Archivo de la categoría ‘Derechos’

Demasiado pronto

Por Carmen Suárez

Una conversación con Elysia Buchanan, asesora de políticas de Oxfam en Sudán del Sur, nos ha llevado a una enorme preocupación por las crecientes cifras de matrimonios de niñas en el país. Su descripción es un mapa de la pobreza y la desesperación en la que están cayendo las familias:

“El incremento de la pobreza y el hambre, surgidos tras cinco años de una terrible guerra civil, están llevando a las familias a una gran desesperación, y por esos muchos padres casan a sus hijas muy jóvenes, para obtener una dote que les permita sobrevivir. Al negarles su derecho a elegir cómo quieren vivir sus vidas, las niñas corren un mayor riesgo a quedarse sin educación, de morir en el parto o de padecer violencia sexual y física en su matrimonio”.

El matrimonio infantil no era algo insólito en la historia de Sudán del Sur, pero con la guerra civil ha ido a más.

Tras un estudio realizado en Nyal, al norte del país, se comprobó que el 70% de las niñas se casan antes de los 18 años, un porcentaje significativamente más alto que el registrado antes del conflicto, cifrado en el 45%. Se puso de manifiesto, también, otro demoledor dato, que una de cada diez niñas se casa antes de cumplir los 15 años. Sudán del Sur existe desde 2011, después de un referéndum en que el 98,3% de la población votó a favor de la independencia. Es el último país que se ha formado y ha sido reconocido en el mundo.

“Quiero llegar a gobernar. Siento que saltar a la comba me hace fuerte. Por eso que me encanta jugar con ella y quiero que me tomen una foto saltando”. Mary (nombre falso), 16 años. La razón más común para que las niñas abandonen la escuela en Sudán del Sur es el matrimonio.
(C) Noura Nyal Kids/Oxfam

El conflicto interno estalló al poco, provocando al menos 300.000 personas muertas, casi dos millones de desplazadas y 2,4 millones de personas forzadas a buscar refugio en otros países de la región. Aunque el pasado mes de septiembre se firmó un acuerdo de paz y sus habitantes ansían la paz después de 5 años de conflicto. Falta asentarlo y superar la profunda crisis económica y social que ha impactado a la población hasta tal punto que en 2017 se declaró la hambruna durante unos meses en dos zonas del país.

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Víctimas, nada más

Por Belén de la Banda y Álvaro Blanco

“Nuestra intención era erradicar el concepto de ‘víctima mala’ y ‘víctima buena’, tienes derecho a vivir sin importar cómo te guste vivir la vida”

Quien habla es Analía Fernández Fuks, una periodista argentina a quien tuvimos la suerte de recibir hace pocas semanas atrás en nuestra oficina. Analía nos hablaba de la forma de como algunos medios argentinos y latinoamericanos han cubierto tradicionalmente los casos de asesinatos machistas: más centrados en buscar algo reprochable en la vida de la víctima que en definir y condenar la acción del perpetrador. Muchas noticias dejan el feminicidio en un plano secundario, para buscar justificaciones absurdas en la vida de las víctimas. Fueran como fueran las víctimas, nadie tenía derecho a quitarles la vida. Pero eso no siempre queda claro.

Se coloca delante del Photocall Feminista de Oxfam junto con las fotos de mujeres que lideran el movimiento feminista.

Analía Fernández Fuks en una reciente visita a Madrid. Imagen de Ana Sagaseta / Oxfam Intermón

 

¿Cómo narrar la violencia hacia las mujeres sin que se vuelva un arma de culpabilización o revictimización contra ellas? ¿Cómo visibilizar la realidad sin reforzar los peores estereotipos? No debería ser un problema si se hiciera buen periodismo. Esa es la intención con la que Analía y sus compañeras decidieron fundar en Argentina un nuevo medio de comunicación con criterio: LatFem.

“Latfem nació de la necesidad de la narrativa del mundo desde nuestra perspectiva y militancia feminista, de la necesidad de que se vea el mundo con nuestros ojos. Había algunos suplementos en algunos diarios, pero no había medios de comunicación con una perspectiva feminista integral”

En todos sus espacios, el medio comunica con una perspectiva feminista e interseccional, y busca repercusión de las ideas y propuestas en toda Latinoamérica y en el Caribe. Su trabajo es darle nombre y visibilidad a la víctima de cada crimen machista, y luchar contra la desigualdad de género. Lee el resto de la entrada »

Vive: música frente a la violencia de género

Por Montse Casasempere

Todo surgió con la idea de un taller semanal de composición de canciones en el que quisimos involucrar a personas en situación de fragilidad, mujeres víctimas de violencia de género, en el proceso creativo de hacer canciones como vía y herramienta de empoderamiento.

Un grupo de participantes en el taller, durante la grabación del disco “Vive”, junto con el cantautor Rafa Sánchez. Imagen: Generando Igualdad.

En ese momento necesitábamos crear un espacio de encuentro, de desarrollo personal y comunitario dirigido a mujeres víctimas de violencia de género que les posibilitara un desarrollo afectivo, personal y social. El taller funcionó a modo de terapia grupal en busca de la reafirmación de las mujeres que en él participaron.

Cada martes, tuve el honor de vivir con ellas cómo contaban y compartían sus experiencias de vida, trasladando un mensaje positivo que pone el acento en la recuperación y en el refuerzo de un mensaje: es posible salir del maltrato. Las letras de las canciones se elaboraron a partir de sus experiencias de vida y las melodías fueron compuestas por Rafa Sánchez, director musical del taller.

Los temas ya están grabados en estudio, interpretados por artistas de la talla de: Rozalén, El Kanka, Clara Montes, Luis Eduardo Aute, Olga Román, Ricardo Marín, Sandra Carrasco, Lamari de Chambao, Amparo Sánchez-Amparanoia y Rafa Sánchez.

Y así vamos avanzando para hacer realidad VIVE, un disco con canciones compuestas por mujeres que luchan cada día por sobrevivir a la violencia de género. Me siento inmensamente afortunada de formar parte de este equipo que somos e Generando Igualdad, una asociación sin ánimo de lucro que trabaja por la defensa y apoyo de los derechos y reivindicaciones de las mujeres, la igualdad de oportunidades y la no discriminación aunando esfuerzos, de un modo especial, en la lucha contra la violencia de género y la atención directa a víctimas de malos tratos. Comenzamos nuestra andadura en el año 2000.

Desde entonces, un equipo de profesionales voluntarias trabajamos día a día por cumplir el que para nosotras es nuestro objetivo prioritario: apoyar e intervenir tanto jurídica como psicológicamente con mujeres de cualquier edad y condición que tienen en común ser protagonistas de una historia de maltrato.

Con las aportaciones obtenidas a través del crowdfunding podremos dar forma a un disco que pretende visibilizar la realidad de la violencia concienciando a la sociedad en la implicación y búsqueda de soluciones. Queremos que otras mujeres que están pasando por una situación similar comprendan que no están solas. Que hay salida. Que si otras lo han conseguido, ellas también pueden vencer el miedo. Pueden y deben pedir ayuda.

Toda la vida compartida y los sueños de tantas tardes de martes, las esperanzas, los miedos, las luchas y la alegría de haber sido más fuertes que las heridas son la materia prima de un disco que rezuma vida y dignidad.

Puedes descubrir todo lo que significa este proyecto aquí. Y por favor, si crees que merece la pena que se escuchen estas voces, apóyanos en el crowdfunding para hacer realidad el disco.

Montse Casasempere. Firme defensora del valor de la comunicación constructiva -porque nuestro peor problema es que no escuchamos para entender, escuchamos para contestar-, me especialicé en community management aplicado al movimiento asociativo creando conciencia social. Con formación específica en violencia de género e igualdad aplicada al ámbito empresarial, soy vicepresidenta y responsable de comunicación en Generando Igualdad.

Paquita y la familia hinchable

Por Mercedes Villegas

Paquita tiene 85 años. Vive en su casa de toda la vida, en su barrio, aunque ya no parezca su barrio. Cuida cada día de Agustín, su marido, y le mima. Es una cuidadora nata, lleva toda la vida cuidando: de sus hermanos pequeños, antes de emigrar del pueblo; de sus padres, porque “cómo lo iban a hacer sus hermanos varones”; de sus suegros, como “buena esposa”; de sus hijos, “obviamente”; de sus nietos, como “buena abuela en tiempos de crisis…”, hasta de Rufo, claro, su perro.

La familia hinchable de Paquita, reunida por Navidad. Imagen de Grandes Amigos.

Pero Paquita es fuerte. Cada domingo saca la mejor de sus sonrisas para compartir su famoso cocido con su hijo Josemari, su nuera Sharon y sus nietos Alba y Luquitas. Y, antes de quedarse de nuevo sola, le da a escondidas la paga a la nieta “para que se lo gaste en sus cosillas”, gracias a un nuevo ‘recorte’ a sus escasos ahorros.

Todo parece normal, salvo un pequeño detalle: quienes comparten vida con Paquita son muñecos hinchables de plástico. Son los protagonistas de #FamiliasHinchables, una impactante campaña para concienciar sobre la soledad de las personas mayores.

La historia, surrealista y absurda, evidencia que la solución al creciente fenómeno de la soledad pasa por regenerar los lazos afectivos ‘de carne y hueso’ a través de las relaciones vecinales y el voluntariado intergeneracional. Así lo venimos demostrando en Grandes Amigos desde hace más de 15 años con nuestros programas de acompañamiento y socialización en la Comunidad de Madrid, Galicia y Euskadi.
La elección de Paquita para ilustrar #FamiliasHinchables, campaña que ha protagonizado los informativos de todas las cadenas nacionales de televisión y ha sido ‘trending topic’, no es casual.

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La igualdad posible

Por Pilar Orenes

Comenzamos la semana post 8M. Y todavía dura la emoción vivida.

Han sido miles de eventos en todo el mundo. Semanas previas, meses, de talleres, lecturas, discusiones formales e informales… Meses de construir camino juntas, desde lo que revindicamos pero también desde lo que nos interpela, que es lo que nos hace crecer. Hemos puesto muchas ganas de aprender, de desarrollar mirada crítica, de entendernos. Nuestras luchas son tan diversas como la historia de nuestras vidas,  pero son luchas que se acompañan, que se complementan, porque nacen de una misma demanda: la plena igualdad de derechos para todas las mujeres en el mundo.

Participantes en la manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid. Imagen: Belén de la Banda.

Y el 8M llegó, y las mujeres paramos. Respondimos a la convocatoria de huelga internacional laboral, de cuidados, de consumo y educativa. Una jornada de 24 horas en la que de nuevo retamos el concepto tradicional de huelga, pero también el concepto tradicional de trabajo que invisibiliza el trabajo de cuidado, el trabajo no remunerado y otros conceptos aprendidos con los que hemos convivido demasiados años. Conceptos que ahora necesitamos desaprender.

Hemos parado para mostrar que si nosotras nos paramos, se para el mundo. Los aportes de las mujeres son imprescindibles en cualquier ámbito de la vida. Y debemos exigir que todo esté a la altura de esa aportación.

Trabajo en un sector laboral feminizado, el social, el de las ong de cooperación. Un sector ligado al cuidado y al trabajo con personas vulnerables y por ello, poco reconocido. El viernes mi oficina, como tantas otras, quedó muy vacía. Paramos por nosotras y por muchas de nuestras colegas o mujeres con las que trabajamos en países de todo el mundo que no pueden parar porque sus voces están silenciadas.

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Una batalla sobre el cuerpo de las mujeres

Por María José Agejas

Dice Ana que las guerras en Honduras se libran en el cuerpo de las mujeres. Da igual si ese cuerpo es el de la esposa de un millonario o el de una mujer indígena de La Mosquitia, la región más remota, inaccesible y atrasada del país.

Ana es Ana Cruz. Habla con periodistas y visitantes con la soltura de la experiencia que dan 23 años de trabajo protegiendo a mujeres en situación de riesgo. Comenta que, últimamente, con el acelerado repunte de feminicidios que enfrenta el país, la buscan mucho para hacer entrevistas.

Ana Cruz, responsable de la Asociación Calidad de Vida. Fotografía de María José Agejas / Oxfam Intermón.

Ana Cruz está al frente de Asociación Calidad de Vida, que con el apoyo de Oxfam y otras organizaciones mantiene casas refugio para mujeres víctimas de violencia en Honduras.

“Este año llevamos ya 329 feminicidios”, dice tras pensarlo un momento mirando al cielo, puesto que el número cambia cada día. Y esa cuenta incluye sólo una parte, como las mujeres asesinadas por parejas o ex parejas cuyos crímenes publican los periódicos, no aquellas a las que la familia entierra sin que trascienda ni otro tipo de asesinatos cometidos contra las mujeres por su condición de mujer. “A las mujeres las matan los hombres, no las mujeres. Es muy diferente a otro tipo de asesinato”, explica Ana Cruz.

Cerca del 96% de los feminicidios en Honduras queda impune. “Las tiran al río, aparecen desmembradas, sus pedazos a mucha distancia unos de otros, en las carreteras. A veces los maridos recurren a la contratación de sicarios”.  Gobierno, congreso y sistema judicial han aprobado un puñado de leyes, mecanismos o herramientas para la erradicación de la violencia contra mujeres y niñas, pero todo ha quedado en el cajón, sin presupuesto y sin voluntad de ponerlo en práctica.

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A una semana de la huelga feminista

Por Belén de la Banda

Mañana será viernes. Y faltará una semana para una jornada histórica. La del 8 de marzo de 2018, estoy segura, no la olvidaremos nunca. Todavía tengo la piel de gallina cada vez que recuerdo o recupero las imágenes del año pasado. Tuve la suerte de vivirla acompañando a una lideresa africana, Julie Cissé, impulsora de los derechos económicos de las mujeres rurales de Senegal. No sé cuál de las dos estaba más emocionada, impresionada, energizada y conmovida en medio de la ciudad, paralizada por y para las mujeres. Me sorprendió la rapidez con la que ella entendía que también esta huelga, esta manifestación, eran por ella y por sus hermanas.

Todo lo que rodeó a esta fecha fue una experiencia de crecimiento exponencial para numerosos grupos y espacios de mujeres en todo el país. Fue una oportunidad de conexión y reconocimiento, un tiempo de unión del que han salido, en todas partes, numerosas iniciativas.

Entre ese 8 de marzo y el que ahora se acerca, todas hemos crecido, aprendido, desarrollado. Y muy especialmente las jóvenes y adolescentes, que con sus preguntas, con su negativa a aceptar que las cosas tengan que ser como son, que la realidad no sea como les decimos que es, se han convertido en nuestras maestras.

Hemos compartido letras y músicas. Nos hemos dejado inundar por nuestras propias voces.

Han surgido muchos liderazgos nuevos. Y también muchas experiencias de trabajo en equipo, de éxito. Nos hemos acercado a mujeres con las que tenemos muchas o pocas cosas en común. Hemos descubierto que las opresiones son múltiples. Nos hemos puesto al lado de nuestras hermanas en el sector de los cuidados.

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Hombres y mujeres para el feminismo

Por Flor de Torres Porras

Hace unas semanas leíamos a Rosa Montero en un espléndido artículo titulado ‘Corazones Blancos’, que decía :  ‘a esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres’

Aunque los hombres no son el motor del feminismo, -porque no es posible invisibilizar la hermosa y digna lucha protagonizada por tantas mujeres, movimientos sociales y reivindicativos de la igualdad-, ellos sí  han de contribuir con su complicidad  y activismo a la lucha feminista para lograr la igualdad de género efectiva. La igualdad  como derecho fundamental se consagró hace 40 años en la Constitución Española, en al Art 14.

Ahora buscamos la igualdad real. Es la que construye e el  camino de la  lucha feminista, proclamada como su motor. A lo largo de años se ha ido forjando un sólido edificio, a pesar del cuestionamiento que trata de debilitar sus pilares. A pesar de las dudas impuestas por argumentarios interesados de quienes nunca han luchado por la igualdad, que no creen en ella, que alimentan sus  discursos con falsos mitos y afirmaciones sin apoyo científico, empírico o empático. Sombras lanzadas a la igualdad que estamos construyendo y  que solo  sirven para   perpetuar el patriarcado, en el que se asientan como agentes ejecutores de la desigualdad.

El feminismo ha logrado grandes avances hacia la igualdad. Imagen de Melany Rochester / Unsplash.

Pero dentro del corazón de la igualdad, como eje y motor, sigue avanzando  un feminismo robustecido. Feminismo inclusivo con la complicidad de los hombres. Y ello es así porque la  palabra igualdad  ya no conoce límites. Avanza y deconstruye privilegios basados en la sociedad patriarcal. No hay modelo de sociedad igualitaria, de  estado social y democrático de Derecho que no sea creado, entendido y dirigido en igualdad por hombres y mujeres. Es en las personas donde ha de convivir e ponerse en práctica. Crecer y ampliarse como valor fundamental.

Por ello siguiendo la estela de Rosa Montero hemos de dirigirnos a todos y cada uno de los hombres para que reflexionen sobre el camino transitado por el feminismo, y se incorporen a él. Que se comprometan en la lucha por la igualdad y que entiendan  que hay que romper en mil pedazos  su  complicidad con la desigualdad.

Sigue siendo esta la revolución pendiente: la de los hombres que renuncien a perpetuar el actual modelo de inequidad.  Que esa renuncia abarque la negación de una vez y para siempre a ser utilizados como instrumentos de control del patriarcado.  Hombres que miren cara a cara al Machismo y a lo que  Marcela Lagarde  nombró como “la escisión del género” o extrañamiento entre las propias mujeres que provoca la escisión del propio género femenino dando pie a la naturalización del  patriarcado como la única forma de convivencia. Y que tras  esa nueva mirada feminista ya no se reconozcan en ello.

Y sobre este entramado sociológico, la Justicia tiene un papel fundamental, y lo está asumiendo. En 2018 ,una tras otra, han ido iluminando el camino judicial varias Sentencias del Tribunal Supremo, abriendo un camino de luz y esperanza hacia la igualdad. Son sentencias que reconocen la desigualdad estructural a la que la mujer se ve sometida por el hecho de ser mujer. Todas estas resoluciones vienen avaladas y precedidas por las más de 200 sentencias que avalan la constitucionalidad de la Ley Integral contra la Violencia de Género (L.O 1/2004)

En una muy reciente Sentencia del Tribunal Supremo del 20/12/2018 se resuelve en Pleno un recurso de la Fiscalía contra la absolución de una pareja, hombre y mujer,  donde se argumentaba que no había situación de desigualdad por existir entre ellos una agresión mutua. Se  reconoce en ella que no por ello se ha de dejar de contextualizar como acto de violencia la que se ejerce sobre la mujer con ocasión de una relación afectiva de pareja. Pues constituye acto de violencia de género cualquier acto de poder y superioridad de los hombres frente a las mujeres con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad. Son actos de desigualdad estructural que no necesitan motivarse como actos de violencia de género.

Previamente a esta sentencia, los menores se  fueron reforzando como víctimas directas de la violencia de género, aun sin ser testigos presenciales de las agresiones a sus madres. Tan solo con su percepción. O la necesidad de imponer medidas de alejamiento de forma imperativa aun sin acto de violencia física, en la necesidad de seguir el camino de atender y prevenir las otras violencias que atacan la integridad moral de las mujeres víctimas de violencia de género. Caminos ya amparados previamente en el Tribunal Constitucional, justificados ante la  mayor carga penal en los delitos cometidos a las mujeres en el ámbito de la pareja.

Se dirimió la plena constitucionalidad y vigencia  de la redacción del art. 153 ,1 del Código Penal  para las agresiones en el ámbito de la pareja o expareja y se declaró constitucional la distinta carga penológica si es agresor hombre (153,1)  que si es mujer  (153,2) y se justificó  así:

No es el sexo en sí de los sujetos activo y pasivo lo que el legislador toma en consideración con efectos agravatorios, sino -una vez más importa resaltarlo- el carácter especialmente lesivo de ciertos hechos a partir del ámbito relacional en el que se producen y del significado objetivo que adquieren como manifestación de una grave y arraigada desigualdad. La sanción no se impone por razón del sexo del sujeto activo ni de la víctima ni por razones vinculadas a su propia biología. Se trata de la sanción mayor de hechos más graves, que el legislador considera razonablemente que lo son por constituir una manifestación específicamente lesiva de violencia y de desigualdad.”

(Sentencia del Tribunal Constitucional  59/2008 de 14 Mayo de 2008, entre otras)

El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional  están convalidando y aplicando  con esta jurisprudencia la necesidad de llegar a la igualdad a través de la discriminación positiva. Y  se  hace por el camino marcado por  la propia Constitución Española a través de la búsqueda de un principio de igualdad real. En sus resoluciones se materializa la exigencia de aplicar el principio constitucional del Art 9,2 donde se avala la discriminación positiva como medio de superar los obstáculos a la igualdad de diversos grupos:

Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

Por tanto, quien cuestiona la igualdad tomando como base los resultados de pena distintos si la persona responsable es hombre o mujer lo hace solo desde la superficie de un problema de enorme magnitud. Desde el desconocimiento o, lo que es peor, el rechazo  de una realidad: la desigualdad estructural que determina la violencia de género. O dicho de otro modo, ignora la base constitucional que destaca la necesidad de neutralizar la  desigualdad y evitarla. Y la doctrina consolidada por el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que atienden desde el ámbito judicial la mayor frecuencia y gravedad de las agresiones de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja.

No confundamos. Estas medidas no rompen con el principio de presunción de inocencia, un precepto constitucional que preside todas nuestras actuaciones judiciales. Todos los procesos y todos los derechos. Pero ha de convivir en cada proceso de violencia a la mujer con la constatación empírica de la frecuencia y lesividad de la violencia de género, que precisamente por estos motivos se escindió de la violencia familiar.

Y es así por ser un modelo objetivo y reproducido de un arraigado sistema patriarcal que determina un repertorio  de conductas que atentan a las mujeres por el hecho de serlo y en el ámbito de la pareja. Es lo que el feminismo siempre denunció, y seguirá haciéndolo. Lo que hoy como realidad social y evidente se consolida también  en la Doctrina del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

Por eso Rosa Montero nos emocionaba cuando finalizaba su artículo con esta argumentación dirigida a  los Hombres:

“No debería darles las gracias, porque agradecer a un hombre que pelee por un mundo más justo (el antisexismo nos atañe a todos) es como agradecer a tu pareja que ponga la lavadora, pero se las doy, porque aún me emocionan demasiado. A esa legión de hombres inteligentes y sensibles es a la que nos estamos dirigiendo las mujeres. Amigo, hermano, amante, muestra tu corazón blanco y lucha conmigo

Creo que el mejor homenaje a las mujeres víctimas de violencia de género, que afrontan la heroicidad de denunciar, de atravesar un proceso judicial acompañadas de sus miedos, sus peligros y sus inseguridades, es escucharlas y caminar junto a ellas. Que se sientan amparadas por todos los hombres y las mujeres que luchan por una igualdad real y ya incuestionable.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

Ciberfeminismo contra la violencia

Por Eva Moure

Sólo hace un par de meses que supimos que la RAE (Real Academia) había decidido incorporar ‘sororidad’ como nueva palabra al diccionario. ¡Nueva! ¡Una palabra usada desde hace décadas! Mientras las instituciones y espacios oficiales van a remolque, la calle camina imparable.

Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales realizadas por la ilustradora Antonia Santolaya durante la reunión de ciberactivismo organizada por Oxfam Intermón en Madrid. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Hace pocas semanas tuve la suerte de compartir jornadas con un grupo de activistas feministas de Africa, América Latina y España que se juntaron en Madrid, invitadas por Oxfam Intermón, para plantear estrategias de innovación digital contra los diferentes tipos de violencia machista. También para compartir experiencias y propuestas, para tejer red. Sororidad internacional en estado puro. Está claro que lo que compartimos es infinitamente mayor que lo que nos separa. En Argentina, Sudáfrica, Gambia, Colombia, España, Brasil o Marruecos.

De entrada, muchos hechos y datos demuestran que las violencias machistas ocurren en todo el mundo de forma sistemática, aunque hay quien todavía las niega o afirma que se trata de casos aislados. ‘Los datos son claves para conseguir políticas públicas, por eso es importante que se reconozcan los datos reales, no solo los oficiales’, comenta Nerea de Feminicidio.net.

Las movilizaciones sin precedentes también son un punto en común. El #NiUnaMenos en Argentina, el histórico 8 de Marzo pasado en España, el Total Shutdown (Paro total) del verano pasado en Sudáfrica, con miles de mujeres de todo el país movilizadas contra la violencia machista en uno de los países con mayor número de feminicidios del mundo y, al mismo tiempo, con las leyes más avanzadas en materia de defensa de los derechos de las mujeres. Leyes que no se cumplen. 

(c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales de Antonia Santolaya durante la reunión de ciberfeminismos celebrada en Madrid y organizada por Oxfam Intermón. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

El colectivo feminista habla de violencias, en plural, porque son varias. Y en los últimos años, la violencia digital es una de las últimas incorporadas. El auge del ciberactivismo ha multiplicado las posibilidades tanto de defender derechos como de recibir ataques, sufrir acoso o violencia machista en la red. Varias activistas africanas lo cuentan en este artículo. En América Latina, experiencias como la de Las Igualadas buscan abordar temas de género de forma divulgativa, y lo hacen de forma desenfadada y directa.

Su propuesta les ha valido millones de aplausos. También muchos ataques que, como a tantas activistas, las obliga a buscar estrategias de autodefensa.  ‘El objetivo de las violencias machistas es expulsar a las mujeres del espacio público’, escucho. Asustando, acorralando, avergonzando, provocando autocensura, entre otras cosas. La cuestión de fondo: las violencias machistas provienen de la desigualdad de género y de unas creencias afianzadas que es necesario desmontar si queremos una sociedad más justa y equitativa.

Hay trabajo por hacer. Y para ello es imprescindible unir fuerzas y compartir recursos. Es lo que hicieron las activistas que se juntaron en Madrid y a las que la ilustradora Antonia Santolalla siguió durante dos días para contar, con gran talento, en ilustraciones como las que acompañan este texto, cómo tejer redes saltando fronteras de todo tipo. En una palabra, sororizando.

Eva Moure es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

Tu futuro en una cesta

Por Carmen Suárez

Moina Sardar tiene 35 años y vive junto a su marido, Lucas, y el menor de sus dos hijos, Munna, de 15, en Manikhar, una pequeña población de 370 habitantes rodeada de estanques, palmeras y arrozales en el sudoeste de Bangladesh. Su hijo mayor Mikhal, de 20 años, estudia en la ciudad de Dhaka.

Junto a un grupo de mujeres de la comunidad, Moina produce cestas con hoja de palma. Esta ocupación les permite obtener sus propios ingresos y aportar dinero a la economía familiar. Todas ellas trabajan para BaSE, una organización de comercio justo creada en Bangladesh, que coordina y promueve los productos de artesanía de varios grupos de mujeres de ese país.  Nació en 1977 y actualmente la integran más de 10.000 productoras (el 99% son mujeres), organizadas en 17 grupos, uno de ellos compuesto por personas que sufren alguna discapacidad.

Puspo Biswas muestra una de las cestas elaboradas por ella en la comunidad de Kamarali, en Bangladesh. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Puspo Biswas muestra una de las cestas elaboradas por ella en la comunidad de Kamarali, en Bangladesh. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón

En BaSE se busca esencialmente dar una oportunidad a las mujeres que, como Moina, tienen el acceso limitado al de trabajo.  Tener ingresos les permite contribuir económicamente con los gastos de la familia, la situación cambia, se las considera de otra manera. Gracias al comercio justo, tienen la oportunidad de salir de la pobreza y recuperar la dignidad en su entorno social.

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