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El curioso e histórico origen de llamar alcoba a los dormitorios

El curioso e histórico origen de llamar alcoba a los dormitorios

Si buscamos en cualquier diccionario los diferentes sinónimos para referirnos a un dormitorio podremos encontrarnos que nos ofrece los siguientes resultados: habitación, cuarto, estancia, aposento, cámara, recámara, pieza, cuchitril y alcoba. Y es precisamente ese último del que explicaré, en esta ocasión, su curioso e histórico origen etimológico.

Como muchas de las palabras que empiezan con al- (equivalente al artículo el o la en español), la palabra alcoba es de origen árabe [al-qubbah]. La segunda parte de la palabra -coba [qubbah] significa cúpula, por lo que en su origen, el término al-qubbah significaba literalmente «la cúpula».

En tiempos de la presencia musulmana en España muchas eran las construcciones que éstos hacían en el que una de las estancias tenía una cúpula. Ese lugar solía ser el destinado para los objetos más valiosos y sagrados.

Eran habitáculos espaciosos, con buena ventilación y fácil acceso, por lo que tras la reconquista y expulsión de los árabes por parte de los Reyes Católicos se tomaron esas edificaciones y sus nuevos inquilinos empezaron a utilizar esas estancias con cúpula (alcobas) como dormitorio principal, de ahí que haya llegado hasta nuestros días con tal significado y sigamos utilizando el término.

 

 

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El falso mito sobre el peligro de dormir en una habitación con plantas

El falso mito sobre el peligro de dormir en una habitación con plantas

Este es uno de los mitos más comunes y más repetidos hasta la saciedad por nuestras madres y abuelas que insistían en que no se podían tener plantas en los dormitorios debido a que éstas, durante la oscuridad de la noche, absorben oxígeno y liberan dióxido de carbono. Incluso muchos son los hospitales en los que cuando llega la hora de dormir las enfermeras o familiares del paciente retiran las flores o plantas y las dejan en los pasillos.

En realidad la persona que tiene en su dormitorio alguna planta (o incluso varias) no corre peligro alguno de morir por falta de oxígeno. El consumo que hacen las plantas de este elemento, tan necesario para nosotros para poder vivir, es mínimo en comparación al que tiene cualquier ser humano e incluso animal. Lo curioso del asunto es que, quienes defienden la teoría de que hemos de retirar las plantas, en ningún momento se plantean si corremos peligro o no por compartir el dormitorio con otras personas.

De correr algún peligro por quedarnos sin oxígeno todos dormiríamos en habitaciones individuales. Si os ponéis a pensar, podréis recordar un buen puñado de ocasiones en las que habéis compartido y dormido en un mismo cuarto con otras personas (en unas colonias junto a docenas de niños y niñas, en la mili, en un albergue, con vuestros hermanos o primos…) o incluso con algún animal de compañía.

Otro de los motivos por el que es prácticamente imposible quedarse sin oxígeno por la noche al dormir junto a plantas es porque los dormitorios no son unas estancias que quedan cerradas herméticamente. Aunque se cierren las ventanas y puerta siempre hay alguna rendija por la que, por poco que sea, entra oxígeno a la habitación.

 

Lee y descubre más historias como esta en el apartado ‘Destripando Mitos’

 

Fuente de la imagen: pixabay

¿Cuál es el origen y significado de la expresión ‘darle un cuarto al pregonero’?

¿Cuál es el origen y significado de la expresión ‘darle un cuarto al pregonero’?A raíz de la entrada que publiqué el pasado día 7 de enero sobre ¿Cuál es el origen de la expresión ‘de tres al cuarto’?, Esperanza Navas me envía un correo electrónico en el que me consulta sobre el significado y origen del la expresión ‘darle un cuarto al pregonero’ y si esta tiene algo que ver con la moneda de un cuarto que se menciona en el post.

Efectivamente, la moneda a la que se refiere el dicho ‘darle un cuarto al pregonero’ es la misma que menciono en el post sobre ‘de tres al cuarto’, aunque el significado de ambas frases nada tiene que ver la una con la otra.

De todos es conocido el oficio de pregonero, un empleado público que se encargaba de difundir de viva voz las noticias importantes (bandos municipales, leyes, dictámenes reales… ) que afectaban a los ciudadanos.

Era común que éstos también realizasen, por encargo de particulares que se lo solicitaban, la divulgación de cualquier tipo de noticias (bodas, bautizos, fallecimientos, ventas de terrenos…), tras percibir por ese trabajo una remuneración que solía ser de una moneda de un cuarto; la cual equivalía a cuatro maravedís de vellón y que fue acuñada a partir del siglo XIV, estando en vigencia hasta el XIX.

La propagación de noticias por parte de los pregoneros, tras recibir un pago, rápidamente se equiparó coloquialmente con el acto de difundir chismorreos, naciendo la expresión: ‘Lo mismo es decírselo a Fulanita, que dar un cuarto al pregonero’, con el sentido de que según qué le contabas a determinada persona, conocida por su indiscreción (normalmente una cotilla y/o chafardera), era lo mismo que encargar que fuese difundido por el pregonero a cambio de una moneda.

 

Fuente de las imágenes: ladyfilstrup / Rebecca Kennison (Wikimedia Commons)

¿Cuál es el origen de la expresión ‘de tres al cuarto’?

Posiblemente alguna vez habéis utilizado la expresión ‘esto es de tres al cuarto’ para indicar que algo era de poca calidad, mediocre o vulgar, con un tono despreciativo y pretendiendo señalar su poca valía.

Según la RAE:

“Locución adjetiva usada para denotar y ponderar la poca estimación, aprecio y valor de algo”

Pero ¿cuándo y por qué empezó a utilizarse?

Entre los siglos XIV y XIX se acuñó una moneda de cobre española llamada ‘cuarto’ cuyo valor era ínfimo y equivalía a cuatro maravedís de vellón. Hoy en día equivaldría a poco más de una diezmilésima de euro.

Al igual que en la actualidad, por aquella época los comerciantes también ofrecían genero a bajo coste o rebajado, siendo muy habitual poder adquirir en algunos mercados ambulantes tres productos por tan solo un cuarto.

Eso quería decir que aquello que se adquiría por un precio tan irrisorio era de una bajísima calidad, surgiendo rápidamente la expresión ‘de tres al cuarto’ para señalar y referirse  que algo o alguien tenía muy poco valor (monetario, no de valentía).

Para imaginarnos lo poco que valían esos tres productos que se adquirían por tan solo un cuarto, podemos tomar como referencia el precio del pan de mediados del siglo XVIII, que costaba alrededor de 7 cuartos.

El equivalente popular de hoy en día podría ser cuando nos referimos a algo como que ‘es de todo a cien’ o ‘de todo a un euro’.

 

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Fuentes de consulta: apuntes.quijost / maravedís.net / 1de3 / wikipedia / books.google
Fuente de la imagen: maravedís.net