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Érase una vez… 10 cuentos infantiles para escuchar en casa y ‘flipar’ con la ciencia

Por Mar Gulis (CSIC)

Envuelta en música de suspense y ruidos de tormenta, la voz de una narradora inicia el relato así: “Esta historia comienza una lluviosa tarde de otoño en un oscuro despacho lleno de polvo. Nuestra heroína, Angelina McBustillo, estaba enfrascada revisando las pruebas de uno de sus últimos casos…” ¿Quién es la protagonista de la historia? Angelina es una reputada detective que un día recibe un misterioso encargo: averiguar la identidad de un fósil de renacuajo y esclarecer qué le sucedió hace millones de años.

Asunción de los Ríos

El cuento ‘Buscando lo invisible’ está centrado en la investigadora del MNCN-CSIC Asunción de los Ríos, cuyo trabajo se centra en el funcionamiento de ecosistemas microbianos. / Alfonso Nombela.

Esta es la trama de ‘El misterio de la familia Pelobates’, uno de los 10 cuentos que forman la colección Cuéntame cómo dedicarme a la ciencia, coordinada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Científicas famosas como Valentina Tereshkova, Ada Lovelace o Lynn Margulis, junto a investigadoras actuales del CSIC, protagonizan relatos para escuchar en casa durante estos días de confinamiento. Dirigidas a niños y niñas de entre cinco y doce años, las narraciones pretenden despertar el interés por la ciencia entre el público infantil y romper estereotipos de género.

A través de la ficción y de la vida real de mujeres inspiradoras, tratan cuestiones como el cambio climático, la carrera espacial o el nacimiento de la programación. La fauna acuática y las amenazas a las que se enfrenta; qué son los genes y por qué nos parecemos entre nosotros; en qué consiste la endosimbiosis seriada o cómo la paleontología permite descifrar el pasado a través de los fósiles son algunos de los temas abordados en ‘Estrellas, erizos y peninos’, ‘La boga en verso’ o ‘Una historia de parecidos’, entre otros cuentos.

Ángeles Bustillo

Ángeles Bustillo, investigadora del MNCN-CSIC especializada en petrología, progatoniza el cuento ‘El misterio de la familia’. / Alfonso Nombela.

Apoyados en la narración oral, los relatos, que duran entre 6 y 15 minutos, se centran también en aspectos como la importancia del trabajo en equipo, la superación de los miedos personales o la satisfacción de descubrir y aprender a través de la investigación.

La colección está formada por cuentos creados por las cooperativas Biodiversia y Pandora Mirabilia e ilustraciones originales de Alfonso Nombela e Irene Cuesta. Cinco de las historias pertenecen a la serie Un cuento propio y las otras son cinco cuentos originales que están protagonizados por investigadoras del MNCN-CSIC.

Además de estos cuentacuentos que se pueden disfrutar en familia, la colección propone actividades educativas de contenido científico. Con instrumental sencillo y fácil de conseguir, niños y niñas podrán crear un bosque interminable, confeccionar un árbol de la vida, fabricar un fósil o extraer los genes de una fresa. Para quienes se atrevan con los audiovisuales, también hay un desafío: crear un vídeo clip de la canción original Quiero investigar.

Lynn Margulis

La bióloga evolutiva estadounidense Lynn Margulis es la figura principal de ‘El baile de las bacterias’. / Irene Cuesta.

Si quieres saber más sobre Cuéntame cómo dedicarme a la ciencia, lo mejor es que visites su página web. De momento puedes echar un vistazo a la lista de cuentos orales que incluye la colección:

  1. La boga en verso, protagonizada por la investigadora del MNCN especializada en el estudio de los peces de agua dulce Ana Isabel Perdices.
  2. El misterio de la familia Pelobates, protagonizada por la investigadora del MNCN especializada en petrología Ángeles Bustillo.
  3. Estrellas, erizos y pepinos, protagonizada por la bióloga marina mexicana María Elena Caso.
  4. Valiente Valentina, protagonizada por la cosmonauta rusa Valentina Tereshkova.
  5. Yo quiero ser como Trótula de Salerno, protagonizada por la médica del medievo Trótula de Salerno.
  6. Una historia de parecidos, protagonizada por la investigadora del MNCN especializada en genética sistemática Annie Machordom.
  7. El baile de las bacterias, protagonizada por la bióloga evolutiva estadounidense Lynn Margulis.
  8. Buscando lo invisible, protagonizada por la investigadora del MNCN Asunción de los Ríos, cuyo trabajo se centra en el funcionamiento de ecosistemas microbianos.
  9. El bosque interminable, protagonizada por la investigadora del MNCN especializada en ecofisiología vegetal Ana Rey.
  10. La encantadora de los números, protagonizada por la matemática británica Ada Lovelace.
  11. Quiero investigar, canción del proyecto.

La colección Cuéntame cómo dedicarme a la ciencia ha sido financiada por la Fundación española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Relato ganador Inspiraciencia 2016: ‘Yo no creía en el Satori’

Por Mar Gulis (CSIC)

El certamen de relatos de inspiración científica Inspiraciencia, organizado por el CSIC, celebró ayer en Madrid la entrega de premios de su sexta edición. Compartimos aquí Yo no creía en el Satori, del valenciano Luis Neira Tovar, el relato que ha resultado ganador en la categoría ‘adulto’ en idioma castellano.


Yo no creía en el Satori

Luis Neira Tovar

Todo empezó cuando el yogui llegó al campus. No podía dejar de hacerse notar, sin duda con la intención de buscar prosélitos, con su aire de santón, sus túnicas chillonas y su barba patriarcal. Comenzó a pegar carteles anunciando un curso de meditación y ciencia. No podíamos consentirlo. ¿Qué podía decir aquel mamarracho sobre ciencia? ¡Bastante teníamos con un máster en Reiki en la Universidad! Así que fuimos a reventarle la sesión inaugural.

MeditaciónMe decepcionó comprobar que entre los asistentes se encontraba el rector y varios catedráticos, todos con su chándal y su esterilla. Se produjo un silencio respetuoso y el yogui comenzó ufanándose de haber desarrollado una serie de técnicas que permitían llegar a un control absoluto de la mente sobre la materia. Me chirrió tanto su palabrería que en seguida le interrumpí diciéndole que con la respiración no se podía cambiar la trayectoria de un planeta. El yogui no se alteró.

-No hay nada que no se pueda conseguir con un correcto estado mental.

-¡Qué locura!

-No es locura, sino ciencia. La meditación induce estados en los que se pueden generar ondas de diversa naturaleza. Se emplean las bases de la mecánica cuántica a partir de la hipótesis de De Broglie.

¿Qué estaba farfullando aquel loco? ¿Qué sabía él de mecánica cuántica? Era el típico vendedor de crecepelos que no sabe una palabra de lo que dice pero emplea vagamente conceptos científicos para justificar cualquier disparate.

-¿Pero qué sabes de De Broglie?

-¿Conoce usted la hipótesis de De Broglie?

-Por supuesto. – No era así, pero no me achanté. Sabía que estaba ahí, después de Plank y antes de Schrodinger, en los libros de química. Pero estaba seguro de saber más que él.

-Pues entonces entenderá que toda entidad del universo posee una dualidad onda-corpúsculo. Controlando las energías internas se puede expandir nuestro cuerpo en forma de radiación. Podemos entrar en comunión con el cosmos gracias a ello. De Broglie obtuvo la clave: la longitud de onda se obtiene a partir de la constante de Plank dividida entre el momentum de la partícula. La concentración que propongo controla el momentum y por ello la longitud de onda.

-Eso que dices son vaguedades.

-Si consigo detener todo movimiento en mi ser, al ser el momentum igual a cero y éste ocupar el denominador, ello hace que la longitud de onda sea infinita. Dado que la longitud de onda, para una velocidad de propagación “C”, es inversamente proporcional a la frecuencia, ésta tendrá que ser también infinita, y en consecuencia entrar en un estado de resonancia que permite expandir la mente y comunicarse con el universo.

-¡Qué disparate! ¡No puedes demostralo!

-Nunca he intentado llegar tan lejos como me propone, pero aquí hay reunidos muchos amigos a los que su obstinación está haciendo daño.

El yogui tomó una alfombrilla que tenía enrollada, la extendió en el centro de la estancia y quedó sentado en la posición de loto. Todos guardábamos silencio y podía sentir la inquina en las miradas de la concurrencia, pero me daba igual, yo estaba allí para defender la razón y la ciencia.

Los minutos transcurrían en la contemplación de aquel hombre estático y aquello comenzaba a ser incómodo. No pasaba absolutamente nada. Parecía que no respiraba, que su corazón ni siguiera latía. No movía ni un músculo. Empecé a imaginar cómo evolucionaría la situación si, pasadas unas horas, el individuo siguiera quieto.

Finalmente una sensación desasosegadora se comenzó a apoderar de todos. De repente hacía mucho frío y no había motivo para ello.

El frío emanaba del yogui. La barba se le empezaba a quedar escarchada. La piel se le azulaba. Era asombroso. De repente, el fenómeno se aceleró. Se formó una fina capa de hielo sobre la tez y, de golpe, todo su cuerpo se fracturó en mil pedazos haciéndose añicos, colapsando en una miríada de bloquecillos helados.
En medio de la estupefacción general, Damián me susurró al oído:

-Se equivocó al despejar la ecuación. La frecuencia no tendía a infinito, sino a cero. La energía interna de sus moléculas se ha hecho nula y ha bajado su temperatura hasta el cero absoluto.

-Pues ya me podrías haber avisado antes. Ahora ya no podemos rebatirle.

El caso es que, siendo aquello tan extraño y no teniendo a nadie más a quien culpar, me acusaron a mí de homicidio y no sé de cuántas cosas más. Después de todo, el yogui no sabía tanta física, pero el secreto de cómo era capaz de controlar hasta ese punto cada átomo de su ser se lo ha llevado a la tumba. Todavía recuerdo, antes de que me prendieran, las palabras de Damián:

-Menos mal que no intentó hacer la longitud de onda cero. Podría haber fisionado en una explosión nuclear.

 

Inspiraciencia es una iniciativa del Consejo Superior de Invesitgaciones Científicas (CSIC) que cuenta con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), del Ministerio de Economía y Competitividad. Numerosas entidades dan apoyo a este certamen: la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, la Escuela de Escritores, la Editorial Galaxia, la Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega, Mètode, Revista de difusió de la ciència de la Universitat de València, Euskal Etxea Centre Cultural Barcelona, la Fundazioa ElHuyar, así como otras entidades culturales y bibliotecas públicas.