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Quién fue… Eamonn O’Keefe: el futbolista del que se enamoró un jeque saudí

Cromo de O’Keefe con el Everton (PANINI).

Vamos a cerrar la semana con una historia que conocí hace unos meses y que me sorprendió profundamente. Es la peripecia de Eamonn O’Keefe.

Eamonn Gerard O’Keefe nació en Manchester, Inglaterra, el 13 de octubre de 1953, en el seno de una familia de origen irlandés. Entró en las categorías inferiores del Manchester United, pero siendo un niño se fracturó una pierna y eso frenó su escalada. No obstante, se rehizo y finalmente logró convertirse en futbolista profesional tras pasar por algunos clubes menores. Debutó en el Plymouth Argyle en 1974, en la tercera categoría del fútbol inglés.

Su carrera, no obstante, estaba estancada. En 1975 se puso en contacto con él George Smith, un entrenador que lo tuvo cuando era joven. Smith estaba entrenando en el Al-Hilal de Arabia Saudí. El técnico le animó a que viajara a Oriente Medio a hacer una prueba con el equipo. Pagaban bien y podría ser una buena oportunidad para O’Keefe. El joven hizo la prueba y se quedó.

Lo alojaron en un hotel cinco estrellas, con barra libre de comida y bebida. Cuando firmó su contrato exigió un sueldo libre de impuestos, un coche, todos los vuelos a Gran Bretaña que pidiera, un colegio privado para sus hijos y una casa. El dueño del Al Hilal, el príncipe Abdulá bin Nasser bin Abdulaziz Al Saud (miembro de la familia real), aceptó la petición y se enroló en el equipo.

O’Keefe se hizo amigo del príncipe, que le invitaba a su casa y que le regaló un coche de la marca Pontiac. En sus primeras vacaciones en Inglaterra, el príncipe viajó hasta Londres y allí contactó con el jugador. Se lo llevó de compras. Luego le propuso viajar con él por Europa. En concreto por París, Cannes y Roma. A Eamonn le pareció divertido, ya que además iba a gastos pagados.

Portada del libro de O’Keefe (Eloquent Books).

Todo iba bien todo eran lujos, risas, buenas cenas… hasta que en un lujoso hotel de Cannes, estando O’Keefe y el príncipe Abdulá bin Nasser en el ascensor, éste se dirigió a él y le dijo: “Llevo tiempo queriendo contarte algo. Me estoy dando cuenta de que te amo“. “¿Cómo un hermano?”, preguntó el futbolista. Bin Nasser no dejó dudas: “No. No como un hermano”. O’Keefe lo rechazó.

Aunque Abdulá bin Nasser le dijo que la relación entre ambos volvería a ser la normal entre presidente y futbolista, en la práctica no fue así. La gira por Europa se acortó y regresaron a Arabia Saudí antes de lo previsto.

O’Keefe le contó a George Smith lo que había pasado y este no tardó en recomendarle que huyera del país. Sabía un secreto de un miembro de la familia real del país demasiado comprometedor y eso lo ponía en peligro. Su familia estaba en Reino Unido, pero tenía un problema: para salir de Arabia necesitaba la firma de Abdulá bin Nasser.

Le dijo al príncipe que tenía que volver a ver a su padre, que estaba enfermo (lo cual no era cierto). A regañadientes, Bin Nasser firmó su visa, y O’Keefe regresó a Inglaterra, aunque viajó con ropa para una semana, para que el presidente del club no sospechara nada.

Una vez en Gran Bretaña, O’Keefe inició los trámites para volver a jugar, pero necesitaba que el Al Hilal le liberara de su contrato. Contactaron con el país árabe, pero exigían una cantidad de dinero desorbitada. Gracias a la mediación de Jimmy Hill, que trabajaba para la Federación Saudí, se llegó a un acuerdo y O’Keefe quedó liberado.

Se había quedado arruinado, pero por suerte firmó un contrato con el Everton en 1979 y reanudó su carrera futbolística. En 1981 debutó con la selección de Irlanda, a la que llegó por ser el país de su padre, y jugó en equipos como el Wigan, el Port Vale o el Blackpool. Se retiró en 1991 en el Bangor City galés.

En la actualidad, O’Keefe tiene 65 años y vive cerca de su Manchester natal. Hace unos años escribió, animado por su mujer, su autobiografía, titulada Yo solo quería jugar al fútbol. De Abdulá bin Nasser se sabe poca cosa. Se cree que murió en 2007 y que tuvo tres esposas y siete hijos.

En este enlace podéis ver una foto del futbolista inglés y el príncipe. Creo que la mirada de éste es suficientemente gráfica.

Os dejo un vídeo en el que O’Keefe marca un hat-trick.

Permitidme que os recomienda también el reportaje de la BBC donde conocí la historia de O’Keefe.

Hasta el jueves.

Quién fue… Leigh Roose: el portero ‘playboy’ que desapareció en la guerra

Roose, en 1904 (WIKIPEDIA).

Vamos a cerrar la semana con una historia de principios del siglo XX, la de un portero que era muy famoso en su época y no sólo por su desempeño en los terrenos de juego: Leigh Roose.

El 27 de noviembre de 1877 nacía en Holt, Gales, Leigh Richmond Roose. Empezó a jugar al fútbol en 1895 en el Aberystwyth Town, donde jugó cinco temporadas y ganó una Copa de Gales. En 1900, coincidiendo con el año en el que alcanzó la internacionalidad con Gales, fichó por el Stoke City, donde se convirtió en uno de los mejores porteros del momento.

Roose, que jugó 24 veces con Gales (y siempre ante selecciones británicas), tuvo experiencias en el Everton, en el Sunderland, en el Celtic o en el Aston Villa, entre otros equipos. Con una estatura de 185 cm, Roose destacaba en una época en la que los porteros tenían mucho contacto físico con los delanteros rivales. Fue uno de los pioneros en salir del área, entre otras cosas porque en su época, el guardameta podía tocar la pelota con las manos en toda la mitad de su campo. En 1912 la regla cambió y el portero sólo la podía tocar con la mano dentro del área. Se dice que la norma se impuso precisamente por Roose. Especialista en parar penaltis, era además un showman: cuando su equipo atacaba, solía hacer ejercicio en el larguero.

Además, Roose era todo un playboy. Compraba sus trajes en la prestigiosa calle Savile Row y mantuvo relaciones sentimentales con muchas mujeres, siendo la más sonada la que le unió a la estrella del music hall Marie Lloyd.

En 1914, pese a contar con 36 años, decidió alistarse en el ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial. En el frente occidental destacó y llegó a ser condecorado. Se decía que aprovechaba su experiencia como portero para lanzar con mucha precisión granadas al enemigo. No obstante, en octubre de 1916, en la batalla del Somme, Roose murió en combate. Su cuerpo nunca fue hallado y hay varias versiones sobre los detalles de su muerte, aunque ninguna definitiva.

Espero que os haya gustado el artículo.

Os dejo un vídeo de un Gales-Irlanda de 1906:

Hasta el próximo jueves.