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Archivo de la categoría ‘politica’

La usurpación de plazas verdes por parte del Ayuntamiento de Madrid

Por Olga Soria

Leo cada día 20minutos y me ha alegrado que por fin algún medio se haga eco del gravísimo problema que el Ayuntamiento ha creado con la usurpación (porque no tiene otro nombre) de plazas verdes de aparcamiento para residentes para la instalación de terrazas de bares.

Yo vivo en la zona 52 SER (distrito de Chamartín) y llevo desde agosto denunciando la situación al ayuntamiento y a la Junta de Distrito sin que hasta ahora el ayuntamiento haya contestado a mi reclamación. Por teléfono la Junta de Distrito me informó en agosto que tenían previsto pintar de verde plazas azules para compensar, cosa que en mi barrio no ha sido cierta.

Plaza verde

Un vehículo aparcado en una plaza verde en una calle de Madrid.

El hecho es que los residentes hemos pagado nuestra tasa anual y ahora nos vemos metidos en un conflicto sin solución porque la delimitación de la zona SER obliga a no salirse del perímetro establecido.

Si a eso le unimos en nuestro caso unas obras monumentales que llevan más de dos meses -(en la calle Santa Hortensia desde el cruce con la calle López de Hoyos y de la calle Canillas)- pueden imaginarse el perjuicio al que se nos ha sometido. Que no diga el Ayuntamiento que las plazas han sido compensadas porque es totalmente incierto.

Por otra parte, llevamos años denunciando que no se inspeccionen las plazas de aparcamiento PAR (para residentes exclusivamente) y que tras años de estar en lista de espera se adjudican a personas que las realquilan de forma ilegal. ¿Por qué no inspecciona eso el Ayuntamiento?

Casualmente esta mañana el Ayuntamiento me ha contestado diciendo:

  1. Que lamentan las molestias que me han causado.
  2. Que se trata de una medida temporal (eso ya lo veremos…) aprobada por ellos para apoyar a la hostelería.
  3. Que las plazas ocupadas están siendo sustituidas en el entorno más próximo (¡incierto! e invito a alguien a que venga a verlo). De ser así, no estaríamos protestando por el problemón que tenemos.

En el aula de mi hijo se sigue dando clase pese a un positivo

Por David Álvarez

Quería informar de un caso digno de Berlanga. Ahora ya comprendo por qué el Covid está desbocado en la Comunidad de Madrid. Pues bien hace dos días recibimos un mail de la tutora de mi hijo del colegio Menéndez Pelayo de Madrid. Confirmado un caso de covid en la clase.

Decidimos no llevar niño al colegio. Llamamos a Secretaría y nos dicen que esperan instrucciones de la Consejería de Sanidad. Llamamos nosotros al teléfono Covid a la Comunidad de Madrid y nos vuelven a remitir al colegio. Al mediodía nos enteramos de que la mitad de los alumnos han asistido a clase y que mañana volverán como si nada hubiera sucedido. Hemos llamado al pediatra para explicar lo sucedido y nos dan cita ¡para el 5 de octubre!

¿Para qué sirven los protocolos anticovid de las aulas si nadie los cumple? ¿Es esta la manera que tienen en la Comunidad de gestionar esta crisis sanitaria? ¿Qué hacemos mañana, mandamos al niño al colegio a sabiendas de que han convivido con un caso de Covid? Si me lo cuentan no me lo creo.

Para colmo, anoche recibimos una carta del director, que adjunto en la imagen, en la que nos dicen que no van a actuar hasta que les responda la Consejería de Salud y que eso puede llevar días.

En el protocolo de actuación de la Comunidad de Madrid ¿no puede el director de un colegio parar la actividad de un aula con un caso confirmado de Covid? Esperando a Godot.

 

Los profesores (y también padres), ante la vuelta al cole

Pensemos, preparemos y actuemos

Por Carmen Navarro. Profesora de ciencias en Secundaria en el Colegio Nazaret Oporto de Madrid y madre de 3 (de 4, 8 y 11 años).

En 1973 el zoólogo austríaco Karlvon Frisch recibió el Premio Nobel de Fisiología por su investigación sobre el lenguaje visual de las abejas, en el que describía cómo se comunican entre sí para indicar dónde se encuentra la fuente de alimento.

Durante este verano atípico del 2020 que todos estamos viviendo, entre nuevos rebrotes de Covid-19 y la incertidumbre del nuevo curso escolar que está por venir, he tenido la suerte de visitar el Aula Museo Abejas del Valle en Poyales del Hoyo, Ávila; y comprobar de primera mano que no se necesita un cerebro muy grande para comunicarse de una manera efectiva, vivir en comunidad y mantener un equilibrio entre todas las partes de una “sociedad” que utiliza la inteligencia colectiva en beneficio de todos por encima del interés individual.

Mi hijo de 4 años, el de 8 y todos los alumnos de infantil y primaria de mi centro trabajan a diario las matemáticas con el método EMAT de Tekman Books en el que el/la profe les cuenta la situación o problema a resolver y a continuación todos repiten: PIENSO-PREPARO y MUESTRO. Esto ayuda a nuestros hijos/alumnos a saber la forma más lógica de resolver las distintas situaciones con las que se irán enfrentando durante su etapa escolar y posteriormente en sus vidas profesionales y personales:

  1. PIENSO sobre la situación que se me presenta y que quiero/tengo que resolver.
  2. PREPARO la/s solución/es analizando los pros y contras de cada una y la más adecuada para cada caso.
  3. MUESTRO a los demás mi propuesta, de forma que la comparto para que todos los miembros de mi comunidad (local y/o global) puedan aprovechar y ser partícipes del análisis/investigación y de la/s conclusión/es.

Les aseguro que ensayándolo muchas veces se llega a interiorizar y sale solo. ¡Lo hacen los niños de 3 años! Sin embargo, desde que comenzó la crisis del Covid-19 vemos cómo la gestión que se hace de la misma altera el orden de los factores, lo que en este caso sí implica un cambio drástico y lamentable en el resultado. Hemos asistido a numerosas decisiones en las que nuestros dirigentes MUESTRAN o ACTÚAN, PREPARAN y después, y no siempre, PIENSAN si lo que han hecho es lo correcto, para modificarlo a los pocos minutos, horas o días. Es imposible no sentir inseguridad e incluso miedo cuando lo que hoy es una verdad irrefutable mañana deja de tener vigencia…

Y así, a tan solo unos días del comienzo del curso escolar, los docentes nos vemos de nuevo desprotegidos por la administración y vilipendiados por la sociedad cada vez que se nos ocurre alzar la voz para avisar de lo que todos sabemos que sí o sí terminará ocurriendo.

Es de sobra conocido que a los docentes se nos pide desde siempre que actuemos más como magos que como educadores:

  • para educar de manera competencial con un currículo totalmente basado y enfocado en los contenidos,
  • para acabar temarios trabajando por proyectos, desarrollando múltiples teorías pedagógicas innovadoras y con el mayor uso posible de tecnologías
  • para educar en valores, desde la emoción y la pasión, sin que decaiga nunca el entusiasmo, como correponde a las profesiones vocacionales, y a pesar de las circunstancias de cada momento,
  • para enseñar pensamiento crítico y reflexivo a nuestros jóvenes en un mundo en el que la misma clase política altera su mantra diario: MUESTRO-PREPARO-PIENSO.

Pero los acontecimientos recientes nos han empujado a todos los mago-profesores a situaciones de verdaderos equilibristas, acróbatas, malabaristas, improvisando aulas de clase en nuestras propias casas, con nuestros propios recursos, rodeados de nuestros familiares y sin recibir ni un solo aplauso por ello.

Ya en junio se vaticinaba lo que ahora está ocurriendo: a punto de incorporarnos al nuevo curso escolar los “posibles escenarios” no dejan de ser planteamientos teóricos que distan mucho de la realidad que se vivirá en las aulas y que nos pondrá a todos, alumnos y docentes, en una situación de vulnerabilidad muy peligrosa para toda la comunidad.

Como dice el famoso proverbio africano, “para educar a un niño hace falta la tribu entera”.

Durante el confinamiento los padres hemos tenido la suerte de convertirnos en profesores de nuestros hijos a tiempo completo. Durante ese tiempo se leían en redes sociales muchos comentarios de agradecimiento y reconocimiento por la dura labor de los profesores, no siempre valorada.

Sin embargo, como está ocurriendo con otras situaciones recientemente vividas, olvidamos pronto, y ahora esos mismos padres critican a los profesores que alzamos la voz para decir que la vuelta al colegio no está garantizada en unas condiciones mínimamente seguras.

Muchos de estos padres son los mismos que:

  • No se ponen mascarilla porque, aunque las autoridades dicen que es obligatoria incluso en espacios abiertos, ellos deciden que ¡vaya rollazo!
  • Quedaban a escondidas con amigos/compañeros de trabajo para tomar unas cerves en los momentos más duros del confinamiento.
  • Se reunían a hurtadillas con otros amigos/familias cuando solo estaban permitidos paseos de 1 adulto con sus hijos.

En esta “tribu”, ahora más que nunca, todos educamos, todos sumamos, todos debemos remar en la dirección correcta y al unísono. Por suerte o por desgracia, los docentes hemos dejado de tener el mayor peso de la educación de nuestros jóvenes, para compartirla con las familias y el resto de la sociedad. Y recordemos que “nada educa más que nuestro ejemplo”.

Cuando nuestros propios representantes políticos (ACTUANDO, sin PREPARAR, y por supuesto sin PENSAR) nos señalan y nos ponen en el foco mediático para desviar la atención de su inacción, debemos aceptar que estamos en manos de una clase política mediocre y de gran bajeza moral, que se traduce en una sociedad que no respeta a sus docentes. Tenemos y tendremos lo que nos merecemos.

Comencemos pues por revisar nuestro comportamiento individual y nuestra contribución a la sociedad, con responsabilidad e inteligencia colectiva.

Solo cuando todos y cada uno de nosotros nos sintamos parte responsable de esta colmena global en la que vivimos podremos con el Covid-19. Repitamos al unísono, a modo de danza de las abejas, lo que nuestros niños cantan en las escuelas y por suerte tienen ya tan interiorizado: PIENSO-PREPARO y MUESTRO/ACTÚO.

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Miedo legítimo ante la vuelta

Por Francisca Esteller Nadal

En primer lugar, me gustaría señalar que escribo esta carta como madre y como docente, en representación de un grupo de compañeros de profesión y de familias cuyos hijos van a asistir a algún centro educativo en los próximos días.

A menos de tres semanas para el inicio del curso escolar, los padres y docentes sentimos y mostramos no solo una enorme preocupación y desconcierto, sino también mucho miedo. Este miedo no es irracional, sino que es totalmente legítimo, teniendo en cuenta que todo lo relacionado con la Covid está rodeado de incertidumbre, conocimiento científico parcial y de contradicciones entre los propios estudiosos de la materia.

Al final del curso escolar 2019-2020 se estableció un protocolo de actuación para el inicio del próximo curso. Este protocolo se elaboró teniendo en cuenta un contexto epidemiológico que nada tiene que ver con el de estos momentos, puesto que comenzábamos una nueva fase en la que tanto hospitalizados como nuevos contagios eran mínimos, y el riesgo a contraer esta enfermedad había disminuido.

En este protocolo, en la etapa de Educación infantil y Primaria se establece una ratio de máximo veinte alumnos por aula con un tutor de referencia, en lo que ha venido a llamarse ‘grupo burbuja’, con la intención de reducir los contactos del alumnado en el centro y poder establecer, en caso de contagio, un seguimiento de los casos más eficaz.

Estos grupos burbuja parecen no contemplar la relación del alumnado de cada grupo con familiares, amigos y otras personas ajenas al centro fuera del horario escolar, porque si así fuera no se hablaría de estanqueidad o seguridad dentro de estos grupos. Evidentemente, no voy a entrar en valorar en lo acertado o no de las afirmaciones con respecto a la facilidad de contagio que tienen los menores y la capacidad de estos para contagiar a otros, porque eso queda para los científicos.

Ahora bien, lo que sí me niego a aceptar es la contradicción sobre las medidas de seguridad a nivel individual obligatorias establecidas para la ciudadanía en general, y a la desaparición de mascarillas en los centros educativos a partir de septiembre.

Mi hijo de siete años de edad, así como yo misma y mis familiares, y muchos otros ciudadanos responsables, hemos cumplido escrupulosamente con cada una de las medidas que desde el mes de marzo se han venido imponiendo desde las instituciones sanitarias.

En la actualidad, estas medidas incluyen el uso obligatorio de mascarilla para toda la población por encima de los seis años de edad. Si las actuales medidas de seguridad individuales y colectivas se contradicen con las medidas que dictan los protocolos educativos, a mí, personalmente me transmiten una inseguridad y un miedo que me llevan a cuestionarme las razones de dichas directrices.

Yo misma, en estos momentos, no soy capaz de comprender y mucho menos compartir las explicaciones por las que frente a un patógeno grave y desconocido se actúa de forma diferente en función del contexto. Frente a este desconcierto me veo incapaz de explicarle a mi hijo -repito, siete años de edad-, esta situación. ¿Por qué en el parque hay que llevar mascarilla y en clase no? ¿Por qué no podemos reunirnos más de diez familiares mientras que en el al aula habrá veinte alumnos, más monitores y docentes?

Como madre y profesora no tengo respuesta para estas preguntas. Hasta ahora le he podido decir que la mascarilla le protege a él y él, a su vez, protege a otras personas. De alguna manera ese papel importante de protección a los demás le ha servido para que aceptara de buen grado el uso de este elemento. Me cuesta trabajo elaborar un discurso coherente puesto que el no usar mascarilla en los centros escolares entraña un riesgo añadido a esta locura, no solo para los niños y personal del centro, sino también para los familiares de todos ellos y, por ende, para los contactos de todas estas personas en su vida habitual.

No hay que olvidar que muchas de estas personas son grupo de riesgo. Así como tampoco hay que olvidar la falta patente de control en el cumplimiento de las medidas obligatorias por una parte importante de la sociedad. De este modo, los llamados grupos burbuja son una absoluta utopía, no sé si planteados con una visión excesivamente ingenua o directamente con una visión despreciativa hacia la seguridad individual. Y es que meter a veinte niños en lugar cerrado, sin mascarilla, con uno o dos adultos, no pronostica nada, absolutamente nada bueno.

Sobre este punto ya avisa la OMS señalando que los casos de Covid-19 en niños se ha multiplicado por siete y a la sanidad española le parece que, en palabras de Fernando Simón, “esas oscilaciones preocupan y hay que valorarlas con cuidado”.

El día 27 se reúnen las diversas comunidades autonómicas con el Ministerio de Educación. Como madre y como docente; solicito, exijo, ya que el riesgo cero no existe, que se dicten medidas coherentes con el devenir de la pandemia y por tanto, se adopte la mascarilla como elemento obligatorio en todos los centros educativos, así como una ratio más acorde a la nueva situación.

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  • Si eres profesor, envía tus sensaciones ante el comienzo de curso al correo zona20@20minutos.es

Tengo dos hijos, soy víctima de violencia machista, y en 7 días me desahucian

Por Arantxa

Soy Arantxa, madre separada de dos hijos de 10 y 3 años y el próximo 29 de enero me enfrento a mi segundo desahucio. El primero, gracias a las asociaciones provivienda (Xarxa Maresme), pudo ser parado en la calle. Explico mi situación, estoy divorciada y tengo a mis dos hijos a cargo, soy víctima de violencia machista y estamos en situación de vulnerabilidad. Servicios Sociales no me ofrece ninguna alternativa habitacional y tan solo me marean dando vueltas y más vueltas.

Desahucio

Concentración por un desahucio en el Poble Sec de Barcelona en octubre de 2019.

Llevo más de 20 años en este piso pagando puntualmente y nunca hemos generado ningún problema de convivencia. Ahora, dada mi situación, se me hace imposible pagar las cuotas que me exige mi propietaria y llevo un año y medio sin poder pagar. La propiedad, después de 20 años pagando, se niega a hablar conmigo y a buscar una solución beneficiosa para ambas partes. Agradezco todo el apoyo de la gente de la Xarxa Maresme y me gustaría hacer visible que ellos llegan a donde no llega el estado ni las administraciones.

 

 

Mi odisea con el bono social eléctrico

Por Lourdes Ocaña

Llevo desde el mes de abril solicitando el bono social. Rellené el formulario y realicé la solicitud la primera vez a través de la aplicación enviando el correo correspondiente con la documentación solicitada. Pero me lo denegaron, la documentación no estaba correcta. Decidí que lo mejor sería ir a una oficina para que me ayudaran. Amablemente el trabajador me corrigió los errores. Esperé la respuesta y, al no llegar, consideré que estaba aprobado. Mi sorpresa fue cuando en la siguiente factura no aparecía la referencia del bono social. Volví a acudir al la oficina, donde otra trabajadora me indicó que faltaba marcar una casilla y que tenía que solicitar nuevamente el certificado de empadronamiento y un documento de Servicios Sociales.

Imagen de una bombilla.

Imagen de una bombilla.

Acudí al Ayuntamiento, donde me expidieron la documentación y volví a entregarla a través del correo, adjuntando nuevamente todos los papeles. Contacté con Atención al Cliente y me abrieron una reclamación para revisar la documentación, reclamación que nuevamente ha sido denegada porque falta otro documento. Creo que si hay tantas personas que no han solicitado el bono social eléctrico es por las trabas y toda la documentación y mareos y falta de información a la hora de solicitarlo. Si se compara con el bono del agua o con cualquier otra ayuda es una odisea, no ya solicitarlo sino que te acepten y aprueben todos los requisitos.

Fe de erratas sobre la edición del 2 de octubre

Por un error de impresión totalmente involuntario en la edición de papel de este lunes 2 de octubre, este periódico deslizó una frase correspondiente a ‘La Metamorfosis’ de Kafka acompañando una información de actualidad, cuando debería haberse publicado en la sección de Cultura.

Pedimos disculpas a nuestros lectores por las molestias.

¿Elegir a un gobernante? No sin tu carnet de votante

Por Javier Sánchez

Llevo tiempo dándole vueltas a una idea, aunque es ahora (con la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos) cuando me atrevo a escribirla al calor de este ventajismo a posteriori que suaviza lo radical de la reflexión que realizo.

El planteamiento se compone de tres preguntas y una propuesta.

La primera pregunta es simple: ¿Usted dejaría que alguien sin conocimientos o habilidades de conducción manipulara su coche? Entiendo que no, que un automóvil es una posesión cara y muy preciada que suele cuidarse con mimo y esmero. Nadie quiere que le estropeen el coche, que se lo rayen o que lo cojan sin su permiso.

La segunda pregunta es aún más obvia: ¿Permitiría que alguien sin formación o capacidad pedagógica le diera clase a su hijo? De nuevo supongo que la respuesta sería negativa. La educación de un hijo es una preocupación fundamental de cualquier padre o madre. Aun sabiendo que están en manos de profesionales cualificados, a veces ponemos en duda su autoridad o su conocimiento sobre cómo enseñarles (véase la huelga de deberes, que daría para otro escrito).  En ningún caso dejaríamos en manos de cualquiera la tutela pedagógica de nuestros retoños.

Una niña intentando meter una papeleta en la urna en las elecciones del 26-J (EFE).

Una niña intentando meter una papeleta en la urna en las elecciones del 26-J (EFE).

Entonces, ¿cómo es posible que dejemos la conducción o la tutela de un país en manos de cualquiera? Y no, amigos, no me refiero a dejarlo en manos de Donald Trump o de Mariano Rajoy. Me refiero a dejarlo en manos de todos los votantes.

Supongo que ya estarán arqueando la ceja y meneando la cabeza con gesto de desaprobación. Sí, lo que estoy diciendo es que no todos los habitantes de un país mayores de 18 años son capaces de conducir un coche adecuadamente (se necesita una licencia de conducción), enseñar a un niño adecuadamente (se necesita un título y una oposición) o de votar adecuadamente (no se requiere nada…).

No todo el mundo tiene la capacidad de análisis crítico, de razonamiento lógico y de reflexión pausada que deberían ser requisito mínimo para poder decidir el futuro de una nación. Por supuesto, son capacidades que se pueden adquirir, al igual que la de conducir un coche o dar clase a un niño. Y claro que deberían ser adquiridas y enseñadas a través de la educación y la concienciación en política.

Pero lo que no se debería permitir es que alguien sin estos mínimos elija a un gobernante, no sin su carnet de votante. Carnet que supondría ser acreedor de estas competencias, al igual que el permiso de conducir o el título de magisterio en sus respectivas parcelas.

Hace más de dos mil años que los griegos, cuna de la civilización occidental, propusieron que la democracia era la forma de gobierno más justa. Llevaban gran parte de razón, pero quizás no toda. Y es que precisamente uno de ellos, el archiconocido filósofo Platón en su obra “La República” apuntaba que la sofocracia, “el gobierno de los sabios”, era el sistema político ideal.  Un grupo de hombres preparados con el saber necesario para guiar al pueblo puede que no sea la panacea, pero nos aporta la idea de lo que sería la clave de mi reflexión: la idea de una “sofodemocracia”. Un gobierno elegido por todos y todas las capaces de elegir sabiamente.

He ahí la esencia de la propuesta: la creación de ese carnet mencionado previamente que acredite a su poseedor como “ciudadano sabio”, como auténtico garante de la capacidad de elegir con criterio, sensatez e inteligencia a sus gobernantes.

¿Polémico? Sí. ¿Difícil de llevar a cabo? También. ¿Osado? Sin lugar a dudas. Pero la alternativa es seguir permitiendo que cualquiera decida quién lleva las riendas de una nación. ¿Le parece una barbaridad? Pues súbase conmigo al coche, que no tengo permiso de conducir y deje que le enseñe a su hijo, que no soy maestro. Pero no se queje luego si estrello el coche y su hijo es un analfabeto. Debería haberme pedido antes mi carnet…

Y a las 3 serán las 2

Por Jaume Font

Jamás en la vida tendremos unas palabras tan representativas y reales de lo que nos va a pasar a los españoles este sábado por la noche. Un paso atrás, retroceder en el tiempo es lo que nos va a suceder a todos este sábado 29 y no tan solo por retrasar el reloj una hora, sino que la coincidencia ha hecho que este mismo día Rajoy sea investido presidente.

Mariano Rajoy (EFE).

Mariano Rajoy (EFE).

De la misma forma que esta hora de retraso es obsoleta y una perdida económica para todos aquellos que estamos en el este de la Península y las Baleares, también lo será para la política y la economía española. Con la investidura de Rajoy, el PSOE está atrasando a España no solo una hora, sino 4 años en los que el presidente en funciones, agotado política e intelectualmente desde su primera investidura, seguirá tal como nos ha prometido: con la misma política que hacía hace 4 años.

Tenemos que estar preparados, porque desde este sábado y gracias a una señora andaluza que pide responsabilidad a los demás sin haber leído en la enciclopedia lo que significa esta palabra, vamos a regresar al pasado.

El sábado, día 29, tendremos un mal sueño en el que a las 3 serán las 2.

 

 

Me asusta la intolerancia

Por Carmen Gil

Debate (EFE).

Debate (EFE).

Me asusta, me asusta mucho que los que se consideran a sí mismos progresistas empleen la fuerza para impedir una conferencia en la Universidad. Me espanta que se defiendan las diferencias sólo cuando coinciden con las propias. Me espeluzna que no se puedan expresar las ideas en público si no sintonizan con las de los que se creen en posesión de la verdad.  Me horripila que se convierta en enemigo al que discrepa. Me alarma que la libertad únicamente pueda tener un color. En un panorama tan plural como el que se dibuja ahora en España, no hay más que una solución: el entendimiento. Y este pasa por escuchar con actitud abierta y valorar las opiniones del contrario.

Todos somos culpables de la corrupción en España

Por Carla Tomillo

Miles de personas marchan en Valencia contra la corrupción (EFE).

Miles de personas marchan en Valencia contra la corrupción (EFE).

Algo está pasando en este país si tienen que venir de fuera a decirnos lo que no estamos haciendo bien. ¿Y la autocrítica? Se forma un silencio.

Hace unos días, la institución creada por el Consejo de Europa para combatir la corrupción, conocida como GRECO, hizo público un informe en el que insinúa lo que muchos de nosotros hace tiempo que sabemos: algo pasa con el poder judicial en España. El Grupo de Estados contra la Corrupción, a lo que responden las siglas de GRECO en inglés, arroja luz sobre una encuesta del Consejo General del Poder Judicial donde los jueces señalan que no se protege la independencia en los nombramientos. Asimismo, el informe critica la resistencia de los parlamentarios y senadores españoles a ser transparentes.

Leyendo estas declaraciones me pregunto: ¿Son estos los valores que queremos tener? Como ciudadana, creo que tenemos que dejar de quejarnos tanto y empezar a tomar conciencia de nuestras decisiones. Esto significa que en nuestra práctica de la democracia, es decir, mediante nuestro voto o a través de otras manifestaciones de la opinión y la voluntad (como espero que sea esta carta), se vea reflejado este deseo de transparencia. Para que podamos sentir que este país sí nos representa.