Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
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¡91 Clásicos destripados en 4 viñetas!

¿Y si alguien seleccionara 91 clásicos de la Literatura y los diseccionara en cuatro viñetas, destripando sus finales al más puro estilo Jack El The Ripper? Pues bien, queridos, eso es justo lo que ha hecho Henrik Lange en un volumen que Ediciones B acaba de editar en España, y que se materializó hace unos días en mis confines bajo la forma: “90 clásicos de la Literatura para gente con prisas”.

Más allá de la conmoción inicial, su presencia nos ha quebrantado la armonía arrastrándonos a mis libreros, a algunos reginaexlibrislandianos de pro y a mi a acalorados debates.

Normal, si tenemos en cuenta que lo que nos toca directamente el libro es la mismísima bibliofilia, cuando desde la contra se presenta así:

 

 

“¿Literatura para gente con prisas?” En fin, no sé cómo se os queda el cuerpo a vosotros, pero yo creo que justo fue esa frase la que me tensó el pelucón…

… Y de no ser porque la Providencia Divina metamorfoseó poco antes del cierre a un reginaexlibrislandiano asiduo en ‘abogado del Diablo’ que silenció tan abrupta como certeramente nuestro gallinero literario hasta vosotros hubierais podido oírnos despotricar al resto de tertulianos sobre el proyecto del señor Lange.

Y eso que lo único que nos dijo el caballero fue:

– Cliente: Hombre, no sé… Puede parecer aberrante pero hojeando esto quizás a alguien luego le da por leer alguno de estos títulos en su formato original, ¿no? Vamos, un cebo o algo así… Mirad alicia o La Odisea, ¿No?

 

Como os decía, tras su frase el silencio se hizo en mi librería. Las palabras del buen señor y mejor lector reverberaban en nuestro subconsciente bajándonos los humos y llamándonos a la reflexión. Entonces fue cuando repasamos los 91 títulos elegidos:

 

American Psycho; Pasaje a la India; La Isla; El sueño eterno; Agua negra; Un mundo feliz; El Clan del Oso Cavernario; Ciudad de Cristal; La conjura de los necios; Muerte de un viajante; Drácula; Fahrenheit 451; Primera sangre; El cuaderno dorado; El gran Gastby; Los viajes de Gulliver; Guía del autoestopista galáctico; Cien años de soledad; Soy Leyenda; EN busca del tiempo perdido; La primera agencia de mujeres detectives; El Perfume; Cementerio de animales; La pianista; La sombra del viento; El extranjero; El espía que surgió del frío; El pájaro espino; Los tres mosqueteros; Matar a un ruiseñor; La cabaña del Tío Tom; El Código Da Vinci; EL Señor de los Anillos, EL corazón de las tinieblas; El viejo y el mar; Las Crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario; El Señor de las Moscas; La guerra de los mundos, 1984; Moby Dick; El Proceso; La Biblia; Crimen y Castigo; El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha; 20.000 leguas de viaje submarino; La isla del tesoro; El retrato de Dorian Grey; Las aventuras de Tom Sawyer; El nombre de la Rosa; La muerte en Venecia; Lolita; Trampa 22; La Odisea; La llamada de los salvaje; La señorita Smila y su especial percepción de la nieve; La colina de Watersea; La vida de Pi; El almuerzo desnudo; Alicia en el País de las Maravillas; La naúsea; Bola de Sebo; Diez negritos; La naranja mecánica; El jorobado de Notre Dame; Tres hombres en una barca; De ratones y hombres; En el camino; El maestro y Margarita; El guardián entre el centeno; Ulises; Sin novedad en el frente; El corazón delator; Das Boot; Wachtmen; Alguien voló sobre el nido del cuco; Teresa Raquin; NUestro hombre en La Habana; Charlie y la fábrica de chocolate; Romeo y Julieta; Frankenstein; Robinson Crusoe; El perro de los Baskerville; El lobo estepario; Factotum; Orgullo y Prejuicio; Los desnudos y los muertos; 2001: Una odisea espacial; Oliver Twist; Hambre; El alquimista.

Visto desde esa nueva óptica y sin que iniciativas de este tipo hayan pasado a ser santo de nuestra devoción bibliófila, concluímos que la selección de títulos era muy buena y que, en fin, si realmente constituye un cebo literario y conecta a alguna de esas obras con sus lectores más escurridizos le daremos una oportunidad por entre mis anaqueles…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué os parece este ’90 clásicos de la Literatura para gente con prisas’? ¿Lo compraríais? ¿Se lo regalaríais a alguien? ¿Por qué? ¿Qué pensáis del enfoque de nuestro amigo?

¿Cómo hacer que alguien se lea El Quijote?

Hoy es un día especial para quienes tenemos el corazón encuadernado y el alma silueteada en forma de caballero de la triste figura.

Sí, hoy hace la friolera de 461 años nació Miguel de Cervantes y, con él, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, uno de los artefactos narrativos más fabulosos, divertidos, tiernos y cargados de sabiduría de todos los tiempos.

Comentándolo con otro librero nada más poner los pies en reginaexlibrislandia, el muy desconsiderado me ha amargado el primer café de la mañana sin titubear con un baño de realismo desgarrador:

Mira, Regina, no seas ilusa. El Quijote es el libro que todo el mundo dice haberse leído, pero que nadie se ha leído.

La frase me ha pulverizado el pelucón. Lo peor de todo es que si me ha afectado tanto es porque algo de razón tiene, las cosas como son.

Así que me he dicho:

Regina, cielo, no te me pongas en modo ‘zarzamora-lloraquellora’ y haz algo por la causa cervantina, como esbozarte un argumentario tan aplastantemente cautivador que quien te oiga correrá de cabeza al ejemplar de El Quijote más próximo… Que ya lo decía Alonso Quijano: “Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro.”

Y en ello estoy y, de paso, aquí estoy, reginaexlibrislandianos de pro: Sincerémonos ahora que nadie nos oye… ¿Os habéis leído el Quijote? Si es que no, por favor, ¡a por él!

Si es que si, ¿qué le diríais a alguien que no se ha leído El Quijote para despertarle unas ansias irrefrenables de hacerse con uno?

“¿Y para qué querría yo que Cervantes me firmara mi Quijote?”

Hay días en que amanezco en lo que yo llamo modo de epidermis para adentro, absolutamente hermética y opaca. En cambio otros estoy receptiva en exceso a todo tipo de estímulos externos, especialmente si éstos están de algún modo relacionados con los libros y campan a sus anchas por mis confines.

Cuando mis radares detectan alguna señal de este tipo a mi pelucón se le disparan más alarmas que a un submarino ruso en plena Guerra Fría, y absorbo la información sin perder una coma.

Ayer las dos primeras frases que se escaparon de la conversación entre dos reginaexlandianos esporádicos me activaron el ‘código rojo’.

Ambos tenían entre sesenta y setenta años, y hablaban a media voz:

– Cliente 1: Pues qué quieres que te diga, Juanito, a mi eso de esperar una cola para que un señor te firme un libro me parece una soberana estupidez.- Cliente 2: Que ya, que yo no te digo que yo sea partidario, solo que hay gente a la que eso le hace ilusión.

– C1: ¿El qué? ¿Tener el autógrafo de un desconocido? ¡Pamplinas!

– C2: ¿No has leído la prensa estos días? Toda esa gente en la Feria del Libro esperando para que el autor ese de La Sombra del Viento les firmara su ejemplar… Pues se irían tan contentos.

– C1: Ya me dirás tu qué gracia tiene eso. Mira, una cosa es que tu regales un libro y escribas una dedicatoria, porque es algo tuyo, pero otra que venga estampado el nombre del autor.

– C2: Pero, Manolo, más derecho tendrá él, que es quien escribió la novela, ¿no?

– C1: Por eso mismo, Juanito, por eso mismo. Él ya escribió su novela y ya la tienes, ¿qué más quieres de él?

– C2: Pues es como un recuerdo, no sé.

– C1: Pues ya me dirás tú para qué querría yo que Cervantes me firmara mi Quijote

Y diciendo eso ‘Don Manolo’ abandonó lentamente mis regios confines detrás de ‘Don Juanito’, ahora inmerso en sus meditaciones.

Y yo en las mías, claro, por aquello de que no era la primera vez que meditaba sobre la posibilidad de organizar firmas de libros en reginaexlibrislandia. Ni el resto de libreros ni yo lo tenemos demasiado claro, la verdad.

Si esa es la excusa para brindar a mis reginaexlibrislandianos de pro y a esta mi librera entidad la oportunidad de charlar sobre libros -los suyos y los ajenos- con algún que otro creador de palabras, vale. Pero si solo es por montar el tenderete… la cosa me chirría un poco. Hace años una escritora de esas que levanta pasiones extremas y enfrentadas me confesaba que le horrorizaban las Firmas masivas en Ferias de Libros:

“Me hacen sentir como un mono en una jaula, encerrada y expuesta”

Me conmovió, y me dio que pensar…

Y vosotros, queridos, ¿qué pensais? ¿Querríais que Cervantes os dedicara vuestro ejemplar de El Quijote? ¿Acudís a firmas de libros? ¿Por qué? Y, por favor, olvidemos por un segundo una posible y ulterior especulación en subastas y demás