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El cometa Siding Spring se acerca a Marte tras un viaje de un millón de años

Por F. Javier Martín-Torres y Juan Francisco Buenestado*

Cualquier cazador de cometas estaría encantado de encontrarse sobre la superficie de Marte este 19 de octubre. Ese día el cometa Siding Spring, también conocido como C/2013 A1, se cruzará con la órbita marciana después de haber estado alrededor de un millón de años recorriendo el espacio desde la nube de Oort, su más probable lugar de procedencia. En el momento de máximo acercamiento pasará a una distancia de sólo 132.000 km del planeta, aproximadamente un tercio de la que separa a la Tierra de la Luna. ¿Os imagináis la expectación y la alarma que se generaría si un cometa pasara entre nosotros y nuestro satélite?

Siding Spring fue localizado por Robert H. McNaught desde el observatorio de Nueva Gales del Sur que le da nombre. El hallazgo tuvo lugar el 3 de febrero de 2013 y desde entonces ha sido observado entre otros por el telescopio espacial Hubble. El propósito de estas observaciones es determinar con la mayor precisión posible, teniendo en cuenta que el comportamiento de los cometas es en cierta medida impredecible, su trayectoria y características. Así se ha calculado, además de la fecha exacta de paso, que su núcleo mide apenas unos 700 metros, y que su coma (la cola de gas y partículas que el viento solar arranca del núcleo según se acerca al Sol) tiene una anchura de 19.300 km.

Por supuesto nadie podrá estar contemplando el acontecimiento desde Marte, pero habrá toda una flota de orbitadores que podrán recabar abundantes datos y obtener espectaculares imágenes del cometa. A los tres que ya están en servicio (Mars Odissey, Mars Reconnaisance Orbiter y Mars Express), se sumaron el pasado septiembre el Mars Atmosphere and Volatile Evolution (MAVEN) y el Mars Orbiter Mission, de la agencia espacial de la India. Precisamente son estos satélites los que más preocupación suscitan en relación con el acontecimiento, porque, debido al tamaño del coma, se verán inmersos en las partículas de polvo cometario y esto podría dañarlos. En las cuatro horas que aproximadamente durará el tránsito a través del coma, se prevé que habrá media hora de especial intensidad. En ese momento crítico sería recomendable disponer todos los orbitadores al socaire de la ‘tormenta’ en la cara de Marte opuesta a la de incidencia, para evitar el peligro de que sus instrumentos resulten dañados o inhabilitados.

trayectoria

Recreación de la trayectoria del cometa Siding Spring tal y como será captada por el rover Curiosity en los próximos días / NASA

El rover Curiosity de la NASA no corre peligro al abrigo de la tenue atmósfera marciana, en la que las partículas del coma se quemarán produciendo algo parecido a una impresionante lluvia de meteoritos que el robot podrá captar con sus cámaras como testigo excepcional desde la superficie de Marte (ver figura de arriba). Parte del equipo científico del Curiosity, entre ellos miembros del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-UGR), lleva meses preparando una campaña de observación del Siding Spring en la que participarán los instrumentos ChemCam, MastCam y la estación meteorológica española REMS. Si esta campaña de observación es exitosa, servirá para estudiar la composición del cometa y su impacto en la atmósfera de Marte, si lo hubiera.

 

*F. Javier Martín-Torres y Juan Francisco Buenestado son investigadores en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-UGR).

Agujeros negros o estrellas salvajes, ¿de dónde vienen las misteriosas ondas de Arecibo?

Por Mar Gulis

El 2 de noviembre de 2012 el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), el más grande del planeta, detectó por primera vez unas intensas ráfagas de ondas de radio que duraron una fracción de segundo y no volvieron a repetirse. La noticia, que fue difundida el pasado jueves, ha dejado muchas preguntas en el aire.

¿Qué son estas ráfagas? ¿Cuál es su origen? ¿Por qué una parte de la comunidad científica trata de explicar este fenómeno? Hemos preguntado a investigadores del CSIC para que nos den algunas pistas.

Estas ráfagas rápidas de radio (Fast Radio Burst, por sus siglas en inglés) fueron detectadas por primera vez en 2007 por el observatorio de Parkes, en Australia. Después solo se registraron en otras seis ocasiones en ese mismo lugar, generando un intenso debate sobre cuál sería su procedencia. ¿Tenían un origen cósmico o se trataba de un fenómeno terrestre, relacionado con el entorno de Parkes o incluso debido a fallos del telescopio? “El hecho de que solo se detectasen en ese punto del planeta parecía apuntar a la segunda opción, es decir, que el propio observatorio las crease de forma artificial por error o que fuesen emitidas por alguna antena o radar próximos”, explica Emilio García, del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

El Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, fue construido en 1960.

El Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, fue construido en 1960. / Wikipedia

Pero lo sucedido en 2012 en Arecibo cuestiona la teoría del origen terrestre y hace cobrar fuerza a la idea de que estamos ante un evento astronómico real, y no generado artificialmente por el observatorio o por emisiones de la Tierra.

De ser así, tendría todo el sentido preguntarse qué son esas ráfagas y de dónde proceden. El observatorio de Arecibo recoge habitualmente este tipo de ondas para su posterior análisis. Sin embargo, a diferencia de las explosiones de radio emitidas por algunos púlsares -estrellas de neutrones con una masa tres veces superior a la del Sol-, la ráfaga captada en 2012 no volvió a ocurrir. Se encendió brevemente y luego desapareció. “Los púlsares se comportan como un faro y son repetitivos, así que esta opción quedaría descartada”, señala Antxón Alberdi, astrofísico del mismo instituto.

Por ahora, solo pueden plantearse hipótesis porque, como señala este investigador, “el problema es que no se conoce la posición precisa de donde vienen las señales y además no se descubrieron inmediatamente sino tiempo después”. Alberdi cita al científico Scott Ramson, del National Radio Astronomy Observatory (NRAO), que afirma que el reto es “detectarlas en tiempo real. Así podría identificarse la galaxia que albergaría el punto del que ha salido la señal”.

Ahora bien, con los datos existentes Alberdi explica que “por la corta duración y su gran intensidad”, el origen de las ráfagas “tiene que ser un objeto muy compacto y en rotación”. Las opciones son varias. “Podrían proceder de dos estrellas de neutrones que hubiesen colisionado dando lugar a las ráfagas. O bien de un agujero negro que se hubiese comido una estrella o una nube de gas expulsando una especie de fogonazo”. Y una última opción: “Estrellas de neutrones muy magnetizadas que producen erupciones brutales y que no necesariamente se repiten”.

El también astrofísico José A. Caballero, del Centro de Astrobiología, piensa que “no hay nada ‘del otro mundo’: solo que una estrella de neutrones muy magnetizada o un agujero negro de otra galaxia ha eructado (le habrá sentado mal tragarse tanto gas de golpe). O que dos estrellas de neutrones estaban bailando salvajemente y han formado una melé. Como no hay muchas estrellas de neutrones y agujeros negros ‘heavys’ como estos (la mayoría de ellos son muy educados y se portan como en un concierto de música clásica), no les hemos oído alborotar muchas veces”.

Para explicar el fenómeno, tanto Alberdi como García recurren a otro análogo que sí es habitual en astrofísica: las explosiones de rayos gamma. “Son también episodios esporádicos y rápidos, pero mucho más energéticos, que han sido detectados por satélites que orbitan alrededor de la Tierra desde los años 70”, señala García. “Esto podría ser algo similar pero en radio, que es una frecuencia mucho menos energética”.

Los rayos gamma se asocian a la explosión de una estrella muy masiva, que llega al fin de sus días y, al colapsar, “vomita una radiación muy colimada, como un rayo, en una energía muy alta”, explica García. Ese material, al interaccionar con el medio interestelar a grandísima velocidad, produce el estallido de rayos gamma, pero este se ve durante más tiempo y no solo unas fracciones de segundo. “Por eso lo registrado por Arecibo no se trata de rayos gamma”, añade Alberdi.

¿Y cómo de largo ha sido el viaje realizado por esas ondas? El científico Duncan Lorimer, que investigó la primera ráfaga detectada en Australia, está convencido de que su origen es extra galáctico, de más allá de la Vía Láctea. “Estaríamos hablando de distancias cosmológicas, que superan los millones de años luz, de cuando el universo era muy joven”, añade García. Si se confirman todas estas hipótesis se trataría efectivamente de un fenómeno astronómico nuevo y habría que estudiar a qué principios físicos está asociado.

 

A vueltas con la vida extraterrestre

Noticias como la de Arecibo dan pie a especulaciones sobre la posibilidad de que las señales hubiesen sido emitidas por algún tipo de vida procedente de otros planetas. Hasta el momento, el Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) no ha captado ningún mensaje atribuible a moradores de otras galaxias. Solo la conocida como señal Wow!, una captación de radio de 70 segundos realizada por el radiotelescopio Big Ear (perteneciente a SETI) en 1977, generó dudas en este sentido y aún se estudia su origen.

Las ondas detectadas en Arecibo suscitan este tipo de conjeturas porque “si existiese otra civilización en el cosmos y se quisiera poner en contacto con nosotros, probablemente utilizaría frecuencias de radio, ya que son capaces de recorrer más distancia que otras sin llegar a extinguirse”, afirman los dos científicos del CSIC.

“Quien quiera pensar que lo sucedido en Arecibo indica la existencia de vida en otros planetas, que lo piense, pero lo más seguro es que se trate de un evento natural, puntual, que ocurre en un momento determinado y no vuelve a suceder nunca más o bien sucede otra vez dentro de millones de años”, remata García.