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¡Pobres niñas sin bragas!

Por Nuria Coronado

 

La realidad misógina siempre supera la ficción y lo hace hasta grados insoportables. Basta escuchar palabras tan dañinas como las que vienen de la ministra brasileña de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, quien tras hablar -según ella con “expertos”-, se quedó tan ancha diciendo que las niñas pobres que viven en el estado amazónico de Pará sufren violaciones por no llevar ropa interior. “Especialistas nos dijeron que las niñas de allá son violadas porque no tienen bragas; las niñas no usan bragas porque son pobres”, dijo.

A mí, después de escuchar tremenda aseveración, me dan ganas de cubrir las mentes y los cuerpos -de ella y de su equipo sesudo de expertos-, con montañas de esas braguitas. Y es que no hay nada más vomitivo que en lugar de apuntar al origen y culpable de todo: el sistema transversal que fomenta y permite la violación y la pederastia, culpar a las víctimas que no tiene cómo defenderse de sus verdugos.  

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Invisibilidad, violencia y calle

Por Charo MárCharo Mármolmol

María está enferma,  tiene 45 años, dos hijos a los que hace tiempo que no ve.  Dice que nunca tuvo suerte con los hombres. Ha sufrido varias historias de violencia  por parte de sus parejas.  Su vida está plagada  de acontecimientos dramáticos. María es una mujer sin Hogar, vive en la calle y desde hace unas semanas  viene al Centro de día.

Una mujer en la calle. Imagen: Charo Mármol

Una mujer en la calle. Imagen: Charo Mármol

Ángeles ha pasado unos días en la Casa de Acogida, y ahora está en un piso de acogida en San Rafael. Ángeles no tiene hijos, ni pareja, ni familia… es una mujer sola. Tiene 52 años y tuvo que dejar su puesto de vigilante jurado en Málaga para cuidar durante siete años a su madre enferma de alzheimer. En esos años terminó con lo que había podido ahorrar. Se vino a Madrid y trabajó de interna en una casa donde le dieron mal de comer y le malpagaron. Hasta que murió la mujer que cuidaba. Se quedó en la calle y buscó una habitación en la que gastó los ahorros que había hecho. No encontró trabajo y pronto tuvo que dormir en la calle. Fue al parque de la Arganzuela. A las pocas noches unos jóvenes la descubrieron y le dieron una paliza que la dejó semiinconsciente, sangrando… Como pudo llegó a la parroquia que había cerca y allí avisaron al Samur Social que la trajo a la Fundación. Aquí ha sanado sus heridas físicas pero las del alma tardaran mucho en desaparecer.

Las razones para llegar a la calle son muchas, pero  la desigualdad en el acceso a derechos es fundamental, y hoy las mujeres estamos en desventaja. España ha descendido del puesto 12 al 26 en el índice sobre igualdad de género. A esta  realidad hay que sumar  el  recorte en derechos fundamentales de los últimos años, que está provocando un incremento  de mujeres que pasan de la vulnerabilidad a la exclusión La cifra de mujeres atendidas por Cáritas en los últimos 5 años se ha incrementado en un 28% mientras el número de hombres lo ha hecho en 15%.  

Escuchar  la historia  de María, de Ángeles y la de otras muchas mujeres  a lo largo de los más de 90  años de la Obra social de las Apostólicas  y  la Fundación Luz Casanova, nos lleva a  comprender que  esta realidad creciente es además la cara más extrema  de la exclusión residencial, porque además

María y Ángeles se sienten desvalorizadas como mujeres: vivir en la calle  siendo mujer significa romper con el  rol asignado  a la mujer durante siglos. Socialmente  se penaliza a las mujeres  que llegan a esta situación, generándose  importantes sentimientos de culpa,  que dificultan la recuperación de  la confianza en sí mismas.

María forma parte del  76% de las mujeres sin hogar que  son víctimas de la violencia de pareja. Según Isabel Herrero Fernández, Este dato es significativamente superior al del resto de la población (33%).  Pero es importante destacar que un  63%  ha vivido la violencia antes de llegar a situación de calle y el resto lo ha hecho ya estando en calle.

María está  enferma   La incidencia de las enfermedades es mucho mayor entre las mujeres que entre los hombres sin techo. Como ejemplo  señalar que entre las personas sin hogar en Barcelona  con una estancia en calle entre 3 y 5 años el  92%  de las mujeres presenta algún  trastorno crónico, frente al 66%  de los hombres.

Los datos aunque insuficientes, nos aproximan a una realidad de exclusión terrible, y creciente en los últimos años. Una realidad que podemos cambiar,  facilitando el acceso a los derechos (vivienda, salud..) acompañando procesos, y dando herramientas a las mujeres como María y Ángeles para que puedan  reconstruir sus vidas. Y esto  es parte del trabajo que realizamos en la Fundación Luz Casanova.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.