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Deja que tu teléfono te avise de las tres personas que mata al día la policía de los EE UU

Captura de 'The Counted', del diario 'The Guardian'

Captura de ‘The Counted’, del diario ‘The Guardian’

La sección The Counted (La cuenta) es la única base de datos fiable sobre las personas muertas por la policía en los EE UU. La iniciativa, que puso en marcha el diario The Guardian en 2015, suple la falta de un cómputo oficial de víctimas de los muy letales cuerpos de seguridad estadounidenses, que abatieron letalmente el año pasado a 1.139 personas, tres cada día de media.

La violencia policial, un asunto que pone de los nervios a las administraciones estadounidenses y a sus fuerzas del orden —en las que trabajan 1,1 millones de personas, 765.000 de ellas con capacidad para detener y, por lo visto, disparar con puntería fatal, asignadas a 18.000 agencias y departamentos de todos los niveles administrativos y territoriales—, es una materia opaca de la que pocos políticos o cargos públicos desean hablar en el país más violento del mundo.

El diario inglés se apuntó un tanto de responsabilidad y valentía cívica al crear The Counted —la sección de Amnistía Internacional en los EE UU lo reconoció al otorgar a la iniciativa la medalla de oro de 2015 a los medios internacionales por la defensa de los derechos humanos—. No sólo se trata de llevar la cuenta de los abatidos por empleados públicos con licencia para matar, sino para poner nombre, cara, circunstancias y raza a los de otro modo forzosamente silenciosos y socialmente casi invisibles fiambres.

Gracias a la  base de datos sabemos, por ejemplo, que los policías que matan prefieren a los negros (7,18 por millón de cadáveres), cuya posibilidad de morir a balazos es el doble que la de los latinos (3,5). Los blancos, mayoría racial todavía en el país, pueden estar más tranquilos: 2,9.

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Los futbolistas de Inglaterra hacen el saludo nazi (y otro millón de minutos de noticias)

La selección inglesa de fútbol hace el saludo nazi en Berlín en 1938

La selección inglesa de fútbol hace el saludo nazi en Berlín en 1938

Un millón de minutos de reportajes cinematográficos cortos (newsreel, en inglés) han sido alojados en el canal de YouTube de la agencia Associated Press (AP). Son 550.000 noticias filmadas en cine desde 1895: un balcón para asomarse al pasado, un buen ejercicio, como es sabido, para combatir la borrachera del presente multicambiante y la resaca de sentir que nada anterior a la ingeniería informática sirve para nada.

Los promotores del archivo, el mayor de noticias filmadas y digitalizadas que puede encontrarse en línea, definen el asunto como “una enciclopedia visual” de alto calado. No les falta razón: serían necesarios dos años de visualización ininterrumpida para agotar el material. Además de AP, en la iniciativa está embarcada también British Movietone (British Pathé), la productora de noticias en cine que funcionó en el Reino Unido hasta 1986.

Abundan en los múltiples recodos de los archivos lecciones de historia contadas casi siempre con el tono algo añejo y rimbombante de los noticieros que nos ponían antes del largometraje y que, sin embargo, todavía son frescas y oportunas.

Por ejemplo:

1. El terremoto de San Francisco de 1906 que, junto con los incendios que provocó, dejó la ciudad convertida en un guiñapo. Algunos sismólogos dicen que no pasará demasiado tiempo antes de que la falla de San Andrés vuelva a eructar de nuevo con el sismo al que llaman big one (el grande, que en 2006 predecían para los próximos diez años, o sea: ya), una circunstancia que me emociona teniendo en cuenta que en las inmediaciones de la hoy clasista e invivible ciudad están los cuarteles generales de los supervillanos (Apple, Facebook, Oracle, Adobe, eBay, Twitter…).

2. Partido de fútbol Alemania-Inglaterra en Berlín, 1938. Cuando suena el himno alemán, los jugadores de la selección inglesa, en uno de esos gestos que han convertido el fútbol en el deporte más cazurro de la historia y a los futbolistas profesionales en los más descerebrados, hacen el saludo nazi —como la hoy Reina Isabel unos pocos años antes, cuando su real tío la entrenaba sobre cómo saludar a lo ario—. Poco después, Hitler empezó a bombardear el Reino Unido, país del que murieron 500.000 ciudadanos entre civiles y militares durante la II Guerra Mundial. El partido de fútbol se celebró en mayo de 1938, dos meses antes del anchluss que llevó a los nazis a anexionarse Austria e iniciar el cisco. Por si a alguien le importa, el clásico lo ganó Inglaterra por paliza: 6-3.

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Los ‘new british’, el arte de la paquetería inglesa (vía app)

Captura de New British

Captura de la animación de apertura de The New British

“Una revista multiplataforma para disfrutar de la vida moderna british y explorar la cultura underground“.

No he tenido más remedio que usar tres palabrejas en cursiva para intentar mantener el grado de orgulloso escupitajo con que se presenta al mundo la publicación neofotográfica The New British, fundada por Kez Glozier y Neville Brody.

El primero, editor en jefe, es un jovencillo multimediático metido en el vídeo, la moda y el oficio de intentar asustar a los burgueses como él.

El segundo, director de arte, nació en 1957, fue diseñador de envoltorio para grupos de protoelectrónica heterodoxa (Cabaret Voltaire), trabajó en medios que nacieron al amparo del indie y terminaron en la mitad de la gran corriente (The Face, Arena) y ahora es un emperador con estudios de diseño en Londres, Barcelona y París bajo el nombre de Brody Associates —denominación comercial que culmina con el terminante y temible ‘asociados’, el bang con el que también te liquida la abogacía—.

Multiplataforma, supongo que ya lo sospechaban, implica que la corporación Apple es el canal de distribución monopolístico. La revista, gratuita por ahora, sólo se puede conseguir dejando el rastro de tu artilugio electrónico —y de paso, el de tu localización y modo de vida— en los espaciosos archivos orwellianos de iTunes.

British tampoco requiere demasiado desarrollo: insularidad, fish and chips con el aceite que guardaba la tía Martha desde la muerte de la Reina Victoria y un marcado acento cockney para tribalizarte y justificar al proletario que nunca pudiste ser porque, cariño, te has quedado en rústico.

Underground debe ser lo que nos intentan vender en el vídeo teaser.

La revista vía app ofrece una “resuelta visión de la vida en la Gran Bretaña de hoy”, no se trata “sólo de un magazine, sino un articulado y abrasivo movimiento subcultural“. Les juro que no he inventado la declaración de intenciones. Los entrecomillados son reales.

¿Ejemplo de contenidos del número cero, que ya está listo para ser descargado? Una investigación —algunos términos se venden muy baratos— sobre el “ritual de la noche de los viernes y todo lo que representa, música, estilo, diversión, tanto formal como informal”. Se trata de una “reacción a lo que sucede para ofrecer una visión fresca aunque a veces perturbadora de la experiencia british actual” porque resulta “inminente” la “transición generacional”. Sigo jurando.

© Bruce Gilden (Captura de The New British)

© Bruce Gilden (Captura de The New British)

Sinead O'Connor, Dublín, 1987 © Anton Corbijn (Captura de The New British)

Sinead O’Connor, Dublín, 1987 © Anton Corbijn (Captura de The New British)

Además de unas cuantas fotos —las más notables las nada novedosas (1987) de Anton Corbijn de Sinead O’Connor posando como una jorobada en un escenario desolado de Dublín y unos cuantos retratos feístas de ven aquí que te fusiló con el flash y te subo los rojos de Bruce Gilden— y textos de extensión reducida motivada quizá porque los iPads son antigutenberg.

La revista multiplataforma incluye un vídeo documental dirigido por Glozier sobre la nueva, dicen, gran aportación british a la cultura contemporánea: el shuffling, un estilo de baile callejero que, al parecer, es 100% inglés cuando, según se puede ver, parece un breakdance para cuerpos de escasa elasticidad.

The New British regenta todo tipo de e-apéndices: Facebook, Twitter, Instagram

La heroicidad del corsario Francis Drake, la beatlemanía, el Swinging London, las Spice Girls…, los ingleses siempre tuvieron mucho arte con los envoltorios.

Jose Ángel González

La caja registradora post mórtem de los Beatles sigue funcionando: “Magical Mistery Tour”

"Magical Mistery Tourt" Collectors Box

“Magical Mistery Tourt” Collectors Box

Aunque la caja registradora no deja de sonar en el negocio post mórtem de ganancias más abultadas de toda la historia, los propietarios de la marca The BeatlesPaul McCartney, ese tipo vegetariano y magnánimo que sólo cobró 1,6 euros por vender ideología consoladora y patriotera en la apertura de los Juegos Olímpicos;  Ringo Starr y las viudísimas Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison— no están dispuestos a que los ingresos dejen de fluir.

Apple Corps Ltd, el holding que administra el legado del mejor grupo de música pop de todos los tiempos, tiene un equipo legal que no deja escapar ninguna oportunidad de engordar la cuenta de resultados, sea demandando a Nike por usar una canción en un spot o a la otra Apple, el monopolio tecnológico, por apropiación de nombre y logotipo.

En el segundo caso, los milmillonarios se entendieron y ambas empresas, la de los Beatles y la del también difunto con posibles Steve Jobs, se aliaron a finales de 2010 para sacar tajada juntos a través de la tienda online iTunes. La santa alianza entre el par de manzanas ha sido uno de los grandes pelotazos financieros del siglo XXI: dos meses después de que el catálogo beatle saliera al mercado, Apple —la de Jobs— había despachado cinco millones de canciones y un milón de álbumes.

Los cuatro 'beatles' en 1967

Los cuatro ‘beatles’ en 1967

Así las cosas y pese a que los exbeatles o sus herederos sólo reciben, según los países de los que se trate, entre un 33 y un 50% de las regalías generadas por sus canciones —el resto se lo lleva la empresa montada por la multinacional Sony y Michael Jackson, que en 1985 compró parte de los derechos de 250 temas del catálogo de Lennon y McCartney por 36,5 millones de euros—, John Lennon (es decir, su avatar Yoko Ono) es uno de los muertos que más dinero gana desde el más allá: en 2009 ingresó 15 millones de dólares según Forbes (dos años antes fueron 44 millones). George Harrison, cuya contribución como compositor era muy pobre, más o menos una canción por álbum, tarifó 22 millones de 2007 por el pleito contra la discográfica EMI por regalías imapagadas.

Con unos mil millones de discos vendidos en todo el mundo, los Beatles son, empatados con Elvis Presley, los artistas más comerciales de la historia. La explotación de su exiguo catálogo —sólo existieron como grupo diez años, de 1960 a 1970— ha sido intensiva y despiadada desde finales del siglo XX: un aprovechamiento cruel del cariño con que los viejos y nuevos fans recuerdan la inigualable carrera de los Fab Four.

The Beatles Stereo Box Set (2009)

The Beatles Stereo Box Set (2009)

Si el proyecto Anthology (1 | 2 | 3), editado entre 1995 y 1996, jugaba con el factor arqueológico y permitía descubrir, pagando una buena pasta (ahora anda por 85 euros), la manera altamente creativa en que trabajaba el grupo en el estudio (aunque también cometía el pecado de la necrología publicitaria al manipular una maqueta de Lennon y resucitarlo tocando con los beatles vivos), la edición remasterizada de todos los discos del grupo en 2009 (140 euros, en principio costaba casi lo doble), que publican en vinilo el 12 de noviembre, con t-shirt incluida (230 euros), era una engañifa para exprimir a los hijos y nietos del público incondicional de la banda. Clientes que, por cierto, sólo debían buscar en la discoteca familiar para encontrar los mismos discos y con mejor sonido.

Aún peor fue el pobrísimo proyecto Love (2006), un mix montado para un espectáculo en Las Vegas del Cirque du Soleil que permitió a Sir George Martin —productor del grupo— conseguir un buen trabajo para su hijo Giles.

Cubierta original del doble EP "Magical Mistery Tour", 1967

Cubierta original del doble EP “Magical Mistery Tour”, 1967

La última operación de ordeño de la agotada vaca llega ahora con la publicación y lanzamiento con fanfarria de Magical Mistery Tour, que en su edición de lujo para coleccionistas cuesta 53 euros (gran gancho: ¡un clip de 2:30 minutos titulado Ringo the actor, donde el batería reflexiona sobre su pasión por la actuación!). La película ya se ha estrenado en algunos cines de los EE UU. En España no hay fecha.

Aprovechando la jugada de McCartney, Ono, Harrison y Starr, que escamotean la avidez dineraria tras la presunta celebración del 45º aniversario del estreno de la película y el disco, hablemos de uno de los proyectos más descabellados de la factoría de sueños beatle: Magical Mistery Tour, una película desastrosa que produce vergüenza ajena y una casi perfecta colección de canciones.

Para empezar un trailer promocional. No es necesario creer lo que ofrece: se trata de publicidad.

La película que reeditan, de una hora de duración, fue estrenada el 26 de diciembre de 1967 —el boxing day de los británicos— por la BBC. Aunque los créditos atribuyen la dirección a los cuatro beatles, el film fue una idea de McCartney, que llevó la voz cantante y se encargó del guión (que había escrito, en abril del mismo año, durante un vuelo transoceánico entre los EE UU e Inglaterra), la puesta en escena y la realización.

Con muy poca maña cinematográfica, Magical Mistery Tour cuenta el atribulado y surreal viaje en un autobús Bedford —por supuesto, made in England— de un grupo de personas entre las que están los Beatles y algunos de sus colaboradores. No hay mucho más que contar. La historia es una deshilvanada sucesión de disparates y el resultado final deja al espectador una muy certera sensación de que acaba de ver el capricho de unos millonarios que se aburren y creen, dada su genialidad musical, que también pueden hacer cine.

Foto fija del 'clip' de "I am the walrus" en "Magical Mistery Tour"

Foto fija del ‘clip’ de “I am the walrus” en “Magical Mistery Tour”

La mayor parte del rodaje —que se les fue de las manos: 11 semanas de duración y diez horas de metraje— tuvo lugar en una base aérea abandonada de Kent en un momento de transición para el grupo: su descubridor y agente, Brian Epstein, había muerto en agosto de 1967 por una ingesta de barbirtúricos que oficialmente fue determinada como accidental;  acababan de conocer al falso santón Maharishi Mahesh Yogui, a cuya disciplina sectaria se apuntaron con entusiasmo inicial para descubrir bien pronto que el gurú sólo quería dinero y sexo —a Harrison le importó poco y siguió siendo fiel hasta la muerte al embacuador—, y el tremendo esfuerzo de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (junio de 1967), que les había dejado en una encrucijada creativa.

El estreno de la película en televisión fue recibido con unas merecidas muy malas críticas. Incluso la prensa británica aquejada de beatlemanía se preguntó qué pretendía el grupo con aquel ejercicio absurdo y pedante.

Interior del doble EP de "Magical Mistery Tour"

Interior del doble EP de “Magical Mistery Tour”

La música es otra cosa. El doble extended play inicial con la banda sonora de Magical Mistery Tour, primorosamente editado con un libreto-cómic (y un primerizo y torpe logotipo de la manzana de Apple), contiene seis canciones entre las que sólo sobra la babosa Your Mother Should Know, una baladita de McCartney en uno de sus momentos-sacarosa.

Los demás es oro puro, sobre todo I Am the Walrus, un viaje astral e inspiradísimo que está entre las mejores canciones compuestas por Lennon.

¿Consejo? Vean los vídeos de la película en Internet (los colocó tras el post), compren las canciones en ediciones baratas —el doble EP fue lanzado más tarde como álbum, con el añadido de algunos temas sueltos para completar el producto: se puede encontrar a precio decente (unos 8 euros)— y no contribuyan a que los hombres y viudas de negocios sigan viviendo con los réditos de lo que una vez fueron y nunca volverán a ser (McCartney) o sacando partido a las falsas lágrimas de luto eterno (Ono).

Ánxel Grove






Un conversor para la nostalgia: de casete a iPod o iPhone

El conversor de cassette a mp3

El conversor de cassette a mp3

El CD sigue sobreviviendo, los discos de vinilo han vuelto, pero la vieja cinta de casete es un subformato que ya no se aprecia ni en la gasolinera más remota.

La firma neoyorquina Hammacher Schlemmer se jacta de ofrecer “lo mejor, lo único, lo inesperado desde hace 164 años”. Vende aparatos que mezclan el diseño, la sorpresa y la dudosa utilidad. En su catálogo, la tienda ofrece un masajeador de manos que parece un híbrido entre sandwichera y guante, el “rejuvenecedor” de pelo con aspecto de caso de bici con orejeras incorporadas, la funda para el iPad con cargador solar

Una cara del aparato muestra el último cacharro estrella de Apple. En el lado contrario, el consumible desfasado que ya nadie quiere: una cinta. Me he permitido traer a la sección de Artefactos el Cassette to iPod Converter (conversor de casete a iPod) por la mezcla de  entusiasmo, melancolía e irritabilidad que produce.

Te hace recordar al walkman que incluso daba la vuelta a la cinta automáticamente, el rebobinado con boli Bic, el espacio que ocupaban las cintas en la maleta cuando te ibas de vacaciones y las querías llevar todas… Y al mismo tiempo tener la certeza de que, a pesar de la imperfección del sistema, no va a haber un iPhone que dure lo mismo que aquella caja negra de botones salientes que demostraba su condición indestructible cuando funcionaba tras caerse de la litera cada noche.

El aparato, que saldrá a la venta este mes y costará 79,95 dólares (62,50 euros), transforma el contenido de una cinta en un archivo mp3 que se almacena en un iPhone o en un iPod touch. También se pueden pasar los archivos a un ordenador para escapar del monopolio elitista de Apple, que ejerce la dictadura sobre cualquier archivo que se almacene en sus artículos.

No es el primer invento de este tipo que invade nuestra nostalgia. En Internet hay otros modelos menos cool, a mejor precio o más profesionales, que no incluyen la ranura ideal para el iPhone , pero seguro que el diseño del cacharrito hará caer a más de uno.

Sólo hay que bajarse una aplicación gratuita, insertar el cassette y darle al play, un gesto en peligro de extinción, y todos los tesoros (y las aberraciones) del pasado quedarán a salvo.

Helena Celdrán

¿Cómo serían los ‘logos honestos’ de Apple, Microsoft, YouTube…?

'Vídeos de gatos'

'Vídeos de gatos'

De lejos podría poner Nintendo, McDonalds o MTV. Pero tras la primera ojeada rápida algo llama nuestra atención de atentos consumidores. En las pequeñas letras rojas de los fabricantes de consolas se lee Nothing to do (Nada que hacer). Atravesando la clásica M de la hamburguesería se lee McDiabetes. Bajo las letras ochenteras del canal de música se lee Moronic Television (Televisión imbécil).

“Revelan el contenido verdadero de cada compañía, como en realidad deberían llamarse. Algunos son fáciles, otros algo graciosos, otros puede que sean brillantes. No sé”, dice el creador en su cuenta de Flickr.

Honest Logos (Logos honestos) es un proyecto del sueco Viktor Hertz, que ha modificado los emblemas de grandes marcas para decir verdades que duelen.

'La apariencia cuesta' - 'Funcionará durante un tiempo'

'La apariencia cuesta' - 'Funcionará durante un tiempo'

Con solo una imagen cautiva el ojo y la sonrisa del espectador. El diseñador de 29 años intenta desarrollar una idea del modo más simple y más directo posible, como creando flechas mentales que den en el sentimiento y en la razón de modo simultáneo.

Persigue el efecto y busca que quien mire sus trabajos lo vuelva a hacer una segunda e incluso una tercera vez sin caer en el aburrimiento.

'Alargamiento de pene'

'Alargamiento de pene'

Comenzó siendo un pequeño capricho personal. El primero que hizo fue parodiando a YouTube, al que llamo CatVideos (Vídeos de gatos) por la proliferación de grabaciones frívolas, con las gracietas de la mascota de turno, que pueblan el portal. (Por cierto, buscando por Cat Videos en el buscador salen 1.670.000 resultados). Las reacciones positivas en Internet le animaron a continuar con la serie, que ya tiene 29 logos.

Hertz declara que la colección de Logos honestos se tiene que tomar con ligereza, aunque reconoce que hay una importante crítica a las corporaciones tras el barniz de la broma: “Pero no es un ataque hacia ellos. Uso los productos y servicios de muchas de estas compañías, así que supongo que soy algo hipócrita”.

Helena Celdrán

Diez ‘momentos Kodak’: la anunciada muerte de la empresa fotográfica más importante de la historia

Anuncio de Kodak, 1900

Anuncio de Kodak, 1900

Lo inventaron o patentaron todo, desde la cámara portátil y barata y la película en rollo (que fue clave, a su vez, para el desarrollo del celuloide cinematográfico), hasta la point-and-shoot, el primer sensor de un megapíxel de resolución y la cámara digital.

Pintaron casi un siglo de memoria colectiva con los tonos cálidos de su temperatura color -el glorioso Kodachrome que, como decía la canción, “hace que el mundo parezca un día de sol”-.

Llegaron a controlar la venta del 90 por ciento de película y el 85 por ciento de todas las cámaras y son dueños de 1.100 registros industriales, entre ellos todos los básicos para la captura y procesado de fotos y vídeo que usan el resto de fabricantes.

La lista de productos que fabrican y comercializan provoca el vértigo de lo interminable.

Kodak. La marca no es un emblema corporativo. Es una palabra con sentido propio (luz, recuerdo, nostalgia, presencia…) que ha entrado en la vida privada de gran parte de la humanidad.

Aprovechando la solicitud de quiebra voluntaria de la empresa fotográfica más importante de la historia, emprendamos un Cotilleando a… Kodak.

George Eastman

George Eastman

1. La obsesión (y las malas artes) de un hijo de granjeros. George Eatsman (1854-1932), el fundador del imperio, no nació con la fortuna en el biberón. Era hijo de granjeros, sólo fue a la escuela hasta los ocho años, le recomendaron no continuar porque no estaba “especialmente dotado” para el estudio y vivió una infancia trágica: el padre muerto de una enfermedad degenerativa y una hermana fallecida de polio.

Trabajó como recadero en una empresa de seguros. A los 14 entró en un banco como empleado y se dedicó a abrir bien los oídos.

La obsesión por la fotografía del self-made-man Eastman nació de una casualidad. Cuando tenía 25 años planeó un viaje a la República Dominicana y quiso llevar una cámara para documentar el recorrido. Cuando compró el equipo se dió cuenta de que pesaba varias decenas de kilos, que necesitaría un caballo para transportarlo y que cada foto le saldría por unos 5 dólares, el equivalente al salario semanal de muchos empleados.

Aunque no llegó a hacer el viaje, el empeñó fue creciente: deseaba eliminar el farragoso sistema de hacer fotos con placas de cristal humedecidas con químicos abrasivos y peligrosos.

En el invento de la película en rollo, que con frecuencia se le atribuye, Eastman fue un mero vivales que compró (5.000 dólares) las patentes de un genio, David Houston (1841-1906), también granjero, primer desarrollador del film fotográfico moderno y de una veintena de las partes fundamentales de la cámara de fotos portátil.

Patente 388,850, 4 de septiembre de 1888

Patente 388,850, 4 de septiembre de 1888

2. “Me gusta la letra K”. Aunque ya había montado una sociedad en 1880, la Eastman Dry Plate Company, el empresario ansiaba un anagrama poderoso, que no significase nada pero que no diera lugar al equívoco.

Acaso sin conocer al protagonista de las novelas afiebradas de Kafka, a Eastman le gustaba la letra ‘K’ (“fuerte e incisiva”) y encontró la marca Kodak jugando con su madre con unas fichas de Scrabble.

Algunos historiadores no pintan la historia con tonos tan casuales y sostienen que Eastman birló el nombre al desprendido inventor Houston, de cuyo estado de nacimiento, North Dakota, (NoDak, en una forma de contracción), puede derivar la marca.

Sea como fuere, Eastman siempre iba más rápido en la tramitación. Registró el nombre en 1888, al mismo tiempo que patentó y puso en el mercado la primera cámara Kodak: una caja negra de focal fija capaz de cargar un rollo de película de celulosa fotosensible donde cabían cien negativos cuadrados de 6,4 centímetros.

Aunque la Kodak Nº 1, como fue llamada, era aún cara para la época (25 dólares, más otros 10 de cada rollo de película), la cámara marcó el inicio del camino hacia la instantánea amateur y popular, democratizando la expresión fotográfica, hasta entonces en manos de las élites artisticas y adineradas.

Una niña retrata a un perro con una Kodak de fuelle. Años veinte.

Una niña retrata a un perro con una Kodak de fuelle. Años veinte.

3. “Usted apriete el botón. Nosotros hacemos el resto”. Desde finales del siglo XIX la estrategia de Kodak fue abaratar las cámaras, hacerlas manejables y convertirlas en un objeto cotidiano al alcance de cualquier bolsillo y cualquiera que fuesen las habilidades fotográficas del usuario. El eslogan de la compañía, la frase con la que comienza este párrafo, era una invitación a hacer fotos por el simple placer de hacerlas.

Kodak tanteó con muchos modelos de cámaras hasta dar con la que sería su gran serie: las Brownie, que se fabricaron durante casi ocho décadas a partir de 1900.  Diseñadas por el gran Frank A. Brownell (1859-1939), costaban una miseria (un dólar), eran versátiles -las hubo de hasta seis tipos de película, entre ellas el film de 120, que todavía es hoy en día el estándar del formato medio– y volvieron loco al público.

Tres modelos de Brownie. Desde la izquierda, Starlet, Starflash y Starmite.

Tres modelos de Brownie. Desde la izquierda, Starlet, Starflash y Starmite.

La serie Star -que se fabricó entre 1957 y 1962- puso en circulación la cámara como objeto pop. En todos los sentidos: por el bello diseño plástico (con posibilidades combinatorias de colores y flashes) y por la enorme cantidad de unidades vendidas: sólo en los EE UU y sólo de los tres modelos que aparecen en la foto de la izquierda, unos 10 millones.

Practicamente todas las cámaras de juguete de la llamada lomografía por la que suspiran los modernos del mundo están inspiradas en las Brownie Star, cámaras que celebraban la alegría de hacer fotos y llamaban a capturar instantes felices. Hay una diferencia sustancial con el catálogo de Lomo: las Brownie eran populares (en precio) y no engañaban al consumidor (el bokeh de una lente de plástico no va a conseguir que una mala foto sea ni siquiera un poco mejor).

Anuncio de la Kodak Instamatic

Anuncio de la Kodak Instamatic

4. “Se carga como una pistola”. El eslógan publicitario de dudoso gusto fue elegido por Kodak en 1963 para lanzar la que sería su serie de cámaras más vendida: las Instamatic, las primeras point-and-shoot compactas.

Baratísimas, pequeñas, sin necesidad de ajustes previos, adaptadas a un carrete con carcasa (de 126 milímetros) que se podía cargar en cualquier circunstancia, incluso bajo la luz directa del sol, sin temor a las peligros del velado, las Instamatic se hicieron con el mercado mundial. Cálculos conservadores cuantifican en 50 millones el número de unidades vendidas.

Aunque Kodak fabricó muchos modelos de Instamatic y todas las marcas de la competencia le pagaban jugosas ganancias por el uso del cartucho de 126 mm, la empresa no se detuvo en su avance.

En diciembre de 1975 uno de los ingenieros en la plantilla de la compañía, Steven Sasson, de 25 años, dió respuesta a la pregunta que le había formulado meses antes uno de sus jefes: ¿se podría construir una cámara con un sensor electrónico que recogiera información óptica?.

El prototipo de la primera cámara digital

El prototipo de la primera cámara digital

5. El futuro en 1975. Este aparato de la izquierda es la primera cámara digital de la historia. La diseñó y construyó Sasson para Kodak.

Utilizó un microchip sensor de imágen (CCD) que había desarrollado dos años antes la empresa Fairchil, una lente de un tomavistas Kodak y una carcasa construida para la ocasión.

El prototipo de la cámara, que pesaba casi cuatro kilos, grababa imágenes en blanco y negro en una cinta de casete y tenía una resolución de 0,01 megapíxeles (10.000 píxeles), tardó 23 segundos en capturar los datos de su primera foto, el retrato de una ayudante de Sasson. Sólo se veía la silueta de su pelo. “Nos queda bastante trabajo”, dijo la modelo al ver la foto.

Aunque Kodak patentó el invento, la empresa, que siempre se había adelantado a la competencia, no apostó con decisión por desarrollar la tecnología digital aplicada a la captura de imágenes, convencida de que la transición de la fotografía analógica a la digital sería lentísima o ni siquiera llegaría a consumarse. Fue el principio del fin.

Cuando quisieron reaccionar (en 1986, por ejemplo, inventaron el primer sensor CCD en superar el umbral del megapíxel: 1,4, lo que permitía una copia impresa a calidad aceptable de 12,5 por 17,5 centímetros), los competidores asiáticos, sobre todo Canon y Sony, les habían comido el terreno. En 1999 Kodak tenía el 27 por ciento del mercado fotográfico mundial. Los porcentajes bajaron al 15 en 2003 y al 7 en 2010.

Intentaron una alianza con Apple para comercializar en 1994 la línea de cámaras digitales QuickTake, pero fue un batacazo: demasiado caras, mala resolución, compatibilidad exclusiva con ordenadores Mac. Se dejaron de fabricar a los tres años.

Sede central de Kodak en Rochester

Sede central de Kodak en Rochester

6. Crecimiento equivocado. El cuartel general de Kodak se ve desde el cielo: ocupa una enorme manzana en Rochester, en el estado de Nueva York. Es el mismo lugar -aunque ha sido ampliado varias veces- donde a finales del siglo XX George Eastman alquiló una planta para montar su negocio.

La corporación tiene delegaciones y filiales en casi todos los países del mundo. En un momento dado se llegó a conocer a la compañía como El Gigante Amarillo: 60.000 empleados sólo en la zona de Rochester. Ahora no quedan más que 7.000. En el mundo la plantilla ha pasado de 145.000 a 19.000.

La empresa funcionó como la seda durante casi un siglo. El dinero inundaba las arcas con creciente constancia. Incluso hace pocos años, en 2003, Kodak ingresó 3.000 millones de dólares (unos 2.300 millones de euros) solamente en indemnizaciones de fabricantes de teléfonos móviles y cámaras por uso indebido de patentes.

Película Kodachrome de 135 mm

Película Kodachrome de 135 mm

Dos años después, en 2005, todavía era líder de ventas de cámaras compactas digitales en los EE UU. En 2009 decidió dejar de fabricar la película Kodachrome, un valor seguro en el pequeño pero fiel y sostenido mercado de la fotografía analógica.

A día de hoy los activos de la corporación ascienden a 5.100 millones de dólares (3.900 millones de euros), pero la deuda es de 6.700 (5.100). El principal acreedor es el fondo de pensiones de los empleados, con una tercera parte de la deuda.

¿Causas? La primera: el teléfono móvil. Desde que en 1999 se puso a la venta el primer camera-phone, el Kyocera VP210, las fotos tomadas con móviles crecen mientras bajan las de cámaras. Un estudio del NPD Group señala que entre 2010 y 2011 el porcentaje de fotos realizadas con teléfonos pasó del 17 al 27 por ciento, mientras que las tomadas desde cámaras descendieron del 24 al 44.

Evolución de los logotipos de Kodak

Evolución de los logotipos de Kodak

La segunda: un modelo equivocado de reconversión. Desde 2005, Kodak se concentra en las líneas de impresoras domésticas y los servicios de impresión online, ambas demasiado saturadas y con competidores feroces, sin mencionar el problema primordial: los usuarios no imprimen las fotografías, cada vez se limitan más a mantenerlas en formatos digitales.

7. Una empresa tóxica. La imagen pública reciente de Kodak tampoco ha ayudado a mejorar sus resultados económicos.

La empresa ha sido señalada como una de las más contaminantes de los EE UU y ha tenido que afrontar varias sanciones administrativas por delitos medioambientales en los últimos veinte años.

En 1990 Kodak admitió haber violado las disposiciones de protección ambiental y, según organizaciomnes ecologistas, es la más contaminante del Estado de Nueva York, con más de dos millones de desechos químicos vertidos al agua y la atmósfera.

Antonio M. Pérez

Antonio M. Pérez

8. El hombre-jet. El señor de la foto -no realizada con Kodachrome, desde luego, pues fue él quien mandó al cementerio a la mítica película-, se llama Antonio M. Pérez, nació en Vigo (Pontevedra) en 1947, estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Politécnica de Madrid, tiene ciudadanía de los EE UU y es CEO de Kodak desde 2005.

Hace menos de un año pronunció una conferencia en Madrid sobre el “proceso de modernización” que estaba, dijo, aplicando en la empresa.

Sin soltar ni prenda de la bancarrota en ciernes y entre otras ocurrencias (Pérez suele fomentar el valor de la sonrisa), el pope del Gigante Amarillo declaró que la crisis de la empresa puede entenderse como una aplicación de la teoría del cisne negro sobre el miedo a lo desconocido. “Kodak se comportó con la cámara digital como Superman con la kriptonita: la escondió en el Polo Norte porque pensó que era algo malo. Pero los malos siempre la encuentran”, precisó.

Aplaudieron mucho la salida comiquera los empresarios presentes y las dos ministras del último Gobierno de Zapatero que engalanaban el acto, la de Innovación y Tecnología, Cristina Garmendia, y la de Cultura, Ángeles González Sinde, que de cisnes negros sabe bastante.

Al menos dos portales de Internet dedicados al análisis de la gestión empresarial y las inversiones, Streeinsider y The Motley Fool, colocaron a Pérez entre los peores directores generales del año 2011. “Si quiere usted invertir en una empresa donde la dirección estratégica del CEO consiste en cruzar los dedos y rezar para que los tribunales te hagan un favor, entonces quizá Antonio Pérez sea su CEO. Para el resto de nosotros, (…) es un testarudo decorativo que ha sido el mayor responsable de la caída de lo que una vez fue una gran compañía, Eastman Kodak”, dice la segunda web.

Además de por su desnortada gestión, Pérez también es un habitual en los media en los EE UU por la prodigalidad con que usa con fines particulares el jet privado de Kodak. En 2006 lo utilizó para ir a la Casa Blanca con su esposa y asistir a una fiesta durante la retransmisión de la final de la Super Bowl. En octubre se desveló que también lo utilizó desde 2007 (justo cuando empezó la caída en picado de la empresa) para desplazarse de vacaciones a Vigo hasta cuatro veces al año.

Nota de suicidio de George Eastman

Nota de suicidio de George Eastman

9. “Mi trabajo está hecho. ¿Por qué esperar?”. La fortuna personal del fundador de Kodak llegó a ser estimada en 95 millones de dólares (72 millones de euros), una de las mayores de los EE UU.

Cuando George Eastman se pegó un tiro en el corazón, el 4 de marzo de 1932, incapaz de soportar el intenso dolor de una larga y penosa estenosis espinal, había destinado otro tanto a obras filantrópicas. En 1919 había regalado la tercera parte de sus acciones en Kodak -por valor de 10 millones (7,6 millones de euros)- a los trabajadores de la empresa.

En la nota de suicidio escribió un mensaje lacónico: “A mis amigos. Mi trabajo está hecho. ¿Por qué esperar?”.

De un carácter empresarial de otro tiempo: paternal y cuidadoso, no le faltaban maneras de zorro -no de otro modo se explican sus manejos con las patentes iniciales que le permitieron arrancar con ventaja-, pero tampoco era un arribista. Le encantaba la fotografía.

Su mansión, que donó a la Universidad de Rochester, es la sede del más antiguo de los museos del mundo dedicados a fotografía , la George Eastman House.

Productos de Kodak

Productos de Kodak

10. También el Oscar deja a Kodak.  ¿Qué pasará con Kodak? La cosa pinta mal. En una maniobra que se parece demasiado a los movimientos espasmódicos de un cadáver antes de la muerte, Pérez ha arreciado con las demandas judiciales contra la competencia. En las últimas semanas ha denunciado a Samsung, Apple y HTC, a los que acusa de haber violado patentes relacionadas con la transmisión de imagen digital.

Los analistas dicen que la supervicencia de la empresa pasa por buscar un comprador para sus patentes, que pueden costar entre 2.000 y 3.000 millones de dólares (entre 1.500 y 2.300 millones de euros), pero la gran duda es si Kodak podrá sobrevivir sin lo único que tiene.

Para cerrar el círculo negro, la gala de entrega de los Oscar del 26 de febrero podría ser la última en celebrarse en el Teatro Kodak, sede de la ceremonia final de los premios desde 2002.

No está claro que Kodak pueda seguir pagando los 75 millones de dólares al año (57 millones de euros) que desembolsa porque su nombre aparezca asociado al teatro, ubicado en la intersección de Hollywood Boulevard y la avenida Highland.

La ceremonia de 2013 podría trasladarse al centro de la Los Ángeles, a la suntuosa plaza LA Live y, en concreto, al Teatro Nokia, donde ya se celebran los Emmy. Para una marca que, como Kodak, tiene tanto que ver con el paisaje sentimental estadounidense, ¿qué mejor metáfora del inevitable final?.

 Ánxel Grove