¿Es sano que los niños tomen sal?

El sodio es uno de los minerales más importantes que podemos encontrar en el cuerpo humano. Su función principal es regular la cantidad de agua que se encuentra dentro y fuera de las células junto al volumen plasmático del organismo, además de intervenir en múltiples procesos metabólicos y en el control de los impulsos nerviosos. La forma en la que el sodio llega a nuestro cuerpo procede principalmente de la alimentación, sobre todo en forma de sal, ya que esta está compuesta por cloro y sodio.

Dicho así parecería que ante un mineral tan importante, deberíamos consumirlo en abundancia, “para que no falte” dirían algunos. Sin embargo, todos sabemos que un alto consumo de sodio -o lo que es lo mismo, de sal- puede tener consecuencias nefastas para la salud, ya que condiciona hipertensión arterial, uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de eventos cardiovasculares, como los infartos de corazón y los derrames cerebrales.

Pero, ¿y los niños? Los infartos o las hemorragias cerebrales en esta edad son excepcionales, lo que nos podría hacer pensar que cuidar su consumo de sal no es tan importante como en los adultos: nada más lejos de la realidad.

En este post os contamos cuáles son los efectos que tiene el consumo excesivo de sal en los niños y qué limites de ingesta se consideran seguros según la edad. A lo largo de este texto las palabras “sal” y “sodio”, aunque no son exactamente lo mismo, serán empleadas como sinónimos.

¿Por qué el consumo excesivo de sal es malo?

Como decíamos, el sodio es el mineral que regula el contenido de agua de nuestro cuerpo y con ello el volumen de sangre que circula por los vasos sanguíneos. Cuando consumimos mucha sal se produce un aumento de la tensión arterial. A largo plazo, esta elevación condiciona cambios en la microcirculación (en los capilares y las paredes de las arterias). Todo ello supone uno de los factores de riesgo más importantes a la hora de padecer eventos cardiovasculares como los mencionados anteriormente.

Al igual que los adultos, los niños pueden padecer hipertensión arterial, aunque en ellos sus efectos dañinos no suelen notarse. Sin embargo, tener la tensión elevada durante la infancia condiciona peor pronóstico cardiovascular durante la etapa adulta. Por ello, el consumo excesivo de sal es igual de peligroso en niños que en adultos.

Además de la hipertensión y sus efectos a largo plazo, el consumo habitual de comida salada reeduca al cerebro para tener una mayor predisposición a este tipo de sabor. Como veremos en el siguiente apartado, la gran mayoría de los alimentos que contienen mucha sal son productos procesados o ultraprocesados que se alejan mucho de lo que consideraríamos una alimentación saludable. Por ello, el consumo frecuente de alimentos salados no es bueno ya que induce a una alimentación poco saludable.

¿Qué alimentos contienen mucha sal?

Todos los alimentos, incluso los productos frescos o no cocinados, contienen sodio en su composición. Con una alimentación variada y saludable, la cantidad de sodio que ingerimos a través de estos alimentos es suficiente para cubrir las necesidades del organismo de este mineral.

Pero sin ninguna duda, la fuente más importante de sodio en la dieta de cualquier persona proviene de los productos cocinados. De hecho se calcula que hasta el 80% del sodio que ingiere una persona de forma diaria procede de la sal que se añade a la comida cuando la cocinamos (ya sea cuando guisamos o como aderezo a un alimento) y de los productos que ya compramos elaborados en el supermercado y están listos para comer. Cuando se hacen encuestas alimentarias, ese 80% supone muchas veces más del doble de los límites que se consideran saludables para el consumo de sal.

El motivo por el que se añade sal a las comidas es bien sencillo. Por un lado porque las hace más apetecibles, ya que su sabor es más agradable que comer algo soso, y por otro, porque la sal funciona como un conservante de muchos alimentos.

Si rebuscáis en vuestra despensa veréis que en la etiqueta de composición de casi todos los alimentos la sal figura como ingrediente. Esto no quiere decir necesariamente que estos productos sean insanos, por ejemplo, el queso fresco (una opción saludable para que los niños tomen un lácteo) contiene muy poquita sal. Sin embargo, otros productos contienen mucha sal, muchísima más de lo que se considera recomendable, y superan con creces los límites de consumo diario que se consideran razonables; en general, estos productos son los conocidos como ultraporcesados entre los que encontraríamos los fiambres, los aperitivos salados, la comida precocinada y muchos otros. También existen otros alimentos que no entrarían dentro de la categoría de ultraprocesados pero que contienen sal, como puede ser el pan o las conservas en lata.

Los ultraprocesados contienen mucha sal, por ello su consumo debe o eliminarse o restringirse al mínimo posible.

A modo orientativo, aunque luego veremos la ingesta diaria máxima recomendada por edad, podemos decir que el contenido de sodio en un alimento es:

  • Bajo si es menor de 0.45 gr en 100 gr.
  • Alto si tiene más de 1.20 gr en 100 gr.

Además, hay recogidas en la legislación española varias declaraciones nutricionales que informan al consumidor de que determinado alimento tiene poca sal y que suelen anunciarse en la parte superior de los envases. Serían las siguientes:

  • “Bajo contenido en sal/sodio”: cuando el producto final contiene menos de 0,12 mg de sodio por cada 100 mg o ml de producto.
  • “Muy bajo contenido en sal/sodio”: cuando el producto final contiene menos de 0,04 mg de sodio por cada 100 mg o ml de producto.

Por ello, os animamos a mirar las etiquetas de los productos que compréis para elegir aquellos que contienen menos sal. Será bueno para vosotros y para vuestros hijos.

¿Y tomar “poca” sal sirve para algo?

Algunos estaréis pensando que sin sal la comida no sabe a nada y que tampoco debe pasar nada por usar un poco el salero para que todo sepa mejor. Sin embargo, además de en aquellos que ya tienen hipertensión, controlar el consumo de sal en las personas sanas es también una prioridad.

En este sentido, está demostrado que reducir el consumo de sal en la dieta reduce también las cifras de tensión arterial incluso en gente sana, lo que a la larga te protege de los efectos dañinos de la hipertensión arterial. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recalca que reducir el consumo de sal a nivel poblacional es una de las medidas de salud pública más importantes que se pueden realizar, la cual evitaría hasta 2,5 millones de muertes al año en todo el mundo.

Y los niños no están exentos de esta recomendación. Como hemos dicho, los efectos dañinos del exceso de consumo de sal y de la hipertensión se ven a largo plazo, por lo que esa carrera para evitarlos se debe comenzar desde el principio, es decir desde que los niños son pequeños.

Reducir el consumo de sal y alimentos saldos protege contra el desarrollo de hipertensión arterial.

¿Cuál es el límite de sal que deben consumir los niños y los adultos?

Los límites máximo diarios de consumo de sal recomendados están establecidos ya desde hace años, tanto para niños como para adultos. Serían los siguientes:

  • En adultos se recomienda que el consumo de sal sea menor a 5 gramos al día (o lo que es lo mismo, 2 gramos de sodio)
  • En niños mayores de 2 años el consumo de sal recomendado es de menos de 2 gramos al día (o lo que es lo mismo, 0,8 gramos de sodio).
  • Por último, en los menores de 2 años no se recomienda el consumo de sal añadida durante el cocinado ni de productos con mucha sal.

Para los que nos leéis habitualmente sabréis que a nosotros nos gustan las cosas sencillas y eso de medir cuánto de tal o cual alimento como que no lo vemos. En este sentido, no creemos que tengáis que estar pesando los granitos de sal que dais a vuestros hijos a ver si llegáis a límite. Lo realmente operativo es cocinar con poca sal (o casi sin sal) y limitar al máximo los productos comerciales procesados y ultraprocesados. Si sois de los que no se os dan bien los fogones, quizá sí merecería la pena que revisarais las etiquetas de lo que compráis para que elijáis las opciones más saludables.

Y recordad, los adultos somos un ejemplo para los niños, así que limitad también vosotros el consumo de sal.

Bilbliografía:

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