BLOGS
Madre Reciente Madre Reciente

La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Archivo de agosto, 2018

¿Por qué demonios estamos poniendo canciones como ‘El anillo pa’cuando’ a nuestros niños?

Me lo contó no hace mucho una amiga, madre de un querubín de rizos rubios que aún va a Infantil. Lo llevaba de la mano cuando le escuchó cantar una letra realmente poco apropiada en unos labios tan pequeños. Era la letra de El anillo pa’cuando de Jennifer López, la misma que el año pasado cantaba que no era la madre de nadie, mostrando ser muy poco consecuente.

Os dejo la letra que cantaba con lengua aún de trapo el angelito. Que a veces oímos esas canciones del verano sin procesar realmente lo que están contando.

Me tratas como una princesa, me das lo que pido
Tú tienes el bate y la fuerza que yo necesito
Cuando estamos solos, te juro, no me falta nada
Te pongo un trece de diez cuando estamo’ en la cama
Nunca había sentido algo tan grande
Y me vuelve loca tu lado salvaje
Tú me has dado tanto que he estado pensando
Ya lo tengo todo, pero
¿Y el anillo pa’ cuándo?

Hueles como me gusta
Me besas como me gusta
Me agarras como me gusta
Así, así, que a mí me gusta
Como muerde la fruta (wuh)
Si sale de noche, me asusta
Sin mapa conoces la ruta
Así, así, que me gusta
Sigue aquí, papi estoy pa’ ti
Dale atrás, que así somos las del Bronx
Don’t stop, muevete má’

El año anterior otra amiga me contaba una anécdota similar con otra canción de Maluma en la que daba igual si en la cama eran dos, tres o quince y si había o no anillo, mientras hubiera cama.

A nuestros niños se las ponen durante el recreo en los colegios, en los campamentos infantiles, en las clases de baile moderno o zumba, desde apenas los tres añitos.

También suenan en emisoras de radio supuestamente aptas para que las escuchen los niños en el coche camino al colegio.

Y si ven los vídeos es aún peor. Raro es aquel en el que las mujeres no son más que trozos de carne que se menean con más o menos tino y calentura.

Desde luego, como ejemplo de hipersexualización innecesaria de la infancia, no tiene precio.

Es cierto que no se enteran de la misa a la media en la práctica totalidad de los casos, pero yo creo que sigue sin tener sentido que sean esas las canciones que escuchan. Y no me parece estar pecando de mojigata. Tampoco es una crítica a este tipo de música, que entiendo que en otros contextos puede tener todo el sentido.

GTRES

Anda que no hay opciones completamente recomendables, sin necesidad de tirar de Cantajuego o Pica Pica.

¿Qué os parece a vosotros?

‘El misterio del arca’ de Espido Freire, para que nuestros niños disfruten descubriendo su pasado romano

No hay demasiada novela histórica al alcance de nuestros niños. Me resulta llamativo porque es uno de los géneros que más nos gusta en casa y uno de los que más éxito tiene entre los adultos, pero parece que a los chicos preferimos mostrarles historias en las que abunden la fantasía, el romance, el drama cotidiano o un cóctel de todo aquello (nada en contra de todo ello, que conste).

Preferimos nosotros, los adultos, porque el pasado es idóneo para crear aventuras y personajes que les resulten inolvidables; que estoy convencida de que disfrutarían mucho, más allá del concepto de aprendizaje del pasado, que nunca sobra.

No sé si siempre ha sido así, si la historia ha estado poco representada en los libros infantiles y juveniles, pero me da la impresión de que es algo que se nota aún más en los últimos años. Desde luego, mirando los títulos para nuestros jóvenes que más venden o que más galardones obtienen, no se ve apenas nada histórico.

Recuerdo algunas colecciones en mi infancia que sí recogían aventuras ambientadas con cierto rigor en épocas pasadas. En casa tengo varios volúmenes, aptos a partir de unos nueve o diez años, de Bruño y de Alfaguara. De ellas guardó con especial cariño en mi memoria dos libros ubicados en la antigua Roma: Aura Gris, de Pilar Molina, y Un caballo contra Roma, de Josep Vallverdú.

He revisitado ambas hace poco y la segunda ha conservado el vigor francamente mejor que la primera. Hay libros (y series, juegos, lugares y películas) que está bien dejar en la infancia.

De ambos me acordé mucho cuando leí hace un par de años El chico de la flecha (2016, Anaya) de Espido Freire, y de nuevo este verano al sumergirme en El misterio del arca (2018), la continuación de las aventuras del joven Marco, un ciudadano romano de la Emérita Augusta del siglo I d.c. que, por distintos motivos, tendrá que viajar primero al sur de Hispania y luego a levante.

Son maravillosos exponentes de lo que me gustaría encontrar con más frecuencia en los catálogos de las editoriales que tienen a nuestros niños y adolescentes en mente. Se trata de lecturas amenas, recomendadas a partir de doce años (aunque los lectores de unos diez más voraces pueden adentrarse perfectamente en ellas), que resultan agradables también para los adultos. Amenas, ágiles, y  además, están espléndidamente escritas.

Demasiadas veces encuentro escritores que confunden adaptar su escritura a los niños con dejarla desprovista de cualquier encanto. No es este el caso. Ojalá más autores capaces y reconocidos se decidieran a escribir para los jóvenes, por mucho que también haya encontrado con demasiada frecuencia prejuicios injustos contra los libros que van dirigidos a este público.

El chico de la flecha y El misterio del arca respetan los límites de la novela juvenil al tiempo que evitan los senderos trillados. No hay amores fáciles y previsibles, fuegos de artificio sin soporte. Sí que tienen contexto y poso. Y también un buen puñado de personajes bien diferenciados entre los que destacan, además del protagonista, su juicioso tío Julio, su hermana Junia y inseparable amigo y esclavo Aselo.

Sí, hay esclavos, libertos y una explicación de cómo los valores, también el valor de la vida, eran otros. También nos queda claro que nacer mujer te colocaba en una situación distinta y potencialmente muy vulnerable; que antes casarse era cosa de niños y no era posible perpetuar la infancia demasiado tiempo.

De hecho, así explicó la propia autora cómo abordar mostrar aquella realidad histórica a los jóvenes en el blog de novela histórica XX Siglos:

Roma, o la Hispania Romana, por mucho que sea nuestra tatarabuela en leyes, idioma e incluso organización territorial, está muy lejos de ser una sociedad como la nuestra: sin perder de vista mi compromiso con los valores transversales, debía destacar que era una época en la que no existía ni la democracia ni la igualdad, con una brutal estratificación social y escasa esperanza de vida. Dulcificar esa realidad me parecía una traición a mis lectores. Pero quedarme únicamente en eso sería faltar a la coherencia: un niño de doce años en Emérita Augusta veía mucho de una realidad desagradable, pero no todo.

Por último, en esa ciudad, durante el reinado de Vespasiano, sobraban ocasiones dramáticas: peleas de gladiadores, rebeliones de esclavos, guerras, levantamiento de tribus. Codicia, corrupción, oportunidades para enriquecerse, y para perderlo todo. Matrimonios concertados, amor, muerte, violencia, todo eso se podía palpar a diario.

No obstante, os confieso que probablemente lo que yo más valore de estos libros sea el sentido común que desprende el tío; la figura paterna e imperfecta de la que aprender, sin moralinas, la importancia de pensar, de ser flexible, de saber que la vida nos lleva por caminos insospechados, de que el miedo no es de temer y que a los amigos hay que elegirlos bien, igual que a la familia siempre que sea posible.

Una pequeña muestra:

– “Si” es una de las palabras más perniciosas de nuestra lengua. En la vida no hay tiempo para los “si”. Hay que pensarlos antes, no después. La vida se improvisa, pero es posible realizar pequeños ensayos antes, ¿me explico? Solo los estupidos van a ciegas, y se lanzan sin pensar contra los obstáculos. Pero son casi tan estupidos los que piensan y planean, y nunca se deciden a nada. Lo que hemos vivido ya es pasado. Nos hará más fuertes y más sabios. Si nos hemos equivocado… en fin, aún tenemos una oportunidad de remediarlo. Pero no podemos desandar lo andado. Por eso es tan importante tomar buenas decisiones, hijo, y estar preparado para asumir sus consecuencias. Si he logrado enseñarte eso, creo que ya he cumplido con mi función como tutor.

Y me vais a permitir que concluya esta recomendación, que no reseña, sin entrar en grandes detalles sobre la historia. Prefiero permitir que el devenir de Marco os sorprenda. 

Yo estoy deseando seguir sus próximos pasos.

Disney, McDonalds, Starbucks… dejarán de usar pajitas de plástico. ¿Por qué no hacemos lo mismo las familias?

(GTRES)

El plástico es muy útil, de tantas maneras diferentes que no tiene sentido ponerse a enumerarlas. No hay que demonizarlo porque es muy necesario en nuestro día a día. Pero sus ventajas se nos han ido de las manos y nos hemos pasado de frenada, elaborando todo tipo de archiperres innecesarios, de usar y tirar y, ya de paso, contaminar.

El problema con los plásticos desechables es tal, que cada vez copa más las portadas de los medios de comunicación de diferentes maneras, incluidas las crecientes legislaciones para limitar su uso.

Hoy os quiero hablar de un plástico muy concreto, uno vinculado en gran medida a la infancia, aunque también se usen con poca medida en la edad adulta: las pajitas.

No hace mucho que Disney anunció su intención de erradicarlas de todos sus parques, poco después de que Starbucks dijera que dejaría de emplearlas en 2020 y de que McDonald’s sustituyera las pajitas de plástico por otras de papel en Reino Unido e Irlanda, algo que irá extendiendo por otros países.

¿Por qué no sumarnos las familias a esas iniciativas privadas?

Creo firmemente en la responsabilidad de los padres por educar en la conservación del medio ambiente a nuestros hijos. No es algo que debamos obviar, aunque para ello nosotros seamos los primeros que debamos dejar de autoengañarnos y dar ejemplo: llevando a cabo un consumo r3soknsbale, reciclando, reutilizando, no contaminando, respetando el entorno en nuestras excursiones familiares

Y explicando de paso a nuestros niños los motivos por los que es importante hacer todo eso, adaptado a su nivel, pero de forma constante para que vaya calando la idea en ellos de que este planeta es nuestro hogar y que todos tenemos la obligación de respetarlo y contribuir a su conservación.

Os propongo, como un pequeño pasito, como un ejemplo de todo lo que podemos llegar a hacer, el dejar de emplear pajitas de plástico y contar a nuestros niños la razón por la que ya no las cogemos en los restaurantes de comida rápida ni las compramos para tenerlas en casa.

Podemos vivir sin ellas y apenas tienen vida útil antes de convertirse en residuos. Ni siquiera son tan divertidas.

Con pequeños pasos se completan maratones. Y se despiertan conciencias.

(GTRES)

Ir de compras con un niño con autismo

Hoy he ido de compras con Jaime. Unas cuantas cosas para su fiesta de cumpleaños. Este sábado cumple ya doce años.

Ir al súper con un niño con autismo no siempre es fácil. A veces puede ser muy difícil. Y hablo de niños, pero también puede serlo con adultos con TEA, por mucho que aprendan y mejoren a lo largo de toda su vida.

Jaime se ha portado muy bien, ayudando a llevar el carro y meter y sacar cosas apetecibles sin exigir comer algo hasta llegar al coche y aguardando con paciencia a pasar por caja, pero hay que comprar deprisa, con las cosas claras, sin perder el tiempo, buscando las horas de menos afluencia de gente y las cajas con menos colas.

A veces no es tan satisfactorio como hoy. En ocasiones hay que interrumpir la compra si se empeña en irse. De hecho solemos comprar solos o ir todos para que un adulto pueda salir con él al coche si se tuerce demasiado, antes del disgusto.

Para muchas familias con hijos con autismo algo tan sencillo como ir a comprar puede ser todo un reto, fuente de temores y distintas estrategias, como comprar solo en un sitio en el que ya nos conozcan o encargar la compra por Internet.

Y es algo que hay que trabajar en casa porque necesitamos comprar y hacer recados con ellos. Algo que trabajan en muchos colegios especiales para facilitarnos la intendencia y la vida familiar.

Imaginad no poder llevar a vuestros hijos a comprar con vosotros y tampoco poder dejarlos solos en casa. Complicado, ¿verdad?.

Son sitios que les cuesta comprender, esperas que llevan mal, que les agobian e impacientan. A veces llenos de caprichos que quieren ya.

E igual que con ellos hay que trabajar la paciencia, también con la sociedad hay que trabajar la comprensión y la empatía. Claro que sin explicar las cosas, sin ser visibles, es complicado.

A veces es mejor adelantarse y decir qué le pasa al niño, por mucho que canse estar dando explicaciones constantemente. No solo porque nos entiendan en ese momento, también para lograr una mayor comprensión de cara a futuro, con nosotros o con otros, en situaciones semejantes.

Si veis a niños o chavales portarse regular o comportarse extraño en un súper tal vez tengan autismo o algún tipo de discapacidad o trastorno, no penséis siempre que son consentidos o malcriados. Las miraditas recriminatorias sobran, porque no sabéis qué le puede pasar a ese niño.

Defender la lactancia materna no implica atacar a las madres que no han lactado

Hoy, día siete de agosto, es el día que termina la semana por dedicada a la lactancia materna, designada por la ONU para poner en valor la que es, a día de hoy, la alimentación mejor y más saludable para los bebés, también beneficiosa para las madres.

De cara a su arranque publique aquí mismo un trivial sobre lactancia, y al difundirlo en mis redes sociales me encontré la misma polémica que siempre asoma cuando se habla de lactancia.

Una polémica que acompaña a este blog desde que empecé a escribir hace doce años. Una que ya deberíamos ir superando.

Defender la lactancia materna no implica atacar a las madres que no han lactado, porque no se es mejor ni peor madre por haber dado el pecho o el biberón.

Hay que intentar moderar las susceptibilidades. Tener el pellejo más duro, vamos.

La maternidad es mucho más que eso.

Dar el pecho es motivo de satisfacción, pero no tiene sentido que sea motivo de presunción.

Defender la lactancia y sus innegables virtudes tampoco tiene que derivar en presión a aquellas mujeres que acaban de ser madres. No podemos pasar de invitar a usar chupetes y biberones a hacer sentir mal a una mujer en un momento tan delicado por insistir en demasía o sin delicadeza en las ventajas de la lactancia.

La lactancia es más saludable tanto para los niños como para las madres. Es un hecho demostrado con evidencias científicas de sobra y ponerlo en duda es ridículo. Lo que no quiere decir que un niño alimentado a biberones no pueda crecer sano y estupendo.

Como en casi todas las circunstancias de esta vida, debería primar el respeto, la empatía y el sentido común.

Tal vez así algún día logremos acabar con las guerras de la lactancia.

(GTRES)

Se está diagnosticando mal y tarde a la mayoría de niños con autismo con demasiada frecuencia

A finales el mes pasado, y tras la noticia de un congreso pseudocientífico que abogaba por emplear métodos potencialmente muy peligrosos para la salud para curar el autismo, cuando el autismo no se cura, se tiene, pregunté en mis redes sociales a padres de niños con TEA cómo había sido el proceso diagnóstico y si se habían sentido acompañados.

Lo pregunté tras escribir en twitter algo que mantengo: la orfandad de los padres de niños con autismo es duraderas, pero hay que extremar el cuidado en los primeros momentos.

La acogida fue abrumadora. Hubo muchas respuestas y esas publicaciones siguen recibiendo experiencias, no solo de España. Por eso desde aquí quiero dar las gracias antes de nada a todos los que habéis participado. Quería traer aquí solo unas pocas, pero he sido incapaz porque la mayoría son muy interesantes y representativas. Así que probablemente estéis ante el post más largo de este blog en sus doce años de historia. Y si os quedáis con ganas de más, hay más contestaciones en Twitter y Facebook.

Desde luego sirve para hacerse una imagen bastante clara del variado periplo de muchas familias, de lo solas y poco escuchadas que se sienten demasiado a menudo.Queda claro leyendo que se está diagnosticando mal y tarde a la mayoría de niños con autismo con demasiada frecuencia, que incluso se les está facilitando información errónea, que es verdad que a los padres se les deja huérfanos y vulnerables con demasiada frecuencia, que es impepinable acudir a Internet por mucho que muchos profesionales recomienden no navegar, deberían recomendar por dónde y cómo hacerlo.

Pocos son los que han tenido la suerte de ser bien tratados, prontamente, y convenientemente guiados.

También queda por tanto en evidencia algo que en el fondo ya sabíamos: que hay que tomar medidas para hacer que eso cambie. En noviembre de 2015 el gobierno de Rajoy amagó una Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), una normativa nacional que, entre otras muchas cosas que también sonaban muy bien, recogía que en el ámbito de la salud era prioritario establecer mecanismos en relación a la detección precoz de los TEA y al acceso a un diagnóstico e intervención especializados.

Se quedó en nada, como ya me temía en su momento. Aunque no pierdo la esperanza de que se retome cuando antes un proyecto similar  (o aún mejor, uno efectivo y bien dotado de presupuesto, porque solo con tinta no se llega muy lejos).

Y ahora es cuando os dejo con lo que se podría considerar un hilo kilométrico.

(GTRES)

 

Ana MT Como profesional me produce mucha tristeza leer los comentarios de las familias y ver que en un porcentaje tan alto se les diagnosticó tarde y mal… de malas maneras, con poca información y perdiendo un tiempo de trabajo precioso. Ojalá en el futuro inmediato esto cambie. Ánimo y paciencia a todos

Sandra Linaje En Reus, tuvimos que pedir que nos dieran el diagnostico, daban vueltas a palabras pero no eran claros. Recuerdo el día, preguntamos como que grado y nos dijeron que había una diferencia entre autismo y trastorno del espectro autista, que el autismo era que no tenían nada en el cerebro y los del espectro sí, que el nuestro estaba mas en el autismo🤦🏻‍♀️( ahora me da la risa, entonces no). Definitiva, acertaron porque era de manual, pero patéticos.

Consultamgh Psicología. Alonso hablaba mucho y vamos a decir que era eso que llamamos normal… empezó a dejar de hacer todo y yo mi peregrinación por neurólogos y psiquiatras infantiles que me hacían sentir muy loca… lo estaba es verdad … pero años después tuvieron que pedirme perdón y poner TEA regresivo.

Miguel Ángel Román. Nos lo dio de sopetón un señor del EAP ( Equipo Asesoramiento Psicopedagógico), mientras hablábamos sobre la opción escolar de Ares en P-3. Información sobre el trastorno, cero. Fue una situación muy desagradable.

Silvia Ramírez. Fue después de ocho años de espera y sufrimiento. ¿Negligencia? ¿Desconocimiento? No lo sé. Pero se dedicaron a criticar la lactancia materna, el colecho, el porteo…en general, nuestra forma de criar. Y eso era el culpable de todos los comportamientos extraños de mi hijo. No les hicimos caso. A los ocho años después de dar muchas vueltas por fin encontramos una psicóloga privada que dio con el diagnóstico y nos lo explicó con mucho respeto y paciencia. De todo ese dolor empecé a escribir en mi blog, para compartir, desahogarme, aprender… Ademas soy asesora de lactancia y decidí empezar a empezar a estudiar psicología y dedicarme a difundir y romper el mito que existe alrededor de que la lactancia genera dependencia en los niños, entre otros muchos mitos y mentiras como la teoría de las madres neveras.

Natalia De Alcaraz Montijano. En Córdoba está muy mal orientado porque es el el edificio de Salud Mental de los Morales, un edificio muy antiguo , terrorífico y apartado de la Ciudad . Tú vas con tu niño pequeño , de 2 o 3 años , de la mano , y al entrar allí se te cae el alma a los pies . Todos los padres con los q he hablado de esto coinciden conmigo , no por los profesionales , sino por la ubicación , y el entorno q todo ello conlleva .

Lorena Ramírez. Primera visita con la neuropediatra nos dijo que había rasgos, esto fue en Mayo y mi hijo tenía 2 años y medio; el diagnóstico definitivo vino en octubre del mismo año. Cuando me lo dijeron mi desconocimiento era absoluto, me imaginaba al niño que se quedaba en un rincón y se auto lesionaba. Como no, empecé a mirar por Google. Información poca en todos los sentidos, en poco más d un año he aprendido mucho d padres en mi misma situación. De las ayudas tampoco te informan.

Natalia Murcia. La neuropsiquiatra confirmó lo que el neurólogo y los equipos de atención temprana nos habían dicho que sospechaban anteriormente. Quizás faltaba un poco más de información pero nos dio la clave de ponernos en marcha desde ya con estimulación, estimulación y más estimulación e intentar pasar el ‘duelo’ lo más rápido posible en su beneficio y el nuestro . Juan ahora tiene 10 años y en ese momento no llegaba a los 2

@Karasur66 Un pediatra privado soltó la bomba “posible trastorno autista”, por escrito, a los tres años. No se atrevió a decírnoslo verbalmente. Fuimos a la asociación de autismo de referencia en mi ciudad y nos hizo un diagnóstico serio y profesional un psicólogo.

Gemma A.Díaz. Soy orientadora en un cole y aún hoy en día resulta complicado dar un diagnóstico de TEA especialmente en edades tempranas. Nos acogemos a los manuales DSM-5 o Cie 10 (11) y aún así no siempre cuadran todos los criterios para concluir que estamos ante un TEA. El propio trastorno indica que hay un gran ABANICO (espectro) de características que no siempre se manifiestan confluyendo de forma que tengas una idea clara de que ese niño padece TEA. En mi caso busco siempre más de una opinión profesional (aparte de la mía) que suele ser atención temprana y el centro de salud mental, o cualquier otra institución que ya haya valorado previamente al niño/a. Es complicado encontrarse con niñ@s TEA “de manual”. Frente a las familias hay que ser empático, sensible y acompañarles en todo el proceso siendo realistas porque hay muchas familias que si eres paternalista y edulcoras la situación, tienden a negar la realidad. Es muy importante ocuparse cuanto antes e iniciar la estimulación en edades muy tempranas. Es un trabajo de todos el hacerlo bien y he visto que cuando familias y profesionales remamos juntos quien se beneficia enseguida es el niñ@.

@Monica_C_Jorge Con 14 meses note que algo no iba bien, le vieron 2 pediatras y les pareció que no le pasaba nada. No decía ninguna palabra… Con 18 meses ya me hablaron de TGD pero hasta los 4 años no se confirmo. Pensaban que era TEL. Toda la información por internet.

María Hermida Domínguez. En Galicia después de ver cosas raras se lo detectaron en la Escuela Infantil insinuárselo a la pediatra no me hacía caso pero yo insistí. Pedí las pruebas psiquiatría infantil y un neurólogo dieron en el clavo. La pediatra no dijo nada ahora me dedico a mi hijo con mucha terapia y esfuerzo ha mejorado bastante. La mejor medicina es esto es la PACIENCIA. Un saludo a todos los padres

@MartaGHuerta2 Mi hijo tuvo autismo regresivo de ese horrible en el que tu hijo se va. Yo lo llevaba a médicos y me decían que era una exagerada. Luz de gas y sufrimiento extremo

Lee el resto de la entrada »

A ‘Los Increíbles 2’ solo se le puede echar en cara que nos haya hecho esperar catorce años

El pasado miércoles tuve la oportunidad de ver, rodeada de niños, la segunda parte de Los Increíbles. Una película que se estrena en España este primer fin de semana de agosto pero que ya viene precedida por un estreno en otros países arropado por estupendas críticas y números en taquilla.

Entré a la sala contando desde mis redes sociales que la primera parte puede que no fuera la obra maestra de Pixar, pero que tenía una calidad muy alta. En mi podio de cintas ideadas por John Lasseter, el primer puesto es para Wall-E (de cuyo estreno se cumplirán este agosto diez años), pero Los Increíbles es realmente más que notable, una película excelente de la que disfruté mucho en su día y con la que volví a pasármelo bien al revisitarla siendo madre.

A mi parecer, Los Increíbles 2 la supera. Efectivamente, es uno de esos raros casos en los que las segundas partes son incluso mejores que las primeras. Es inteligente, todos los personajes están bien dibujados y te dejan con ganas de pasar más tiempo a su lado, presenta conflictos creíbles, tiene un ritmo envidiable e introduce de maneras acertadas nuevos personajes, destacando el carismático villano, que tiene su fondo y forma.

La estética es sencillamente una maravilla, en ella se paladean los años cincuenta y sesenta, la series y películas de superhéroes clásicas, incluso me acordé viéndola de los supersónicos y de esa zona de los parques de Disney dedicados al futuro que Tomorrowland no supo hacer brillar. Artísticamente es impecable.

Nos gustó tanto a todos los que estábamos aquel día en la sala que hubo un aplauso generalizado al acabar, algo que sucede raras veces.

Solo hay algo que se le pueda echar en cara a esta cinta, y es que nos hayan hecho esperar tanto por la segunda parte. Los Increíbles se estrenó en 2004, los niños que la vieran con diez años ahora tienen 24. Yo era una veinteañera que fue al cine en pareja y ya tengo 42 y dos hijos.

Ojalá para la continuación de esa otra pequeña gran maravilla de Disney que es Big Hero 6 no haya que aguardar tanto.

Al menos tanta espera ha merecido la pena.

Hay películas de animación que en los avances te destripan prácticamente todo el argumento y las mejores bromas. No es el caso de Los Increíbles 2, algunas de las bromas más graciosas sí que están en los trailers, pero hay más. Y sobre todo hay mucho más allá de las risas.

Tiene un ritmo excelente, personajes bien dibujados, diálogos inteligentes, un villano complejo y memorable (se come la pantalla en todo momento) y también humor, que levanta el conjunto para todos, pero sobre todo para los más pequeños. Aunque tal vez a los muy, muy pequeños (de tres a cinco o seis años) les resulte algo árida. 

No quiero, por tanto, contar demasiado del argumento. Diré simplemente que la película retoma la historia exactamente en el punto en el que se quedó hace catorce años, por lo que puede ser recomendable tener fresca la primera parte antes de ir al cine.

También que tiene un par de mensajes de fondo de calado. El que primero encontramos es una lección sobre cómo vivir en pareja, en familia. La necesidad de hacer equipo, de ser flexible y asertivo, de saber adaptarse y apoyarse mutuamente. Es tal vez el que esté peor construido, porque se recrea en el arranque demasiado en la inutilidad del padre increíble para poner en valor a la madre, auténtica protagonista de la historia aunque toda la familia lo sea.

 

El segundo, secundario además y metafórico, es la necesidad de levantar la vista de las pantallas, de saber que son un elemento útil pero que entraña sus riesgos.

Atención además a dos de los nuevos personajes que aparecen, carismáticos y fantásticos para ejemplificar como un mismo suceso traumático se puede encarar de formas muy distintas, de cómo nos puede ayudar a crecer y ser mejores o llevarnos por un rumbo equivocado.

Igual que su predecesora, puede que no sea una obra maestra, pero se le acerca mucho.

Un ejemplo de lo mal que se está apoyando a las deportistas de alto nivel cuando son madres

Ser madre es complicado en muchos sentidos. Uno de ellos es, sencillamente, en poder serlo cuando y como deseas y poder compatibilizarlo con el resto de aspectos de tu vida, con tus aficiones, tus amigos, tu concepcion de ti misma y, sobre todo, con tu profesión.

Os voy a contar algo que probablemente ya sabéis. Casi en la totalidad de los casos hay renuncias, parones, cambios de rumbo laboral, por mucho que planifiquemos y nos esforcemos cuando quedarnos embarazadas y de qué manera volver a un entorno laboral que aún no tiene unas medidas suficientemente igualitarias.

También hay hombres a los que les afecta, pero ni mucho menos en la misma medida. Y hasta cierto punto es lógico que así sea porque ellos, por implicados que estén y por mucho que crean y practiquen la corresponsabilidad, no tienen que embarazarse, parir, recuperarse del parto o la cesárea y lactar.

Algún día os hablaré de una amiga treintañera y recién casada a la que encontrar un trabajo se le resiste porque todos los que la entrevistan preguntan por sus circunstancias personales, asumen que será madre pronto y no la quieren en la empresa. A su marido, en las mismas circunstancias, eso no le pasa.

En el caso de las deportistas de alto nivel el hándicap de la maternidad tiene aún más implicaciones. Las implicaciones físicas son más que relevantes en una carrera profesional tan dependiente del físico.

Y a ellas tampoco se las está apoyando como debería.

Os invito a leer Isabel Macías, una mujer estupenda que es subcampeona europea, olímpica, presidenta de Mujer y Atletismo, madre, entrenadora y adoptante de una galga preciosa. A leer este hilo en el que algo se puede vislumbrar del reto extra que supone la maternidad para una deportista y las ayudas pírricas y mal pensadas de las que disponen.

Por cierto, también os animo a leer su blog Y seguirla en redes. Merece la pena.

(EFE)