Archivo de la categoría ‘Violencia’

Una mujer que hace paz entre cafetales y disparos

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

La ‘vereda’ de La Balsa, en el municipio de Buenos Aires (Cauca, en Colombia), no se diferencia en nada otras comunidades campesinas diseminadas por unos cerros en verde y rojo, tierras pobres en las que el café, pagado miserablemente, convive con la más lucrativa coca, rincones donde la guerrilla estuvo escondida durante años, los caminos son barrizales y las nubes, cada día más escasas, pasan de largo dejando detrás tan sólo rayos y miseria.

Pero La Balsa tuvo suerte. Allí nació una afrocolombiana Clemencia Carabalí Rodallega, una “semilla” poderosa que ha fructificado y que acaba de recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos de Colombia, país donde, no olvidemos, líderes como ella son asesinados cada día. Un jurado internacional ha reconocido, así, “su trabajo en defensa del territorio ancestral de las comunidades negras y los derechos de las mujeres, superando toda clase de adversidades”.

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Veranos seguros para todas

Por Pilar Orenes

El verano es tiempo de desconexión y de ocio, sinónimo muchas veces de poder tomar la calle, bailarla y vivirla como un espacio seguro. Para todos y todas, a todas horas y en todos los lugares. 

Muchas personas y organizaciones estamos poniendo esfuerzos para que así sea. Se ha ido consolidando la presencia de colectivos feministas que, a través de carteles, puntos violetas y campañas específicas de información y sensibilización, ofrecen mecanismos de prevención y respuesta en casos de acoso y abuso sexual. 

Pero estamos terminando un verano especialmente alarmante. Bilbao, Benidorm, Barcelona, Madrid… han sido algunas de las ciudades en las que se producido agresiones sexuales, tanto individuales como en grupo. Son muchas. Más de 42 agresiones sexuales múltiples se han producido en lo que va de 2019 en España. En este mismo periodo, 70 asesinatos de mujeres, casi la mitad de ellos en los últimos meses (fuente de Feminicidio.es). Terrible. Lee el resto de la entrada »

Feminismo para cambiar el sistema

Por Pilar Orenes

Estos días amanecíamos con un nuevo dato: 1000 mujeres víctimas de la violencia machista, asesinadas, desde el 2003. Terrible. Y sabemos que “no están todas las que son”, que quedan muchas fuera de esta estadística que solo reconoce a los asesinatos de mujeres en manos de parejas y exparejas. Valiosísima la labor de Feminicidio.net, observatorio de la sociedad civil que visibiliza el asesinato de mujeres. Y, claro, si amplias la mirada, entonces suben aún más las cifras transmitiéndonos el horror de historias de dolor, únicas e irrepetibles pero con un sesgo común: mujeres asesinadas por hombres el hecho de ser mujeres.

Porque no nos engañemos, no es solo un número que suma a la lista de sucesos violentos aislados que ocurren en nuestros días. Estamos ante un problema social que algunos todavía se niegan a reconocer diluyéndolo en la generalidad de los hechos que se producen en los ámbitos familiares y domésticos, sin entrar en la causa ni en el sujeto que los ejerce. Invisibilizándolo. Que no nos confundan.

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Teatro necesario para abrir los ojos ante el maltrato

Por Nuria Coronado

Hay veces que la vida te regala conocer a mujeres que admiras y que son el bálsamo del mundo. Así me paso con Marina Marroquí, una luchadora y superviviente de la violencia de género a quien la primera vez que entrevisté me dijo una frase que se me quedó clavada para siempre. “La mayor venganza que se le puede hacer a un maltratador es ser feliz”. ¡Qué verdad más inmensa y más empoderante! Ella, como tantas otras, hablaba a sabiendas de lo que son los golpes físicos y emocionales, de lo que es dejar de sonreír y ser persona porque alguien le decía que no valía nada o que bastante suerte tenía con tenerle a él. Ese “él” que a los ojos de cualquiera es “el hombre perfecto”. Ese él que le hizo bajar al infierno, desaparecer de sí misma, marchitarse, dejar de existir.

Marina creyó después de tanto escuchar a la voz de su amo y maltratador que no merecía nada. Hasta que un día dijo basta. Se levantó de sus cenizas y se demostró que valía oro, que era la mejor en todo lo que se propusiera y que necesitaba respirar de nuevo. Se apoyó en su familia, y dejándose la piel de sus manos y de su alma, tuvo los ovarios de empezar a subir por la cuerda del pozo en el que había caído. Y el milagro se hizo. Salió de ese territorio que ninguna mujer se merece y puso en marcha el contador de la vida en mayúsculas.

Los actores Cecilia Sarli y Chema Coloma.

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La igualdad posible

Por Pilar Orenes

Comenzamos la semana post 8M. Y todavía dura la emoción vivida.

Han sido miles de eventos en todo el mundo. Semanas previas, meses, de talleres, lecturas, discusiones formales e informales… Meses de construir camino juntas, desde lo que revindicamos pero también desde lo que nos interpela, que es lo que nos hace crecer. Hemos puesto muchas ganas de aprender, de desarrollar mirada crítica, de entendernos. Nuestras luchas son tan diversas como la historia de nuestras vidas,  pero son luchas que se acompañan, que se complementan, porque nacen de una misma demanda: la plena igualdad de derechos para todas las mujeres en el mundo.

Participantes en la manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid. Imagen: Belén de la Banda.

Y el 8M llegó, y las mujeres paramos. Respondimos a la convocatoria de huelga internacional laboral, de cuidados, de consumo y educativa. Una jornada de 24 horas en la que de nuevo retamos el concepto tradicional de huelga, pero también el concepto tradicional de trabajo que invisibiliza el trabajo de cuidado, el trabajo no remunerado y otros conceptos aprendidos con los que hemos convivido demasiados años. Conceptos que ahora necesitamos desaprender.

Hemos parado para mostrar que si nosotras nos paramos, se para el mundo. Los aportes de las mujeres son imprescindibles en cualquier ámbito de la vida. Y debemos exigir que todo esté a la altura de esa aportación.

Trabajo en un sector laboral feminizado, el social, el de las ong de cooperación. Un sector ligado al cuidado y al trabajo con personas vulnerables y por ello, poco reconocido. El viernes mi oficina, como tantas otras, quedó muy vacía. Paramos por nosotras y por muchas de nuestras colegas o mujeres con las que trabajamos en países de todo el mundo que no pueden parar porque sus voces están silenciadas.

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Flaming, doxxing, gaslighting y otras agresiones que no quieres sufrir

Por Eva Moure

Que levante la mano quien sepa qué es flaming, doxxing, gaslighting o outing. Premio para quien lo sepa. Detrás de  cada uno de estos anglicismos, en general poco conocidos en nuestro país, se encuentra la definición de un tipo de violencia de género digital. Hay muchos más. Ser capaz de poner palabras a lo que nos sucede es el primer paso. A partir de ahí, podemos preguntarnos: ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo contrarrestar las violencias machistas en la red? Eso es lo que hicimos un grupo de activistas africanas, latinoamericanas y españolas en Madrid, hace varias semanas , invitadas por Oxfam Intermón para compartir estrategias y propuestas digitales. Todas tenían claro que las violencias online responden más o menos a los mismos patrones que el espacio no virtual, aunque el anonimato y la inmediatez ayudan a que muchos se atrevan a hacer cosas que nunca llevarían a la calle. El fenómeno es complejo y grave.

El momento de hacer una lista con los diferentes tipos de violencia resultó abrumador. Más abrumador aún resulta cuando tomas conciencia de que algo que te ha sucedido más de una vez tiene algo que ver con un tipo de violencia que se ejerce sistemáticamente y que hasta ahora no has identificado. Flash.

Las tecnologías reproducen los acosos del mundo real a las mujeres, y generan nuevos riesgos específicos. Imagen de Ravi Sharma / Unsplash.

La violencia online se concreta en una serie de prácticas muy diversas que mediante la vigilancia, el control o la manipulación de la información buscan hacer daño a las personas. Es tan real como cualquier otro tipo de violencia. Volviendo al principio, y por explicar brevemente, aquí están algunos de los tipos de violencia que identificamos, y que están en el titular:

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Una batalla sobre el cuerpo de las mujeres

Por María José Agejas

Dice Ana que las guerras en Honduras se libran en el cuerpo de las mujeres. Da igual si ese cuerpo es el de la esposa de un millonario o el de una mujer indígena de La Mosquitia, la región más remota, inaccesible y atrasada del país.

Ana es Ana Cruz. Habla con periodistas y visitantes con la soltura de la experiencia que dan 23 años de trabajo protegiendo a mujeres en situación de riesgo. Comenta que, últimamente, con el acelerado repunte de feminicidios que enfrenta el país, la buscan mucho para hacer entrevistas.

Ana Cruz, responsable de la Asociación Calidad de Vida. Fotografía de María José Agejas / Oxfam Intermón.

Ana Cruz está al frente de Asociación Calidad de Vida, que con el apoyo de Oxfam y otras organizaciones mantiene casas refugio para mujeres víctimas de violencia en Honduras.

“Este año llevamos ya 329 feminicidios”, dice tras pensarlo un momento mirando al cielo, puesto que el número cambia cada día. Y esa cuenta incluye sólo una parte, como las mujeres asesinadas por parejas o ex parejas cuyos crímenes publican los periódicos, no aquellas a las que la familia entierra sin que trascienda ni otro tipo de asesinatos cometidos contra las mujeres por su condición de mujer. “A las mujeres las matan los hombres, no las mujeres. Es muy diferente a otro tipo de asesinato”, explica Ana Cruz.

Cerca del 96% de los feminicidios en Honduras queda impune. “Las tiran al río, aparecen desmembradas, sus pedazos a mucha distancia unos de otros, en las carreteras. A veces los maridos recurren a la contratación de sicarios”.  Gobierno, congreso y sistema judicial han aprobado un puñado de leyes, mecanismos o herramientas para la erradicación de la violencia contra mujeres y niñas, pero todo ha quedado en el cajón, sin presupuesto y sin voluntad de ponerlo en práctica.

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A una semana de la huelga feminista

Por Belén de la Banda

Mañana será viernes. Y faltará una semana para una jornada histórica. La del 8 de marzo de 2018, estoy segura, no la olvidaremos nunca. Todavía tengo la piel de gallina cada vez que recuerdo o recupero las imágenes del año pasado. Tuve la suerte de vivirla acompañando a una lideresa africana, Julie Cissé, impulsora de los derechos económicos de las mujeres rurales de Senegal. No sé cuál de las dos estaba más emocionada, impresionada, energizada y conmovida en medio de la ciudad, paralizada por y para las mujeres. Me sorprendió la rapidez con la que ella entendía que también esta huelga, esta manifestación, eran por ella y por sus hermanas.

Todo lo que rodeó a esta fecha fue una experiencia de crecimiento exponencial para numerosos grupos y espacios de mujeres en todo el país. Fue una oportunidad de conexión y reconocimiento, un tiempo de unión del que han salido, en todas partes, numerosas iniciativas.

Entre ese 8 de marzo y el que ahora se acerca, todas hemos crecido, aprendido, desarrollado. Y muy especialmente las jóvenes y adolescentes, que con sus preguntas, con su negativa a aceptar que las cosas tengan que ser como son, que la realidad no sea como les decimos que es, se han convertido en nuestras maestras.

Hemos compartido letras y músicas. Nos hemos dejado inundar por nuestras propias voces.

Han surgido muchos liderazgos nuevos. Y también muchas experiencias de trabajo en equipo, de éxito. Nos hemos acercado a mujeres con las que tenemos muchas o pocas cosas en común. Hemos descubierto que las opresiones son múltiples. Nos hemos puesto al lado de nuestras hermanas en el sector de los cuidados.

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Hombres y mujeres para el feminismo

Por Flor de Torres Porras

Hace unas semanas leíamos a Rosa Montero en un espléndido artículo titulado ‘Corazones Blancos’, que decía :  ‘a esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres’

Aunque los hombres no son el motor del feminismo, -porque no es posible invisibilizar la hermosa y digna lucha protagonizada por tantas mujeres, movimientos sociales y reivindicativos de la igualdad-, ellos sí  han de contribuir con su complicidad  y activismo a la lucha feminista para lograr la igualdad de género efectiva. La igualdad  como derecho fundamental se consagró hace 40 años en la Constitución Española, en al Art 14.

Ahora buscamos la igualdad real. Es la que construye e el  camino de la  lucha feminista, proclamada como su motor. A lo largo de años se ha ido forjando un sólido edificio, a pesar del cuestionamiento que trata de debilitar sus pilares. A pesar de las dudas impuestas por argumentarios interesados de quienes nunca han luchado por la igualdad, que no creen en ella, que alimentan sus  discursos con falsos mitos y afirmaciones sin apoyo científico, empírico o empático. Sombras lanzadas a la igualdad que estamos construyendo y  que solo  sirven para   perpetuar el patriarcado, en el que se asientan como agentes ejecutores de la desigualdad.

El feminismo ha logrado grandes avances hacia la igualdad. Imagen de Melany Rochester / Unsplash.

Pero dentro del corazón de la igualdad, como eje y motor, sigue avanzando  un feminismo robustecido. Feminismo inclusivo con la complicidad de los hombres. Y ello es así porque la  palabra igualdad  ya no conoce límites. Avanza y deconstruye privilegios basados en la sociedad patriarcal. No hay modelo de sociedad igualitaria, de  estado social y democrático de Derecho que no sea creado, entendido y dirigido en igualdad por hombres y mujeres. Es en las personas donde ha de convivir e ponerse en práctica. Crecer y ampliarse como valor fundamental.

Por ello siguiendo la estela de Rosa Montero hemos de dirigirnos a todos y cada uno de los hombres para que reflexionen sobre el camino transitado por el feminismo, y se incorporen a él. Que se comprometan en la lucha por la igualdad y que entiendan  que hay que romper en mil pedazos  su  complicidad con la desigualdad.

Sigue siendo esta la revolución pendiente: la de los hombres que renuncien a perpetuar el actual modelo de inequidad.  Que esa renuncia abarque la negación de una vez y para siempre a ser utilizados como instrumentos de control del patriarcado.  Hombres que miren cara a cara al Machismo y a lo que  Marcela Lagarde  nombró como “la escisión del género” o extrañamiento entre las propias mujeres que provoca la escisión del propio género femenino dando pie a la naturalización del  patriarcado como la única forma de convivencia. Y que tras  esa nueva mirada feminista ya no se reconozcan en ello.

Y sobre este entramado sociológico, la Justicia tiene un papel fundamental, y lo está asumiendo. En 2018 ,una tras otra, han ido iluminando el camino judicial varias Sentencias del Tribunal Supremo, abriendo un camino de luz y esperanza hacia la igualdad. Son sentencias que reconocen la desigualdad estructural a la que la mujer se ve sometida por el hecho de ser mujer. Todas estas resoluciones vienen avaladas y precedidas por las más de 200 sentencias que avalan la constitucionalidad de la Ley Integral contra la Violencia de Género (L.O 1/2004)

En una muy reciente Sentencia del Tribunal Supremo del 20/12/2018 se resuelve en Pleno un recurso de la Fiscalía contra la absolución de una pareja, hombre y mujer,  donde se argumentaba que no había situación de desigualdad por existir entre ellos una agresión mutua. Se  reconoce en ella que no por ello se ha de dejar de contextualizar como acto de violencia la que se ejerce sobre la mujer con ocasión de una relación afectiva de pareja. Pues constituye acto de violencia de género cualquier acto de poder y superioridad de los hombres frente a las mujeres con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad. Son actos de desigualdad estructural que no necesitan motivarse como actos de violencia de género.

Previamente a esta sentencia, los menores se  fueron reforzando como víctimas directas de la violencia de género, aun sin ser testigos presenciales de las agresiones a sus madres. Tan solo con su percepción. O la necesidad de imponer medidas de alejamiento de forma imperativa aun sin acto de violencia física, en la necesidad de seguir el camino de atender y prevenir las otras violencias que atacan la integridad moral de las mujeres víctimas de violencia de género. Caminos ya amparados previamente en el Tribunal Constitucional, justificados ante la  mayor carga penal en los delitos cometidos a las mujeres en el ámbito de la pareja.

Se dirimió la plena constitucionalidad y vigencia  de la redacción del art. 153 ,1 del Código Penal  para las agresiones en el ámbito de la pareja o expareja y se declaró constitucional la distinta carga penológica si es agresor hombre (153,1)  que si es mujer  (153,2) y se justificó  así:

No es el sexo en sí de los sujetos activo y pasivo lo que el legislador toma en consideración con efectos agravatorios, sino -una vez más importa resaltarlo- el carácter especialmente lesivo de ciertos hechos a partir del ámbito relacional en el que se producen y del significado objetivo que adquieren como manifestación de una grave y arraigada desigualdad. La sanción no se impone por razón del sexo del sujeto activo ni de la víctima ni por razones vinculadas a su propia biología. Se trata de la sanción mayor de hechos más graves, que el legislador considera razonablemente que lo son por constituir una manifestación específicamente lesiva de violencia y de desigualdad.”

(Sentencia del Tribunal Constitucional  59/2008 de 14 Mayo de 2008, entre otras)

El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional  están convalidando y aplicando  con esta jurisprudencia la necesidad de llegar a la igualdad a través de la discriminación positiva. Y  se  hace por el camino marcado por  la propia Constitución Española a través de la búsqueda de un principio de igualdad real. En sus resoluciones se materializa la exigencia de aplicar el principio constitucional del Art 9,2 donde se avala la discriminación positiva como medio de superar los obstáculos a la igualdad de diversos grupos:

Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

Por tanto, quien cuestiona la igualdad tomando como base los resultados de pena distintos si la persona responsable es hombre o mujer lo hace solo desde la superficie de un problema de enorme magnitud. Desde el desconocimiento o, lo que es peor, el rechazo  de una realidad: la desigualdad estructural que determina la violencia de género. O dicho de otro modo, ignora la base constitucional que destaca la necesidad de neutralizar la  desigualdad y evitarla. Y la doctrina consolidada por el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que atienden desde el ámbito judicial la mayor frecuencia y gravedad de las agresiones de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja.

No confundamos. Estas medidas no rompen con el principio de presunción de inocencia, un precepto constitucional que preside todas nuestras actuaciones judiciales. Todos los procesos y todos los derechos. Pero ha de convivir en cada proceso de violencia a la mujer con la constatación empírica de la frecuencia y lesividad de la violencia de género, que precisamente por estos motivos se escindió de la violencia familiar.

Y es así por ser un modelo objetivo y reproducido de un arraigado sistema patriarcal que determina un repertorio  de conductas que atentan a las mujeres por el hecho de serlo y en el ámbito de la pareja. Es lo que el feminismo siempre denunció, y seguirá haciéndolo. Lo que hoy como realidad social y evidente se consolida también  en la Doctrina del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

Por eso Rosa Montero nos emocionaba cuando finalizaba su artículo con esta argumentación dirigida a  los Hombres:

“No debería darles las gracias, porque agradecer a un hombre que pelee por un mundo más justo (el antisexismo nos atañe a todos) es como agradecer a tu pareja que ponga la lavadora, pero se las doy, porque aún me emocionan demasiado. A esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres. Amigo, hermano, amante, muestra tu corazón blanco y lucha conmigo

Creo que el mejor homenaje a las mujeres víctimas de violencia de género, que afrontan la heroicidad de denunciar, de atravesar un proceso judicial acompañadas de sus miedos, sus peligros y sus inseguridades, es escucharlas y caminar junto a ellas. Que se sientan amparadas por todos los hombres y las mujeres que luchan por una igualdad real y ya incuestionable.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

Ciberfeminismo contra la violencia

Por Eva Moure

Sólo hace un par de meses que supimos que la RAE (Real Academia) había decidido incorporar ‘sororidad’ como nueva palabra al diccionario. ¡Nueva! ¡Una palabra usada desde hace décadas! Mientras las instituciones y espacios oficiales van a remolque, la calle camina imparable.

Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales realizadas por la ilustradora Antonia Santolaya durante la reunión de ciberactivismo organizada por Oxfam Intermón en Madrid. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Hace pocas semanas tuve la suerte de compartir jornadas con un grupo de activistas feministas de Africa, América Latina y España que se juntaron en Madrid, invitadas por Oxfam Intermón, para plantear estrategias de innovación digital contra los diferentes tipos de violencia machista. También para compartir experiencias y propuestas, para tejer red. Sororidad internacional en estado puro. Está claro que lo que compartimos es infinitamente mayor que lo que nos separa. En Argentina, Sudáfrica, Gambia, Colombia, España, Brasil o Marruecos.

De entrada, muchos hechos y datos demuestran que las violencias machistas ocurren en todo el mundo de forma sistemática, aunque hay quien todavía las niega o afirma que se trata de casos aislados. ‘Los datos son claves para conseguir políticas públicas, por eso es importante que se reconozcan los datos reales, no solo los oficiales’, comenta Nerea de Feminicidio.net.

Las movilizaciones sin precedentes también son un punto en común. El #NiUnaMenos en Argentina, el histórico 8 de Marzo pasado en España, el Total Shutdown (Paro total) del verano pasado en Sudáfrica, con miles de mujeres de todo el país movilizadas contra la violencia machista en uno de los países con mayor número de feminicidios del mundo y, al mismo tiempo, con las leyes más avanzadas en materia de defensa de los derechos de las mujeres. Leyes que no se cumplen. 

(c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales de Antonia Santolaya durante la reunión de ciberfeminismos celebrada en Madrid y organizada por Oxfam Intermón. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

El colectivo feminista habla de violencias, en plural, porque son varias. Y en los últimos años, la violencia digital es una de las últimas incorporadas. El auge del ciberactivismo ha multiplicado las posibilidades tanto de defender derechos como de recibir ataques, sufrir acoso o violencia machista en la red. Varias activistas africanas lo cuentan en este artículo. En América Latina, experiencias como la de Las Igualadas buscan abordar temas de género de forma divulgativa, y lo hacen de forma desenfadada y directa.

Su propuesta les ha valido millones de aplausos. También muchos ataques que, como a tantas activistas, las obliga a buscar estrategias de autodefensa.  ‘El objetivo de las violencias machistas es expulsar a las mujeres del espacio público’, escucho. Asustando, acorralando, avergonzando, provocando autocensura, entre otras cosas. La cuestión de fondo: las violencias machistas provienen de la desigualdad de género y de unas creencias afianzadas que es necesario desmontar si queremos una sociedad más justa y equitativa.

Hay trabajo por hacer. Y para ello es imprescindible unir fuerzas y compartir recursos. Es lo que hicieron las activistas que se juntaron en Madrid y a las que la ilustradora Antonia Santolalla siguió durante dos días para contar, con gran talento, en ilustraciones como las que acompañan este texto, cómo tejer redes saltando fronteras de todo tipo. En una palabra, sororizando.

Eva Moure es periodista y trabaja en Oxfam Intermón