Entradas etiquetadas como ‘derechos’

Trabajadoras de hogar en el Senado y en pie de lucha

Por Pepa Torres

En España existen más de 700.00  trabajadoras de hogar y cuidados, la mayoría mujeres migrantes, de las cuales sólo están dadas de alta en la Seguridad Social 435.000. Su trabajo invisible sostiene la vida y la economía no sólo de nuestro país, que hoy es también el suyo, sino de sus lugares de origen, pues sin sus remesas serían inviables. Ellas son las protagonistas de las cadenas globales de cuidados y el sistema capitalista y patriarcal tiene una eterna deuda con ellas. Deuda que lo es a la vez de cuidados y de justicia.

Lee el resto de la entrada »

La economista que sentía vergüenza por lavarse el pelo

Por Marta Val

Tengo una caldera que tarda en calentar el agua. Hay que dejar abierto el grifo hasta que sale el agua de la ducha a la temperatura deseada. Tengo prisa y esos minutos de espera se me hacen eternos. Esta mañana se me ocurrió cronometrarlos: cada mañana mi ducha está sacando agua a presión durante 4 minutos. O lo que es lo mismo, por el grifo de mi ducha salen unos 75 litros de agua durante este tiempo. Esa es la cantidad de agua que, según los indicadores Sphera que utilizamos en situaciones de emergencia, necesita una familia de 5 miembros durante todo un día. Y yo todavía no he empezado a ducharme, sólo estoy esperando que el agua se caliente.

Una mujer transporta agua en un barrio de Bria (República Centroafricana). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Una mujer transporta agua en un barrio de Bria (República Centroafricana). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Es increíble cómo somos capaces de aprovechar el agua cuando no nos sobra. En la cuidad siria de Salamiyah, donde Oxfam está trabajando en un proyecto de mejora de acceso agua potable, Razam, una economista de 30 años cuenta cómo, desde que comenzó el conflicto, tener agua se ha convertido en su obsesión; siempre ha disfrutado de agua corriente en su hogar, pero desde que la guerra afectó a su ciudad, los cortes de agua han sido continuos. A veces se  quedan hasta un mes sin servicio.  Ella explicaba lo culpable que se siente cada vez que se lava el pelo (lo ha reducido a dos veces semanales) y siempre utiliza dos baldes, de manera que no se desperdicie ni una gota. El agua después se reutiliza para el inodoro. De la misma forma, han conectado la manguera de salida de la lavadora a un depósito, donde almacenan el agua con la que lavan después los suelos de toda la casa.

En Bangui, capital de República Centroafricana, en situación de conflicto desde 2013, las mujeres todavía lo tienen peor. Antes del conflicto, sólo una ínfima parte de la población tenía conexión de agua en sus casas. Algunas familias compraban agua en pequeños kioscos esparcidos por la ciudad,  propiedad de la empresa municipal de agua, donde las mujeres llenaban sus recipientes y pagaban en función de la cantidad suministrada, 207 francos o lo que es lo mismo 0,32 euros por metro cúbico. Pero la mayor parte de las familias en Bangui no pueden permitirse este servicio y las mujeres se abastecen  de pozos tradicionales, no protegidos. Algunas de ellas, las menos, utilizaban lejía para desinfectar el agua antes de beberla. En general un acceso a agua potable bastante limitado, sobre todo en términos de calidad.

A partir de 2013 y como consecuencia del conflicto, este endeble sistema de servicio de agua potable se vio seriamente afectado; los kioscos quedaron inservibles, algunos fueron directamente atacados  y la mayoría quedaron fuera del perímetro de seguridad de la población. Lo mismo pasó con los pozos tradicionales, los pocos que quedan accesibles por seguridad están todavía más contaminados, y tratar el agua ya no es para nadie una prioridad. A eso se suma un aumento de la tensión ya existente alrededor de los escasos puntos de agua accesibles. En conclusión, antes del conflicto el acceso a agua potable era muy limitado; después del conflicto  es inexistente; prácticamente ya nadie tiene agua potable en Bangui.

Y aquí, como en tantos otros países, la mujer tiene el rol y la responsabilidad heredada de buscar y traer agua a la familia. Y cuando las fuentes de agua ya no son accesibles y  encontrar agua es una necesidad, ellas son capaces de todo con tal de conseguirla. He visto una mujer con un bebé a la espalda llenar una garrafa con un cacito de metal, cogiendo cuidadosamente, con mucha calma, el agua de un charco de lluvia en la cuneta de una carretera.

Como Razam, que se siente culpable por lavarse el pelo, siento que estos testimonios me llevan a un profundo sentimiento de vergüenza y de rabia. Voy a reciclar los 75 litros que se me van por el desagüe cada mañana antes de la ducha. Y también dar a conocer todo lo que puede hacerse para resolver esta situación, a través de proyectos de agua potable en situaciones de emergencia. Sé que es muy poco, casi ridículo ante realidades tan aplastantes. Pero debe ser mi forma de contribuir a entender mejor el privilegio que tenemos cada día cuando disfrutamos del agua.

Marta Val es experta en proyectos de cooperación internacional de abastecimiento de agua, saneamiento y promoción de higiene.

42 años en la piel de un hombre

Por Silvia Martínez Valero Silvia Martínez Valero

Hace unos días le era entregado a Sisa Abu Dauh, una valiente mujer que había pasado los últimos cuarenta y dos años en la piel de un hombre, el premio a la madre egipcia más extraordinaria. Nacida en 1950 en un poblado de campesinos llamado Al Aqaltah, Sisa nunca pudo salir para ir a la escuela o aprender un oficio como hacían los muchachos. En lugar de aquello, hubo de quedarse en casa y contraer matrimonio con un hombre bastante mayor que ella y que falleció durante el embarazo del que sería su único descendiente. Todo lo que se esperaba de ella era formar un hogar y, sin embargo, en aquel momento Sisa se encontró con una grave dificultad; criar a su hija sola.

Sisa recibe el premio a la madre más excepcional. Imagen de girlsglobe

Sisa recibe el premio a la madre más excepcional. Imagen de girlsglobe

Su familia le denegó enseguida la propuesta de trabajar para ganar algo de dinero ya que alegaban que era inaceptable la idea de que una mujer saliera diariamente a ganarse el jornal. Lo que debía hacer, de inmediato y sin protestar, era entregar a la niña a la familia de su difunto esposo.

Así, Sisa se vio obligada a comprender que la única manera de ver crecer a su niña en un mundo de hombres, era transformarse en uno. Se afeitó completamente la cabeza, se acomodó un turbante alrededor, se camufló lo mejor que pudo y salió a buscar empleo. Trabajó en el campo, en la construcción, como limpiabotas… No le hizo ascos a nada y fue sacando la fuerza de la mirada de su pequeña cada mañana.

Nunca se preocupó demasiado por ocultar su aspecto y en ocasiones fue descubierta. Por ello, en su día a día no debía procurar solo la seguridad y bienestar de su hija, sino que además debía velar por su propia integridad física; viéndose presa de la angustia en más de una ocasión.

Era mujer, sí, pero en su vida desempeñó sus trabajos como el mejor de los varones. “Era joven y todavía tenía la fuerza de diez hombres. Me partí el lomo como el que más”. Su condición femenina era un secreto a voces, sin embargo, ella nunca se quitó su falso atuendo ni reconoció o desmintió nada. Aquella era ya su piel.

A día de hoy, cuarenta y dos años más tarde, nadie le cuestionaría a Sisa su capacidad para trabajar o criar a su hija en perfectas condiciones; nadie dudaría que puede realizar las mismas tareas que un hombre y, aún así, nadie se lo permitió. Tuvo que demostrarlo de la manera más eficaz y, en su caso, la única posible; haciéndolo. Aun ahora, es ella la que se levanta cada mañana y se deja la piel en la calle para que la familia de su hija coma porque su marido, el “hombre de la casa”, está en paro. Y lo hace vestida de varón, como toda la vida porque sabe que no puede arriesgarse a que todo lo que ha conseguido se desvanezca al quitarse el disfraz.

Ojalá llegue el día en el que una mujer pueda hacerse cargo de su familia y de su vida sin dar cuentas a nadie. Ojalá pueda hacerlo sabiendo, ella y todo el mundo, que es una mujer. Mujer en todos los sentidos.

Silvia Martínez Valero es una joven estudiante y constructora de historias.

La patria en el limbo

Por Isabel Ortigosa isabel Ortigosa

Francisca tiene 26 años, un marido, tres hijos y una barriga hinchada que deja claro que pronto serán cuatro. Sueña que un día sus niños podrán escoger una carrera que les guste, que serán profesionales  y ‘que no tendrán la misma vida que yo’. Pero Francisca, nacida en República Dominicana, declarada en el registro civil y ciudadana dominicana de pleno derecho desde que nació, perdió hace un año su derecho a la ciudadanía. Y con ella, sus hijos.

La patria en el limbo. Imagen de Inspiraction.

La patria en el limbo. Imagen de Inspiraction.

¿La razón? Hace apenas un año, la sentencia 168-13 promulgada por el Tribunal Constitucional,  denegaba la nacionalidad dominicana a Juliana Deguis Pierre, una mujer dominicana de 28 años y de ascendencia haitiana. El hecho irrefutable de que Juliana llevaba 28 años siendo dominicana no le sirvió de nada. De la noche a la mañana, era una apátrida, una persona sin nacionalidad, invisible a efectos jurídicos.

Con ella, más de 200.000 dominicanos de ascendencia haitiana se vieron de golpe condenados a una falta de nacionalidad con consecuencias gravísimas en sus vidas y sus opciones de futuro. No tener cédula de identidad en República Dominicana implica no poder realizar estudios superiores, no poder firmar un contrato de trabajo, no poder comprar o vender, heredar, abrir una cuenta bancaria, cotizar en un fondo de pensiones, pagar un seguro médico, contraer matrimonio, ejercer el derecho a voto, viajar fuera del país… Ni tan siquiera inscribir a los hijos en un registro civil. Es decir: la condena es además hereditaria, se transmite de generación en generación como una enfermedad maldita ante la que aparentemente poco o nada cabe hacer.

Francisca no pudo continuar sus estudios, no puede trabajar, no puede casarse con Domingo, el padre de sus hijos, y no puede declarar a ninguno de sus niños en el Registro Civil, porque a ella le niegan la cédula de identidad.  “Mi padre vino a República Dominicana en busca de un trabajo y una mejor vida, y murió cuando yo era adolescente. Él nunca se hubiera imaginado que mis hijos y yo pasaríamos por esto”, dice.

Domingo trabaja como peón en un matadero. Sale a las 7 de la mañana a trabajar y no regresa hasta la hora de cenar. Tampoco puede inscribir a sus hijos como padre soltero, porque actualmente la identidad legal sólo la transmite la mujer. Sus hijos son apátridas, porque la Junta Central Electoral sigue reteniendo el acta de su pareja.

El impacto de las políticas de desnacionalización ha agravado así la discriminación hacia las mujeres de ascendencia haitiana. Actualmente en República Dominicana, la inscripción en el registro civil se realiza en base a los documentos que posea la madre; una mujer puede registrar a su hijo o hija como madre soltera, sin embargo un hombre no puede hacerlo como progenitor soltero. En caso de que la madre no posea ningún documento, la inscripción en el registro no podrá realizarse.

Las mujeres cargan con la responsabilidad del reconocimiento jurídico de sus hijos. Por ello la política de desnacionalización les ha afectado especialmente. Les ha convertido en reproductoras de identidad o apátrida dependiendo de si tiene documentación o no. Cuando los hijos no pueden ser inscritos en el registro civil porque sus madres son víctimas de una negación de documentos, al problema en sí se une una casi inevitable sensación de culpabilidad.

¿Hasta cuándo? La campaña Vidas en pause  denuncia el limbo jurídico en el que han quedado miles de dominicanos de ascendencia haitiana. Esta situación debe solventarse con medidas efectivas que garanticen el derecho a la nacionalidad de todo ser humano, sin excepciones. Ya.

 

Isabel Ortigosa es Responsable de Incidencia de InspirAction

¿Retroceso imparable o mentalidad arcaica?

Por Sole Giménez

sole gimenez
Llevo unas semanas que no salgo de mi asombro. Os preguntaréis qué más me puede sorprender en el panorama desolador en el que estamos inmersos en este bendito país.

Pues como mujer no puedo entender a qué mentalidad responden todos los ataques que se están produciendo en contra de nuestra libertad sexual, entendida como nuestro derecho a estar informadas en una educación sexual clara y de calidad, tanto desde los hogares como en los centros educativos de todo el estado.

También interviene en nuestra libertad sexual el derecho a tener medicamentos anticonceptivos que nos permitan tener control sobre nuestra sexualidad a nuestro alcance y dentro de nuestro sistema sanitario. Y creo que es nuestro derecho como mujeres tener hijos e hijas con la ayuda de una reproducción asistida de calidad gratuita si así lo queremos, todas sin exclusión de ningún genero, y también el poder poner fin a un embarazo no deseado dentro de límites legales y jurídicos que tengan en cuenta las circunstancias especiales y específicas de las mujeres que se ven en el drama de afrontar un aborto y no que estén marcados por la ideología religiosa del ministro de turno.

A mi alrededor hay casos que ejemplifican casi todos estos recortes. Conozco niñas embarazadas que se van a ver obligadas a abandonar sus estudios, que van a perder muchísimas oportunidades de trabajo para tener un mejor futuro para ella y para sus hijos o hijas, ya que con sólo 15 ó 17 años van a tener que cuidar de un bebé. Y me pregunto qué esta pasando.

 

¿Nuestro país va a contra corriente? (C) morgueFile

¿Nuestro país va a contra corriente? (C) morgueFile

Me pregunto qué está pasando cuando veo que algunas amigas mías con intenciones de ser madres sólo por el hecho de ser solteras van a tener que ir a pagar su inseminación a centros privados, después de pagar durante años a la Seguridad Social, porque la misma Seguridad Social las discrimina.

Me pregunto qué está pasando cuando leo que nuestro sistema público de salud ha quitado al menos ocho píldoras anticonceptivas de su listado de medicamentos y que la píldora del día después también esta fuera del sistema.

¿Nuestras autoridades han decididido que debemos tener más hijos e hijas? ¿Es porque la natalidad es muy baja en nuestro país o porque la mayoría de ellos comulga con la ideología católica apostólica romana que está en contra del control de natalidad y quiere imponerla al resto de la ciudadanía, seamos creyentes o no? ¿O sólo va en contra de la libertad sexual de las mujeres sin más? Parece que todo responde al deseo ferviente de que la mujer deje de tener el poder sobre su cuerpo,  su mente y su futuro.

Nuestro país va a contracorriente, dando pasos de gigante pero en sentido contrario al sentido común y en esta corriente se está llevando por delante, entre otras muchas cosas, los derechos de la mujer (igualdad de salarios, oportunidad de estudios y de trabajo, ayudas en violencia de género, ley de dependencia, derechos educación y libertad sexual, etc), precisamente en un momento extraordinario en que en nuestro país por primera vez la mayoría de estudiantes universitarios son mujeres.

Cualquiera diría que a algunos les molesta que tengamos más presencia, más posibilidades y protagonismo, incluso que estemos contribuyendo con nuestro trabajo, esfuerzo y dedicación a la mejora de nuestro país. Algunos se atreven a decir que si volviéramos a la cocina entonces habría trabajo para los hombres y se acabaría el paro… ¡Llevo semanas que no salgo de mi asombro!

 

Avanzadoras

Sole GiménezPor Sole Giménez

Avanzar: Adelantar, progresar o mejorar en la acción, condición o estado.
Avanzadora: Mujer que se adelanta, progresa o mejora en la acción, condición o estado.
Esta última definición se ha tenido que inventar para la ocasión, porque la palabra Avanzadora no existe para la Real Academia de la Lengua, aunque seguro que os resulta evidente el término para definir el sentido y la vida de muchas mujeres a las que habéis conocido. Porque avanzadoras existen desde el principio de los tiempos.

http://www.intermonoxfam.org/es/que-hacemos/proyectos/avanzadoras

Senaida Cosagua y Aminata Wone, dos de las protagonistas Avanzadoras

Hablamos de mujeres que han sido y son ejemplo de fuerza, coraje y empuje, mujeres llenas de osadía y atrevimiento, que no se conforman con vivir en la estrechez impuesta por los demás y rompen barreras, de tal manera que van abriendo camino para que otros se cuelen por esas grietas que amplían horizontes. Han traído y siguen trayendo consigo avances para otras mujeres y para toda la sociedad que se vuelve más tolerante, justa y equilibrada, más honesta con la realidad obvia de un mundo con dos sexos. La sociedad entera sale ganando cuando todas las voces participan en el coro y no sólo la mitad y esa participación empezó siendo un empeño, la mayoría de las veces una necesidad de unas pocas mujeres avanzadoras.

Desde la más humilde hasta la más laureada son mujeres dispuestas a ser dueñas de su destino, que conocen lo que significa ser invisibles, que han sufrido el desprecio por su sexo pero que han decidido avanzar, porque las avanzadoras van en contra de la pasividad y el inmovilismo, entienden que su dignidad va unida a su compromiso con la libertad y ser libre en este mundo siempre significa rebelarse, cambiar, traer algo nuevo, avanzar.

Para ellas y junto con ellas lleva trabajando Intermón Oxfam muchos años, en decenas de países, con cientos de casos que han ayudado a transformar la vida de miles de personas. Su objetivo ha sido que ese viento de cambio que tantos beneficios aporta tanto para esas grandes mujeres como para sus comunidades siga generando un cambio evidente y positivo hacia la igualdad en esas sociedades tan injustas y duras para la mujer. Lo que hacen personas como Aminata Wone en Mauritania, Senaida Cosagua en Guatemala, Darem Yelesh en Etiopía, o Eva Pineda en Nicaragua es impulsar la vida de sus familias, comunidades y países por encima de todas las barreras.

La diferencia es que ahora cualquier persona que lo desee puede apoyar el trabajo incansable y tantas veces desconocido de estos cientos / miles de mujeres que en sus distintas comunidades, y la mayoría de las veces en muy difíciles circunstancias, vienen haciendo en pro del progreso de sus familias, de su entorno, de su pueblo, ciudad, estado, país… Ahora estos avances están en peligro por la falta de recursos que trae consigo la aplastante crisis (a veces me pregunto si para algunos no será ésta la oportunidad para perderlos)

Con Avanzadoras podemos seguir apoyando de forma continuada a estas heroínas de nuestro tiempo, más allá de crisis y dificultades, para no dejar de impulsar el necesario y vital cambio de equilibrios en el derecho a la libertad de oportunidades, de elección, acción y pensamiento. Un cambio que trae de la mano una nueva sociedad más justa y equitativa para más del 50% de la población y que es un cambio imprescindible y urgente para construir un nuevo mundo.

 

Sole Giménez es Embajadora del proyecto Avanzadoras de Intermón Oxfam.

 

Decisiones de mujer

Por Sole Giménez Sole Giménez

Hay dias en los que me siento pequeña y frágil, tan indefensa y perdida como una niña, pero no lo soy. Soy una mujer adulta y como tal con capacidad de tomar decisiones sobre mi propia vida, con el derecho a decidir cómo vivir mi propia vida, como debería ser para toda esa inmensa mayoría de mujeres que habitan en este mundo a las que desde tiempo inmemorial les ha sido negado sistemáticamente ese derecho, de muchas y muy diferentes maneras.

A dia de hoy, en mayo 2013, se nos sigue negando y se nos sigue tratando como a niños a los que hay que dirigir, manejar, acallar y anular pues según algunos hombres, no tenemos criterio como para decidir por nosotras mismas, y seguimos siendo tratadas como ciudadanos de segunda. Evidentemente depende mucho de los países, pero asombrosamente el transfondo que subyace bajo este tema es tristemente universal y desagradablemente paternalista.

Malala, activista paquistaní por la educación de las niñas

Malala, atacada por defender el derecho de las niñas a la educación, se ha convertido en un símbolo mundial.

Nuestros derechos están limitados a lo largo y ancho del planeta, desde cosas tan sencillas pero tan esenciales como decidir sobre tu propio cabello, que tendrás que rapar en el Israel más ortodoxo y deberás ocultar en Argelia o Arabia Saudí. Como decidir la parte de tu cuerpo de mujer que enseñas, pues no puedes mostrar tu cara en Afganistán, ni los brazos, ni las piernas, ni los pies en Irán, ni tampoco puedes mostrar tu cuerpo libremente como acto de protesta –como le ocurrió a Amina, amenazada de lapidación en Túnez por enseñarlo-.

Son demasiadas las mujeres que no pueden decidir sobre su futuro y no pueden por ejemplo elegir con quién comparten su vida, como ocurre en la India o cuántos hijos quieren tener, como pasa en China.  O si deciden o no dar a luz una criatura que vendrá al mundo a sufrir por sus malformaciones congénitas como en breve pasará en España. Hay mujeres que tampoco pueden decidir sobre sus propias y tantas veces escasas pertenencias como en Nicaragua, donde no se les permite tener dinero a su nombre, no pueden ni heredar ni ser dueñas de la tierra que trabajan, no pueden vender los frutos que cultivan, ni tampoco pueden opinar.

Niñas con voces de mujer que quieren ir a la escuela y no pueden y llegan a ser tiroteadas como Malala en Pakistán. Otras que tienen posiciones claras y valientes que defender pero a las que se les niega su participación en la sociedad como ocurre en Marruecos o en el Vaticano. Adolescentes que ni siquiera deciden sobre su propia sexualidad, tantas veces mancillada, utilizadas en conflictos armados, usadas como mercancía a lo largo de todo el planeta. Futuras mujeres que ni siquiera llegan a decidir sobre sus propios órganos sexuales brutalmente mutilados, como sigue ocurriendo en Mauritania.

Sé que muchos hombres nos acompañan y nos ayudan a avanzar en nuestros derechos, benditos sean, pero por un segundo les pido que se imaginen vivir con esa condena sólo por el hecho de tener uno de los dos únicos sexos. La mujeres somos el 50% de la población y en general tenemos menos del 50% de los derechos. El de decidir cómo queremos que sea el mundo en el que vivimos es uno de nuestros grandes derechos. Por eso no debemos dejar que otros decidan por nosotros.