aprobar la Proposición de Ley presentada en el Congreso para que los permisos de maternidad/paternidad sean iguales, intransferibles y pagados al 100%, que promueve la PPiiNA, para avanzar en corresponsabilidad en los cuidados.
  • Desarrollar la Ley de Dependencia para que todas las personas tengan una atención adecuada sin que sean las mujeres las cuidadoras principales. La cotización de las cuidadoras informales no deja de ser un parche, que solucionará momentáneamente la situación de algunas mujeres, pero sigue potenciando que sean ellas las que cuiden, sin que los hombres se corresponsabilicen. Las administraciones deben dar respuesta a estas situaciones.
  • Asimismo, es urgente que se ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo decente para las trabajadoras del hogar, que supone ampliar los derechos de estas profesionales, la inmensa mayoría mujeres.

Eliminar las desigualdades de género en todos los niveles laborales, transformar aquellos aspectos de la sociedad en los que las mujeres siguen invisibilizadas y sometidas al poder patriarcal, es imprescindible para que desaparezcan las violencias machistas que sufren las mujeres.

Ángeles Briñón García es bloguera, experta en igualdad de género y forma parte de Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles. 

Clärenore Stinnes: la primera en dar la vuelta al mundo en coche fue una mujer

Por Laura Suárez

‘Hasta donde podía recordar siempre había sentido atracción por la aventura. Estaba a punto de comenzar una proeza que nadie más había hecho antes: daría la vuelta al mundo en coche. Apretó las manos en el volante, sintiendo el cuero calentarse bajo sus dedos, y cerró los ojos. Quería memorizar todo lo que sentía en ese instante, sabía que esa euforia la salvaría en los momentos más duros del viaje, y serían muchos’, escribe Cristina Pujol en su libro Intrépidas, editado por Pastel de luna.

Dos años y más de 46.000 kilómetros fue lo que lo que le llevó a la alemana Clärenore Stinnes dar la vuelta al mundo al volante de su Adler Standard 6. La joven partió de Frankfurt el 25 de mayo de 1927 juntó con dos mecánicos y el fotógrafo Carl – Axel Söderstrom. Atravesó Europa, Asia y América. Regresó a el 26 de junio de 1929.

Lee el resto de la entrada »

Ideología de género: Pablo Casado y el obispo de Cartagena

Por Pilar V. De Foronda

Este curso pasado me pidieron que participara en mesas de debate sobre ideología de género. A quienes nos gusta generar ciudadanía y la reflexión colectiva nos cuesta decir que no. En los debates posteriores a mi exposición, donde yo explicaba que la ideología de género es como algunos llaman a la filosofía política feminista, que solo busca la libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre sus vidas y sobre sus cuerpos y el derecho a una vida libre de todo tipo de violencia, parte de la concurrencia rebatía mis argumentos explicándome que la ideología de género prohibía a su nieta vestirse de rosa o era una confabulación desde la ONU a través de la cual se permitía que cualquiera pudiera elegir su sexo o, lo que es peor, podía decirle a sus niños y niñas que podían cambiar su pene por su vagina.

Lee el resto de la entrada »

Libanesas y sirias hermanadas por un futuro mejor

Por Paula San Pedro

6 julio 2018. La guerra en Siria dura ya siete años. Siete años que ha roto en pedazos la vida y las esperanzas de los 22 millones de sirios. Mientras pasa el tiempo, este conflicto no deja de sumar trágicos récords. Es ya la mayor crisis de desplazamiento del mundo y ha provocado que más de la mitad de la población haya tenido que huir de sus casas. Es también la más cara de la historia, Naciones Unidas ha pedido casi ocho mil millones de dólares para responder a las necesidades.

Aparte, las infraestructuras en el país están completamente devastadas, más del 60% de los hospitales han sido destrozados, un cuarto de las escuelas han sido cerradas y dos tercios de la población no tiene acceso al agua.

Asentamiento de Majdaloum, Siria, por Pablo Tosco

Lee el resto de la entrada »