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Entradas etiquetadas como ‘inteligencia artificial’

¿Puede un robot pintar un Rembrandt?

Por Mar Gulis (CSIC)

“¿Sería posible revivir a Rembrandt?”. A partir de esta provocadora pregunta, Ramón López de Mántaras, investigador del CSIC, explica uno de los éxitos de la inteligencia artificial aplicada al arte: la creación de un cuadro que, según los expertos consultados, podría pasar por un auténtico Rembrandt. Científicos, ingenieros e historiadores del arte trabajaron durante más de un año para ‘enseñar’ a una computadora a ser ‘el próximo Rembrandt’. The Next Rembrandt, como se denomina este proyecto, ha sido impulsado por varias multinacionales, la Universidad Técnica de Delft y los museos Mauritshuis y Rembrandthuis. ¿El resultado? Este cuadro, una obra que imita a la perfección los trazos y el estilo del gran pintor holandés.

El software ‘pintó’ la obra tras analizar 326 obras del famoso pintor holandés / The Next Rembrandt

Para ello, “el software analiza detalladamente el trazo de las pinturas originales, las proporciones y distancias que se observan en los retratos de Rembrandt y otras muchas variables que se repiten en las obras del pintor: rostros masculinos, con bigote o barba, con sombrero, con la cabeza generalmente ladeada y mirando a la derecha… Después, con una impresora 3D, esta inteligencia artificial ‘pinta’ un Rembrandt”, comentó Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, durante una charla del ciclo Inteligencia artificial y robótica en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Previamente, los desarrolladores identificaron y clasificaron los patrones más comunes de la obra del pintor, desde su composición hasta las dimensiones de los rasgos faciales de los personajes retratados. Así, la obra resultante se basa en el análisis pormenorizado de miles y miles de fragmentos pictóricos de los 346 cuadros conocidos del autor. El procesamiento estadístico de todos los datos hace que el software ‘fabrique’ un cuadro que integra las variables que más se repiten; en este caso, la pintura resultante debía ser un retrato de un hombre caucásico, de entre 30 y 40 años, con vello facial, ropa oscura, cuello blanco, sombrero y la cara girada hacia la derecha, como muchas de las obras del maestro del barroco.

A lo largo del proceso, la computadora combina un algoritmo de reconocimiento facial con un software de aprendizaje profundo. Después, ‘aprende’ a pintar una nariz, unos ojos o una boca como lo haría Rembrandt. Como resultado, pinta un nuevo cuadro, no una réplica de uno existente.

El proyecto refleja hasta qué punto está perfeccionándose la capacidad de los ordenadores para realizar tareas específicas mejor que las personas. Este no es el único ejemplo: jugar al ajedrez, buscar soluciones a fórmulas lógicas o realizar diagnósticos más rápido que los médicos son actividades que algunas máquinas resuelven con más pericia que los humanos. Ahora bien, ¿es posible construir máquinas con una inteligencia similar a la humana? Esta es una de las preguntas que planteaba Mántaras, también coautor del libro Inteligencia artificial (CSIC-Catarata). En su opinión, “los intentos de crear este tipo de inteligencia artificial se enfrentan a la dificultad de dotar a las máquinas de sentido común”. Este conocimiento es fruto de nuestras vivencias y experiencias, que a su vez son el resultado de una interacción constante con el entorno, algo que no pueden adquirir las computadoras.

“Ese es el gran desafío. No nos acercamos a la inteligencia artificial general porque desarrollamos inteligencias muy específicas. Hay que integrar todo eso”, añadió. Como señala en su libro, “necesitamos nuevos algoritmos que puedan responder a preguntas sobre prácticamente cualquier tema. Y además, estos sistemas deberán ser capaces de aprender nuevos conocimientos a lo largo de toda su existencia”. Eso sí, mientras se avanza hacia esa inteligencia profunda, ya podemos admirar obras maestras realizadas por computadoras; aunque quizá nos hallemos también ante una nueva pérdida del aura de la obra de arte, tal y como advirtió Walter Benjamin.

 

¿Podrán los robots tener inteligencia emocional?

armada57Por Elena G. Armada (CSIC)*

Tras analizar los tests realizados a 10.000 personas, el Instituto Carnegie de Tecnología de EEUU llegó a la siguiente conclusión: el 15% del éxito profesional se debe a la inteligencia académica y el 85% a la inteligencia emocional. Esta última implicaría cuestiones tan dispares como la conducta, la observación, la imaginación creadora, la intuición, la habilidad organizativa, la adaptabilidad o la expresión. En definitiva, todo lo relacionado con la personalidad y la capacidad para tratar con otras personas.

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La inteligencia emocional se hallaría localizada en el hemisferio derecho del cerebro.

Cuando hablamos de inteligencia conviene aclarar a qué nos estamos refiriendo. El Coeficiente de Inteligencia Intelectual (CI) se utiliza desde principios del siglo XX para clasificar la inteligencia de las personas a partir de un test escrito. Concretamente una serie de preguntas sirven para calificar los conocimientos matemáticos, lingüísticos y de razonamiento de quien es examinado.

Sin embargo, ya en los años 80 el psicólogo de la Universidad de Harvard Howard Gardner refutó este concepto de CI a través de su libro Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. A lo largo de sus páginas el autor defiende la existencia de otros tipos de inteligencia, refiriéndose a las siguientes variedades:

  1. Inteligencia verbal, asociada al lenguaje y a la inteligencia académica.
  2. Inteligencia lógico-matemática, asociada con la inteligencia académica en el razonamiento matemático.
  3. Inteligencia espacial, asociada con el arte.
  4. Inteligencia kinestésica, asociada al baile y al deporte.
  5. Inteligencia musical, vinculada a la música.
  6. Inteligencia personal, que caracterizaría a los líderes.
  7. Inteligencia intrapsíquica, que es lo que conocemos como intuición.

Mientras que las dos primeras corresponden a lo que el CI puede medir, las cinco restantes quedarían fuera de este índice y se corresponderían con lo que denominamos inteligencia emocional.

Según el planteamiento del Carnegie, la inteligencia emocional se encuentra localizada en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la académica se halla en el lado izquierdo. Esta parte es analista, calculadora, detallista, lógico-racional, secuencial y objetiva. Al actuar secuencialmente, procesa la información de una en una. Su velocidad de procesamiento es de 40 bits por segundo.

En cambio, el hemisferio derecho procesa la información de forma global; no analiza sino que sintetiza, capta el todo y llega a las partes. Es sentimental, soñador, holístico, subjetivo. Y trabaja de forma simultánea, es decir, procesa la información a un mismo tiempo, a una velocidad de entre 1 y 10 millones de bits por segundo, siendo mucho más rápido que el izquierdo.

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Los robots pueden realizar cálculos más rápido que los humanos, pero carecen de intuición. / Wikipedia

Esto tiene importantes implicaciones para el desarrollo de la inteligencia artificial. La capacidad de cómputo de los procesadores es mucho más rápida que la de un ser humano. Un robot puede analizar todas las combinaciones de acciones posibles en milésimas de segundo. A partir de ahí, puede escoger una y tomar una decisión en base a un criterio matemático (por ejemplo, la trayectoria más rápida o el movimiento que menos energía consume). Esto es posible porque, gracias a la investigación y la tecnología, los humanos hemos replicado nuestro hemisferio izquierdo -el racional, el académico- en máquinas y procesadores de todo tipo.

Pero para que un robot pueda tomar decisiones humanas y aprender como lo hace un niño, tendrá que llegar el día en el que entendamos cómo funciona nuestro hemisferio derecho y, más aún, aprendamos a modelarlo matemáticamente.

La inteligencia artificial aplicada a la robótica ha permitido resolver muchos problemas computacionales de toma de decisión, todos ellos basados en teoría de probabilidades. Sin embargo, aún no se ha conseguido emular el comportamiento del cerebro. Quizá porque pretendemos programar la inteligencia cuando todavía no sabemos con certeza qué es y de dónde proviene.

 

*Elena G. Armada es investigadora en el Centro de Automática y Robótica (UPM-CSIC). Este post es un extracto de su libro Robots. Al servicio del ser humano (CSIC-Catarata).