Archivo de mayo, 2020

Plagiocefalia postural: cuando se deforma la cabeza de un bebé

No se si os habéis fijado alguna vez en unos cascos de colorines un poco aparatosos que llevan algunos niños pequeños. Lejos de ser utilizados como medida preventiva contra un coscorrón, esas ortesis (así es como se llama a los dispositivos que nos ayudan a corregir una deformidad o malformación) están pensadas para devolver al cráneo la forma redondeada de los bebés con plagiocefalia, un tipo de deformidad de la cabeza que se produce por estar apoyada de forma constante en la misma zona.

No se si os acordaréis de cuando estudiabais el cuerpo humano en el colegio, pero el cráneo está formado por varios huesos (frontal, parietal, temporal, occipital…). Al nacimiento estos huesos no están fusionados entre si por dos motivos. El primero, para permitir que la cabeza se amolde al canal del parto (un sitio muy estrecho para que pase una cabeza, todo hay que decirlo) y, en segundo lugar, para que crezca a medida que lo va haciendo el cerebro de los niños. Por este motivo, y hasta que el cráneo se cierre, es fácil que se deforme si siempre esta apoyado en el mismo lado, dando lugar a la plagiocefalia.

En este post os contamos qué medidas preventivas podéis poner en práctica para evitar la plagiocefalia y, en el caso de que se produzca, qué podéis hacer antes de que vuestros hijos acaben con el temido casco de colorines en la cabeza.

¿Qué es la plagiocefalia postural?

El significado de “plagiocefalia” hace referencia a “cabeza oblicua” (la palabra plagio en griego significa oblicuo) y define muy bien qué forma adopta el craneo de los bebés en esta deformidad. Como podéis ver en la foto de abajo, al mirar la cabeza desde arriba esta adquiere la forma de un paralelogramo.

Plagiocefalia en forma de paralelogramo. Obsérvese como las orejas no están a la misma altura.

En los últimos 30 años hemos vivido una “epidemia” de plagiocefalia postural debido a que desde el año 1992 se recomienda que los niños duerman boca arriba como medida para prevenir la muerte súbita del lactante y, por tanto, con la parte de atrás de la cabeza apoyada sobre el colchón. Antes de esa fecha era una deformidad rara, pero en la actualidad es el primer motivo de derivación a las consultas de Neurocirugía desde Atención Primaria y su incidencia varía desde 1 de cada 300 niños sanos hasta un 50% (dependiendo del estudio que se consulte). Sin embargo, a pesar de esa epidemia de cabezas aplanadas, merece la pena poner a los niños a dormir boca arriba para prevenir la muerte súbita.

Esta deformidad aparece hacia el mes de vida y suele mejorar por si sola a partir de los 6 meses (cuando el niño empieza a sentarse solo). A pesar de ello, los casos más graves pueden tener importantes consecuencias estéticas. El diagnóstico no suele requerir pruebas complementarias y con una simple historia clínica y una exploración (siembre desde la parte de arriba de la cabeza) suele ser suficiente.

La plagiocefalia postural debe diferenciarse de la “verdadera plagiocefalia”, la cual se produce porque los huesos de la parte de atrás de la cabeza están fusionados y no permiten que esta crezca de forma adecuada. Esta “verdadera plagiocefalia ” es rara y suele ser fácil diferenciarla de la de tipo postural, además de requerir corrección quirúrgica. En el caso de que queden dudas de si se trata de un tipo u otro, la prueba a realizar es un escáner con reconstrucción 3D.

Además, la plagiocefalia postural está muy relacionada con la tortícolis congénita: un acortamiento del músculo esternocleidomastoideo del cuello que se produce por la posición excesivamente encogida del bebé dentro de la tripa de su madre. Ese acortamiento condiciona que la cabeza esté girada siempre hacia el mismo lado y por tanto, apoye siempre la misma parte de atrás. Por ello, ante una plagiocefalia postural, el pediatra debe descartar (y tratar) este tipo de tortícolis.

¿Qué implicaciones tiene la plagiocefalia postural?

Cuando se aplana la parte de atrás de la cabeza de un niño se produce una deformidad de todo el cráneo que puede tener consecuencias estéticas.

Si la deformidad se produce por el apoyo sobre uno de los lados de la parte de atrás de la cabeza, ese aplanamiento se compensa con el abobamiento de la frente del mismo lado así como una asimetría de la posición de las orejas vista desde arriba. Si el apoyo es en el centro de la parte de atrás de la cabeza esta suele aplanarse de forma simétrica sin deformar el macizo facial. En cualquier caso, las medidas preventivas y correctoras son similares. Además, en ambos casos suele aparecer una calva con menos pelo en la zona de apoyo.

En las plagiocefalias las orejas se ven a distinta altura cuando se observa la cabeza desde arriba. Además, un lado de la frente suele estar más prominente que el otro.

Antiguamente se creía que una plagiocefalia podía tener consecuencias negativas en el desarrollo del niño. Sin embargo, a día de hoy no esta demostrado que esta deformidad de la cabeza tenga consecuencias en el neurodesarrollo. Es cierto que algunos niños con alteraciones del desarrollo también tienen plagiocefalia, pero lo que parece es que esas alteraciones son las que condicionan una falta de movilidad del niño que a la postre le hacen apoyar la cabeza siempre en el mismo lado.

De todas formas, aunque la plagiocefalia solo tenga consecuencias estéticas, debemos darle la importancia que se merece para procurar una prevención y tratamiento adecuados en el caso de que se produzcan.

¿Cómo se puede prevenir la plagiocefalia?

Durante los primeros 6 meses de vida los bebes pasan mucho tiempo tumbados boca arriba. Por ello, es muy importante que los padres pongáis en marcha una serie de medidas para evitar que se produzca la plagiocefalia..

En primer lugar, es importante colocar a los niños boca abajo para jugar cuando estén despiertos y siempre bajo la supervisión de un adulto. Es lo que se conoce en inglés como tummy time (tiempo de la barriga). Esto ayudará por un lado a que no apoyen la cabeza siempre en la parte de atrás, además de favorecer el desarrollo neurológico ya que potencia la fuerza de la parte de arriba del cuerpo (brazos y hombros), tan necesarios para los primeros hitos del desarrollo. En general se recomienda una hora al día de este tipo de ejercicio, repartido en periodos de 20-30 minutos.

Aunque los niños deben dormir boca arriba, se recomienda que los padres pongan la cabeza del niño girada a un lado y a otro de forma alterna para que el tiempo de descanso del bebé no lo pase apoyado siempre en el mismo lado. A veces esto resulta imposible porque al niño le gusta girar la cabeza hacia donde recibe los estímulos (luz, sonido…). Para corregir este “vicio”, también podéis girar al bebé entero en la cuna cada ciertos días poniendo los pies en donde iba la cabeza y viceversa.

Las sillitas con cabezal en las que el niño vaya muy recogido están bien para los viajes en coche (como la maxicosi). Sin embargo, hacen que la cabeza de los bebés esté apoyada siempre en el mismo sitio por lo que debéis evitarlas para los paseos en carro.

Por último, cabeza que no apoya, cabeza que no se aplana. Así que coger en brazos a vuestros hijos todo lo que queráis durante estos primeros meses de vida (y mientras os dejen, que la adolescencia la alcanzan muy pronto). Por el mismo motivo, el porteo como opción de transporte para el bebé previene la plagiocefalia.

El neurocirujano y los “cascos”

Hablábamos al principio de este texto que en algunos casos había que recurrir a los cascos para corregir una plagiocefalia. Antes de llegar a ese extremo, los pediatras somos capaces de manejar casi todas las plagiocefalias una vez establecidas, ya que suelen mejorar enseñando a los padres las mismas medidas posturales que mencionábamos en la parte de la prevención y realizando una seguimiento estrecho. Al fin y al cabo lo que se busca es que el niño apoye la cabeza en la parte que no la tiene aplanada para compensar la deformidad.

Los protocolos sobre plagiocefalia establecen que si a los 5 meses la deformidad sigue estando presente a pesar de haber realizado un plan de reeducación postural, es el momento de derivar al niño al neurocirujano. En el caso de que este especialista lo considere oportuno, valorará la opción de utilizar un casco corrector hasta los 12 meses de edad. Esto cascos “empujan” unas zona determinadas de la cabeza consiguiendo remodelar la deformidad craneal.

Lactante con “casco” (ortesis) para la corrección de una plagiocefalia.

Como última opción, en el caso de que ni las medidas posturales ni el casco hayan sido suficientes para corregir una plagiocefalia postural con graves consecuencia estéticas, queda como posibilidad la corrección quirúrgica. Pero tranquilos, es muy raro que se llegue a este extremo en una plagiocefalia de este tipo.

¿Y qué pasa con ese cojín tan famoso que anuncian en todos lados?

Después de todo lo que habéis leído, muchos estaréis pensando en el cojín ese blandito como con un agujero en el centro que os regaló la prima María cuando nació vuestro bebé y que os dijo que era la solución para que no se le deformara la cabeza. Sin embargo, ninguna guía clínica recomienda este tipo de cojines en niños sanos para la prevención de la plagiocefalia, además cualquier objeto en la cuna de un bebé aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante.

Es cierto que estos cojines pueden ayudar a distribuir el peso sobre el que apoya la cabeza del bebé, y que en casos muy seleccionados puede ser útil (como el de los bebés prematuros). Pero en el caso de un niño sano debería bastar con las medidas correctoras de postura antes mencionadas para la prevención de la plagiocefalia.

En los casos en los que la plagiocefalia esté establecida, pueden ayudar al tratamiento junto a los cambios postulares, pero deberá ser vuestro pediatra el que os lo indique más que que sea necesario que todos los niños dispongan de un cojín de este tipo como como parte del pack que toda familia debe comprar cuando trae a un crío a este mundo.


En resumen, la plagiocefalia es una deformidad craneal frecuente que se produce como consecuencia del apoyo constante en la parte de atrás de la cabeza en la misma zona. Se puede prevenir poniendo en práctica una serie de medidas (jugando con el niño boca abajo cuando está despierto, girando la posición de la cuna, porteando al niño cuando se sale a pasear…). En el caso de que no mejore, hacia los 5 meses está justificada la derivación al neurocirujano para que valore si es necesario utilizar un casco como medida correctora.

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Bibliografía:


Los derecho de imagen de la foto de cabecera del post pertenecen a Wisewiki bajo una licencia CC BY-SA 3.0.

Los derecho de imagen de la niña con el casco pertenecen a GeekAron bajo una licencia CC BY-NC-ND 2.0.

Protección solar en la infancia (vídeo)

El sol tiene muchos efectos beneficiosos para el cuerpo humano, pero en la piel puede dar lugar a fotoenvejecimiento, quemaduras y cancer. Por ello, proteger a nuestros hijos desde que son pequeños es muy importante. Recordad que su piel es más sensible y, además, el 80% de la radiación solar que recibimos durante nuestra vida nos llega en a la piel durante la infancia.

En este directo de Instagram estuvimos hablando con al Dra. Ana Molina (dermatóloga en la Fundación Jimenez Diaz y conocida en IG como @dr.anamolina y su blog es http://www.dranamolina.com) sobre cómo proteger a los niños del sol. Es un directo largo pero merece la pena verlo entero (aunque sea a ratos) porque repasamos todo lo que tenéis que saber sobre este tema. Si tuviéramos que resumirlo en unos pocos tips serían los siguientes:

  • Por debajo de los seis meses los niños no deben recibir luz solar de forma directa.
  • Para exposiciones prolongadas (paseos, playa, montaña, actividades deportivas o todas aquellas que vayan a durar mas de 15-20 minutos) los niños deben ponerse un protector solar.
  • El factor de protección debe ser de al menos 50 SPF.
  • Aunque los filtros físicos son menos irritantes que los químicos, las cremas suelen utilizar ambos productos en su formulación.
  • El formato cream es mejor que el del spray para los niños. – La ropa ayuda a protegernos del sol, sobre todo si son 50 UPF.
  • Y utilizad el sentido común (ver que indice ultravioleta hay cada día, utilizar gorros, ropa de manga larga…).

Esperamos que os guste!!

Gafas de sol para niños, ¿son necesarias?

En este blog ya hemos hablado en varias ocasiones de los efectos dañinos de la radiación solar, pero nos hemos centrado casi siempre en la piel y cómo podemos protegernos de sus efectos (os hemos dejado los links al final de este texto). Si sois gente aplicada sabréis que la radiación solar ultravioleta puede provocar quemaduras cutáneas a corto plazo, así como envejecimiento prematuro de la piel y cáncer con el paso del tiempo. De ahí que sea primordial que protejáis a vuestros hijos con un fotoprotector adecuado cuando sea necesario.

Pero, ¿y los ojos? Al fin y al cabo también están expuesto a la luz del sol… ¿Es necesario protegerlos como hacemos con la piel? Y en tal caso, ¿cuáles serían las medidas que debemos emplear? En este post resolvemos todas vuestras dudas para que, ahora que llega el buen tiempo, salgáis a dar paseos con la lección bien aprendida.

Efectos de la radiación solar en los ojos

La luz del sol la podemos dividir según su longitud de onda; de esta forma tendríamos varias regiones entre las que encontramos la luz visible, el infrarojo y, la que nos importa para este tema, la radiación ultravioleta (UV). Esta a su vez podemos dividirla en ultravioleta B (UVB) y ultravioleta A (UVA). Además también existe la radiación ultravioleta C (UVC), pero que, por fortuna, no llega a la tierra al quedar atrapada en la capa de ozono.

Por su parte, la radiación UVB al llegar al ojo es absorbida principalmente por la cornea (esa parte del ojo que está por delante del iris) y, por tanto, los efectos que puede producir serán a este nivel. La exposición intensa a radiación UVB puede provocar una fotoqueratitis (algo parecido a las quemaduras cutáneas porexposición solar pero en los ojos), con todo lo que ello conlleva (picor ocular, sensación de cuerpo extraño…), muy típica cuando acudimos a la montaña o a la nieve y no nos ponemos gafas de sol. Además, la exposición prolongada a este tipo de radiación puede dar lugar al deposito de material traslucido en la cornea así como a la aparición de cataratas, con el consecuente déficit de visión que provocarían.

Por el contrario, la radiación UVA es capaz de atravesar la córnea y llegar hasta la retina. Sus efectos en el ojo son similares a las radiación UVB, pero además se la ha relacionado con degeneración macular (un tipo de enfermedad de la retina asociada a la edad que puede dar lugar a ceguera), aunque los estudios no son del todo concluyentes.

¿Debemos proteger los ojos de la radiación solar?

Si vamos a estar expuestos un tiempo largo a luz del sol, debemos porteger nuestros ojos de alguna forma como hacemos habitualmente con la piel cuando nos echamos crema. Para ello, lo mejor es emplear gafas de sol con filtros protectores contra la radiación solar como recomiendan la Asociación Español de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría, entre otras muchas sociedades científicas.

Pero antes de meternos en los tipos de filtros y demás, apliquemos el sentido común.

A diferencia de la piel, el momento del día en que más radiación solar reciben nuestros ojos no es cuando el sol esta en lo más alto del cielo, sino cuando los rayos del sol son paralelos al suelo (por ejemplo, en las horas siguientes al amanecer). Ademas, el cuerpo humano está diseñado para que el sol (salvo en momentos muy concretos del día) no impacte directamente en los ojos. Por eso existen las cejas y las orbitas donde se aloja el globo ocular; de hecho, si os fijáis, los ojos de las personas casi siempre están a la sombra que producen los diferentes relieves de la cara. Si a esto añadimos un gorro, estaremos contribuyendo a que la exposición de los ojos a la radiación solar sea menor. De todas maneras, aunque los ojos estén a cubierto pueden seguir recibiendo radiación por lo que esto no quita para que se empleen gafas.

Además, la radiación solar no es la misma en las diferentes estaciones del año y varía mucho según donde viváis. Para poder graduarla, se creó hace años el “índice ultravioleta”, una forma de medir cuánta radiación solar hay en el ambiente. Para conocerlo podéis buscar en la Agencia Española de Meteorología o incluso muchas apps para móvil incluyen este dato entre la previsión meteorológica. Este índice ultravioleta tiene en cuenta muchos parámetros además de la intensidad del sol (por ejemplo, hay días nublados que son muy luminosos y en los que este índice puede ser muy alto). Se considera que la radiación solar es lo suficientemente intensa como para necesitar gafas de sol cuando el índice ultravioleta es superior a 2 y la exposición va a ser prolongada (como cuando se da un paseo largo). Este índice también os puede servir para saber cuándo tenéis que echar crema al realizar una actividad al aire libre.

Interpretación del Indice Ultravioleta. Fuente: AEMET.

¿Y los niños son diferentes a los adultos? Supongo que habéis aplicado la lógica y habréis llegado a la conclusión de que si un adulto se protege, pues un niño también debería. Lo mismo pasa con la piel: tanto los niños como los adultos deben echarse crema en las mismas circunstancias.

¿Qué tipo de gafas de sol hay que emplear en los niños?

Como ya hemos dicho, los niños (y los adultos) deben emplear gafas de sol con filtros que bloqueen la radiación solar. No todos los filtros bloquean la misma cantidad de radiación por lo que cuando vayáis a comprar unas gafas os tendréis que fijar en la categoría del filtro que llevan.

Lo recomendable es que el filtro de las gafas sea al menos categoría 4, ya que esto garantiza que bloquean al menos el 90% de la radiación solar. Este es el tipo de filtro que solemos encontrar en las gafas que se publicitan para actividades en montaña, como el ski, o el mar. En ocasiones, en la publicidad de las gafas pone que bloquean el 100% de la radicación; esto correspondería a un filtro de categoría 4 que debería estar especificado en la parte técnica de la información de las gafas o en el etiquetado.

Es cierto que las gafas con filtros de categoría 3 también son muy buenas (bloquean entre el 80 y 90% de la radiación solar) y valdrían para los quehaceres de la vida diaria (dar un paseo cerca de casa, ir al parque…), pero ya que vais a hacer un desembolso de dinero para adquirir unas para vuestros hijos, mejor comprar las que te valen para cualquier actividad, ¿no?

NOTA ACLARATORIA: aunque todo esto es aplicable a los adultos, las gafas con filtros de categoría 4 (las que bloquean mucha radiación) son muy oscuras por lo que no deben usarse para conducir. Por eso los adultos solemos tener unas gafas con filtro categoría 3 para el día a día y unas de tipo 4 para esas actividades en donde hay mucha radiación.

También es importante que sepáis que por que unas gafas sean “baratas” no tienen por que ser peores que unas de un precio muy elevado. Lo que si es importante es que se ajusten a la norma europea 2016/425 y a la certificación ISO 12312-1:2013. Tanto la categoría del filtro como la norma a la que se ajustan deben figurar en la etiqueta de las gafas junto al típico símbolo CE que indica que cumple la normativa europea.

El empleo de gafas de sol en la playa es muy recomendable ya que es una zona en la que el índice ultravioleta suele ser más alto.

Muchos estaréis pensando que para los niños más pequeños no hay muchas gafas donde elegir (por no decir que no hay), ya que sus cabezas son pequeñas y tampoco es que aguanten mucho con algo puesto en la cara, y no os falta razón. De todas formas, podéis probar hasta encontrar unas que ajusten a la cabeza de vuestros hijos. En torno a los dos años suelen llevarlo bastante bien y no se las quitan constantemente. Una búsqueda rápida por internet en esa tienda deportiva que a todos os habrá venido a la cabeza en estos momentos os mostrará que tienen un modelo de 6 meses a 2 años y bastantes más a partir de esa edad y que el filtro de radiación solar es el adecuado (todas de categoría 4) por un precio que ronda los 10€. Ya veréis que monos están cuando se las probéis ¡Hasta parecen pequeños hipsters!

¿Hay que poner gafas de sol a los niños siempre que salen a la calle?

La respuesta es no. Aunque este post recomienda su empleo, debemos usar el sentido común como hacemos con la crema y la piel cuando nuestros hijos salen a la calle (no siempre que salen de casa les ponemos protector solar si la actividad no va a ser larga). El uso de gafas siempre será recomendable, pero si el día no es muy luminosos (acordaos de lo del índice ultravioleta) y vais a realizar una actividad corta al aire libre, como por ejemplo ir a comprar a la vuelta de la esquina, las gafas no son imprescindibles.


En resumen, cuando la radiación solar es alta los niños deben emplear gafas de sol con filtros solares (al igual que un fotoprotector cutáneo) si van a realizar actividades prolongadas al aire libre. Es recomendable que el filtro sea de categoría 4.

Este directo de Instagram es un resumen sobre todo lo que tenéis que saber sobre protección solar en la infancia.

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Bibliografía:

¿Es normal que los recién nacidos pierdan peso al nacer?

Todo los recién nacidos pierden peso al nacer. Todos. En un juego de azar sería una apuesta segura. De hecho, si un niño gana peso durante sus primeros días de vida sin perder un solo gramo, os aseguro que lo que pasa es que la báscula en la que se pesó al nacer estaba rota.

Esto de que los niños pierdan peso trae de cabeza a muchas madres que han decidido dar el pecho a sus recién estrenados retoños. No sin parte de razón, piensan que si su hijo pierde peso debe ser porque no producen leche suficiente para que engorde tras haber dado a luz. Y en muchos casos este es le motivo para que se plantee dejarlo todo y pasarse a la lactancia artificial.

Pero, ¿por qué se produce esa pérdida de peso? ¿Qué cantidad de peso se considera normal que pierda un bebé al nacer ? ¿Y si el parto ha sido una cesárea? ¿Y si el niño toma biberón? En este post resolvemos vuestras dudas para que podáis afrontar con tranquilidad la pérdida de peso de vuestros bebés que a buen seguro sucederá durante esos primeros días de vida.

¿Por qué los recién nacidos pierden peso?

Esta es la pregunta del millón porque ni la comunidad científica se pone de acuerdo en la respuesta. Lo único en lo que todos coinciden es en que los bebés pierden peso después de nacer y esto es una máxima que se repite parto tras parto. Existen diferentes teorías (no excluyentes entre ellas) de por qué se produce este fenómeno y, seguramente, una combinación de ellas sea la explicación a este fenómeno conocido desde hace mucho tiempo por los pediatras.

La primera de ellas intenta explicar la pérdida de peso a través de la redistribución de líquidos que se produce en el neonato tras el parto. No olvidemos que la vida intrauterina es muy diferente a la vida de un bebé tras el parto y la fisiología cardiorespiratoria es completamente diferente en las dos situaciones.

Dentro de la tripa de sus mamás, los futuros neonatos utilizan la placenta para conseguir el oxígeno y los nutrientes que necesitan para desarrollarse, los pulmones y el intestino están en una fase de reposo (esperando a realizar su función una vez que han nacido) y el corazón tiene unos “agujeros” necesarios para que la sangre se mezcle y llegue al resto del cuerpo. De hecho, se considera que el bebé durante el embarazo vive en un estado de hiperhidratación (un exceso de líquido).

Al nacer, y con la adaptación del bebé a un entorno aéreo, todo eso cambia. Para ello, los líquidos que componían los diferentes tejidos del bebé se redistribuyen y lo que sobra se pierde. Esto se traduce en que el niño pierde peso.

Por otro lado tenemos a las teorías que apuestan porque la pérdida de peso del recién nacido se produce porque este quema grasa para contrarrestar el poco alimento que recibe durante los primeros días de vida hasta la subida de la leche de sus mamás, como si estuviera a dieta. Como decíamos al principio, es muy probable que la pérdida de peso se produzca por varios motivos y este debe ser uno de ellos ya que los niños alimentados con leche artificial pierden menos peso que los de teta.

¿Cuánto peso se considera normal que pierda un recién nacido?

Tampoco existe un consenso unánime de cuánto peso es normal que pierda un recién nacido. Sin embargo, los estudios más rigurosos han determinado como “normal” una pérdida de peso del 6% respecto al peso de recién nacido. Ese normal va entre comillas porque hace referencia a lo que le pasa la mayoría de los recién nacidos. Además, estos estudios señalan que esa pérdida máxima de peso se produce en torno a los 2-3 días de vida para después iniciar la ganancia ponderal.

Por otro lado, los pediatras consideramos que una pérdida de peso de hasta el 10% es tolerable para un recién nacido, es decir, pérdidas de peso hasta ese porcentaje es muy poco probable que tengan consecuencias en la salud del bebé. Por ello, a los niños se les pesa todos los días antes del alta hospitalaria para poder evaluar qué niño está perdiendo más peso de lo deseable y así poder establecer un plan de alimentación individualizado para el que lo necesite.

Las más listas del lugar os habréis dado cuenta que la gran mayoría de los recién nacidos se van de alta antes de empezar a ganar peso. Esta situación genera mucha ansiedad a muchas de vosotras al veros desprotegidas al no estar bajo el techo del hospital y no saber si al día siguiente vuestro hijo perderá más peso o empezará a ganar. Tranquilas, los bebés que pierden menos de un 7% del peso al nacimiento a los 2 días de vida (cuando os soléis ir de alta), no suelen alcanzar ese 10% que los pediatras consideramos como el límite que no deberían sobrepasar. En el caso de que un bebé se vaya de alta con un peso entre un 7 y un 10% menor que el peso al nacimiento, solemos decirle que hay que volver a pesarlo en 24-48 horas para asegurarnos que ha empezado a ganar peso.

La evolución de la pérdida de peso durante estos primeros días de vida así como la situación individual de cada madre con subida de la leche serán los factores más influyentes para que se indique desde el punto de vista médico una lactancia mixta.

¿Y cuándo empiezan a ganar peso los recién nacidos?

Tras esa pérdida inicial de peso, y siempre y cuando reciban la cantidad suficiente de leche, los recién nacidos empiezan a ganar peso de tal forma que recuperan lo que pesaban al nacer entre los 7 y 15 días de vida, de hecho el 80% de niños han recuperado el peso al nacimiento a los 12 días de vida. Si todo va bien, es excepcional que un recién nacido no haya recuperado su peso al nacimiento al cumplir las dos semanas de vida.

A partir de ahí, la ganancia de peso es muy constante: unos 30 gramos al día para un total de 200-250 gramos a la semana durante las primeras semanas de vida.

Como decía, en el caso de que un bebé no engorde como se espera habrá que evaluar qué está pasando antes de calzarle biberones para que engorde. En la mayoría de los casos esa escasa ganancia de peso se debe a que la madre no produce leche suficiente. En general, esto se soluciona con un buen asesoramiento que valore si la técnica de lactancia es adecuada y asegurando que el bebé lacta todas las veces que quiere y durante el tiempo que quiera.

¿Y los partos por cesárea?

Si habéis entendido que la pérdida de peso se produce en parte porque el bebé no recibe alimento suficiente durante los primeros días de vida como para compensar el líquido que pierde, no os costará entender que en los partos por cesárea la pérdida de peso del recién nacido suele ser mayor que en la de un parto vaginal.

Esto se debe a que en este tipo de partos a las mamás les tarda un poco más en subir la leche. Si lo normal en un parto vaginal es entre los 2 o 3 días, en uno por cesárea suele ocurrir a los 3 o 4 días, es decir, un poco más tarde.

En este tipo de partos es fundamental el seguimiento estrecho del peso del bebé para asegurar que no pierde más peso del que debería. Sin embargo, siempre y cuando el bebé esté bien desde el punto de vista médico, en las cesáreas solemos esperar un poco más que en los partos vaginales a ver si el niño gana peso para dar una oportunidad a la lactancia materna exclusiva y no tener que recurrir a la mixta, ya que sabemos que la subida se produce más tarde.

¿Y en los niños de biberón?

Los niños que se alimentan con lactancia artificial también pierden peso al nacer. Es cierto que en menor medida, pero también pierden peso.

Además de ser lo habitual, es algo deseable ya que, al fin y al cabo, cuando a unos padres les decimos que el primer día su hijo debe tomar una cantidad pequeña de biberón, el segundo día un poco más y así sucesivamente, lo que estamos haciendo es simular la subida de la leche de la madre. De esta forma permitimos que el bebé se adapte de forma adecuada a la vida extrauterina al perder los líquidos que le sobraban como ya os hemos explicado.


Como habéis podido leer, la pérdida de peso es algo normal que le ocurre a todos los recién nacidos independientemente del tipo de alimentación que reciban. La gran mayoría empezarán a ganar peso a los pocos días de nacer, sin embargo, un pequeño porcentaje puede perder más peso del que se considera normal y podría tener consecuencias para su salud. Por ello, el seguimiento estrecho e individualizado de cada niño durante los primeros días de vida es fundamental para asegurar que la pérdida de peso es la adecuada y no se sale de lo que se considera normal.

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Bibliografía: