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Las mujeres viudas luchan por la supervivencia en la crisis de Lago Chad

Por Nafkote DabiNafkote Dabi

Decenas de miles de hombres y chicos han desaparecido desde que comenzó el conflicto en Noreste de Nigeria hace ocho años. Algunos han sido asesinados o secuestrados por Boko Haram; otros han sido detenidos por el ejército y nunca se les ha vuelto a ver. Hombres y chicos se han convertido en objetivo para ambas partes del conflicto. Las mujeres y los niños que dejan atrás enfrentan una crisis humanitaria sin protección, con poco o ningún apoyo, y bajo la amenaza de explotación y abusos sexuales. Pese a todo, su lucha por la supervivencia en un ambiente lleno de inseguridad no deja de sorprenderme.

Aisatu junto a un grupo de mujeres en la entrada al campo de desplazados de Muna Garage a las afueras de Maiduguri. Foto: Pablo Tosco/Oxfam

Un grupo de mujeres en la entrada al campo de desplazados de Muna Garage a las afueras de Maiduguri, Nigeria. Foto: Pablo Tosco/Oxfam

“Muchas mujeres son viudas. Tienen que ir al mercado para vender pequeñas cosas para poder alimentar a su familia, o mendigar en la calle para sobrevivir”. Aisha, mujer desplazada de 40 años.

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Qué es el agua para Fátima

Por Marcela Ospina

La tormenta de arena y el sol abrasador nos obligan a resguardarnos.  Estamos en el Chad, en una aldea remota que no existe en ningún mapa oficial. Hemos viajado horas por el desierto para conocer a las personas desplazadas por el conflicto con Boko Haram, y contar su historia.  El jefe del pueblo nos ha invitado a sentarnos en el suelo de una pequeña choza de paja. Estos son sus nuevos hogares: una esterilla para dormir y un cuenco para comer una vez al día si hay suerte. Queremos entender cómo se sobrevive tras la huida desesperada, luchando por no morir en medio de la nada.

Pie de foto: Fátima es una de las 2,6 millones de personas desplazadas por la violencia en la región del Lago Chad. Marcela Ospina. Oxfam Intermón

Fátima, una mujer muy joven y lánguida, entra en la choza con un bebé a sus espaldas. Tiene 20 años, pero le falta vitalidad. Acomoda tímidamente al bebé en su falda y le clava una triste mirada, mientras contesta sin aliento. Nos cuenta que escuchó como Boko Haram asesinaba a su padre, y a otros tantos hombres en su pueblo. Huyó estando embarazada.

Otra mujer la socorrió en el parto, durante los días de travesía adentrándose en el desierto. Fátima sufre malnutrición y por eso no tiene leche para su bebé. Lo alimenta con dosis de mijo que disuelve en agua caliente, pero sabe que no es suficiente. No es capaz de imaginar su futuro. Solo piensa en lo que dejó atrás, cuando vivían a la orilla del lago Chad; pescaban, cultivaban y tenían dinero para comprar. Ahora mal vive a kilómetros de lo que era su única fuente de sustento. No puede volver porque aun hay riesgo de que a las mujeres las secuestren o las violen.

¿Por qué buscar refugio en este lugar tan inhóspito, muy lejos de las tierras fértiles, sin mercado, escuela, o centro de salud?  Aquí, entre nubes de polvo que te ciegan y dificultan la respiración, Fátima se siente segura.

Gente muy pobre la ha acogido con generosidad compartiendo ropa, comida y su bien más preciado, el pozo de agua potable. Para esta mujer, que se crió en las islas de un gran lago, escuchar en el desierto como el agua llena un cántaro, o dar de beber agua a su bebé sin miedo a que enferme de cólera, es una señal de esperanza.

Salimos de la choza para conocer ese pozo en el que Fátima tiene puesta su esperanza. Al llegar, nos encontramos a los hombres del poblado agolpados con herramientas en la mano. Lo que vemos es una formación impartida por los expertos. Si hay una avería, la gente no puede esperar a que regrese un técnico a repararla. Se busca que la comunidad tenga autonomía en la gestión del agua. Los pozos, las formaciones sobre saneamiento para evitar enfermedades, y el reparto de kits de higiene y de pequeñas cantidades de dinero para comprar alimentos, forman parte de la respuesta de Oxfam ante esta crisis, la mayor de África, con más de 11 millones de personas necesitando ayuda humanitaria urgentemente.

Para Fátima, y las miles de mujeres desplazadas en esta zona, históricamente olvidada por el gobierno chadiano, recuperar el acceso diario al agua potable es un pasaporte al futuro. Tener un pozo cerca del refugio significa ahorrarse largas horas de caminata bajo el sol inclemente, a merced de bandidos y animales salvajes, para buscar agua en lugares vecinos. El agua en el desierto marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Marcela Ospina López es Directora de Comunicación de Oxfam Intermón. Ha visitado recientemente a las personas que han huido de Boko Haram y se encuentran en las zonas desérticas de Chad.

Je suis Nigeria

Por María Solanas CardínMaría Solanas

Lo que no se cuenta, parece no existir, incluso cuando las dimensiones y la brutalidad de la masacre sobrepasan –con mucho- otros dramáticos atentados que han estremecido al mundo. En Nigeria, las acciones del grupo terrorista Boko Haram (que se puede traducir del hausa como “la educación occidental es pecado”) superan, desde 2009,  las 13.000 víctimas mortales. La violencia afecta, de manera particularmente cruel, a niñas y mujeres – que además de asesinadas y secuestradas, son obligadas a morir como bombas humanas por “pasar más desapercibidas y levantar menos sospechas” en los mercados y las plazas públicas-. Una violencia atroz y execrable que la pasada semana asesinó a 2.000 civiles en Baga. Pero, como tan acertadamente escribe Jesús Núñez,  Baga (Nigeria) no es Paris.

Manifestación.

Mujeres cristianas y musulmanas protestan contra el secuestro de niñas en Bauchi, Nigeria. Imagen de EFE / STR.

Gracias a Amnistía Internacional y otras organizaciones que trabajan en el terreno, la opinión pública ha conocido la masacre y el terror que están sucediendo en los estados del noreste de Nigeria. Sin embargo, lo que la magnitud y las consecuencias de la barbarie terrorista de Boko Haram exigen con urgencia es actuar. La condena internacional, la solidaridad con las víctimas, el foco informativo, o la movilización de la opinión pública -habiendo sido deseables y siendo aún necesarias- son ya absolutamente insuficientes. Con más de un millón y medio de desplazados huyendo del conflicto a otras zonas del país, y a los vecinos Camerún, Níger y Chad; más de 10.000 personas muertas en 2014 como consecuencia de la violencia; y  230 niñas secuestradas desde el pasado mes de abril, ha llegado el momento de pasar de la repulsa global y las campañas en redes sociales a la acción eficaz y la cooperación de la comunidad internacional para afrontar un problema que no es sólo de otros, y que ningún gobierno puede abordar en solitario. Que debemos asumir colectivamente porque amenaza la paz y la seguridad globales. También la nuestra. También somos Nigeria.

La marginación, la pobreza y la inestabilidad de los estados del noreste del país -a donde no llegan los beneficios del petróleo que han convertido a Nigeria en el primer productor del continente africano- requieren de un enfoque multidimensional que incluya no sólo medidas de seguridad, militares, de cooperación en materia de contra-terrorismo y de prevención de la radicalización, sino también y sobre todo, de un desarrollo inclusivo que ofrezca un horizonte vital a la población, en particular a los jóvenes de las zonas afectadas. El gobierno nigeriano debe abordar con mayor determinación un conflicto cuya magnitud y complejidad no hacen sino crecer. Las elecciones presidenciales del próximo mes de febrero deberían ser una oportunidad para asumir un compromiso firme en esa dirección. Hasta ahora las autoridades nigerianas han evitado por todos los medios que la violencia de Boko Haram “empañe” la campaña electoral. Tras la masacre y la destrucción de Baga, será difícil seguir ignorando el conflicto.

Con la ayuda de los países y organizaciones de la región, en particular de la CEDEAO y la Unión Africana es necesario poner en marcha una estrategia integral para lograr el fin de la violencia, y sentar las bases que prevengan la lacra terrorista. La próxima Cumbre de la Unión Africana, prevista para los días 23 a 31 de enero en la capital etíope Addis Abeba, y centrada, entre otros asuntos, en el 2015 como año del empoderamiento de las mujeres, no puede ser una ocasión perdida. La comunidad internacional, y en particular la Unión Europea, deben también contribuir a garantizar la paz y la seguridad en uno de nuestros vecinos del sur, cuya estabilidad es clave para el conjunto de la UE, y muy en especial para España. En su última reunión de diálogo político con la Unión Europea, Nigeria apeló a la cooperación permanente en materia de inteligencia, incluida aquella que afecta a las fuentes externas de financiación y al suministro de armas a Boko Haram. La Unión Europea no parece tener sentido de urgencia,  pero el margen para poder afrontar la amenaza con ciertas garantías de éxito es cada día más estrecho. No ignoremos, como hemos hecho hasta ahora, que también somos Nigeria.

María Solanas es Coordinadora de Proyectos en el Real Instituto Elcano. Privilegiada en los afectos, feliz madre de una hija feliz.

Lo mejor del Mundial

Por Susana ArroyoSusana Arroyo

A mí el amor por el fútbol me lo enseñó mi abuelita. Los mejores recuerdos de mi niñez incluyen nuestros domingos de ligas europeas por la mañana y juegos del campeonato costarricense por la tarde.  Esos eran, quizá, sus únicos momentos de descanso.

Todavía hoy – a mis treinta y tantos y a sus ochenta y muchos- toda gran cita futbolística la comentamos por teléfono. Si las famosas cadenas deportivas nos escucharan, nos ficharían seguro. El domingo nos juntamos después del (aburridísimo) Argentina-Alemania y ésta que les comparto acabó siendo nuestra lista de lo mejor del Mundial.

Un grupo de niños jugando al fútbol en Chad. (C) Laurens/ Oxfam Intermón

Un grupo de niños jugando al fútbol en Chad. (C) Laurens/ Oxfam Intermón

Lo mejor en el campo: Los porteros, Pirlo, Mondragón, Costa Rica eliminando a dos campeonas del mundo, la fase de grupos, todos los récords rotos,el tiro libre de Messi contra Nigeria, el gol de Van Persie contra España, los seis goles de James Rodríguez y este gol feminista:

Un Gol Feminista (subtítulos en inglés) from Fondo Centroamericano de Mujeres on Vimeo.

Lo mejor fuera del terreno de juego: Los memes, la ebullición de las redes sociales,  La Sele tica luchando contra la violencia doméstica, los jugadores de Grecia y Argelia donando sus primas, la exigencia de estadios libres de racismo y homofobia, la aficionada convertida en modelo que perdió su contrato por cazar animales en peligro de extinción y la campaña para que la FIFA algún día pague impuestos.

El equipo ideal: Hay tantos once ideales como personas aficionadas al fútbol. ¿Cómo elegir al mejor? Al fin y al cabo, como dice mi papá, ‘hablar de superioridad es más un discurso ejercido desde el poder y la dominación que desde la base humana’ . Pero una copa no puede acabar sin campeón, así que nosotras llegamos a un acuerdo: por su entrega, esfuerzo y compromiso, por su pasión, perseverancia y el valor de su juego, nuestro equipo ideal lo forman estas mujeres que se lo dejan, cada día, todo en el campo:

Susana Arroyo es responsable de comunicación de Oxfam en América Latina. Tica de nacimiento, vive en Lima. Quiere que cambiar el mundo nos valga la alegría, no la pena.

Donde estudiar es pecado

Por Irene Milleiro Irene Milleiro

Doscientas setenta y seis estudiantes de secundaria, 276, secuestradas en su instituto por un grupo terrorista. Sucedió el 14 de abril, y fue noticia durante un par de días en la prensa. Después, nada, porque sucedía en Chibok, Nigeria y no en Denver, Colorado, ni en Berlín, ni en Sevilla. Poca gente había oído hablar de los secuestradores, el grupo islamista radical Boko Haram. Así que la historia se podía haber quedado ahí, como tantas otras historias que llegan desde África. Pero esta vez no.

Imagen de la acción 'Bring Back Our Girls' (Devolved a nuestras niñas). Change.org

Imagen de la acción ‘Bring Back Our Girls’ (Devolved a nuestras niñas). Change.org

El 23 de abril, Oby Ezekwesili, ex ministra de educación de Nigeria, reclamó en público al gobierno nigeriano que rescatase a las chicas y las devolviese a sus casas. Un abogado presente durante su discurso, Ibrahim M Abdullahi, tuiteó sus palabras con la etiqueta #Bringbackourgirls. Unos días después, empezaron a leerse noticias preocupantes: las niñas estaban siendo sacadas del país a los vecinos Chad y Camerún y vendidas por unos 10 Euros a militantes islamistas para casarse.

Para las familias fue demasiado. Madres y familiares de muchas de las chicas salieron a la calle a reclamar al Presidente el rescate de sus niñas. Y la mecha prendió en EEUU y el resto del mundo. Mientras las manifestaciones en Nigeria continúan, más de un millón de personas en Twitter han compartido la etiqueta #bringbackourgirls, en apoyo a las chicas y a sus familias. Entre ellas, rostros conocidos: de Malala a Hillary Clinton, pasando por Mary J. Blige o Ashton Kutcher, organizaciones como Amnistía Internacional, Más de 400.000 personas han firmado la petición de Ify, una chica nigeriana, pidiendo a los líderes mundiales que ayuden a rescatar a las chicas. Cada día se celebran actos y vigilias de solidaridad en todo el mundo.

Y parece que todo esto está teniendo resultado. Tras semanas callados, al presidente de Nigeria no le ha quedado más remedio que prometer que traerá a las chicas a casa. Los gobiernos de EEUU, Francia y Alemania ya le han ofrecido ayuda concreta para hacerlo.

Dos preguntas me rondan la cabeza estos días. La primera ¿por qué esta vez sí? ¿Por qué se ha generado este impresionante apoyo internacional? Quizá porque Nigeria no es cualquier otro país africano, sino uno de los más desarrollados. Quizá por el cercano precedente de Malala, que generó una impresionante ola de apoyo en todo el mundo a la causa de la educación de las niñas. Quizá porque a diferencia de otros problemas que asolan África, este parece ‘manejable’ y posible de conseguir: rescatar a 200 chicas de manos de un grupo armado. Quizá porque la tecnología permite conocer estas noticias, reaccionar muy rápido y generar cadenas de solidaridad globales. Quizá porque en los últimos años es tendencia en EEUU todo lo que tenga que ver con la educación de las mujeres y su desarrollo profesional. Quizá por todo lo anterior.

La segunda pregunta me resulta más complicada de responder. ¿Por qué en España no hemos visto esas mismas declaraciones de apoyo que se han sentido en Francia o Alemania? Las noticias sobre el secuestro sí han aparecido en los medios, de forma más o menos amplia, pero iban apareciendo. Pero a diferencia de países como Francia o Alemania, nadie ha recogido el guante. Ni las ONG, ni mujeres (ni hombres) relevantes de la vida política o social han dicho prácticamente nada sobre el tema. Un ejemplo: tres semanas han tardado el PSOE y Elena Valenciano en mostrar su ‘enérgico rechazo ante el secuestro. Las organizaciones de mujeres, que yo sepa, tampoco han hablado mucho sobre el asunto. Ni el Gobierno, después del escueto comunicado dos días después del secuestro en el que hacía ‘votos’ por la inmediata liberación de las chicas. ¿Será porque África nos importa más bien poco, quizá por la falta de lazos culturales? ¿Será porque ‘ya tenemos bastante con lo nuestro’? ¿Será porque no sabemos inglés y lo de #bringbackourgirls no nos decía nada? ¿Será porque nuestra ‘sociedad civil organizada’ está en la parra o no tiene la flexibilidad ni el músculo necesario para reaccionar ante este tipo de hechos? No lo sé. Y me inquieta.

Pero basta de preguntas sin respuesta. Ya que parece que el tema finalmente ha llegado a España, aprovechémoslo. Tú también puedes hacer algo. Habla de este tema con tus amigos. Usa las redes sociales para pedir a personas relevantes que se mojen.  Anima a la ONG de la que eres socia a que se pronuncie. Escribe una carta a tu periódico o tu revista favorita. Firma la petición iniciada por Ify. Organiza una vigilia en tu calle. Cámbiate la foto de perfil. Haz lo que sea, pero no permitas que el mundo se olvide de que estas 200 chicas siguen secuestradas. Hagamos que esta vez sea diferente. Vamos a llegar hasta el final y conseguir que todas ellas vuelvan a casa y sigan estudiando.

Irene Milleiro es responsable de campañas de Change.org