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El Atlas de la Comida denuncia el peligroso monopolio de la alimentación

Amigos de la Tierra Europa junto a la Fundación Heinrich Boll y la Fundación Rosa Luxemburgo ha publicado el Atlas de la Comida, una investigación en la que se muestra cómo la producción de alimentos en el mundo está monopolizada por cada vez menos empresas y cada vez más grandes, a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Esta tendencia amenaza la capacidad de elección de los consumidores, el empleo y las condiciones laborales en la industria agroalimentaria, así como a la producción de alimentos en el futuro, señala el informe.

En los años 2015 y 2016, de las 12 mayores fusiones entre empresas con cotización oficial, cinco tuvieron lugar en el sector agroalimentario, con un valor total de casi 500.000 millones de dólares americanos.

Imagen del Atlas de la Comida.

La publicación del informe coincide con la decisión a la que se enfrenta la Comisión Europea sobre la autorización de la megafusión entre Bayer y Monsanto, y después de que el comisario de , Phil Hogan, anunciase su intención de frenar el poder excesivo de los supermercados.

Las conclusiones del informe son motivo de preocupación para las organizaciones sociales, ya que la concentración de poder por parte de unas pocas empresas en la cadena alimentaria está causando:

  • Menor oferta para los consumidores: casi la mitad de la comida que se vende en la Unión Europea viene de solo 10 cadenas de supermercados. Apenas 50 industrias se llevan la mitad de las ventas de comida en el mundo. Y tan solo 4 empresas producen el 60% de la comida de bebé en el mundo.
  • La alimentación del futuro en riesgo: las fusiones entre los gigantes de la agroindustria provocan la intensificación de la producción a lo largo de toda la cadena, actualmente el 20% de las tierras agrícolas del mundo están ya degradadas.
  • Pérdida de empleos y bajada de salarios: la actual ola de fusiones en las industrias procesadoras, por ejemplo, entre Heinz y Kraft, se ha debido a la necesidad de ahorrar costes para seguir compitiendo en el mercado global, lo que ha provocado la pérdida de miles de puestos de trabajos.
  • Presión por los bajos precios, el cártel de la distribución: las empresas de distribución (principalmente supermercados) y la industria procesadora de alimentos presionan a sus proveedores, expulsando a los pequeños productores y normalizando las pésimas condiciones laborales y bajos salarios en toda la cadena. Por ejemplo, aproximadamente el 80% del mercado mundial del té está controlado por tres empresas.
  • Persistencia del hambre entre la población más empobrecida, pese a la sobreproducción de alimentos en el mundo: la cosecha global de cultivos alimenticios equivale a 4.600 kcal. por persona y día – pero más de la mitad se pierde en el almacenamiento, distribución, desperdicio y alimentación del ganado.

Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación en Amigos de la Tierra ha señalado que “las grandes empresas transnacionales de agricultura y alimentación tienen cada vez más poder; está en juego la calidad de nuestra comida, y la capacidad de alimentar a las generaciones futuras. La UE debe tomar medidas para evitar esta concentración y fomentar las alternativas. Existen muchos ejemplos de cómo producir alimentos sanos a la vez que se crea empleo digno y se protege el entorno”.

El Atlas der la Comida. Una visión global de la cadena agroalimentaria mundial.

Fuente: Amigos de la Tierra

Slow Food propone atenuar los efectos de la alimentación sobre el cambio climático

El movimiento Slow Food ha lanzado la acción Menú para el cambio, la primera campaña de comunicación y recogida de fondos internacional que vincula la alimentación y el cambio climático y con la que se pretende atenuar los efectos de la alimentación sobre el medio ambiente.  

Slow food es un movimiento internacional nacido en Italia en 1987 que se opone a la estandarización del gusto en la gastronomía, y promueve la difusión de una filosofía que combina placer y conocimiento. Opera en todos los continentes por la salvaguarda de las tradiciones gastronómicas regionales, con sus productos y métodos de cultivo, el apoyo a productores locales y un desarrollo rural sostenible.

“Todos estamos involucrados: el cambio climático es una crisis presente que requiere el esfuerzo común de la humanidad. Cada una de nuestras decisiones marcará la diferencia, porque la suma de nuestras acciones individuales es el motor del cambio”, señala el presidente de Slow Food, Carlo Petrini, que afirma que el calentamiento global es una realidad, que no compete a un futuro indefinido sino que es una certeza presente: “Para Slow Food es un deber ocuparse del cambio climático: no existe calidad alimentaria, no existe bondad sin respeto por el medio ambiente, los recursos y el trabajo”.

Imagen de Slow Food.

Las emisiones agrícolas de producción vegetal y animal se encuentran entre las principales fuentes de emisión de gas invernadero, entre ellas anhídrido carbónico (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O): la agroindustria es una de las primeras causas del calentamiento del planeta, mientras que las primeras víctimas de esta catástrofe anunciada son la agricultura rural, las economías pastoriles y la pesca artesanal.

Con Menú para el cambio, Slow Food quiere demostrar que a partir de la alimentación cada uno de nosotros puede y debe marcar la diferencia para frenar este fenómeno cuyas soluciones no pueden ser pospuestas. Y lo hace difundiendo sus respuestas: “cómo sostiene y da valor a este sistema de producción alimentaria, practicado en armonía con los recursos de la naturaleza, bajando al terreno para defender la biodiversidad, con la educación alimentaria y medioambiental, sensibilizando a todos los actores de la cadena alimentaria y tratando de influenciar la política a todos los niveles”.

Slow Food.

“La absurda sequía que sofoca nuestro país, las trombas de agua que nos sorprenden en mitad del sueño, las vendimias anticipadas, el colapso de las producciones, la falta de hierba fresca o el regreso anticipado de los pastos de altura, la acidificación y el aumento de nivel de los mares, la presencia de animales antes inexistentes a determinadas latitudes, la desertificación y el progresivo empobrecimiento de los suelos, son el rostro del cambio climático -dicen-. No son casos récord a registrar en los anales, son la normalidad que nos espera. Y las causas hay que buscarlas en la actividad antrópica y sobre todo en las emisiones de gas de origen fósil”.

El sector agrícola es responsable del 21% de las emisiones totales (FAO 2015), frente al 37% del energético, el 14% de los transportes y el 11% de la industria. En el seno del sector agroalimentario la fuente principal de gas invernadero es la fermentación entérica, a causa del metano que se forma en la fase de digestión de los alimentos, que por sí sola totaliza el 40% de todo el sector agrícola. A continuación se halla la distribución de fertilizantes sintéticos: 13% de las emisiones agrícolas (725 Mt CO2 eq.).

“La reducción de emisiones no puede ser ya un asunto que podamos diferir”, señala el responsable de Slow Food, para quien ya es una obligación y todos debemos intervenir.

Pide en este sentido eliminar por completo los residuos, sobre todo alimentarios, favorecer los productos de proximidad, comer poca carne y evitar la que nos llega de producciones intensivas. También propone que nos planteémonos unas preguntas: ¿cómo se han producido los alimentos que comparto con mi familia? ¿De dónde vienen? ¿Cuánta energía y cuánta agua han necesitado? Slow Food trabaja para divulgar este conocimiento y para dar valor y sostener aquellas producciones que optan por prácticas agrícolas y productivas resilientes y ecológicas.

Un 83% de los ciudadanos dice que intenta evitar el desperdicio de alimentos

Un 91% de los ciudadanos (3% menos que en el año anterior) señala que el desperdicio de alimentos es una preocupación muy presente en su vida diaria  y un 83% (4% menos que en 2016) afirma que está haciendo algo para evitarlo. El 60% cree que la responsabilidad del desperdicio es de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria y, especialmente, de los propios consumidores (20%).

Son datos que revela la Encuesta sobre hábitos de consumo 2017, realizada a más de 2.500 familias de toda España por  la Mesa de Participación, grupo de trabajo constituido por las asociaciones de consumidores Cecu, Fuci, Unae y Cauce junto a Mercadona.

“Estamos ante un consumidor crítico y exigente, ahorrador y preocupado por su salud, el desperdicio de alimentos y la sostenibilidad de la cadena agroalimentaria, a tenor de lo que ha respondido la mayoría de encuestados”, señalan.

Preguntados por diferentes términos relacionados con la sostenibilidad de la cadena agroalimentaria, los consumidores conocen qué son los alimentos transgénicos y el comercio justo, alrededor de la mitad de la población conoce el concepto de huella ecológica, sólo un 31% conoce el término de alimentos irradiados, un 35% el concepto de consumo colaborativo y únicamente una quinta parte ha oído hablar de la soberanía alimentaria.

El estudio refleja  también que los consumidores españoles se muestran preocupados y solidarios en relación a la producción mundial de alimentos. La mitad de los encuestados cree que en el mundo se producen alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de sus habitantes y su opción preferida para garantizar el acceso a la alimentación a la mayor parte de la población sería una mayor gestión y concienciación sobre el desperdicio de alimentos, sumada a una compra más racional y eficiente de los consumidores.

Foto EFE.

El volumen mundial de despilfarro de alimentos se calcula en 1.600 millones de toneladas en el equivalente de productos primarios. El despilfarro total de los alimentos -la parte comestible de este volumen- equivale a 1.300 millones de toneladas, según los datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas de equivalente de CO2 de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año. Y el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician (250km3) equivale al caudal anual del río Volga en Rusia o tres veces el volumen del lago de Ginebra.

Del mismo modo, 1.400 millones de hectáreas –el 28% por ciento de la superficie agrícola del mundo- se usan anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician. Y sólo un bajo porcentaje de los alimentos desperdiciados es compostado: una gran parte termina en los vertederos, y representa un porcentaje elevado de los residuos sólidos urbanos. Las emisiones de metano de los vertederos representan una de las mayores fuentes de emisiones de GEI del sector de los residuos.

Propuestas colaborativas para acabar con el desperdicio de alimentos

Setem, una ong de ayuda al desarrollo, reunirá este viernes, 6 de octubre, en su sede de Madrid a los responsables de plataformas colaborativas que luchan contra el desperdicio de alimentos.

Ni Las Migas, yonodesperdicio y Espigoladors explicarán cómo trabajan para aprovechar los alimentos y que no terminen en la basura.

El desperdicio de alimentos es el resultado de un sistema alimentario insostenible e irresponsable, señalan. Vivimos la gran paradoja de que, mientras casi ochocientos millones de personas sufren hambre crónica, enormes cantidades de alimentos se desperdician y se tiran a la basura en todo el mundo. “Aunque es difícil saber exactamente la cantidad de alimentos que se desperdicia en el mundo, indica Setem, se estima que supone unos 1.300 millones de toneladas -un tercio de la producción mundial- según datos de La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)”.

El desperdicio de alimentos supone una amenaza para la seguridad alimentaria global y tiene, además, impactos medioambientales negativos. En este sentido Yonodesperdicio y Ni Las Migas ofrecerán algunas ideas para comprometernos con este reto. Ambas son herramientas de consumo responsable que ya están funcionando en Madrid.

Además, habrá degustación de mermeladas y patés vegetales elaborados por Es-Imperfect , de Espigoladors a partir de frutas y verduras que se desechan por “feas” o “imperfectas”, y que esta empresa social transforma en productos de calidad.

Ni Las Migas es un proyecto  que tiene un año de existencia, cuyo objetivo de reducir el impacto del desperdicio alimentario. Su actividad se desarrolla a través de una aplicación móvil que, basada en la geolocalización, pone en contacto a clientes con establecimientos que tienen comida en perfecto estado que no ha encontrado consumidor final. Mediante el móvil, los usuarios, también conocidos como migueros, reservan los productos a un precio menor que después recogen en los locales a la hora indicada, ahorrando y ayudando a reducir el excedente.

La comunidad Ni Las Migas, a través de la colaboración con diversas iniciativas y proyectos, pretende concienciar y sensibilizar sobre el desperdicio alimentario y busca ser un agente de cambio para promover una sociedad implicada en la sostenibilidad de nuestras ciudades.

Espigoladors es una organización sin ánimo de lucro que lucha también contra el despilfarro alimentario a la vez que empodera a personas en riesgo de exclusión social de una manera transformadora, participativa, inclusiva y sostenible. Opera en Cataluña para combatir el desaprovechamiento de frutas y verduras que se descartan, ya sea por un descenso en las ventas o por cuestiones estéticas.

Canalizan las frutas y verduras descartadas a entidades sociales o las transformamos en los productos es im-perfect. Las comunidades de espigadores estimulan no sólo maneras de pensar y actuar de forma colectiva, sino que también generan un sentimiento de identidad, pertenencia y utilidad.

De frutas y verduras imperfectas nacen segundas oportunidades que dan acceso a una alimentación saludable y equilibrada a personas que viven en una situación vulnerable. Creen que es esencial sensibilizar a la sociedad, por eso trabajan para crear conciencia de la importancia de disfrutar de una alimentación saludable y para formentar un cambio hacia nuevos hábitos de consumo.

Yonodesperdicio.org es una iniciativa de Prosalus para reducir el desperdicio de alimentos, principalmente en los hogares. Yonodesperdicio.org quiere ser una red ciudadana comprometida con la reducción del desperdicio de alimentos; ofrece recursos contra el desperdicio y pone en contacto con otras personas que quieren entregar alimentos (o necesitan alimentos). A través de la aplicación, se comparten  únicamente alimentos. También se puede compartir recetas o trucos para reducir el desperdicio de alimentos.

Se trata de alimentos que podrían acabar en la basura si no los consumimos a tiempo. La iniciativa quiere poner en marcha una red que facilite la entrega de alimentos a otras personas o asociaciones y la reducción del desperdicio de los mismos.

Prosalus, una organización no gubernamental de cooperación al desarrollo (Ongd) cuya misión es promover el respeto, protección y garantía de los derechos humanos y el acceso a la alimentación, a la salud y al agua y saneamiento.

Charla: viernes, 6 de octubre, a las 19.30 h,
Sede de Setem, c/ Gaztambide, 50, Madrid

El Congreso legislará contra el despilfarro de alimentos en los comedores escolares

La Comisión de Educación del Congreso de los Diputados se ha interesado por las iniciativas que se están llevando a cabo contra el despilfarro de alimentos en los comedores escolares para poder incorporarlas al Pacto de Estado por la Educación.

Después de más de un año y medio de batallar con las  instituciones, la activista Cristina Romero, como impulsora de la campaña nacional contra el despilfarro de alimentos en los comedores escolares y como creadora del movimiento Hay que ponerse, ha trasladado a la Comisión sus propuestas para que puedan ser incluidas en dicho pacto.

Estas propuestas incluyen la modificación de la Ley de Seguridad Alimentaria. Ahora, por razones higiénicas y sanitarias, la comida sobrante no puede ser manipulada, según esta ley y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración.

También, pide incluir en el Plan de Educación programas de educación en reducción de despilfarro de alimentos por parte de las empresas de catering escolares, en colaboración con el centro educativo y poder otorgar un distintivo de calidad de lucha contra el despilfarro de alimentos a las entidades involucradas (las que lo posean podrán beneficiarse de subvenciones o ayudas).

Romero es una madre catalana que en enero de 2016 comenzó una campaña de firmas en Change. org , que sigue activa, para acabar con el desperdicio de toneladas de comida que se produce en los colegios.

En octubre de 2016, presentó en el Congreso 244.000 firmas para modificar la Ley de Seguridad Alimentaria. En el texto de la recogida de firmas, todavía activa, solicita que los miles de toneladas de alimentos que no se aprovechan en los comedores escolares -según un estudio del Ministerio de Agricultura de 201, podrían ser 14.000 toneladas al año-, sean destinados a los miles de familias necesitadas.

Desde octubre de 2016 hasta ahora, Cristina Romero se ha reunido con la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y con diputados del PP, Podemos, PSC y UDC y ha colaborado con políticos de otras comunidades autónomas que han dado luz verde a diversas iniciativas para el aprovechamiento de los alimentos. Además, en Cataluña, su petición será incluida en el Plan de Educación para fomentar el aprovechamiento de alimentos entre niños y adolescentes.

“En este país –señala Romero- sólo se trabaja con alimentos no perecederos y el objetivo sería hacer llegar más carne y pescado a los comedores sociales y bancos de alimentos, ya que según la Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal), el año pasado atendieron a más de 1.500.000 personas en España”.

“La dieta mediterránea es una de las más sanas, equilibradas y sabrosas del mundo. En nuestras escuelas se ofrece diariamente un menú equilibrado y saludable y es una verdadera lástima que las personas necesitadas no puedan disfrutarla. No olvidemos que muchas de ellas tan solo hacen una comida al día y si hablamos de riesgo de pobreza, este tiene en cuenta la baja intensidad de empleo y la carencia material severa como no poder comer carne o pescado cada dos días, según datos del INE”, añade.

La Federación de Bancos de Alimentos tiene firmados 32 convenios, gracias a los cuales se han recuperado más de seis millones de kilos de alimentos. Por eso, la impulsora de la campaña considera un acierto que las escuelas españolas, las empresas de catering, Fesbal y otras organizaciones no gubernamentales pudiesen firmar acuerdos de colaboración y así dar un buen destino a todo ese excedente.

Según su propuesta, este excedente sería previamente seleccionado: carne, pescado, legumbres…, excluyendo los alimentos que por su naturaleza pueden ser peligrosos a la hora de darles un segundo uso: huevo, carne y marisco crudo, cremas pasteleras… Los alimentos estarían congelados a -18 grados, en un envase en perfectas condiciones y con un etiquetado que incluyera el tipo de alimento, la cantidad, la fecha de congelación y la fecha de entrega.

El paso que se dio en el Congreso a finales de junio de este mismo año, podría hacer que este hecho fuese en breve una realidad, ya que se aprobó una iniciativa para modificar la Ley de Seguridad Alimentaria tras varios meses de contactos con grupos políticos y los ministerios de Agricultura y Sanidad.

Los diputados que la presentaron señalan que se trata de un proceso de auxilio social. El cambio legal generará seguridad jurídica para facilitar la iniciativa tanto pública como privada, mejorando la eficiencia y reduciendo los niveles de despilfarro.

Más Comunidades debaten leyes contra el despilfarro de alimentos en los colegios

Cristina Romero, la madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su periplo por las instituciones  para que se cambie la  Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración de alimentos en estos centros.

Por razones higiénicas y sanitarias, la ley señala que la comida sobrante en los comedores escolares no puede ser manipulada y se prohíbe a los centros escolares donar lo que sobra. Y esto es lo que se quiere modificar con las miles de firmas que apoyan el cambio.

En junio, Cristina Romero compareció en el Parlamento catalán, ante la Comisión que se ocupa de la Propuesta de Ley a favor del Aprovechamiento de Alimentos. Junto con ella, han acudido otros comparecientes (asociaciones y fundaciones no gubernamentales, expertos en seguridad alimentaria, técnicos en residuos, hosteleros, comerciantes…) que han ofrecido sus puntos de vista contra el despilfarro.

El proyecto de ley catalán está en la fase de presentación de enmiendas y se espera su aprobación para el próximo otoño.

Romero mantiene además conversaciones con los partidos políticos para explicarles la necesidad de promover leyes que eviten el despilfarro de alimentos. El último ejemplo ha sido Cantabria. Su Parlamento aprobó por unanimidad a principios de junio la propuesta de Podemos que pretende acabar con el despilfarro.

“Estaré a disposición de cualquier partido político que necesite información y apoyo para abolir el despilfarro de alimentos –señala Cristina Romero-, ya que jamás me cansaré de decir que esta petición es totalmente transversal. No entiende de ideología política o clase social.
Lo importante es caminar todos en el mismo sentido y me congratula comprobar que poco a poco, se está haciendo. Imagino que las próximas noticias llegarán desde Madrid y Bruselas”, donde también se han presentado iniciativas en el mismo sentido.

Mientras tanto, esta madre continúa haciendo ruido para conseguir su propósito.

El 19 de octubre de 2016, Cristina Romero entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados  y se pueda ayudar así a miles de personas que lo necesitan.

El 30% de los alimentos se tira a la basura

Los menores de 35 años con estudios superiores y renta media/alta son las personas que más desperdician.

Esta es la principal conclusión de una encuesta sobre desperdicio alimentario en los hogares madrileños, encargada por la Universidad Pontificia Comillas y Prosalus (organización no gubernamental de cooperación al desarrollo), que se ha presentado esta mañana en Madrid.

La encuesta, elaborada por las investigadoras Victoria Labajo y María Eugenia Fabra, del Grupo de Investigación E‐SOST (Economía, Empresa y Sostenibilidad) de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, es una de las actividades contempladas en el proyecto impulsado por Prosalus y financiado por el Ayuntamiento de Madrid: En Madrid yo no desperdicio, yo comparto, implicación ciudadana en la reducción del desperdicio alimentario.

José María Medina Rey, director de Prosalus, impulsora de la iniciativa Yonodesperdicio.org, ha señalado que el 30% de los alimentos que se producen acaban en el cubo de la basura y, por tanto, también el 30% de los recursos naturales destinados a producir dichos alimentos, como agua y tierras cultivables. Por ello, indicó que “el desperdicio alimentario es éticamente reprobable”.

Las personas consideradas grandes desperdiciadoras son jóvenes menores de 35 años, con estudios superiores, renta alta o media-alta, principalmente hombres, no sensibilizados con el consumo responsable, pero, curiosamente sí sensibilizados con la sostenibilidad ambiental.

Este dato muestra que una mayoría aún no es capaz de establecer una conexión entre nuestra actuación en el ámbito local y los resultados que provocan en el ámbito global, señalan las investigadoras.

El estudio resalta también la gran confusión que existe entre las fechas de caducidad y de consumo preferente. Solo un tercio de las personas encuestadas identifican correctamente la fecha de consumo preferente y curiosamente son los hogares de rentas más bajas quienes más alimentos tiran durante la fecha preferente, auque son perfectamente consumibles. Por otro lado, el 44% de los hogares aprovechan alimentos caducados que suponen, en ciertos casos, un riesgo para su salud.

Los alimentos que más se desperdician son frutas y verduras, pan, cereales, repostería y productos lácteos. Las causas que se apuntan son el deterioro de los productos por mala conservación o la preparación inapropiada junto con la caducidad de los productos.

La motivación principal para no desperdiciar alimentos no es la sostenibilidad ambiental sino el ahorro.

Yonodesperdicio.org es una plataforma que trata de poner en contacto a personas que quieren compartir alimentos para evitar que acaben en la basura, tiene como objetivo último sensibilizar acerca de las consecuencias que tiene sobre el hambre y la sostenibilidad del planeta un acto tan cotidiano como tirar a la basura alimentos.

Acciones para reducir el desperdicio de alimentos en los hogares

yonodesperdicio.org es una iniciativa colaborativa para reducir el desperdicio de alimentos principalmente en los hogares, promovida por Prosalus, una organización no gubernamental de cooperación al desarrollo, cuya misión es promover el respeto, la protección y la garantía de los derechos humanos en la alimentación, la salud, el agua y el saneamiento.

Desde su creación, en noviembre de 2015, pretende ser una red ciudadana comprometida con la reducción del desperdicio que ofrece recursos para ello y pone en contacto a personas que quieren entregar alimentos con las que los necesitan.

yonodesperdicio cuenta con una aplicación web-móvil de consumo colaborativo en la que se comparten únicamente alimentos y tiene más de 800 personas registradas  en todas las comunidades autónomas, aunque es Madrid la que más tiene, casi 300.

En este tiempo, la plataforma ha rescatado más de 65 kilos de la basura, según el contador, visible en la web. Según sus responsables, “va poco a poco porque las cantidades que se ofrece son de poco peso y aún falta mucha más difusión para animar a que se participe en esta forma de consumo”.

En estos momentos, gracias a un proyecto aprobado por el Ayuntamiento de Madrid, yonodesperdicio está desarrollando diferentes actividades y elaborando materiales de sensibilización y difusión que animen a la participación. Por ejemplo, ha editado un recetario con las ideas compartidas en la plataforma y ha organizado un concurso de fotografía para visibilizar el desperdicio a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Foto: Noticias del Parlamento Europeo

A finales de este mes van a presentar los resultados de una encuesta- investigación sobre el desperdicio de alimentos en los hogares madrileños y, por otro lado, ya tienen en marcha el desarrollo de la app para dispositivos IOS.

Trabajan con alimentos que podrían acabar en la basura si no se consumen a tiempo y que se entregan tanto a organizaciones encargadas de distribuirlas entre familias sin recursos o directamente a particulares que lo necesitan.

La ONG advierte de que antes de tirar la comida, hay que pensar que nuestros excedentes pueden utilizarse en otras casas y que son necesarios para otras personas y anima a formar parte de esta red, compartiendo aquello que no se va a consumir.

Tanto para donar como para recibir alimentos hay que regístrate en la web; después, ofrecer la comida excedente que quieres compartir, revisar los mensajes de las personas que están interesadas y acordar un punto de entrega.

Esta iniciativa cuenta con financiación de Territorios Solidarios de BBVA, el Ayuntamiento de Madrid y con la colaboración del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM).

El escándalo del desperdicio de alimentos

En el conjunto de la Unión Europea se desperdician cada año 88 millones de toneladas de alimentos, 173 kilos por persona. No son cifras nuevas que no hayamos escuchado y leído en los medios de comunicación, pero siguen ahí sin conseguir que los gobernantes aprueben leyes que lo eviten.

Estas cifras escandalosas han llevado a la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo a presentar una propuesta, votada por unanimidad,  en la que piden una serie de medidas para reducir el desperdicio de alimentos y ha pedido a los estados miembros que intensifiquen los esfuerzos en esa dirección.

Entre esas medidas, plantean a la Comisión Europea que estudie los beneficios de eliminar de la fecha de caducidad de algunos productos siempre que no se ponga en riesgo la salud pública o el medio ambiente. En este sentido, la medida va encaminada a que las autoridades nacionales y otros actores eduquen a los consumidores a comprender mejor las fechas de caducidad y la fórmula “consumir preferentemente antes de” y a que se aclare la utilidad de los alimentos una vez superada dicha fecha.

En la misma línea de reducir el desperdicio, se organizan con frecuencia distintas campañas de organizaciones sociales y personas encaminadas al mismo objetivo: que no se tiren alimentos y que se aprovechen para donarlo a quienes pasan hambre. No hay que olvidar que unos 2,6 millones de personas están en situación de pobreza severa en España y que nuestro país tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia.

Así, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y la Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal) han relanzado la Operación Kilo para poder recoger durante todo el mes de mayo donaciones de alimentos, que se hará a través de la plataforma www.notireslacomida.org.

OCU y FESBAL quieren unir fuerzas para conseguir, a través de la colaboración ciudadana, recoger kilos suficientes para poder cubrir la demanda de alimentos al menos durante las próximas semanas.

También, resalta la iniciativa de Cristina Romero, una madre catalana empeñada en que se cambie la ley para que se pueda donar la comida sobrante de los comedores escolares, que ahora no se puede. Su campaña ha llegado hasta el parlamento español.

En  la Unión Europea,  se intenta conseguir reducir un 30 por ciento el desperdicio de alimentos para 2025 y un 50% para 2030, pero no existe una norma única que obligue de la misma forma a los Estados.

Otra de las medidas propuestas por el Parlamento Europeo a Bruselas se dirige a  impulsar las donaciones de alimentos mediante la introducción de exenciones fiscales en el impuesto sobre el valor añadido (IVA). Y en el mismo sentido, han pedido que el Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD) tenga la posibilidad de financiar el coste del transporte, almacenamiento y distribución de donaciones colectivas de alimentos.

En el mundo, un tercio de la comida producida para consumo humano se desperdicia (1.300 millones de toneladas). Un dato muy alarmante, teniendo en cuenta que hay gente que muere de hambre. Este enorme nivel de residuos tiene impacto económico, social y ambiental, ya que causa una pérdida económica de unos 940.000 millones de dólares al año y provoca inseguridad alimentaria y desnutrición.

Además, los alimentos que se desperdician consumen recursos valiosos, por ejemplo, aproximadamente una cuarta parte del agua utilizada para la agricultura. Y se estima que son responsables del ocho por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Iniciativas con un mismo objetivo: No al despilfarro de alimentos

Cristina Romero, una madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su misión para que se cambie la  Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración de alimentos en estos centros.

Por razones higiénicas y sanitarias, la ley señala que la comida sobrante en los comedores escolares no puede ser manipulada y se prohíbe a los centros escolares donar lo que sobra. Y esto es lo que se quiere modificar con las miles de firmas que apoyan el cambio.

Mientras el cambio legislativo en calidad de Seguridad Alimentaria sigue su curso, surgen cada vez más acciones y movilizaciones ciudadanas o de asociaciones con un objetivo común: evitar el despilfarro de alimentos.

Un ejemplo es el de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que a principios de marzo promovió, y el PSOE presentó, un proyecto no de Ley para incentivar a que supermercados, restaurantes y escuelas puedan donar la comida sobrante y que obtengan beneficios fiscales para motivar que más gente done y no se desperdicie comida que puede beneficiar a las más de 30.000 familias con niños que se encuentras en situación de pobreza en España.

Mientras tanto, Cristina Romero continúa visitando centros escolares, el último, una escuela de Barcelona donde prácticamente el 95% de los alumnos, unos 500, son usuarios del comedor escolar. El colegio dispone de cocina propia y una empresa gestora de comedores escolares se ocupa de que el servicio de comida del mediodía discurra de una manera amena y didáctica.

Los niños son los que deciden la cantidad que comen y Cristina comprobó que en las bandejas prácticamente no quedaba nada. La autogestión, supervisada por monitores, puede ser una buena alternativa.

“Ese día no sobró mucha comida: un litro de crema de puerros, algunos buñuelos de bacalao y verdura. El congelador destinado a conservar ese excedente también contenía, de esa misma semana, potaje de garbanzos, bacalao al horno…”, explica Cristina Romero.

“Pensad que la comida que reciben las familias más necesitadas procedentes de bancos de alimentos u organizaciones no gubernamentales es normalmente hidrato de carbono (arroz, legumbres…) y es de suma importancia aportar proteína (pollo, pescado…) para que lleguen a tener una dieta equilibrada“, añade.

La ONG Nutrición sin Fronteras es la que se ocupa de recoger semanalmente el excedente en esa escuela y la reparte entre las familias más desfavorecidas.

OCU y Cristina Romero han grabado un vídeo promocional que exige un cambio de Ley contra el desperdicio alimentario.

“Precisamente este problema es una cuestión social. Nos concierne a todos y cuantas más personas y organismos se involucren, más presión haremos y más adelantaremos en esta carrera que es la lucha contra el despilfarro de alimentos. Todos estamos en el mismo barco”, señala Cristina Romero.

El 19 de octubre de 2016, Cristina entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a los miles de personas que lo necesitan.

En el vídeo se explica todo lo expuesto y además, se puede comprobar, una vez más, cómo aprovechar el excedente alimentario en escuelas es cuestión de predisposición.