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Contra el despilfarro de alimentos: un pasito adelante y otro atrás

El proyecto de ley contra el Despilfarro de Alimentos de Cataluña podría continuar su curso esta semana en el Parlamento catalán para convertirse en ley, después de una demora de dos años y medio paralizado por la situación política.

Este proyecto de ley aprobado en julio de 2016, es uno de los resultados conseguidos por la activista Cristina Romero, la madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, y que después ha ido avanzando, hablando con parlamentos autonómicos y con responsables políticos en el Congreso de los Diputados para conseguir su objetivo que no es otro que la lucha contra el despilfarro de alimentos.

Imagen: Efe.

“Según uno de los diputados con los que he hablado, esta semana el proyecto de ley irá a Pleno y esperemos que la maquinaria se ponga en marcha en breve”, señala Romero.

Al mismo tiempo, la Generalitat de Catalunya ha presentado hace unos días  el Plan de acción de prevención del despilfarro alimenticio, que se basa en el proyecto europeo ECOWASTE4FOOD  que reúne a siete autoridades locales y regionales de siete países de Europa, y con el que se  busca hacer frente al despilfarro alimenticio y, a la vez, demostrar que los residuos de alimentos pueden gestionarse para contribuir a una economía eficiente y respetuosa con el medioambiente..

El plan de la Generalitat parte de un modelo de gobierno compartido y recoge proyectos de 36 organizaciones catalanas implicadas como impulsoras. El Plan de Acción pretende reducir el desperdicio de alimentos a través de actuaciones para incrementar el conocimiento en este ámbito, sensibilidad y movilización de todos los sectores implicados, impulsar proyectos concretos para la prevención en origen del desperdicio y para el aprovechamiento de los alimentos, articular órganos de gobierno y definir los instrumentos normativos que lo faciliten.

Este Plan, además de coordinar a los diferentes actores que trabajan en la prevención del despilfarro de Alimentos en Cataluña, puede convertirse en la base de acción futura en este ámbito así como una valiosa aportación al debate sobre las futuras prioridades de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional que se tratará en este 2019.

Imagen: Comisión Europea.

Por otro lado, la modificación de la Ley de Seguridad Alimentaria, que es el objetivo primero de la campaña de Cristina Romero, continúa paralizada en el Congreso de los Diputados, ya que todavía no se ha constiuido la ponencia que debe debatirla. Según ha sabido su impulsora por boca de alguna diputada “hay muchas ponencias pendientes y muchas que siguen su curso pero la potestad de impulsar y permitir su constitución está en la Mesa de la cámara, así que habrá que seguir teniendo paciencia”.

El 19 de octubre de 2016, Cristina Romero entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, más de 244.000 firmas que consiguió para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados y se pueda ayudar con ello así a miles de personas que lo necesitan.

Como impulsora de la campaña nacional contra el despilfarro de alimentos en los comedores escolares y como creadora del movimiento Hay que ponerse, trasladó a los diputados sus propuestas y se aprobó una iniciativa para modificar la Ley de Seguridad Alimentaria tras varios meses de contactos con grupos políticos y los ministerios de Agricultura y Sanidad.

Too Good To Go, una app contra el desperdicio de alimentos

Too Good To Go es un movimiento europeo que lucha contra el desperdicio de alimentos. A través de su app y bajo el lema La comida no se tira, restaurantes, supermercados, panaderías y hoteles, entre otros establecimientos, pueden vender su excedente de comida diario para evitar que acabe en la basura y los usuarios pueden comprar esa comida de calidad a precios muy reducidos, evitando así su desperdicio.

Este movimiento está presente en nueve países y cuenta con más de seis millones de usuarios y más de 14.000 establecimientos. En España, la aplicación ya está operando en Madrid, Barcelona y Bilbao con varios centenares de establecimientos y en los próximos meses se espera seguir sumando más ciudades a la lista. 

“Un tercio de la comida lista para ser consumida en el mundo acaba en la basura y solo en Europa se calcula que cada año se desechan más de 1.300 millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo. Too Good To Go es una solución que quiere mitigar este problema otorgando a establecimientos y usuarios la posibilidad de reaccionar activamente contra el desperdicio, señala Oriol Reull, jefe para España de Too Good To Go.

La idea de crear la organización surgió en Dinamarca en 2016 cuando, durante un bufé, sus fundadores fueron testigos de cómo se tiraba toda la comida no consumida al final de la cena. Alimentos que estaban en perfectas condiciones. Fue entonces cuando decidieron que había que hacer algo para cambiar esa situación y crearon esta plataforma móvil que ha permitido salvar ya más de nueve millones de bolsas de comida.

En España, Too Good To Go funciona desde el pasado mes de septiembre y según Reull, la acogida está siendo muy buena: “En solo tres meses ya hemos superado los 36.000 usuarios y los 8.000 bolsas de comida salvadas. En 2019 ampliaremos nuestra presencia al resto de principales ciudades españolas”. Entre los establecimientos asociados se encuentran desde pequeñas fruterías, panaderías, restaurantes, supermercados, así como algunos hoteles Ibis del grupo Accorhotels cadenas como Sushi Shop o Tento.

La aplicación  está disponible de forma gratuita en iOS y Android y su funcionamiento es muy sencillo. Los usuarios pueden buscar establecimientos en la app y encontrar paquetes de comida a su alrededor para adquirir sus favoritos a precios muy reducidos que en su mayoría oscilan entre los 2 y los 5 euros.

Los establecimientos, por su parte, tienen que registrarse para empezar a ofrecer a través de la plataforma sus paquetes con aquellos alimentos que no hayan sido consumidos ese día y dar así una salida más responsable y sostenible a su excedente diario.

España es el séptimo país de la Unión Europea que más comida desperdicia, casi ocho millones de toneladas cada año.

Comienza la gran recogida de alimentos para las familias más vulnerables

Este fin de semana se realizará en numerosos supermercados y tiendas de todo el país la gran recogida de alimentos, organizada por la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) y por los 55 bancos que la integran. Es el sexto año consecutivo que se realiza esta acción, que sigue siendo muy necesaria para cubrir las necesidades alimentarias de miles de familias.

Esta operación se desarrollará mañana 30 de noviembre y el sábado 1 de diciembre en toda España, y se prolongará también hasta el domingo 2 en Madrid y en algunos otros puntos de la geografía española, bajo el lema Sé protagonista.

El objetivo de la Gran Colecta de este año es alcanzar los 22 millones de kilos de alimentos no perecederos obtenidos en las pasadas ediciones. Sólo el año pasado se recaudaron 21 millones de kilos. Para conseguir esta meta, los Bancos de Alimentos precisarán, además del apoyo ciudadano y la difusión en los medios de comunicación y en las redes sociales o con el apoyo de webs solidarias, y sobre todo la siempre desinteresada implicación de su principal motor: los voluntarios.

La Gran Recogida de Alimentos 2018 se celebra porque una década después del estallido de la crisis; la recuperación no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida de las personas vulnerables a las que proporcionan asistencia, una precariedad que tiende a cronificarse, en palabras de los responsables de los bancos de alimentos, quienes señalan que además se da la paradoja de que en la actualidad se podría reducir buena parte de esta necesidad con los alimentos que se desperdician si hubiera verdadera voluntad de no hacerlo.

Para atender la recogida son necesarios unos 130.000 voluntarios que dediquen cuatro horas de su tiempo a motivar al público a hacer sus donaciones e informarles sobre el tipo de alimentos que más se necesitan para la cesta básica.

Los voluntarios estarán en los más de 11.000 puntos de donación que habrá habilitados en hipermercados, supermercados y tiendas de alimentación en todo el territorio nacional. Allí los donantes podrán entregar sus alimentos, así como también en las mesas de recogida de un importante número de empresas, centros educativos y diferentes instituciones que se sumen a la iniciativa.

Los organizadores señalan que “una vez más, la gran recogida anual de alimentos 2018 se apoya en la solidaridad y en la necesidad como sus dos pilares fundamentales. La solidaridad ciudadana es clave, tal y como indica el lema de este año, porque sin los voluntarios y los donantes nada sería posible. Pero también contamos con la solidaridad de las numerosas empresas, cooperativas del campo, fundaciones e instituciones públicas y privadas que nos hacen donaciones en especie y que desarrollan apoyos de voluntariado corporativo”.

Premio internacional para ‘yonodesperdicio.org’

La web Yonodesperdicio.org acaba de recibir el premio World Summit Awards, un reconocimiento internacional que premia diferentes iniciativas de innovación digital que tienen como objetivo resolver problemas locales y sociales.

Ha ganado en la categoría de Medio Ambiente y Energía Limpia y en la próxima primavera viajará al WSA Global Congress en Cascais, en Portugal, donde conocerá el resto de iniciativas y hará una presentación de la plataforma.

Yonodesperdicio.org es una iniciativa de Prosalus para reducir el desperdicio de alimentos, principalmente en los hogares. Es una red ciudadana comprometida con la reducción del desperdicio; ofrece recursos y pone en contacto a personas que quieren entregar alimentos (o necesitan alimentos).

Se comparte únicamente alimentos y advierten de que para otro tipo de artículos, hay otras páginas. También se puede compartir recetas o trucos en pro de la reducción. Son alimentos que podrían acabar en la basura si no los consumimos a tiempo y la red facilita la entrega de alimentos a otras personas o asociaciones. No se admiten alimentos caducados o en mal estado, ni medicamentos. Tampoco se puede compartir ropa ni otros enseres.

No es una página comercial ni de ventas: lo entregas gratis, lo regalas y no contempla las transacciones económicas. “Si tú entregas comida a otra persona y evitamos que vaya a la basura, todas las personas ganamos. Ese es nuestro beneficio”, señalan sus responsables.

Prosalus es una organización no gubernamental de cooperación al desarrollo (ONGD) cuya misión es promover el respeto, protección y garantía de los derechos humanos a la alimentación, a la salud y al agua y saneamiento.

Una de sus líneas de trabajo está relacionada con el reconocimiento del derecho a la alimentación y un aspecto importante de su quehacer es la disminución del desperdicio de comida. Siguiendo la filosofía colaborativa, en 2015 puso en marcha esta red que facilita el intercambio. Esta iniciativa cuenta con la financiación de Territorios Solidarios de BBVA, el Ayuntamiento de Madrid y con la colaboración del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM).

Una encuesta sobre desperdicio alimentario en los hogares madrileños, encargada por la Universidad Pontificia Comillas y Prosalus el pasado verano señala que el 30% de los alimentos que se producen acaban en el cubo de la basura y, por tanto, también el 30% de los recursos naturales destinados a producir dichos alimentos, como agua y tierras cultivables.

Siete días de compromiso para luchar contra el cambio climático a través de la comida

Con motivo de la Semana Mundial de la Alimentación que se está celebrando del 15 al 22 de octubre, la organización internacional Slow Food está promoviendo una semana de compromiso durante la cual su red de activistas de todo el mundo tomará acciones concretas para reducir las emisiones de CO2.

“La producción y la distribución de alimentos son los causantes de una quinta parte de la fiebre del planeta”, señala la organización, que atendiendo a este dato está alentando a todo el mundo (y especialmente a las personas que viven en países con altos niveles de desarrollo) a cambiar sus hábitos alimentarios.

“A menudo la gente se siente impotente ante la gravedad y la escala mundial de la tragedia del cambio climático. Sin embargo, cada uno de nosotros puede ayudar a frenar este fenómeno a través de la comida”. Para demostrarlo, Slow Food ha lanzado la Semana del Cambio como parte de su campaña Comida para el cambio (Food for Change), que empezó el 24 de septiembre y que continuará hasta finales de este año.

Durante la Semana del Cambio, los participantes se comprometerán durante 7 días a tres acciones concretas: cocinar solo con ingredientes locales, no comer carne y reducir a cero los desperdicios alimenticios. Se puede escoger un compromiso o todo ellos.

Lo importante es poder transmitir aotras personas que su compromiso es útil calculando concretamente el resultado de sus acciones. “Basándonos en el número de personas que forman parte de este reto y en colaboración con Indaco2 (INDicadores Ambientales y CO2, una spin-off de la Universidad de Siena, Italia), podremos estimar el equivalente de CO2 que se habrá ahorrado gracias a nuestro compromiso colectivo durante la Semana del Cambio”, explican los organizadores.

“Si al final de la semana hay unos 5.000 compromisos sobre las acciones concretas, el ahorro de CO2 será de 63 tC02eq, el equivalente a los gases de efecto invernadero que emite un coche en un viaje de 175.000 kilómetros”.

Razones para emprender las tres acciones

Cocinar solo con ingredientes locales. Un sistema de producción alimentaria local tiene la ventaja de integrar alimentos nutritivos y sanos con la responsabilidad social, dando prioridad a los sistemas ecológicos, eliminando o reduciendo productos químicos y salvaguardando las técnicas y los conocimientos tradicionales. La comida local es más fresca, protege las variedades y las especies locales (además de los métodos de producción tradicionales), recorre menos kilómetros y necesita menos embalaje. Permite que tanto los productores como los consumidores tengan más información y control sobre la producción y los sistemas de distribución alimentarios.

No comer carne. El consumo de carne se ha cuadruplicado durante los últimos 50 años. Cada ciudadano de la UE consume un promedio de 80,6 kg de carne al año. Según la Organización Mundial de la Salud, una reducción de 25 kg por persona sería suficiente, y reducir esta cantidad a la mitad sería una gran victoria para la salud de nuestro planeta (“World Livestock 2011: Livestock in Food Security”, FAO, 2011). Más del 95 % de la carne que comemos proviene de las granjas industriales, que son responsables colectivamente del 14,5% de las emisiones de gases de efecto. Producir un solo kilogramo de carne supone la emisión de 36,4 kg de CO2, el equivalente a la cantidad de CO2 que emite un automóvil durante un viaje de 250 km; y no menos de 15.000 litros de agua.

Reducir a cero los desperdicios alimenticios. Cada año en la Unión Europea se desperdician unos 90 millones de toneladas de comida (179 kg por persona). De este desperdicio, el 42% procede de las casas y el 39% del sector de la manufacturación. Los desperdicios alimenticios también implican el desperdicio de recursos como la tierra, el agua, la energía u otros elementos necesarios para la producción, como los embalajes, el transporte y el almacenaje. Producir alimentos que no se consumirán genera emisiones de CO2 innecesarias, además de la pérdida del valor económico de los alimentos producidos.

 

Herramientas para fomentar los productos locales

En Europa, el índice de consumo de productos saludables y de cercanía está creciendo de forma espectacular  y Madrid es la segunda comunidad de España en la que más alimentos ecológicos se consumen.

Los alimentos locales son buenos para los consumidores y para el planeta. Son más frescos, sabrosos, nutritivos, tardan más en estropearse y resultan más baratos. Además, al comprar a productores locales, se apoya la economía local y se contribuye así a la conservación del paisaje y la cultura del lugar. La producción y distribución de alimentos locales genera menos contaminación, emisiones y residuos.

Por este motivo, MARES, la propuesta del Ayuntamiento de Madrid para desarrollar la economía social, impulsa  el llamado Mar de Alimentación, dirigido a crear iniciativas económicas que proporcionen alimentos de proximidad, de temporada, ecológicos y de comercio justo.

Imagen de MARES.

Así, promueve proyectos económicos que incluyan toda la cadena alimentaria: la producción, la transformación, la distribución, la venta y la comercialización. “Trabajar para poder decidir cómo nos alimentamos y qué productos consumimos, tener derecho a una alimentación sana, justa y de cercanía”, señalan.

Los fines de Mar de Alimentación son trabajar en la mejora de los proyectos e iniciativas de pequeñas empresas del sector de la alimentación, aportando los enfoques y principios de la economía social y solidaria y generar un laboratorio de experimentación de iniciativas artesanales y creativas para una gastronomía ligada al territorio y a la solidaridad.

Además, se ha creado Mares de menús, una herramienta para modelar la oferta gastronómica. Se trata de un libro de Excel con macros y tablas dinámicas en donde, tras introducir algunos datos básicos (ingredientes, costes, proveedores, alérgenos…), se podrá crear recetas para conocer de forma automática el coste y margen de beneficio de cada plato y menú, así como la valoración de las ventas y otra información clave para planificar la oferta gastronómica.

MARES Madrid es un proyecto de transformación urbana a través de la economía social y solidaria, que busca fomentar en los ciudadanos iniciativas productivas y cambiar la ciudad de Madrid incidiendo en cinco sectores: movilidad, alimentación, reciclaje, energía y cuidados, que se llevan a cabo en los distritos de Villaverde, Vicálvaro, Puente de Vallecas y Centro. Las iniciativas que se promocionan son las que han llevado a cabo los ciudadanos para hacer frente a la crisis: iniciativas de autoempleo, recuperación de espacios en desuso o redes de economía o de apoyo mutuo…

Sus objetivos son la creación de empresas, la generación de tejido productivo y comunitario y la promoción de buenas prácticas ciudadanas e institucionales que lleven a una ciudad mucho más sostenible, saludable y cooperativa.

Una app móvil para comprar fruta online

Macedonia, una empresa con 16 años de experiencia en la venta de frutas de calidad, ha dado el salto y ha creado una aplicación móvil para la venta de fruta online. Para celebrar la puesta en marcha de la nueva herramienta, regala dos kilos de naranjas con la primera compra de fruta con la app.

Con esta aplicación se puede comprar frutas y verduras a precio de frutería desde el dispositivo móvil o desde su página web, la compra, con envío gratuito express por un pedido mínimo de 25 €, se recibe en tan solo dos horas, según explican sus promotores.

De momento, la app solo opera dentro de Madrid y zona noroeste de la Comunidad de Madrid, y el servicio está disponible desde las 10:00 de la mañana hasta las 22:00 horas. Próximamente tienen previsto expandir el servicio a toda la península.

Hasta el momento, la de Macedonia es la única plataforma que cuenta con una asociación de fruteros que venden frutas y verduras de primera calidad y que permite comprar la fruta de la semana con un solo clic y en 30 segundos de un modo simple, rápido y cómodo. Además de fruta, se pueden adquirir  frutos secos, legumbres, verduras y hierbas aromáticas. Productos frescos que se pueden recibir directamente en casa para evitar cargar peso o hacer colas. La aplicación permite también regalar cestas de fruta, para  diferentes celebraciones.

Los precios y productos se actualizan semanalmente, y el modo de pago se realiza con cualquier tarjeta de modo rápido, sencillo y muy seguro por su sistema de encriptado.

La idea de crear la aplicación surgió al comprobar la falta de tiempo que tienen los ciudadanos para hacer la compra unido a lo que pesa transportar este tipo de productos, según explica Javier Iguaz, gerente de Macedonia, para quien la app permite “hacer la compra cómodamente desde la cama, el autobús o el trabajo obteniendo frutas de primera calidad, escogidas por expertos fruteros y comprando a precio de frutería, con una agradable experiencia de compra”.

La aplicación se puede descargar en estos enlaces: iPhone o Android y también desde la web https://www.macedonia.es/

Las cifras del despilfarro de alimentos

No por repetidas, las cifras que dan los organismos internacionales del despilfarro de alimentos son menos graves o se volatilizan. En esta época de derroche y consumismo exagerado no está de más recordar que mientras el mundo desarrollado desperdicia toneladas de alimentos cada año, la otra mitad del mundo se muere de hambre.

SAVE FOOD, iniciativa mundial sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, dependiente de la FAO, señala que alrededor de un tercio de la producción de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia en todo el mundo, lo que equivale a aproximadamente 1.300 millones de toneladas al año. Esto significa obligatoriamente que cantidades enormes de los recursos destinados a la producción de alimentos se utilizan en vano y que las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la producción de alimentos que se pierden o desperdician también son emisiones en vano.

En la Unión Europea, se desperdician cada año hasta 88 millones de toneladas de alimentos, por lo que el Parlamento Europeo se ha propuesto reducir ese nivel en un 30% para 2025 y en un 50% para 2030.

De acuerdo con la FAO, 793 millones de personas sufren desnutrición en todo el mundo. Y según Eurostat, aproximadamente el 9,6% de la población europea no puede permitirse comprar comida de calidad cada dos días.

Estas cifras resultan preocupantes sobre todo cuando el 20% de los alimentos producidos en la UE se acaba echando a perder o se desperdicia. De media, un ciudadano europeo tira a la basura 173 kilos de alimentos al año.

Se desperdician alimentos durante todas las fases de la cadena alimentaria, desde la producción agrícola hasta el consumo final. Sin embargo, es en los hogares (53%) y en el proceso de procesamiento (19%) donde más desperdicio de alimentos se produce.

El Parlamento Europeo establece en su Resolución sobre cómo evitar el desperdicio de alimentos lo que se entiende como desperdicio alimentario: el conjunto de productos alimenticios descartados de la cadena agroalimentaria por razones económicas, estéticas o por la proximidad de la fecha de caducidad, pero que siguen siendo perfectamente comestibles  y adecuados para el consumo humano y que, a falta de posibles usos alternativos, terminan eliminados como residuos.

Los datos del Ministerio de Agricultura español (MAPA) señalan que durante el periodo comprendido entre octubre 2015 y septiembre 2016, los hogares españoles tiraron a la basura 1.245,9 millones de kilos de alimentos en condiciones de ser consumidos (24 millones de kilos semanales). Una cifra que constata, según el MAPA, la concienciación de las familias en la lucha contra el desperdicio alimentario, ya que supone una reducción del 6% respecto al periodo anterior, es decir, se tiraron a la basura 80,1 millones de kilos menos. En marzo de 2017 los españoles nos habíamos deshecho de un 1,1% menos de alimentos que en esa misma fecha el año anterior.

Desperdiciar alimentos también supone además un uso innecesario de recursos escasos como la tierra, el agua y la energía y contribuye además al cambio climático: por cada kilogramo de alimento producido, 4,5 kg de dióxido de carbono (CO2) se arroja a la atmósfera.

Para comenzar a reducir el desperdicio en los hogares y adquirir conciencia, nada tan fácil que adaptar la lista de la compra a lo que realmente va a consumir, tener en cuenta las fechas de caducidad y de consumo preferente, seguir las recomendaciones de conservación de los alimentos y congelar los alimentos que no vaya a consumir.

El Atlas de la Comida denuncia el peligroso monopolio de la alimentación

Amigos de la Tierra Europa junto a la Fundación Heinrich Boll y la Fundación Rosa Luxemburgo ha publicado el Atlas de la Comida, una investigación en la que se muestra cómo la producción de alimentos en el mundo está monopolizada por cada vez menos empresas y cada vez más grandes, a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Esta tendencia amenaza la capacidad de elección de los consumidores, el empleo y las condiciones laborales en la industria agroalimentaria, así como a la producción de alimentos en el futuro, señala el informe.

En los años 2015 y 2016, de las 12 mayores fusiones entre empresas con cotización oficial, cinco tuvieron lugar en el sector agroalimentario, con un valor total de casi 500.000 millones de dólares americanos.

Imagen del Atlas de la Comida.

La publicación del informe coincide con la decisión a la que se enfrenta la Comisión Europea sobre la autorización de la megafusión entre Bayer y Monsanto, y después de que el comisario de , Phil Hogan, anunciase su intención de frenar el poder excesivo de los supermercados.

Las conclusiones del informe son motivo de preocupación para las organizaciones sociales, ya que la concentración de poder por parte de unas pocas empresas en la cadena alimentaria está causando:

  • Menor oferta para los consumidores: casi la mitad de la comida que se vende en la Unión Europea viene de solo 10 cadenas de supermercados. Apenas 50 industrias se llevan la mitad de las ventas de comida en el mundo. Y tan solo 4 empresas producen el 60% de la comida de bebé en el mundo.
  • La alimentación del futuro en riesgo: las fusiones entre los gigantes de la agroindustria provocan la intensificación de la producción a lo largo de toda la cadena, actualmente el 20% de las tierras agrícolas del mundo están ya degradadas.
  • Pérdida de empleos y bajada de salarios: la actual ola de fusiones en las industrias procesadoras, por ejemplo, entre Heinz y Kraft, se ha debido a la necesidad de ahorrar costes para seguir compitiendo en el mercado global, lo que ha provocado la pérdida de miles de puestos de trabajos.
  • Presión por los bajos precios, el cártel de la distribución: las empresas de distribución (principalmente supermercados) y la industria procesadora de alimentos presionan a sus proveedores, expulsando a los pequeños productores y normalizando las pésimas condiciones laborales y bajos salarios en toda la cadena. Por ejemplo, aproximadamente el 80% del mercado mundial del té está controlado por tres empresas.
  • Persistencia del hambre entre la población más empobrecida, pese a la sobreproducción de alimentos en el mundo: la cosecha global de cultivos alimenticios equivale a 4.600 kcal. por persona y día – pero más de la mitad se pierde en el almacenamiento, distribución, desperdicio y alimentación del ganado.

Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación en Amigos de la Tierra ha señalado que “las grandes empresas transnacionales de agricultura y alimentación tienen cada vez más poder; está en juego la calidad de nuestra comida, y la capacidad de alimentar a las generaciones futuras. La UE debe tomar medidas para evitar esta concentración y fomentar las alternativas. Existen muchos ejemplos de cómo producir alimentos sanos a la vez que se crea empleo digno y se protege el entorno”.

El Atlas der la Comida. Una visión global de la cadena agroalimentaria mundial.

Fuente: Amigos de la Tierra

Slow Food propone atenuar los efectos de la alimentación sobre el cambio climático

El movimiento Slow Food ha lanzado la acción Menú para el cambio, la primera campaña de comunicación y recogida de fondos internacional que vincula la alimentación y el cambio climático y con la que se pretende atenuar los efectos de la alimentación sobre el medio ambiente.  

Slow food es un movimiento internacional nacido en Italia en 1987 que se opone a la estandarización del gusto en la gastronomía, y promueve la difusión de una filosofía que combina placer y conocimiento. Opera en todos los continentes por la salvaguarda de las tradiciones gastronómicas regionales, con sus productos y métodos de cultivo, el apoyo a productores locales y un desarrollo rural sostenible.

“Todos estamos involucrados: el cambio climático es una crisis presente que requiere el esfuerzo común de la humanidad. Cada una de nuestras decisiones marcará la diferencia, porque la suma de nuestras acciones individuales es el motor del cambio”, señala el presidente de Slow Food, Carlo Petrini, que afirma que el calentamiento global es una realidad, que no compete a un futuro indefinido sino que es una certeza presente: “Para Slow Food es un deber ocuparse del cambio climático: no existe calidad alimentaria, no existe bondad sin respeto por el medio ambiente, los recursos y el trabajo”.

Imagen de Slow Food.

Las emisiones agrícolas de producción vegetal y animal se encuentran entre las principales fuentes de emisión de gas invernadero, entre ellas anhídrido carbónico (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O): la agroindustria es una de las primeras causas del calentamiento del planeta, mientras que las primeras víctimas de esta catástrofe anunciada son la agricultura rural, las economías pastoriles y la pesca artesanal.

Con Menú para el cambio, Slow Food quiere demostrar que a partir de la alimentación cada uno de nosotros puede y debe marcar la diferencia para frenar este fenómeno cuyas soluciones no pueden ser pospuestas. Y lo hace difundiendo sus respuestas: “cómo sostiene y da valor a este sistema de producción alimentaria, practicado en armonía con los recursos de la naturaleza, bajando al terreno para defender la biodiversidad, con la educación alimentaria y medioambiental, sensibilizando a todos los actores de la cadena alimentaria y tratando de influenciar la política a todos los niveles”.

Slow Food.

“La absurda sequía que sofoca nuestro país, las trombas de agua que nos sorprenden en mitad del sueño, las vendimias anticipadas, el colapso de las producciones, la falta de hierba fresca o el regreso anticipado de los pastos de altura, la acidificación y el aumento de nivel de los mares, la presencia de animales antes inexistentes a determinadas latitudes, la desertificación y el progresivo empobrecimiento de los suelos, son el rostro del cambio climático -dicen-. No son casos récord a registrar en los anales, son la normalidad que nos espera. Y las causas hay que buscarlas en la actividad antrópica y sobre todo en las emisiones de gas de origen fósil”.

El sector agrícola es responsable del 21% de las emisiones totales (FAO 2015), frente al 37% del energético, el 14% de los transportes y el 11% de la industria. En el seno del sector agroalimentario la fuente principal de gas invernadero es la fermentación entérica, a causa del metano que se forma en la fase de digestión de los alimentos, que por sí sola totaliza el 40% de todo el sector agrícola. A continuación se halla la distribución de fertilizantes sintéticos: 13% de las emisiones agrícolas (725 Mt CO2 eq.).

“La reducción de emisiones no puede ser ya un asunto que podamos diferir”, señala el responsable de Slow Food, para quien ya es una obligación y todos debemos intervenir.

Pide en este sentido eliminar por completo los residuos, sobre todo alimentarios, favorecer los productos de proximidad, comer poca carne y evitar la que nos llega de producciones intensivas. También propone que nos planteémonos unas preguntas: ¿cómo se han producido los alimentos que comparto con mi familia? ¿De dónde vienen? ¿Cuánta energía y cuánta agua han necesitado? Slow Food trabaja para divulgar este conocimiento y para dar valor y sostener aquellas producciones que optan por prácticas agrícolas y productivas resilientes y ecológicas.