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Ciberfeminismo contra la violencia

Por Eva Moure

Sólo hace un par de meses que supimos que la RAE (Real Academia) había decidido incorporar ‘sororidad’ como nueva palabra al diccionario. ¡Nueva! ¡Una palabra usada desde hace décadas! Mientras las instituciones y espacios oficiales van a remolque, la calle camina imparable.

Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales realizadas por la ilustradora Antonia Santolaya durante la reunión de ciberactivismo organizada por Oxfam Intermón en Madrid. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Hace pocas semanas tuve la suerte de compartir jornadas con un grupo de activistas feministas de Africa, América Latina y España que se juntaron en Madrid, invitadas por Oxfam Intermón, para plantear estrategias de innovación digital contra los diferentes tipos de violencia machista. También para compartir experiencias y propuestas, para tejer red. Sororidad internacional en estado puro. Está claro que lo que compartimos es infinitamente mayor que lo que nos separa. En Argentina, Sudáfrica, Gambia, Colombia, España, Brasil o Marruecos.

De entrada, muchos hechos y datos demuestran que las violencias machistas ocurren en todo el mundo de forma sistemática, aunque hay quien todavía las niega o afirma que se trata de casos aislados. ‘Los datos son claves para conseguir políticas públicas, por eso es importante que se reconozcan los datos reales, no solo los oficiales’, comenta Nerea de Feminicidio.net.

Las movilizaciones sin precedentes también son un punto en común. El #NiUnaMenos en Argentina, el histórico 8 de Marzo pasado en España, el Total Shutdown (Paro total) del verano pasado en Sudáfrica, con miles de mujeres de todo el país movilizadas contra la violencia machista en uno de los países con mayor número de feminicidios del mundo y, al mismo tiempo, con las leyes más avanzadas en materia de defensa de los derechos de las mujeres. Leyes que no se cumplen. 

(c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

Notas visuales de Antonia Santolaya durante la reunión de ciberfeminismos celebrada en Madrid y organizada por Oxfam Intermón. (c) Antonia Santolaya / Oxfam Intermón

El colectivo feminista habla de violencias, en plural, porque son varias. Y en los últimos años, la violencia digital es una de las últimas incorporadas. El auge del ciberactivismo ha multiplicado las posibilidades tanto de defender derechos como de recibir ataques, sufrir acoso o violencia machista en la red. Varias activistas africanas lo cuentan en este artículo. En América Latina, experiencias como la de Las Igualadas buscan abordar temas de género de forma divulgativa, y lo hacen de forma desenfadada y directa.

Su propuesta les ha valido millones de aplausos. También muchos ataques que, como a tantas activistas, las obliga a buscar estrategias de autodefensa.  ‘El objetivo de las violencias machistas es expulsar a las mujeres del espacio público’, escucho. Asustando, acorralando, avergonzando, provocando autocensura, entre otras cosas. La cuestión de fondo: las violencias machistas provienen de la desigualdad de género y de unas creencias afianzadas que es necesario desmontar si queremos una sociedad más justa y equitativa.

Hay trabajo por hacer. Y para ello es imprescindible unir fuerzas y compartir recursos. Es lo que hicieron las activistas que se juntaron en Madrid y a las que la ilustradora Antonia Santolalla siguió durante dos días para contar, con gran talento, en ilustraciones como las que acompañan este texto, cómo tejer redes saltando fronteras de todo tipo. En una palabra, sororizando.

Eva Moure es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

Justicia patriarcal, una vez más

Por Nerea Novo

A finales de abril de 2018 se conoció (y nos indignó) la sentencia emitida por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra contra los cinco miembros de La Manada (José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Jesús Escudero y Antonio Manuel Guerrero). Los magistrados alegaron que no hubo violencia ni intimidación en la agresión sexual sufrida por la joven madrileña el 7 de julio de 2016. El delito por el que se les condenó entonces fue abuso sexual, en lugar de agresión sexual.

Manifestación ante la sentencia de la Manada. Imagen Nerea Novo / Feminicidio.net

Hoy el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha confirmado la condena de nueve años para los agresores sexuales y ha contado con solo dos votos particulares que consideraron que sí existió un delito continuado de agresión sexual al “apreciar la existencia de intimidación”. La Justicia Patriarcal se reafirma por segunda vez en no reconocer la violación y dar un mensaje de impunidad. La única esperanza ahora está puesta en que se pueda recurrir la sentencia al Tribunal Supremo.

El rechazo social ante esta actuación de la justicia patriarcal inundó las calles de todo el Estado y ha sido galardonada con el ‘Garrote de Plata’, al ser considerada la segunda peor sentencia a nivel mundial sobre igualdad de género, según la organización Women’s Link.

El caso de La Manada es especialmente mediático por lo paradigmático que resulta: un grupo de hombres desconocidos para la víctima, o que conocen ese mismo día, violan a una joven, imitan prácticas aprendidas de la pornografía hegemónica e incluso llegan a pornificar la agresión, la graban y la difunden entre sus redes.

El imaginario patriarcal de la pornografía hegemónica también afecta al magistrado Ricardo González, que en su voto particular identifica en la grabación “actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo”, abogando por la absolución de los acusados.

Desde 2016, el año en el que actuaron los integrantes de La Manada también en Pozoblanco, en nuestra sociedad se ha disparado la alerta social por este tipo de agresiones. Tal es así que desde 2016 hemos registrado 80 casos de agresiones sexuales múltiples en la herramienta online GeoviolenciaSexual.com. De ellas, el 64% fueron perpetradas en 2018, a falta de terminar el año. La documentación de estos casos refleja una clara tendencia al alza en la denuncia de estas brutales agresiones. La justicia patriarcal, con sentencias como la de hoy, supone una piedra en el zapato en este camino y cada vez más empuja a las mujeres a recurrir a la denuncia pública frente a la judicial en busca de apoyo social.

Como el caso de La Manada, dos de cada tres agresiones fueron perpetradas por grupos de hombres desconocidos o cuyo primer contacto con la víctima fue ese mismo día. Un 12,5% fue pornificada por los agresores, que grabaron o fotografiaron a su víctima durante la agresión. Más de la mitad de los casos fueron agresiones perpetradas de madrugada. Y, como La Manada, uno de cada diez robaron a sus víctimas.

No todas las víctimas son mujeres. Dos de los 80 casos tuvieron víctimas masculinas, como el caso de un niño de 9 años violado por cuatro de sus compañeros de colegio en Chilluévar (Jaén). El 100%, es decir, todas las agresiones sexuales múltiples documentadas desde 2016 fueron perpetradas por grupos formados exclusivamente de varones. Por eso, y porque la justicia patriarcal no puede seguir cayendo en el negacionismo de las violencias machistas reconocidas en el Convenio de Estambul que España ha ratificado y está obligada a cumplir, esta tarde las manifestaciones de protesta volverán a inundar las calles: por una justicia digna para las supervivientes de la violencia sexual. Yo voy.

Nerea Novo forma parte del equipo de Feminicidio.net

Paramos porque nos sobran los motivos

Por Nerea Novo

Nota de las editoras: Este post ha sido programado para su publicación de forma automática. Porque hoy 8 de marzo, #LasBloguerasParamos

El 2 de marzo se cumplían dos años del feminicidio político de Berta Cáceres, la líder indígena hondureña, feminista y activista por el cuidado del medio ambiente. Dos años en los que los pasos feministas resonaron por todo el planeta e hicieron temblar estructuras milenarias, quasi-sacrosantas, que habrían emocionado a Cáceres.

El 8 de marzo de 2017, un año después de su feminicidio, organizaciones de más de 50 países convocaron un Paro Internacional de Mujeres centrado en el grito Ni Una Menos, como respuesta a la insostenible violencia machista que culmina en el feminicidio, pero que se manifiesta a todos los niveles en los ámbitos social, cultural, económico, político y sexual por todo el mundo. La respuesta fue masiva y solo el principio de un despertar global, diverso y, lo más importante, un despertar sin miedo.

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