BLOGS
Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘periodismo gonzo’

“Mejor me aireo con Los Ángeles del Infierno”

Si no encuentro referencias literarias para reinterpretar en clave de novela situaciones cotidianas me colapso. Así de extrema es mi bibliofilia y así de mal me sienta la vida más allá de mis anaqueles.

(Salvaje / Columbia Pictures)

(Salvaje / Columbia Pictures)

Lo bueno de eso es que almaceno bajo el pelucón más referencias librescas que pergaminos en la antigua Biblioteca de Alejandría. Lo malo es que cíclicamente me desborda tanta ficción pura contenida y necesito airearme con algo un poco más real y que a ser posible me desmonte algún que otro mito. Porque vivir en este estado de sobredramatización permanente me lleva a mitificarlo y novelizarlo prácticamente todo y a todos.

Pues bien, el otro día al echar el cierre de reginaexlibrislandia supe que era uno de esos momentos. Pero esta vez lo vi claro y me dije:

“Regina, tú lo que necesitas es vivir más. Paseos al aire libre, un poco de acción, algún tugurio, un puñado de tipos duros, mucho cuero, más tatuajes, alguna bacanal y una buena Harley para que se oxigene en el pelucón. Así que vuelve ahí dentro, coge el ejemplar de Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, y date un buen baño de realismo gonzo cortesía del señor Hunter S. Thompson”.

Y eso hice. Y, queridos, ¡mano de santo! Un par de días después vuelvo con una resaca descomunal, grasa de moto hasta en los higadillos, el pelucón chamuscado y unas cuantas magulladuras, pero con la bibliofilia total y absolutamente regenerada y un renovado y voraz apetito por la ficción pura.

Vamos, que he tenido dosis de realismo y de chulazos sobre ruedas para una buena temporadita. Yo creo que para cuando logre despegarme de la epidermis los jirones de los vaqueros y la chupa quizá me plantee las siguientes vacaciones de no ficción. Pero ha merecido la pena, queridos. El libro es una clase magistral de tantas cosas que hasta yo perdí la cuenta. Palabra de Regina (o de lo que queda de ella).

Si os tientan los moteros, os enganchasteis a la serie Hijos de la Anarquía o en su día disfrutasteis con las legendarias  Salvaje (1953) o Easy Rider seguid mi consejo y haceros con un ejemplar. La experiencia lectora es abrumadora de principio a fin.

NOTA DE REGINA:

Más allá de un mito de celuloide, Hells Angels fueron la gran pesadilla del sueño americano, una panda de forajidos motorizados que atravesaba el país hasta las trancas de alcohol, droga y ácido, dejando a su paso regueros de sangre, muchachas violadas y cajas fuertes reventadas. Y si alguien sabe de qué iban sus orgías de violencia y excesos, ése es Hunter S. Thompson, que, fiel al género periodístico que él mismo acuñó, el gonzo, fue literalmente uno de ellos durante un año para contar, desde dentro, cómo se ve el mundo a lomos de una Harley.

Visceral, sobrecogedora y frenética, así es Los Ángeles del Infierno: una extraña y terrible saga (Anagrama), un viaje de ida al reverso más sórdido y salvaje del alma humana. Una odisea que refleja sin tapujos la bicefalía de la sociedad estadounidense de los años sesenta: la mentalidad conservadora y tradicional enquistada en la Guerra Fría frente a la actitud vital de nihilismo extremo de una generación de veinteañeros que, al saberse desclasados y sin opciones en el nuevo capitalismo rapaz, toman una carretera secundaria decididos a cumplir su lema a rajatabla: “Cuando hacemos el bien nadie lo recuerda; cuando hacemos el mal nadie lo olvida”. Una disección tan brillante, cruda y lúcida de uno de los últimos grandes “mitos americanos”. Los mismos que, sin entender muy bien cómo, pasaron en pocos años de temibles renegados a VIPs de las fiestas de la alta sociedad californiana. Y es que todo es posible en (norte)América.

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Ángeles del Infierno? ¿Qué os pareció? ¿Alguna otro libro de moteros que recomendéis?
  • Sígueme en Facebook y Twitter

Katharina Blum, mártir literaria del amarillismo rapaz

De ingratitud e inconsciencia está el mundo lleno. Basta que el pobre Heinrich Böll se preocupara por augurar en 1974 en forma de novela hasta qué punto era peligroso el sensacionalismo rapaz para que nosotros no sólo desoigamos sus advertencias, sino que aplaudamos a cuanta Katharina Blum de pacotilla ofrezca sus órganos blandos al mejor postor.

Porque, eso sí, mientras que la heroína silueteada a palabras por el escritor alemán era una víctima indefensa y arrastrada a la fuerza al epicentro del circo mediático, muchas de sus replicantes de carne y hueso hacen lo que sea por conquistar sus ‘quince minutos’ de fama warholiana.

En fin, queridos, de mediocres con delirios de starlettes de serie B están los platós llenos, no me diréis que no.

La lucidez de Heinrich Böll y su brillante crónica de una lapidación mediática siempre tienen su hueco en las baldas de reginaexlibrislandia.

Y aunque me lo piden menos de lo que yo quisiera hoy la Providencia Librera decidió darme una alegría bibliófilo-periodística materializando ante mi a un joven que, sin saberlo, buscaba su ejemplar de El honor perdido de Katharina Blum.

El muchacho, reginaexlibrislandiano con un pie en la asiduidad, titubeó un par de minutos antes de acercarse a mi escritorio y dirigirse a mi:

– Cliente: Estooo, perdona…- Regina: ¿Sí? ¡Ah, hola!

– C.: A ver si me puedes ayudar…

– R.: Lo intentaré, ¿qué necesitas?

– C.: Mira, tengo que hacer un trabajo que relacione periodismo y literatura, y no doy con lo que busco.

– R.: pero, ¿sabes lo que buscas? ¿Nuevo periodismo? ¿Capote? ¿Periodismo Gonzo? ¿Escritores-articulistas? ¿Novelas publicadas por entregas en periódicos? ¿Reportajes novelados de García Márquez?

– C.: No, no, alguna de esas sería mi última opción. Verás, mi padrino vivió unos años en Alemania, ¿sabes? Como siempre dije que quería ser periodista él me hablaba de un libro que se publicó cuando él vivía en Berlín y que iba sobre la prensa rosa. Como no sabía alemán no lo llegó a leer, pero su novia sí y le contó de qué iba. Era algo sobre una mujer. Él siempre lo quiso leer en español, pero no sé si llegó a encontrarlo. Murió hace tres años, y ahora con lo del trabajo este me acordé del libro famoso…

– R.: Mmmm, mmm… Prensa, Alemania, mujer. Mmmm, ¿sabes más o menos cuándo vivió tu padrino en Alemania?

– C.: Cuando yo aún no había nacido, por los setenta.

– R.: Bueno, pues apostaría mi biblioteca personal a que lo que buscas es El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll. Se publicó en 1974 y es una crítica feroz al sensacionalismo rapaz que, además, tiene una estructura a caballo entre la crónica y la novela. Es uno de mis favoritos.

– C.: ¡No me digas! ¿Y lo tienes?

– R.: Sí, está ahí, por la B de Böll.

Y se lo llevó. Él estaba entusiasmado con su libro, y yo no cabía en mi regio pelucón de euforia librera. No sólo iba a leerse un novelón e imagino que a reflexionar sobre su desalentador mensaje, sino que con su trabajo sobre la obra de Böll quizás diera qué pensar a algún que otro aprendiz de plumilla de su misma promoción.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El honor perdido de Katharina Blum? ¿Conocíais la novela? ¿Y algo de Heinrich Böll? ¿Recordáis alguna que otra obra literaria que arremeta contra el sensacionalismo periodístico?

Nota de Regina. Testigo del affaire que una joven anónima mantiene con un hombre que resulta ser un prófugo, un periodista sin escrúpulos difama a la mujer hasta volatilizar su reputación. Después de hacer de su vida un infierno, el paparazzi será asesinado por su víctima mediática, incapaz de reconstruir una intimidad ultrajada y sobreexpuesta. Así de actual es El honor perdido de Katherine Blum, una novela tan breve como certera y visionaria.

Por cierto, que un año después de su publicación el cineasta germano Schlöndorff filmó su versión de El Honor perdido de Katharina Blum, con cuyo trailer me despido por hoy: