Teatro necesario para abrir los ojos ante el maltrato

Por Nuria Coronado

Hay veces que la vida te regala conocer a mujeres que admiras y que son el bálsamo del mundo. Así me paso con Marina Marroquí, una luchadora y superviviente de la violencia de género a quien la primera vez que entrevisté me dijo una frase que se me quedó clavada para siempre. “La mayor venganza que se le puede hacer a un maltratador es ser feliz”. ¡Qué verdad más inmensa y más empoderante! Ella, como tantas otras, hablaba a sabiendas de lo que son los golpes físicos y emocionales, de lo que es dejar de sonreír y ser persona porque alguien le decía que no valía nada o que bastante suerte tenía con tenerle a él. Ese “él” que a los ojos de cualquiera es “el hombre perfecto”. Ese él que le hizo bajar al infierno, desaparecer de sí misma, marchitarse, dejar de existir.

Marina creyó después de tanto escuchar a la voz de su amo y maltratador que no merecía nada. Hasta que un día dijo basta. Se levantó de sus cenizas y se demostró que valía oro, que era la mejor en todo lo que se propusiera y que necesitaba respirar de nuevo. Se apoyó en su familia, y dejándose la piel de sus manos y de su alma, tuvo los ovarios de empezar a subir por la cuerda del pozo en el que había caído. Y el milagro se hizo. Salió de ese territorio que ninguna mujer se merece y puso en marcha el contador de la vida en mayúsculas.

Los actores Cecilia Sarli y Chema Coloma.

Tras mucho dolor, lágrimas y esfuerzo hoy es una mujer increíble a la que el destino le ha regalado todo lo que le quitó y más. Su existencia la ha entregado a quererse para ayudar a que otras mujeres, esa una de cada tres que sufren abusos. Para que ellas no tengan que andar por el camino que ella pisó y corran en cuanto huelan el olor nauseabundo del que se viste de príncipe azul para después destrozarte la vida.

De ella, y de tantas Marinas como hay en el mundo, me acordé al ver Wake up woman* una obra protagonizada por Cecilia Sarli y Chema Coloma que tiene el don de ser teatro terapéutico y en mayúsculas. De ese teatro que duele pero cura. Lo que allí acontece es el cuento del amor tóxico disfrazado del amor romántico. “Teatro para sensibilizar a través del dolor ajeno”, decían los actores al público al acabar la función. “Es nuestra manera de visualizar, prevenir y sensibilizar acerca de la violencia de género”, añadían.

Cecilia y Chema dan al interruptor de la conciencia y se convierten en la luz de la inteligencia, que como decía Confucio, “distingue el bien del mal”. El bien, la mujer libre; frente al mal, el hombre maltratador. En algo más de una hora y con imágenes, canciones y juegos de luces, cuentan sin tapujos ni anestesias lo que significa ser maltratada. Muestran a través de la historia de Natalia y Federico que cuando se acaban las certezas, empieza la verdadera historia: la del terror más demoledor.

Un espanto forjado en diálogos de mujeres que han sufrido violencia machista junto a los de los verdugos. Un horror hiriente que deja claro que cuando un maltratador pega “se siente fuerte y poderoso” frente a la debilidad, cada vez mayor, de quien recibe los golpes en forma de palabra, moratón o agresión sexual. Es la puñetera historia de quien se cree dueño de todo. Por eso entre otras composiciones suena la canción de Rafael, aquel que canta a su víctima que como él la quiere, nadie le amará. “¡Yo, te amo con la fuerza del destino, yo! …”

La obra duele, inquieta, se clava en la razón y el corazón. Desde ella se porque reclama un espacio de dignidad e igualdad. Hay que ir a verla y apoyarla. Porque nos recuerda que solo se puede estar del lado de la víctima para que deje de serlo. Se hace necesario convertirse en su público  porque solo comprendiendo el dolor de las víctimas, seremos capaces de salvarlas con nuestra complicidad del sufrimiento inmerecido causado por el único culpable que es el patriarcado. Por ellas, por las que ya no están, por las que están y vendrán. Despertémonos junto a ellas.

  • La obra se representa todos los sábados de junio en Madrid en la Sala Nueve Norte.

Nuria Coronado es periodista, autora de Hombres por la igualdad, editora, experta en comunicación y organizadora de eventos.  

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