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¿De dónde surge decir que alguien ‘está pez’ para señalar su desconocimiento sobre algo?

Suele utilizarse la expresión ‘Estar pez’ o ‘Estar pez en algo’ para señalar que alguien (o uno mismo) desconoce sobre algún tema y hace evidente su ignorancia en esa materia.

¿De dónde surge decir que alguien ‘está pez’ para señalar su desconocimiento sobre algo?

Pero cabe destacar que el ‘pez’ al que hace alusión no se refiere al animal acuático sino a cierta resina amarillenta utilizada para dar lustre a las pieles curtidas y así conseguir que se conserven mejor y durante mucho más tiempo. Esta sustancia resinosa se obtiene ‘tras echar en agua fría el residuo que deja la trementina al acabar de sacarle el aguarrás’.

Uno de los elementos más usados para ser lustrados con la pez (en femenino, al tratarse de una resina) eran las botas en las que posteriormente se depositaba vino o aceite. Tras darle el lustre debía dejarse secar y posteriormente se cosía. Cuando estaba terminado, ese odre (bota) estaba vacío en su interior (solo contenía la pez) y de ahí a hacer una analogía con la ignorancia, haciendo referencia a aquel que no sabe de algo porque tiene la mollera vacía o su cabeza está hueca.

 

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Fuente de la imagen: pexels

Fuentes de consulta: Dichos y frases hechas de José Calles y Belén Bermejo

¿De dónde proviene decir ‘ir maqueado’ para referirse a que alguien va bien vestido o arreglado?

A través del perfil en Instagram de este blog (@yaestaellistoquetodolosabe2) me preguntan cuál es el origen de decir que alguien va ‘maqueado’ para referirse a que va bien vestido o arreglado.

¿De dónde proviene decir ‘ir maqueado’ para referirse a que alguien va bien vestido o arreglado?

Contrariamente a lo que muchas personas piensan (y algunas fuentes señalan erróneamente) la expresión ‘ir maqueado’ para referirse de manera coloquial a que alguien se ha vestido de forma elegante o adecuada para una ocasión especial, no proviene de la jerga o habla juvenil y su origen se encuentra varios siglos atrás, cuando se usaba el término ‘maquear’ para referirse a la acción de embellecer o adornar algo (normalmente un mueble, utensilios u otros enseres).

Para ello se utilizaba una laca (o tipo de barniz) llamado ‘maque’, por lo que la acción de aplicarla para embellecer algo –barnizar– era conocida como maquear.

El maque consistía en una laca que se obtenía de la resina de ciertos árboles y que servía para barnizar y embellecer numerosos utensilios, joyas o muebles, proporcionándoles un reluciente acabado.

Esta técnica a su vez provenía de otra muy similar que se lleva realizando en Japón, desde hace más de diez siglos, conocida como ‘makie’ (también escrito ‘maki-e’ y de ahí llegó hasta nosotros el término ‘maque’)  y cuya traducción literal es ‘imagen salpicada’.

El maki-e era una elaboradísima técnica de lacado que consistía (consiste, porque aún sigue realizándose) en aplicar laca (normalmente negra) a la superficie que se quiere maquear y posteriormente (cuando todavía está húmeda) ir incorporándole polvo de oro o plata con el que se realizaba algún tipo de dibujo. Un trabajo meticuloso y preciso cuyo resultado eran unas valiosísimas piezas decoradas.

La evolución en el lacado (maqueado) fue lo que dio origen con el paso de los siglos a que el término ‘maquear’ se convirtiese en sinónimo de ir bien arreglado y vestido elegantemente.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Nuestra prodigiosa memoria olfativa

Nuestra prodigiosa memoria olfativa

Aunque nuestra nariz no es tan sensible ni está tan desarrollada como la de un perro o la mayoría de los animales, puede llegar a recordar 50.000 olores diferentes. Esa prodigiosa memoria olfativa es la que hace que olamos un aroma y éste pueda transportarnos con nuestros recuerdos a décadas atrás, a un momento vivido, a un lugar concreto.

Que podamos recordar hasta 50.000 aromas no quiere decir que ese sea el tope de los que nuestro olfato pueda llegar a percibir, ya que en realidad podemos distinguir hasta la friolera de un billón de olores diferentes.

Según investigadores de la Universidad de Pittsburgh los diferentes efluvios que podemos percibir se pueden clasificar en diez categorías: fragante (que es el olor suave y agradable), el olor a madera o resina (llamado también leñoso), el olor químico, el mentolado o refrescante, el olor dulce, el olor a quemado o ahumado (donde incluiríamos el de las características palomitas de maíz o el conocido como chamusquina), el olor a podrido, el rancio o acre (entre los que se incluye el ajo y el del fósforo), y dos olores frutales: uno que incluye los cítricos y el que lo excluye (resto de frutas).

 

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Fuente de la imagen: Dennis Wong (Flickr)