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Archivo de la categoría ‘Activismo’

Golpes del clima

Por Anna Pérez Català

¿Los impactos del cambio climático afectan de forma diferente a los hombres que a las mujeres? Pues sí, varios informes indican que la cultura, las tradiciones, y los diferentes roles dentro de la sociedad hacen que las mujeres se vean mucho más afectadas por las consecuencias del cambio climático alrededor del mundo.

Proyecto de energías limpias en Bhutan. Imagen: Asian Development Bank.

Proyecto de energías limpias en Bhutan. Imagen: Asian Development Bank.

El informe Género y Clima recoge algunos ejemplos de estas diferencias. Por ejemplo, los estereotipos y roles sociales en algunas culturas, como en Filipinas, hacen que las mujeres no puedan salir de la casa sin los hombres, o que no puedan aprender a nadar, y esto las afecta profundamente en caso de un evento meteorológico extremo, como un tifón. O el hecho que culturalmente no puedan expresar su opinión libremente, hace que sus necesidades no se vean contempladas en planes de adaptación al cambio climático, como se ha visto en Nepal.

Después del huracán Katrina en Estados Unidos, las mujeres perdieron una media del 7% de sus ganancias, mientras que las de los hombres incrementaron un 23%, simplemente por la diferencias en el mercado laboral. Igualmente, después de las inundaciones en Reino Unido en 2007, se comprobó que las mujeres tenían 1.7 más probabilidades que los hombres a tener depresión debido a este evento.

Pero no sólo la forma cómo nos impacta el cambio climático se ve afectada por los roles de género, también encontramos grandes diferencias de género en las soluciones.

La Agencia Internacional de la Energía demuestra en un informe presentado este año que actualmente más de 8.1 millones de personas trabajan en el sector de las energías renovables a nivel mundial. En su capítulo sobre género, explica que las mujeres representaron el 35% de la fuerza de trabajo en esas compañías, es decir, menos que la mitad. Curiosamente, en la industria energética en general (incluyendo combustibles fósiles), las mujeres representan entre un 20 y un 25%. Es decir, las mujeres tenemos más representación en el mundo renovable!

Como explica Karina Larsen, del Centro y Network de Clima y Tecnología (CTCN por sus signas en inglés) de la convención de cambio climático, hay dos retos principales cuando hablamos de género y tecnología:

Aún hay la percepción que las mujeres son las beneficiarias, y no las que deciden los proyectos’, explica Karina. La participación es muy importante para que la implementación de energías renovables tenga en cuenta las diferentes necesidades y perspectivas que pueden tener las mujeres. Debido a los roles que tradicionalmente se les asigna, las voces de las mujeres son necesarias para hacer una tecnología más inclusiva e adaptada a sus necesidades.

Además, la tecnología es vista como neutral en género. Pero no es así. La tecnología puede crear trabajo y empoderar, pero también puede destruirlo y poner barreras para las mujeres, y es algo que estamos estudiando’.

De acuerdo con la oficina de Género Global de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en Inglés), la mujer se encuentra en desventaja, tanto por su vulnerabilidad como a sus posibilidades de desarrollo: más de 2 millones de mujeres en el mundo viven en situación de pobreza energética y sólo un 10% de los créditos otorgados por instituciones financieras para proyectos de energías renovables son brindados a mujeres.

Debemos apoyar a las mujeres, especialmente  a aquellas en ámbitos rurales, para que construyan sus capacidades y se empoderen para tener control y poder. Así pueden movilizarse y convertirse en un agente de cambio contra los impactos del cambio climático’, dice Shaila Sahid, de Gender CC.

La inclusión de las mujeres en el diseño y la puesta en práctica de soluciones al impacto cambio climático es muy importante, ya que se ven diferentemente afectadas y entienden sus consecuencias de una forma única.

Anna Pérez Català es ambientóloga especialista en el cambio climático.

En idéntica tierra

Por Cristina Porras Bravo

‘…no pertenezco a nadie,
 porque mis pies se plantan con justicia
en idéntica tierra que los tuyos.

Soy libre.
Mi voz retumba
 con la mitad de las gargantas de la Tierra,
 a través del espacio y de los tiempos.

Canta con las matriarcas ancestrales,
levanta con su pulso el aullido del sur,
se hace vanguardia y se amplifica
con la suma de gritos
de aquellas que han sido silenciadas…’

La voz de Rozalén da vida a estos versos escritos por los poetas Miguel Ángel Vázquez e Inma Luna para reclamar ‘que ser valiente también es entender que el mundo puede ser de otra manera cuando me reconozcas como igual’. Un canto lanzado al aire por todas aquellas mujeres que siendo víctimas se convirtieron en guerreras #LibresDeViolencia.

Porque la violencia contra la mujer se extiende sobre el mundo como un manto que todo lo cubre robando la vida y la libertad a millones de niñas y mujeres.

Pero hay algunas que con la voz ‘de las matriarcas ancestrales’ y la ‘suma de gritos de aquellas que han sido silenciadas’ son capaces de romper las cadenas de la violencia. Porque ‘las hay que luchan un día y son buenas, pero las hay que luchan toda la vida’ y como dijo Bertolt Brecht ‘esas son las imprescindibles’.

Imprescindibles como Bokiya que con tan solo 13 años al verse obligada a casarse con su cuñado quiso negarse. Sus padres para hacerle cumplir con la tradición etíope le quitaron todo lo que tenía pero ella, con el paso firme y la mirada decidida cruzó desnuda su comunidad  hasta casa de Elema, otra mujer libre que pudo acogerla.

O como Karla, que pese a haber sido violada por sus primos, amenazada y 14 veces disparada por las maras y encarcelada, es hoy más fuerte que nunca y dirige un centro para la defensa de la libertad de los derechos trans en El Salvador.

Historias de mujeres que han sabido ‘que ser valiente es escuchar, es escucharme, desmantelar tus privilegios y hacerlos nuestros, como un colchón común’.

La desigualdad de género es la más extendida y peor injusticia del mundo. Cada día hay mujeres y hombres que se levantan contra ella.

InspirAction ha lanzado la campaña Libres de Violencia para homenajear a todas esas mujeres que pese a haber sufrido terribles injusticias han sido capaces de cambiar el rumbo de sus vida y posiblemente el muchas otras mujeres. Entra en www.libresdeviolencia.com

Cristina Porras Bravo es responsable de comunicación digital en InspirAction

Luchar contra los elementos

Por María José Agejas

No nacieron con alma de guerreras pero la vida tenía planes para ellas. Habitan en algunos de los puntos del planeta más afectados por el cambio climático y a través de diferentes estrategias, contra todo pronóstico, han logrado plantarle cara. Éstas son sus historias.

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Imagen de Annie Bungeroth / Oxfam

Con esta cara de felicidad, Ipaishe, de Zimbabue, parece no haber sufrido. Pero Ipaishe ha visto morir sus cosechas a causa de las inundaciones y de las sequías. Su peripecia vital la llevó a romper con las tradiciones y lo esperado de ella: tras enviudar y rechazar la imposición de su familia política para que se casara con el hermano de su marido, decidió volver a la casa paterna. Su padre la recibió con los brazos abiertos. Ipaishe se hizo cargo de las tierras de la familia y poco a poco se fue convirtiendo en líder comunitaria: empezó a colaborar con Oxfam para lograr un sistema de irrigación. Desde entonces las cosechas se han incrementado en un 240%.

Recuperó su antigua faceta de profesora para educar a su comunidad en la prevención del SIDA y otras enfermedades y acabó, hace un año, acudiendo a la COP21 de París en representación de millones de agricultores para entregar un millón de firmas a los líderes mundiales. Si Ipaishe no se hubiera rebelado contra la tradición establecida, jamás habría logrado todo esto.

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Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ana G´anda tiene 41 años. Es una de las fundadoras del banco de cereales  de su localidad, Chitego, en Tanzania, creado a partir de la hambruna del 98 que sucedió a una fuerte sequía. ‘La gente intentaba cocinar pasto y algunas hierbas del campo’. El banco de cereales sirve para almacenar las cosechas y disponer de ellas gradualmente. Además, el excedente se vende cuando los precios están más altos. Parte de ese dinero vuelve al banco y permite comprar grano cuando el precio baja para volverlo a almacenar.

Así, el banco garantiza la seguridad alimentaria a sus socios, aunque al principio nadie lo apoyaba: ‘Sólo un pequeño grupo entendió la idea, y empezamos a trabajarla’. Gracias a esa visión, Ana no sólo tiene comida para su familia, sino que con los excedentes ha comprado cerdos. La venta de las crías ha pagado la educación de tres de sus hijos y la construcción de su casa. Es el cuento de una lechera a la que el cántaro no se le rompió.

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Dorcas Erukudi tiene 40 años y está acostumbrada a las sequías recurrentes en su localidad natal de Naduat, en Turkana, Kenia. Es una de las zonas más expuestas a la zozobra meteorológica que provoca el cambio climático. Dorcas es la tesorera del comité de prevención de riesgos de su pueblo.

Ese comité, creado por 20 personas que se autogestionan y reciben formación de Oxfam, hace préstamos para que la gente emprenda pequeños negocios o actividades que les permitan sobrevivir sin tener que depender de la agricultura. El negocio de Dorcas es una tiendita de comida, algo con lo que nunca se atrevió ni siquiera a soñar. Quiere que sus hijos vayan a la universidad. El comité trata de promover métodos para defenderse de los avatares del cambio climático, pequeños cambios que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y la hambruna: cómo fabricar carbón cuando hay inundaciones, cómo lograr que haya pasto para el ganado en época de sequía.

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Imagen de Oxfam

Un día, Leonarda Centeno abrió las puertas del conocimiento. Es lo que sintió, explica, cuando se capacitó en técnicas agrícolas y se organizó, sumándose a una federación de mujeres productoras. Ha aprendido cómo nutrir la tierra, conoce la importancia de la reforestación para luchar contra el cambio climático y se muestra orgullosa de utilizar semilla criolla de frijoles. Recibió esta semilla seleccionada en una reunión: explica que otras mujeres presentes en el encuentro la utilizaron para comer, mientras que ella la sembró. Con menos de un kilo de semillas logró 60 de cosecha. ‘Mis hijos han tenido estudios, educación, salud y el pan de cada día‘, explica orgullosa. ‘Ahora yo tomo mis propias decisiones respecto al trabajo’.

Para apoyar el trabajo de estas y otras luchadoras contra el cambio climático, Oxfam Intermón invita a firmar la campaña #YaNoMásExcusas

 

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Guatemala: compromiso contra las discriminaciones y la violencia

Por Gilda Marlene Sum García y Edna Imelda Cali Chex

He recibido las peores humillaciones, denigraciones, acusaciones e insultos en espacios públicos y privados, provenientes de mujeres y hombres, varios en  posiciones de poder.  Esa acción es uno de los principales ejemplos  de la naturalización del racismo, ninguna instancia, ni el mismo Estado acciona para parar, castigar y poner precedentes en el país para detener el odio racial de  individuos, colectivos o instituciones que impunemente ejercen esta opresión y lo hacen porque en su imaginario, yo podré tener un doctorado de una reconocida  universidad extranjera pero para ellos y ellas, yo nunca dejaré de ser una“india” que no tiene el mismo valor como ser humano que ellos y ellas sí tienen’

Las palabras de la doctora Irma Alicia Velásquez muestran cómo el racismo y la discriminación en Guatemala marcan diferencias, desigualdades e inequidades en la población causando una influencia negativa en las relaciones humanas. Si bien es cierto que la discriminación afecta a todas las personas indígenas, la situación es todavía peor para las mujeres. El racismo y la discriminación contra las mujeres indígenas se manifiestan con más fuerza  y es una de las principales causas de la desigualdad que sufrimos.

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El racismo está en la raíz de la extrema pobreza, exclusión, marginación, explotación que experimentamos. En definitiva, es una forma grave de violencia contra las mujeres indígenas. Es necesario y urgente generar conciencia social y cambiar esta idea de que valemos menos que el resto de la sociedad.

Por eso varias organizaciones hemos lanzado la campaña #MiCompromisoEs, como parte de la campaña global de Oxfam ¡Basta! Acabemos con la violencia contra mujeres y niñas.  Vimos en esta iniciativa una oportunidad de tocar el tema de racismo y discriminación hacia las mujeres indígenas, una forma de ser la voz de las que no pueden hablar y llegar a donde no tenemos presencia.

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Cuando la violencia es costumbre

Almudena Rodríguez García

María quiere ver esta noche  un programa  sobre  violaciones a  mujeres en R.D del  Congo.  Tiene 39 años y lleva dos en el paro. La echaron del trabajo al poco de volver de la baja maternal. Sus amigas, vecinas  y familiares  la dicen que no se preocupe. Que mientras esté en el paro puede disfrutar  de su hijo. Que trabajar y   cuidar de un hijo  es difícil.  Al fin y al cabo tiene un marido que la mantiene. Que  aproveche y  que disfrute. Sobre todo eso,  que disfrute.  Lo   mismo la  dijo la directora de recursos humanos el día que firmó el finiquito: ‘hala, María guapa, veras qué bien vas a estar en casa, ahora a disfrutar de tu hijo, que es lo que tienes que hacer’.   María  estudió una carrera, un máster, habla idiomas, cuenta con años de experiencia laboral pero no consigue un puesto de trabajo. Pasa casi todo el tiempo  entre la casa, el supermercado y  el parque.

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Empieza el programa,  mira la pantalla y piensa en la  mala suerte que tienen las mujeres del Congo.  De repente,  se acuerda que tiene que explicarle a su marido que  ha estado en la oficina del paro  y que no tiene derecho a ninguna ayuda tras acabarse el subsidio de desempleo. Es más joven de 45 años y su marido tiene un buen sueldo. Así que el Estado se desentiende de ella.   Al salir de la oficina del paro se ha cruzado con un baboso que le ha soltado un piropo. Maria se ha enfrentado a  él y éste ha acabado llamándola puta . María vuelve al documental. Una mujer joven  está explicando como la violaron un grupo de hombres.  El cerebro de María la lleva a cuando tenía 18 años. Recuerda  la sensación de  miedo que sentía cuando salía por las noches y volvía  sola a casa. Se acuerda  de caminar deprisa, de cambiarse de acera cuando  se cruzaba con un hombre. Todavía hoy sigue sintiendo ese miedo. Mientras, en la pantalla, la mujer sigue explicando la violación.  María vuelve a pensar que las mujeres del Congo tienen muy mala suerte.

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Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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Angélica Bello y otras historias sin final

Por Carmen Suárez

‘Volvimos a retomar fuerzas y nos replanteamos continuar con su legado que, en memoria de ella,  no se puede perder’

El 16 de febrero de 2013 murió Angélica Bello. Tenía 45 años, era una significada activista por los derechos de la mujer y, según la versión oficial, se suicidó disparándose un tiro en la boca con la pistola de uno de sus guardaespaldas.

Esa versión oficial estaba muy lejos de lo que podían admitir sus compañeras de lucha. La única verdad incontestable, más de tres años después, es que su muerte puso fin a una vida  dedicada a  la lucha por la  defensa de los derechos de las mujeres.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

Pero esa muerte no es el final de la historia. Contrariamente a lo que cabría pensar, la trágica muerte de Angélica dio un empuje mayor a la causa por la que combatía desde 1996. Angélica se vio inmersa  en esta lucha cuando, en 1996, tuvo que huir junto con sus hijos de su tierra natal, Saravena (Arauca),  víctima de amenazas por su vinculación con el partido Unión Patriótica. Eso le llevó a vivir en primera persona la experiencia de desplazada y a convertirse en líder por la defensa de los derechos de las personas que habían tenido que huir y más específicamente, de las mujeres que lo padecían.

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La gran preocupación de todos los días

Por Dori Fernández Hernando

Empiezo el día echando un vistazo a Twitter, mi lista de prensa resume en unos cuantos tuits la actualidad y me sitúa. Después miro por encima el correo, la alerta diaria creada en Google sobre mujeres asesinadas no falla ninguna mañana. Es un recuento amargo, pero necesario.

No sirve de nada decir que hemos cerrado el año con 60 víctimas mortales por violencia de género; eso no muestra la magnitud del problema que tenemos como sociedad, aunque deja tranquilos a quienes han de proporcionar los medios para erradicarlo. Total, solo son media docena cada mes… y afortunadamente –para ellos- solo hay datos oficiales desde el año 99.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Por eso, hace ya cuatro Navidades que me entretuve en rastrear y contrastar las cifras sobre mujeres asesinadas por violencia machista en el ámbito de la pareja o expareja con el objetivo de añadirlas a las oficiales y dar mayor magnitud al problema, si cabe.

Para alguien como yo, nacida y criada en el revuelto Bilbao de los años sesenta, la comparación fue inevitable: las víctimas mortales por terrorismo en los últimos 45 años ascendían a 1.222 (fuente: Fundación Víctimas del Terrorismo); las del otro terrorismo, el machista, ascendían a 1.202 sólo desde enero de 1995 hasta el 26 de diciembre de 2012. Desde entonces, cada nuevo asesinato se suma a esa cifra.

Con motivo de este nuevo 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres) tengo previstos talleres con adolescentes en unos cuantos institutos de la provincia, charlas con profesionales de ayuntamientos, con asociaciones de mujeres, hasta en una Escuela de Madres y Padres el mismo día 25 en Sanlucar La Mayor (Sevilla).

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La ‘tercera persona’ y la palabra ‘no’

Por Lorena Moncholí

A veces hay que tomar aire y distancia para escribir sobre según qué temas. Escribir en caliente nos quita la razón, dicen. No sé si creerlo.

A estas alturas conocerás la historia de dos futbolistas que grabaron sin su consentimiento a una mujer, mientras mantenían relaciones sexuales con ella, difundiéndose el vídeo posteriormente por las redes de forma misteriosa, o eso nos cuentan los medios.

Discurso de la pastora Marcela. Imagen del Quijote.

Discurso de la pastora Marcela.

Leo con detenimiento el comunicado que escribieron ‘pidiendo perdón’ por lo sucedido, y no puedo creer que consideraran que aquello iba a ser lo mejor para lavar su imagen. En el comunicado los jugadores se lamentan de que la difusión del vídeo perjudique su imagen y la imagen del equipo para el que juegan. Se muestran preocupados por si han podido ofender a los aficionados del Club, a toda la ciudad entera de Eibar, a los niños, a sus compañeros y a cualquier persona que se haya sentido herida.

Sólo en último lugar, aparece la solicitud de perdón para la ‘tercera persona’ involucrada en el vídeo. Ni siquiera han escrito la palabra ‘mujer’, como si no quisieran ni hacerlo.

La auténtica víctima de su actuación no merece ni ser nombrada en primer lugar.

Es ‘ésa’, la tercera, la que no importa, la que no se merece dignidad, ni imagen, ni honor, ni protección de sus datos personales. Porque no es la princesa recatada vestida de rosa de los cuentos para niñas, sino una mujer que disfruta su libertad sexual. Eso, para muchos, tiene siempre tiene un nombre.

Ella dijo claramente que NO la grabaran. Y da igual quién difundiera aquello. La ley, el Tribunal Supremo y el Constitucional nos lo repiten por activa y por pasiva: La mera captación, hecha en un ámbito privado, sin consentimiento expreso, es una intromisión ilegítima del derecho a la propia imagen de una persona. Espero que se recuerde en el Juzgado.

No sé qué parte del NO de aquella mujer no entendieron.

Es el NO de las ‘terceras personas’, o de las ‘personas de tercera’, así parecen considerarla.

Es el mismo NO que el de aquella niña, reñida por insociable, que no quería besar al familiar que le daba mala espina y que al final abusó de ella.

Es el mismo NO de aquella mujer que, con tres copas de más, dijo NO a aquel tipo en la discoteca y que al final terminó siendo violada por él, sin fuerzas para escapar y sin poder probar nada.

Es el mismo NO que el de aquella empleada que detestaba las manos de su jefe en sus caderas y sus piropos de mal gusto y que, tras ponerlo en conocimiento de Recursos Humanos fue despedida.

Es el NO sin respetar, que todas las mujeres hemos dicho alguna vez en nuestra vida. Quizás tengamos que decirlo más alto, más fuerte y más juntas.

No somos ciudadanas de tercera. No somos las últimas. Ocupemos nuestro lugar. Es urgente.

Lorena Moncholí Badillo. Abogada colegiada nº14084 ICAV. Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y el EVES.

Cómo enfocar -y saltar- las barreras invisibles

Por Paz Casillas

Hoy la pobreza ya no se mide exclusivamente como magnitud económica en función de los ingresos económicos obtenidos por la persona. Hemos aprendido que “no tener” significa sólo una parte en el proceso de estar socialmente excluido. Y aquí es importante hablar desde ya de género, porque las mujeres, por el mero hecho de serlo somos más vulnerables, es decir, contamos con menos oportunidades para ser partícipes de la sociedad y disfrutar de una ciudadanía con los derechos plenos.

Obra de Señora Milton.

Obra de Señora Milton.

En Fundación Atenea llevamos 30 años estudiando el fenómeno de la feminización de la pobreza y su invisibilidad. Y para abordar esta desigualdad y aportar soluciones hemos analizado nueve ámbitos sociolaborales que marcan la vulnerabilidad con tres variables: edad, etnicidad y/ó lugar de procedencia y género. Con ellos nos acercamos más a lo que significa ser hoy pobre, un hecho que tiene, principalmente rostro de mujer y que queda casi siempre oculto.

El problema es serio, porque lo que no se nombra no existe y los estudios que analizan los complejos fenómenos de exclusión social y las políticas, programas y proyectos desde una perspectiva de género son escasos. Es decir, están pensados para una realidad normativa que discrimina permanentemente a las mujeres y no contempla los mandatos de género partiendo de un tremendo error de diagnóstico.

Los nueve escenarios sobre los que analizamos la exclusión social son indicadores de economía, empleo, educación, salud, alojamiento, aspectos socio-relacionales y macro-sociales, ámbito personal y participación social ciudadana. Consideramos estos ámbitos como necesidades humanas a las que dar cobertura desde los Estados de Bienestar de las sociedades desarrolladas, derechos para estar integrados.

Y no, no valen excusas, ni crisis, ni austeridades. En el siglo XXI no podemos renunciar a ese sueño de bienestar conseguido, en gran parte. Los estados deben ser conscientes de que si no las cubren están vulnerando las posibilidades de una ciudadanía plena.

Por ello, y si hablamos de justicia social para todos y todas, ha llegado el momento de hablar claro y de manera contundente: sin un análisis de género las políticas seguirán sin favorecer a las personas y familias en situación de exclusión, principalmente mujeres.Si las políticas no cuentan con esta perspectiva pueden provocar el resultado contrario al que persiguen. Mientras se fomente que únicamente las mujeres se encarguen del cuidado, el 52 por ciento de la población seguirá estando en una situación de desventaja y condenada a empleos precarios y una situación de salud peor. La realidad confirma que las políticas muchas veces expulsan a las mujeres del mercado laboral, dificultan su permanencia y promoción y producen sobrecarga, enfermedad y malestar.

Muchas cosas han cambiado en la sociedad española, especialmente los modelos de familia. Por más que los gobiernos se empeñan en favorecer el modelo tradicional, la España del siglo XXI es cada vez más diversa y las mujeres ya no se definen en función de un segundomasculino. La igualdad de oportunidades es la base del desarrollo económico por más que el modelo neoliberal y patriarcal vigente se empeñe en darnos el mensaje contrario… Si no desaparecen los privilegios por clase y género, no habrá progreso. Ejemplos: las prestaciones de viudedad y, sobre todo, nuestro sistema fiscal vigente que sigue permitiendo el modelo de tributación conjunta. Ambas herramientas son discriminatorias y seguirán desincentivando la incorporación igualitaria de la mujer en el mercado laboral.

Las soluciones pasan por contemplar el género desde el análisis social, y no como algo residual en los presupuestos. Porque un sistema tan desigual sólo puede cambiar con apuestas políticas claras para acabar con estructuras que producen desigualdad y rechazo hacia las mujeres. Sobre todo ello tuvimos ocasión de reflexionar en octubre en la jornada sobre Género e Inclusión Social con la que Fundación Atenea ha conmemorado su 30 aniversario. Un espacio de conocimiento y reflexión para acabar con la exclusión de las mujeres.

Paz Casillas es directora de la Fundación Atenea