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El Atlas de la Comida denuncia el peligroso monopolio de la alimentación

Amigos de la Tierra Europa junto a la Fundación Heinrich Boll y la Fundación Rosa Luxemburgo ha publicado el Atlas de la Comida, una investigación en la que se muestra cómo la producción de alimentos en el mundo está monopolizada por cada vez menos empresas y cada vez más grandes, a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Esta tendencia amenaza la capacidad de elección de los consumidores, el empleo y las condiciones laborales en la industria agroalimentaria, así como a la producción de alimentos en el futuro, señala el informe.

En los años 2015 y 2016, de las 12 mayores fusiones entre empresas con cotización oficial, cinco tuvieron lugar en el sector agroalimentario, con un valor total de casi 500.000 millones de dólares americanos.

Imagen del Atlas de la Comida.

La publicación del informe coincide con la decisión a la que se enfrenta la Comisión Europea sobre la autorización de la megafusión entre Bayer y Monsanto, y después de que el comisario de , Phil Hogan, anunciase su intención de frenar el poder excesivo de los supermercados.

Las conclusiones del informe son motivo de preocupación para las organizaciones sociales, ya que la concentración de poder por parte de unas pocas empresas en la cadena alimentaria está causando:

  • Menor oferta para los consumidores: casi la mitad de la comida que se vende en la Unión Europea viene de solo 10 cadenas de supermercados. Apenas 50 industrias se llevan la mitad de las ventas de comida en el mundo. Y tan solo 4 empresas producen el 60% de la comida de bebé en el mundo.
  • La alimentación del futuro en riesgo: las fusiones entre los gigantes de la agroindustria provocan la intensificación de la producción a lo largo de toda la cadena, actualmente el 20% de las tierras agrícolas del mundo están ya degradadas.
  • Pérdida de empleos y bajada de salarios: la actual ola de fusiones en las industrias procesadoras, por ejemplo, entre Heinz y Kraft, se ha debido a la necesidad de ahorrar costes para seguir compitiendo en el mercado global, lo que ha provocado la pérdida de miles de puestos de trabajos.
  • Presión por los bajos precios, el cártel de la distribución: las empresas de distribución (principalmente supermercados) y la industria procesadora de alimentos presionan a sus proveedores, expulsando a los pequeños productores y normalizando las pésimas condiciones laborales y bajos salarios en toda la cadena. Por ejemplo, aproximadamente el 80% del mercado mundial del té está controlado por tres empresas.
  • Persistencia del hambre entre la población más empobrecida, pese a la sobreproducción de alimentos en el mundo: la cosecha global de cultivos alimenticios equivale a 4.600 kcal. por persona y día – pero más de la mitad se pierde en el almacenamiento, distribución, desperdicio y alimentación del ganado.

Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación en Amigos de la Tierra ha señalado que “las grandes empresas transnacionales de agricultura y alimentación tienen cada vez más poder; está en juego la calidad de nuestra comida, y la capacidad de alimentar a las generaciones futuras. La UE debe tomar medidas para evitar esta concentración y fomentar las alternativas. Existen muchos ejemplos de cómo producir alimentos sanos a la vez que se crea empleo digno y se protege el entorno”.

El Atlas der la Comida. Una visión global de la cadena agroalimentaria mundial.

Fuente: Amigos de la Tierra

Más Comunidades debaten leyes contra el despilfarro de alimentos en los colegios

Cristina Romero, la madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su periplo por las instituciones  para que se cambie la  Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración de alimentos en estos centros.

Por razones higiénicas y sanitarias, la ley señala que la comida sobrante en los comedores escolares no puede ser manipulada y se prohíbe a los centros escolares donar lo que sobra. Y esto es lo que se quiere modificar con las miles de firmas que apoyan el cambio.

En junio, Cristina Romero compareció en el Parlamento catalán, ante la Comisión que se ocupa de la Propuesta de Ley a favor del Aprovechamiento de Alimentos. Junto con ella, han acudido otros comparecientes (asociaciones y fundaciones no gubernamentales, expertos en seguridad alimentaria, técnicos en residuos, hosteleros, comerciantes…) que han ofrecido sus puntos de vista contra el despilfarro.

El proyecto de ley catalán está en la fase de presentación de enmiendas y se espera su aprobación para el próximo otoño.

Romero mantiene además conversaciones con los partidos políticos para explicarles la necesidad de promover leyes que eviten el despilfarro de alimentos. El último ejemplo ha sido Cantabria. Su Parlamento aprobó por unanimidad a principios de junio la propuesta de Podemos que pretende acabar con el despilfarro.

“Estaré a disposición de cualquier partido político que necesite información y apoyo para abolir el despilfarro de alimentos –señala Cristina Romero-, ya que jamás me cansaré de decir que esta petición es totalmente transversal. No entiende de ideología política o clase social.
Lo importante es caminar todos en el mismo sentido y me congratula comprobar que poco a poco, se está haciendo. Imagino que las próximas noticias llegarán desde Madrid y Bruselas”, donde también se han presentado iniciativas en el mismo sentido.

Mientras tanto, esta madre continúa haciendo ruido para conseguir su propósito.

El 19 de octubre de 2016, Cristina Romero entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados  y se pueda ayudar así a miles de personas que lo necesitan.

El 30% de los alimentos se tira a la basura

Los menores de 35 años con estudios superiores y renta media/alta son las personas que más desperdician.

Esta es la principal conclusión de una encuesta sobre desperdicio alimentario en los hogares madrileños, encargada por la Universidad Pontificia Comillas y Prosalus (organización no gubernamental de cooperación al desarrollo), que se ha presentado esta mañana en Madrid.

La encuesta, elaborada por las investigadoras Victoria Labajo y María Eugenia Fabra, del Grupo de Investigación E‐SOST (Economía, Empresa y Sostenibilidad) de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, es una de las actividades contempladas en el proyecto impulsado por Prosalus y financiado por el Ayuntamiento de Madrid: En Madrid yo no desperdicio, yo comparto, implicación ciudadana en la reducción del desperdicio alimentario.

José María Medina Rey, director de Prosalus, impulsora de la iniciativa Yonodesperdicio.org, ha señalado que el 30% de los alimentos que se producen acaban en el cubo de la basura y, por tanto, también el 30% de los recursos naturales destinados a producir dichos alimentos, como agua y tierras cultivables. Por ello, indicó que “el desperdicio alimentario es éticamente reprobable”.

Las personas consideradas grandes desperdiciadoras son jóvenes menores de 35 años, con estudios superiores, renta alta o media-alta, principalmente hombres, no sensibilizados con el consumo responsable, pero, curiosamente sí sensibilizados con la sostenibilidad ambiental.

Este dato muestra que una mayoría aún no es capaz de establecer una conexión entre nuestra actuación en el ámbito local y los resultados que provocan en el ámbito global, señalan las investigadoras.

El estudio resalta también la gran confusión que existe entre las fechas de caducidad y de consumo preferente. Solo un tercio de las personas encuestadas identifican correctamente la fecha de consumo preferente y curiosamente son los hogares de rentas más bajas quienes más alimentos tiran durante la fecha preferente, auque son perfectamente consumibles. Por otro lado, el 44% de los hogares aprovechan alimentos caducados que suponen, en ciertos casos, un riesgo para su salud.

Los alimentos que más se desperdician son frutas y verduras, pan, cereales, repostería y productos lácteos. Las causas que se apuntan son el deterioro de los productos por mala conservación o la preparación inapropiada junto con la caducidad de los productos.

La motivación principal para no desperdiciar alimentos no es la sostenibilidad ambiental sino el ahorro.

Yonodesperdicio.org es una plataforma que trata de poner en contacto a personas que quieren compartir alimentos para evitar que acaben en la basura, tiene como objetivo último sensibilizar acerca de las consecuencias que tiene sobre el hambre y la sostenibilidad del planeta un acto tan cotidiano como tirar a la basura alimentos.

Acciones para reducir el desperdicio de alimentos en los hogares

yonodesperdicio.org es una iniciativa colaborativa para reducir el desperdicio de alimentos principalmente en los hogares, promovida por Prosalus, una organización no gubernamental de cooperación al desarrollo, cuya misión es promover el respeto, la protección y la garantía de los derechos humanos en la alimentación, la salud, el agua y el saneamiento.

Desde su creación, en noviembre de 2015, pretende ser una red ciudadana comprometida con la reducción del desperdicio que ofrece recursos para ello y pone en contacto a personas que quieren entregar alimentos con las que los necesitan.

yonodesperdicio cuenta con una aplicación web-móvil de consumo colaborativo en la que se comparten únicamente alimentos y tiene más de 800 personas registradas  en todas las comunidades autónomas, aunque es Madrid la que más tiene, casi 300.

En este tiempo, la plataforma ha rescatado más de 65 kilos de la basura, según el contador, visible en la web. Según sus responsables, “va poco a poco porque las cantidades que se ofrece son de poco peso y aún falta mucha más difusión para animar a que se participe en esta forma de consumo”.

En estos momentos, gracias a un proyecto aprobado por el Ayuntamiento de Madrid, yonodesperdicio está desarrollando diferentes actividades y elaborando materiales de sensibilización y difusión que animen a la participación. Por ejemplo, ha editado un recetario con las ideas compartidas en la plataforma y ha organizado un concurso de fotografía para visibilizar el desperdicio a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Foto: Noticias del Parlamento Europeo

A finales de este mes van a presentar los resultados de una encuesta- investigación sobre el desperdicio de alimentos en los hogares madrileños y, por otro lado, ya tienen en marcha el desarrollo de la app para dispositivos IOS.

Trabajan con alimentos que podrían acabar en la basura si no se consumen a tiempo y que se entregan tanto a organizaciones encargadas de distribuirlas entre familias sin recursos o directamente a particulares que lo necesitan.

La ONG advierte de que antes de tirar la comida, hay que pensar que nuestros excedentes pueden utilizarse en otras casas y que son necesarios para otras personas y anima a formar parte de esta red, compartiendo aquello que no se va a consumir.

Tanto para donar como para recibir alimentos hay que regístrate en la web; después, ofrecer la comida excedente que quieres compartir, revisar los mensajes de las personas que están interesadas y acordar un punto de entrega.

Esta iniciativa cuenta con financiación de Territorios Solidarios de BBVA, el Ayuntamiento de Madrid y con la colaboración del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM).

Más adhesiones a la campaña para evitar el despilfarro de alimentos en los comedores escolares

Cristina Romero, una madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su lucha, obteniendo cada vez más adhesiones a su iniciativa.

Cada vez hay más escuelas, partidos políticos, asociaciones… interesadas y muy concienciadas contra el despilfarro en comedores escolares, afirma Cristina, que en el mes de noviembre se reunió con diputados del PSC en el Parlament de Cataluña, que tres meses antes habían presentado la propuesta de Ley sobre el Aprovechamiento del Excedente Alimenticio y que sigue adelante ya que ningún partido se opuso.

El próximo mes de enero, Cristina asistirá como compareciente para explicar el motivo de la campaña y para dar mi opinión sobre las posibles soluciones. Soluciones como la que ha puesto en marcha la compañía americana Kentucky Fried Chicken a través de su proyecto Harvest. Este proyecto existente hace años en EE UU permite aprovechar sus productos y repartirlos entre los más necesitados.

Esta empresa junto con la Fundación Altius ayudan a que 60 familias reciban diariamente menús compuestos por primero, segundo, postre y pan (menús confeccionados por amas de casa, en su mayoría, voluntarias, y que recuerdan muchísimo a las comidas de abuelas y madres).

Este mismo mes de diciembre, la promotora de esta iniciativa ha viajado a Madrid para visitar las instalaciones de KFC en San Sebastián de los Reyes y la sede de Fundación Altius. También se ha reunido con representantes de Fundación Banco de Alimentos de Madrid y Barcelona, que ven totalmente viable el aprovechamiento procedente de la comida de los restaurantes KFC ya que la proteína es unos de los pilares básicos de la alimentación.

La política del Ministerio de Sanidad favorece que cada se tiren a la basura toneladas de alimentos, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca.

La Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen la normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas y la manipulación de alimentos señalan que “por razones higiénicas y sanitarias la comida sobrante no puede ser manipulada“.

El pasado 19 de octubre Cristina entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la gran chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a miles de personas que lo necesitan.

Slow Food pone en marcha una campaña para proteger los alimentos y las razas animales locales

2.608 huertos en África en los que se han implicado más de  50.000 personas.
513 Baluartes y 57 Mercados de la Tierra para apoyar el trabajo de otros 20.000 productores en 84 países. Más de 3.000 cocineros y cocineras que trabajan al lado de los pequeños productores. 6.000 recomendaciones del Arca del Gusto sobre productos en riesgo.

Todas estas cifras son el fruto del trabajo de la red de Slow Food, formada por más de un millón de personas de 160 países de todo el mundo.

Para seguir protegiendo un patrimonio inmenso de variedades vegetales, razas animales, productos y conocimientos que están desapareciendo, para apoyar a los pequeños productores y para poder proteger los recursos de este planeta contra la contaminación, contra la desforestación, contra los daños de la agricultura industrial, la organización ha puesto en marcha la campaña Ama la Tierra. Defiende el futuro.

El propósito es la recaudación de fondos para sostener una agricultura mejor, en condiciones de garantizar a todos una alimentación buena, limpia y justa y para que esta que esta actividad pueda continuar libre e independiente. Pero también pretende  incrementar la conciencia pública sobre la grave pérdida de biodiversidad que amenaza la seguridad alimentaria y contribuye al cambio climático.

La red aborda una amplia gama de problemas y propone soluciones eficaces desde los propios territorios y de la tutela de variedades de plantas, razas animales y culturas culinarias locales que a lo largo del tiempo han permitido mantener los recursos locales sin deteriorarlos.

“Son muchísimos los defensores de un futuro más rico, diferente y sano”, señala la organización.”Un futuro que solo se puede garantizar preservando la biodiversidad y defendiéndonos de los efectos de una agricultura cargante, que contamina el suelo y el agua y que apuesta por la homologación sin conseguir alimentar al mundo; de una economía que tiende hacia el crecimiento infinito sin tener en cuenta los límites de un planeta finito; de un crecimiento como un fin en sí mismo, que destruye la naturaleza y el tejido social y mantiene a la humanidad constantemente insatisfecha e infeliz”.

Slow Food es  una organización sin ánimo de lucro sostenida por sus socios, fundada en 1989 para contrarrestar el auge de la comida rápida (fast food) y la vida rápida (fast life), impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas y los productos locales y combatir la pérdida de interés de la sociedad por los alimentos, su origen, su sabor y las consecuencias que cada una de nuestras decisiones alimentarias ejerce en el mundo.

Formación gratuita a cambio de un kilo de alimentos

Un kilo de comida. Es el único pase de entrada para la quinta edición del Social Media Care, una actividad solidaria en la que se intercambia formación en emprendimiento marketing y social media por kilos de alimentos, que tendrá lugar el próximo 16 de diciembre en el Museo de Diseño de Barcelona (DHUB).

Con el reto de superar las 3,5 toneladas de productos de alimentación conseguidos en la anterior edición, el Social Media Care se consolida para ofrecer formación gratuita de calidad y conocimientos de reconocidos profesionales a cambio de recaudar la máxima cantidad posible de comida envasada para donarlo al comedor social de El Raval.

El impulsor del evento, Víctor Martín, experto en marketing online, social media y asesor de marca personal, afronta un año más este desafío con la confianza de superar lo conseguido en la edición anterior. “Desde el primer año, profesionales del marketing online, social media y el emprendimiento se han volcado al máximo con esta iniciativa como todos los asistentes que han colaborado con varios kilos de alimentos en todas las ediciones”, explica.

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 “La jornada está dirigida a emprendedores, estudiantes universitarios y cualquier persona interesada en aprender de los grandes del sector, pero también animo a cualquier persona que quiera colaborar con esta causa a que se acerque ese día a aportar lo que pueda”, añade Martín, que asegura que el marketing no sólo son técnicas para vender más sino que también puede tener un fondo solidario.

Junto a Víctor Martín, se subirán a la tarima del auditorio ponentes de la talla de Anxo Pérez, autor del libro Los 88 peldaños del éxito y creador del método 8Belts, que enseña un idioma online en ocho meses, o Raimon Samsó, autor de 15 libros de desarrollo personal y profesional, y creador del Instituto de Expertos en el que entrena y realiza sesiones de mentoring.

También estarán el autor del blog Ciudadano 2.0, Berto López, que ayuda a través de su plataforma a profesionales y pymes a cómo sacar el máximo provecho y rentabilidad de las nuevas tecnologías, Jorge González del Arco, formador especializado en redes sociales, Isabel Jiménez y Juanmi Olivares, ingenieros informáticos y fundadores del blog Mas y mejor, y Romuald Fons,  fundador de la agencia de posicionamiento web Bigseo.

El aforo está limitado a 320 personas, capacidad del auditorio, por lo que es necesario inscribirse previamente en www.socialmediacare.org. Además, también para aquellos que no se encuentren en Barcelona o no puedan desplazarse, pueden inscribirse para recibir la grabación en vídeo de la jornada.

En total, las cuatro ediciones celebradas han recaudado más de 7 toneladas de alimentos.

Otra aplicación para luchar contra el despilfarro alimentario

Too Good To Go es una aplicación creada en Dinamarca hace un año por Lucie Basch para luchar contra el despilfarro alimentario, que se ha extendido con éxito por varios países de Europa.

Permite adquirir la comida sobrante de los restaurantes, cafés y panaderías al final del día, a precios muy competitivos. Con ello los establecimientos pueden reducir las pérdidas y desperdicio de alimentos, y los consumidores, disfrutar de buenas comidas a precios económicos.

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Su objetivo es evitar que los comerciantes se deshagan de las mercancías no vendidas y permitir a los usuarios beneficiarse de precios reducidos. Para los establecimientos comerciales adheridos (panaderías, pastelerías o establecimientos de restauración, catering y bares) todo es gratuito; solo tienen que registrarse en la aplicación y, desde ese momento, estimar a diario la cantidad de productos que pueden ofrecer a la venta al final de la tarde.

Para el usuario, una vez que descarga la aplicación y crea una cuenta, está geolocalizado; puede ver el número de porciones ofrecidas por los comerciantes adheridos en su zona, hacer un pedido y pagar on line un precio de 2,5 a 4,5 euros. Después, podrá recoger su pedido a la hora indicada por el comerciante.

Too Good To Go es una empresa social fundada en Dinamarca a finales del año 2015 y tiene ya una fuerte presencia en nueve países, entre ellos,  Alemania, Suiza, Noruega, Dinamarca, Reino Unido y Francia, donde se ha extendido a Lille, París y ahora a Lyon. Recientemente, la aplicación ha ganado el segundo premio del concurso Food waste challenge, organizado por Carrefour.

89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea, lo que supone una media de 179 kg por persona, es decir, medio kilo de comida diario.

Fuente: Economía Circular

Una campaña pide a Sanidad que evite el despilfarro en los comedores escolares

La  FAO afirma que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia. Si tenemos en cuenta la situación de crisis en la que vivimos, es una cifra escandalosa.

En los comedores escolares, cada día se tiran a la basura toneladas de alimentos, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca. El Ministerio de Sanidad así lo exige.

Por razones higiénicas y sanitarias, la comida sobrante no puede ser manipulada, según la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración.

Esta situación es la que ha llevado a Cristina Romero a hacer una petición en Change dirigida al Ministerio de Sanidad, que ya han firmado más de 70.000 personas, para que revise y cambie esta normativa.

Despilfarro

En algunos municipios de Madrid y Cataluña ya se han implantado medidas para aprovechar la comida. Son los ayuntamientos quienes se encargan del servicio de recogida que pasa por los colegios a diario recogiendo la comida que sobra para trasladarla a algún comedor social o albergue cercano.

Cristina Romero explica que estas acciones son fáciles: “Primero, en los propios comedores escolares, se embala la comida en tuppers de una sola ración, se etiqueta y se congelan; la empresa de recogida se encarga de llevárselos, asegurándose de no romper la cadena de frío y garantizando la correcta conservación de los alimentos; por último los alimentos se transportan al Banco de Alimentos, donde se distribuyen entre las personas con dificultades económicas o en situación de dependencia que participen en el programa de alimentos”.

Los alimentos envasados o no elaborados, como yogures, fruta, verdura sin cocinar o envases que no hayan sido abiertos, se pueden dejar en los colegios para su posterior distribución. Y en cuanto a la comida elaborada –purés, potajes, sopas, tortillas, carne, etcétera–, está sujeta a unos controles que sólo pueden ser cambiados por el Ministerio de Sanidad.

“Se da por entendido que la pobreza es un problema social. Ante los más de 7,7 millones de toneladas de alimentos que se desperdician en España anualmente, muchos de ellos en comedores escolares, las autoridades competentes deberían actuar económicamente. Deberían destinar una partida del presupuesto anual y asumir ese gasto de material de embalaje y posterior transporte a comedores sociales o entidades benéficas y la contratación de personal en caso necesario”, señala Cristina.

Un chef británico denuncia la tiranía estética que se aplica a los alimentos

Cerca de un tercio de la comida producida para el consumo humano se desperdicia en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Este despilfarro se debe en gran medida a que muchas frutas y vegetales no cumplen con los estándares de belleza establecidos por los supermercados, que se niegan a comprar a los productos que se alejen de la norma.

El chef británico Hugh Fearnley-Whittingstall describe, en la BBC, cómo es la situación en el Reino Unido y que pueden hacer los consumidores de todo el mundo si quieren revertir esta tendencia.

Señala que a lo largo de los años ha sido testigo de escenas bastante deprimentes en la industria de la alimentación: condiciones deplorables en los criaderos de pollos, leyes de pesca absurdas de la Unión Europea y un sinnúmero de otros disparates.

“Puede que los tubérculos no despierten en nosotros los mismos sentimientos que los pollos o los peces –añade-, pero ver cómo una granja en el este de Inglaterra tiraba a la basura 20 toneladas de chirivías (una hortaliza muy parecida a la zanahoria), solo porque su aspecto no era lo suficientemente bonito, sigue siendo una de las cosas más impactantes que jamás he visto”.

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“No era un costal lleno, era una montaña colosal de chirivías. Una cantidad suficiente como para llenar 300 carritos de supermercado. Y, quizá más importante aún, para alimentar a 100.000 personas con una porción generosa”.

El chef afirma que esta verdura no tenían nada malo. “De hecho, eran hermosas. Me hubiese encantado cocinarlas. No eran impecables ni se ajustaban a la imagen de la chirivía perfecta. Pero para mí todas eran fantásticas”. Sin embargo, el supermercado las consideró insuficientes: no cumplían los “estándares cosméticos”.

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“No eran chuecas, ni deformadas, ni estaban golpeadas. Simplemente se alejaban -a veces por una diferencia de milímetros- del extraño catálogo de especificaciones que define qué es lo que nosotros, los clientes, esperamos de una chirivía, aunque nadie nos haya preguntado”.

En la granja Tattersett se tira entre un 30% y 40% de la cosecha de tubérculos. Así que no es sólo una pérdida terrible de alimentos, sino también un desastre económico para los productores, dice Hugh Fearnley-Whittingstall.

Aproximadamente, un tercio de la comida que se produce en Reino Unido no se come por la razón estética. Los supermercados pueden decir que los consumidores solo aceptan zanahorias perfectamente rectas y manzanas sin ninguna mancha. Pero yo no me lo creo ni tampoco Tristram Stuart, miembro de Feedback, una organización en contra del despilfarro que desafía a los supermercados y sus estándares estéticos.

“Tenemos pruebas de que la gente está feliz de comprar estos productos”, dice en referencia a los vegetales discriminados.

“Cuando les conviene, los supermercados los venden. En años de malas cosechas, los estándares se relajan y se les pide a los productores que incluyan los productos con algunas manchas o un poco torcidos, que normalmente serían rechazados. Por supuesto, nadie se da cuenta”.

Fearnley-Whittingstall también responsabiliza a los consumidores. “Nosotros, seguramente, tenemos la misma responsabilidad que las grandes empresas por desechar comida en buen estado.No creo que lo hagamos adrede. A la mayoría de nosotros, ver grandes cantidades de comida destruida innecesariamente nos haría sentir extremadamente incómodos. El problema es que no lo vemos”.

Fuente: BBC Mundo