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Nuevas citas para reparar objetos este fin de semana en Madrid

Los días 27 y 28 (viernes y sábado) se realizarán dos Repair Café (talleres gratuitos de reparación de objetos), con el objetivo de hacer uno permanente en el barrio de Malasaña, de la misma manera que se viene organizando el Repair Cafe mensual permanente en las instalaciones del Medialab Prado.

Los Repair Café son espacios donde además de tomar un café tranquilamente puedes reparar objetos del tipo que sean para poder volver a reutilizarlos, favoreciendo así el reciclaje y la reutilización y apostando por un modo de vida más ecológico y sostenible y contra la obsolescencia programada.

La reparación es en cualquier caso gratuita o pagada en horas si tanto el solicitante como el reparador son miembros del mismo banco de tiempo, ya que es una actividad dirigida sobre todo a los bancos de tiempo de la Comunidad de Madrid -actualmente más de 35- pero también para público en general.

Repair Café Madrid es una iniciativa de la Asociación para el desarrollo de los Bancos de Tiempo en el marco de su laboratorio de innovación TIMELAB que se realiza en MediaLab Prado.

Por otro lado, el jueves 26 de abril y aprovechando la semana de las fiestas del 2 de Mayo en Madrid, se llevará a cabo la presentación del banco de tiempo A 2 Manosnacido en el año 2011 a partir del 15M madrileño, para las vecinas y vecinos del barrio de Malasaña. Este banco de tiempo y el Intercambiador de Tiempo de Pozas, que se encuentra también en Malasaña, han decidido unirse para hacer actividades conjuntas y aprovechar sus instalaciones para futuros talleres de reparaciones de objetos.

En el día del consumidor, ‘guerrilla’ contra la obsolescencia programada

Con motivo del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, que se celebra hoy, 15 de marzo, la organización Amigos de la Tierra quiere intensificar la lucha contra la obsolescencia programada y pretende dar visibilidad a todas las personas que dan una segunda o tercera oportunidad a las cosas, reparándolas, rediseñándolas o reutilizándolas, al mismo tiempo que evitan agotar los recursos naturales y generar más basura.

Este año, han hecho un llamamiento a los consumidores respetuosos para que les ayuden a convertir la “alargascencia” de los productos en una tendencia, participando en la foto-acción #SeMerecenun10. Piden que se suba una fotografía a Facebook, Twitter o Instagram con el hastag #SeMereceUn10. Fotos con el cartel, con un producto que se haya reparado, un negocio de segunda mano…  cualquier idea que simbolice la lucha contra la obsolescencia programada. También se puede enviar la foto a sensibilizacion@tierra.org y la publicarán en sus redes.

Esta es una nueva acción que la organización ecologista lleva a cabo contra el despilfarro y que se une a las ya creadas Red Alargascencia y la campaña de firmas para pedir al Ministerio de Hacienda la reducción del IVA del 21% al 10% en los servicios de reparación, venta de segunda mano y alquiler, para contrarrestar la obsolescencia programada, a través de la petición de firmas #SeMerecenUn10.

Al reducir la carga impositiva sobre estos servicios, y por tanto su precio, se fomentará la práctica de la reparación y la reutilización frente a la compra de productos nuevos y se incentivará a los fabricantes para que sus productos sean reparables y duraderos, señala Amigos de la Tierra.

La red Alargascencia pone a disposición del público un directorio de establecimientos de reparación, segunda mano o alquiler en varias provincias españolas. Es una herramienta para encontrar soluciones frente a la obsolescencia programada y percibida, y alargar así la vida útil de los productos y alcanzar no solo un ahorro económico, sino también ambiental.

Con esta acción del Día del Consumidor, pretenden llenar la red de personas y establecimientos que luchan contra el despilfarro y que le dan una nueva oportunidad a las cosas.

 

El Parlamento Europeo pide a los fabricantes más piezas de recambio de sus productos

El Parlamento Europeo ha instado a la Comisión Europea a que proponga medidas para exigir a los fabricantes que garanticen la disponibilidad de piezas de recambio de sus productos. El objetivo es luchar contra la obsolescencia programada: La programación del fin de la vida útil de un producto, de forma que tras un periodo de tiempo calculado por el fabricante este se torne obsoleto, no funcional e inútil.

El llamamiento de los eurodiputados es una recomendación sobre el alargamiento de la vida útil de los productos, aprobada por unanimidad por la comisión de Medio Ambiente de esta institución. En ella se recoge, además, la necesidad de adoptar disposiciones legales para garantizar que los consumidores conozcan el periodo de disponibilidad de las piezas de recambio esenciales para la utilización del producto.

La iniciativa complementa las acciones  que está llevando a cabo la UE para transitar hacia una economía circular, donde nada se desperdicie, y aunque no es una iniciativa  legislativa, pretende que la Comisión proponga medidas al respecto.

Los eurodiputados también votaron a favor de incluir un llamamiento dirigido tanto al ejecutivo de la UE como a los Estados miembros, para que tomen medidas contra la obsolescencia programada.

En concreto, se pide a la Comisión a que examine los informes sobre el diseño deliberado de los teléfonos inteligentes para tener una duración de vida muy limitada y que proponga medidas al respecto. También,  que proponga que los fabricantes asuman los costes del reciclado en caso de que sus bienes tengan una vida útil prevista inferior a cinco años; y en este sentido, pide a los Estados miembros que impongan sanciones a la puesta en el mercado de productos de corta duración por mala calidad, o no “reparabilidad” y al uso de prácticas de obsolescencia programada.

Otras medidas aprobadas se refieren a la obligación para los fabricantes de diseñar productos de forma que sea posible la sustitución de las pilas, a hacer un mejor uso de la etiqueta ecológica de la UE para prolongar la vida útil de los productos y a que la vida útil prevista del producto debe indicarse en la etiqueta ecológica de la Unión Europea.

Las medidas de las instituciones en favor de una economía circular se suman a la multitud de iniciativas que están surgiendo en las ciudades y que ponen en marcha organizaciones sociales. Una de esas acciones es la de Amigos de la Tierra: La elaboración de un mapa con los establecimientos que arreglan las cosas.

Freno al fabricar, vender, tirar

El proceso de fabricar, vender y tirar todo lo que adquirimos ha resultado ser insostenible y perjudicial para el medio ambiente y un desperdicio de los recursos naturales. Por este motivo, la Comisión Europea trabaja hacia el cambio hacia una economía circular.

La economía circular es un concepto económico que tiene que ver con la sostenibilidad, y cuyo objetivo es que el valor de los productos, los materiales y los recursos (agua, energía,…) se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y que se reduzca la generación de residuos. Es una economía no lineal, basada en el principio de cerrar el ciclo de vida de los productos, los servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía.

El proyecto de la Unión Europea, conocido como Industria 2020 en la economía circular, subvencionará con más de 650 millones de euros los nuevos proyectos que se basen en opciones ecológicas y sostenibles a favor del cambio económico. También servirá de guía a los nuevos proyectos que quieran enfocarse al modelo sostenible y renovable.

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Desde diciembre pasado, la Comisión ha estado fomentando un importante paquete de acciones dirigidas a impulsar la transición de Europa hacia una economía circular y desde entonces ha ido aprobando iniciativas en este sentido.

El plan de acción sobre la economía circular establece una serie de medidas para cerrar el círculo y abordar todas las fases del ciclo de vida de un producto: desde la producción y el consumo a la gestión de los residuos y el mercado de materias primas secundarias.

Por ejemplo, el diseño ecológico, la reutilización y medidas similares podrían aportar a las empresas de la UE un ahorro neto de 600.000 millones de euros, o el 8 % del volumen de negocios anual, reduciendo al mismo tiempo las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en un 2-4 %.

En los sectores de la reutilización, la refabricación y la reparación, por ejemplo, el coste de la “remanufactura” de teléfonos móviles podría reducirse a la mitad si fueran más fáciles de desmontar. Si se recogiera el 95 % de los teléfonos móviles, podrían obtenerse ahorros en los costes del material de fabricación superiores a los mil millones de euros.

En este año, 2016, el plan de la UE contempla fomentar la reparación de los productos y combatir la  obsolescencia programada (estrategia comercial que consiste en la planificación del fin de la vida útil de un producto o servicio).

En cuanto a la gestión de residuos, la meta está fijada en 2030, para ese año, se prevé el reciclado del 65% de los residuos municipales, del 75% de los residuos de embalajes y reducir los depósitos en vertederos a un máximo del 10 % de todos los residuos.

Europa pierde actualmente cada año unos 600 millones de toneladas de materiales contenidos en los residuos, que podrían ser reciclados o reutilizados. Solo se recicla alrededor del 40 % de los residuos producidos por los hogares de la UE.

Hecho para tirar

“Todos hemos sufrido la experiencia, unos con la lavadora, otros con el televisor o el ordenador, de tener aparatos y equipos que se averían tras el fallo de un elemento. Por lo tanto, todos, en un momento u otro, nos hemos enfrentado, aunque a veces sin saberlo, al fenómeno de la obsolescencia programada. Y si bien esta práctica ya es desagradable y costosa para el consumidor, resulta un desastre para el ecosistema”.

Sin embargo, para el gran público, aunque esta experiencia resulta familiar, la palabra obsolescencia, y su verdadero sentido, sigue siendo desconocida. ¿De qué se trata exactamente? ¿Cuál es su origen, su historia y su importancia? ¿Cuáles son sus límites y sus consecuencias? ¿Qué soluciones podemos proponer para ponerle remedio?

El libro Hecho para tirar. La irracionalidad de la obsolescencia programada, de Serge Latouche, que publicó hace dos años la editorial Octaedro, pretende dar respuesta a todas estas cuestiones y explicar qué es la obsolescencia programada.

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El autor combate y denuncia, por tanto critica y analiza –según la reseña de la revista Etcétera-,  la sociedad de consumo y de crecimiento ilimitado de mercancías y beneficios que nos arrastra irremisiblemente al colapso.

Latouche, desarrolla la historia de la obsolescencia programada, como opción creada específicamente por el capital por y para sus intereses económicos. Indaga en sus orígenes, a partir de finales del siglo XIX y durante el XX hasta la actualidad. Y lo ilustra con ejemplos, como los esfuerzos empresariales para acortar el funcionamiento de las bombillas y que no duren más de 1.500 horas; o que las irrompibles medias de nylon se hagan continuas carreras; pasando por la industria del automóvil y como una caja de cambios no debe durar mucho más de 250.000 Km.

Pero también en la industria alimentaria, donde los productos adulterados tienen fecha de caducidad y, más veces de las que suponemos, toneladas de productos alimenticios son destruidos masivamente para subir los precios y continuar con la también ilimitada carestía de la vida.

La obsolescencia programada responde a unos determinados intereses del capital, es el resultado de investigaciones y trabajos específicos que determinan y garantizan con máxima eficacia que la mercancía producida mediante el trabajo humano sea hecha para tirar en un tiempo relativamente  corto, dice el autor.

“Preguntarse por los límites de la obsolescencia programada es lo mismo que preguntarse por los límites del sistema capitalista. Quien crea que un crecimiento infinito es compatible con un planeta finito está loco o es un economista”, señala  Serge Latouche.

‘Cafés de Reparación’ para evitar tirar objetos rotos

¿Qué hacer con una silla cuando la pata se ha roto, con una tostadora que ya no funciona o con un jersey de lana que han agujereado las polillas? ¿Tirarlos? ¡NO!

Todo se puede arreglar, se puede reparar en los llamados Cafés de Reparación (Repair Café),  lugares de reunión, en los que decenas de voluntarios se afanan en reparar cosas juntos para que no acaben en la basura y tengan una segunda oportunidad, saltándose así  uno de los principales principios del consumismo feroz: la obsolescencia programada.

En estos cafés encuentras las herramientas y materiales para hacer las reparaciones, y abarcan todo tipo de cosas: ropa, muebles, electrodomésticos, bicicletas, menaje, juguetes, etcétera, y también a los especialistas, tales como electricistas, costureras, carpinteros, mecánicos de bicicletas…

Los visitantes traen sus artículos rotos de casa y junto con los especialistas empiezan a hacer sus reparaciones en el local. Es un proceso de aprendizaje continuo. Se puede ser visitante, que lleva un objeto roto, o se puede ser voluntario, para arreglar o  echar una mano a  otra persona.

Café Repair

Café Repair

Además, en estos espacios se enseña a la gente a ver sus cosas de otra manera y a apreciar su valor, señalan sus promotores. “Ayuda a cambiar la mentalidad de las personas. Esto es esencial para activar el entusiasmo de la gente por tener una sociedad sostenible”.

El Repair Café es una iniciativa de la periodista holandesa Martine Postma, que desde 2007 lucha por la sostenibilidad en el ámbito local de muchas maneras. Martine organizó el primer Café de Reparación en Ámsterdam, el 18 de octubre de 2009. Y fue un gran éxito. Esto le llevó a crear la fundación Repair Café en 2010 y desde 2011,  ha proporcionado apoyo profesional a los grupos locales en los Países Bajos y a los de aquellos países que deseen iniciar su propio Café de Reparación.

Hoy existen cerca de 750 Repair Cafés en 18 países del mundo, con un objetivo común: que se tire el menor número de objetos estropeados a la basura.

La organización estima que cada mes los Repair Cafés de todo el mundo evitan que 13.500 objetos se conviertan en residuos.

Estos locales son muy habituales en el norte de Europa y comienzan a tener un fuerte tirón en América Latina.

A España aún no ha llegado este modelo de laboratorio participativo, aunque sí existen experiencias similares que se llevan a cabo en centros autogestionados o en algunos ayuntamientos, por ejemplo, a través de los bancos del tiempo.