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Entradas etiquetadas como ‘medio ambiente’

Adiós a los gorriones

Por Pedro Serrano

Gorrión.

Un gorrión posado sobre la rama de un árbol. (ARCHIVO)

Mi infancia estuvo llena de gorriones. Si echo la vista atrás, aún puedo verlos saltar por el corral robándoles el grano a las gallinas. Aún puedo ver sus revoloteos y escuchar su repertorio de cantos en aquella casa de tierra llena de escondrijos. Pero, en aquella época ruda y de supervivencia elemental, humanos y gorriones éramos enemigos irreconciliables. Todo porque que las pobres criaturas nos hurtaban un puñado de granos de aquellas míseras cosechas y sembrados. Pobres ignorantes, solo considerábamos los daños que nos infligían; nunca los beneficios, que eran muchos y variados.

Afortunadamente, ahora ya sabemos que la singular asociación entre humanos y gorriones, en pueblos y ciudades, siempre ha sido fructífera para ambas partes. Según los estudiosos, no solo ayudan a controlar plagas y dispersar semillas, sino que son un excelente indicador de nuestra calidad ambiental. Y esa calidad ambiental no debe de ser muy buena cuando se les ve más tristes que antaño y se constata que están disminuyendo drásticamente, sobre todo en las ciudades.

Al parecer, las ondas electromagnéticas en las ciudades, la contaminación, la escasez de alimento y la falta de lugares para nidificar son algunos de los principales enemigos de los gorriones urbanos. Y, en el campo, la especie se enfrenta a la intensificación agraria, el empleo abusivo de plaguicidas y el abandono rural.

Si, como parece, nuestras vidas están íntimamente ligadas a las suyas, ¿compartiremos el mismo destino?

Calentamiento global: nuestro planeta está en llamas

Por Pedro Serrano Martínez

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Contaminación de una central de energía. (GTRES)

Somos más eficientes creando problemas que solucionándolos. Para crear el problema de las emisiones contaminantes, por ejemplo, todos nos hemos puesto de acuerdo sin negociaciones previas. Sin embargo, para ponerle solución, hemos transitado por diferentes cumbres del mundo y, a día de hoy, aún no se atisban en el horizonte soluciones rotundas y concretas.

El reciente acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima en París, ese que algunos califican de histórico, es un cúmulo de inconcreciones, en tiempo y forma, que, en la práctica, confía las soluciones a la buena voluntad de los países, las empresas y los ciudadanos. Voluntad que no arreglará el problema del aumento de la temperatura de nuestro planeta, al menos, con la premura que los terrícolas necesitamos para evitar el desastre.

Pero, ¿por qué no podemos confiar la solución a la voluntad? Pues porque solucionarlo significa renunciar a un modo de vida confortable y seductor; porque el mundo no se mueve por amor y cordura, sino por interés. Es la maldita guerra de intereses la que no nos deja conseguir los objetivos deseados. Imaginemos a una familia contemplando su casa en llamas y, a la vez, discutiendo acaloradamente sobre quién de sus miembros debe implicarse más en la extinción del fuego. Pues bien, eso es lo estamos haciendo con nuestro planeta en llamas.

Siendo realistas, se podría decir que el mayor éxito de la Cumbre de París ha sido la confirmación de que, por fin, el mundo entero ha tomado conciencia del problema del calentamiento global y sus consecuencias. Y es que, todos sabemos que la resolución de cualquier problema comienza con su reconocimiento; cosa distinta es que, una vez reconocido, estemos a tiempo de resolverlo.

 

La boina gris de Madrid

Por Agustín Arroyo Carro

Mi querido abuelo Jesús llevaba en sus últimos años una boina negra. Madrid la lleva casi siempre sobre su cielo azul, pero es gris y de distinta naturaleza, claro. Madrid exhibe , por desgracia, el tocado de una boina gris espesa compuesta de gases tóxicos y diferentes partículas nocivas contaminantes en suspensión. El ayuntamiento de la capital previene, avisa y toma algunas medidas respecto al tráfico rodado por la M-30 y al no aparcar en la almendra central de Madrid. Incluso puede ocurrir que tenga que tomar medidas más drásticas si persiste la falta de lluvia.

Madrid, con su 'boina' de polución (Jorge París).

Madrid, con su ‘boina’ de polución (Jorge París).

Pero ya hay trompetillas en medios conservadores que empiezan a anticiparse a las quejas, por si se toman medidas más duras a corto plazo. Hablan ya con ligereza y mala baba de represión de la libertad para usar o no el coche, por si se utilizara el método de alternar el uso del coche en días alternos según el número par o impar de las matrículas. Esto ya se hecho muchas veces en grandes ciudades del mundo por estricta necesidad de salud pública.

Estos neoliberales españoles serían capaces de no poner ninguna medida, como ya vimos con Ana Botella, o incluso llegar a los niveles venenosos de Pekín, por un torpe concepto de libertad irrestricta, mal entendido. No hay mejor ciego que el que no quiere ver y mayor bobo que el que se niega a entender y razonar con sensatez lógica y un mínimo de conciencia ecológica.

 

 

Sobre la campaña de Greenpeace

Pre-Campaña electoral Greenpeace

Imagen oficial de la nueva campaña de Greenpeace. (GREENPEACE)

Por Pedro Serrano

Greenpeace ha convertido en niños a los principales líderes políticos de nuestro país con el lema “Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres”, del escritor Antoine de Saint-Exupéry. Partiendo de esta idea de Greenpeace, que persigue “el derecho a un medio ambiente saludable”, y de la reflexión de Antoine de Saint-Exupéry, me pregunto cuántos niños que fuimos un día, políticos o no, podríamos sentirnos avergonzados del adulto que somos.

Nacemos puros y cándidos, pero las vicisitudes de la vida nos malean y nos retuercen hasta extremos, a veces, insospechados. Por ello, quiero imaginarme un mundo habitado y gobernado solo por niños libres de ambición y malicia.

Un mundo donde los niños tengan el protagonismo que les da la canción “Que canten los niños” de José Luis Perales. “Que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar; que unan sus voces y lleguen al sol; en ellos está la verdad…”.

Lo que nos devuelve el mar

Por Ana Abellanas Paniagua

Estos días, tras las potentes lluvias que ha habido por los alrededores de Valencia, el mar nos ha devuelto en las proximidades de El Saler grandes cantidades de plásticos. El mar nos los devuelve, no los quiere, no los necesita…

El cadaver de un delfín varado en las proximidades del Saler (Valencia) (A. ABELLANAS)

El cadáver de un delfín varado en la playa de El Saler (Valencia). (A. A.)

Plásticos bajo formas muy diversas como por ejemplo bidones, botellas de plástico, cabos rotos, juguetes de niños, tampones, macetas… y un sinfín de formas tan diferentes como sorprendentes llenan la costa y las dunas todavía respetadas en el Parque Natural de El Saler.

El mar no sólo nos devuelve plásticos sino también lo que estos se llevan consigo. Este fin de semana, sin ir más lejos, nos devolvió dos cormoranes, tres gaviotas, un aguilucho lagunero y un delfín con redes de pesca enrolladas en su cola.

¿Hasta cuándo nuestros plásticos se seguirán cobrando víctimas que el mar nos devolverá con su sencilla elegancia?

Reflexionemos y tomemos una firme decisión: ¡reducir, reutilizar y reciclar los plásticos! El mar nos lo está pidiendo a gritos.

Pato muerto en un parque sevillano

Por Alberto González Morón

Como ya leí en este artículo, la situación en la que se encontraban los patos del estanque del parque de María Luisa (Sevilla) era penosa. ¿La razón? Los patos permanecen en un estanque seco y en proceso de limpieza y recibían ataques de animales, niños y cafres no tan niños.

Ya pasado un mes desde la primera vez que los vi sin agua, he comprobado que los patos no siguen en esta situación, sino que ahora están aún peor. Siguen recibiendo ataques y siguen siendo apaleados cruelmente por salvajes ante la pasividad de los trabajadores del parque, que no hacen nada por ayudar a estos animales y devolverles su agua, donde por fin estarían a salvo.

Imagen en la que se muestra un pato muerto en el parque sevillano María Luisa. (ALBERTO)

Imagen en la que se muestra un pato muerto en el parque sevillano María Luisa. (A. G.)

Tras verificar esta situación, hablar con los encargados de la limpieza del estanque (los cuales me afirmaban hace dos semanas que el estanque estaría lleno al final de esa semana, lo cual no ha sido así) e informarme, he sabido que estas aves no reciben ningún tipo de cuidado porque no hay nadie en el parque encargado de alimentarlos, por lo que solo comen lo que las personas les dan.

Mi sorpresa fue que al pasar por el estanque me encontré un pato muerto en la isleta del estanque rodeado de niños tocándolo con palos.

Podría haber sido por la falta de comida que tienen o por los continuos ataques causados ante la ausencia de agua que los proteja de las crueles visitas que reciben a menudo. El motivo de la muerte lo desconozco, pero raro es que no hubiera pasado antes viendo el cachondeo que tienen todos los incivilizados con los patos. ¿Cuántos más tienen que caer para que se den cuentan que necesitan que les llenen el estanque para estar protegidos? ¿Qué culpa tendrá ese pobre pato para acabar como ha acabado? Si ellos lo único que quieren es estar tranquilos y felices, no que unos inhumanos vengan a hacerlos sufrir por diversión.

Con esto veo que a las personas nos falta educación y respeto hacia los animales, así como hacia todo lo que nos rodea. No es justo que por nuestra falta de respeto y educación tengan que morir uno, dos o tres pobres indefensos patos.

Este tema debería solucionarse ya, por lo menos intentar salvar a los pocos patos que quedan en el estanque porque perderlos sería una gran pena.

En la orilla del río me encontré… ¡una urna funeraria!

Por Elisabet Jiménez

Imagen del río Llobregat, Barcelona. (ARCHIVO)

Imagen del río Llobregat, Barcelona. (ARCHIVO)

El fin de semana fuimos a pasar el día al campo, a aprovechar los cuatro tímidos rayos de sol que salieron y a cargarnos las pilas un rato. Encontramos un paraje precioso por el que pasaba el río Llobregat (Cataluña) y allí decidimos plantarnos.

Pero una vez asentados, no podíamos ver más que basura: bolsas, latas de cervezas y para nuestro asombro, incluso ¡una urna funeraria a orillas del río! Parece increíble, pero cierto es.

No sé hasta dónde vamos a llegar, lo único que tengo claro es que hace falta una fuerte concienciación social para cuidar el medio ambiente. Puede que la solución pase por una campaña de sensibilización ciudadana, pero no voy a ser yo la que diga dónde se debería invertir el dinero público.

Sin embargo, sí les digo a los lectores que a pesar de lo romántico que pueda resultar el hecho de lanzar las cenizas de un ser querido en un lugar bonito para poderlo ir a visitar, por favor, la urna que se la guarden en casa.

Medidas para cuidar el medio ambiente… ¿a cuenta de qué bolsillos?

Por José Carlos Canalda

Personas con las clásicas bolsas de plástico de comercios. (ARCHIVO)

Personas con las clásicas bolsas de plástico de comercios. (ARCHIVO)

Hace ya algún tiempo los supermercados decidieron en su gran mayoría dejar de dar gratis las bolsas de plástico con la compra, tanto daba si el gasto era pequeño como si te llevabas un carro lleno. Yo desde el principio lo entendí como una forma de abaratar costes, pero la excusa presuntamente ecologista que dieron fue la de evitar el deterioro del medio ambiente; al tiempo que en todos estos establecimientos se siguieron suministrando bolsas de plástico sólo que cobrándolas, cuando lo lógico hubiera sido que dejaran de darlas -o cobrarlas- de forma total.

Ahora la situación se vuelve a repetir con los bancos. Hace unos días me llegó una carta de mi entidad bancaria en la que me “felicitaban” por dejar de mandarme por correo los movimientos de mi cuenta, con lo cual contribuiría a preservar el medio ambiente y bla, bla, bla… de modo que a partir de ahora podría consultarlos y/o imprimirlos vía Internet.

Tal desfachatez me dejó perplejo, puesto que no gano nada, al tiempo que salgo perdiendo al tener que imprimir unos documentos que antes me llegaban por correo. Quien sí ahorrará, tanto en los gastos de correos como en los de impresión y manipulación será el banco, único beneficiario de esta iniciativa unilateral e impuesta.

Peor aún es el caso de todas aquellas personas, en especial las más mayores, que no están familiarizadas con la informática. Aunque la carta incluía un ambiguo párrafo en el que se afirmaba que se podría pedir que volvieran a remitir esta información por correo, “casualmente” olvidaba aclarar si este servicio, hasta ahora incluido en los costes de mantenimiento que cobran los bancos, pasará a ser de pago (como mucho me temo visto el precedente de las bolsas de plástico).

Burocracia y contenedores de ropa ‘solidarios’

Por Vera J.

Vivir de la burocracia es una manera de ganarse la vida. No estaría mal, siempre y cuando el perjudicado no fuera el ciudadano de a pie. Inmersos en la sociedad de la información y  rodeados de avances tecnológicos, aun hay casos palpables de que la descoordinación administrativa está más viva que nunca, tal y como me ocurrió el otro día.

En la esquina de un transitado descampado de mi barrio apareció, cual seta otoñal, un contenedor de recogida de ropa y calzado usado. Tenía una gran pegatina que mostraba lo que parecía ser el nombre de una ONG, respaldada por el logotipo de la Comunidad de Madrid y la Consejería de Medio Ambiente. Quise corroborar que la tal seta solidaria era tan legal como aparentaba y que no había ningún avispado haciendo negocio con la buena voluntad de la gente.

Llamé al 012, el teléfono de información de la Comunidad de Madrid. Tras exponer mi duda, la telefonista me derivó de inmediato a la Consejería de Medio Ambiente, con horario de tal a tal, de tal a tal día y un teléfono a mi disposición. Ahí llamé y volví a contar de nuevo el caso del contenedor sospechoso. “Sí, esta es la consejería, pero este es un número genérico y, por lo que nos cuenta, lo mejor es que contacte con la Dirección General de Medio Ambiente, en la calle tal y con número de teléfono que paso a dictarle”.

Y allí que llamé, convencido de que ya me iban a dar respuesta. Pero, ay, la señora que me atendió era tan amable como desconocedora de lo que le estaba planteando. Una a una fue trasladando mis cuestiones al compañero que tenía al lado en la oficina. Hasta tal punto, que fue finalmente este el que se puso al teléfono y el que me liquidó con un “esto lo llevará Residuos”. Y sí… me dio el teléfono de la Subdirección de Residuos y Calidad Ambiental, porque “seguro que ahí le resuelven sus dudas”.

Como ya me sabía el prefijo y los primeros números de todos los departamentos de la Consejería no me costó mucho volver a marcar y explicar, por cuarta vez, el misterioso caso del contenedor solidario.

El contenedor está ubicado en un descampado muy transitado

El contenedor está ubicado en un descampado muy transitado

Con más rapidez que eficacia me despacharon para derivarme a otro departamento, el Área de Planificación y Gestión de Residuos. Nueva llamada. Al principio no cogían el teléfono. Por un momento sospeché que el funcionario de turno habría salido a desayunar. Pero no, a los cinco minutos ya respondían. Muy amablemente una señorita me explicó que la Comunidad no tiene nada que ver con esos contenedores de recogida de ropa (a pesar de que aparece el logotipo rojo con las siete estrellas y el nombre de la Consejería de Medio Ambiente). Las empresas que trabajan con este tipo de desechos (como la ropa usada) piden el permiso  a la Comunidad para la manipulación y el transporte del material, pero en ningún caso esta Administración da la autorización para la instalación de contenedores. La funcionaria entendía que el permiso para colocar un contenedor en plena calle lo debe dar el Ayuntamiento. Pero como no lo tenía cien por cien claro, me regaló una recomendación: “Llame usted a este número que le voy a dar que es el área de Disciplina Ambiental y pregunte a ver si es legal o no”.

Y llamé. Sexto número de teléfono que marcaba. Disciplinados desde luego eran. Disciplina militar diría yo. Con tono más bien autoritario me dijeron que no tenían ni idea, que ellos no se ponían a investigar si eso era legal o no y que, si quería, fuera “a un registro” (así, en genérico) y pusiera una reclamación. “Ah –me advirtió-,  y no se olvide de firmar su escrito porque sin la firma no le vale de nada”. El remate fue la última andanada que me soltó: “Si no, llame al 012 y pregunte a ver…” . Vuelta al origen.

El contenedor sigue ahí plantado. A la espera de que el Ayuntamiento compruebe si tiene la autorización para estar ahí o no.

Animales sin voz

Por Rosa Mª Mambrilla

Agradezco a Enric Urrutia, director del documental-película La barbacoa, que nos haya hecho reflexionar sobre el evitable sufrimiento que causamos a los animales que comemos si modificamos nuestros hábitos de alimentación. Esta modificación no sólo puede cambiar nuestra realidad sino también la de los animales y la de nuestro planeta. La película explica el horror que están sufriendo la mayoría de los animales de la industria alimentaria desde su nacimiento hasta su muerte, inmersos en una cadena de uso y abuso.

Un primer paso para reducir el padecimiento de estos animales que comemos sería el cumplimiento de las normativas (tanto las propias como las de la UE) de producción, instalaciones, transporte y sacrificio de animales y así evitar, por ejemplo, que se sacrifiquen animales sin aturdimiento o que, aún vivos, sean colgados de una pata por las cintas transportadoras. Ineludible es la supresión del sistema Halal (sacrificio sin aturdimiento) permitido a los musulmanes que fomenta la picaresca de que, por intereses comerciales, se sacrifiquen por ese sistema animales fuera del ámbito musulmán. También sería necesaria la clausura de las granjas de ocas para la obtención del foie, como ya se ha hecho en la mayoría de países europeos y las de animales destinados a la industria peletera. Un grupo de ocas

La definitiva prohibición por la UE (marzo 2013) de la experimentación en animales con fines cosméticos evitará, si se obliga a su cumplimiento, que cada año un número  importante de animales  (perros, gatos, conejos, ratones, cerdos, etc.) sean sometidos a prácticas que hasta su muerte o sacrificio les producen gran sufrimiento. Contrariamente a lo que nos han hecho creer, la mayoría de estos experimentos no son para el avance científico sino para el lucro de la industria. Se deben buscar métodos alternativos a la experimentación con animales y cerrar los criaderos de animales destinados a este fin.

La sociedad progresa y el mundo animal debería hacerlo paralelamente. Declarar la tauromaquia “bien de interés cultural” es inadmisible. Las corridas de toros no son arte, el arte es creación y no destrucción con sufrimiento. Se han de abolir, donde no lo estén, las corridas de toros y las subvenciones a la tauromaquia. También se han de acabar las subvenciones (por ejemplo para promocionar la caza en las escuelas) y los privilegios  de la caza, no sólo por su actividad sino por las intolerables condiciones de vida de muchos de sus perros. Improrrogable es la prohibición de fiestas y espectáculos que causan sufrimiento a los animales.

Básica es la concienciación de la sociedad que los animales no son objetos sino seres vivos que sienten y padecen, siendo las escuelas un importante medio de incentivación al respeto por la fauna y el medio ambiente e imprescindibles las campañas de esterilización para acabar con el abandono, el hacinamiento de protectoras, el padecimiento de los callejeros y con los sacrificios sistemáticos donde no exista esta prohibición o hayan moratorias.

Se deben endurecer las penas de la Ley de Protección de Animales, ley de obligado cumplimiento que, cuando sea necesario, ha de ser completada por un reglamento y evitar las concesiones de los Ayuntamientos a empresas privadas para la gestión de las protectoras por el perjuicio que suele suponer para los animales.

Nuestra indiferencia ante el sufrimiento de los animales nos hace crueles. No dejemos que la triste frase de Schopenhauer  -“el hombre ha hecho de la tierra un infierno para los animales”- se perpetúe.