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Archivo de la categoría ‘Derechos’

Mujeres migrantes en la frontera sur española

Por Júlia Trias

Ella llegó en patera a España desde Marruecos en 2016. Se fue sola de Costa de Marfil con poco más de veinte años, dejando a medias su carrera en Periodismo y Comunicación, después de que le dijeran que se tenía que casar con un hombre que no había elegido. Pasó un año en Marruecos antes de poder coger una patera, donde se convivió con otras muchas mujeres forzadas a prostituirse durante el tiempo que estuvieron allí. Ella se presenta como Binta pero dice que también podría hacerlo como María, Paula o Marta. ‘Es la historia de esas mujeres que deciden irse, que toman la decisión un día porque ya no pueden más. Son mujeres que tienen ganas de cambiar las cosas y que se han atrevido. Y hoy hablo porque ya basta de tratarnos como si fuéramos débiles’.

No solo el trayecto es mucho más duro y difícil para las mujeres, sino que cuando llegan a territorio español deben seguir afrontando situaciones de discriminación muy graves. El discurso oficial de la victimización de las mujeres migrantes como víctimas inocentes y obligadas a trabajar e incluso a migrar contra su voluntad ha llegado a constituir un mito cultural que tiene un gran impacto hacia ellas. Repercute directamente en su seguridad y en el no reconocimiento de su capacidad de agencia y de sus proyectos emancipadores.

Llegada a Motril. 8 de febrero de 2018. @Fotomovimiento”

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Por qué la desigualdad es un asunto feminista

Por Winnie Byanyima

Vivimos unos tiempos revueltos, emocionantes y también aterradores para ser una mujer. Todos los días traen consigo un gran éxito o un revés desolador en nuestra lucha por la igualdad de derechos. Hace un par de semanas, después de décadas de activismo por los derechos de las mujeres, Irlanda votó de forma aplastante para derogar la prohibición del aborto en el país. Y al mismo tiempo, una reciente ofensiva en Arabia Saudí contra las activistas por los derechos de las mujeres terminó en varias detenciones: su paradero y los cargos en su contra aún se desconocen.

Ilustraciones de la Asociación Mujeres y Madres Abriendo Caminos, de Colombia. Imagen: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Hay muchos frentes en esta lucha, pero uno en el que he centrado mis esfuerzos especialmente es en el modelo económico global, absolutamente manipulado contra las mujeres. Veamos algunos de los hechos:

Primero. Según estimaciones conservadoras, las mujeres contribuyen con cerca de 10 trillones de dólares, ¡sí, trillones! a la economía de los cuidados no remunerados y al trabajo doméstico. ¡Y lo hacen gratis! Nuestras economías colapsarían sin ese trabajo. Sin embargo, rara vez los políticos discuten este tema.

Segundo. El Banco Mundial contó que hay 104 países con leyes que impiden que las mujeres desempeñen ciertos trabajos, principalmente en fábricas y en el sector construcción, un comportamiento que corresponde a ideas anticuadas y paternalistas de lo que una mujer puede y debe hacer.

Y más. Según el último estudio de Oxfam, hay alrededor de 2.043 milmillonarios en todo el mundo; de los que nueve de cada 10 son hombres. Los datos del Foro Económico Mundial muestran que, según el ritmo de los cambios, habría que esperar 217 años para cerrar la brecha en las oportunidades de empleo y remuneración entre mujeres y hombres. La desigualdad económica entre mujeres y hombres se traduce en desigualdad en quienes ostentan el poder. ¿Cómo podemos, entonces, esperar un mundo igual para las mujeres cuando las riendas del juego las llevan ellos?

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La vida de una cooperante más allá de las balas y la sangre

 Por Belén Gómez

Hace tres años, Shireen caminaba por la calle con sus amigos por Aleppo, Siria. Paseaban con normalidad por los check points del ejército sirio y del Ejército Sirio Libre. Era un día especial: estaban terminando los exámenes finales de sus posgrados y pensaban sobre su futuro y lo que vendría después. Pero lo que vino después descarriló sus planes.
A cierta distancia, Shireen escuchó gritar: `¡Van a abrir fuego! ¡Van a abrir fuego!`. Algunas personas a su alrededor se cubrieron; otros comenzaron a correr. En mitad de ese caos, su amiga Shirian fue asesinada a tiros. Cuando Shireen giró para correr, una bala le dio en el pecho. Pensó: `Ya está, me estoy muriendo`, pensó. Pero unos días más tarde, abrió los ojos en un lugar extraño. Había sido rescatada por el Comité Internacional de la Cruz Roja y estaba en un hospital en Turquía. ´Nunca imaginé que dejaría mi país así´, dice. ´Vengo de una buena familia. Tuvimos una casa muy bonita. Nunca necesitamos el apoyo de nadie´, apunta. Después de meses en el hospital, Shireen superó sus heridas y se recuperó por completo.


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Una abogada ‘contra los diablos’ y por los derechos ambientales

Por Rosa M. Tristán

‘Yo no tenía experiencia en temas ambientales, sólo en los de derechos humanos, pero en el fondo ambos son lo mismo pues detrás de las vulneraciones de los segundos están muchas veces expropiaciones de los primeros’, reconoce Yanira Cortez en una visita España, invitada por Alianza por la Solidaridad para hablar de Defensoras de Derechos en una convulsa región donde los conflictos civiles y los desastres se suceden en los últimos tiempos. A la activista no se lo han puesto fácil. Su batalla por la defensa de los recursos naturales en El Salvador, un país inmerso entre la violencia urbana de las ‘maras’ juveniles y la pobreza creciente de sus campesinos, no ha contado con los suficientes adeptos y sigue la senda del expolio de los recursos naturales por parte de grandes empresas que hace mella en toda Centroamérica.

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Vivir un desahucio con ocho años

Por Irene Yagüe

Me he enganchado al canal de Instagram de Isita. Lo último que ha publicado es una foto mostrando el nuevo piercing que se ha hecho en casa, a escondidas, con una aguja. Isita tiene 13 años. Nos conocimos cuando ella tenía apenas 8 y estaba a punto de ser desahuciada de su casa. En esa época, allá por el año 2013, le gustaban los cómics de Gardfield y jugar en el rellano de su casa con las vecinas.

Por aquel entonces ella y su familia vivían en un edificio de ladrillo visto en el barrio madrileño de Villaverde, a los márgenes del río Manzanares. En “El Cuadrado”, como ellas llamaban a ese bloque de viviendas, convivían familias realojadas de otros barrios, muchas en régimen de alquiler social del Ayuntamiento. Durante ese verano de 2013, varios fondos de inversión especulativos compraron miles de Viviendas Públicas -como la de Isabel- que el Ayuntamiento de Madrid les vendió a precio de ganga. Pocas semanas después, muchas vecinas fueron expulsadas de sus casas como parte de una oleada de desahucios patrocinados por los gobiernos locales.

Foto de Isita en Instagram

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Evaluar el Pacto de Estado Contra la Violencia de Género es sostenerlo

Por Lola Liceras

Han pasado ya ocho meses desde que se aprobara el Pacto de Estado, un avance para los derechos humanos de las mujeres, entre otros motivos por el hecho de que mucha gente, desde las organizaciones de mujeres a las de derechos humanos, desde los partidos políticos a personas expertas, pusieran en común objetivos y propuestas para detener la violencia contra las mujeres. Pero hay que concretar acciones, presupuestos y plazos. Y atender sus lagunas.

Y sin embargo, para que el Pacto siga vivo necesitamos saber cómo se está desarrollando, dónde están las dificultades para cumplirlo y cuáles son sus carencias. Porque evaluarlo es sostenerlo. Así lo hicieron el pasado 16 de mayo muchas mujeres concentradas ante el Congreso para exigir al gobierno que rectificara y pusiera los 200 millones de euros acordados, frente a los 80 que figuraban inicialmente en el Anteproyecto de Presupuestos Generales del Estado. Y se consiguió.

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África en la mente para seguir luchando

Por Hibaaq Osman

Como activista que soy, trabajo firmemente por aumentar la participación de las mujeres en la vida pública. Porque somos parte del movimiento y percibimos que existe una necesitad constante de él. Cuando queda tanto por cambiar para conseguir un mundo más justo y más equitativo, ¿cómo podemos tomar en consideración desacelerar? No obstante, en este contexto resulta fundamental pararse a reflexionar, reconsiderar y consultar con expertos, con influencers y con nuestras hermanas del movimiento global para la igualdad el rumbo a tomar.

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Trabajadoras de hogar en el Senado y en pie de lucha

Por Pepa Torres

En España existen más de 700.00  trabajadoras de hogar y cuidados, la mayoría mujeres migrantes, de las cuales sólo están dadas de alta en la Seguridad Social 435.000. Su trabajo invisible sostiene la vida y la economía no sólo de nuestro país, que hoy es también el suyo, sino de sus lugares de origen, pues sin sus remesas serían inviables. Ellas son las protagonistas de las cadenas globales de cuidados y el sistema capitalista y patriarcal tiene una eterna deuda con ellas. Deuda que lo es a la vez de cuidados y de justicia.

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Los efectos secundarios del VIH: “Yo decidí vivir”

Por Aina Valldaura

−¿Quieres que cerremos la puerta?

−No, mejor no, sino los vecinos sospechan y se pondrán a escuchar por detrás.

Nos encontramos en una casa de poco más de 20 metros cuadrados en el barrio de la seda de Hindupur, una pequeña ciudad fronteriza entre los estados de Karnataka y Andhra Pradesh, en el sur de la India. La vivienda tiene una sola habitación y una sola cama que comparten Lakshmi* (38) y Sadiq* (42) con sus dos hijos, Preeti* (15) y Praveen* (18). Viven de alquiler desde hace años. Cuatro cazos y un armario son los únicos elementos que destacan en la habitación. Los cuatro se dedican a la producción de hilos de seda.

Foto de Aina Valldaura

Son las 11 de la mañana. Lakshmi y su marido esperan a Mina Kumar, la trabajadora social de la Fundación Vicente Ferrer, quien les visita mensualmente desde que les diagnosticaron VIH a ella y a su marido. El objetivo es asegurarse de que se toman la medicación, chequear su estadode salud y responder a sus dudas.

Lakshmi contrajo el VIH a través de su marido hace seis años. De esa época no quiere hablar. Sólo dos palabras son necesarias para describirnos como lo vivió. Lloros e incomprensión. “Por lo menos mi marido se infectó después de que tuvimos hijos y ellos no lo tienen que sufrir”, se resigna.

El marido se encuentra a su lado durante la visita, pero entre ellos no hay contacto, ni cariño, ni una mirada. Aunque siguen juntos. “¿Qué opción tenía? ¿Divorciarme? ¿Con dos hijos y el VIH? En la India el divorcio no es una opción”, cuenta Lakshmi cuando su marido sale de la habitación. Su hija menor, de 15 años, no está infectada y desconoce el estado de salud de sus padres. La conversación se detiene cuando la menor entra en la casa. Pasamos a otros temas. La educación, las condiciones de trabajo, la comida…

Cuando ella se va, la retomamos. Los cambios bruscos de conversación, los silencios, los susurros, las palabras clave y los botes de antirretrovirales escondidos en una de las pocas repisas que hay en la casa son parte de su día a día desde hace años. Su hijo mayor, ya con 18 años, sí que conoce la situación de sus padres. Pagó muy cara la enfermedad. Dejó de estudiar cuando tenía 16 para poder mantener a la familia en el momento en el que le diagnosticaron VIH y tuberculosis a su padre.

“¿Qué podíamos hacer?”, se lamenta Lakshmi. “Yo tenía que estar en el hospital con mi marido. En ese momento no conocíamos de la existencia del hospital de la Fundación, y la asistencia en los centros en los que nos aceptaban como pacientes era muy cara”, cuenta. Las mujeres asumen, en el 70% de los casos, las tareas de cuidados de los pacientes de VIH. Y aún más alarmante es que el 20% de estas mujeres sufren también la enfermedad.

Cuando los vecinos o la jefa del taller de seda, en el que ambos trabajan 12 horas diarias, les preguntan porqué van tanto al médico, la respuesta es siempre la misma: “Mi marido tiene tuberculosis”. El VIH es una palabra prohibida. “Nos echarían de la casa, del barrio y del trabajo. Sería nuestro fin”.

A lo largo de la conversación VIH se menciona una sola vez. No pueden correr riesgos, nunca se sabe quién puede estar escuchando. “Antes de contraer el virus solo había oído hablar de él en la televisión. Supongo que, al igual que nosotros, quien lo sufre no habla, se esconde y sigue con su vida rodeada de mentiras”.

Mina Kumar es la trabajadora social que tiene a su cargo esta familia desde que llegaron al Hospital de Enfermedades Infecciosas de Fundación Vicente Ferrer en Bathalapalli. Ella fue la primera persona que Lakshmi conoció con el VIH, después de saber que ella misma lo tenía. La primera y la única con la que puede hablar de lo que le pasa, de cómo se siente y de sus miedos.

Mina también contrajo la enfermedad de su marido, ya fallecido. “Mi marido y su familia sabían que él estaba infectado antes de que nos casáramos, pero no nos lo dijeron, nos mintieron. Cuando me enteré, ya era demasiado tarde para mi hija y para mí. Mi familia me dio la espalda cuando lo supieron. Un vecino fue el único que me dejó 300 rupias cuando me echaron de casa con un bebé de 21 días en brazos”.

“En la India hay un dicho: ‘cien mentiras hacen una boda’. En mi caso no sé si fueron cincuenta o cien, pero sin duda hubo muchas”, cuenta Mina. “Yo decidí vivir, pero fue una decisión que me costó un tiempo tomar. Cuando te encuentras sola, aislada, maltratada y culpada por algo que no has hecho, aparecen en tu mente vías que te resultan, al menos en ese momento, liberadoras”. Más del 40% de personas con VIH en la India son mujeres y niñas, y el 75% de mujeres lo contrae durante los primeros años de matrimonio.

Mina Kumar tiene claro que si hoy en día ha conseguido salir adelante es porque decidió luchar por su hija y se prometió a sí misma que dedicaría su vida a ayudar a la gente que está pasando por lo que ella pasó. “El secretismo, las mentiras, el engaño…son los otros efectos secundarios de la enfermedad y pocas veces son tratados”. Cuando salimos de la pequeña vivienda, Mina reconoce que nunca ha podido volver a confiar en un hombre.

Antes de irnos del barrio visitamos algunas otras casas de conocidos de la trabajadora social. Son lo que ella llama “visitas tapadera”. Para que nadie sospeche, para que nadie sepa el motivo real de sus visitas. “Una falta de discreción te puede arruinar la vida”, sentencia. La discriminación, exclusión y vulnerabilidad que sufren las personas con VIH se acentúa en el caso de las mujeres. Rechazadas por su familia en particular y la sociedad en general cargan en sus espaldas con un estigma difícil de derribar y que deriva de la falta de control y decisión de las mujeres sobre el propio cuerpo y su propia vida. .

*Estos nombres no se corresponden con  la realidad, con el objetivo de preservar la privacidad e intimidad de dichas personas.

Aina Valldaura es cooperante y coordinadora de Comunicación de la Fundación Vicente Ferrer en la India desde marzo de 2017.. 

En el Día de África: una mirada a las mujeres

Por Beatriz Novales

Antes de ir por primera vez a Burkina ya me habían hablado de Sankara, uno de los grandes revolucionarios africanos: un adelantado a su época. En apenas cuatro años, entre 1984 y 87, dio un cambio radical al rumbo del país, antes de ser asesinado. Indagando sobre su vida y su acción política, descubrí que Thomas Sankara era, además, feminista:

‘Si perdemos la lucha por la liberación de la mujer habremos perdido el derecho a una transformación positiva de la sociedad’

La cita aparece en el libro ‘El África de Thomas Sankara‘ de Carlo Batà. Y a pesar de todas las dificultades, la situación de la mujer en Burkina ha tenido una evolución positiva desde entonces, especialmente en cuanto al acceso de las niñas y las mujeres a la educación -en especial en medio urbano- y a la representación política de las mujeres.

Fati Marmoussa es una joven agricultora de la región de Tafgo, Burkina Faso. Ha participado en actividades de formación para mejorar la nutrición y salud de su familia. Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Las mujeres son las grandes protagonistas de los proyectos productivos que Oxfam lleva a cabo en Burkina. Mujeres emprendedoras siempre dispuestas a la innovación y a organizarse de forma colaborativa para que sus iniciativas sean más rentables y al mismo tiempo generen mecanismos de solidaridad entre ellas.

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