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Entradas etiquetadas como ‘Ley Integral contra la Violencia de Género’

500 niños (y sus madres)

Por Eva Levy

Para los afortunados, finales y principios de año se viven en familia. ¡Qué suerte tenemos los adultos que podemos mirar o recordar a nuestros padres con admiración y cariño, incluso si cometieron algunos errores que el tiempo y la experiencia (la nuestra) ya han difuminado! Pero muchos nunca han podido permitirse en estas fechas ni la nostalgia ni la paz: para ellos Herodes no es un rey bíblico, ni una figurita del belén en un palacio de corcho pintado. Para ellos Herodes fue y sigue siendo papá.

Asistí hace unas semanas a la presentación del libro de Nuria Coronado y titulado Hombres por la Igualdad de la Editorial LoQueNoExiste muy bien ilustrado por Catalina Flora, con prólogo de Miguel Lorente y epílogo de Flor de Torres muy cuidados. Contiene dieciséis entrevistas a hombres de todos los sectores –juristas, comunicadores, empresarios, músicos, policías o influencers- en las que reflexionan sin paños calientes sobre la violencia de género, doméstica o como quiera denominarse esa lacra infame. Lo más importante de este libro que recomiendo es, precisamente, que lo protagonicen hombres porque pienso que el acceso a la igualdad auténtica, a los cambios que nuestra sociedad necesita solo será posible con el concurso de los hombres.

Detalle de una de las ilustraciones del libro “Hombres por la igualdad”.  Autora: Catalina Flora

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La ciencia y el compromiso de María Dolores Calvo Navarro

Por Flor de Torres Porras

Cuando María Dolores Calvo Navarro (Mariola) empezó a alzar la voz aún no había sido promulgada la Ley Integral contra la Violencia de Género. Ella, como médica forense, ejercía su  labor en el Instituto de Medicina Legal de Málaga, y yo trabajaba como fiscal en la misma ciudad. En esos años encontramos un camino común que nos uniría de por vida.

No puedo describir fácilmente lo que veíamos cada día en nuestros respectivos trabajos. Llegó un momento en el que alzamos la voz, porque entendíamos imprescindible amplificar, multiplicar, extender la empatía hacia las víctimas de violencia de género (a la que por aquellos años todavía se llamaba violencia doméstica) y lograr un compromiso contra esa tragedia social que  empíricamente  contrastábamos cada día en el Instituto de Medicina Legal y la Fiscalía. Nos dimos cuenta de que solo lo lograríamos desde la especialización, evitando el cuestionamiento de las víctimas, definiendo correctamente la violencia que enfrentaban. Y ante todo y  sobre todo, con un enfoque profesional, cada una desde su especialidad, al que sumamos dos herramientas personales: empatía y compromiso contra la violencia.

Víctima atrapada. Imagen de Fundación Luz Casanova.

Víctima atrapada. Imagen de Fundación Luz Casanova.

Recuerdo que con frecuencia en su trabajo había comentarios que anteponían el hecho de ser mujer a su calidad de profesional de primera línea. Removía los cimientos de un sistema judicial hecho y pensado por hombres, que se resistían a aceptar los cambios. Profesional de las ciencias forenses de primera línea, cercana, empática y única. Irrepetible. Ambas desarrollamos nuestro trabajo contra viento y marea ante una Justicia masculinizada  en la que había que cambiar la invisibilización de los delitos contra los derechos de la mujer, que se cometen por el hecho de serlo y en el ámbito de la pareja.

A ella como forense y a mí como fiscal nos visitaban a diario  mujeres víctimas de violencia de género escondidas en delitos de ‘violencia familiar’. Mujeres sin rostro frente a la violencia de género que sabíamos que sufrían.  Apenas podían hablarnos. Sus frases eran entrecortadas, asomaba frecuentemente el llanto, les costaba  fijar sus ojos en los nuestros pues tenían la mirada perdida. Su discurso ni siquiera pretendía en muchas ocasiones inculpar  a su pareja, sólo buscaban ayuda y guía para el tortuoso camino de la huida del horror que acaban de emprender.

Eso, cuando eran ellas las que comenzaban a acercarse a la Fiscalía o al Instituto de Medicina Legal. Porque teníamos  muy presentes Mariola y yo a las que no venían a vernos. Víctimas escondidas como las ancianas, los hijos de la violencia de género, las incapaces, las personas discapacitadas… No podían ver un horizonte de esperanza. Nadie les guiaba hacia la justicia, y ellas no conocían  el camino. Estaban en manos de sus maltratadores y solo con ayuda de instituciones públicas, privadas, vecinas, amigos, compañeras, podrían ser conscientes de la necesidad de denuncia de su situación y de la posibilidad de recibir atención médica, apoyo y salidas.

Venían de  distintos orígenes, incluso de distintos países, tenían distintas historias, costumbres, estratos sociales, estudios, profesiones, domicilios. Pero cuando el miedo, la rabia y la impotencia les empujaban a buscarnos, lo hacían de la misma forma: en silencio y a escondidas. Unimos fuerzas y nos coordinamos médica y jurídicamente para darles la mejor atención posible.

Hablando con ellas, pensando en ellas, fuimos desarrollando protocolos internos para reconocer su situación y formular las denuncias. Mariola las reconocía como forense y yo como fiscal denunciaba de acuerdo con las leyes del momento. Tras los juicios, pensábamos en cómo podrían rehacer sus vidas y recomponer su autoestima.

Años después  por primera vez  en España se sintió la necesidad de caminar juntos por la igualdad. La Ley Integral las nombró como víctimas de violencia de género, y creó nuevas herramientas para darles atención y justicia. Se priorizó esta forma coordinada de actuar que habíamos iniciado en Málaga, que se extendió a toda Andalucía y luego a España. Ahora existen, creadas en el marco de la Ley Integral, las llamadas Unidades de Valoración Integral de Violencia de Genero (UVIVG). Son las que nos aportan la perspectiva de género tan necesaria en los procesos judiciales.  Dependen de los Institutos de Medicina Legal y de las pericias que les encomiendan  los Juzgados y Fiscalías de violencia de género. Son pruebas periciales que permiten sacar a la luz los delitos de violencia de género, que sin ellos seguirían invisibles: delitos contra la integridad moral, delitos de violencia de género habitual…

Gracias a las Unidades especializadas se dispone de herramientas que permiten documentar correctamente el testimonio de una víctima y sus hijos y permiten situarlas científica y pericialmente como víctimas de violencia de género. Aportan pruebas necesarias e imprescindibles los procesos. La participación de un forense y su equipo multidisciplinar, formado por psicólogos y trabajadores sociales, permite una  evaluación completa y adecuada de los casos, con la que soñábamos Mariola y yo en los primeros tiempos.

Qué lejos quedan los tiempos en que había que reclamar una y otra vez que María Dolores Calvo Navarro, además de ser mujer, actuaba en su trabajo como Licenciada en Medicina y Cirugía, como especialista, como funcionaria Médica Forense por oposición, como la primera Forense Coordinadora de Violencia de Género en España y hasta como Directora del Instituto de Medicina Legal de Granada. Una trayectoria que incluye un importante paso por Europa y numerosos reconocimientos y galardones y no puede ser cuestionada.

Nombrar a Mariola para mí es  hablar de una hermana de vida y de una mujer solidaria. Este año ha sido la primera finalista del premio Avanzadoras  2016 que cada año convocan 20 Minutos y Oxfam Intermón. Pero sobre todo y ante todo es nombrar a una mujer valiosa cuyo compromiso por la igualdad abracé desde que nos unimos y abrazaré siempre. Una Mujer de Mujeres.

flor de torres nueva recortada Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

La difícil convivencia

Flor de TorresPor Flor de Torres

Conocemos nuevos datos sobre la violencia a la mujer en nuestro país: los del primer trimestre del 2015, a través de las estadísticas judiciales. Y conocemos también el estudio sobre las motivaciones de las víctimas realizado por la profesora de psicología experimental María Jesús Cala, que profundiza sobre los motivos que llevan a las mujeres víctimas de violencia a renunciar el proceso y predecir con el 80% sus renuncias en futuras actuaciones judiciales.

¿Qué diferencia a la víctima de la violencia de género de cualquier otra víctima de otro delito?. Imagen de Óscar García Montes.

¿Qué diferencia a la víctima de la violencia de género de cualquier otra víctima de otro delito?. Imagen de Óscar García Montes.

De nuevo los datos estadísticos de violencia de género nos sitúan en la magnitud del problema. Imposible dar una única explicación. Y es que podríamos dar todas las que confluyan y se apoyen en la desigualdad propiciando el crimen de género. Esa es la única explicación. Mientras se construyan relaciones desiguales existirá la violencia a la mujer. Y existirán perpetuadas las victimas que no quieren denunciar o que renuncian al proceso amparadas por las prerrogativas legales de un sistema Judicial construido en leyes que nada tienen que ver con el moderno mecanismo de la L.O 1/04, de la ley integral contra la violencia de género.
En 1.882 se publicaba la Ley de Enjuiciamiento Criminal que permitía en su artículo 416 a los cónyuges, en este caso a la mujer, no declarar en contra de su esposo. La ley decía en su exposición de motivos que este permiso para no declarar se basaba ‘…en los vínculos de solidaridad familiar que deben presidir las relaciones familiares’.
Difícil convivencia legal de este artículo con el máximo exponente del compromiso en la lucha contra la violencia de género: nuestra ley integral. Ello provoca una fuente inagotable de renuncias, abandonos, silencios y absoluciones en los procesos judiciales por violencia de género donde la víctima persiste en su silencio o en su negativa a continuar el proceso silenciando la prueba nuclear del mismo: su declaración.
Y fue Stuart Mill (1806-1873) precisamente quien en esos años de producciones legislativas y cuando se fraguaba la ley de Enjuiciamiento Criminal, quien centró la visión de género de que adolece la Ley de Enjuiciamiento Criminal cuando el manifestaba: ‘La mujer es la única persona (…) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo. Por eso las mujeres apenas se atreven, ni aún después de malos tratamientos muy largos y odiosos, a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto sea posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece’.
Pese a todo se redactó este articulo 416 en la Ley procesal que promulgaba la solidaridad familiar como causa que justifique el silencio y la impunidad de muchos procesos judiciales entre las propias víctimas de la violencia de género. Y seguimos preguntándonos qué hace a una víctima de violencia de género tan especial frente a otra víctima de otro delito.
La respuesta la encuentro siempre en la psicología, en la deconstrucción interior que su maltratador ha hecho de ella, desprogramándola como mujer libre y construyéndole sentimientos internos que integran:
– Distorsión cognitiva con deformación en el procesamiento de la información. Un engaño que distorsiona su realidad, su pensamiento futuro y lo que le rodea. Frecuentemente nos manifiestan en los tribunales: ‘el proceso se va a volver contra mí’, ‘nadie me va a creer’,  ‘mis hijos me van a hacer responsable de lo que ocurra a su padre‘…
– Frustración como estado psicológico que puede sobrevenir al no alcanzarse los objetivos pretendidos, y que puede además desencadenar comportamientos negativos en la propia víctima. En los Juzgados nos manifiestan: ‘no soy capaz de relatar lo que ocurrió’, ‘no sé si quiero una medida de prisión’, ‘no sé si quiero el divorcio‘…
Falta de asertividad como capacidad para transmitir hábilmente opiniones, intenciones, posturas, creencias y sentimientos. Ellas, las víctimas, recurren a las frases tan reiteradas en los Órganos Judiciales como: ‘no voy a declarar contra el padre de mis hijos’,  ‘me acojo a mi derecho de no declarar de acuerdo al artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal
– Y todo ello unido a sentimientos de vergüenza o presión social y familiar.
Sí. De nuevo las estadísticas y el recuento. Y los datos que nos arrojan, los que nos dicen los números que encierran vidas de sufrimiento, desigualdad, dolor y silencio.
En esos años de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, un magnífico Fiscal General del Estado, Javier Ugarte, en la Memoria anual de la Fiscalía de 1907 manifestaba: ‘Hablar del crimen pasional para enmascarar infamias, hacer del asesinato de mujeres leyenda que ennoblece groseros sadismos y exalta honores canallescos-al par que en ocasiones vindica honras conyugales, con letra de Calderón y Lope de Vega- es una gran vergüenza, reveladora de la negligente indefensión social que pide a gritos rigores de ley, inflexibilidades de Jueces, reparaciones de derechos, a cuyo amparo cuenten con verdaderas garantías la inocencia y la seguridad de la mujer.
Reconocidas están en nuestros Códigos todas las libertades; pero ¿Hay pretexto para respetar una libertad que signifique “anarquía”, es decir, atropello de todos los derechos, olvido de todos los deberes, harapos de todas las ideas, escombros de todas las Instituciones, escuela de todos los crímenes, protesta viva y violenta de toda la Ley?… ¿Puede tampoco invocar la ley en su amparo el que de conculcarla y escarnecerla hace dogma y principio de conducta?’

Y esta debe de ser nuestra visión y nuestra actitud. Stuart Mill y Javier Ugarte nos dieron las claves hace ya más de un siglo. Pero por favor no cuestionen la violencia de género sin conocerla. Y sin conocer esta difícil convivencia legal.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

Diez años, diez claves

Por Flor de Torres Flor de Torres

Este año cumplimos 10 años de   la publicación  de la Ley  Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género.  Se culminaron con esta Ley las apuestas  legislativas de contribuir al reequilibrio de género que la sociedad demandaba. Y así comenzamos una andadura que hoy, a 10 años vista,  nos exige recapitulación, reflexión  e ideas que nos confirmen que estamos en el camino de una sociedad sin violencia de género.

Variaciones sobre la Ley Integral contra la Violencia de Género. Intervención sobre BOE. Colectivo TrasTando.

Variaciones sobre la Ley Integral contra la Violencia de Género. Intervención sobre BOE. Colectivo TrasTando.

Han sido 10 años  de apoyos y de críticas. No recuerdo una ley tan controvertida ni tan cuestionada como esta. Y ahora tras el camino recorrido y  tras el poder  de ser norma plenamente Constitucional, debemos un reconocimiento a sus logros.

Estas son las 10 claves:

  1. Especialización. Los Juzgados de Violencia sobre la mujer y la  Fiscalía  de Violencia a la Mujer  proporcionan el marco legal  especializado de respuesta ante esta forma de delincuencia amparada en el hecho diferencial del género.
  2. Protección. Otorgamos a las víctimas que tenían una situación clara de riesgo las respectivas órdenes de protección que les daban carta de naturaleza como victimas  pero además se las blindaba de futuras agresiones y hechos delictivos.
  3. Amparo a las niñas y niños. Son los hijos de la violencia de género, por los que hoy luchamos para que sean reconocidos como víctimas directas de la violencia de género. Algo que se ha conseguido  dándoles una  presencia más efectiva ante la delincuencia de género. Supimos que un menor   es una víctima directa de la violencia de género cuando se expone a ella de forma directa o indirecta por  ser testigo.
  4. Revolución. Asistimos a una auténtica revolución en el derecho Penal.  No se trataba tan solo de criminalizar más el delito de violencia de  sino de   responder íntegramente  ante el fenómeno ascendiente de la violencia de género con un  derecho penal  que reequilibre el concepto de género y que incida en la medida que la prevención social, educativa, de comunicación  y  formativa, que conviven con la misma Ley,  no respondan a los objetivos marcados en la misma.
  5. Visión social. Entendimos que la violencia de género ya no es un problema que afecte al ámbito privado, al contrario,  se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad y es un problema social de contenido plural y no solo Jurídico.
  6. Implicación. Implicamos a la sociedad para  la visibilidad del delito   y  para que cada uno de nuestros actos  reafirme la   regeneración de la   igualdad de género  como  única forma de controlar social y  penalmente la violencia de género.
  7. Coordinación. Coordinamos todas las instituciones para que el intercambio de información y cooperación sea la clave de la lucha y de la prevención.
  8. Empatía. Reforzamos nuestra empatía y comprensión ante la violencia de género.Así, cualquier mujer  que acuda al  Ministerio Fiscal y al Juzgado de Violencia sobre la mujer, denunciara no solo  un hecho delictivo sino también  exteriorizara su confianza  en que los mecanismos jurídicos deban de funcionar de forma que se le tutele y   le represente eficazmente. Nos entregan su intimidad y les otorgamos Justicia y Protección.
  9. Redes profesionales. Especializamos  las redes profesionales  de   desde los Juzgados de Violencia Funcionarios, Abogados, Jueces, Ministerio Fiscal, Médicos-forenses, Policías, Servicios Médicos, Enfermería, Servicios técnicos de atención y todo tipo de personal que atiende a las mujeres víctimas de la Violencia. Este automatismo  en la atención garantiza de forma eficiente la protección.
  10. Paz social: Unimos nuestro trabajo y  devolvemos a la  sociedad algo que la  Constitución nos  exige: Que la paz social alcanzada a través de la igualdad sea real   y efectiva.

Son estas nuestras herramientas legales. Las que nos  entregó la Ley Integral para un único objetivo: Obtener  en el respeto de los derechos  fundamentales de la  víctima de la violencia de género su dignidad y su igualdad.

Me sigue alertando  la falta de  arrepentimiento,  la frialdad y la ausencia de empatía de los condenados por delitos de violencia de género.  No se presentan ante la Justicia admitiendo sus hechos y la trascendencia de los mismos.   Siguen sin explicar sus conductas y acciones. Niegan   su cualidad de  maltratadores  para  hacer a sus víctimas  responsables de sus acciones. Y este es el camino que aún nos queda por recorrer: el calado de la igualdad en los hombres que ejercen la violencia de género como  único antídoto contra la misma. Pero también como mandato constitucional: la reinserción del delincuente.

Observo en el día a día  la esperanza y la apuesta de muchas víctimas por su confianza en la Justicia. Saben que les atenderán  profesionales  cualificados y  que serán tratadas  como   personas  merecedoras de  todos los  derechos y atenciones  que sean destinatarias como víctimas de un delito de violencia sobre la mujer.  Y ese es su camino único: el suyo, el nuestro y el de los maltratadores. Es el camino de  la ansiada paz social que exige la Constitución como fundamento y esencia de nuestra  convivencia.

Y hasta que ello no ocurra  nuestra función seguirá  en estar al lado de las víctimas y representarlas porque debemos seguir honrando a las 750 mujeres  que en estos 10 años nos faltan. Asesinadas en actos de violencia de género. A su memoria, a la de sus hijos, sus familias y sus derechos van estas palabras y el mensaje que están  presentes en nuestro esfuerzo y compromiso.  Como lo están cada una de las mujeres que han podido acceder a una vida en paz, en libertad y  en uso exclusivo y pleno de todos sus derechos fundamentales.

 

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminacion sexual. Fiscal Decana de Málaga.