Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
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en iRegina, su réplica digital

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“¿Tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?”

Quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos novelas que van sobre libros y cualquier criatura bibliófaga, real o inventada.

(The Queen, 2006 / Pathé)

(The Queen, 2006 / Pathé)

Gracias a la Providencia Librera hay escritores que ficcionan sobre esas variables, e incluso las extreman urdiendo sus tramas con personajes arrastrados a su pesar al subversivo placer de la lectura, que acaban convertidos en lectores compulsivos, para gozo y deleite de nuestra bibliofilia.

Que los bibliomaniacos nos peguemos a este tipo de literatura como un insecto a una bombilla es algo instintivo. Y lo es porque entre sus páginas no solo nos topamos con bibliomaniacos de nuestro pelaje y condición, sino que además -y aquí, querid@s, está la clave- son un maravilloso nicho de descubribilidad libresca. Con los títulos y autores citados redimensionamos nuestros particulares mapas de constelaciones literarias.

El caso es que hoy recuperé, gracias a la petición de una reginaexlibrislandiana de pro, uno de esos títulos que engrosan mi balda consagrada a libros que hablan de libros y con los que, periódicamente, le induzco comas librescos a mi bibliofilia.

La cosa fue así:

Clienta: Hola Regina, ¿cómo vas?

Regina ExLibris: ¡Ah, hola! Muy bien, donde me dejaste la última vez…

Clienta: Eso esperaba: encontrarte aquí. Verás, vengo a por el la de Isabel Allende que tengo pendiente, y buscaba otra cosa, pero me da apuro porque apenas tengo datos.

Regina ExLibris: Pues tú dirás, ya sabes que esas cosas me activan.

Clienta: Es que me hablaron de un libro que… bueno, en fin, allá va: ¿tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?

Regina ExLibris: ¿A Isabel II, o a qué reina de Inglaterra?

Clienta: No, no: a la de ahora, Isabel II. Es ella, seguro. Y un muchos libros.

Regina ExLibris: Mmm, ¡Sí! Es sin duda Una lectora nada común, de Alan Bennett

Clienta: ¿Y qué tal es? Porque cuando me hablaron de él me picó la curiosidad.

Regina ExLibris: Sí, es una fabulita endemoniadamente divertida sobre el día en que Isabel II se topa con un bibliobús aparcado en Buckingham. Ella, tan regia y tan cumplidora, decide coger un libro y… bueno, literalmente se arma la bibliomarimorena. A ella le da por leer cada vez más animada por las visitas del bibliobús y por uno de sus pinches de cocina, y cuanto más lee más quiere leer y menos quiere, digamos, cumplir con sus reales tareas. Y a su gente -familia y miembros del gobierno- no sólo no le gusta esta nueva afición real, sino que tampoco aprueban que lea lecturas no aprobadas institucionalmente. ¡Es maravillosa! Además Bennet ficciona sobre el trazado literario que sigue la reina: Ivy Compton-Burnett, Proust, Genet e incluso Nancy Mitford, si es que hoy no me patina el pelucón.

Clienta: ¡Sí, si, si! Es esta fijo. ¡Qué ganas de leerla, por dios!

Regina ExLibris: Pues aquí la tienes. Te va a entusiasmar, te llevará a otros libros y autores, y la leerás con una sonrisa de principio a fin, ya verás.

Y se fue con sus libros en el bolso y la promesa de comentar el librito de Alan Bennet en su próxima visita a reginaexlibrislandia.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Una lectora nada común

Una lectora nada común

Los devotos del ‘que-pasaría-si’ y de la literatura por cuyas manos aún no haya pasado la gloriosa Una lectora nada común son muy, pero que muy afortunados. Y lo son porque tienen por delante una divertida e incisiva fábula sobre el poder de la literatura que el británico Alan Bennet levanta a partir del encuentro fortuito entre la reina de Inglaterra y un bibliobús público que, estacionado en una de las puertas del palacio de Buckingham, abastece de lecturas a prácticamente todo el personal de Palacio. Isabel II se siente entonces obligada a llevarse un libro, y será precisamente ese inofensivo y regio gesto el que desatará en la soberana un apetito voraz por las letras que, avivado por las imprevisibles sugerencias de un joven de las cocinas, no solo escandaliza a todos sus asesores y familiares, sino que va agrietando el hasta entonces inquebrantable compromiso de la mujer con sus quehaceres reales. Y todo porque la mujer-Isabel, con ganas de jubilarse, le va ganando el pulso a Isabel II-la Reina a librazos. Deliciosa, y terriblemente divertida.

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“¿Y por qué no está mi libro más a la vista en tu librería?”

Ay de mi, queridos, hoy perdí el control, los papeles y casi hasta la cabellera, que aún humea de pura rabia. Y sé que como no me apacigüe y deje de corretear por ahí con el pelucón en llamas algún iluminado que haga el seguimiento por satélite de la antorcha olímpica me va a tomar por ella y la vamos a liar, queridos.

La cosa es que en unos segundos y por culpa de terceros dejé de ser la apacible y equilibrada Regina ExLibris para convertirme en Reginator, una criatura infernal envuelta en llamas y hecha a retazos de monstruos de celuloide, bestias literarias y engendros oníricos que relega a la mismísima Gozilla a la irrisoria y aberrante categoría de figurita de salpicadero de coche tuneado, con sus ojillos lumínicos y todo.

Estaba yo divinamente en reginaexlibrislandia cuando otro librero, una inocente víctima del destino y la casualidad, recordó que tenía un recado que darme:

Librero Inocente: Ah, Regina, por cierto, ¿Tenemos el libro XXXX de YYYY?Regina: Pues sí, hay uno en balda y cuatro para reposición bajo esa mesa… ¿por qué?

(Nota para posible dramatización: ese “por qué” fue tan cortante que con él podría descabezarse a la mismísima María Antonieta de una sola vez: ¡ZAS!)

L.I.: Porque hace un rato llamaron de la Editorial ZZZZ preguntando por él.R.: ¿Y eso?

L.I.: Pues dijeron que YYYYY estuvo el otro día por aquí, y que les llamó para quejarse porque no vio su libro XXX en esta libr…

Antes de que el pobre infeliz tuviera tiempo de terminar su frase y cerrar la boca mi atroz metamorfosis era un hecho consumado. Medía diez veces más (a lo ancho y a lo alto), mi pelucón era todo llamaradas y mi voz doblaba el acero y taladraba los tímpanos:

R.: ¿Y DE QUÉ DEMONIOS HABLAN ESOS? ESTO ES UNA LIBRERÍA, NO UN ALTAR EN HONOR A SU MAJESTAD-DE-LETRA-CAÍDA …. QUE DEN GRACIAS QUE AÚN TENGO ESOS CINCO EJEMPLARES, PORQUE NO HEMOS VENDIDO NI UNO, NI UNO SOLO DE ESA PUÑETERA OBRA MAESTRA EN CASI TRES MESES.L.I.: Pe-pe-pero cálmate, Regina, déjal…

R.: ¡NO!, TRAE, DAME EL NÚMERO QUE LES VOY A LLAMAR YO PARA QUE ME PASEN CON YYYY, QUE ME DIGA DÓNDE QUIERE SU ALTEZA QUE COLOQUE SU LIBRO…. ¿EN EL ESCAPARATE? ¿TODA UNA BALDA CON EJEMPLARES FRONTEADOS, QUIZÁS? O, MEJOR AÚN, ¿QUÉ TAL SI CONSAGRO TOOOOOOODA REGINAEXLIBRISLANDIA A ESE TÍTULO? ¿LE BASTARÁ ESO? A VER SI SE ATREVE A DECIRME A LA CARA CÓMO LLEVAR MI LIBRERÍA Y DE PASO LE DIGO POR QUÉ PARTE DE SU ANATOMÍA POR LA QUE NUNCA SALE EL SOL SE PUEDE METER LAS DOS COSAS, SU NOVELITA Y SUS SUGERENCIAS…

Estaba total y absolutamente fuera de mi, y para cuando terminé de pegar voces y de despotricar me había quedado sola en la librería.

El caso es que, aunque quizás pelín desproporcionada, mi reacción es, cuando menos, comprensible.

Vereis, como librera hay días en que me siento como el único pato de una caseta de tiro al blanco: cosida a perdigonazos por comerciales de todas las editoriales catálogo en mano.

Su tarea es vendérmelos -cuantos más, mejor-, y la mía escucharles, investigar, leer y decidir con qué títulos me quedo y cuáles descarto, siempre pensando en lo que esperan encontrar en mis confines quienes yo llamo cariñosamente ‘carne de reginaexlibrislandia’: mis clientes.

En un mundo ideal YYYY hubiera venido a nosotros para preguntarnos qué nos pareció su novela, en lugar de ir a vociferar al pobre esbirro de la megaeditorial de turno sobre la insuficiente visibilidad de sus ejemplares en las librerías.

Pero, por desgracia, esta es la dura realidad y así son las cosas… de reginaexlibrislandia para fuera, claro, porque aquí dentro ¡NO! Al menos mientras yo ande por aquí, palabra de Regina.

Y vosotros, ¿cómo lo veis? ¿Quién hace las librerías, los grandes grupos editoriales o los libreros?