Archivo de la categoría ‘Violencia’

La igualdad posible

Por Pilar Orenes

Comenzamos la semana post 8M. Y todavía dura la emoción vivida.

Han sido miles de eventos en todo el mundo. Semanas previas, meses, de talleres, lecturas, discusiones formales e informales… Meses de construir camino juntas, desde lo que revindicamos pero también desde lo que nos interpela, que es lo que nos hace crecer. Hemos puesto muchas ganas de aprender, de desarrollar mirada crítica, de entendernos. Nuestras luchas son tan diversas como la historia de nuestras vidas,  pero son luchas que se acompañan, que se complementan, porque nacen de una misma demanda: la plena igualdad de derechos para todas las mujeres en el mundo.

Participantes en la manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid. Imagen: Belén de la Banda.

Y el 8M llegó, y las mujeres paramos. Respondimos a la convocatoria de huelga internacional laboral, de cuidados, de consumo y educativa. Una jornada de 24 horas en la que de nuevo retamos el concepto tradicional de huelga, pero también el concepto tradicional de trabajo que invisibiliza el trabajo de cuidado, el trabajo no remunerado y otros conceptos aprendidos con los que hemos convivido demasiados años. Conceptos que ahora necesitamos desaprender.

Hemos parado para mostrar que si nosotras nos paramos, se para el mundo. Los aportes de las mujeres son imprescindibles en cualquier ámbito de la vida. Y debemos exigir que todo esté a la altura de esa aportación.

Trabajo en un sector laboral feminizado, el social, el de las ong de cooperación. Un sector ligado al cuidado y al trabajo con personas vulnerables y por ello, poco reconocido. El viernes mi oficina, como tantas otras, quedó muy vacía. Paramos por nosotras y por muchas de nuestras colegas o mujeres con las que trabajamos en países de todo el mundo que no pueden parar porque sus voces están silenciadas.

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Flaming, doxxing, gaslighting y otras agresiones que no quieres sufrir

Por Eva Moure

Que levante la mano quien sepa qué es flaming, doxxing, gaslighting o outing. Premio para quien lo sepa. Detrás de  cada uno de estos anglicismos, en general poco conocidos en nuestro país, se encuentra la definición de un tipo de violencia de género digital. Hay muchos más. Ser capaz de poner palabras a lo que nos sucede es el primer paso. A partir de ahí, podemos preguntarnos: ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo contrarrestar las violencias machistas en la red? Eso es lo que hicimos un grupo de activistas africanas, latinoamericanas y españolas en Madrid, hace varias semanas , invitadas por Oxfam Intermón para compartir estrategias y propuestas digitales. Todas tenían claro que las violencias online responden más o menos a los mismos patrones que el espacio no virtual, aunque el anonimato y la inmediatez ayudan a que muchos se atrevan a hacer cosas que nunca llevarían a la calle. El fenómeno es complejo y grave.

El momento de hacer una lista con los diferentes tipos de violencia resultó abrumador. Más abrumador aún resulta cuando tomas conciencia de que algo que te ha sucedido más de una vez tiene algo que ver con un tipo de violencia que se ejerce sistemáticamente y que hasta ahora no has identificado. Flash.

Las tecnologías reproducen los acosos del mundo real a las mujeres, y generan nuevos riesgos específicos. Imagen de Ravi Sharma / Unsplash.

La violencia online se concreta en una serie de prácticas muy diversas que mediante la vigilancia, el control o la manipulación de la información buscan hacer daño a las personas. Es tan real como cualquier otro tipo de violencia. Volviendo al principio, y por explicar brevemente, aquí están algunos de los tipos de violencia que identificamos, y que están en el titular:

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Una batalla sobre el cuerpo de las mujeres

Por María José Agejas

Dice Ana que las guerras en Honduras se libran en el cuerpo de las mujeres. Da igual si ese cuerpo es el de la esposa de un millonario o el de una mujer indígena de La Mosquitia, la región más remota, inaccesible y atrasada del país.

Ana es Ana Cruz. Habla con periodistas y visitantes con la soltura de la experiencia que dan 23 años de trabajo protegiendo a mujeres en situación de riesgo. Comenta que, últimamente, con el acelerado repunte de feminicidios que enfrenta el país, la buscan mucho para hacer entrevistas.

Ana Cruz, responsable de la Asociación Calidad de Vida. Fotografía de María José Agejas / Oxfam Intermón.

Ana Cruz está al frente de Asociación Calidad de Vida, que con el apoyo de Oxfam y otras organizaciones mantiene casas refugio para mujeres víctimas de violencia en Honduras.

“Este año llevamos ya 329 feminicidios”, dice tras pensarlo un momento mirando al cielo, puesto que el número cambia cada día. Y esa cuenta incluye sólo una parte, como las mujeres asesinadas por parejas o ex parejas cuyos crímenes publican los periódicos, no aquellas a las que la familia entierra sin que trascienda ni otro tipo de asesinatos cometidos contra las mujeres por su condición de mujer. “A las mujeres las matan los hombres, no las mujeres. Es muy diferente a otro tipo de asesinato”, explica Ana Cruz.

Cerca del 96% de los feminicidios en Honduras queda impune. “Las tiran al río, aparecen desmembradas, sus pedazos a mucha distancia unos de otros, en las carreteras. A veces los maridos recurren a la contratación de sicarios”.  Gobierno, congreso y sistema judicial han aprobado un puñado de leyes, mecanismos o herramientas para la erradicación de la violencia contra mujeres y niñas, pero todo ha quedado en el cajón, sin presupuesto y sin voluntad de ponerlo en práctica.

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A una semana de la huelga feminista

Por Belén de la Banda

Mañana será viernes. Y faltará una semana para una jornada histórica. La del 8 de marzo de 2018, estoy segura, no la olvidaremos nunca. Todavía tengo la piel de gallina cada vez que recuerdo o recupero las imágenes del año pasado. Tuve la suerte de vivirla acompañando a una lideresa africana, Julie Cissé, impulsora de los derechos económicos de las mujeres rurales de Senegal. No sé cuál de las dos estaba más emocionada, impresionada, energizada y conmovida en medio de la ciudad, paralizada por y para las mujeres. Me sorprendió la rapidez con la que ella entendía que también esta huelga, esta manifestación, eran por ella y por sus hermanas.

Todo lo que rodeó a esta fecha fue una experiencia de crecimiento exponencial para numerosos grupos y espacios de mujeres en todo el país. Fue una oportunidad de conexión y reconocimiento, un tiempo de unión del que han salido, en todas partes, numerosas iniciativas.

Entre ese 8 de marzo y el que ahora se acerca, todas hemos crecido, aprendido, desarrollado. Y muy especialmente las jóvenes y adolescentes, que con sus preguntas, con su negativa a aceptar que las cosas tengan que ser como son, que la realidad no sea como les decimos que es, se han convertido en nuestras maestras.

Hemos compartido letras y músicas. Nos hemos dejado inundar por nuestras propias voces.

Han surgido muchos liderazgos nuevos. Y también muchas experiencias de trabajo en equipo, de éxito. Nos hemos acercado a mujeres con las que tenemos muchas o pocas cosas en común. Hemos descubierto que las opresiones son múltiples. Nos hemos puesto al lado de nuestras hermanas en el sector de los cuidados.

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Hombres y mujeres para el feminismo

Por Flor de Torres Porras

Hace unas semanas leíamos a Rosa Montero en un espléndido artículo titulado ‘Corazones Blancos’, que decía :  ‘a esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres’

Aunque los hombres no son el motor del feminismo, -porque no es posible invisibilizar la hermosa y digna lucha protagonizada por tantas mujeres, movimientos sociales y reivindicativos de la igualdad-, ellos sí  han de contribuir con su complicidad  y activismo a la lucha feminista para lograr la igualdad de género efectiva. La igualdad  como derecho fundamental se consagró hace 40 años en la Constitución Española, en al Art 14.

Ahora buscamos la igualdad real. Es la que construye e el  camino de la  lucha feminista, proclamada como su motor. A lo largo de años se ha ido forjando un sólido edificio, a pesar del cuestionamiento que trata de debilitar sus pilares. A pesar de las dudas impuestas por argumentarios interesados de quienes nunca han luchado por la igualdad, que no creen en ella, que alimentan sus  discursos con falsos mitos y afirmaciones sin apoyo científico, empírico o empático. Sombras lanzadas a la igualdad que estamos construyendo y  que solo  sirven para   perpetuar el patriarcado, en el que se asientan como agentes ejecutores de la desigualdad.

El feminismo ha logrado grandes avances hacia la igualdad. Imagen de Melany Rochester / Unsplash.

Pero dentro del corazón de la igualdad, como eje y motor, sigue avanzando  un feminismo robustecido. Feminismo inclusivo con la complicidad de los hombres. Y ello es así porque la  palabra igualdad  ya no conoce límites. Avanza y deconstruye privilegios basados en la sociedad patriarcal. No hay modelo de sociedad igualitaria, de  estado social y democrático de Derecho que no sea creado, entendido y dirigido en igualdad por hombres y mujeres. Es en las personas donde ha de convivir e ponerse en práctica. Crecer y ampliarse como valor fundamental.

Por ello siguiendo la estela de Rosa Montero hemos de dirigirnos a todos y cada uno de los hombres para que reflexionen sobre el camino transitado por el feminismo, y se incorporen a él. Que se comprometan en la lucha por la igualdad y que entiendan  que hay que romper en mil pedazos  su  complicidad con la desigualdad.

Sigue siendo esta la revolución pendiente: la de los hombres que renuncien a perpetuar el actual modelo de inequidad.  Que esa renuncia abarque la negación de una vez y para siempre a ser utilizados como instrumentos de control del patriarcado.  Hombres que miren cara a cara al Machismo y a lo que  Marcela Lagarde  nombró como “la escisión del género” o extrañamiento entre las propias mujeres que provoca la escisión del propio género femenino dando pie a la naturalización del  patriarcado como la única forma de convivencia. Y que tras  esa nueva mirada feminista ya no se reconozcan en ello.

Y sobre este entramado sociológico, la Justicia tiene un papel fundamental, y lo está asumiendo. En 2018 ,una tras otra, han ido iluminando el camino judicial varias Sentencias del Tribunal Supremo, abriendo un camino de luz y esperanza hacia la igualdad. Son sentencias que reconocen la desigualdad estructural a la que la mujer se ve sometida por el hecho de ser mujer. Todas estas resoluciones vienen avaladas y precedidas por las más de 200 sentencias que avalan la constitucionalidad de la Ley Integral contra la Violencia de Género (L.O 1/2004)

En una muy reciente Sentencia del Tribunal Supremo del 20/12/2018 se resuelve en Pleno un recurso de la Fiscalía contra la absolución de una pareja, hombre y mujer,  donde se argumentaba que no había situación de desigualdad por existir entre ellos una agresión mutua. Se  reconoce en ella que no por ello se ha de dejar de contextualizar como acto de violencia la que se ejerce sobre la mujer con ocasión de una relación afectiva de pareja. Pues constituye acto de violencia de género cualquier acto de poder y superioridad de los hombres frente a las mujeres con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad. Son actos de desigualdad estructural que no necesitan motivarse como actos de violencia de género.

Previamente a esta sentencia, los menores se  fueron reforzando como víctimas directas de la violencia de género, aun sin ser testigos presenciales de las agresiones a sus madres. Tan solo con su percepción. O la necesidad de imponer medidas de alejamiento de forma imperativa aun sin acto de violencia física, en la necesidad de seguir el camino de atender y prevenir las otras violencias que atacan la integridad moral de las mujeres víctimas de violencia de género. Caminos ya amparados previamente en el Tribunal Constitucional, justificados ante la  mayor carga penal en los delitos cometidos a las mujeres en el ámbito de la pareja.

Se dirimió la plena constitucionalidad y vigencia  de la redacción del art. 153 ,1 del Código Penal  para las agresiones en el ámbito de la pareja o expareja y se declaró constitucional la distinta carga penológica si es agresor hombre (153,1)  que si es mujer  (153,2) y se justificó  así:

No es el sexo en sí de los sujetos activo y pasivo lo que el legislador toma en consideración con efectos agravatorios, sino -una vez más importa resaltarlo- el carácter especialmente lesivo de ciertos hechos a partir del ámbito relacional en el que se producen y del significado objetivo que adquieren como manifestación de una grave y arraigada desigualdad. La sanción no se impone por razón del sexo del sujeto activo ni de la víctima ni por razones vinculadas a su propia biología. Se trata de la sanción mayor de hechos más graves, que el legislador considera razonablemente que lo son por constituir una manifestación específicamente lesiva de violencia y de desigualdad.”

(Sentencia del Tribunal Constitucional  59/2008 de 14 Mayo de 2008, entre otras)

El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional  están convalidando y aplicando  con esta jurisprudencia la necesidad de llegar a la igualdad a través de la discriminación positiva. Y  se  hace por el camino marcado por  la propia Constitución Española a través de la búsqueda de un principio de igualdad real. En sus resoluciones se materializa la exigencia de aplicar el principio constitucional del Art 9,2 donde se avala la discriminación positiva como medio de superar los obstáculos a la igualdad de diversos grupos:

Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

Por tanto, quien cuestiona la igualdad tomando como base los resultados de pena distintos si la persona responsable es hombre o mujer lo hace solo desde la superficie de un problema de enorme magnitud. Desde el desconocimiento o, lo que es peor, el rechazo  de una realidad: la desigualdad estructural que determina la violencia de género. O dicho de otro modo, ignora la base constitucional que destaca la necesidad de neutralizar la  desigualdad y evitarla. Y la doctrina consolidada por el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que atienden desde el ámbito judicial la mayor frecuencia y gravedad de las agresiones de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja.

No confundamos. Estas medidas no rompen con el principio de presunción de inocencia, un precepto constitucional que preside todas nuestras actuaciones judiciales. Todos los procesos y todos los derechos. Pero ha de convivir en cada proceso de violencia a la mujer con la constatación empírica de la frecuencia y lesividad de la violencia de género, que precisamente por estos motivos se escindió de la violencia familiar.

Y es así por ser un modelo objetivo y reproducido de un arraigado sistema patriarcal que determina un repertorio  de conductas que atentan a las mujeres por el hecho de serlo y en el ámbito de la pareja. Es lo que el feminismo siempre denunció, y seguirá haciéndolo. Lo que hoy como realidad social y evidente se consolida también  en la Doctrina del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

Por eso Rosa Montero nos emocionaba cuando finalizaba su artículo con esta argumentación dirigida a  los Hombres:

“No debería darles las gracias, porque agradecer a un hombre que pelee por un mundo más justo (el antisexismo nos atañe a todos) es como agradecer a tu pareja que ponga la lavadora, pero se las doy, porque aún me emocionan demasiado. A esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres. Amigo, hermano, amante, muestra tu corazón blanco y lucha conmigo

Creo que el mejor homenaje a las mujeres víctimas de violencia de género, que afrontan la heroicidad de denunciar, de atravesar un proceso judicial acompañadas de sus miedos, sus peligros y sus inseguridades, es escucharlas y caminar junto a ellas. Que se sientan amparadas por todos los hombres y las mujeres que luchan por una igualdad real y ya incuestionable.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

Ciberfeminismo contra la violencia

Por Eva Moure

Sólo hace un par de meses que supimos que la RAE (Real Academia) había decidido incorporar ‘sororidad’ como nueva palabra al diccionario. ¡Nueva! ¡Una palabra usada desde hace décadas! Mientras las instituciones y espacios oficiales van a remolque, la calle camina imparable.

Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales realizadas por la ilustradora Antonia Santolaya durante la reunión de ciberactivismo organizada por Oxfam Intermón en Madrid. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Hace pocas semanas tuve la suerte de compartir jornadas con un grupo de activistas feministas de Africa, América Latina y España que se juntaron en Madrid, invitadas por Oxfam Intermón, para plantear estrategias de innovación digital contra los diferentes tipos de violencia machista. También para compartir experiencias y propuestas, para tejer red. Sororidad internacional en estado puro. Está claro que lo que compartimos es infinitamente mayor que lo que nos separa. En Argentina, Sudáfrica, Gambia, Colombia, España, Brasil o Marruecos.

De entrada, muchos hechos y datos demuestran que las violencias machistas ocurren en todo el mundo de forma sistemática, aunque hay quien todavía las niega o afirma que se trata de casos aislados. ‘Los datos son claves para conseguir políticas públicas, por eso es importante que se reconozcan los datos reales, no solo los oficiales’, comenta Nerea de Feminicidio.net.

Las movilizaciones sin precedentes también son un punto en común. El #NiUnaMenos en Argentina, el histórico 8 de Marzo pasado en España, el Total Shutdown (Paro total) del verano pasado en Sudáfrica, con miles de mujeres de todo el país movilizadas contra la violencia machista en uno de los países con mayor número de feminicidios del mundo y, al mismo tiempo, con las leyes más avanzadas en materia de defensa de los derechos de las mujeres. Leyes que no se cumplen. 

(c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales de Antonia Santolaya durante la reunión de ciberfeminismos celebrada en Madrid y organizada por Oxfam Intermón. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

El colectivo feminista habla de violencias, en plural, porque son varias. Y en los últimos años, la violencia digital es una de las últimas incorporadas. El auge del ciberactivismo ha multiplicado las posibilidades tanto de defender derechos como de recibir ataques, sufrir acoso o violencia machista en la red. Varias activistas africanas lo cuentan en este artículo. En América Latina, experiencias como la de Las Igualadas buscan abordar temas de género de forma divulgativa, y lo hacen de forma desenfadada y directa.

Su propuesta les ha valido millones de aplausos. También muchos ataques que, como a tantas activistas, las obliga a buscar estrategias de autodefensa.  ‘El objetivo de las violencias machistas es expulsar a las mujeres del espacio público’, escucho. Asustando, acorralando, avergonzando, provocando autocensura, entre otras cosas. La cuestión de fondo: las violencias machistas provienen de la desigualdad de género y de unas creencias afianzadas que es necesario desmontar si queremos una sociedad más justa y equitativa.

Hay trabajo por hacer. Y para ello es imprescindible unir fuerzas y compartir recursos. Es lo que hicieron las activistas que se juntaron en Madrid y a las que la ilustradora Antonia Santolalla siguió durante dos días para contar, con gran talento, en ilustraciones como las que acompañan este texto, cómo tejer redes saltando fronteras de todo tipo. En una palabra, sororizando.

Eva Moure es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

En tela de juicio

Por Maribel Maseda

Groso modo, cuando hablamos de hombre machista nos referimos al que de una forma u otra sitúa a la mujer en un nivel inferior, cambiando a su voluntad sus derechos por permisos, concedidos por sus iguales, los hombres.

Cuando hablamos de mujer machista nos referimos a aquella que defiende la capacidad del hombre para conceder estos “permisos”.

Si hablamos de sociedad machista, a menudo nos referimos al conjunto de personas que, por automatismos, se sitúa en la fina línea que separa la igualdad de su miedo a ser desplazado de su posición de poder. Así se ha creado a modo de coalición espontánea una nueva entidad que por defender su posición, por temer a su propio miedo, por intentar frenar un nuevo estado social en el que ya no se distinguirá al rey de la princesa, apoya las actuaciones violentas de los violentos. Se llama delito a una acción que va en contra de la ley, pero esto no siempre queda claro cuando se trata de una agresión sexual.

Los testimonios de las mujeres se enfrentan a numerosos cuestionamientos. Imagen de Mike Wilson / Unsplash.

Porque si la ley deja una fisura por la que se cuela -a voluntad- que una agresión a una mujer puede ser delito o puede ser parte de un juego sexual que sale mal, la incertidumbre que esto genera pasa, conscientemente o no, a engrosar el bando de la coalición.

Vamos a ser sinceros: no se ve de la misma manera al asesino de una mujer que al de un hombre. La motivación machista subyacente pone en tela de juicio su naturaleza delictiva.  Y yendo un poco más allá, quizá quien defiende el maltrato, el abuso sexual, la agresión sexual y aun el asesinato a mujeres por supremacía machista, en realidad siente que cualquier día puede pasarle a él, ya que se identifica con el violento e intenta construir una plataforma de apoyo y garantía de su propia seguridad si llega a ocurrirle algo así.

Por esto es tan difícil denunciar para una mujer. La mujer agredida sabe que no solo debe enfrentar a su agresor, sino a la coalición frecuentemente oculta y que en cualquier momento puede ejercer su papel desprestigiándola por cualquier acto, rasgo, actitud o decisión de su vida, sin que tenga absolutamente nada que ver con su denuncia.

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¿Bastará una crisis?

Por María Reglero y Eva Moure

Estos días resuena por las redes una frase pronunciada hace décadas y que nos conecta con una de las voces emblemáticas del feminismo del siglo XX:

“No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.

Si estuviese aquí, Simone de Beauvoir cumpliría 111 años. Su frase sigue más vigente que nunca.

Desde hace semanas se suceden declaraciones, se toman decisiones, se llega a acuerdos políticos que pretenden dinamitar derechos fundamentales que han sido avalados por leyes nacionales e internacionales, consensuadas global y localmente, que nos han permitido avanzar como sociedad gracias al activismo del movimiento feminista y de mujeres. Los avances son, para algunos, para muchos, una amenaza a sus privilegios, y parte de la sociedad se ha puesto a caminar hacia atrás, en un intento de frenar lo imparable. Agresivamente, irresponsablemente. Hay quienes actúan con un negacionismo vergonzoso, hay quienes manipulan los datos creando fake news que corren por las redes sociales. Pero los datos oficiales no dejan lugar a dudas: 97 feminicidios fueron perpetrados por hombres en 2018 en España, 47 según la delegación del Gobierno en Violencia de Género, ya que este organismo recoge exclusivamente los feminicidios perpetrados en el contexto de pareja y ex pareja. En total, hablamos de 975 mujeres asesinadas en España a partir del 1 de enero de 2003, desde que se empezaron a contabilizar estos casos. En América Latina, al menos 2.795 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 23 países de la región en 2017 según la CEPAL.

Imagen de Marija Zaric.

Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres mujeres (35%) en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual en el contexto de una relación de pareja o violencia sexual perpetrada por terceros en algún momento de su vida. Sin embargo, estudios nacionales demuestran que hasta el 70% de las mujeres ha experimentado violencia por parte de un compañero sentimental a lo largo de su vida.

¿Cómo, con estos datos, se puede negar la existencia de los distintos tipos de violencia que los hombres ejercen contra las mujeres? Desconocer las cifras, manipularlas o minimizar este tipo de violencias es una gran irresponsabilidad y demuestra un total desconocimiento de la realidad y de los compromisos adquiridos por España a nivel nacional e internacional. Asimismo, no reconocer la existencia de la violencia de género, no es solo negar la violencia específica que los hombres ejercen hacia las mujeres en el contexto de la pareja o expareja, como recoge la Ley 1/2004, sino negar el conjunto de violencias sobre las cuales existe un consenso global, recogido en instrumentos internacionales de derechos humanos. Hay cuestiones que son innegociables.

Es clave mantener todo lo que hemos conseguido, que son muchos avances a lo largo del tiempo. Por citar algunos, solo en materia legal: Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres (1993); resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2000, 2008); el Convenio de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres, también conocido como Convenio de Estambul (2011), que contempla todas las formas de violencia contra las mujeres e implica que los estados deben introducir en sus sistemas jurídicos estos delitos, y abordar la violencia desde un enfoque integral. Por citar algunos. Poner en entredicho la necesidad de tener legislación específica para proteger a las mujeres sobre la violencia que se ejerce sobre ellas, va en contra de los compromisos y obligaciones adquiridas por el Estado español como miembro de la Unión Europea y las Naciones Unidas.

En España falta dar muchos pasos hacia adelante en materia de políticas públicas y transformación de imaginarios que reproducen y normalizan las violencias, en la interpretación del código penal respecto a violencia sexual y la reforma del mismo, para prevenir cualquier tipo de revictimización de las mujeres que sufren violencias, para adoptar el Convenio de Estambul con presupuesto y rendición de cuentas, desarrollando acciones concretas en el marco del Pacto de Estado contra la violencia de género… Así que seguiremos, como dice Beauvoir, vigilantes. 2019 ha empezado con cientos de miles de mujeres indias manifestándose por sus derechos. El 15 de enero se esperan concentraciones en todo el país en solidaridad con las mujeres andaluzas y todas las personas que defienden la democracia. Para el 8 de marzo se está preparando una huelga general que volverá a ser histórica. El mundo nos mira. La manifestación del 8 de marzo 2018 en Madrid fue la más multitudinaria a nivel global, con concentraciones sin precedentes en todo el estado español. Tenemos dos opciones: ver lo que está ocurriendo y admitir la realidad o negarla. Y podemos involucrarnos. Porque ocasiones no faltarán. Y es momento de no solo no dar pasos atrás, sino de darlos hacia adelante.

María Reglero y Eva Moure trabajan por los derechos de las mujeres en Oxfam Intermón

Laura Luelmo: por qué los hombres deberían salir hoy a gritar

Por Lula Gómez

Desgraciadamente, a muchas personas no nos hace falta esperar a la autopsia para saber lo que ha pasado, y no estamos locas. Me basta, como a todas, la certeza de que la profesora Laura Luelmo está muerta. Su delito: ¿salir a correr, ser mujer? La han matado. Su cuerpo apareció semidesnudo y oculto entre unas matas. Todos sabemos lo que significa.

En mi vida, significa cosas muy concretas. Significa que debo seguir cogiendo las llaves con fuerza, cuando voy a casa por la noche. Quiere decir que si eres chica mejor no debes correr por la noche. Quiere decir que yo, como todas las mujeres, no soy libre de pasear, disfrutar, salir, correr y vivir.

Concentración en la plaza de la Constitución de Zamora en repulsa por la muerte de la profesora zamorana Laura Luelmo, cuyo cadáver fue encontrado en El Campillo, Huelva. MARIAM A. MONTESINOS / EFE

Porque quiero democracia para todas, para la mitad de la población, quiero ver un #PorTodos (se lo he visto a Soledad Murillo, Secretaria de Igualdad): pedía la implicación de los hombres. Nosotras estamos casi todas: no podemos tolerar más que una chavala no pueda salir a correr a la calle por miedo a no volver.

Estamos desoladas, cabreadas, tristes, hartas: no soportamos una muerte más. El horror: las casi mil mujeres asesinadas en España y contabilizadas, el clamor de la desigualdad, el #MeToo y el feminismo nos están uniendo.

Ahora les toca a ustedes, señores. Quiero ver a todos mis amigos en las calles e indignados #PorTodos los hombres feministas que no toleran que la democracia solo la pueda disfrutar la mitad de la población. Quiero verlos llorar de dolor y desgarrados, con nosotras. Porque si no lo están, están contra nosotras.

Anhelo un país en el que cada vez más #PorTodos entiendan que nos agreden cuando creen que nos piropean, cuando se van de putas, cuando debemos volverles a explicar lo necesaria que es la paridad, la corresponsabilidad o una ley contra la violencia machista.

Señores, amigos, compañeros, griten #PorTodos los que entienden que si no sois feministas, sois machistas y lo peor: que el machismo mata. Por favor, no lo hagan por sus hijas o hermanas, si las tienen. No quiero escuchar eso de “si le pasa a alguien cercano… cojo un bate de béisbol”. No. Piensen en que la democracia no funciona si no es para todas (las personas). A Laura, un hijo de putero la ha matado porque la vio correr y pensó que tenía derecho sobre su cuerpo. A Laura la han asesinado por ser mujer.

#PorTodas, #PorTodos vomiten sobre quienes siguen diciendo que somos unas feminazis, que ya hay igualdad y que estamos locas. Locas de dolor, sí. Quiero pensar que vosotros también.

Lula Gómezescritora y periodista. Dirige su propia agencia de comunicación desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha escrito el libro y dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia. 

Justicia patriarcal, una vez más

Por Nerea Novo

A finales de abril de 2018 se conoció (y nos indignó) la sentencia emitida por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra contra los cinco miembros de La Manada (José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Jesús Escudero y Antonio Manuel Guerrero). Los magistrados alegaron que no hubo violencia ni intimidación en la agresión sexual sufrida por la joven madrileña el 7 de julio de 2016. El delito por el que se les condenó entonces fue abuso sexual, en lugar de agresión sexual.

Manifestación ante la sentencia de la Manada. Imagen Nerea Novo / Feminicidio.net

Hoy el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha confirmado la condena de nueve años para los agresores sexuales y ha contado con solo dos votos particulares que consideraron que sí existió un delito continuado de agresión sexual al “apreciar la existencia de intimidación”. La Justicia Patriarcal se reafirma por segunda vez en no reconocer la violación y dar un mensaje de impunidad. La única esperanza ahora está puesta en que se pueda recurrir la sentencia al Tribunal Supremo.

El rechazo social ante esta actuación de la justicia patriarcal inundó las calles de todo el Estado y ha sido galardonada con el ‘Garrote de Plata’, al ser considerada la segunda peor sentencia a nivel mundial sobre igualdad de género, según la organización Women’s Link.

El caso de La Manada es especialmente mediático por lo paradigmático que resulta: un grupo de hombres desconocidos para la víctima, o que conocen ese mismo día, violan a una joven, imitan prácticas aprendidas de la pornografía hegemónica e incluso llegan a pornificar la agresión, la graban y la difunden entre sus redes.

El imaginario patriarcal de la pornografía hegemónica también afecta al magistrado Ricardo González, que en su voto particular identifica en la grabación “actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo”, abogando por la absolución de los acusados.

Desde 2016, el año en el que actuaron los integrantes de La Manada también en Pozoblanco, en nuestra sociedad se ha disparado la alerta social por este tipo de agresiones. Tal es así que desde 2016 hemos registrado 80 casos de agresiones sexuales múltiples en la herramienta online GeoviolenciaSexual.com. De ellas, el 64% fueron perpetradas en 2018, a falta de terminar el año. La documentación de estos casos refleja una clara tendencia al alza en la denuncia de estas brutales agresiones. La justicia patriarcal, con sentencias como la de hoy, supone una piedra en el zapato en este camino y cada vez más empuja a las mujeres a recurrir a la denuncia pública frente a la judicial en busca de apoyo social.

Como el caso de La Manada, dos de cada tres agresiones fueron perpetradas por grupos de hombres desconocidos o cuyo primer contacto con la víctima fue ese mismo día. Un 12,5% fue pornificada por los agresores, que grabaron o fotografiaron a su víctima durante la agresión. Más de la mitad de los casos fueron agresiones perpetradas de madrugada. Y, como La Manada, uno de cada diez robaron a sus víctimas.

No todas las víctimas son mujeres. Dos de los 80 casos tuvieron víctimas masculinas, como el caso de un niño de 9 años violado por cuatro de sus compañeros de colegio en Chilluévar (Jaén). El 100%, es decir, todas las agresiones sexuales múltiples documentadas desde 2016 fueron perpetradas por grupos formados exclusivamente de varones. Por eso, y porque la justicia patriarcal no puede seguir cayendo en el negacionismo de las violencias machistas reconocidas en el Convenio de Estambul que España ha ratificado y está obligada a cumplir, esta tarde las manifestaciones de protesta volverán a inundar las calles: por una justicia digna para las supervivientes de la violencia sexual. Yo voy.

Nerea Novo forma parte del equipo de Feminicidio.net