Tu blog Tu blog

Este es tu altavoz

Entradas etiquetadas como ‘ruido’

Los molestos espectadores de los conciertos gratuitos

Por María José Viz Blanco

Patio de butacas.

Espectadores en un teatro. (MARC CALLEJA)

Aunque lo que voy a contarles tiene que ver con la Banda Municipal de Música de A Coruña, bien se podría aplicar a otras del resto de España. El público que suele seguir a la banda, sea en recinto cerrado o al aire libre, está formado por jubilados y por niños principalmente. Es posible que la gratuidad de los conciertos influya en esta preponderancia. La ausencia de jóvenes y de personas entre 40 y 50 años es muy notoria.

Hay dos clases de espectadores –simples “asistentes”- que destacan por lo molesto de su comportamiento. Por un lado tenemos a los niños pequeños que se dedican a corretear en el patio de butacas, a hablar y gritar… a los que hay que añadir los bebés, que suelen llorar ruidosamente cansados de estar en un lugar al que no han pedido ser llevados. Ningún adulto se responsabiliza de estos pequeños traviesos, ni se les ocurre sacarlos de la sala. Las excepciones son, por ende, llamativas: he visto a niños emulando al director en sus asientos, entusiasmados y con el incipiente amor por la música reflejado en sus rostros.

La otra tipología de incordiantes la forman los enganchados al móvil, que no quieren ponerlo en silencio –desoyendo la megafonía- y que, incluso, chatean durante todo el concierto. Estar cerca de una persona viendo su móvil es molesto por la fuerte luz que emite el aparato. Nunca entenderé qué lleva a una persona a un concierto si lo que va a hacer lo puede realizar cómodamente desde su sofá.

A pesar de lo dicho, el público es mayoritariamente respetuoso, asiduo y entendido, lo cual se demuestra en la adecuación de los aplausos a los finales de las piezas. A quien corresponda, una petición doble: ¡más conciertos y mayor publicidad de los mismos, por favor!

El ensordecedor pitido de Metro de Madrid

Por J. I. Bravo

No sé si le pasa a alguien más, pero a mí me pasa todos los días que monto en algún tren de Metro de Madrid. Que será muy moderno, muy rápido, que vuela, y todo lo que se diga, pero que es también muy ruidoso; sobre todo en algo que se puede evitar fácilmente como es ese desagradable pitido previo a cerrar las puertas.

A mí me deja los oídos silbando durante un buen rato. No sé donde meterme, busco algún agujero donde esconderme porque es realmente molesto, exagerado e inadecuado, y esto se puede ver en los rostros de algunos viajeros.

Foto Metro de Madrid. (JORGE PARÍS)

Foto Metro de Madrid. (JORGE PARÍS)

¿No puede la compañía del metro copiar el claxon mucho más suave, agradable y armonioso, y no por ello menos audible, de los trenes de cercanías de Renfe en Madrid, o el mucho más suave zumbador del metro de Nueva York?

Nuestro terrible silbido del metro madrileño más bien parece más adecuado para dirigir ovejas y cabras por el campo y las serranías que para avisar a ciudadanos de una gran capital. Pero como es de esperar nadie tomará cartas en el asunto y mañana, todos sordos.

“Los tacones y el perro de mi vecina, un sinvivir”

Por Carlos Gómez-Pazos de la Fuente

Todos tenemos un asesino en serie dentro de nosotros. No tengo ninguna duda. Yo lo tengo, por supuesto. Ahí está, más o menos escondido, pero su presencia se hace notar, sobre todo en esos momentos en los que las circunstancias resultan, digamos, molestas.

Por poner un ejemplo cercano, una situación que resultará familiar. Pongámonos en situación: estás en casa, tranquilo, nada perturba tu pequeño paraíso, cuando de repente tu vecina de arriba decide que es el mejor momento para probarse esos tacones que tanto le gustan.Tacones que casualmente producen un ruido semejante al de disparos de francotirador y te provocan micro-infartos a cada paso que da. O imaginemos otro caso: el vecino de arriba (siempre es el de arriba, por supuesto) es el orgulloso dueño de un perro. Un perro pequeño, poca cosa, pero como buen perro pequeño que se precie tiene un mal genio terrible. Y cada diez minutos, a la mínima que oye/huele algo, ladra como si no hubiese mañana, dándole igual la hora que sea.

Una mujer con tacones. (HARPER'S BAZAAR)

Una mujer con tacones. (HARPER’S BAZAAR)

En ambas ocasiones nuestro pequeño terrorista interior se revuelve, quiere acabar con esa situación de la manera más fácil, imaginaos cuál será. Menos mal que tiene poco poder sobre nosotros.

Y ahora mismo me hallo en una situación combinada de las dos anteriores. Vecina taconeadora poseedora de una pequeña bestia ladradora que, para mayor inri, no deja de correr por toda la casa, rayando todo el parquet con las uñas y haciendo un sonido bastante molesto.

Es una suerte que sea una persona pacífica, amable y comprensiva con mis vecinos, porque si no fuese así, ya me imagino los comentarios de mis vecinos un día de estos: “Nos ha sorprendido mucho, no parecía un chico violento. Siempre saludaba”.

Caja Mágica, ocio sin límites para la clase alta

Por Vanesa Serrano

El domingo 11 de mayo se celebró dentro de la Caja Mágica el final del torneo de la Master de Tenis de Madrid de este año. Es un torneo que debido a los precios que tiene es absolutamente inaccesible para la gente del barrio, pero lo que sí tenemos que sufrir es la fiesta de clausura, que se prolongó hasta las 4.30 de la madrugada con la música tan alta que la oía desde mi casa, que está a 850 metros.

Imagen exterior de la Caja Mágica (JORGE PARÍS)

Imagen exterior de la Caja Mágica (JORGE PARÍS)

Durante toda la semana ha habido furgones de la policía nacional en la puerta de la Caja Mágica; las leyes que rigen el cierre de locales de ocio a las 3.30 de la madrugada no se aplican si el ocio es de la clase alta de Madrid. ¡Indignante!

Exceso de ruido y aforo en terrazas de Madrid

Por Clara Alcaraz

Imagen de algunas terrazas de Madrid. (JORGE PARÍS)

Imagen de algunas terrazas de Madrid. (JORGE PARÍS)

Quisiera denunciar la impunidad con la que actúan los bares con derecho a terraza en la ciudad de Madrid.

En mi caso, llevo cuatro años denunciando a la terraza de debajo de mi casa, en la madrileña calle Nieremberg, por exceder hasta por cinco veces el aforo permitido a diario.

He llamado a la policía municipal y he denunciado ante la Junta, pero no he conseguido nada. Él sigue sacando las mesas y las sillas que hagan falta y molestando todo lo posible.

Cada vez que acude la policía, luego, ponen música con el volumen al máximo en el local donde guarda las sillas para que se oiga en mi casa. Además de perseguirnos e insultarnos para ver si así dejo de denunciarle o dejo mi piso.

Con esto quiero que la gente sea consciente de las situaciones que se dan entre vecinos y bares (seguro que mi caso no es el único) y que cuando vayan a una terraza, eviten gritar en primer lugar y en segundo se informen del aforo máximo permitido (deben tener un cartel dentro o fuera del bar con el número de mesas, sillas y su disposición). En caso de que estos se hayan excedido, piensen en los pobres vecinos que tienen que escuchar voces y gritos dentro de sus casas durante meses y durante todo el día.

Más y mejor mantenimiento de los ascensores

Por Pilar Muñiz

Los días 5 y 6 de febrero envié al señor Carles Josep Kubesch Vila, jefe de sección de aparatos elevadores de Barcelona, dos correos electrónicos diciendo que el ascensor del edificio donde vivo hacía ruidos extraños acompañados a veces de chispazos. Ya me he quedado dos veces atrapada en el ascensor.

Un ascensor. (ARCHIVO)

Un ascensor. (ARCHIVO)

Al no contestar al mail del día 5, le envié otro correo al día siguiente al que me respondió que, como caso excepcional, comunicaría mi queja a la empresa de los ascensores para su reparación. Cuando vino el técnico, me comentó que el ascensor tiene una polea rota y que las otras dos tienen los cojinetes rotos por lo que el ascensor no se podría usar. Si no llego a insistir, el ascensor hubiera continuado en marcha con el riesgo que suponía su funcionamiento.

El día 14 volvieron los técnicos a colocar las piezas para que el ascensor volviera a funcionar. Estando los técnicos con el ascensor me ausenté de mi domicilio. Cuando llegué a mi casa, por la tarde, subí en el ascensor y me di cuenta de que el aparato continúa rozando durante todo el trayecto de cinco pisos. No solo sucede esto, sino que también produce un ruido de muchos decibelios y no puedo estar en mi casa ni descansar, ya que mi piso está delante de las poleas del ascensor. Si lo hubieran comprobado en mi casa, delante de mí, lo hubieran visto.

El día 15 envié al señor Kubesch otro correo electrónico para que lo leyera cuando se incorporara al trabajo este lunes 17. Al no recibir noticias, llamé por teléfono y me dijeron que no estaba y que no habría podido ver el correo. Excusas. Con las tecnologías tan avanzadas que tenemos, puede mirar el correo que le envié a través de su móvil, tableta o portátil. Le decía al señor Kubesch que no me gustaría salir en los medios de comunicación por una desgracia, así como que no se puede vivir con ese ruido que hace cuando el ascensor está en funcionamiento.

Moncloa: ocio de alcohol y drogas frente a la Junta de Distrito del PP

Por Jose Luis Hernández Jiménez

En el Madrid gobernado por el PP de forma ininterrumpida durante años, si un ciudadano honrado quiere abrir un comercio tiene que soportar una asfixiante burocracia, pagar gran cantidad de tasas y pagar abusivos impuestos; si alguien quiere abrir un restaurante, la burocracia es aún mayor; si alguien quiere entrar en la Policía Municipal con más de 30 años, se lo prohibirán; si alguien aparca en un sitio donde está prohibido, será multado en menos de 5 minutos; si quiere poner un puesto en un mercadillo del ayuntamiento, tendrá que pagar unas tasas bien altas; si quiere hacer una exposición o cualquier acto en algún recinto municipal, se lo prohibirán o le cobrarán caro por hacerlo… Pero si lo que quiere alguien es consumir alcohol y drogas, el PP le pone Moncloa a su servicio y completamente gratis.

RestosbotellonMoncloaEn Madrid nos multan si no reciclamos las basuras pero a los que vienen a Moncloa a consumir alcohol y drogas les permiten dejar toda su basura y sus vidrios rotos donde le pille bien. Y si no hay dinero para pagar los servicios de limpieza, se suben un poco más los impuestos a los ciudadanos y arreglado.

Las multas por no cumplir con las normativas de seguridad y salud en el trabajo son altas… pero la permisividad para quien deja vidrios rotos en zonas de paso para ciudadanos es total. ¿Y cuál es el dispositivo de seguridad para este botellón que se organiza cada fin de semana en Moncloa y evitar así eventuales tragedias como la del Madrid Arena? Ninguno. Al ser ilegal, el PP lo permite. Si montase un dispositivo de seguridad estaría reconociendo abiertamente que lo permite. Que cada uno se salve como pueda porque no hay dispositivo de seguridad.

Mientras a los españoles decentes el PP nos asfixia con sus impuestos, al ocio de alcohol y drogas no les son aplicables: los traficantes no pagan impuestos ni el PP les cobra nada por ocupar miles de metros cuadrados públicos para hacer botellón. Todo son facilidades.

Además, el ocio del alcohol y drogas supone ruidos, gritos a toda la noche, meadas por el barrio y rotura de mobiliario urbano. Y alguien se preguntará ¿cómo duermen los vecinos de Moncloa con este panorama durante más de tres décadas? Pues muy sencillo: la mayoría sufrimos insomnio crónico.

La gran cuestión es: ¿por qué el PP es tan represivo con los ciudadanos honrados y tan permisivo con el ocio de alcohol y drogas? Es cierto que esto se repite en muchos barrios de España, pero en Moncloa hay algo que le hace especial: ocurre enfrente de la Junta de Distrito de Moncloa e incluso en la propia entrada, lo que convierte a dicha Junta en uno de los meódromos favoritos de los borrachos y drogados con total pasividad por parte del PP. Espero que si algún día en Moncloa ocurre una tragedia como la del Madrid Arena, nadie crea a los dirigentes del PP si se les ocurre decir que no sabían que en Moncloa miles de jóvenes acuden de jueves a sábado todas las semanas a consumir alcohol y drogas en sus zonas públicas.

Abusos de falleros

Por José Mª Furquet

Quiero poner de manifiesto mi enérgica e indignada protesta contra los desmanes que se vienen permitiendo a las congregaciones falleras, en general a lo largo del año y en particular en fechas cercanas a las de celebración de las propias Fallas. Ni entiendo ni creo justificable permitir a nadie que haga de un lugar público su feudo y la realización de eventos, mayoritariamente de carácter lúdico, que molestan (¡y cómo!) al resto del vecindario. Indignación que vengo arrastrando y sufriendo desde hace años, ya que por mis condiciones laborales no puedo abandonar la ciudad. Y ayer [9 de marzo] fue el día en que cayó la gota que desbordó el vaso.

Si bien esta circunstancia se dio en las instalaciones provisionales que tienen por estas fechas las distintas congregaciones falleras o “casales” en esta ciudad, me voy a referir a la que, en concreto, nos privó del sueño hasta altas horas de la madrugada sin que se le pusiera freno por parte de autoridad competente alguna. La Falla ubicada en la confluencia de las calles Justo y Pastor y Serrería mantuvo su “discoteFallasca” hasta bien pasadas las cuatro de la madrugada. Evento que se desarrolló dentro de una carpa instalada en medio de la calle, como todos los años, para uso y disfrute de los integrantes de la Falla de turno y de sus invitados. No se interprete este comentario como represalia por no contarme entre los invitados de Falla alguna. No tengo la más mínima afición por la fiestas populares, sean cuales sean e incluidas las de Valencia. La única vez que he podido ausentarme para evitarlas lo hice sin dudarlo un solo instante.

Ante tal abuso solicito a quien proceda a que tome las medidas oportunas para evitar estos atropellos a la dignidad de los vecinos de nuestra ciudad, a su descanso y, por extensión, a su salud. Entiendo que no se debe permitir estos ruidosos eventos –discotecas móviles, karaokes, representaciones varias, actuaciones, etc.- en ninguna fecha del año. Las horas nocturnas se utilizan por la mayor parte de los seres humanos para descansar y reponer fuerzas, aun las previas a días no laborables o lectivos, por lo que veo fuera de lugar conceder permiso para llenar la calle de ruidos, sea cual sea el día del año de que se trate. Para tales celebraciones hay muchas horas durante el día para llevarlas a cabo, reduciendo considerablemente las molestias que causan al resto de ciudadanos.