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Archivo de la categoría ‘Salud’

Un crowdfunding para lograr un parto normal

Por La Marietta

Quiero parir en casa. Sé que mucha gente lo considera una locura. Pero para mí es algo normal. Soy una mujer normal, con una vida normal: sin empleo actualmente, con un hijo de algo más de dos años, y con otro en camino.

Mi primer hijo lo tuve en un hospital, porque era lo normal. Conocía algún caso aislado de mujeres que habían parido en casa, pero yo no lo contemplaba: aparte de ser muy caro, me daba miedo. Se tiene la idea que un parto es peligroso, complicado, doloroso, y que precisa de ayuda médica. El parto da miedo. Yo, aún sintiendo este miedo, intuía que un parto no tenía por qué ser así. Leí y me informe bastante al respecto, y quise tener un parto natural (esto, por suerte, cada vez es más normal). Un parto natural es un parto no intervenido.pariracasa

A pesar de que luché por ello, el resultado fue muy diferente del esperado. Lo sé: siempre cabe la posibilidad, y más en temas fisiológicos, de que las cosas no salgan según lo previsto. Pero terminé con un parto intervenido. Sentí que no se respetaron mis necesidades, alegando el control constante del feto. No pude moverme, relajarme, cambiar de postura, tener intimidad, comer, bañarme…

Nuestro cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y lo escuchamos muy poco. Pero no me atreví a rebatir a los profesionales ‘de bata blanca’. Hoy sé que aquellos controles eran innecesarios y desencadenaron la típica ‘cascada de intervenciones’, por desgracia, la mar de normal.

Más de 7 horas de monitores, poca intimidad, cero empatía, de una habitación para otra, 20 horas de contracciones sin posibilidad de movimiento ni expresión, sin dormir… Y cuando una matrona me dijo: ‘¡Uy. Todavía no estás ni a la mitad!’, después del cuarto o quinto tacto vaginal, me derrumbé y pedí la epidural. Con ella, me administraron oxcitocina sintética para tener contracciones artificiales. Aún así el parto se estancó, y tras unas horas, me dijeron que tendrían que usar fórceps. Dije que no quería, y me dieron a entender que no había opción. Con los fórceps es inevitable la episiotomía, que tampoco quería.

Había un montón de gente en la sala de partos, no sé quiénes eran. Parecía un espectáculo, y hasta  pude escuchar algún comentario completamente falto de respeto hacia mí y mi situación. Pero en aquel momento me daba igual. Yo sentía que ya no podía hacer más. El parto ya era más suyo que mío. Solo quería conocer a mi pequeño, y que terminara todo aquello. Cuando tuve encima a mi hijo (piel con piel, esto lo hicieren fantásticamente), suena a tópico, pero se me pasaron todos los males. Y como el bebé estaba bien y yo también, traté de olvidar. Pero no quiero repetir una experiencia así.

Ahora vuelvo a estar embarazada, y aunque tenemos unos ingresos familiares muy, muy bajos, no dudo en afirmar que quiero tenerlo en casa. Es más una necesidad vital que una cuestión ideológica. Aunque también lo es en gran medida. Quiero empoderarme, sentir que sé parir. Sé que puedo hacerlo. Y aunque, como ya he dicho antes, siempre cabe la posibilidad que las cosas no salgan según lo previsto, quiero vivir en casa mi segundo parto. Quiero intentarlo.

Por que en un parto en casa normal nada de aquello tiene por qué pasar. Estás en tu casa, en tu entorno, con tu intimidad y con tus ritmos. No hay que olvidar que el parto es una fase más de la vida sexual y reproductiva de una mujer. Es un parto atendido (pero no intervenido) por comadronas profesionales, experimentadas, actualizadas. Las conoces y te conocen, te observan, te informan, te escuchan y te respetan. No quieren que el parto se complique, por eso siempre atienden partos de bajo riesgo. Tienen equipo médico para intervenir si es necesario, y un coche preparado por si hay que trasladar al hospital, con el que se han coordinado previamente). Ellas son las primeras que desean y se aseguran de que todo salga lo mejor posible.

 

 

Me parece increíble, indignante y anormal que no sea una opción más dentro del sistema sanitario público. El gasto sanitario es notoriamente menor en un parto en casa que en un parto en un hospital (el primero ronda los 1800€ y el segundo los 3000€ de inversión pública).

A día de hoy lo normal es pagarlo de manera privada. Si tienes dinero, quizás te lo puedes permitir. Si no, no tienes más remedio que ir al hospital. Por eso he lanzado un crowdfunding, pero no sólo pensando en mí, sino en todas las mujeres que tenemos derecho a poder elegir cómo y dónde queremos parir. No me parece tan loco luchar para que esto cambie, para que el parto en casa no sea una opción “de lujo”, para que sea una opción pública como lo es en muchos países europeos. Quiero luchar, y creo que no estoy sola, para que parir en casa vuelva a ser algo normal.

Gracias a todas las personas que lo entendéis así, y aún más a quienes ya han colaborado. Estamos muy cerca de lograrlo.

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La marietta es una ilustradora interesada e implicada en luchas sociales, impulsora del crowdfunding “Parir a casa: sí que es pot!” para poderse financiar un parto domiciliario y dar a conocer esta opción.

En el día de los derechos sexuales y reproductivos

Por Sílvia Aldavert García

Ana tiene 19 años y vino hace tres meses al Centre Jove d’Antinconcepció i Sexualitat de Barcelona-CJAS porque tenía un retraso de regla. Al charlar, nos explicó que habitualmente mantenía relaciones sin protección ya que su pareja insistía en que era suficiente con la marcha atrás.

Explicación del uso de métodos anticonceptivos. Imagen: APCIB.

Explicación del uso de métodos anticonceptivos. Imagen: APCIB.

Le aconsejamos que, además de realizarse la prueba de embarazo, también se hiciese las pruebas de infecciones de transmisión sexual. En unos minutos tuvimos los resultados, Ana no había contraído VIH ni sífilis, pero sí que estaba embarazada. Sorprendida repetía ‘yo no quería’, ‘él me dijo que no pasaría nada’, ‘dijo que se correría fuera’… Y finalmente nos preguntó: ‘¿Y ahora qué?’

Ana había encontrado nuestra asociación buscando por internet. nos llamó y le recomendamos venir a vernos al Centre Jove d’Antinconcepció i Sexualitat de Barcelona-CJAS, donde el equipo multidisciplinar de profesionales se puso a su disposición para resolver sus dudas, siempre  desde la garantía de sus derechos y el acompañamiento a las propias decisiones, fueran éstas las que fueran, sin imposiciones ni paternalismos.

Cada año se producen más de 22 millones de abortos inseguros en el mundo, y se sabe que esta es una de las principales causas de mortalidad materna. Cada día más de 1 millón de personas contraen una infección de transmisión sexual y al menos 1 de cada 3 mujeres del mundo sufre violencia machista, física o sexual. Es la primera causa de muerte entre las mujeres de 15 a 44 años.

Este panorama mundial se suma al de un Estado que está muy lejos de ser un ejemplo: continúa sin permitir que la educación sexual sea obligatoria en el currículo escolar, el derecho al aborto está penalizado para las mujeres más jóvenes y estigmatizado para el resto, el Gobierno paraliza la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva y, cada vez más se reduce la financiación pública y el acceso a métodos anticonceptivos. Sólo nos queda seguir exigiendo derechos.

Son muy pocos los servicios que atienden desde este enfoque de derechos, desde la perspectiva de género y el feminismo interseccional, y de una forma integral: placer, salud, autonomía, libertad, privacidad, información, elección, educación…  en definitiva, desde el paraguas de los derechos sexuales y reproductivos.

Cuando Ana nos planteó su situación, necesitaba informarse bien sobre las opciones que tenía: seguir adelante con el embarazo o interrumpirlo. Era su decisión.

Nosotras la acompañamos en el momento de esa decisión, y también a lo largo de todo el proceso, que implicaba otras opciones importantes para su vida, su sexualidad y su libertad. No estaba en juego sólo interrumpir el embarazo, sino tomar la decisión de dejar a su pareja, empoderarse con respecto a sus relaciones sexuales y lograr la seguridad que necesitaba facilitándole el acceso al método anticonceptivo adecuado y elegido por ella misma.

Para todas estas decisiones Ana necesitaba información, acompañamiento, asesoramiento profesional, y la garantía de que su libertad sería respetada en todo momento.  Todo este trabajo ha sido fundamental para fortalecer sus habilidades en la toma de decisiones sobre su propia vida y su sexualidad.

El ejemplo de Ana sirve para entender la importancia de contar con servicios acordes con un Estado de Derecho en el que la ciudadanía sea respetada y se garanticen sus derechos fundamentales.

Septiembre es un mes de reivindicación de los derechos sexuales y reproductivos en todo el mundo. Se celebran tres jornadas principales: hoy es el Día Mundial de la Anticoncepción, el 4 de septiembre es el Día Mundial de la Salud Sexual y el 28 de septiembre es el Día Mundial por la Despenalización del Aborto. Aprovechemos los momentos y ocupemos los espacios con el objetivo de afianzar el conocimiento y ejercicio de estos derechos. Más información: Observatori de Drets Sexuals y Reproductius

silvia-aldavert-garciaSílvia Aldavert Garcia es coordinadora de la Associació de Planificació Familiar de Catalunya i Balears.

El miedo a la paciente experta embarazada

Por Lorena Moncholí

Los “Pacientes Expertos” están de moda. Basta con escuchar la Conferencia TED de Dave deBronkart, el famoso “e-paciente” (paciente empoderado) por excelencia. Se trata de pacientes con enfermedades crónicas formados para asumir su autocuidado. Las “Escuelas de Pacientes”(originarias de EEUU)  siguen en aumento en España y ya se han desarrollado en Comunidades como  Cataluña  ,  Andalucía, Asturias, Galicia, País Vasco o Castilla La Mancha.  Ya nadie pone en duda que los “pacientes empoderados” son necesarios para mejorar el sistema sanitario actual, porque reducen costes sanitarios e inciden positivamente en la salud de toda la población.

LECCIÓN CLÍNICA

Lección clínica en la Salpêtrière (1887). Pierre Andre Brouillet. Musée d´Histoire de la Médecine. Universidad Descartes. París (Francia)

Y sin embargo hay una “e-paciente” (mejor dicho, una e-usuaria, porque no está enferma), cuyo saber parece que sí ocupe lugar y moleste. A la que se le intenta vetar el acceso a la información y a la que, ni por asomo, se le permite asumir la responsabilidad de su salud. Se trata de la mujer embarazada informada de sus derechos y de sus opciones en relación a su gestación y parto, que ingresa en un Hospital cualquiera.

En un momento dado, pide que se respeten sus decisiones, que no ponen en peligro al bebé o su propia salud, pero que, de repente, sí ponen en peligro el sistema establecido, los protocolos desfasados seguidos durante décadas a ciegas o la mera comodidad o “modus operandi” de los profesionales que trabajan en aquel lugar. En ese instante, suenan las alarmas de toda la planta, pueden incluso oírse.

Una “mujer subversiva” se ha colado y hay que reducirla como sea, amenazarla con miles de miedos y de muertes de bebés, y, por supuesto, aislarla de su acompañante, que es el que tiene más peligro. Unos profesionales que deberían mantener en calma a la mujer que les ha pedido asistencia médica (nada más que eso), le rodean para presionarle y generarle una ansiedad inaceptable en el momento en que se encuentra.

Le muestran “panfletos” llenos de normas del Hospital que, además, va y resulta que son ilegales (es decir, que contienen normas opuestas a las que dice una ley) y contrarios al Código Deontológico Médico. Incluso en algunos casos hay advertencias de “posibles” llamadas a no sé qué Juez. Y, además, nadie parece percatarse (mejor dicho, a nadie parece importarle) que lo que solicita esta mujer está completamente avalado por la evidencia científica más actual. Ella sabe leer. Pero eso es lo de menos.

Todo esto es lo que genera una “Usuaria Experta” haciendo efectiva la Ley de Autonomía del Paciente, asumiendo la responsabilidad de su proceso biológico y del bienestar del hijo que está gestando. Soy testigo a diario.

Mientras los demás “Pacientes Expertos” son aplaudidos por sus conocimientos e incluso se les paga para transmitirlos al resto de personas que se encuentran en su misma situación, ella y lo que sabe se perciben como una amenaza, como una irresponsabilidad, como el “capricho de la niña histérica”, aunque lo que esté pidiendo no sea más que lo que recomiendan la OMS o el Ministerio de Sanidad.

Y esto es intolerable y discriminatorio. Y debe cambiar ya.

lorenaLorena Moncholí Badillo. Abogada colegiada nº14084 ICAV. Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y el EVES.

Mucho más que capacidad: Irene Villa, Lary León y Nachi Picas

Por Nuria Coronado

Cuando la vida te da un zarpazo, de esos que te dejan vacía y sin saber hacía donde mirar, es cuando hay que plantarle cara, con más determinación y fuerza que nunca. No nos queda otra, o nos lamemos las heridas para curarlas o quedaremos presos del destino. Y es que levantarse tantas veces como caigamos es la única manera de conocernos, auto descubrirnos y ni más ni menos vivir.

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Irene Villa, un ejemplo de superación, como Lary León y Nachi Picas. Imagen: Wikipedia

Dirás que esto se dice o se escribe fácil y que a ver quién es la valiente que se supera cada día frente a la adversidad. Pues haberlas, haylas. Quédate con estos tres nombres y apellidos porque si ellas pueden ¿cómo no vamos a seguir su ejemplo el resto? Son Irene Villa, Lary León  y Nachi Picas. Sus vidas, vistas desde los ojos de quienes no sepan que la discapacidad es sinónimo de diversidad y riqueza, serían como las del estribillo de la vieja copla: de dar pena, penita, pena. Y de eso, ninguna de ellas son de dar.

Este triplete de luchadoras natas lo son porque viven la adversidad desde el lugar más hermoso: desde el corazón y lejos de echarle la culpa a las circunstancias han sabido hacerse amigas de ellas para cambiar el odio o el rencor por la paz de saberse felices.

Irene Villa se dio de bruces contra el destino el 17 de octubre de 1991 cuando ETA le cortó su vida, varios miembros pero no sus sueños. ‘La tragedia y la desgracia no se eligen pero si la actitud que tengamos’, comentó recientemente en #RedGeneración de @adecco_es un encuentro para animar a los estudiantes a enfrentarse a las dificultades de la vida. Tras el terrible atentado, tuvo a su familia a su lado, en especial a su madre, para recordarle que la elección es la que marca el destino. ‘Hija, puedes llorar, patalear y ser una desgraciada por lo que te ha ocurrido o puedes decidir que has nacido de nuevo y tienes una vida entera para pelear. Tú eliges‘. Y a pesar de que no tiene varias partes de su cuerpo, se siente completa. ‘A todos nos falta algo, lo importante es disfrutar de lo que conseguimos. Mi discapacidad me hace funcionar desde el lado del amor, pero me siento igual de capaz que cualquiera’, subraya.

Lary León es otro gran ejemplo de resiliencia. Para esta sirena marcada por el tesón y una gran sonrisa la vida es como un proverbio hindú ‘si crees que hay algo que ha acabado mal es que seguramente todavía no ha acabado’. Ella desde el mismo día que nació (un 14 de enero de 1973) no ha dejado, deja ni dejará indiferente a nadie. Sus brazos son dos muñones y solo tiene una pierna. Pero se vale y se sobra tanto para unas lentejas de las que presume como si fuera el mismísimo Arguiñano, como para presumir con sus tacones imposibles o para ser la alegría de cualquier situación cotidiana. ‘La necesidad, la falta de algo es lo que te empuja, es lo que mueve el mundo’. 

Por último está Nachi Picas, una joven chilena de 18 años ciega de nacimiento que ha sabido buscar su talismán interior y tornar su discapacidad en su mayor fuerza y don. Como dice en su libro Ser feliz es gratis (Lid Editorial): Aunque a veces no lo sepamos, la felicidad está más cerca de nosotros de lo que parece y, además, no cuesta dinero. Tan sólo hace falta mirar con los ojos del corazón para darse de bruces con ella y crecer como personas’. Y es que Nachi no solo ha logrado cambiar la legislación sobre educación en su país para allanar el camino de la integración de los discapacitados sino que su testimonio como conferenciante internacional, junto con el de sus familiares, es el fiel reflejo de saber que siempre se puede. ‘La vida es como una montaña rusa. Tiene sus altos y sus bajos pero es uno quien decide si pasar miedo o disfrutar del viaje’.

Después de conocerlas ¿sigues creyendo que no puedes o que tu vida no es la que esperabas?

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

 

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Depresión de género

 

Por Nuria Coronado

Los datos lo dicen bien claro. Las mujeres sufrimos más depresión que los hombres. Tanto, que la que será la primera causa de discapacidad en el mundo para el año 2030, nos afecta en España el doble que a ellos. Más concretamente con un episodio de depresión grave a lo largo de la vida del 16,5% frente al 8,9% de los hombres.

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Las mujeres sufren de depresión mucho más a menudo que los hombres. Especialmente por causas exógenas. Imagen de Pixabay

Cifras que plantean una nueva perspectiva de este trastorno mental frecuente que según voces expertas como la asociación Mujeres para la Salud  ha de tratarse más allá de los factores hormonales que controlan las emociones y el estado de ánimo y de la prescripción médica. ‘Los tratamientos del modelo médico convencional no se cuestionan las verdaderas causas de sus malestares que no son otras que la falta de equidad, tanto en la distribución del trabajo productivo como en el reproductivo y en el tiempo de ocio y descanso. Tampoco se tienen en cuenta que ellas son las cuidadoras principales, lo que les produce una gran sobrecarga física y emocional y, por lo tanto, un impacto negativo en su salud. El cumplimiento del rol femenino asignado supone que tengan deseos insatisfechos por la falta de dedicación a proyectos de vida personales; escasa independencia y autonomía personal’, explica Beatriz Velardiez, responsable de comunicación de la asociación. ‘Recetar ansiolíticos o antidepresivos para hacerles creer que todo se solucionara y así readaptarlas por obligación y resignación a sus realidades familiares no es la solución’, añade.

Se trata por tanto de aplicar una terapia alternativa con un enfoque bio-psico-social de género, centrada en el peso fundamental de los factores de desigualdad de género tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. ‘Las depresiones exógenas —aquellas que tienen su causa en el exterior, en las circunstancias— afectan de modo muy desigual a uno y otro sexo: el 30% afecta a los hombres y el 70% a las mujeres. Este gran porcentaje de depresiones femeninas sin causas biológicas que lo expliquen, tiene por tanto su origen en la condición de un entorno que afecta específicamente a las mujeres. Y esta realidad nos lleva a la única respuesta plausible: que la socialización de género (o sexista) es la responsable que determina las relaciones de poder/sumisión entre ambos sexos, y sus consecuencias negativas en la salud mental de las mujeres. Es decir, todas estas mujeres padecen este tipo de depresión’, añade Velardiez.

¿Cómo identificarla? Según @saludymujeres sus síntomas son muy similares a los de cualquier depresión situacional. No así su origen:

  • En lo psíquico se muestra tristeza, apatía, desmotivación, falta de concentración, irritabilidad, pesimismo, culpabilidad, ansiedad, etc.
  • Las manifestaciones somáticas o físicas pueden ir desde el insomnio o exceso de sueño, problemas alimentarios por exceso o por defecto, disfunciones sexuales, dolores y otras molestias diversas.
  • Sufrimientos y malestares característicos, tales como malestar difuso e irritabilidad crónica, incapacidad para pensar y actuar de forma lúcida y eficaz, descontento permanente de la relación de pareja, retroceso o paralización del desarrollo personal, limitación de la libertad y autonomía, desmoralización, inseguridad y falta de autocredibilidad, actitud defensiva o de queja constante e ineficaz (victimismo), deterioro, a veces muy acusado, de la autoestima.

Además hay cuatro situaciones vitales correspondientes a etapas generacionales más o menos concretas en las que se sufre este tipo de depresión.

  1. El momento iniciático del paso a la vida adulta. Entre los 18 y 35 años que están iniciando o desarrollando su etapa de autonomía profesional y vital. “Algunos de los conflictos de esta etapa están relacionados con romper el cordón con la familia de origen sintiéndose seguras de sí mismas, priorizar su carrera profesional, establecer relaciones con los demás desde la asertividad, reconocer su identidad sexual, relativizar las relaciones afectivas o plantearse su maternidad”, subraya Velardiez.
  2. Convivencia en pareja y en el ejercicio de la maternidad. Son mujeres de mediana edad en pareja y con hijas/os dependientes para quienes el cómo escuchar y atender las necesidades personales y construir un espacio personal es el reto de este momento.
  3. El final del ejercicio del rol de madre, la independencia de las hijas e hijos y vuelta a la relación de pareja sin ellos/as. Afecta a mujeres mayores en pareja y con hijas/os independientes.
  4. Mujeres maduras de más de 40 años que no tiene pareja y/o hijas/os ya que se han centrado en su desarrollo profesional. “Son independientes pero ven que se acaba la posibilidad de ser madres y se sienten mal porque creen que han desatendido el mandato de género por excelencia: tener un hombre a su lado y formar una familia”, describe Velardiez.

Visto lo visto, si en esos momentos vitales no se tienen las herramientas necesarias para superar en positivo cada una de ellos, la depresión de género llamará a la puerta de casa y querrá quedarse como invitada vip. ¿Qué tal si ponemos los medios para dar la espalda a visita tan poco deseada y dañina?

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

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¿Partos a la fuerza?

Por Lorena Moncholí 

Hace unos días conocimos la noticia de que una mujer embarazada había sido obligada a inducir su parto por orden judicial en el Hospital de Sant Boi de Llobregat, en Barcelona, que ha sido denunciada públicamente por Dona Llum, la Asociación Catalana por un Parto Respetado. La orden judicial fue solicitada por la ginecóloga que atendió a la mujer aquel día, en una revisión rutinaria, alegando la existencia de un riesgo para el feto que, según dicha profesional, requería la inducción del parto inmediata.

 Jan van Eyck: El matrimonio Arnolfini (1434)

Jan van Eyck: El matrimonio Arnolfini (1434)

Tras leer el relato de los hechos en diferentes medios, queda claro que la urgencia que quiso ver la profesional sanitaria no era tal, ya que tras acudir al hospital escoltada por los Mossos d’Esquadra como si fuera una delincuente, la mujer tuvo que esperar más de 5 horas a que se practicara la inducción. De haber existido tal riesgo inminente, el bebé no hubiera sobrevivido tantas horas de sufrimiento fetal.

Los médicos no son dioses. Diagnostican en base a síntomas, pruebas y probabilidades. No tienen la verdad absoluta. Se equivocan. De hecho, en 2015, la Asociación El Defensor del Paciente recibió 14.430 denuncias por negligencias médicas en España  y , a modo de ejemplo, los errores médicos son ya la tercera causa de muerte en Estados Unidos.

Si bien eso es algo que tenemos que asumir (sin dejar de reclamarlo), lo que no es posible aceptar es que un profesional sanitario se sienta dueño del cuerpo de una mujer únicamente por llevar una bata blanca. Vulnerando los derechos humanos y constitucionales a la integridad física de la madre, la mujer fue sometida a una actuación médica no consentida, sin que ni si quiera fuera informada convenientemente de los propios riesgos que la misma inducción suponían para ella y su hijo. Me deja sin palabras.

Porque la inducción de un parto conlleva riesgos, muchos, incluso la muerte.

Lo sé porque tengo un caso encima de mi mesa. Porque tengo que reclamar justicia por el fallecimiento de un bebé que no pudo soportar el parto inducido de su madre y porque un perito ginecólogo me ha tenido que contar (y lo ha contado en mi demanda) qué ocurre cuando fracasa una inducción.

Lo sé, porque para demandar, he tenido que leer los riesgos de la inducción que nos indican sociedades científicas de primer orden, como la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y he tenido que llorar al estudiar las sentencias que tengo archivadas, en las que se condena a los profesionales sanitarios por el fallecimiento de mujeres cuyos cuerpos no aguantaron la oxitocina suministrada para inducir su parto o por las secuelas causadas a bebés que padecieron sufrimiento fetal al no soportar estas inducciones. Bebés y madres sanos que fallecen o quedan gravemente afectados de por vida, porque esos riesgos de la inducción, de los que no fueron informados, aparecieron en su caso concreto. Tuvieron mala suerte.

Unos riesgos que todos, abogados, jueces, profesionales sanitarios y usuarias de los servicios sanitarios somos muy capaces de entender, si los leemos.

Que las mujeres de los futbolistas tengan la bendita suerte de no sufrir esas secuelas en sus partos programados contados en directo por Instagram no significa que todas las mujeres y bebés se libren.

Que una mujer haya sido sometida a la fuerza y contra su voluntad por orden de un juez a una actuación médica que puede implicar su fallecimiento o el de su bebé o la necesidad de realizar una intervención quirúrgica posterior, –  como es la cesárea – en caso de inducción fallida, demuestra el fracaso estrepitoso del sistema.

Demuestra que estamos en un punto de no retorno en el que el cuerpo de las mujeres se cosifica de tal forma, que dejamos de ser incluso sujetos de los derechos más elementales. Se nos priva de nuestro derecho a no sufrir riesgos e incluso de la facultad de elegir qué es lo mejor para nuestros hijos que están por nacer, convirtiéndonos en meros “recipientes” que pueden ser sometidos y pisoteados en aras a un “bien superior” dictado por un médico que decide por probabilidades.

No hay ética o norma legal capaz de justificar que, para salvar a un feto de un probable riesgo no probado, diagnosticado por un profesional que puede equivocarse, se pueda dejar la salud de una mujer abandonada a su suerte y ordenarle que ponga en riesgo su vida.

Eso solo puede decidirlo una madre. Y siempre decidimos el bienestar de nuestros hijos. Y solemos dar nuestra vida. Pero a partir de diagnósticos correctos, no cuando vemos claramente que estamos ante una profesional que no nos merece confianza.

Aquella mujer se fue del hospital, porque la ginecóloga no supo -o no quiso- explicarle los riesgos que tendría si aceptaba inducirse el parto. Una mujer informada a la que no se le dejó decidir qué riesgos asumía, y que, tras su “sublevación”, fue reducida por el poder obstétrico.

Focault, en su Historia de la Sexualidad, ya nos advirtió que estamos sometidos al “biopoder”, esa herramienta utilizada por los estados modernos para controlar a la población en todas sus facetas (hábitos de salud, reproducción, nacimiento, enfermedad, muerte, bienestar). No se equivocaba.

Nos contó que ya no nos controlan a través de los medios “hoscos” que utilizaban los viejos estados soberanos y que consistían en poder “hacer morir “o “dejar vivir”, sino a través de técnicas muy refinadas que persiguen justo lo contrario: “hacer vivir” y “dejar morir.” Tan sutiles que parece que sea algo que hemos decidido por consenso. Es lo correcto. Y haciendo “lo correcto”, todo nos parece que funciona. Son métodos imperceptibles a primera vista, pero que aplastan con todas sus fuerzas a todo aquel que intente salirse del sistema.

El biopoder, que siempre se esconde para que nos creamos libres, quedó al descubierto cuando aquella mujer quiso rebelarse, al no estar de acuerdo con un diagnóstico médico fallido. Y, con la ayuda de la “justicia”, la dejó con un bebé en los brazos obligado a nacer así de mal y sin nada más. Porque cuando vulneran tus derechos humanos, te lo quitan todo.

Lorena Moncholí es abogada, especialista en Derecho Sanitario, derechos del parto y del nacimiento, maternidad y familia.

Tejiendo hilos que nos fortalecen

Por Nuria CoronadoNuriaCoronado

Las conquistas, las que logran cambiar el mundo se consiguen conjugando el plural. Un plural que a veces parte del singular, del impulso motivador de una persona que da el primer paso y al que después se unen otros. Así ha sucedido con unas cuantas mujeres que en su día, a pesar de tener miedo, decidieron moverse. Dijeron basta a diferentes presiones o roles impuestos y concluyeron que el momento del “ahora o nunca” les había llegado.

Uno de los carteles del Club de malas madres

Uno de los carteles del Club de Malas Madres

Eso fue lo que le sucedió a Laura Baena impulsora de @malasmadres quien cansada de horarios imposibles y de no tener vida para conciliar comenzó desahogándose con un blog que hoy es capaz de aglutinar el sentimiento de muchas madres (y también padres) que no quieren formar parte de un mundo en el que el trabajo es lo único que importa. Ella se negó con su primer embarazo a que la exigente cultura empresarial del mundo publicitario en el que por entonces trabajaba, le marcara jornadas laborales extenuantes. No le compensaba ser la mejor profesional a costa de regentar el título de la peor madre. ‘Con mi primera hija a la que apenas veía entré en conflicto conmigo misma. Me dolía llegar a las tantas a casa después de un día de locos y tener que agarrar sus manitas, ponérselas en mi cara, y decirle: ¡soy mamá! para que ella así me reconociera’, explica.

Baena se propuso que el estigma de superwoman que campaba a sus anchas en su vida (y de paso en la del resto de mujeres) dejase de aparecer en su vida cual tormento. ‘La educación que había recibido me decía que iba a poder con todo, que merecía la pena el esfuerzo, y sin embargo, llegado el momento del embarazo y posterior crianza se me castigaba y relegaba por no ser la mujer 10’, añade. Ahora su especial club tiene vida propia  y cada vez son más las mujeres que se han unido a él ya que lejos de esa perfección luchan por no perder su identidad, por seguir creciendo profesionalmente, por desmitificar la maternidad y sobre todo por ponerse el mundo por montera y ser felices. ‘Estoy segura que uniendo conciencias y esfuerzos conseguiremos acabar con el concepto de la super mujer, ese que nos impone la sociedad y que no nos ayuda en nada. Porque no tenemos súper poderes ni queremos tenerlos. Somos personas con días mejores y días peores que siempre intentan hacerlo lo mejor posible. Eso es lo que cuenta’. 

Otra valiente que empezó casi en solitario y ha acabado más que bien acompañada es Ana Calderón, artífice de http://lasmujeresnosmovemos.com/ A ella le hervía la sangre con estadísticas tan reales y dañinas como las que dicen que solo una de cada tres mujeres hace ejercicio de forma habitual y por tanto dejan en manos de la suerte la posibilidad de una vida saludable. ‘Estamos acostumbradas a cuidar de todos menos de nosotras y tenemos que empezar a cambiar esta tendencia. Todos y todo siempre es más importante que una misma y esta manera de proceder es negativa para toda la sociedad, pero en especial para nosotras ya que nuestra salud queda al final de todo cuando en realidad es el principio de todo. Tener tiempo para practicar ejercicio tiene que convertirse en un prioridad’, recalca. Por ello, se ha propuesto cambiar estos números y conectar a miles de mujeres – empezando por España y llegando después a todo el mundo- utilizando la tecnología, Internet y las redes sociales como palanca de cambio. Su sueño, después de unos meses está cada vez más cerca en cumplirse. ‘Estamos a punto de ser 50.000 mujeres animadas a hacer deporte gracias al 2.00′, explica.

Sus ejemplos son solo dos gotas de agua de un océano que cada vez se desborda más inundando y empapando al mundo con una apuesta por la corresponsabilidad y la igualdad. Ellas, como tantas otras, practican el bonito arte de tejer hilos para hacernos más fuertes y mejores. Ellas, como dice el escritor Eduardo Galeano, logran que a fuerza de ‘mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas‘ se cambie el mundo, y siempre sea a mejor.

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio.

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La dictadura de la operación biquini

Por Roser de Tienda RoserDeTienda

Las mujeres somos expertas en matemáticas, porque nos pasamos el día contando. Empecemos.

El 17 por ciento de la población femenina considera que la principal dificultad para para llevar a cabo un estilo de vida más saludable y llenar la cesta de la compra con alimentos sanos y de buena calidad, es su precio desorbitado.

 

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Olvida la dictadura de la moda/ Imagen de Pexels

Los llamados alimentos sanos, tan de moda aquí y en Hollywood, sólo están al alcance de bolsillos sin crisis. Son biológicos, ecológicos, zumos verdes que están prensados en frío y llenos de antioxidantes y vitaminas que nos dejarán la piel y la celulitis fuera de juego.

Empiezas a contar tu sueldo y tienes que tomar una decisión: o pagas el recibo de la luz o te tomas durante un mes el fantástico zumo verde con un filete de ternera criada en la montaña con música clásica. ¡Tú decides!

Lo cierto – y no mientas- es que la mayoría estaríamos dispuestas a vivir todo el verano con el pack de velas del Ikea, si no fuera, porque sin luz no funciona ni la nevera ni la lavadora.

Sigamos sumando. Al presupuesto de comida, sumémosle el dato de que las mujeres tenemos tres veces más probabilidades de desarrollar ansiedad que los hombres, que fisiológicamente las hormonas nos hacen más vulnerables a sufrir alteraciones emocionales, y que además producimos un cincuenta y dos por ciento menos de serotonina – la hormona de la felicidad- que los hombres.

Además, añádele que hoy has tenido un día fatídico, que estás triste o desanimada. La única salida que nos queda es pillar el bote de helado porque yo lo valgo de Macadamia y porque metabólicamente los alimentos con altas concentraciones de azúcar aumentan la susodicha hormona de la felicidad. Así que están ahí para ayudarnos ¡vaya por dios qué suerte la nuestra!

Y desnuda frente al espejo sigues con las matemáticas y te dices “Estamos a principios de junio, si como 3 batidos de proteínas y 3 platos de verdura al día durante un mes, ¡en agosto llego a poder ponerme el biquini fijo!”

Bien, pero sigamos sumando. Resulta que nosotras acumulamos el doble de grasa porque nuestra masa muscular es menor que la de los hombres. Además de añadir que con la menopausia nuestro metabolismo cambia y aumentamos de peso hasta chupando el hueso de una oliva arbequina.

Así que nos convertimos en expertas en matemáticas. Contamos las calorías, manejamos el presupuesto familiar para ver si podemos comer mejor, compramos cremas anticelulíticas, nos apuntamos al gimnasio, al centro de belleza, a la lipoescultura o la crioterapia.

Pero, aunque parezca increíble, sólo somos expertas en matemáticas las mujeres. Porque en cuanto llega la operación biquini las playas se llenan de hombres con tripita cervecera que se han puesto el bañador que se compraron ayer en el Corte Inglés. Son los llamados fosfisanos.

Es decir, para los hombres la operación biquini se compone de tres sencillos pasos:

  1. Ir a comprarse un bañador.
  2. Ponérselo.
  3. Irse a la playa.

Y con estos datos en la mano, a mí me pasan tres cosas:

  1. Se me pone la piel de gallina pensando que, aunque somos unas matemáticas superdotadas y podríamos manejar los presupuestos del estado, mientras nos ponemos la crema anticelulítica en el cuarto de baño, todavía cobramos menos que los hombres haciendo el mismo trabajo.
  2. Me pongo filosófica en plan Carrie de Sexo en Nueva York y escribo una pregunta que se queda parpadeando sin respuesta en la pantalla de mi ordenador: Vista la tiranía de la operación biquini de cada año ¿Es que a nosotras sólo nos gustan los tipos gordos y a ellos solo les gustamos delgadas?
  3. Que no me cuadran los números. Por muy buena que sea en matemáticas, no se a ti, pero a mí, con tanto porcentaje de suma y resta, siguen sin cuadrarme los números de vivir en el siglo XXI siendo mujer.

Querida hermana: olvida la dictadura de la moda y haz una revolución en la república independiente de tu cuerpo. Vete a la playa así como eres. Así, natural, auténtica y perfecta. Porque como dice la canción “Nena, como tú ninguna”.

Feliz verano a todas.

Roser de Tienda es doctora, life coach y máster en quiropráctica con especialidad en salud de la mujer y niños. Madre de tres hijos y conferenciante, es autora de los libros “Nacer conectado, vivir consciente”, de Ediciones Obelisco, y “Házte la vida fácil” (de próxima publicación).

Mutilación genital femenina: seis niñas por minuto

Por Ana Eloísa Molina 

La ablación es la extirpación parcial o total de los genitales femeninos. Esto le ocurre a día de hoy a 6 niñas cada minuto. ¿Sabéis que implica esto? Estamos hablando de 3 millones de niñas cada año que son sometidas a una práctica que vulnera sus derechos y que pone en riesgo sus vidas.

El futuro también es mío. Sensibilizar a las niñas y sus familias es fundamental contra la ablación. Imagen de World Vision.

El futuro también es mío. Sensibilizar a las niñas y sus familias es fundamental contra la ablación. Imagen de World Vision.

Las niñas pasan por este ritual desde que son solo unos bebés, en algunas etnias, o antes de ser “vendidas” a sus maridos, en otras culturas, pero hay un aspecto que siempre comparten: la ablación de sus genitales se lleva a cabo por mujeres sin conocimientos médicos y con instrumentos no esterilizados como cuchillas, navajas o incluso cristales.

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Sufrir por el agua, bailar con el agua

Por María José AgMaria-Jose-Agejas_avatar_1446635289-70x70ejas 

Clarisse se levanta y pregunta: ‘¿cuándo hay que lavarse las manos?’  Los niños responden como si fuera la tabla de multiplicar: ‘antes de comer, después de ir al baño, antes de amamantar a un bebé…

Estamos en unos terrenos de la iglesia católica en los que sobreviven en tiendas de campaña más de cuatro mil personas.  La mitad, quizá más, niños como los que esta mañana se divierten con Clarisse. Algunos van a las escuelas cercanas, otros no. Muchos llevan allí varados más de dos años o han nacido ya sin casa.

Clarisse es promotora de higiene y salud pública de Oxfam Intermón en Bangui, República Centroafricana. Un país en el que una de cada cinco personas ha tenido que dejar su hogar. De una población total que no llega a los cinco millones, la mitad no puede sobrevivir sin ayuda.

Clarisse baila durante una sesión de formación en higiene en el campo de desplazados de Grand Séminaire, en Bangui. Imagen: María José Agejas

Se ve a la legua que a Clarisse le fascina su trabajo. Mientras niños y adultos dibujan en una hoja el ciclo de contaminación oral-fecal, Clarisse se pone a bailar y a cantar, no sea que los asistentes se aburran y se vayan antes de haberse enterado bien de la importancia que tiene la limpieza para evitar enfermedades. De repente la clase de higiene se transforma en una fiesta y las señoras y los señores dan palmas y ríen, mientras alguno se suma al baile, inequívocamente africano, claro está. Así se pasa la mañana. Hay poco que hacer en un campo de desplazados.

Hay unas 450.000 personas desplazadas en el interior de la República Centroafricana, y otras tantas que han huido del país. Muchos están con familias o amigos, otros en campos como este.  No pueden volver a sus casas porque estas ya no existen o porque no se sienten seguros en sus antiguos barrios o pueblos debido a la presencia de grupos armados. Nadege es una de las mujeres que asiste al taller: ‘la vida aquí es muy difícil’, nos dice, ‘pero seguimos viviendo en este lugar porque tenemos paz y calma’. Nadege vive en el sitio con su marido y sus hijos desde hace dos años. ‘En mi barrio hubo masacres y muertes, y por eso huimos’.

El conflicto en el que el país ha caído desde finales del año 2012 ha tenido graves consecuencias en el derecho al acceso al agua potable de los centroafricanos. No sólo para los que han perdido sus casas y dependen de que organizaciones como Oxfam Intermón les provean de agua, duchas o letrinas. Aquí los hogares tienen dos formas de conseguir agua: la red de suministro oficial, que se limita prácticamente a la capital, Bangui, y que a veces no llega directamente a las casas, sino a fuentes instaladas en las calles, y los pozos. Desde el inicio de la guerra, tuberías, puntos de distribución y otras infraestructuras han sido destruidas y muchos pozos contaminados con los cuerpos de víctimas de la guerra. ‘Y si la población bebe el agua de esos pozos’, apunta Clarisse, ‘te puedes imaginar lo que viene después. Las epidemias pueden desatarse en cualquier momento’.

Clarisse explica que son los propios desplazados los que integran buena parte de la fuerza laboral contratada por Oxfam Intermón en los sitios.  Ellos se ocupan de promover la higiene, de vigilar los puntos de agua, de limpiar las letrinas o de recoger los residuos.

Trabajar en los sitios para personas desplazadas es para Clarisse una manera de conocer a sus compatriotas. ‘Este trabajo me ha permitido conocer quién soy yo y quién es la población’. Sonríe mirando al cielo y añade: ‘A fuerza de trabajar con ellos, se establecen relaciones, conexiones. Por eso cuando estoy en casa echo de menos a los desplazados’.

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de Oxfam Intermón en República Centroafricana.