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Educar cuando los derechos se tuercen

Por Por Esther Gutiérrez

Como profesora, sé muy bien que la labor de una Organización no Gubernamental para el Desarrollo puede ir mucho más allá de la respuesta inmediata ante situaciones de emergencia, o de la sensibilización. Valoro mucho que una organización invierta recursos, energías y tiempos en la elaboración de materiales educativos, de propuestas didácticas.

El trabajo de las docentes no es fácil. Las posibilidades de desarrollar proyectos en nuestras aulas están mediatizadas por contenidos, estándares de aprendizaje, pruebas objetivas, y tan limitadas en espacio y tiempo que no cabe oportunidad alguna para una reflexión crítica y serena, una innovación que aspire ser transformadora, y una creatividad generadora de nuevas estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, más justas, por más humanas. ¿Es que puede añadirse alguna actividad más en una programación anual cada vez más sobrecargada?

Participantes en un taller del proyecto Conectando Mundos. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Pero hay otras miradas, y hay también personas que escuchan, y detectan necesidades y se atreven a explorar caminos nuevos; personas que conscientes de la fragilidad de todo proyecto nuevo, van forjando alianzas y aprenden cooperando en red. Es así como en el curso 2003-2004 nació la propuesta educativa Conectando Mundos, elaborada por Oxfam Intermón en el marco de la Educación para una Ciudadanía Global. Y es así como se ha ido forjando también, la red de educadores y educadoras.

Como propuesta telemática, ConectandoMundos posibilita un espacio de encuentro virtual y en red para los equipos de alumnos que se inscriben con sus profesores cada año en ella. Además, nos permite trabajar desde el discurso más audiovisual de nuestros chicos y chicas. Pero es innovación tecnológica al servicio de las personas: no se trata solo de introducir las TICs en el aula, aquí la tecnología se transforma en una herramienta estupenda para conectar personas y mundos: es un medio, y no un fin. No estamos solos, ni ellos, ni nosotros tampoco, por eso es bueno trabajar y sentirse en red.

A lo largo de estas dieciséis ediciones hemos abordado consumo responsable, justicia alimentaria, medioambiente, sostenibilidad, migraciones, refugiados, cultura de paz, y muy especialmente la igualdad de género… Este año, la propuesta pone en el centro la vulneración de los derechos sociales. Por eso se llama “Cuando los derechos se tuercen”.

Sentir, pensar  actuar: porque nos duelen las cifras, porque detrás de ellas hay personas como tú y como yo, pensamos cómo cambiarlas y cómo hacerlo desde nuestro entorno más inmediato, sabiendo que cualquier pequeño cambio en el ámbito local tendrá una repercusión global.

“Pensamos”, en plural, porque en este pensar vamos juntos con nuestras alumnas y alumnos.  He sentido en los últimos años cómo Conectando Mundos “reordena” mi papel como profesora dentro del aula. Aquí los alumnos y alumnas son  protagonistas. Son quienes desarrollan la investigación, la reflexión, y los que han de lograr un consenso sobre las conclusiones a compartir con sus compañeros de equipo. Aprendemos a escuchar todas las voces porque cada persona tiene algo que decir y también la oportunidad de hacer. Y los puntos de vista se enriquecen gracias a la perspectiva intercultural que da el hecho de que puedan  participar y participen alumnos de distintos entornos sociales y culturales, de distintas comunidades autónomas españolas, y de diferentes países. La diversidad nos une.

Atención a la diversidad, oportunidades de éxito al propiciar escenarios en los que desarrollar todas las inteligencias, trabajo competencial, contenidos transversales, conexión con la realidad… Sí, la propuesta es curricular. No en vano está elaborada por profesoras y profesores en activo y en red, con auténtico compromiso por hacer una propuesta real y adaptada a la evolución personal de nuestras niñas y niños, desde los tres a los diecisiete años.

Y son nuestras chicas y chicos quienes salen ganando de esta curiosa alianza entre docentes capaces para ver oportunidades educativas transformadoras en el aula, y aprender trabajando con otros en entornos culturales diversos, y organizaciones que, como Oxfam Intermón, trabajan para que las emergencias y las campañas vayan siendo cada vez menos necesarias. Sin olvidar que con nuestros alumnos y alumnas, la alianza se fortalece al convertirlos en parte activa de la misma, porque son con nosotros ya ciudadanas y ciudadanos del hoy, y lo serán, sin duda, del mañana.

Esther GutierrezIncansable aprendiz, creo en una educación que transforma a las personas y con ellas al mundo en el que viven. Estoy convencida del valor que tiene el trabajo en red para nosotros y para nuestros alumnos. Quiero aprovechar todas y cada una de las oportunidades que nos ofrece este mundo cambiante, complejo, e interdependiente y dejar que puedan ser en él, nuestros estudiantes, motor de su propio aprendizaje. 

Por qué los niños tienen pito y otras preguntas estratégicas

Myriam Dufourcq

Por Myriam Dufourcq

Mamá, ¿Por qué los niños nacen con un pito y las niñas con una vulva…?  ¿Y por qué no nacemos todos con un pito o todos con una vulva?

Con 6 años, mi hijo mayor empieza a interesarse de forma un poco más filosófica sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Con esa edad ya se está forjando su identidad de género.

Profesores colaborando en un encuentro de educación transformadora en Andalucía. Imagen: Oxfam Intermón.

Profesores colaborando en un encuentro de educación transformadora en Andalucía. Imagen: Oxfam Intermón.

La construcción de la identidad de género empieza en los primeros años de vida de las personas y viene marcada por su realidad social, cultural e histórica.  Los niños y las niñas nacen en un grupo social que determina qué conductas, habilidades y valores deben tener y ejercer dependiendo de su sexo.  Su entorno determina también las oportunidades y limitaciones que tendrán en función de su género para desarrollarse plenamente,  su acceso y control de los recursos y su capacidad para tomar decisiones,  tanto individuales como colectivas. Cuando la construcción de la identidad se enfoca desde el poder y la subordinación de un género frente a otro, se están fomentando las desigualdades.

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La igualdad empieza en el colegio

Laura Martínez ValeroPor Laura Martínez Valero

“A las mujeres de mis clases de Ingeniería:

Aunque siempre es mi intención trataros como iguales en nuestras interacciones, permitidme desviarme para decir que en realidad vosotras y yo no somos iguales”.

Así empieza la carta de Jared Mauldin, un estudiante de último curso de Ingeniería Mecánica en Estados Unidos, a sus compañeras de clase. Pese a este inicio tan radical, la misiva no es lo que parece. Se trata de una denuncia de la desigualdad de oportunidades que sufrimos las mujeres. Desigualdad que proviene en gran medida por la educación y los mensajes que seguimos transmitiendo a las niñas desde pequeñas.

“No he vivido en una sociedad que me decía que no me ensuciara o que me llamaba ‘mandón’ cuando exhibía mis habilidades para el liderazgo (…).

No fui bombardeado con imágenes y eslóganes diciéndome que mi verdadero valor estaba en mi apariencia y que debería abstenerme de ciertas actividades porque podría ser considerada demasiado masculina”.

Os recomiendo el texto, que ya se ha vuelto viral en Facebook (podéis consultarlo aquí). Pero lo que realmente me gustaría abordar es lo que hay detrás: ¿se educa a los niños y niñas para que tengan las mismas oportunidades?

"Me gustan las historias donde las mujeres se salvan a sí mismas" Neil Gaiman. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

“Me gustan las historias donde las mujeres se salvan a sí mismas” (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Al igual que otras muchas mujeres y hombres, sigo pensando que no. Pongo un ejemplo, muy sencillo. Yo misma me he sentido diferente por haber querido hacer actividades que no se consideraban ‘de chicas’ (como jugar al fútbol o al baloncesto en lugar de hacer el nada competitivo baile de fin de curso en el colegio, que es lo que le tocaba a las niñas). Habrá quien dirá que esto no tiene nada que ver con la desigualdad de oportunidades, pero si a una niña se le ponen impedimentos para que desarrolle su propia identidad (como ser competitiva o querer hacer deporte) esto le influirá en el resto de facetas de su vida. La actriz Jennifer Lawrence lo sabe bien. Cuando unos piratas informáticos hackearon Sony y desvelaron los contratos con los actores y actrices, Lawrence descubrió que sus compañeros de reparto masculinos de ‘La gran estafa americana’ habían cobrado mucho más que ella:

“Estaba enfadada conmigo misma. Fallé en las negociaciones porque me rendí demasiado pronto. (…) Estaría mintiendo si no dijera que hubo un elemento de querer agradar a los demás que influyó en mi decisión de cerrar el acuerdo sin peleas. No quiero parecer difícil o malcriada. Éste es un elemento de mi personalidad contra el que he estado luchando durante años, y basándome en las estadísticas, creo que no soy la única mujer con este problema. ¿Estamos socialmente condicionadas a comportarnos de esta manera? ¿Tenemos el hábito de intentar expresar nuestras opiniones para no ofender o asustar a los hombres?“.

Tranquila Jennifer, yo tampoco he querido ser difícil y he cedido en muchas ocasiones. No te eches la culpa por algo que te han inculcado. Creo fervientemente que la educación es el único camino para romper estos roles tan desiguales y que se debe incluir activamente a los niños, no sólo a las niñas, para lograrlo. Por ello, me anima conocer propuestas como Conectando Mundos de Oxfam Intermón, que este año bajo el nombre ‘Caminos de igualdad’ invita a estudiantes de entre 6 y 17 años a trabajar por el cambio hacia una sociedad igualitaria, rompiendo estereotipos de género y reconociendo las desigualdades por motivo de género.

Os animo a que la compartáis con todos los profesores/as que conozcáis. Las inscripciones estarán abiertas hasta el 15 de enero. ¡A construir igualdad se empieza desde el colegio!

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.