Entradas etiquetadas como ‘educación’

Las niñas valientes que luchan por ir a la escuela

Por Nazareth Mateos Aparicio

7:00 am. Suena el despertador. Empiezan las carreras y los “tengo mucho sueño, 5 minutos más”, “termínate el desayuno”, “¿has cogido la mochila?”, “¿aún así?”, “¡vamos tarde!”. Los miles de niños y niñas que cada día van al colegio tienen por delante una intensa jornada escolar que cuesta empezar. Deben sacar ganas para madrugar, atender en clase y estudiar. Podríamos decir que ir al colegio es un acto de constancia, motivación e ilusión. Pero para muchos niños, sobre todo niñas, también es un acto de valentía.

En Nepal, por ejemplo, Janaki Sah, a sus 14 años, tuvo que enfrentarse nada menos que a sus propios padres: “Debido a que fui lo suficientemente valiente como para convencer a mis padres de que me dejaran ir a la escuela en lugar de casarme, puedo hacer lo que más me gusta: ¡estudiar!”.

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Educación con género para un planeta sostenible

Por Giulia Pizzuti

Fue el 20 de agosto del año pasado cuando Greta Thunberg se sentó enfrente del Parlamento Sueco reivindicando la urgencia de tomar decisiones políticas para contrarrestar el cambio climático. Este día marcó también el inicio de las movilizaciones sociales que han ido cogiendo fuerza hasta lograr la organización de casi 4.000 manifestaciones en todo el mundo a las que asistimos en la semana de acción global contra la crisis climática. En España más de 300 organizaciones se han sumado a la Huelga Mundial por el Clima y han firmado el Manifiesto “en defensa del futuro, de un planeta vivo y de un mundo justo” en el que se remarca la urgencia de tomar medidas concretas ante la emergencia climática. En el Manifiesto se hace referencia a la necesidad de compromisos políticos reales y vinculantes, pero también a la necesidad de contar con una mayor participación por parte de la ciudadanía en formar parte activa de la lucha contra las causas estructurales que se encuentran a la base de la emergencia climática, económica y civilizatoria que estamos viviendo.

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El sueño de Rebeca: igualdad

Por Eloisa Molina

“Cuando les vimos llegar pensamos que venían a arrestarnos, y casi huimos “, dice la madre de Rebecca, sentada en su estera. Se refiere al momento en que, hace  varias semanas, el profesor titular de su hija y otros dos maestros se presentaron sin previo aviso en el hogar familiar. Pensaron que venían a cobrar las cuotas vencidas. Todo lo contrario, iban para proponerles que su hija continuase estudiando en un colegio de alto rendimiento. “Fue un milagro, no lo esperábamos en absoluto”, dice su madre sonriendo con orgullo a su hija.

Ella y el padre, ambos jornaleros, trabajan en los campos de la comunidad por 60 céntimos al día. Su niña es la mejor alumna de St. Catherine, un internado limpio y ordenado a varios kilómetros de distancia por la carretera.

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Educar a la abuela

Por Eloísa Molina 

Han pasado unos 60 años desde que Dina y Colorinda se sentaron en una clase por última vez. Pero están de vuelta, boli en mano, con cuadernos y notas garabateadas enérgicamente. Entrenan sus habilidades para los negocios, aprenden  formas de potenciar sus puestos de la calle, descubren oportunidades de mercado para su propia cosecha o sus esponjas de baño tejidas. ‘El colegio no tiene edad ni límite, soy capaz de aprender cosas nuevas. Soy lo suficientemente madura para poder evaluar lo que es bueno o malo y quedarme con lo que es útil’, dice Dina, mientras nos explica que está a punto de cumplir 70 años.

“Los niños que están conmigo todavía son pequeños, quiero hacer algo para mejorar sus vidas”, dice Colorinda, que cuida de cuatro nietos que se convirtieron en huérfanos en el largo conflicto armado de Sudán del Sur. Ambas mujeres forman parte de las 84.000 personas en Juba que se benefician de una ayuda para participar en el programa de formación fundado por el Programa Mundial de Alimentos y organizado por World Vision. Cada mes, las “abuelas” de la comunidad acuden a cinco días de formación y reciben una ayuda de 45 dólares para utilizarlos libremente en sus negocios, en comprar comida para sus casas, en la educación de sus nietos, o en cubrir costes sanitarios.

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Asesinos de la igualdad

Por Flor de Torres Flor de Torres renueva

Los maltratadores asesinan a sus parejas o ex parejas. Pero son además asesinos de la igualdad. Asistimos a la lista interminable de mujeres víctimas de la violencia de género. Cuando matan separan la igualdad del género, propiciando la desigualdad. La llevan a su máximo exponente: el feminicidio.

Frente a ello hay que luchar porque esas palabras, ‘igualdad’ y ‘género’ sean un binomio indestructible. Tenemos que lograr que sea una expresión llena de contenido y de sonido para todos, y muy especialmente para las personas más jóvenes de nuestra sociedad. Para ello previamente consolidémoslas en la educación, no solo en los colegios, sino en la familia, en la sociedad. Llevémoslas a la vida. Destruyamos de forma fulminante las tretas de dominación ocultas de género, que tanto daño hacen y que aún siguen invisibles en forma de conductas micro machistas que impiden equilibrar los géneros en valores.

Pero tampoco desterremos a los maltratadores solos con sus condenas y penas, medidas y alejamientos, estigmatizándolos a su suerte. Es una obligación nuclear de la lucha contra la violencia de género trabajar con los maltratadores en tratamientos efectivos de reeducación en la igualdad de género. Este es el camino que necesitamos recorrer para que esa lista de mujeres e hijos asesinados no siga alimentándose: educación y reinserción.

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Estudio, luego decido

Por Sabela Rodríguez foto sabela rodriguez

Cuando el foco mediático se apaga, los hashtag no son trending topic y las celebrities dejan de mostrar su apoyo con virales carteles reivindicativos, la lucha por una educación que no discrimine por género en todo el mundo continúa.

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La foto corresponde a la campaña ‘#StrongerThan’ del “Malala Day” de 2014

Cuando 4 millones de tuits no consiguen que más de 200 niñas secuestradas sean liberadas, ni que otros 31 millones  en edad de cursar la educación primaria estén en una escuela, el coraje y la fuerza se debe imponer a los designios de fanáticos yihadistas.

Cuando muchas mujeres desconocen, fruto de tanta represión, que hay vida más allá del matrimonio prematuro, los maltratos de sus maridos y de tener a su niño sin altas posibilidades de perderlo en el parto, alguien debe inspirarlas para que apuesten por su educación, se levanten contra el miedo y luchen por sus derechos.

Esta es la tarea que una paquistaní de 17 años de apellido impronunciable hace posible. Sus historias de pánico y valentía poco probable proporcionaron una visión de primera mano de la vida bajo el régimen talibán.

Malala Yousafzai se hizo fuerte cuando sus peores pesadillas se convirtieron en una realidad. Se levantó contra la campaña política en contra de la educación de las mujeres para decirle al mundo que las niñas también tienen derecho a ir a la escuela.

Los gritos de rebeldía de la joven no cesaron cuando trato de ser asesinada, tampoco cuando el coma puso en jaque su vida durante una semana. El intento de censura  solo consiguió que todos los medios internacionales se hicieran eco de su protesta y que más de 2 millones de personas firmaran una campaña que finalizó con la ratificación de la primera Ley de derecho a la educación en Pakistán. Un pequeño paso en un país con la segunda tasa más alta del mundo de niños fuera de la escuela y donde la educación es un fantasma.

Y es que no hay nada que más teman sectas islamistas como Boko Haram que al acceso de la mujer a la educación, a una participación activa del género femenino en la sociedad, que tome relevancia en el espacio público dejando de estar relegada en el ámbito privado y a un conocimiento de las puertas que una buena enseñanza les abre. Y eso, como dice Malala, sólo se consigue alzando aún más nuestra voces.

Los terroristas pensaban que iban a cambiar mis objetivos, dejar de mis ambiciones… pero nada de eso cambió en mi vida. La debilidad, el miedo y la desesperanza murieron y nació la fuerza, el poder y el coraje‘.

Son palabras de Yousfzai el 12 de julio de 2013, cuando habló en la ONU para pedir el acceso a la educación en todo el mundo. Entonces, lo llamaron el evento “Malala Day“, que se celebró ayer. Pero para la paquistaní este no es su día, sino el de cada mujer, niño y niña que se ha levantad por sus derechos.

Los cuales, también corresponde a otros tantas y tantos defender. No deberíamos delegar en una niña de 17, que arriesga así su vida, la imprudente hazaña que le encomendaríamos si la concienciación de la opinión pública mundial no se traduce en un apoyo a una lucha que también es nuestra.

Muéstrale al mundo que eres más fuerte que aquellos que rechazan la escolarización y educación de las niñas. Petición #StrongerThan en change.org

 Sabela Rodríguez es una docente, madre y activista.

 

No tiene gracia

Por Júlia Serramitjana

Julia Serramitjana


“¿Por qué la estatua de la libertad es mujer? Porque se necesitaba una cabeza hueca para hacer un mirador” “¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La de Fairy.”

¿Os hace gracia? A mí ninguna. Éstos y otros chistes forman, todavía y desgraciadamente, parte de nuestra cotidianidad. ¿Quiénes no hemos estado en una cena en la que alguien se arranca a contar un chiste sobre lo torpes que son las mujeres o lo mal que conducen? Muchas veces me he encontrado en esta situación y veo, estupefacta, como tanto hombres y mujeres aún nos reímos en vez de sorprendernos del grado de degradación que suponen estos comentarios, aparentemente graciosos e inocentes pero que son un elemento más que va calando en nuestra sociedad y en nuestras actitudes.

 

Un SMS incitando a recibir comentarios machistas (Fuente: ONU Mujeres)

Un SMS incitando a recibir comentarios machistas (Fuente: ONU Mujeres)

 

Impresiona ver cómo este tipo de chistes circulan a través de los móviles (como el de la imagen) y en internet hay páginas enteras dedicadas a “los mejores chistes machistas”, perfiles de Twitter  y Facebook con un montón de ellos.

Es cierto que también existen  chistes sobre hombres y sus conductas, sobre lo supuestamente torpes que son en algunos países y sobre cualquier tipo de persona y animal. En definitiva, nadie se salva.  Y es que el humor es humor, es subjetivo y forma parte de nuestra educación no formal. Por este motivo, nos podemos sentir ofendidos y ofendidas cuando los escuchamos, porque no estamos condicionados de igual forma por los estereotipos ni influenciados por la realidad que nos rodea.

A mí no me hacen ninguna gracia, ¿y a ti?

 

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Intermón Oxfam

La bicicleta verde

Por Belén de la Banda @bdelabanda

Una niña mira una bicicleta verde en un bazar. La desea, y quiere cumplir con ella el reto de ganar a su amigo en una carrera. Una historia sencilla si ocurriera en cualquier calle de nuestras ciudades. Pero la historia de La bicicleta verde es la historia de Wajda, una niña de diez años que vive en los suburbios de Riad, en Arabia Saudita. Todavía está en algunos cines y merece la pena verla.

Cartel de 'La bicicleta verde (Wajda)'

Cartel de ‘La bicicleta verde (Wajda)’

Es difícil no sentir simpatía por esta niña alegre, dinámica, siempre con alguna idea entre manos, siempre con una sonrisa y capaz de sentirse fuerte por sí misma. Y es difícil no sufrir cuando vemos cómo poco a poco los límites, las barreras, las murallas, van surgiendo a su alrededor.

No me gustaría estropear la historia, pero algunos de los elementos que más preocupan en la película es que hay personas que quieren mucho a Wajda, y que quieren protegerla del sufrimiento evitándole el rechazo de su entorno. Para ello no tienen otro remedio que invitarle a cumplir las normas, sin cuestionarse si son injustas. Son las paradojas de estas sociedades conservadoras, donde los papeles están muy claros y las normas para las mujeres son tremendamente limitantes: quien quiera a una mujer no la invitará a exponerse a un castigo implacable.

En el entorno de Wajda, muchas personas piensan que una bicicleta no es propia de la dignidad de una niña. No es conveniente que aprenda a montar, no es conveniente que se le vea en público con ella. No es correcto que tenga el anhelo de conseguir una bicicleta, ni que haga lo posible por conseguirla. Debe acostumbrarse, no es más que un ejemplo, y cuando sea mayor, tampoco podrá conducir un coche. Si no se resigna, sufrirá. Si se resigna, nunca podrá ser ella misma.

Siempre que se habla de las mujeres árabes en este blog, surgen muchos comentarios sobre la cultura y las costumbres. En muchos de ellos se percibe la superioridad. Pero no hace tantos años, a una mujer que fumaba, que bailaba o que hacía top less en una playa se le suponía una baja calidad moral. No reproduciré aquí los comentarios que todavía se escuchan en cualquier pueblo de la Mancha cuando una chica cambia de pareja con frecuencia. De modo que quizá hay factores culturales que también para nosotros se convierten en barreras.

Haifaa Al Mansour, la primera mujer directora de cine de Arabia Saudí, dice que muchas escenas de la película están basadas en sus propias experiencias. Quizá por eso pone mucho cuidado en que los personajes no se vean como estereotipos, sino como personas con conflictos y emociones en su pequeño entorno. Un entorno que los presiona para que sean y se comporten de determinadas maneras, y si eligen otra vía, serán considerados anormales, despreciables. El temor a quedar marginado, a sufrir el castigo de un sistema brutal e implacable, es para todos.

 

Quizá por eso merece la pena, aún más, ver esta película. Porque si conseguimos burlar el miedo, o reflexionar sobre los estereotipos – los de otros y también los nuestros- llegaremos a cuestionar y demoler las barreras. Entonces, para esta niña árabe, y para nuestras hijas, seguirá habiendo esperanza.

 

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Intermón Oxfam

 

Igualdad en la cúpula

Por Sole Giménez  Sole Giménez

Este año se cumplen para mí 30 años en la música y como es lógico una tiende a reflexionar y analizar esa trayectoria con la distancia del tiempo y el poso de lo aprendido. Confieso que muchas veces he echado en falta una mayor presencia femenina en mi ámbito profesional porque, aunque desde fuera pueda pensarse que la presencia de las mujeres es muy evidente en esta profesión  por la cantidad de vocalistas femeninas que hay con éxito, en realidad detrás del escaparate hay una muralla de hombres al mando de esta industria.

Viñeta de Eneko en 20 minutos sobre la mujer en el arte

Viñeta de Eneko sobre la mujer en el arte. 20 minutos

Curiosamente en todos estos años también han sido poquísimas las instrumentistas de alto nivel que he conocido y con las que he trabajado por lo que entiendo que las mujeres no parecemos muy dispuestas a coger las baquetas y ponernos a tocar la batería, el bajo, el piano o la guitarra, etc, salvo honrosas excepciones. Y yo que suelo reflexionar sobre estos temas llevo años preguntándome ¿por qué?

Al abrir el círculo y mirar al conjunto del país me parece que esta profesión es un retrato bastante fiel del esquema que se da en nuestra sociedad en donde diariamente vemos cómo los puestos menos relevantes están cubiertos en muchos casos por mujeres muy competentes pero los puestos más importantes y de mayor peso son sólo para hombres.

Así que la pregunta ahora abarca más cuestiones pero en definitiva es la misma:

¿Por qué?

¿Por qué las mujeres estamos en los primeros peldaños de la escalera o como mucho en los intermedios pero en la cumbre sólo tenemos una presencia testimonial? ¿Somos nosotras las que nos limitamos o nos frenan la sociedad, la tradición, el miedo? No es una cuestión fácil de contestar ni mucho menos de razonar.

Es evidente que en estos últimos 50 años en los países más avanzados ha habido un cambio realmente asombroso  fruto de la voluntad de muchos hombres que han visto la necesidad de equipararnos con ellos por justicia y porque definitivamente la sociedad lo necesitaba para poder evolucionar a mejor. Lamentablemente esto no ha ocurrido en muchos otros países donde existe todavía una clara y doliente discriminación. De ahí su estancamiento.

Y  ¿que ha venido ocurriendo en los países que sí han hecho este gran esfuerzo? Pues que a gran escala los derechos y deberes parecen parejos pero no han llegado con igual fuerza a las cúpulas que siguen siendo lideradas por hombres. ¿Han sido ellos los que han frenado el avance de la mujer? ¿Se tiene miedo a la visión que la mujer puede aportar o es simple desconfianza? ¿O hemos sido nosotras las que no hemos querido tomar esa responsabilidad?

Es difícil, muy difícil luchar contra milenios de tradición, contra un pensamiento arraigado en lo más profundo. Es difícil para ellos y para nosotras pero a mi entender es imprescindible hacer este esfuerzo revolucionario  en pos de un futuro más equilibrado donde el ciudadano colabore, participe y trabaje en mejorar la sociedad en igualdad de condiciones sin importar cuál es su sexo.

La receta para cocinar esta revolución ya está escrita: educación, educación y educación. Educar a las nuevas generaciones en la igualdad. Reeducar a los educadores pues ellos tienen en sus manos el ejemplo a imitar y como estamos viendo día a día, muchas veces falla. Y reeducar a las propias mujeres que casi sin querer seguimos repitiendo los mismos esquemas del pasado basados en la resignación, el sacrificio y la anulación. No es que debamos perder nuestra visión empática y generosa que muchas veces nos distingue como mujeres, sino que debemos valorar mejor nuestras características y talentos y no renunciar a ellos, pues la sociedad en su conjunto necesita que estemos a la altura del reto, que estemos ahí, ni delante ni detrás sino junto a los hombres, aportando nuestra forma diferente de entender el mundo, dándole un nuevo enfoque a la vida, una perspectiva femenina que ahora falta y que traerá consigo el equilibrio.

 

 

Por la boca muere el pez

Laura HurtadoPor Laura Hurtado

El concejal del Bloque Nacionalista Galego (BNG) en Cambados, Xaquín Charlín, ha tenido que dimitir porque llamó “chochito de oro” a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, (en referencia a un gasto de 40.000 euros en servicios de ginecología de su Ministerio). Ante el desafortunado apelativo, tanto la dirección de su partido como el resto de fuerzas políticas solicitaron su dimisión, y Chaquín ha dejado la política, aunque afirma que él no es “machista o sexista, sino todo lo contrario”.

Soraya Sáenz de Santamaría

Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta del Gobierno. (EFE)

Es una excelente noticia que las personas a las que hemos elegido democráticamente vean reprobable el lenguaje sexista. Aunque no sé si esto es algo compartido por la sociedad en general. Tengo mis dudas. No es la primera vez que alguien me llama exagerada cuando me indigno ante declaraciones como las del señor Charlín. O las del coordinador andaluz de IU, Diego Valderas, que llamó “la de las tetas gordas” a la delegada de Educación de la Junta en Cádiz, Blanca Alcántara.

Pero no hace falta buscar comentarios tan fuera de tono. También hubo quien me pidió que me calmara (literalmente) cuando el presidente de Ecuador, Rafael Correa, llamó Anita a la periodista Ana Pastor durante una entrevista. En este caso, la gente me decía: “pero mujer, no te enfades, ha sido cariñoso”. ¿Se imaginan qué pasaría si un político llamara “Iñakito” a Iñaki Gabilondo antes de responderle a una pregunta complicada? ¿Tanto cuesta ver que eso solo les pasa a las mujeres?

Yo siempre intento hablar y escribir de forma no sexista. Y lo hago porque me parece justo que se nombre a las mujeres cuando son parte de lo que decimos. Mi hija de 5 años, que todavía no es ninguna experta en nada, me lo demostró un día que solo pregunté por los niños de su clase. “¿Y las niñas, qué?“, me dijo. Empecé usando un lenguaje inclusivo por militancia, pero ahora cuando un político habla de “los españoles” no me siento interpelada. Y alucino cuando oigo en la tele que “hay 1.200 millones de pobres en el planeta”, cuando el 70% son mujeres.

De todas formas, casi cada día alguien me dice que decir “niños y niñas”, por ejemplo,  es una tontería, una moda políticamente correcta. Hay personas que incluso se burlan, porque les parece banal, anecdótico, un esfuerzo inútil.  También hay quien da un paso más allá y asegura que es incorrecto (aunque en sus correos electrónicos esas mismas personas cometan faltas de ortografía). Al principio me enfadaba. Ahora he aprendido a contar hasta diez, respirar hondo y explicar de forma didáctica que tras muchos años de educación machista es normal que pensemos que “niños” incluye niños y niñas, pero que esto se puede cambiar. En realidad es muy fácil.

Sí, señores y señoras, existen otras formas de hablar y hacerlo no cuesta nada. De hecho hay miles de manuales en la red, aunque a la RAE no le gusten. Os animo a explorarlas y a contribuir así a elaborar mensajes más precisos y justos que hacen visible, ni más ni menos, que al 50% de la población.

 

 

Laura Hurtado es periodista en Intermón Oxfam. Reportera freelance durante muchos años, sigue comprometida con las personas más vulnerables desde una ONG.