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Entradas etiquetadas como ‘ancianos’

Peligro, humanización de animales a la vista

Por Cristina Sardón Galicia

Una mula (Archivo).

Una mula y su cría (Archivo).

La noticia de que cuatro jubilados se disponían a cruzar España para llegar al Rocío (en una carreta tirada por dos mulas) me sorprendió y emocionó. Que cuatro ancianos se dispongan a realizar su sueño a esa edad es digno de admirar por cualquiera.

Tengo que decir que más me sorprendió las casi 37.000 firmas que pedían el fin de este viaje. Señores, a ver si nos damos cuenta de que los animales están hechos para estar en movimiento, para ser eso, animales.

No defiendo el maltrato a los mismos, al contrario, no creo que nadie haya podido cuidar mejor de esas dos mulas que estos cuatro caballeros. ¿Qué será lo próximo? Quizás recoger firmas para hacer un hotel de cinco estrellas donde los animales tengan spa y masajes.

Quiero ir a la cárcel, hay médico gratis

Por Marga Alconchel

Una noticia humana sobresale en toda la vorágine de titulares repetidos entre política y masacres terroristas. Según The Financial Times, hace años que en Japón los ancianos cometen pequeños robos para que les lleven a la cárcel. No son grandes cosas, no hay violencia. Simplemente es la causa que necesitan para que les lleven a la cárcel, donde tienen asistencia médica gratuita. La noticia parecería casi una broma si no escondiera una realidad detrás: el 40% de los mayores de 60 años viven solos, los ingresos son bajos y el país es caro.
 
Más de la tercera parte de los hurtos (el 35%) son reincidentes, y no poco: en 2013 el 40% de ellos robaron más de seis veces. Comparado con 1991, una época de bonanza económica, han aumentado un 460%.
 
Imagen del interior de una cárcel (ACN).

Imagen del interior de una cárcel (ACN).

Es un síntoma de una sociedad (la moderna) en la que se estima que hacia 2060 casi la mitad de su población tendrá más de 60 años. Los estándares de vida actuales, los sistemas laborales y la poca protección a las capas no productivas de la sociedad (niños y mayores) están empujando a muchas personas a buscar soluciones desesperadas.

 
Porque ha de ser desesperante que la única solución para tener techo y comida cuando se han cumplido 60 años sea estar en la cárcel. Puede parecer una peculiaridad de la sociedad nipona, pero es un síntoma de lo que puede ocurrir en cualquier lugar.
 
La obsesión por hacer negocio con lo que sea, convirtiendo la salud en un producto más, es contraproducente. No sólo a nivel humano, por el desasosiego y el desamparo. No sólo a nivel social, por el abandono descarnado sobre aquellas personas que trabajaron durante décadas en la creación del status que tenemos todos. También a nivel poblacional: un colectivo empobrecido y enfermo consolida una sociedad y un país empobrecido y enfermo.
 
Los hospitales y la asistencia médica en sí misma, tiene un costo elevado. Las industrias farmacéuticas invierten muchísimos recursos en conseguir fórmulas y productos que mejoren la salud. Las empresas que fabrican maquinaria médica también han de pagar salarios e impuestos. Todo ese coste ha de ser cubierto, lógicamente. Pero hay un punto en que deja de ser beneficio razonable para entrar en usura.
 
No se puede etiquetar la salud, que no deja de ser vida, como un negocio. Un Estado debe proteger la vida de sus ciudadanos, porque ellos son la razón de ser de un Estado. Ningún país existiría, por definición, si no tuviera personas. Por tanto, las personas son lo principal, y han de estar protegidas por las instituciones a las que entregan sus impuestos y en las que delegan la gestión de las cuestiones públicas.
 
Los presupuestos han de contemplar el gasto sanitario como un coste de mantenimiento del país, no como un gasto por culpa de los enfermos. Gastar (invertir) en la salud de la población implica, en poco tiempo, que las cifras se reduzcan porque la población está sana. Mercadear con la salud, privatizar lo que se levantó con el dinero de todos, cerrar hospitales…  es poner el primer motivo para que nuestros mayores (que no son de Japón) empiecen a robar manzanas en los mercados.

Septiembre, mes del Alzheimer

Recuerdo haberlo olvidado

Por Javier Urra

Malo es vivir sin recordar, pero peor vivir olvidado por todos. La vida tiene mucho de despedida, de alejamiento. Morimos cada vez que muere un ser querido. Somos memoria y olvido. Somos afectos, ternuras entrañables.

Más allá del lenguaje, de la comprensión, están los sentimientos compartidos. Personas que por serlo mantienen su dignidad humana. Familiares y profesionales, o el amor y el deber. La vocación y la ética. Las babas, las cacas, los gritos, no son iguales en un bebé que en un anciano.

Y sin embargo cómo agradecen los mayores, una cálida caricia, el con-tacto, el piel con piel. El cuidador precisa de una soledad acompañada para no ser atrapado por un agotamiento depresivo.

Una enferma de alzhéimer, en silla de ruedas. (ARCHIVO)

Una enferma de alzhéimer, en silla de ruedas. (ARCHIVO)

Alzhéimer, demencias seniles, deterioro, o cómo captar lo que nos aporta con una sonrisa, a veces interior. Literalmente pacientes que dependen también de la sociedad y el Estado que la representa. ¿Se entiende que para ser explorado por juez y médico forense sea el paciente el que se desplace?

Mi madre lleva más de dos años en una residencia, les he cogido cariño, son celosas de los besos y atenciones. A veces les leo el periódico, un día una señora me dijo: “¿lo de Urdangarin mal, eh?”

Hablo con los cuidadores, en general reina la ternura. Ternura, mucho más que una palabra. Acompañamiento, mucho más que un acto. Cuando voy a verla me pongo el reloj de mi padre, nos reúne y reconforta.

Dirijo un centro donde residen noventa y cinco jóvenes que de una u otra manera agreden a sus padres. El otro día los reuní y pregunté: “en la residencia de mi madre donde todos están afectados de demencia senil o de alzhéimer; ¿cuál es la palabra que más se oye?, se hizo un silencio.

Les contesté: ¡madre! y me fui.

En las residencias de ancianos sin memoria, allí donde el tiempo se desvanece, escuchar a un bebé llorar, te alegra. Y es que la experiencia profunda del ser humano es la soledad y el amor.

Con este ritmo de nacimientos el sistema es insostenible

Por Antonio Porras Castro

El continuo avance de nuestra sociedad en medios tecnológicos, disponibilidades, comodidades está tan sumamente arraigado en nuestra sociedad actual que estamos olvidando el fin de nuestra existencia. No debemos olvidar que trabajamos para el futuro, que investigamos para mejorar y que el progreso lleva implícito la generosidad. Mejoramos a velocidad de vértigo, viajamos en AVE, nos comunicamos a tiempo real con un innumerable montante de mensajes, fotos, email… Pero dejamos atrás el pasajero al que, de todo esto, sacará partido. Quiero con esta reflexión incurrir en el beneficiario;  no dejar atrás al niño que hoy no nace y que será el benefactor de semejante hazaña y que es el condecorado, el rey.

Las noticias saltan por todos los medios, las alarmas siguen encendidas y agitan sus colores más intensos, pero nosotros seguimos sumergidos en otros mundos. La natalidad sigue sufriendo una debacle injustificada; la tasa de natalidad desciende al ritmo de la de ferBebétilidad y los expertos no dejan de vociferar que estamos en riesgo de desequilibrio demográfico.

A fecha de hoy, el sistema, con este ritmo de nacimientos, es insostenible; los niños no nacen, el apoyo institucional a la familia sigue ausente, con lo que el sistema envejece y, gracias a los avances, los ancianos son más longevos. ¿Quién trabajará en breve? ¿Quién alimentará esta maquinaria que, sin el engrase pertinente, no funciona? ¿Quién contribuirá con su trabajo al sistema de pensiones? ¿Quién acudirá al colegio? Hay que recordar que de la crisis se sale pero los hijos nacen solo en determinadas épocas de nuestro ciclo biológico y que si nosotros no hubiéramos nacido no hubiéramos tenido esta oportunidad que tenemos por delante. Decir también que todos hemos sido hijos y que si nuestros padres hubieran pensado como se piensa hoy, no estaríamos aquí.

Recordar también que si no existieran los abuelos, que son hijos de hijos, quién soportaría  el paro y las separaciones matrimoniales de sus hijos; el drama que atravesamos sería infinitamente más sangriento y  cruel. Los hijos son necesarios y  anteponer su número a actitudes consumistas no deja nada más que entrever un sistema egoísta y ególatra, que inexorablemente conduce a la nada.

La señora Benita y sus geniales compañeras de residencia

Por Eugeni de Domingo

En varias ocasiones, he acompañado a un amigo a ver a su madre ingresada de hace tiempo en una residencia y he podido dialogar con alguna de ellas que están en su misma situación. Es admirable cómo algunas – tres o cuatro – de la docena de personas que acoge el centro, están en disponibilidad de comentar, e incluso acaloradamente, de temas de actualidad desde la política corrupta o los documentales que ven por la televisión. Cada una de ellas tiene algo que contar, porque se encuentran muy a gusto cuando ven a otra persona asidua en las visitas que no sea su propia familia y se explayan explicando su vida, como Marta que se marchó de su pueblo a la edad de trece años, por no poder aguantar el ambiente de su casa cuando su padre se volvió a casar. Al no tener familia ella misma se ingresó.

ancianosAntonio, que a los nueve años le sacan de su casa para ir a vivir a una gran ciudad y con idioma diferente, dejando a sus amigos y pasando muchas noches llorando. Sus padres murieron en la guerra por un bombardeo. Celestina, siempre con un carácter alegre, todavía hace punto moviendo las agujas con rapidez, no le falla la vista y, además colabora con las cuidadoras y enfermeras en las fiestas disfrazándose si hace falta, para alegrar a sus compañeras.

Por otra parte también deprime, el ver a algunos residentes que no son conscientes de  lo que están pasando y, están sentados con la mirada fija sin ver, o durmiendo con la cabeza sobre el pecho, atendidos por cuidadores eficaces. La señora Benita, que lleva cinco años aquí y hoy han venido sus hijos a visitarla para decirla que pasarán a fin de mes a recogerla para que pase la Semana Santa con ellos.

Lo que ella ignora, es que quizá no vuelva a ver a sus amigas porque sus hijos han venido a visitarla, pero también para hablar con la Dirección y explicar que este mes es el último de su estadía. No les queda otro remedio, de momento, o puede ser definitivo, porque los dos se han quedado sin empleo. Ella por el cierre de la agencia de viajes y él, por ser autónomo y único trabajador, ha tenido que cerrar el negocio por falta de pago de sus clientes. Triste momento tener que recurrir a lo último que hubieran pensado. Depender de una jubilación de sus mayores.

¿Qué pretende hacer la Comunidad de Madrid con las residencias de mayores?

Por Esperanza García Aguado

58511Tengo a mi madre en la residencia asistida por la Comunidad de Madrid en el barrio de Mirasierra. La Consejería de Asuntos Sociales ha sacado el pliego de condiciones técnicas para la citada residencia y cuál ha sido mi sorpresa al ver que reducen 20 auxiliares de enfermería, más de 2 ATS, fisioterapeutas, personal de terapia ocupacional, además del médico nocturno.

A la vista de estos hechos, yo me pregunto si es posible que un único ATS nocturno pueda hacerse cargo de 220 personas, muchas de ellas con minusvalías de más del 80% y se le pueda exigir algún tipo de responsabilidad. ¿Es posible que un auxiliar de enfermería, en el mejor de los escenarios posibles, turno de mañana y sin que haya ninguna baja, pueda hacerse cargo de 16 personas con las minusvalías citadas?

Señores responsables de la Comunidad, señor Presidente, ¿buscan ustedes superwomen y supermen o personas con poderes extraordinarios? Todo esto me parece un gran cúmulo de despropósitos.

 

Revisiones de gas: ¿Quién protege a nuestros mayores?

Por Soledad Navas

El motivo de este artículo es el denunciar el abuso  que sufren  las personas mayores  e indefensas por parte de empresas supuestamente legales y pero sin escrúpulos. Concretamente,  le ha ocurrido a mi madre (88 años). Una empresa de mantenimiento y revisión de gas, sita en Parla (Madrid), cobró una cantidad abusiva incitando a realizar un servicio supuestamente obligatorio.

Durante varios días la llamaron y acosaron  por teléfono para que realizase una revisión del gas en su vivienda; ella se negaba argumentado que Gas natural ya la había realizado, pero  el comercial insistía en que era obligatoria; la amenazaron diciendo que si no la realizaba le cortarían el suministro del gas y que ella sería responsable de cualquier accidente. Temiendo las consecuencias, consintió en hacerla a un coste de 60 euros.

GasSe presentaron en su domicilio efectuando una  rápida revisión. Finalizada la misma le dijeron que tenía un coste de 267,05 euros. Ella se quejó del importe,  les dijo que era pensionista y no podía pagar tanto dinero, hicieron caso omiso indicando que reclamase a la empresa, pero que tenía que pagar en el momento y en efectivo. Amedrentada por la situación, una persona mayor sola en su domicilio con dos individuos, hizo frente al pago ya que acababa de cobrar la pensión de 600 euros, siendo consciente del perjuicio económico que le suponía. Me puse en contacto con la empresa y al pedir explicaciones la persona que me atendió intentó embaucarme  no sabiendo explicarme el servicio que habían prestado, y al carecer de argumentos terminó colgándome el teléfono de muy malas maneras.

He puesto una denuncia en el Ayuntamiento de Madrid, aunque con tanta corrupción ¿a quién le va importar el abuso de nuestros mayores? ¿Servirá pará algo? Ya no es cuestión de recuperar el dinero, sino de que no vuelvan a engañar y abusar de personas mayores e indefensas amparándose en la legalidad.

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Por Diana [15-2-2013]

“No hay duda, es un timo”

Mi carta es en apoyo a la publicada el 13 de Febrero, escrita por Soledad Navas [sobre estas líneas]. Mi madre tiene 60 años, no vive sola. Recibió una llamada de un supuesto técnico de gas para realizar la revisión cuanto antes, en esa misma tarde, que costaría unos 60 euros y que era obligatoria… mi madre, desconfiada de esa llamada, les dijo que nadie la había avisado antes para hacer esa revisión y que no le venía bien en ese momento. Minutos después volvió a llamar, la misma persona, diciéndola que estaban ya cerca de su domicilio e insistiendo en que iban a proceder a realizar la revisión… Mi madre, más mosqueada aún todavía, les dijo que no fueran a su casa porque no les iba a abrir la puerta y les colgó el teléfono. Unos cinco minutos más tarde volvieron a llamar, insistiendo más aún en la urgencia de esa revisión; mi madre ya no les dejó hablar más y les dijo en un tono muy contundente que bajo ningún concepto se atrevieran a presentarse en su casa, y volvió a colgar el teléfono. No acudieron al domicilio.

En cuanto me lo contó recordé la carta que había leído de Soledad. No hay duda, es un timo y estoy casi segura de que buscan a personas a partir de cierta edad. Afortunadamente, a mi madre no lograron estafarla. Quiero poner así en aviso a todas las personas para que no se produzca ninguna estafa más.

Fallecidos cobrando la Ley de Dependencia… o cómo un “estafador” puede ser “decente”

Por Patricia Arias

Hace ya varias semanas que llevo escuchando en los medios la cantinela de “malos ciudadanos” que están cobrando la ayuda a la ley de Dependencia aun habiendo fallecido el familiar dependiente. Aquí va mi caso, yo también estoy entre esos “malos ciudadanos estafadores”. Mi abuela falleció el 23 de noviembre de 2012 y cobraba mensualmente la ayuda a la dependencia. El certificado de defunción tardó en llegarnos unos 15 días y, en cuanto lo tuve en mis manos, empecé a hacer llamadas tanto a clases pasivas como a la Comunidad de Madrid para que anularan la ayuda.

anciano

La chica que me atendió por teléfono me dio la dirección de envío del certificado, ya que no residimos en Madrid. Le comenté si tendríamos que devolver las transferencias que llegaran a partir de ahora. Me dijo que no lo hiciese, ya que sería más lioso. Le di la opción de cancelar la cuenta (así no llegarían ni a entrar) y me dijo que tampoco, que tenía que aceptar las transferencias y que me llegaría a casa una carta de pago para devolver las transferencias indebidas; aun así, me advirtió que podría llevar bastante tiempo. Sólo quería denunciar que seguro que mi caso no es el único y que seguro que en esa lista de “estafadores” hay gente decente, pero ante la sociedad se nos ve de esa manera, por culpa de la incompetencia o la falta de medios de la administración. Por cierto, estamos ya casi en febrero y aún siguen llegando las transferencias de la Comunidad de Madrid.