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Las mujeres viudas luchan por la supervivencia en la crisis de Lago Chad

Por Nafkote DabiNafkote Dabi

Decenas de miles de hombres y chicos han desaparecido desde que comenzó el conflicto en Noreste de Nigeria hace ocho años. Algunos han sido asesinados o secuestrados por Boko Haram; otros han sido detenidos por el ejército y nunca se les ha vuelto a ver. Hombres y chicos se han convertido en objetivo para ambas partes del conflicto. Las mujeres y los niños que dejan atrás enfrentan una crisis humanitaria sin protección, con poco o ningún apoyo, y bajo la amenaza de explotación y abusos sexuales. Pese a todo, su lucha por la supervivencia en un ambiente lleno de inseguridad no deja de sorprenderme.

Aisatu junto a un grupo de mujeres en la entrada al campo de desplazados de Muna Garage a las afueras de Maiduguri. Foto: Pablo Tosco/Oxfam

Un grupo de mujeres en la entrada al campo de desplazados de Muna Garage a las afueras de Maiduguri, Nigeria. Foto: Pablo Tosco/Oxfam

“Muchas mujeres son viudas. Tienen que ir al mercado para vender pequeñas cosas para poder alimentar a su familia, o mendigar en la calle para sobrevivir”. Aisha, mujer desplazada de 40 años.

En el apogeo del conflicto muchas mujeres fueron obligadas a presenciar la horrible matanza de sus maridos. Yasmina, una mujer de 48 años de edad de Gwoza recuerda el día en que Boko Haram irrumpió en su pueblo, matando a hombres adultos entre los que estaba su marido. Se quedó viuda y con ocho hijos. “Estaba en el mercado cuando Boko Haram vino a mi pueblo. Dejé caer todo y corrí a mi casa, en busca de mi marido y mis hijos. Encontré el cuerpo de mi marido junto a la puerta, con la cabeza cortada y colocada sobre su espalda”.

La experiencia de Yasmina no es única en el noreste de Nigeria. Es la misma historia para miles de mujeres afectadas por el conflicto, mujeres que han perdido a sus maridos y que actualmente viven en campamentos para personas desplazadas. Mujeres que recurren a actividades peligrosas como la recolección de leña, que las expone a agresiones sexuales.

Muchas mujeres han quedado solas al cuidado de niños y dependientes y muchas, como Yasmina, han tenido que hacer viajes arduos y arriesgados para llevar a sus familias a lugares seguros, en ubicaciones desconocidas para ellas. Miles de hombres desaparecieron en el conflicto y ahora miles de mujeres quedan solas en campamentos y asentamientos donde las personas desplazadas buscan refugio.

La gran mayoría de las personas desplazadas en el noreste de Nigeria carecen de alimentos, refugio, educación y atención médica, así como de derechos básicos como la protección y la libertad de movimiento. Como dijo un hombre desplazado en Maiduguri, “las mujeres y los niños son los más afectados por el conflicto, porque han perdido a maridos y padres, y muchas no pueden encontrar suficiente comida.”

Mendigar y prostituirse para sobrevivir

Los hombres han jugado a menudo el papel de protector y proveedor de su familia, mientras que las mujeres solían ocuparse del hogar. Sin embargo, como resultado del conflicto, muchas mujeres han visto sus vidas cambiar irrevocablemente, al perder la protección y los ingresos que sus parientes varones les proporcionaban.

La ausencia de hombres y de medios de vida viables han obligado a algunas mujeres y sus familias a recurrir a estrategias de supervivencia inseguras como la mendicidad.

Foto: Pablo Tosco/Oxfam

Foto: Pablo Tosco/Oxfam

“Mis hijos tienen que ir al mercado y mendigar”, explica Hadiza, de 30 años. “El dinero que obtienen es el que usamos para comprar comida. No nos sobra para ninguna otra cosa. No puedo enviar a mis hijos a la escuela. No tengo dinero”. Cuando los veo sentados en casa”, continua, “pienso en mi esposo, porque las cosas serían diferentes si estuviera aquí. Y empiezo a llorar “.

Las mujeres desplazadas en Maiduguri afirman que la venta ambulante o la mendicidad son las  actividades que suponen mayor riesgo de violencia y explotación sexuales para las jóvenes.

No cabe duda de que el impacto en miles de mujeres desplazadas es grave. Durante las entrevistas individuales de Oxfam y las discusiones en grupo llevadas a cabo por mis colegas en diferentes campamentos alrededor de Maiduguri, algunas mujeres aseguraron que la única manera de ganar suficiente dinero para alimentar a su familia es practicar sexo de supervivencia a cambio de dinero o comida,  o para lograr un permiso para salir del campamento en busca de otro medio de subsistencia. Un trabajador humanitario, que ha sido testigo de esta terrible realidad, me contaba que algunos campamentos para personas desplazadas se han convertido en “pozos de prostitución”.

Las mujeres solas y sin asistencia humanitaria, las más vulnerables

Algunas mujeres, por supuesto, corren mayor riesgo de abuso que otras. Las agencias humanitarias ya han identificado que las mujeres que no reciben asistencia humanitaria regular y no pueden llevar a cabo sus actividades de subsistencia anteriores, son particularmente vulnerables a una forma u otra de abuso. En 2016, el grupo de trabajo de protección en Nigeria ha denunciado violaciones, abusos sexuales y explotación en la mitad de los veintiséis sitios para personas desplazadas que hay en el Nordeste. Teniendo en cuenta que tradicionalmente la violencia sexual se denuncia menos veces de las que sucede, se puede suponer que la prevalencia real es mucho mayor. A principios de 2017, Human Rights Watch informó de que las mujeres y las niñas desplazadas siguen sufriendo “violaciones y explotación sexual perpetradas por compañeros desplazados, miembros de grupos de paramilitares, policías y soldados”.

Dados tales abusos y amenazas a su seguridad, las mujeres desplazadas reclaman más personal femenino de seguridad, incluyendo mujeres policías, para sentirse más cómodas a la hora de plantear sus preocupaciones. Como explica Fátima, una mujer desplazada de 18 años: “Hay muchas más mujeres que hombres aquí. Me sentiría más cómoda con mujeres a cargo de la seguridad. Es más fácil explicar los problemas que las mujeres enfrentan a otras mujeres “. Según nuestra investigación en Maiduguri, la policía es el colectivo al que menos desean acudir mujeres y niñas en caso de agresión.

Más allá del abuso y la explotación, fui testigo de muchas mujeres que aún sufren el dolor de no saber qué ha sido de sus maridos y seres queridos. “Los echamos de menos, siempre hablamos de ellos”, dice Hadiza, una mujer de 40 años que vive en un campamento informal a las afueras de Maiduguri. Otras mujeres también sufren la angustia de recordar demasiado bien, de haber presenciado la muerte de sus seres queridos. Han pasado ya tres años y Shurima lamenta aun la muerte de su esposo y otros hombres en su comunidad: “Ellos son los que realmente sufren. Ellos son los que están traumatizados ante la amenaza de la muerte”.

 

Nafkote Dabi es responsable de Investigaciones para Oxfam.  Actualmente reside en Nigeria, donde trabaja en el ámbito humanitario, y se ocupa de la grave crisis alimentaria que afecta la cuenca del Lago Chad.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser opinante sin mas

    Lo primero para empezar a properar un poquito sería que tuviesen menos hijos y que se quitasen el trapo de la cabeza.

    03 noviembre 2017 | 08:07

  2. Dice ser Asocial

    Que se muden a Cataluña

    03 noviembre 2017 | 13:35

  3. Dice ser Asocial

    Estas son las que todo los días deben hacerse 5 kilometros para llenar un cantaro de agua o tienen el agua al lado de las chozas?

    04 noviembre 2017 | 14:15

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