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Entradas etiquetadas como ‘Whatsapp’

Los molestos espectadores de los conciertos gratuitos

Por María José Viz Blanco

Patio de butacas.

Espectadores en un teatro. (MARC CALLEJA)

Aunque lo que voy a contarles tiene que ver con la Banda Municipal de Música de A Coruña, bien se podría aplicar a otras del resto de España. El público que suele seguir a la banda, sea en recinto cerrado o al aire libre, está formado por jubilados y por niños principalmente. Es posible que la gratuidad de los conciertos influya en esta preponderancia. La ausencia de jóvenes y de personas entre 40 y 50 años es muy notoria.

Hay dos clases de espectadores –simples “asistentes”- que destacan por lo molesto de su comportamiento. Por un lado tenemos a los niños pequeños que se dedican a corretear en el patio de butacas, a hablar y gritar… a los que hay que añadir los bebés, que suelen llorar ruidosamente cansados de estar en un lugar al que no han pedido ser llevados. Ningún adulto se responsabiliza de estos pequeños traviesos, ni se les ocurre sacarlos de la sala. Las excepciones son, por ende, llamativas: he visto a niños emulando al director en sus asientos, entusiasmados y con el incipiente amor por la música reflejado en sus rostros.

La otra tipología de incordiantes la forman los enganchados al móvil, que no quieren ponerlo en silencio –desoyendo la megafonía- y que, incluso, chatean durante todo el concierto. Estar cerca de una persona viendo su móvil es molesto por la fuerte luz que emite el aparato. Nunca entenderé qué lleva a una persona a un concierto si lo que va a hacer lo puede realizar cómodamente desde su sofá.

A pesar de lo dicho, el público es mayoritariamente respetuoso, asiduo y entendido, lo cual se demuestra en la adecuación de los aplausos a los finales de las piezas. A quien corresponda, una petición doble: ¡más conciertos y mayor publicidad de los mismos, por favor!

Dedicado a todos los que ‘wasapean’ mientras comen

Por Venancio Rodríguez Sanz

movil

Foto de una persona usando el móvil. (MEJOR CON SALUD)

Como todos los días que voy a ese bar, me senté en su terraza para beber un sorbo de mi libro y leer un trago en los posos del café con leche. Detrás de mí, dos parejas charlaban. De vez en cuando, me llegaban retazos de su singular conversación. En un momento dado, discretamente giré la cabeza para mirar a los protagonistas de tan extraño diálogo.

Al verlos comprendí la razón: mientras los cuatro estaban hablando y comiendo papas bravas, tres de ellos además ‘wasapeaban’ con ansiedad. A uno de los desconocidos, mientras leía el correo, le dio un golpe de risa y se le escapó de la boca un chorro de mayonesa con tomate y patatas trituradas. Con tan mala fortuna que fue a parar parte de la mezcla a su propio móvil y a la cara de los que tenía enfrente.

Estos se levantaron tan rápido que tiraron al suelo el plato de papas, las bebidas, el pan y algunos móviles. Al caer al terrazo, el plato saltó en mil pedazos salpicando de su contenido a todos los que estábamos a su alrededor en un radio de tres metros.

Se disculparon, fueron al baño para asearse y volvieron a la mesa. Al cabo de un rato, tornaron al móvil con papas bravas salpicadas de conversación.

La privacidad para WhatsApp ya no existe

Por Marta Miñarro Rey

WhatsApp actualiza la aplicación con el doble “check” azul, lo que indica que el mensaje que se ha enviado ha sido leído. Sin duda una noticia que se ha viralizado muy rápidamente y que ya está dando mucho que hablar.

Logotipo de la aplicación Whatsapp.

Logotipo de la aplicación Whatsapp.

Aunque parece que se está ganando más detractores que partidarios.

Cuando parecía que con la posibilidad de sacar la “última conexión” se acabaron los dolores de cabeza, por si el mensaje había sido leído o no, resulta que ahora ya nadie se puede escapar.

¿Hasta qué punto ha sido WhatsApp el causante de la ruptura de relaciones?

Parece que se está imponiendo y se le da más importancia a una conversación escrita, la cual se puede malinterpretar según el estado de ánimo, que a una conversación cara a cara.

Aunque el hecho de ver dos “checks” azules es una cosa que no debería afectarnos, ocurre todo lo contrario, ya está causando una preocupación que es inevitable para muchas personas.

Navidad, cenas, ‘smartphones’ y ‘vapeo’

Por Desirée Rodrigo

Una persona usando un smartphone. (ACN)

Persona usando ‘smartphone’. (ACN)

¿Alguien es capaz de recordar aquellas interesantes conversaciones presenciales y el olor a tabaco en los bares? Recuerdo aquellas tardes de crepúsculo acelerado cuando mi padre entraba por la puerta de la cocina oliendo a sepia rebozada y a Ducados.

Me siento octogenaria. Ahora entro a un bar y observo a la gente inmersa en su virtualidad real. Unos ligando con mujeres cuyas fotos de perfil han sido editadas por filtros y filtros en Photoshop, Instagram y tropecientos programas más, y los otros contestando mensajes. Lo peor de todo, ese “clinc, clinc, clinc” que se te clava en el cerebro y no te deja vivir. Señores, lo tradicional no está de moda. Si no tienes iPhone y además te has unido a la moda del vapeo, no eres nadie. Cómo te vean con un cigarro en la boca, sí, eres un guarro, un retrógrado, una alimaña social que no es capaz de seguir el flujo de la modernidad. Entonces me pregunto: ¿cómo serán las cenas navideñas? Entre reproducir videos, contestar whatsapps, actualizaciones de estado en Facebook, Twitter, Linkedin y a saber qué páginas más, que ni conozco ni quiero conocer…

Dios mío, señores restauradores, hagan el favor de prohibir esta locura. Que no se pierda la tradición de disfrutar de una grata compañía sin sentirte como “segundo plato”, ni tener que observar que entre mordisco y mordisco el comensal de al lado te vapea en la cara.

¿Incomunicados por el Whatsapp?

Por Agustín Arroyo

WhatsappImaginen esta escena. Varios adolescentes o jóvenes reunidos esgrimiendo cada uno un teléfono móvil. Hablan, pero lo imprescindible es que teclean como posesos mensajes apocopados e intrascendentes por Whatsapp. Nunca se ha comunicado tanto, pero, eso sí, con intermediación electrónica. Su lenguaje se hace más lacónico, más concentrado, quizás más intrascendente. Estos jóvenes, alevines del “progreso”, casi no saben quién era Gutenberg. Sus dedos cada vez están menos familiarizados con el tacto suave del papel, con la sutil urdimbre de su textura. Muchos casi han olvidado el olor agradable del papel impreso porque del móvil pasan a la tablet.
Dentro de muy poco se extinguirán también los libros de texto tradicionales, se cerrarán librerías y muchas bibliotecas languidecerán hasta su patética clausura. Para no saturar las redes se establecerá, por ley y de forma inflexible, una comunicación máxima de 140 caracteres. Los infractores serán perseguidos con saña por la policía del pensamiento. Serán proscritos discursos, conferencias, opúsculos, panfletos, periódicos y libros. Y hasta la literaria distopía de Ray Bradbury en Farenheit 451, desgraciadamente, se hará una hiriente realidad no deseada.