Entradas etiquetadas como ‘igualdad de género’

Publicidad sin estereotipos sexistas

Por Uschi Henkes

Que desaparezcan de las pantallas las mujeres engañosamente perfectas, las noñas, las obsesivas compulsivas de la limpieza, las pacatas, las recatadas, las arpías, las banales, las que son meras comparsas, las sosas, las sin gracia, y que en su lugar, veamos mujeres de todo tipo y condición, pero que no responden a un marcado patrón, a un estereotipo. Esa es la ambición de un proyecto llamado #OVER_, que ha puesto en marcha el Club de Creativos (c d c), asociación que reúne a los profesionales que trabajan en publicidad en España, con la colaboración del Instituto de la Mujer. Un proyecto que se ha materializado en un libro y un folleto que buscan concienciar a  la industria publicitaria de la necesidad de acabar con los estereotipos que encorsetan y limitan a las mujeres.

En estas dos décadas, ha estado regido por diez profesionales, en mandatos de dos años. De los diez, nueve son hombres. Yo soy la primera mujer que preside el club en toda su historia. Mi mandato concluye ahora y quien llega es también mujer, Judith Francisco. Una rotación que representa un claro signo del cambio que estamos viviendo.
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La importancia de visibilizar a más de la mitad

Por Pilar Orenes

Felicidades por estos cinco años de blog. Felicidades por visibilizar a “Más de la mitad” de seres humanos del mundo y hacerlo desde historias que nos acercan a diferentes realidades de mujeres y a sus propuestas de cambio.

Cinco años de transformación. El tiempo, se va de las manos como si nada. O como si mucho, porque son muchas las cosas que han pasado. Es cierto que a veces hay mucho movimiento para que nada cambie, sí, pero yo hoy, quiero ver el vaso medio lleno y siento las señales de un cambio profundo, transformacional. Cinco años de cambios en el contexto global, en el entorno más cercano pero cambios también en mí y en mucha de la gente que camina cerca.

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Tres urgencias ante las desigualdades de género

Por Ángeles Briñón

‘Mediante el trabajo ha sido como la mujer

 ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. 

El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa’.

Simone de Beauvoir

Ser mujer es sinónimo de desigualdad, de menos oportunidades que los hombres para acceder al trabajo remunerado, de menores oportunidades de permanencia o de promoción. Pero no sólo la desigualdad se sufre en el empleo, las diferencias se producen también en lo personal.

Las desigualdades de género son una realidad en todas las sociedades, si bien hay diferencias entre sociedades, culturas, momentos históricos y entre clases sociales o países, pero la división sexual del trabajo que confina a las mujeres al hogar, se produce siempre y supone un condicionante para su desarrollo personal y profesional. El espacio público ha sido tradicionalmente un espacio masculino y aún sigue siéndolo, pues a pesar de que las mujeres ocupan cada vez más espacios de decisión y de poder, el predominio de lo masculino es una realidad. Por el contrario, el espacio privado (o doméstico siguiendo a Soledad Murillo, 2006) ha sido y aún es ‘cosa de mujeres’. La dicotomía publico/privado está muy presente aún con las consecuencias que ello tiene para la vida de mujeres y de hombres, especialmente para las mujeres, que ven limitadas sus posibilidades de desarrollo personal y profesional.

Photo de Sharon McCutcheon para Unsplash

Una de las principales causas de la desigualdad de género es que el trabajo doméstico y de cuidados recae en las mujeres. Es cierto que se han producido importantes cambios, pero aún podemos afirmar que el cuidado de las personas dentro de la familia lo realizan las mujeres, ya sea cuidar a niñas y niños al nacer y a personas mayores o con alguna discapacidad. Mientras los roles de género sigan predominando en la sociedad, mientras los hombres no se corresponsabilicen de los cuidados, mientras las instituciones no asuman la parte que les corresponde, la igualdad entre mujeres y hombres no será posible.

Centrándonos en nuestra sociedad y las de nuestro entorno inmediato, es cierto que en las últimas décadas del siglo pasado se produjeron cambios de importante calado en lo que a las relaciones de género se refiere, pero las desigualdades persisten. A pesar de que en España, los 40 años de dictadura hicieron que los cambios legales para eliminar el dominio masculino fueran más lentos y las resistencias a los cambios sociales se intensificaran, las mujeres lograron en pocos años modificar las leyes y las costumbres. La incorporación masiva al empleo y a la educación superior lo demuestra.

No obstante, las desigualdades en el trabajo remunerado siguen estando muy presentes. La autonomía económica no reduce por si sola las desigualdades, pero sin duda es fundamental para lograrla. El trabajo que realizan las mujeres nunca ha sido tenido en cuenta, parecería que las tareas del hogar se hacen solas, que cuidar de niñas y niños no conlleva esfuerzo o que atender a una persona dependiente, ya sea por edad o por tener alguna discapacidad, se realiza por arte de magia. Solamente cuando esas tareas se contratan externamente se contabiliza como empleo, pero si lo realizan las esposas, madres, hijas… pasan desapercibidas.

Son muchas las propuestas que en este momento se plantean desde las administraciones para eliminar las desigualdades de género. Se habla mucho de eliminar la brecha salarial, de potenciar el acceso de las mujeres a puestos de dirección y/o responsabilidad, de evitar las barreras que tienen las mujeres para desarrollar una carrera científica…, pero se habla mucho menos de los trabajos feminizados, mal valorados y mal remunerados: de las trabajadoras domésticas que siguen sin tener derechos laborales, de las cuidadoras informales que siguen dedicando parte de su vida a cuidar de las personas mayores, de las mujeres emigrantes que trabajan en el servicio doméstico en situaciones de gran precariedad.

Por ello, en este momento de esperanza que vivimos, esperamos que las medidas que se pongan en marcha contemplen la realidad de todas las desigualdades de género. Algunas medidas que consideramos imprescindible, junto a las ya señaladas serían:

  • Es imprescindible aprobar la Proposición de Ley presentada en el Congreso para que los permisos de maternidad/paternidad sean iguales, intransferibles y pagados al 100%, que promueve la PPiiNA, para avanzar en corresponsabilidad en los cuidados.
  • Desarrollar la Ley de Dependencia para que todas las personas tengan una atención adecuada sin que sean las mujeres las cuidadoras principales. La cotización de las cuidadoras informales no deja de ser un parche, que solucionará momentáneamente la situación de algunas mujeres, pero sigue potenciando que sean ellas las que cuiden, sin que los hombres se corresponsabilicen. Las administraciones deben dar respuesta a estas situaciones.
  • Asimismo, es urgente que se ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo decente para las trabajadoras del hogar, que supone ampliar los derechos de estas profesionales, la inmensa mayoría mujeres.

Eliminar las desigualdades de género en todos los niveles laborales, transformar aquellos aspectos de la sociedad en los que las mujeres siguen invisibilizadas y sometidas al poder patriarcal, es imprescindible para que desaparezcan las violencias machistas que sufren las mujeres.

Ángeles Briñón García es bloguera, experta en igualdad de género y forma parte de Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles. 

El edificio de la igualdad

Por Flor de Torresflor de torres nueva recortada

 

El edificio de la igualdad lo concibo como  un edificio de tres plantas, comunicadas entre ellas.  De arquitectura inteligente e  indestructible. Sus niveles  están dibujados con la precisión de una arquitecta o arquitecto brillante que se plantea un nuevo proyecto. Con  rotundidad y maestría para protegerlo y hacerlo estable frente a cualquier circunstancia.

La igualdad debería ser como un edificio bien construido y bien comunicado. Imagen: PixelAnarchy.

La igualdad debería ser como un edificio bien construido y bien comunicado. Imagen: PixelAnarchy.

Excavaremos previamente el terreno impregnado de construcciones patriarcales, micromachismos, sumisión, desigualdad, ideas de amores románticos salvadores, dependencias y apegos. A partir de la nivelación del terreno, demoleremos lo encontrado y lo cimentaremos y abonaremos con  derechos para  que transiten todos  por la igualdad. Esta será la  auténtica  cimentación que fortalecerá nuestro edificio, haciéndolo invulnerable y sólido.

Es sencillo en sus trazos: apenas tres plantas. De espacios amplios  para que los conceptos que los transitan puedan ser claros, luminosos y no den lugar a dudas. Cada planta del edificio irá propiciando el acceso a la siguiente y todas ellas estarán comunicadas entre sí  para que se pueda ver desde el ático los progresos de cada  una.

La primera planta será la destinada a  la prevención: la educación en valores de nuestros y nuestras menores. Necesitamos  que las palabras igualdad y género nunca vayan separadas.  Que sean  un binomio indestructible unido  por  la preposición “de” para relacionar siempre y de forma conjunta al sustantivo género con el valor igualdad. Que sea una expresión llena de contenido y de sonido para  ellos y ellas.

La segunda planta será la de  la consolidación de la educación  en la igualdad: más allá del colegio, una educación afianzada en  la familia, en  la sociedad, en el trabajo, en la vida.  En esta planta se desterrarán las tretas de dominación ocultas de género que tanto daño hacen a la igualdad y  que aún siguen invisibles en formas de conductas micromachistas que impiden consolidar y nivelar la construcción  de este edificio.

La  tercera y última planta  es el de la rehabilitación de los maltratadores.  Es necesario no abandonar a su suerte  a los autores de delitos de violencia de género en condenas y penas, en medidas y alejamientos a sus víctimas. Estigmatizados pero no rehabilitados. Una obligación nuclear de la lucha contra la violencia de género es trabajar con los maltratadores mediante tratamientos  de reeducación y programas penitenciarios específicos contra la violencia de género. Ellos son los padres de hijos e hijas que han estado sometidos a la violencia de género  de forma directa, al igual que sus madres. Y serán, de nuevo, sus parejas o parejas de otras mujeres. Su  falta de rehabilitación profunda sería un fracaso en  el proyecto de nuestro edificio inmune a la violencia de género.

He tenido la  experiencia personal de poder asistir a  cursos de rehabilitación a  en el Centro Penitenciario de Alhaurin de la Torre, en Málaga, con maltratadores penados con sentencias firmes que  acreditaban su condición. Siempre afrontaban el problema de la violencia con las mismas estrategias: unos negaban la existencia del maltrato utilizando esa negación como  escudo de su conducta. Otros reconocían un poco el hecho, pero no asumían la seriedad de sus actos, amparándose en la minimización de la violencia. Muchos responsabilizaban a la mujer de lo ocurrido, proyectando la culpa en la víctima. Algunos se amparaban en la falta de control de su ira.

Tal vez  lo que más poderosamente me llamo la atención es que casi todos usaban la estrategia de la invisibilizacion al sacar del relato del hecho a la mujer-víctima. De nuevo, la invisibilizaban, tal y como habían hecho probablemente en su vida conjunta de pareja. Se detenían en la anécdota, no en el hecho.  Decían que no podían controlar su ira, que no se acordaban de nada, se presentaban como víctimas del sistema judicial. Y tras esa estrategia seguía oculta de nuevo una mujer lesionada, humillada, vejada, amenazada, agredida sexualmente, coaccionada, asesinada  junto a unos hijos e hijas, testigos, víctimas directas y mudas de sus actos. Expuestos a vivir toda la vida con ese trágico recuerdo.

Todos realizan atribuciones a causas externas que les permiten proteger  su autoestima (haciendo responsable a la mujer, a las drogas, al alcohol etc…). Siempre encontré indicadores de rigidez y cuestionamiento hacia las conductas de las mujeres, con expresiones donde destacaban la asimetría y el dominio. En todos ellos  se manifestaban ideas sesgadas de la mujer y su rol de sumisión.  Pero tal vez para mí lo más importante es que ninguno reconocía el maltrato ejercido hacia la mujer, lo cual es la base principal para promover el cambio de sus conductas.

Pese a todo ello, técnicamente, la ley en sus sentencias los reconocía autores de violencia de género.  Algo que ellos no asumen.  De ahí que esta apuesta por la reeducación a los maltratadores sea el ático de nuestro edificio. Del  bello y combativo edificio de la igualdad. Aquel en el que por fin podamos visualizar un  cambio a una  sociedad igualitaria.

Ese es el objetivo: que ellos identifiquen su propia conducta como personas que ejercen violencia de género y que analicen la relación que tiene con condiciones precipitadoras, para que ellos mismos conozcan las consecuencias que se derivan de sus acciones. Solo cuando  sean capaces de ver su realidad podrán lograr un cambio. Sólo cuando vean su su propia conducta tal cual es, en el espejo de la violencia ejercida ante sus mujeres y sus hijos, podrán ser conscientes del dolor que han provocado, y empezar a cambiar. De este ático deberían salir como ciudadanos rehabilitados, conscientes y reflejados en el espejo de su conducta como base principal para su cambio.

Por ello en nuestro edificio, niñas y niños conocerán el auténtico significado de igualdad de género desde la base. Porque son los cimientos  y la base del nuestra construcción: la conciencia. Sobre ella es posible construir y consolidar  esa igualdad como una herramienta básica en sus vidas, y que da acceso a un mundo más justo que se construye cada día gracais a esa herramienta.

Así es el edificio al que estamos  invitados, porque todos y todas hemos contribuido a su creación.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

¿Tribunales sin hombres?

Por Marisa Kohan Marisa Kohan

Imaginemos por un momento que no hubiera ningún hombre representado en los órganos de decisión judiciales. Me refiero a que ninguno o casi ninguno de los jueces que los forman sean del sexo masculino. Que todos los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos fueran mujeres. Imaginemos que la Corte Internacional de Justicia estuviera formada por juezas y que se hubiera vetado el acceso a sus colegas del sexo opuesto.

Composición actual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Imagen oficial de la CIDH.

Composición actual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Imagen oficial de la CIDH.

¿Por qué? Creo escuchar decirle mientras lee estas líneas. ¿Por qué? es lo que me pregunto yo mientras las escribo. ¿Es que las mujeres quieren dejar afuera a los hombres? ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué medidas deberíamos adoptar para subsanar esta injusticia?.

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de imaginación, pero muchas veces la realidad equipara o supera nuestras ficciones. La realidad es que hoy y siempre los máximos órganos de decisión (judiciales o no) han estado sobre-representados por hombres. O lo que es lo mismo: sub-representado de mujeres. Sin embargo, raramente surge la pregunta de ¿por qué? O ¿qué tenemos que hacer para remediarlo?

Esto es precisamente lo que hace la campaña Gqual (igualdad de género), que se lanzó el jueves pasado en Nueva York y que busca promover una mayor paridad en los tribunales de justicia y en los órganos de decisión internacionales. Los datos recopilados por estas organizaciones (unas 12 que promueven la campaña, entre las que está Women´s Link Worldwide), son demoledores.

Sólo cuatro de los 106 jueces que ha tenido la Corte Internacional de Justica desde que se fundó en 1945 han sido mujeres. De los 15 jueces que la forman hoy en día, sólo 3 son juezas. Más sangrante es la situación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la  que todos sus miembros (7) son hombres, situación que cambiará ligeramente en 2016 cuando se una a ella una única mujer. Desde que comenzó a andar en 1979 sólo cuatro de sus 35 miembros han sido mujeres.

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia tiene 17 jueces permanentes y sólo dos son mujeres; en el Tribunal Penal de Ruanda, responsable de juzgar el genocidio en aquel país del que muchas mujeres fueron víctimas por las violaciones masivas, sólo dos de sus 10 miembros son juezas.

La campaña #Gqual desvela que hasta septiembre de 2015, sólo 17% de todas las posiciones dentro de los principales tribunales internacionales estaban ocupadas por mujeres y en los tribunales regionales de derechos humanos sólo 25%. Naciones Unidas no se escapa de esta cuenta negativa. De las 52 Relatorías Especiales de la ONU, 19 nunca han sido ocupadas por una mujer.

Decenas de representantes de Estado, miembros de la sociedad civil, activistas, periodistas y juristas internacionales estuvieron presentes en su lanzamiento y se han sumado a esta campaña que pide a los Estados que cuando nominen y voten a sus miembros lo hagan con el objetivo de promover la igualdad de género y que trabajará con todos los actores necesarios para desarrollar mecanismos, directrices y normas para promover una representación más paritaria.

Cientos de personas se han unido a este llamado firmando la declaración de la campaña. Porque no sería justo que existan tribunales sin hombres y por lo tanto, tampoco lo es que sigan como hasta ahora.

Marisa Kohan es Directora de Comunicación de Women´s Link Worldwide.

Un clima para ¿medio mundo?

Por Anna Pérez Català Anna Pérez Catalá

Dicen que el 2015 es el año del cambio climático. Aunque esto ya se dijo en 2009. Pero mi pregunta es: ¿será posible parar el cambio climático sin contar con la mitad de la población del planeta? Cambio climático y género se entrelazan de muchas formas, pero parece que esto no es suficientemente apreciado por los políticos y negociadores.

Clima y género

Marcha del Cambio Climático en Lima, en diciembre de 2014. Imagen: Anna Pérez Català.

En diciembre estuve en Lima, asistiendo a la COP20, la Conferencia de las de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. Como cada año, allí se discute el futuro de las emisiones que cambian nuestro clima, y los delegados intentan llegar a un acuerdo global que reduzca los gases de efecto invernadero y preserve nuestro planeta.

Hay 195 países en la Conferencia. Unas 3000 personas. Pero según un estudio de Womens’ Environment and Development Organisation sólo el 12-15% de los líderes de delegación son mujeres y, en general, sólo un 30% de las delegaciones son mujeres. La Conferencia lo intenta, y cada año organiza el día de género para discutir sobre los retos y casos de éxito de la inclusión de las mujeres en las políticas y acciones climáticas. Aunque, muy preocupantemente,  la mayoría de los asistentes a algunos de los actos son mujeres.

Como podemos ver, las Naciones Unidas son un reflejo de una situación global. Las mujeres no solamente se ven menos representadas en la organización que debe luchar contra el cambio climático, sino que además también son las más afectadas por este fenómeno. Los impactos del cambio climático, como la sequía, las inundaciones, los fenómenos meteorológicos extremos, la falta de seguridad alimentaria… afectan a las mujeres y a los hombres de manera diferente. Los mas afectados por el cambio climático son las poblaciones más pobres, y dentro de estas, el 70% son mujeres.

Al mismo tiempo, las mujeres juegan un rol principal en la adaptación y mitigación del cambio climático.  Ellas  son las responsables de la producción de alimentos, de la recogida de agua, y de procurar energía para cocinar y calentarse. También las que conocen las estrategias para afrontar los cambios en el clima y adaptarse a ellos, y tienen la innovación y emprendería para contribuir a la solución.

Pero parece que dentro de la Conferencia no todo el mundo ve esta importancia. De hecho, hasta 2007 no había ninguna referencia a temas de género en los documentos de la convención. Debido a esta falta de inclusión, en Lima se aprobó el Programa de Trabajo en Género, que pretende mejorar la consideración de este tema en las políticas climáticas. Pero no sin problemas.

En la segunda semana de la COP vimos una fuerte discusión en temas de lenguaje de este documento. Las palabras utilizadas eran ‘igualdad de género’, que pretende entender los diferentes comportamientos, aspiraciones y necesidades que tienen los hombres y las mujeres, y hacer que sean considerados, valorados y favorecidos de forma igual. Arabia Saudí, pero, propuso eliminar este concepto de todo texto negociado y utilizar ‘equilibrio de género’, que significa una igualdad numérica entre hombres y mujeres. Lo más impactante es que de toda la plenaria, sólo México se postuló en contra. Ninguno de los países desarrollados y supuestamente igualitarios lo hizo. El texto final, pues, tiene muchas menciones a equilibrio de género, y sólo una a igualdad. Un paso atrás para la inclusión del género en los temas climáticos.

El tema tampoco mejora en el acuerdo final de la COP. La ‘Llamada de Lima para la acción climática’, tan alabada por los medios de comunicación, sólo contiene una vez la palabra ‘mujeres’, y simplemente para decir que se estudiarán las oportunidades de mitigación teniéndolas en cuenta.

Hace falta mucho trabajo para conseguir una transversalización del género en las políticas climáticas, pero es muy necesario si queremos implementar políticas duraderas y eficaces. Y la falta de interés de un mundo masculinizado, bien simbolizado por el público ampliamente mayoritario de mujeres en la conferencia del día de género, es nuestra primera batalla.

Anna Pérez Català es ambientóloga especialista en el cambio climático.