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Trivial: ¿Cuánto sabes de la novela El nombre de la Rosa, de Umberto Eco?

(El nombre de la rosa / 20th Century Fox)

(El nombre de la rosa / 20th Century Fox)

En el invierno de 1327 fray Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso llegan a una abadía benedictina donde varios hermanos han sido asesinados. Saltándose las estrictas normas de la abadía, resolverán un sangriento enigma relacionado con libros prohibidos. Maravilloso y vívido fresco del medievo en un artefacto narrativo perfecto que mezcla novela histórica, trama detectivesca, relato de iniciación y thriller psicológico aderezado con ironía, humor y lucidez.

Si eres de los que sí leyó la novela original demuéstralo respondiendo al trivial “El nombre de la Rosa” de Regina ExLibris. ¿Listo? ¡Vamos!

 

¿Qué personaje de El nombre de la Rosa es el bibliotributo de Umberto Eco a un escritor?

No, queridos, no es Frai Guillermo de Baskerville.

(El nombre de la rosa, 1986 / 20th Century Fox)

(El nombre de la rosa / 20th Century Fox)

Aunque, sí, el sabueso franciscano de Umberto Eco que protagoniza El nombre de la rosa tiene mucho de Sherlock Holmes.

Tanto a nivel físico, como por su nombre y sus dotes deductivas, e incluso por su querencia a los estimulantes (Frai Guillermo es tan aficionado a masticar hojas de plantas psicoactivas como Sherlock a la cocaína), pero este no es el guiño metaliterario al que aludimos.

Entre otras cosas porque el bibliotributo en cuestión lo forjó Umberto Eco a la medida de un gigante literario, y no a la de cualquiera de sus ficciones.

Os pongo en contexto: estaba yo desembalando ejemplares de El Aleph, El libro de arena y Ficciones, cuando un reginaexlibrislandiano asiduo se acercó a mi escritorio blandiendo El nombre de la Rosa, de Umberto Eco. Y dijo:

Cliente: ¡Mira, Regina, hoy me toca relectura!

Regina: ¿perdona?

Cliente: Que POR FIN me releo El nombre de la Rosa. Desde que me lo leí cuando salió (¿en los 80?) he querido volver, pero nada. Hasta hoy, ¡ja!

Regina: ¡Ahh! ¿Y cómo es que te ha dado ese biblioapretón?

Cliente: Pues una tontería, porque hace unos días leí que se había incendiado la abadía que inspiró a Umberto Eco y me dio por releerla.

Regina: ¡Mira! ¡Esa es nueva! Si ya digo yo que los caminos de la Providencia Librera son tan Inescrutables como bienvenidos ¡jajajaja!

Y de pronto me quedé petrificada, con la mirada fija en algún punto del escritorio, las manos agarrotadas aferrándose a los brazos de la silla y las venas de las sienes como morcillones de Burgos. Hasta que un vozarrón me sacó del lapsus:

Cliente: REGINA, RE-GI-NA… ¿ESTÁS BIEN?

Regina: ¿QUÉ? ¿CÓMO? Ah, sí, perdona. Sí, pues lo que yo digo, que los caminos de la Providencia LIbrera son Inescrutables. Porque si no ya me dirás tú a mi cómo demoníos podríamos tener estos libros sobre la misma mesa a la vez.

Cliente: No te sigo, ¿de qué hablas?

Regina: ¿Sabes qué personaje de El nombre de la Rosa es el bibliotributo semivelado de Umberto Eco a un grandísimo escritor?

Cliente: Mmm, veamos, ¿Guillermo de Baskerville por Sherlock?

Regina: No me refiero a ese. Me refiero a un autor que Eco utilizó para dar forma a uno de sus personajes. Así, como homenaje personal.

Cliente: No sé, no caigo, ¿el inquisidor?

Regina: No, a ver, es un anciano de origen español, ciego, venerable, hierático y profundamente sabio. Y, con eso, mira qué otros libros tienes aquí delante: El Aleph, El libro de Arena…

Cliente: ¿Borges? ¿Borges en El nombre de la Rosa?

Regina: ¡SIIIIIII! ¿recuerdas al venerable Jorge de Burgos?

(El nombre de la rosa, 1986 / 20th Century Fox)

(El nombre de la rosa, 1986 / 20th Century Fox)

Cliente: ¡Coño! ¿El ciego? ¿El de los libros? ¿Que de joven controlaba la Biblioteca de la Abadía? Bueno, y después también… Que era pelín apocalíptio, el caballero. ¿No?

Regina: Sí, señor. Con su “venerable Jorge” Umberto Eco saldó una deuda con uno de sus maestros, Jorge Luis Borges. De hecho él mismo comentó cuando se lo preguntaron que “…biblioteca más ciego sólo puede dar Borges”

Cliente: ¡Madre mía, pues no tenía ni idea! Si ya estaba motivado a releerme El nombre de la rosa ahora ni te cuento, Regina

Y se fue con su ejemplar de la grandísima El nombre de la Rosa bajo el brazo, dejándome atrincherada en mi colección borgiana y con una enoooorme sonrisa horadada en la cara. No me preguntéis por qué, querid@s, pero la suma de esos pequeños biblioinstantes hacen de mi profesión un géiser de momentazos librescos que al menos a mi me dan la vida.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS

El nombre de la rosa

El nombre de la rosa

En el invierno de 1327, bajo el papado de Juan XXII el ex-inquisidor y franciscano Guillermo de Baskerville y su discípulo el novicio Adso de Melk llegan a una abadía benedictina en los Apeninos famosa por su biblioteca. Allí enviados del Papa, inquisidores y frailes franciscanos decidirán en una inminente reunión si es o no herejía proclamar la pobreza apostólica. Pero los días previos al debate varios hermanos mueren en extrañas circunstancias, y lo que para el ciego exbibliotecario Jorge de Burgos es el anuncio del Apocalipsis, para Guillermo de Baskerville es un misterio por desentrañar. Ayudado por Adso y saltándose las estrictas normas de la abadía, resolverán un sangriento enigma relacionado con libros prohibidos, Aristóteles y un fanatismo religioso puesto en jaque por el método científico de Guillermo. Maravilloso y vívido fresco del medievo en todo su oscuro esplendor en un artefacto narrativo perfecto que es mezcla de novela histórica, trama detectivesca, relato de iniciación y thriller psicológico aderezado con ironía y lucidez, donde el lector debe saber interpretar las señales.

 

 

 

“Quiero una novela para que mi madre se la lea y me haga un trabajo de clase”

No sé, queridos, estoy confundida. Resulta que hoy amanecí con la Medea de Eurípides clavada en el pelucón, y creo que, de alguna manera, los hados se alinearon para que la protagonista del día fuera una sufrida madre anónima. Como si yo lo hubiera conjurado todo. ¿O no?

Os cuento. La inocente relectura de la Medea de Eurípides me caló tanto de madrugada que hasta mojé algunas de sus líneas en mi café mañanero y luego, de camino a reginaexlibrislandia, desfilé recitando fragmentos a viva voz para desconcierto de otros viandantes. Allá ellos, yo respondía a sus miradas elevando el tono e intensificando mis aspavientos para deshacerme de semejante carga dramática, que luego la que lo somatizo todo soy yo.

El caso es que la imagen de una madre masacrando a sus hijos por puro desamor y despecho, y para protegerlos de una muerte por venganza a manos del enemigo me envolvía y estrujaba los órganos blandos, como si las palabras del griego se hubieran materializado en una enorme serpiente enroscada en torno a mi.

Así que ahí estaba yo, dándole vueltas a las dimensiones del concepto de maternidad, cuando entró una jovencita en mis confines y me arrancó de mi propia tragedia griega:

Clienta: Buenos días.Regina: Hola, ¿qué tal?

C.: Bien. Mire, necesito una novela histórica breve para mi madre, que tiene que leérsela en cuatro días y hacerme un trabajo para clase porque a mi me ha pillado el toro.

(Aquí Medea, que ya se estaba retirando a las bambalinas de mi mismidad, giró sobre sus pasos y emergió toda poderío y bravura, como una pantera acechando desde el límite de mi epidermis)

R.: Perdona, ¿cómo has dicho?C.: Pues eso, que tengo que leerme una novela histórica y hacer un trabajo sobre ella para clase, y como no me da tiempo me lo va a hacer mi madre. Tampoco es que lea mucho, por eso mejor que sea breve.

R.: Ah, bueno. Y a tu madre, ¿le interesa algún período? Lo digo porque ya que se la tiene que leer que al menos la disfrute…

C.: Pues no realmente, la verdad.

R.: Entonces lo mejor es que tiremos hacia los clásicos del género…

Y le propuse quince títulos:

‘Memorias de Adriano’, de M. Yourcenar.

‘Yo, claudio’, de Robert Graves.

‘El muchacho Persa’, de Mary Renault.

‘Los episodios nacionales’, de Galdós.

‘Aníbal, de Gisbert Haefs.

‘Akhenaton: el rey hereje’, de Mahfuz.

‘Juliano el apóstata’, de Gore Vidal.

‘Sinhué, el egipcio’, de Mika Waltari.

‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco.

‘De parte de la princesa muerta’, de Kenizé Mourad .

‘La dama del Nilo’, de Pauline Gedge.

‘La plata de Britannia’, de Lindsey Davis.

‘Ben Hur’, de Lewis Wallace.

‘A la sombra del granado’, de Tariq Ali.

‘El puente de Alcántara’, de Frank Baer.

R.: Todos son novelones fenomenalmente escritos y con intachable rigor histórico, así que puede leérselos bien y escribir un buen trabajo. Aunque quizás Galdós, a no ser que separe un o dos episodios, será excesivo…C.: Pues igual, no sé, entonces igual el de Adriano.

R.: Yourcenar siempre es una buena opción. Luego tiene otro ambientado en el medievo, Opus Nigrum, sobre alquimistas y peregrinos que es una delicia…

C.: ¡Uy, calla! Creo que tiene que ser más reciente, porque acabo de recordar que la asignatura es Historia Contemporánea de España, o algo así…

A estas alturas Medea me estaba apretando desde dentro los globos oculares con la misma pasión con la que se cargó a su prole… No sé ni cómo no me salieron disparados, palabrita de Regina.

R.: Ah, vaya, eso lo cambia todo. ¿Qué tal algo ligerito sobre la Guerra Civil? Igual Homenaje a Cataluña, de George Orwell. El escritor luchó en el Frente de Aragón y luego redactó esta novelita deliciosa sobre el día a día de un miliciano de las Brigadas Internacionales. Las comidas, las mujeres, las noches en las trincheras, los piojos. Es muy realista e inesperadamente divertidaC.: Puede ser, pero quizás a mi madre le interese más algo con mujeres de protagonistas. Ella es muy echada palante…

R.: ¿Ligerito, que se lea bien, con mujeres y de la Guerra Civil? Pues Rosario Dinamitera, de Carlos Fonseca. También escribió Las Trece Rosas, que inspiró la película homónima, pero por eso mismo mejor que se lea la de Rosario Dinamitera.

C.: ¡Ah, perfecto! Si, me llevo esta, a ver si se la empieza esta misma tarde porque ya va pillada de tiempo…

Menos mal que la muchacha tenía prisa y se esfumó con su Rosario Dinamitera, porque fue cerrarse la puerta tras de sí y mi Medea se abrió paso por entre mis carnes entre furiosa y desconcertada.

¿Una madre leyéndose una novela histórica para hacerle un trabajo a su hijita para una asignatura de la que apenas si recuerda el nombre? Ay, si Eurípides levantara la cabeza me temo que haría que su Medea se cargara a esa hijita a librazo limpio.

Y vosotros, queridos, ¿qué novela le hubierais recomendado para su madre? Como estudiantes, ¿empapelasteis así alguna vez a vuestras madres? ¿Lo haríais? Y, ¿lo haríais por vuestra prole?

Yo, desde luego, no…

¿Qué libros salvarías de un incendio?

Esto de ser tan condenadamente permeable a estímulos externos acabará conmigo, queridos, y si no al tiempo… Ayer tuve la regia idea de regalarme un visionado de El Nombre de la Rosa, y maldita la hora, la verdad.

No me malinterpretéis. Adoro la novela de Umberto Eco y aunque la adaptación de Jean-Jacques Annaud siempre será uno de mis refugios de celuloide es la primera vez que volvía a ella desde que estrené esta mi nueva vida como librera.

Total, que lo que pintaba como una plácida velada de cine casero devino en el germen de mi nueva paranoia: que reginaexlibrislandia pueda ser, en un descuido, pasto de las llamas ávidas de mis libros.

En mis pesadillas me vi embutida en el recio hábito de Guillermo de Baskerville correteando desesperada por lo que parecía ser un cruce entre la laberíntica biblioteca de la abadía y reginaexlibrislandia. Cercada por lenguas de fuego hambrientas, me debatía entre la desgarradora encrucijada de qué libros salvar y qué otros condenar a las cenizas.

Si antaño empatizaba totalmente con el sufrimiento del personaje encarnado por Sean Connery ahora hasta notaba la falta de oxígeno, el calor asfixiante y, ya que estamos, la inesperada cualidad exfoliante del saco de fraile franciscano.

Desperté empapada en sudor y con el pelucón enmarañado, que es por donde se me desestabiliza a mi el espíritu. Por eso de camino a reginaexlibrislandia decidí tomar medidas drásticas: adiós a la cafetera, que los enchufes los carga Belcebú. Después sumé al extintor de pared otro más manejable que dejé bajo mi mesa, y que el Señor se apiade del pobre insensato que olvide apagar su cigarrillo antes de plantar un pie en reginaexlibrislandia.

Descafeinada y con el extintor a mano decidí adelantarme a lo inevitable y me puse a pensar en qué libros salvaría primero en caso de espantada por llamaradas en la librería.

De entrada condenaría las pilas de novedades, la verdad, porque vienen a ser los complementos con los que atuso reginaexlibrislandia.

En cuanto al fondo, mi fondo, el alma y los órganos vitales de mi librería, me siento incapaz de decidir, así que actuaría por impulso y desgarrada por dentro, como Guillermo de Baskerville.

Y vosotros, queridos, si un incendio devorara vuestra biblioteca particular, ¿qué libros salvaríais de las llamas?