Archivo de la categoría ‘Salud física y mental’

Una mujer de cuidado

Por Belén de la Banda

Hace dos viernes, Rafaela Pimentel, activista feminista que defiende a las trabajadoras del sector de los cuidados, nos dirigía unas palabras tras ganar merecidamente el Concurso Avanzadoras. Nos habló de cómo, probablemente, estábamos allí esa mañana gracias a que había personas como ella cuidando de nuestras casas y de nuestras criaturas. Nos preguntó hasta qué punto nuestro éxito profesional y nuestro bienestar tenían que ver con mujeres que se hacen responsables de nuestros mayores, nuestras comidas y nuestra limpieza.
Tenía toda la razón. Porque los cuidados son un sector valioso, que aporta a la sociedad ventajas mucho menos apreciados que otros servicios mejor pagados y mucho mejor considerados.

Rafaela Pimentel, ganadora del Concurso Avanzadoras 2018. Imagen de Jorge París/20minutos.

Y tendríamos que pensar cómo esas mujeres, que están absolutamente presentes en nuestras casas y nuestras vidas, carecen de los derechos laborales más básicos que tiene cualquier trabajadora, o trabajador. En 2018 y en España.
La falta de valoración de ese trabajo fundamental tiene consecuencias funestas. Decimos que son de la familia, pero aceptamos que no tengan los mismos derechos que cualquier otra persona de nuestro entorno, que no puedan acceder a cuidados médicos, a paro, o a una jubilación digna.

Si su trabajo sostiene nuestro mundo, queremos ver ese trabajo, y su reconocimiento, en el Régimen General de la Seguridad social ya. Como comprometieron los políticos, y como ahora tratan de evitar mediante vergonzosas enmiendas a los Presupuestos Generales del Estado.

Así que aquí estoy, orgullosa de avanzadoras como Rafaela, y de la portada que 20minutos le dedicó hace unos días. Y muy avergonzada por nuestra inercia social, y por la irresponsabilidad de nuestros políticos. Ya es hora de cambiar esta injusticia.

Puedes apoyar la labor de Rafaela y sus compañeras firmando la petición en change.org

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Oxfam Intermón. Comprometida con el Proyecto Avanzadoras.

Los mitos de la violencia sexual

Por Bárbara Tardón

“El mito es un habla despolitizada”. La afirmación que en 1953 realiza el filósofo y semiólogo Roland Barthes es extrapolable a la realidad presente de las mujeres, víctimas y supervivientes de violencia sexual en el Estado español, por el escenario de desprotección y garantía de sus derechos.

Los mitos sobre la violencia sexual empañan cualquier intento de alcanzar la justicia y la reparación frente a los derechos humanos vulnerados. Sostienen la discriminación y la aúpan hasta la estratosfera. Parecen inmortales e intocables. He de confesar que incluso yo misma me he sentido atrapada a veces por esos mitos. El estereotipo de género es como si te enganchara, como si no fuera nada. Pero lo es todo.

Manifestación contra la violencia sexual y judicial hacia las mujeres. Imagen: Francisco Ruano / Amnistía Internacional.

Sin rodeos, puedo concluir -después de más de un año investigando para la Sección Española de Amnistía Internacional sobre la violencia sexual en el Estado español-, que el mito, el estereotipo o el prejuicio de género se encuentra estampado de forma generalizada en cada una de las instituciones cuyo deber es acompañar y restituir los derechos humanos de las víctimas de violencia sexual. El estereotipo de género se cuela y se arrastra por las comisarías, por los juzgados, por los hospitales y medios de comunicación, por las calles de nuestras ciudades. Donde menos te los esperas, ahí están.

¿No será que es una discusión entre novios?-, le comentó una trabajadora social de un hospital a una mujer entrevistada para nuestra investigación, después de ser violada por su ex novio.

Vaya niña más ligerita!- afirmó una abogada de un condenado por acoso sexual en relación a una niña de 15 años que terminó suicidándose tras el acoso.

 

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Las pérdidas que no nos permiten llorar

Por Mayte Mederos

Hace 14 años que perdí a mi hijo Claudio. En septiembre de 2004 yo era una madre feliz, con una preciosa hija de un año y viviendo un embarazo muy deseado, que estaba ya en su ecuador. Pero en la ecografía de control, tras unos ilusionados segundos esperando para oír, como otras veces, el latido, su ausencia habló por sí misma. La ilusión se volvió angustia, la angustia una negra certeza, y ya no hizo falta que nos dijeran que su corazón se había parado.

Recuerdo elaborado por la autora sobre un dibujo de Álvaro Manzanero. Imagen de Mayte Mederos.

Me ingresaron en el hospital, y me medicaron para inducir el parto. Pero fue más lento de lo previsto, y pasé dos días enteros en el paritorio. Yo sabía bien de la ilusión de esas horas de espera, de la mano de tu pareja, y con la familia dos puertas más allá pasando nervios hasta que llega el ansiado llanto del bebé. Sin embargo esta vez me acompañaba solo el silencio. Las horas resbalaban unas sobre otras, densas y sordas, sin más sonido que el de mi mente queriendo racionalizar la situación para no salir corriendo.

Parirlo no fue más fácil que dar a luz a un niño vivo. Y por contra, qué duro asimilar que todo ese esfuerzo que te rompe las entrañas es para traer al mundo a un hijo muerto. Un fantasma sin nombre al que el médico, en un exceso de paternalismo trasnochado, no me dejó siquiera ver, ni besar.

Mi segundo hijo no tuvo nada para él. Ningún familiar en la sala de espera, tomando café en las largas horas de paritorio. Ni una canastilla, ni celebración. Ni siquiera un nombre. Como llegó se fue, y sólo quedó un espeso silencio de años. Porque una vez que me levanté de la camilla, nadie más volvió a nombrarlo. Ni en casa, ni en la calle, ni en el trabajo. Pasó a ser un mal sueño, y yo cumplí con mi papel de no molestar a nadie con mi propio dolor. La pena negra quedó aprisionada en lo más hondo, como si no existiera.

Ha pasado el tiempo, y hoy tengo una feliz familia numerosa y bastante poco tiempo para pensar. Pero la vida guarda ases en la manga, y hace unas semanas acompañé a mi mujer a un festival de cine que organizan cada año sus compañeras matronas. A lo largo de varias tardes disfrutamos de películas divertidas y emocionantes sobre la maternidad. Y el último día, también de un intenso documental: Still Loved. No sólo cuenta la historia de siete familias que se recuperan de la pérdida de sus bebés, sino que planta cara al tabú social de la muerte fetal y ofrece emocionantes visiones de cómo cada una se enfrenta a la pérdida y la trata de superar.

Yo no estaba segura de querer ir a esa sesión final, pero a última hora me armé de valor y lo hice. Tenía mucho miedo de meterme en terreno desconocido, después de años de contención. Y fue duro, pero también sorprendente. Porque me abrió la puerta a la consciencia. Y por fin me di permiso para recordar que no sólo había perdido un bebé, en el que ya había proyectado tanto amor. Sino que además, al no haber sido a término, no había podido enterrarlo ni llorarlo con los míos. Ni siquiera tenerlo en mis brazos, algo tan terapéutico y necesario para poder hacer el duelo.

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Orgullo y prejuicios

Por Mayte Mederos

Me gustan las mujeres desde que tengo uso de razón. Aunque la España de los 70 no era el mejor sitio para decirlo en alto.

Así que aprendí pronto a esconder las emociones del primer amor, a vivir en la clandestinidad y a evitar el decálogo social de preguntas curiosas. El armario ya estaba en construcción.

Luego hubo tiempo de perfeccionarlo, jugando al escondite con los demás y conmigo misma. Hasta que encontré a mis iguales: no solo a las que sentían como yo -esas siempre estuvieron-, sino a las pocas que se atrevían a ponerle voz. Y con las primeras manifestaciones y panfletos fueron cayendo tornillos de la estructura y alguna bisagra.

Con el tiempo formé una familia, y desde que se aprobó el matrimonio igualitario regalamos a nuestra prole el derecho a tener dos madres en lugar de una. Fue una boda íntima, de puertas adentro. Ya bastante era que diéramos el paso, tampoco era cuestión de publicarlo.

Bandera arcoiris. Imagen de Sharon McCutcheon /Unsplash.

Sin embargo, en el anonimato de la calle me era más fácil hacer activismo, militar en asociaciones LGBTI, patear la ciudad pancarta en mano y coger el megáfono cada día del orgullo. Tanto, que hasta creí que era la perfecta lesbiana visible. Pero mientras el armario se mantenía más o menos en pie, con alguna madera en buen estado.

Y la vida siguió su curso. Un segundo matrimonio sucedió al primero. Nos casamos el año pasado: dos mujeres a punto de cumplir los 50 y con ganas de fiesta. Y ahí te das cuenta de que lo que te pide el corazón, a la cabeza le cuesta. Qué necesidad de buscar problemas familiares pidiendo que se ilusionaran como nosotras: para crear un cisma, mejor no nos hubiéramos metido en eso.

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Observar de cerca

Por Pepa Torres

Leyla es una joven nicaragüense que trabaja como empleada de hogar en una casa. Aunque sus empleadores le dicen que es “como de la familia”, cada vez que tiene que acudir al médico  ha de suplir esas horas que falta  trabajando en sábado o domingo.

Belinda trabajó como interna 8 años cuidando a un señor mayor enfermo con Alzheimer. A los tres días de su muerte, la familia la obligó a marcharse y le dieron como finiquito 150 euros.

Historias como estas escuchamos cada día en la asociación Senda de Cuidados y el colectivo Territorio Doméstico, entidades ambas dirigidas al empoderamiento y la defensa de los derechos de las trabajadoras de hogar. El empleo doméstico y de cuidados es el trabajo que sostiene la vida. Por eso, como coreamos en las movilizaciones donde exigimos nuestros derechos como trabajadoras: “Sin nosotras no se mueve el mundo”. Pese a ello constituye una de las formas de empleo más invisibilizadas, precarias y desprotegidas ya que en numerosas ocasiones las trabajadoras  mantienen condiciones de semiesclavitud, sobre todo las internas.

El trabajo doméstico se desarrolla en condiciones de absoluta precariedad. Imagen de Volha Flaxeco/Unsplash

Un dato muy representativo: si en nuestro país existen más de 700.000 trabajadoras de hogar, la mayoría mujeres migrantes, sólo una tercera parte está cotizando a la Seguridad Social. El resto se mantiene en situación de economía  sumergida y es llevado acabo por mujeres sin papeles, con lo que la vulneración de sus derechos se acentúa aún más.  Las condiciones laborales y salariales discriminatorias, la amplia desprotección del sector, el alto porcentaje de informalidad derivado en gran medida de las trabas para la regularización de los permisos de trabajo, entre otras, son consecuencia de una legislación que mantiene una desigualdad estructural y de un Estado ausente en la protección y garantía de derechos.

Ante esta situación nace el observatorio Jeanette Beltrán, sobre Derechos en empleo de hogar y de cuidados, con el fin de:  

  • Construir procesos de empoderamiento con las trabajadoras de hogar apoyando el conocimiento y defensa de sus derechos.
  • Sensibilizar a la sociedad en general acerca del reconocimiento de derechos laborales en este ámbito.
  • Incidir en las instituciones públicas para lograr la equiparación plena y efectiva de los derechos laborales de las trabajadoras de hogar.

Este observatorio recibe el nombre de Jeanette Beltrán en homenaje a una compañera nicaragüense, trabajadora de hogar, que murió en 2014 en Toledo al negársele atención médica por no tener papeles, como consecuencia del Decreto de exclusión sanitaria. En su nombre y como símbolo de una vulneración de derechos que no queremos que nunca más se repita, el Observatorio quiere ser una herramienta en manos de las propias trabajadoras para poder visibilizar y denunciar las numerosas situaciones que viven las empleadas de hogar en nuestro país.

Forma parte por tanto, de los procesos colectivos de organización de las propias trabajadoras por la defensa de sus derechos y reivindicaciones. Forma parte del fortalecimiento de grupos de apoyo mutuo, la asesoría y el tejido de redes formales e informales para hacer de su vulnerabilidad potencia.

Entendemos que no hay cuidados dignos sin trabajo digno. La “crisis de los cuidados” y la falta de recursos y servicios públicos no puede cubrirse sobre la explotación y precariedad de las trabajadoras de hogar. Por eso El Observatorio pretende también ser un altavoz para sensibilizar a la ciudadanía y para exigir a las instituciones públicas la equiparación plena y efectiva de los derechos laborales de las trabajadoras de hogar y cuidados así como la necesidad de su intervención en el amparo de estos derechos.

El lanzamiento del Observatorio tendrá lugar el día 19 de mayo en el Centro Social la Ingobernable (c/ Gobernador 39 de Madrid) en una Jornada abierta convocada bajo el lema “Precarias en rebeldía”. En el acto participarán las kellys, Territorio Doméstico, y las Trabajadoras de residencias de mayores de Bizkaia. Estos colectivos compartirán su experiencia de organización, luchas y reivindicaciones. También   estarán presentes el Eje de precariedad y Economía feminista y la plataforma Yo sí sanidad universal. El acto terminará con una comida popular.

Pepa Torres Pérez es miembro de la Red Interlavapiés. 

Cuidados y cuidadas

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

‘Quiero encontrarme mejor […] Quiero poder limpiar y cuidar de mis hijos, y ser lo más feliz posible’. Esta frase, de una mujer que padece varias enfermedades, entre ellas, una depresión, resume la carga de cuidados a la que se enfrentan las mujeres, que, sumado a que son quienes han sufrido de manera diferenciada las consecuencias de las medidas de austeridad tomadas por el gobierno durante la crisis, las sitúan en una posición de especial vulnerabilidad. En #LaRecetaEquivocada, decenas de mujeres cuentan cómo se enfrentan a las consecuencias de los recortes sanitarios: listas de espera que se duplican, personal sanitario con ansiedad y explotado, aumento del copago farmacéutico que hace que las personas enfermas racionen sus medicamentos, entre otros aspectos.

Imagen de unsplash.com

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La manada: mucho más que un debate jurídico

Por Susana Martínez Novo

Como jurista pienso que no se puede hablar de justicia en términos absolutos. Detrás de las leyes, mejores o peores, hay en la mayoría de los casos una labor de depuración e interpretación y esa labor corresponde a los jueces y magistrados, que diariamente nos ilustran con sus sentencias.

Pero en este caso la sentencia de la manada ha supuesto un mazazo moral para gran parte de la sociedad. Una vez más, vemos con estupor como en los procesos de género se investiga e interroga sobre la reacción de la víctima y su comportamiento frente a las agresiones y sin embargo se minimiza el valor de su testimonio, obviando que el miedo es libre, así como múltiples las reacciones que cada individuo pueda experimentar ante una situación límite.

Movilización del 8 de marzo en Madrid. Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Igualmente se olvida que, en los delitos de género, el entorno, los estereotipos y el dominio de un grupo sobre otro generan una violencia ambiental que sumada a una posición de inferioridad física y numérica y a unas circunstancias de aislamiento, me resulta muy difícil pensar que no constituyan una intimidación.

En efecto, podemos hablar de la sentencia y de la interpretación, a mi juicio absolutamente benevolente y desmarcada de la realidad social, que se ha dado a los hechos probados en la misma.

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Las conquistas de las mujeres

Por Lola Liceras

Si hay una fecha internacional que aúna con fuerza una misma reivindicación es el 8 de marzo. Mañana, mujeres de todo el mundo exigirán tener vidas sin discriminación, sin violencia, vidas libres para tomar decisiones, vidas con futuro para las niñas. Este 8 de marzo, las mujeres reclamarán el derecho a tener derechos.

Marcha Ni una menos, en contra de la violencia de género en Perú. Manifestastes saliendo de la plaza Plaza San Martín hacia la avenida Nicolás de Piérola, Lima, Perú. Autor:

Este año lo hacemos con el empuje de las masivas movilizaciones que se han sucedido en 2017, y con el aliento de tantas mujeres valientes que han plantado cara a quienes vulneran su dignidad, ya sean hombres poderosos o los propios gobiernos. Son luchas a las que las mujeres han puesto nombre y las han hecho globales con frases ingeniosas que resumen en muy pocas palabras historias de ataques a su dignidad y a su vida. Movimientos con nombre convertidos ya en símbolo para millones de mujeres.
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Hagamos que el miedo cambie de bando

Por Sílvia Aldavert

1 de cada 3  jóvenes reconoce haber vivido violencias machistas el último año

Cuando Andrea nos pidió de forma contundente que no avisáramos a sus padres entendí que el fracaso de la sociedad adulta va mucho más allá de la lejanía generacional. Con sus 15 años había llegado hasta nosotras buscando un espacio de seguridad y calidez donde volcar la mierda que se había tragado dos días antes, quizás un par de años antes, seguramente, desde que nació. Era un lunes, el sábado anterior la violaron.

Imagen de Guilherme Stecanella.

Ocurrió en su calle, con unos chicos del barrio con los que había crecido, alguno que le había prometido rosas y corazones para San Valentín. La escuchamos, la atendimos e informamos tal y como nuestro trabajo y vocación nos permite, conteniendo el estallido de rabia que generaba en nuestro estómago. Pero somos profesionales. “Tómate el Ulipristal, más conocido como ‘la pastilla del día después’. Vamos a acompañarte para seguir el protocolo de prevención de todos los riesgos que podamos evitar.

Yo no les había hecho nada, les dije que NO muchas veces…  ¿Cuál ha sido mi error? 

Parecía preguntarnos entre murmullos.

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¡ Por el buen trato ! Concurso de propuestas innovadoras

Por Nieves Lara

Avanza sin parar… Chantajes, desprecios, acoso, violencia sexual, manipulación, agresiones físicas… Y solo nos llega una parte, solo inunda nuestros telediarios una parte. Una parte mínima de un todo que compone la lacra de la Violencia de Género.

A finales del año pasado, sabíamos que más de 1 de cada 4 jóvenes (entre 15 y 29 años) ve como “normal” la violencia machista dentro del seno de una pareja (Barómetro 2017 de ProyectoScopio, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y FAD) y descubríamos la escalofriante cifra de 1000 mujeres asesinadas en los últimos 15 años.

La Violencia de Género se asienta en un sistema que nos divide y nos obliga a encajar en unos moldes según nuestro sexo. Con él, la libertad y el derecho de poder ser quien queramos ser desaparecen… Nos toca a todas y todos, y por eso, debemos detenerlo.

La violencia no sólo afecta a las mujeres, sino a toda la sociedad. Imagen de TrasTando.

Cada vez son más las herramientas con las que contamos para sensibilizar y trabajar esta violencia con los/as adolescentes pero necesitamos seguir avanzando, poniendo cada vez más baches en ese horrible camino que dibuja la violencia machista. “Pero eso cuesta mucho, profe”, me decía un chico en un taller de los que imparto. ¡Y así es! Cuesta, duele y el esfuerzo será enorme pero cada uno/a de nosotros/as podemos aportar nuestro granito y transmitir la esencia del amor: ¡el amor NO duele, el amor NO resta, el amor SUMA!

Por todo esto y más, ponemos en marcha el I Concurso de Propuestas Innovadoras por el Buen Trato en la Fundación Luz Casanova. Porque sabemos que somos muchas personas las que podemos alzar la voz y gritar contra esta violencia.

¿En qué consiste el concurso? Vídeos, imágenes, canciones, merchandising… todo lo que se te ocurra para sensibilizar a nuestra población adolescente sobre las relaciones de pareja que establecen, poniendo el foco en las alternativas positivas frente a una relación tóxica.

Podrás mandar tus obras hasta las 00:00h del día 10 de febrero y a finales de febrero anunciaremos la propuesta ganadora. La entrega de premios se hará en nuestras Jornadas de Buenas Prácticas y Propuestas Innovadoras contra la Violencia de Género en Adolescentes del 28 de febrero.

Si eres estudiante de Formación Profesional o Universitario/a de la Comunidad de Madrid, ¡no dudes en participar!    Consulta las bases del concurso

Nieves Lara es Psicóloga, Sexóloga y Experta en violencia de género y menores, de la Fundación Luz Casanova