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Entradas etiquetadas como ‘edad’

Mamografías, prevención y manipulación

Por Blanca Fernández Arnáiz

En su edición digital leo que “el cáncer es previsible en un 30% de los casos” y me pregunto cómo es posible que, ayer mismo, al ir a mi revisión anual en el Centro de Especialidades de Coronel de Palma en Móstoles (Madrid) me diga mi ginecóloga que ya no me corresponde ninguna revisión más (mamografía, ecografía ni citología), que a mi edad, 51 años, ya no tengo riesgo de cáncer de útero, mama o similar (he de decir que tengo dos bultos en cada mama que me han

Una mamografía (ARCHIVO)

Una mamografía (ARCHIVO)

estado revisando anualmente desde hace unos 10 años), que es un protocolo de la Comunidad de Madrid, aunque me consta que en otros centros, también de la Seguridad Social, no ponen ninguna pega a la hora de estas revisiones necesarias.

¿Cómo es posible que hasta hace poco nos dijeran que la prevención era la mejor medicina contra el cáncer, que haya campañas en todos los medios de comunicación a favor de la detección precoz del cáncer de mama, que Esperanza Aguirre en su día dijera por todas partes lo importante que son las revisiones periódicas y ahora se me niegue todo eso que era tan importante? ¡Señores así se acaba con las listas de espera!

Malditos cuarentones

Por Rosa María Artiz-Soubrier

Leo en la prensa que la Comunidad de Madrid va a modificar, por fin, el límite de edad de acceso a los Cuerpos de Policía Local, pasando de 35 a 40 años. Policia LocalAnte las numerosas peticiones, quejas y ruegos de asociaciones de ciudadanos, de sindicatos, de fuentes policiales para que no se ponga tope de edad para dicho acceso, la Consejería de Presidencia argumenta que “en algún punto había que poner la edad de corte”, como apabullante razonamiento jurídico. Creo que sobran las palabras.

Con este ritmo de nacimientos el sistema es insostenible

Por Antonio Porras Castro

El continuo avance de nuestra sociedad en medios tecnológicos, disponibilidades, comodidades está tan sumamente arraigado en nuestra sociedad actual que estamos olvidando el fin de nuestra existencia. No debemos olvidar que trabajamos para el futuro, que investigamos para mejorar y que el progreso lleva implícito la generosidad. Mejoramos a velocidad de vértigo, viajamos en AVE, nos comunicamos a tiempo real con un innumerable montante de mensajes, fotos, email… Pero dejamos atrás el pasajero al que, de todo esto, sacará partido. Quiero con esta reflexión incurrir en el beneficiario;  no dejar atrás al niño que hoy no nace y que será el benefactor de semejante hazaña y que es el condecorado, el rey.

Las noticias saltan por todos los medios, las alarmas siguen encendidas y agitan sus colores más intensos, pero nosotros seguimos sumergidos en otros mundos. La natalidad sigue sufriendo una debacle injustificada; la tasa de natalidad desciende al ritmo de la de ferBebétilidad y los expertos no dejan de vociferar que estamos en riesgo de desequilibrio demográfico.

A fecha de hoy, el sistema, con este ritmo de nacimientos, es insostenible; los niños no nacen, el apoyo institucional a la familia sigue ausente, con lo que el sistema envejece y, gracias a los avances, los ancianos son más longevos. ¿Quién trabajará en breve? ¿Quién alimentará esta maquinaria que, sin el engrase pertinente, no funciona? ¿Quién contribuirá con su trabajo al sistema de pensiones? ¿Quién acudirá al colegio? Hay que recordar que de la crisis se sale pero los hijos nacen solo en determinadas épocas de nuestro ciclo biológico y que si nosotros no hubiéramos nacido no hubiéramos tenido esta oportunidad que tenemos por delante. Decir también que todos hemos sido hijos y que si nuestros padres hubieran pensado como se piensa hoy, no estaríamos aquí.

Recordar también que si no existieran los abuelos, que son hijos de hijos, quién soportaría  el paro y las separaciones matrimoniales de sus hijos; el drama que atravesamos sería infinitamente más sangriento y  cruel. Los hijos son necesarios y  anteponer su número a actitudes consumistas no deja nada más que entrever un sistema egoísta y ególatra, que inexorablemente conduce a la nada.