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¿Cada cuántos días hay que bañar a un bebé?

Llegan las ocho de la tarde y en tu cabecita una voz se pregunta: “¿Lo baño hoy o lo dejo para mañana?”. En ese momento un angelito aparece en tu hombro derecho y te dice que mejor hoy, no vaya a ser que llame la abuela para preguntar qué tal ha pasado el día su nieto y se entere de que se ha ido a dormir sin haberle metido un buen fregao; mientras, en el otro hombro aparece un diablillo que te intenta convencer de que no pasa nada por dejarlo para el día siguiente, que suficiente has tenido ya con levantarte a las 6.30 am, trabajar hasta las 5 pm, hacer de animadora infantil el resto de la tarde como para ahora montarse un spa para niños cuando a ti lo que te apetece es espanzurrarte en en el sofá y ponerte Netflix.

La pregunta en cuestión tiene mucha más miga de lo que podáis imaginar, o al menos eso me parece a mí, ya que muchos padres y madres nos preguntan en consulta cada cuánto deben bañar a sus hijos entre otros menesteres de higiene infantil. En este post intentaré poner un poco de sentido común al asunto, pero sin perder la perspectiva médica, que al fin y al cabo es la que a nosotros nos atañe.

¿Por qué hay que bañar a los niños?

Desde el mismo momento en que los niños nacen cabe la posibilidad de que se ensucien. De hecho, tras el parto se encuentran impregnados en líquido amniótico y sangre de su mamá que antes o después habrá que lavar de sus pequeños cuerpecitos.

Y a medida que se abren paso a la vida empiezan a surgir otras situaciones que pueden hacer que el bebé esté sucio o no huela bien, como esa caca enorme que le mancha toda la espalda, un pis a modo de fuente que le moja la tripa o regurgitaciones de leche que no es que huelan especialmente bien. Más adelante, cuando empiezan a tener algo de autonomía para desplazarse por si mismos, lo normal es que se arrastren por el suelo y se conviertan en una escoba atrapapolvo. Y si pensamos en cómo se ponen con la alimentación complementaria ya no te quiero ni contar.

A partir de los dos o tres años suelen volver del parque hasta arriba de barro, manchas de césped y vaya usted a saber qué más… Y al acercarse a la adolescencia, quizá ya no se manchen tan a menudo, pero su olor corporal se transforma en algo parecido a un vestuario de gimnasio.

Todas estas situaciones nos deben hacer pensar que en los niños hay que mantener un mínimo de higiene corporal (o quizás aspirar a un máximo). Y hasta que se hagan mayores y sean ellos los que decidan cada cuánto se deben duchar, somos los padres los que debemos tomar la decisión de cuándo pasarlos por el agua y jabón de la bañera. En la mayoría de las ocasiones esto dependerá de si el niño está limpio o sucio.

La piel de los bebés es delicada (y también la de los niños y los adultos)

Aunque no lo parezca, la piel es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano. Entre otras muchas cosas nos sirve de barrera física contra las agresiones externas del mundo en el que vivimos. Por eso tenemos vello corporal -que nos protege del frío-, pelo en la cabeza -otro buen aliado contra el frío, pero también contra los golpes– o cejas y pestañas -que proporcionan protección a los ojos-.

Por otro lado, como si de una mano de pintura invisible se tratara, nuestra piel está recubierta por una finísima capa de grasa que proviene de las glándulas sebáceas que hay en ella y que nos aísla de la humedad y otras inclemencias meteorológicas, además de protegernos de contaminantes externos o algunas sustancias irritantes. Los niños poseen esta capa protectora al igual que los adultos, pero cuanto más pequeños son, más delicada es su piel ya que los mecanismos para reparar esa cubierta cutánea son todavía inmaduros.

Los jabones con los que nos lavamos son capaces de disolver la capa de grasa que cubre la piel, por lo que un exceso de limpieza podría eliminarla por completo y dejarla desprotegida, tanto en niños como en adultos. Con esto no quiero decir que no haya que lavar a los niños, pero nos debe hacer pensar que no hace falta frotarles como si hubiera que sacarles brillo ya que podría ser contraproducente.

Baño diario: ¿sí o no?

Decía Aristóteles que la virtud está en el termino medio y aplicado al baño de los niños no podemos estar más de acuerdo. Está claro que a los niños hay que asearlos, pero como hemos visto, un exceso de higiene, incluso con productos respetuosos para su piel, puede ser contraproducente. A pesar de ello, la gran mayoría de los niños toleran de sobra un baño al día.

En España lo habitual es que nos bañemos todos los días, tanto los niños como los adultos, inclusos en verano lo hacemos hasta varias veces en las mismas 24 horas. Sin embargo, en los países del norte de Europa lo habitual es bañar a los niños cada 3 o 4 días, seguramente porque tienen climas más fríos que la península ibérica. En mi opinión no hay una opción mejor que otra siempre y cuando se respeten unos mínimos de higiene.

Entre esos mínimos de higiene estaría, por ejemplo, la zona del pañal de los más pequeños de la casa. En este caso, si veis que con las toallitas no es suficiente para que el bebé esté limpio, sí que deberíais lavar esa zona con agua y jabón todos los días, independientemente de cada cuánto les aseéis todo el cuerpo.

¡¡Aplicad el sentido común y no os agobiéis!!

Teniendo en cuenta todo lo anterior, la decisión de si bañar a un niño todos los días o hacerlo con menor frecuencia la podéis tomar vosotros tranquilamente sin que sea obligatorio hacer una cosa u otra. Es habitual que en consulta muchos padres nos comenten que para sus hijos la hora del baño es un momento agradable y que lo disfrutan mucho, mientras que para otras familias supone un momento de estrés muy grande tanto para el niño como para ellos.

Aplicando el sentido común, y respetando esos mínimos de higiene de los que hablaba antes, haced con vuestros hijos lo que mejor os encaje. Y sobre todo, no os agobiéis ni os sintáis culpables si un día os han dado las diez de la noche y no habéis bañado al churumbel, que podéis dejarlo para el día siguiente sin ningún problema.

Por último, en el caso de que vuestro hijo tenga una piel delicada, como por ejemplo aquellos que padecen dermatitis atópica, puede ser útil desde el punto de vista médico que los baños sean cortos y demorarlos a cada 48-72 horas.

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El aseo en el recién nacido

Tras el alta hospitalaria después del nacimiento de un bebé, es muy habitual en nuestras consultas las preguntas de los padres tales como: ¿Cuándo puedo bañar a mi bebé?, ¿qué cremas necesita para el cuidado de su piel?, ¿cuándo puedo cortarle las uñas? o incluso sobre el uso de colonias y otros productos de perfumería. En el fondo, los cuidados de un bebé no varían de los que se hacían en el hospital, simplemente cambia la ausencia de supervisión directa del personal sanitario.

En el post de hoy intentamos resolveros todas las dudas sobre el aseo de vuestros más pequeños.

El momento del baño del recién nacido

No existe consenso sobre cuánto hay que bañar a un recién nacido. Es igual de bueno decidir hacerlo de forma diaria que cada dos días o incluso más. En España clásicamente se ha recomendado el baño a diario mientras que en otro países del norte de Europa (con climas más fríos) las recomendaciones son hacerlo cada cuatro o incluso seis días. Seguramente estos compartimientos y actitudes sobre el aseo responden a cuestiones culturales que poco tienen que ver con lo que realmente necesita un bebé. En un estudio publicado se observó que no había diferencias en problemas de la piel entre los niños que eran bañados a diario respecto a aquellos que lo hacían cada 6 días.

Por tanto, sois vosotros los que tenéis que decidir cada cuanto bañáis al recién nacido. Si el momento del baño supone un estrés tanto para el bebé como para los papás podéis evitar hacerlo a diario tranquilamente. Por el contrario, si es un momento agradable lo normal es hacerlo de forma diaria.

Lo que sí está claro es que la piel del recién nacido es más delicada. Por ello deben utilizarse jabones que suaves con pH neutro y sin detergentes. Los niños con piel atópica (problema que no suele aparecer antes de los 3 meses de edad) requerirán unos cuidados y productos específicos de la piel que tú pediatra podrá recomendarte.

Otra error frecuente es el no sumergir la tripa de los recién nacido para evitar que el cordón umbilical se moje. El problema no está en que el cordón se moje (de hecho es necesario para una buena limpieza del mismo como te comentamos en este otro post) sino que luego lo sequemos bien para que no se reblandezca.

Por último, antes de bañar al bebé debes comprobar la temperatura del agua (ideal entre 35 grados centígrados). No es imprescindible tener un termómetro para afinar tanto la temperatura simplemente comprobar el estado templado de la misma con la mano y ¡a disfrutar del baño!

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El cuidado de las uñas

Es habitual que los bebés nazcan con las uñas muy largas, a veces tanto que provocan pequeños arañazos en la cara. Esto lleva a los padres a una pregunta muy lógica: ¿desde cuándo pueden cortarle las uñas a mi hijo?.

No existe contraindicación formal en usar una tijera de punta roma para recortarlas. El problema surge en que la punta de las uñas de los recién nacidos suele estar pegada la piel del dedo, lo que provoca que en muchas ocasiones al utilizar la tijera se provoque una pequeña herida, la cuál puede infectarse. Una posibilidad alternativa a la tijera es usar una lima, pero suele ser muy difícil su uso ya que las uñas de un recién nacido son muy blandas (de hecho se desprende a veces con el roce).

Por tanto, lo mejor es aplicar el sentido común. Si tu hijo tiene las uñas échale un poco de paciencia y retrasa así hasta las tres o cuatro semanas de vida el empleo de la tijera (y recuerda, siempre cortarlas rectas).

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Cremas y cuidado de la piel

Durante todo el embarazo la piel de un recién nacido está en contacto directo con un ambiente húmedo (el líquido amniótico). Tras el parto, toda esa humedad desaparece para pasar a estar en contacto con un ambiente seco como es el aire.

Bajo estas circunstancias la piel del recién nacido tiende a secarse de forma natural, incluso se cuartea. Pasada la primera semana de vida, la piel del bebé suele haberse adaptado a la nueva situación pasando a ser una piel tersa y suave.

Por ello el uso de cremas en las primeros días de vida no es estrictamente necesario, ya que es normal que la piel esté seca. En el caso de que creas que esa sequedad es excesiva y hayas decidido emplear alguna crema, debes elegir una especial para bebés con el menor numero de irritantes posibles (parabenos, perfumes…).

Tampoco es necesario una crema especial para el área del pañal. En general, el cambio frecuente para evitar que la orina o las heces estén mucho tiempo en contacto con la piel es suficiente. En caso de que el área genital se ponga roja o irritada puede ser necesario el empleo de una pasta al agua (crema especial a base de vaselina y polvos de talco que aísla la piel de nuevas agresiones). En caso de que no mejore extremando las medidas de higiene debes consultar con tu pediatra.

Uso de colonia

El olfato es uno de los sentidos más desarrollados en el recién nacido junto al tacto, de hecho el bebé aprende el olor de su madre ya desde el útero. Es por ello que el empleo de colonias, aunque no esta prohibido ni desaconsejado, puede alterar el vínculo al perder el reconocimiento que realiza el bebé con su madre a través del olfato. De la misma manera, la madre no debería emplear el uso de perfumes de fuerte olor que interfieran en el reconocimiento madre-hijo.

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