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Entradas etiquetadas como ‘espectadores’

Lo guay es ser idiota

Por Miguel Gisbert

Dos chicas haciéndose un selfie (Gtres).

Las mayorías más visibles controlan el mundo o, al menos, los micromundos en los que se expresan. Lo hemos visto en la estrategia de Suecia para superar el acoso escolar. No actúan sobre el agresor para corregir su comportamiento ni sobre la víctima para que se defienda, sino sobre la mayoría expectante. Saben que son todos esos espectadores silenciosos los que pueden, con su opinión y reacción, influir de manera más eficiente en el agresor.

Pues bien, por desgracia parece que este efecto de influencia masiva está teniendo repercusiones negativas en la cultura, el arte y el conocimiento humano. Resulta muy común ver a los más jóvenes escuchar, o mejor dicho poner de fondo, música de base percutiva redundante, por no decir idéntica, y letras de aportación nula en el mejor de los casos o misógina en el peor.

Muy rara vez se puede ver a alguien salirse del estándar, decir que le gusta otro tipo de música, que utiliza el móvil para algo más que snapchat y selfies, que ve vídeos que duran más de dos minutos, incluso ve películas o lee libros. Resulta muy valiente apartarse del rebaño, ser el raro del grupo, opinar de temas que se salen de la simpleza o banalidad extremas. Parece que antes “interesante” era un adjetivo positivo y ahora es justo al contrario, se usa casi como insulto.

En algunos grupos, peligrosamente en algunos muy jóvenes, se pasa de idiota a pedante sin término medio, no se deja espacio a la curiosidad ni al enriquecimiento cultural o artístico. Parece que, como decía Carlos Ruiz Zafón en su novela La sombra del viento: “Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo”.

Los molestos espectadores de los conciertos gratuitos

Por María José Viz Blanco

Patio de butacas.

Espectadores en un teatro. (MARC CALLEJA)

Aunque lo que voy a contarles tiene que ver con la Banda Municipal de Música de A Coruña, bien se podría aplicar a otras del resto de España. El público que suele seguir a la banda, sea en recinto cerrado o al aire libre, está formado por jubilados y por niños principalmente. Es posible que la gratuidad de los conciertos influya en esta preponderancia. La ausencia de jóvenes y de personas entre 40 y 50 años es muy notoria.

Hay dos clases de espectadores –simples “asistentes”- que destacan por lo molesto de su comportamiento. Por un lado tenemos a los niños pequeños que se dedican a corretear en el patio de butacas, a hablar y gritar… a los que hay que añadir los bebés, que suelen llorar ruidosamente cansados de estar en un lugar al que no han pedido ser llevados. Ningún adulto se responsabiliza de estos pequeños traviesos, ni se les ocurre sacarlos de la sala. Las excepciones son, por ende, llamativas: he visto a niños emulando al director en sus asientos, entusiasmados y con el incipiente amor por la música reflejado en sus rostros.

La otra tipología de incordiantes la forman los enganchados al móvil, que no quieren ponerlo en silencio –desoyendo la megafonía- y que, incluso, chatean durante todo el concierto. Estar cerca de una persona viendo su móvil es molesto por la fuerte luz que emite el aparato. Nunca entenderé qué lleva a una persona a un concierto si lo que va a hacer lo puede realizar cómodamente desde su sofá.

A pesar de lo dicho, el público es mayoritariamente respetuoso, asiduo y entendido, lo cual se demuestra en la adecuación de los aplausos a los finales de las piezas. A quien corresponda, una petición doble: ¡más conciertos y mayor publicidad de los mismos, por favor!

Adelantemos el ‘prime time’ de la TV

Por Cristina Macías

Persona haciendo zapping en la televisión. (ALE VESTURA / GTRESONLINE)

Persona haciendo zapping en la televisión. (ALE VESTURA / GTRESONLINE)

Tanto las películas emitidas en televisión, como las series proyectadas en el mismo medio, cada día quitan más horas de sueño, ya que empiezan demasiado tarde, sobre todo para las personas que trabajan, estudian o simplemente han de madrugar.

No costaría tanto que los responsables de las cadenas tuviesen esto en cuenta, ya que todo el mundo tiene el derecho de poder ver relajado y tranquilo la serie o programa que más le interese.

La verdad es que una servidora está cansada de tener que dejar series o programas de televisión a medias porque acaban la mayoría a medianoche, y al día siguiente se ha de madrugar, como le ocurre a mucha gente.

Asimismo, estoy segura de que son muchos los espectadores que agradecerían que se programaran antes, ya que a veces lo que te hace despejarte un rato viendo aquello que te gusta acaba muy tarde y terminas durmiéndote en vez de estar pendiente de lo que ocurre. Muchas veces, esto también es ocasionado por las largas esperas publicitarias.

TDT, ¿necesidad o capricho?

Por Dolors García Molina

Solo nos hace falta enchufar y sintonizar la TV para ser conscientes de la cantidad innecesaria de canales que hay. Más de 40 programas y 13 frecuencias ocupadas. Todos hemos hecho zapping alguna vez y, personalmente, no me veo capaz de asimilar más de 10 canales, el resto es como si no existieran. Programas de tarot, videntes, teletiendas y concursos patéticos que no hacen sino reafirmar mi percepción sobre la cantidad innecesaria de “telebasura” existente.

Y ahora resulta que nadie los mira y, por otro lado, no disponemos de  presupuesto para contenidos de calidad ni del público objetivo necesario para consumirlos.Un mando

La TDT nació muerta. Mientras se desplegaba, los menores de 35  años ya no miraban la televisión de la manera como se entendía antes, consumían películas y series, como Lost, por Internet. Inevitablemente esto será cada vez más frecuente, entonces, yo me pregunto ¿no se habría sido más adecuado invertir en una televisión híbrida por Internet y equiparar nuestra conexión a la del resto de Europa? Como mínimo habríamos tenido la oportunidad de aprovechar alguna cosa.

Nadie discute la necesidad de liberar espectro para la telefonía de última generación, pero, ¿era imprescindible este despropósito? Fuimos los primeros de Europa en llevar a cabo el apagón analógico y ahora continuaremos siendo, por unas cuantas décadas más, los últimos en tecnologías de la información y la comunicación. Tan solo me queda agradecer a nuestros políticos y gestores la excelente planificación y sabiduría para dilapidar, de forma tan elegante, los recursos económicos de los ciudadanos en todos los ámbitos.

¿Para cuándo programas que estimulen la capacidad crítica y reflexiva del espectador?

Por Agustín Arroyo Carro

Primero fue Gran Hermano, luego Operación Triunfo, Mira quién baila, Supernani, Tú sí que vales, ahora MasterChef; incluso se especula con un MásterChef infantil. En fín, una locura, en la deshuesada y horadada realidad de la televisión en España. Está muy bien que, a través de programas de masas y entretenimiento en “prime time” se busque a personas jóvenes y no tanto con atributos de genialidad o valía aún no descubiertos y debidamente valorados.

¿Para cuándo algún programa que reflexione en profundidad con especialistas de distintas tendencias políticas e ideologías, y no ‘todólogos’ y gente de la calle, sobre los verdaderos problemas que atañen al 98% de los ciudadanos? TelevisorPor ejemplo las verdaderas causas del paro estructural que nos golpea, la pérdida de valores y logros o derechos que habíamos adquirido después de décadas de lucha, los retos inaplazables de la sociedad global, la degradación medioambiental que se maquilla en aras de un hiperproductivismo enajenado, ciego y ramplón, los efectos del sectario fanatismo religioso que enfrenta a gentes de la misma religión o de distintas confesiones, el regreso o permanencia de la explotación de millones de trabajadores en condiciones penosas y sin derechos sindicales reconocidos, las penalidades sordas y sangrantes de millones de inmigrantes y refugiados transterrados.

¿Para cuándo programas que estimulen la capacidad crítica y reflexiva del espectador medio y de nuestros adolescentes y jóvenes? Programas que estimulen el saber científico y/o humanístico en equipo, de forma colaborativa. Un poquito de nivel cognitivo y de buen gusto está reñido con la sola y pura estrategia de diversión pasiva y de rebaño pesebrero autosatisfecho.