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¿Qué año salvó al rock and roll del aburrimiento?

Cubierta del libro 'Never a Dull Moment', de David Hepworth

Cubierta del libro ‘Never a Dull Moment’, de David Hepworth

La foto que ocupa la portada del libro encaja con el título, lo describe con hiperrealismo, es una huella digital. El periodista inglés David Hepworth sabía lo que hacía cuando eligió abrir Never a Dull Moment – 1971, The Year that Rock Exploded (Ni un momento aburrido – 1971, el año en que explotó el rock) con la imagen de disoluta belleza de Keith Richards, Gram Parsons y Anita Pallenberg en uno de los lujosos salones de Villa Nellcôte, la mansión de 16 habitaciones de Villefranche sur Mer, en la Costa Azul francesa, donde los Rolling Stones se habían refugiaron para:

  1. Grabar el mejor disco de su carrera y quizá uno de los mejores de todos los tiempos, Exile on Main Street.
  2. Dejar de pagar impuestos en el Reino Unido, donde el gobierno laborista apretaba las tuercas a los multimillonarios sin que desgravará ni un céntimo lo galanre de su porte.
  3. Drogarse en comunidad en una villa con alambicadas yeserías y lámparas de araña en cada aposesnto, acompañados de amigos, allegados y parientes —John Lennon y Yoko Ono se dejaron ver y también el magnate magnate financiero Ahmet Ertegum, fundador de la discográfica Atlantic—. Los proveedores de drogas casi vivían allí.
  4. Grabar sin la presión de horarios y agendas. El estudio movil del grupo, instalado en un camión, estaba aparcado en los jardines y en los sótanos de la casona, con mínimas adaptaciones, se conseguía un sonido pastoso en el cada nota parecía un grito. Algún amante de lo esotérico puede aducir que era lógico el tenebrismo: Villa Nellcôte había sido cuartel general de la Gestapo en la zona y escenario de cuerpos y almas torturados.

Las piernas largas y desnudas de Anita, Lady Rolling Stone, lánguida pin-up, satanista, buscadora de problemas, voraz politoxicómana, modelo, musa y novia intercambiable de Jagger y Richards, tienen la misma indolencia hedonista que la imagen, tomada por Domique Tarlé, fotógrafo al que permitieron moverse con libertad en el escenario belle epoque ocupado por el animalario perverso.

No crean ni por un momento que la estampa de paciente de quirófano de Richards significa que la heroína le hubiese anestesiado los sentidos: durante aquellos meses robó varias canciones al ingenuo y más triste de los vaqueros, Gram Parsons, que, acaso porque actuaba maravillado por tener entrada para el festín, creyó que aquellos malvados ególatras eran sus amigos.

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Seis preguntas y respuestas sobre el ‘streaming’ de los Beatles

Dadas las albricias globales que escucho y leo, la Navidad parece haber regalado lo que todos habían pedido como primera opción en las listas de deseos.

El desembarco de la música de los Beatles en nueve plataformas de streaming, entre ellas el monstruo Spotify (100 millones de usuarios en el mundo, la quinta parte de ellos, de pago)ha sido recibida con una especie de hurra planetario al que, aunque sólo sea por la ictericia que toda operación de mercadotecnia debería producir, conviene colocar en una justa medida.

1. ¿Está toda la música de los Beatles en streaming?

No. Los propietarios del catálogo han dejado fuera de acceso discos básicos como la colección The Beatles Anthology [volumenes, 1, 2 y 3], editada entre 1995 y 1996, un tesoro que abarca toda la historia del grupo e incluye versiones no grabadas, temas inéditos, descartes y abundante material que, en muchas ocasiones, supera al original y que, sobre todo, demuestra cómo cocinaba el grupo con mejor química de la historia durante el proceso de composición, arreglos, grabación y mezcaldo.

Tampoco está disponible Live at the BBC (1994), el único disco en directo decente del grupo, con 56 canciones, una treintena de las cuales nunca habían sido publicadas.

Y, sobre todo, no hay rastro de las versiones en mono de los discos que el grupo editó en su carrera —todos los álbumes excepto tres— y que fueron primorosamente empaquetados en la caja The Beatles in Mono, publicada en 2009 al mismo tiempo que la versión remasterizada The Beatles  (The Original Studio Recordings), también conocida como The Beatles: Stereo Box. Es de estas remasterizaciones en estéreo de las que se nutre el catálogo parcial colocado en streaming.

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Yoko Ono te regala en cien idiomas el póster de ‘¡La guerra ha terminado!’

Algunos de los carteles de la campaña

Algunos de los carteles de la campaña

La frase es la misma pero en distintos idiomas: “¡La guerra ha terminado!”. Quizá la acepción más tierna sea la del esperanto, aquella utopía de lengua universal: “Milito estas for!”.

La onmipresente Yoko Ono (1933), viuda de ya saben quién, deja bajar el póster con licencia Creative Commons desde la web Imagine Peace. El cartel está disponible en un centenar de idiomas —del aragonés al tibetano, pasando por el braille, el morse y el lenguaje de signos— y en nueve tamaños: desde pequeños cuadrados de 75 píxeles de lado hasta una dimensión máxima de 3.000 por 4.000 y alta resolución de trescientos puntos por pulgada. También hay salvapantallas para ordenador o teléfono móvil.

La artista —la cursiva obedece a que siempre me costó aplicarle el adjetivo a Ono, que me parece una arribista que, además, vive de un cadáver— dirige al mundo un mensaje escueto:

Queridos amigos,

Descargad, imprimid y exhibid estos pósters en vuestras ventanas, escuelas, lugares de trabajo, coches o en cualquier otro lugar.

Difundidlos en vuestras redes sociales.

Enviadlos como postales a vuestros amigos.

Lo decimos de muchas formas pero somos una sola voz.

¡Os amo!

Carpeta del disco sencillo "Happy Xmas (War Is Over)", 1971

Carpeta del disco sencillo “Happy Xmas (War Is Over)”, 1971

El lema que Ono recupera ahora nació hace 43 años, en la Navidad de 1971, a partir de una campaña del matrimonio Lennon en pro de la paz en el mundo. Incluía el single Happy Xmas (War Is Over) firmado por John y Joko, acompañados por la Plastic Ono Band y los niños de cuatro a 12 años de un coro comunitario del barrio de Harlem. La canción fue grabada en octubre en Nueva York y de la producción, como no cabe duda por el exceso de eco y la gradilocuencia de una pieza que ganaría en efectividad con un acabado menos napoleónico, se encargó Phil Spector.

Lennon y Ono se atribuyeron la composición de la letra y la música del villancico, pero se trata de una mentira descarada, porque la melodía es de la pieza tradicional Stewall [aquí la versionan, por ejemplo, Peter, Paul and Mary]. Dice bastante del poder de la mitomanía que las decenas de cantantes que han vuelto a grabar el tema sigan firmándolo como escrito por John y Yoko mientras algún desconocido bluesman se revuelve en su tumba pensando en los millones que pudo haber ingresado de haber registrado la melodía, una vieja canción de trabajo de los campos agrícolas del sur de los EE UU, terreno al que han acudido a birlar canciones los roqueros blancos una vez tras otra.

Lennon tomó la decisión de lanzar el single tras el bombazo de Imagine, editado como sencillo el 11 de octubre de 1971. Tras un éxito de ventas que no esperaba —sus producciones como solista hasta entonces habían sido sonoros fracasos comerciales— el exbeatle creyó haber encontrado la fórmula del éxito:vestir un mensaje político con un poco de miel” (“put your political message across with a little honey”, declaró a un periodista de Rolling Stone).

Aunque Happy Xmas (War Is Over) era una protesta contra la guerra de Vietnam, como parte de los movimientos publicitarios pacifistas del matrimonio Lennon desde finales de 1969, cuando compraron espacios en revistas, diarios y vallas en lugares públicos [por ejemplo, ésta en Times Square, Nueva York] para publicar el lema “WAR IS OVER (If You Want It), Happy Christmas from John & Yoko”, en español “LA GUERRA HA TERMINADO (si tú quieres), feliz Navidad de John y Yoko”, la canción ha sido deglutida y forma parte de centenares de recopilatorios de ambiente navideño aburguesado.

Lennon no volvió a desarrollar la teoría de “vestir un mensaje político con un poco de miel”. Sus siguientes discos fueron bastante crudos y torpes y tampoco tuvieron éxito comercial hasta Double Fantasy (1980), del que firmó una copia al lunático que lo mató de cuatro tiros. Yoko Ono sí ha perfeccionado la fórmula: una cucharada por cada bang.

Por cierto, si tu idioma no está entre el centenar del mensaje que la viudísima distribuye en pro de la paz mundial y la presencia mediática personal, puedes enviarle la traducción que te plazca a su Flickr de pósters multilingües. Creo que la lengua de la explotación postmortuoria no es una opción.

Jose Ángel González

¿Te atreves a decorar tu casa con muebles diseñados por Ringo Starr?

Mesa de Café Rolls Royce

Mesa de Café Rolls Royce

Además de tocar la batería en los Beatles —algunos dicen que nunca perfeccionó los redobles, pero a mí me parece un músico efectivo, que es lo que le suelo pedir a los bateristas de rock (no soporto a los bencedrínicos convencidos de que sudar y hacer el watusi es signo de ritmo)— y de cantar las canciones más gazmoñas de cada álbum —nunca supe si por una broma pesada y cíclica de Lennon y McCartney o porque las componían para echarle cacahuetes al mono—, Ringo Starr ha desarrollado una personalidad mediática envidiable.

A Ringo se le quiere pese a todo y siempre. Peace and love. Punto.

Era partícipe del amor incondicional que acabo de enunciar hasta que vi la mesa de café Rolls Royce.

Después, porque me gusta sacarme las costras de las heridas hasta hacerme sangre, cometí el desatino de ahondar.

 

Llevan razón quienes sospechen: solamente a uno de los beatles le podía gustar tanto el metacrilato —ese material inventado por alguien que, como nos contó Woody Allen, arde en el nivel más inclemente del infierno, incluso por debajo de los “abogados que salen en la tele” y los periodistas—.

Entre 1969 y 1986 Ringo fue socio y eventual diseñador de la empresa de decoración y mobiliario ROR (Ringo or Robin, S.L.). La montó con el diseñador Robin Cruikshank, al que había conocido en 1968, cuando a éste le contrataron los Beatles para que se hiciera cargo de la decoración de la sede mercantil de la empresa Apple, una mega-corporación pero en chachi yeah-yeah-yeah con la que el grupo quería rentabilizar su enorme patrimonio artístico, patrocinar a otros artistas, mercadear con vestuario y juguetes y producir películas, aunque terminaron arruinados y enfrentados en los tribunales durante décadas.

Ringo y Robin se amigaron cuando el segundo amobló la mansión del primero. Fue entonces cuando el beatle empezó a dar sugerencias sobre diseño: una chimenea de acero inoxidable por aquí, una mesa de metacrilato adaptable en altura por allá y, redoble de batería, la mesa de café con dos rejillas de radiadores de sendos Rolls Royce.

Publicidad de ROR

“El tresillo de Ringo Starr y Robyn Cruikshank. Recuéstate y disfruta”. Publicidad de ROR.

En 1969 montaron la empresa y aprovecharon con maña la fama del beatle para conseguir clientela. Lo crean ustedes o no, en aquel entonces el metacrilato parecía admisible en un ambiente distinto a un burdel en concurso de acreedores. La cartera de clientes de ROR era nutrida y de abolengo: los Thyssen —Carmen Cervera ha sido culpable de comprar el impresionismo más hortera del mundo para su museo madrileño, pero debemos desligarla de este asunto: todavía no había cazado al barón—, Rod Stewart —ya saben, la culpa la tiene el scotch—, David Bowie, Elton John e incluso el primer ministro del Reino Unido, Edward Heath.

La empresa, según narra la web Ringo or Robin Ltd – Archive, sobrevivió a la amarga ruptura beatle y consiguió introducirse en mercados extranjeros. En 1982 llegaron al edén de cualquier decorador de interiores: ganaron el concurso para diseñar el  palacio para invitados del jeque Zayed, entonces jefe de Estado de Abu Dhabi. Ya pueden imaginar el resultado: nada peor que mezclar los petrodólares con las sillas de respaldos himaláyicos.

Ringo se desligó de la empresa en 1986 y, según sabemos, anda ahora muy ocupado anunciando trajes de John Varvatos (en el spot de la campaña es posible constatar que sigue sin saber hacer bien un redoble) y partipando en campañas en favor de los elefantes —los de África, nada que ver con Yoko Ono—.

Su socio en el tráfico impune de metacrilato siguió en la brecha e incluso encargó vídeos promocionales sobre su arte. Sale a cuenta echarles un vistazo para comprobar cómo lleva uno la tolerancia a los sicotrópicos.

Ánxel Grove

¿Un disco vacío o una recopilación de silencios?

Portada del recopilatorio 'Sounds of Silence'

Portada del recopilatorio ‘Sounds of Silence’

La pieza consistía en dos minutos de nada, ni tan siquiera se escucha el sonido de dos personas guardando silencio. John Lennon y Yoko Ono incluyeron Two Minutes Silence (Dos minutos de silencio) en el disco Unfinished Music No. 2: Life with the Lions (1969), el segundo trabajo experimental de la pareja, todavía editado cuando los Beatles no se habían separado.

Aunque se insinúa que es una reacción al traumático aborto que ella acababa de sufrir, rendían homenaje a 4’33”: una pieza en tres movimientos que el compositor experimental estadounidense John Cage (1912-1992) había creado en 1952. La partitura estaba vacía, la orden para los músicos era no tocar sus instrumentos, lo único que se debía escuchar era el ambiente del auditorio.

Sounds of Silence (Sonidos del silencio) es una antología sin sonido, una recopilación de “algunas de las más intrigantes piezas silenciosas” de la historia. El experimento de John Cage y el homenaje de Lennon y Ono son dos de las obras del conjunto de constantes vacío provocados por artistas como Andy Warhol, Yves Klein, Sly & The Family Stone, Robert Wyatt, el vanguardista (letrista) francés Maurice Lemaître, Africa Bambaataa, John Denver, Orbital

Partitura de la obra 4'33''. de John Cage

Partitura de la obra 4’33”. de John Cage

El álbum —bautizado así como guiño a la canción de Simon y Garfunkel The Sound of Silence (1964)— está editado por la discográfica experimental italiana Alga Marguen y se pondrá a la venta el 21 de enero sólo en vinilo y en una limitadísima tirada de 250 ejemplares.

Alga Marguen hace énfasis en el disco como una colección de silencios diferentes unos a otros no sólo por los diversos motivos de los autores para crearlos (“pueden entenderse como un homenaje o un chiste; un ofrecimiento especial o algo totalmente indefinido”), sino porque cada uno conserva un buqué: imperfecciones y particularidades “intrínsecamente unidos al medio de reproducción”, relacionados con el paso del tiempo y el desgaste. El LP presenta los temas tal y como se grabaron en origen, sin remasterizar, como un cuaderno nuevo y amarillento tras haber sido olvidado en un cajón durante décadas.

Helena Celdrán

El falso 50º aniversario discográfico de los Beatles

Primer disco (1962) y primer álbum (1963)

Primer disco (1962) y primer álbum (1963)

Tiene algo de irracional celebrar el medio siglo de los Beatles empezando la cuenta por su primer álbum, Please Please Me, que se puso a la venta en marzo de 1963, más de cinco meses después del single con Love Me Do y P.S. I Love You, verdadero debut discográfico del grupo (octubre de 1962). Es como si estrenáramos la vida de Cristo con su primer paso sin ayuda de José y María y pasáramos de la mula, el buey y la visita de los Reyes Magos.

Aunque en este blog ya celebramos los 50 años de los Beatles en 2012, que es cuando tocaba según la imperturbable matemática de los calendarios, olvidemos el error contable que cometen otros en aras del negocio y, como dirían los Beach Boys —que tienen un añito más, son de 1961—: Do It Again, hagámoslo de nuevo, celebremos los 50+1 años de los Beatles con 50+1 pormenores de bajo calado, y quizá por ello de interés, sobre el mejor grupo de pop de la historia.

1. “Cómete tú las gominolas”. George Harrison pidió por carta a una fan en 1963 que dejasen de tirar al grupo gominolas durante las actuaciones, algo que se había convertido en ritual en los primeros años de la banda. Un caramelo le había dado en un ojo a Harrison y le había dolido bastante. “No nos gustan los Jelly Babies o las Fruit Gums. Imagina lo que es estar en un escenario esquivándolas. Cómelas tú”, escribió.

2. “E.T. también debe pagar derechos”. Cuando las sondas espaciales Voyager fueron lanzadas en 1977 un comité de expertos presidido por Carl Sagan eligió el contenido del disco de oro (literalmente) The Sounds of Earth, pensado para que los posibles habitantes de los confines estelares escucharan una tormenta, el viento, el oleaje y algunas piezas musicales. Junto a temas de Beethoven, Mozart y Stravinsky, Sagan estaba empeñado en incluir la canción Here Comes the Sun, pero la discográfica de los Beatles se negó por una cuestión de derechos. Cuando las Voyager, dentro de 40.000 años, lleguen más allá de nuestro sistema solar, los posibles E.T. que reproduzcan el disco sólo escucharán una canción de rock and roll: es de Chuck Berry, precisamente uno de los artistas imitados por los Beatles en sus comienzos.

The Beatles

The Beatles

3. “Quiero tomar ácido en una isla en el Egeo”. Los Beatles compraron en 1967 una pequeña isla en Grecia. Querían escapar de la presión de los fans y tomar LSD en paz —quizá sin saber que en Grecia acababa de tomar el poder una junta militar y la situación era inestable para cualquier ceremonia narcótica—. Cerraron el trato a través de su colega y técnico de sonido Magic Alex Mardas, pero se olvidaron pronto del capricho y vendieron el pedazo de tierra durante los trámites de separación del grupo.

4. “Queremos a Kubrick”. En 1969 los Beatles intentaron convencer al director Stanley Kubrick para que los dirigiera interpretando una versión de El Señor de los Anillos. El cineasta, convencido de que aquella propuesta era una consecuencia de la ingesta indiscriminada de drogas, se negó.

5. “Queremos a Disney”. En 1965, el manager del grupo, el sagaz y avaro Brian Epstein, se entrevistó con Walt Disney para ofrecer a los Beatles como voces de los buitres de El libro de la selva. Cuando Lennon se enteró de la oferta estalló: “Los Beatles nunca van a ser el jodido Mickey Mouse”.

6. Solfeo, cero. Ninguno de los Beatles era capaz de leer una partitura. Lennon dijo en una entrevista en 1980: “No éramos buenos técnicamente. Ninguno leía música, ninguno podía escribirla. Pero, como músicos puros y seres humanos inspirados podíamos hacer ruido tan bueno como el de cualquiera”.

7. Quemando condones. McCartney y Pete Best (primer batería) fueron expulsados de Alemania por quemar condones dentro de una furgoneta. Los acusaron de vandalismo. Los condones no estaban usados y los inculpados no aclararon nunca de qué iba la cosa.

8. El primer joint, de Bob. Los Beatles fumaron marihuana por primera vez en 1964 y los invitó Bob Dylan.

9. “Cher ama a Ringo”. Antes de adoptar el nombre artístico de Cher, Bonnie Jo Mason grabó en 1964 un single titulado I Love You Ringo

10. Letras imprresas en la cubierta. Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (1967) fue el primer álbum de la historia que incluyó las letras de las canciones en la carpeta.

11. Soundtrack universal. Se supone que cada 15 segundos suena una canción de los Beatles en algún lugar del mundo.

13. Sissy ama a John. Antes de ser actriz, Sissy Spacek lo intentó como cantante de pop tontín. Se hacía llamar Rainbo y grabó en 1968 un single dedicado a Lennon: John You Went Too Far This Time (John, esta vez te has pasado).

14. Ayudando a los Stones. Lennon y McCartney hicieron coros para los Rolling Stones en We Love You (1967).

15. Plagios. Lennon fue acusado de plagiar en Come Together (1969) la canción de Chuck Berry de 1956 You Can’t Catch Me. Algo de base había en la acusación porque el asunto se arregló entre los abogados extrajudicialmente y con dinero cambiando de manos. Peor lo tuvo Harrison, condenado con toda la razón por plagiar en My Sweet Lord (1971) el tema de las Chiffons He’s So Fine’ (1963).

16. Experimentales. Este caos sonoro, Carnival of Light, fue grabado por los Beatles en 1967 para el evento sonoro-luminotécnico de vanguardia The Million Volt Light and Sound Rave. El casi único artífice de la pieza fue McCartney, muy animado en aquellos días a jugar con cintas y grabaciones superpuestas. El tema nunca ha aparecido en ningún disco oficial del grupo. ¿Arrepentidos de aquellas veleidades?

17. Compositores mercenarios. Lennon y McCartney compusieron temas para otros artistas con cierta asiduidad. Algunos ejemplos: From A Window (Billy J. Kramer with The Dakotas, 1964), One and One Is Two (The Strangers with Mike Shannon, 1964), Step Inside Love (Cilla Black, 1967), Come and Get It (Badfinger, 1967) y Woman (Peter and Gordon, 1966).

© Maxim Dalton

© Maxim Dalton

18. Sólo dos compuestas por todos. Las únicas canciones con composición atribuida a los cuatro beatles son el instrumental Flying (1967) y Dig It (1970).

19. Prohibidos por la BBC. La radiotelevisión pública británica prohibió la difusión de cuatro canciones de los Beatles, todas de la época sicodélica del grupo: I Am the Walrus, Fixing a Hole, Lucy in the Sky with Diamonds y A Day in the Life. La primera fue censurada porque la letra contiene la palabra knickers (bragas) y las otras tres por supuesto fomento del uso de drogas.

20. Ni Hitler, ni Cristo. Para la superpoblada carpeta de Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band fueron vetados tres personajes propuestos por Lennon: Jesucristo, Gandhi y Hitler.

21. El primer portazo. Ringo Starr dejó el grupo en 1968 durante la tensa grabación del Álbum Blanco. Cuando cambió de idea y decidió reincorporarse, los demás habían cubierto la batería con flores.

22. Borrachos en el último encuentro. Lennon y McCartney tocaron juntos por primera y última vez tras la separación de los Beatles en un estudio de Los Ángeles (EE UU) en 1974. Estaban muy cargados de alcohol y les acompañaron Stevie Wonder y Harry Nilsson. El resultado, editado profusamente como disco pirata, es A Toot And A Snore In 74.

23. Paul es James. El primer nombre de pila de McCartney no es Paul sino James. Su padre también se llamaba James y en familia se referían al niño como Paul para evitar equívocos.

24. John es John Winston Ono. A Lennon lo registraron al nacer como John Winston. En 1969, tras casarse con Yoko Ono, quiso cambiar el segundo nombre por Ono, pero las leyes británicas se lo impidieron y su nombre oficial quedó en John Winston Ono Lennon.

25. Ningún colaborador. Los Beatles no eran nada amigos de citar a sus colaboradores musicales. El único disco en el que otorgaron crédito a un instrumentista ajeno al grupo es el sencillo Get Back / Don’t Let Me Down, atribuido a The Beatles with Billy Preston, el teclista negro reclutado por Harrison para intentar que su presencia atenuase la tensión durante los últimos meses del grupo.

26. Anónimo Eric. No aparece citado, por ejemplo, Eric Clapton, que tocó el solo de guitarra en While My Guitar Gently Weeps, una de las canciones del Álbum Blanco.

27. Lennon hace de Bob. Las relaciones entre Lennon y Dylan siempre fueron curiosas. El primero estaba acomplejado por la cultura literaria y las complejas letras simbolistas del segundo. El beatle grabó demos caseras parodiando de modo hilarante la dicción, el fraseo y las rimas de Dylan. En 1980, Lennon también contestó la la conversión del cantautor al cristianismo con Serve Youself, respuesta a Gotta Serve Somebody. “Hay demasiada cháchara sobre soldados cristianos, desfiles y conversiones”, declaró Lennon.

28. Banjo. El primer instrumento que tocó Lennon fue el banjo. Se lo compró su madre Julia.

29. Mal Evans. El siempre fiel ayudante, roadie e instrumentista ocasional de los Beatles —toca la campana del despertador de A Day in the Life y el martillo en Maxwell’s Silver Hammer— fue muerto a tiros por la Policía de Los Ángeles (EE UU) en 1976 cuando los agentes acudieron a atender una denuncia por una pelea y Evans los encañonó con una pistola que resultó ser de aire comprimido.


30. ¿Quién es mejor rocker? Lennon y McCartney, fervorosos admiradores de los pioneros estadounidenses del naciente rock and roll de los años cincuenta, versionaron en discos como solistas una misma canción clásica, la inolvidable Ain’t That a Shame (1955) de Fats Domino. Si fuese necesario calificar, le doy una matrícula de honor a la original, un sobresaliente a Macca y un aprobado a Lennon —lastrado por una producción inadecuada de su amigo Phil Spector—.

31. Girl, esa palabra. La primera canción que compuso Lennon, datada en 1957, se titulaba Hello Little Girl. La primera de McCartney es de 1956, I Lost My Little Girl.

32. Glosario. Las letras de los Beatles no eran alta literatura. La palabra más utilizada en todo el cancionero es you (tú), que aparece 2.262 veces. Para encontrar un término que no sea un artículo o un pronombre debemos bajar hasta el octavo lugar: love (amor), 613. Hay un juego online para adivinar el resto.

33. El primer beatle en solitario. Fue Harrison con Wonderwall Music (1968), que también fue el primer producto editado por Apple Records, la discográfica montada por el grupo. El álbum es la banda sonora de la película Wonderwall (Joe Massot, 1968). El elepé y el film coinciden en resultado: indigeribles.

34. Paul, guitarrista. Pese a que su instrumento habitual en el grupo era el bajo —y lo toca como pocos, con gran influencia del estilo sólido de Motown—, McCartney es un eficaz guitarrista, con una pegada mucho más potente que la del lánguido Harrison. En estas canciones la guitarra solista es de Macca: Ticket to Ride,Taxman, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, Good Morning Good Morning.

35. Y Harrison, bajista. Toca el instrumento en She Said She Said, una de las pocas canciones de los Beatles sin Macca.

36. Riff robado como homenaje. Lennon reconoció que birló el riff de guitarra inicial de I Feel Fine de la canción Watch Your Step (1961), del guitarrista Bobby Parker, al que admiraba.

37. Bond, anti-beatle. En la película Goldfinger (1964), el agente 007 dice que beber Don Perignon a temperatura inadecuada es tan inaceptable como “escuchar música de los Beatles sin tapones de oídos”.

 38. Sean Connery, beatle. Sean Connery, el mejor Bond, reparó la afrenta recitando la canción de los Beatles In My Life en el disco del mismo título que preparó en 1988 el productor George Martin para hacer algo de caja. El álbum merece la incineración por la versión de I Am the Walrus que ejecuta (en el sentido penal) Jim Carey y la de Come Together de Bobby McFerrin y Robin Williams.

39. Los más versionados. La lista de artistas que han reinterpretado canciones de los Beatles es inmensa, casi inabarcable. Existe una entrada de la Wikipedia dedicada al asunto. En el libro The Beatles Discovered: Beatles Tribute Albums, Cover Songs, Comedy & Novelty Records, Parody Albums and More! se citan 500 álbumes de homenaje (tribute, en inglés): los hay de salsa —destaca Tropical Tribute to the Beatles, con una gran versión de Lady Madonna por Óscar D’Leon—, reggae —Here Comes The Sun, con Steel Pulse haciendo lo que pueden con We Can Work It Out—…

40. Flow beatle. La mejor reconstrucción de los Beatles es, para mi gusto, el fabuloso Grey Album de Jay-Z y Danger Mouse (2004) donde el rapero y el productor desmontan y remontan el Álbum Blanco. McCartney dió su placet a la edición pública, pero la discográfica EMI se negó y el disco sólo circuló de manera ilegal, aunque profusa.


41. Los peor versionados. Siendo los mejores, es casi una justicia poética que sean el objetivo de cualquier alunado. Coindido con esta selección de las más espantosas versiones de los Beatles, pero para mi gusto no hay nada comparable a los Beatle Barkers, la versión canina de los Fab Four.

42. ¿The Beatles o the Beatles? En torno a los Beatles todo es excesivo y radical. Por ejemplo: ¿cómo debe escribirse el nombre del grupo, The Beatles o the Beatles (Los Beatles o los Beatles)? La Wikipedia mantuvo abierto durante ocho años un panel de discusión entre los editores de la enciclopedia sobre el asunto de la letra inicial capitular o de caja baja. La discusión resultó tan encendida que algunos de los participantes fueron expulsados de la Wikipedia. ¿Conclusión? No llegaron a ninguna.

La beatlemanía llega a los EE UU

La beatlemanía llega a los EE UU

43. El desembarco en los EE UU. Antes de que la beatlemania llegase al otro lado del Atlántico en 1964, George Harrison había estado en los EE UU un año antes para visitar a su hermana Louise, que vivía en Benton-Illinois. Tocó con un grupo local, concedió entrevistas y compró una guitarra.

44. Peinado con nombre. El mundialmente famoso corte de pelo de los Beatles fue bautizado por Harrison en una conferencia de prensa: Arthur.

45. McCartney-Lennon. Antes de que la mayoría de las canciones del grupo fueran firmadas como composiciones de Lennon-McCartney, el binomio se mencionaba al revés, McCartney-Lennon: así aparecen los créditos del álbum Please Please Me.

46. Macca conoció a Yoko antes. En 1965, un año antes de que Lennon y Ono se conociesen en noviembre de 1966, el músico de vanguardia John Cage, amigo personal de Macca, había presentado a la japonesa al beatle.

47. ¿Era un caradura George Martin? El productor George Martin, que se ha llevado toda la fama (y se ha convertido en millonario) como arquitecto del sonido beatle, se atribuyó galardones que no le correspondían. Eso dice el ingeniero de sonido Geoff Emerick, que trabajó con la banda en sus mejores discos, en el libro Here, There and Everywhere: My Life Recording the Music of the Beatles. Según Emerick, cuando Lennon y McCartney llegaban con alguna nueva idea Martin se limitaba a decir “¡’adelante!” y dejar que el ingeniero lidiara con el trabajo.



48. Dear Prudence (Farrow).
La canción del Álbum Blanco Dear Prudence está dedicada a Prudence Farrow, hermana de la actriz Mia. Los Beatles la conocieron en 1968 en Rishikesh (India) donde se dejaron engatusar por el gurú Maharishi Mahesh Yogi. Prudence nunca salía de su dormitorio y Lennon compusó la canción creyendo que la chica estaba deprimida. “Eran muy simpáticos, pero yo estaba allí para meditar, no de fiesta”, declaró ella.

49. Fondos para la secta. Harrison participó de forma activa en la recogida de fondos económicos y las campañas de apoyo público para el Natural Law Party, montado por los seguidores de la secta del Maharishi.

50. Cavernícolas. Ringo conoció a su primera segunda mujer, Barbara Bach, cuando ambos actuaron en Cavernícola (1981), una comedia que, como su título sugiere, es bastante antediluviana.

50+1. Lean el especial web de El País sobre los (falsos) 50 años del debut discográfico de los Beatles. Pese a que está basado en el axioma “no dejes que una falsa efeméride te estropee una buena operación de mercadotecnia”, tiene maravillosos artículos.

Ánxel Grove

El final del sueño: la triste última sesión de fotos de los Beatles

The Beatles, 22 de agosto 1970

The Beatles, 22 de agosto 1969. Foto: Monte Fresco

Además de otros notables dones —sobre todo, componer e interpretar canciones que contenían poder suficiente como para que el mundo girase y en cada rotación fuese un mundo distinto—, los Beatles solían ejercer una inocencia casi ingenua en sus sesiones de fotos. Siempre me pareció que las imágenes del grupo, tanto las obligadas por la promoción y el comercio como las improvisadas, mostraban sin filtros el alma de los cuatro músicos: tipos de clase tirando a baja, algo pillastres, con una cultura obtenida en el camino y no en los púlpitos de las academias y un sentido del humor bastante simplón. Ni siquiera cuando se creyeron en la necesidad de mostrarse como artistas con aspiración de perpetuidad —véase la cubierta pop de Sgt. Pepper’s Loney Hearts Club Band— dejaban de parecer unos muchachos disfrazados para una juerga de carnaval.

Como sus canciones —y esa pureza les diferenciaba de otros grupos de su generación—, los Beatles eran veraces y no sabían impostar.

The Beatles, 22 de agosto 1970 . Foto: Ethan Russell

The Beatles, 22 de agosto 1969. Foto: Ethan Russell

El 22 de agosto de 1969, dos días después del que sería su último encuentro en un estudio de grabación —terminaron de mezclar una canción de John Lennon, I Want You (She’s so heavy), los músicos más famosos de la historia quedaron para hacerse unas fotos de promoción para satisfacer las demandas de los medios de comunicación, que llevaban meses sin saber casi nada del grupo.

Los cuatro sabían que sería la sesión final de posados ante una cámara porque el grupo estaba condenado a la desintegración. Lennon —que había editado en julio el primer disco en solitario de un beatle, el sencillo Give Peace a Chance, firmado por la Plastic Ono Band (agasajo de amor por la artista y dominatrix emocional Yoko Ono, una japonesa de sangre imperial y escasísima gracia con la que se había casado en Gibraltar en marzo de 1969)— comunicó a los otros tres el 20 de septiembre, menos de un mes después de la sesión de fotos, que materializaba la ruptura y se largaba. Decidió no hacer público el divorcio para no enturbiar los resultados de caja del inminente álbum Abbey Road, que apareció seis días más tarde y se convirtió en un testamento dorado: es el elepé más vendido de los Beatles, que se disolvieron legalmente  al año siguiente.

The Beatles, 22 de agosto 1970 . Foto: Ethan Russell

The Beatles, 22 de agosto 1969 . Foto: Ethan Rusell

Transparentes como siempre, Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr no pueden ocultar el fracaso en las imágenes de aquella sesión postrera de fotografías, tomadas por el eficaz Ethan Russell y el especialista en deportes Monte Fresco en Tittenhurst Park, la mansión que Lennon y Ono acababan de comprar en la campiña de Ascot (Berkshire).

Ninguna mirada brilla, Lennon está ausente en su limbo —aunque preocupado por llamar la atención y destacar con el atroz atuendo que acababa de comprar (sombrero cordobés incluido) en una tienda trendy—, McCartney no busca el objetivo con el hambre habitual por  lucir favorecido y Harrison simplemente no quiere estar allí. “¿Qué necesidad tenía yo de participar en aquello para ser feliz?”, escribió más tarde el beatle invisible, ninguneado por sus compañeros una vez y otra.

La excursión fotográfica familiar —también asistieron Ono y Linda McCartney, embarazada de su primera hija con Paul— terminó en ceremonia fúnebre y las últimas imágenes de los Beatles juntos son melancólicas y tristes.

Poco tiempo después los cuatro músicos que cambiaron el mundo, o al menos la forma de ver el mundo de una generación, sólo se reunían, con abogados presentes, para hablar de dinero y echarse en cara con furiosa saña los pecados que se atribuían unos a otros.

Las últimas fotos de los Beatles, transparentes y ligeras como las muchas que el grupo repartió por el mundo, son la verificación de que los sueños, por enormes que sean, también se acaban.

Ánxel Grove

La caja registradora post mórtem de los Beatles sigue funcionando: “Magical Mistery Tour”

"Magical Mistery Tourt" Collectors Box

“Magical Mistery Tourt” Collectors Box

Aunque la caja registradora no deja de sonar en el negocio post mórtem de ganancias más abultadas de toda la historia, los propietarios de la marca The BeatlesPaul McCartney, ese tipo vegetariano y magnánimo que sólo cobró 1,6 euros por vender ideología consoladora y patriotera en la apertura de los Juegos Olímpicos;  Ringo Starr y las viudísimas Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison— no están dispuestos a que los ingresos dejen de fluir.

Apple Corps Ltd, el holding que administra el legado del mejor grupo de música pop de todos los tiempos, tiene un equipo legal que no deja escapar ninguna oportunidad de engordar la cuenta de resultados, sea demandando a Nike por usar una canción en un spot o a la otra Apple, el monopolio tecnológico, por apropiación de nombre y logotipo.

En el segundo caso, los milmillonarios se entendieron y ambas empresas, la de los Beatles y la del también difunto con posibles Steve Jobs, se aliaron a finales de 2010 para sacar tajada juntos a través de la tienda online iTunes. La santa alianza entre el par de manzanas ha sido uno de los grandes pelotazos financieros del siglo XXI: dos meses después de que el catálogo beatle saliera al mercado, Apple —la de Jobs— había despachado cinco millones de canciones y un milón de álbumes.

Los cuatro 'beatles' en 1967

Los cuatro ‘beatles’ en 1967

Así las cosas y pese a que los exbeatles o sus herederos sólo reciben, según los países de los que se trate, entre un 33 y un 50% de las regalías generadas por sus canciones —el resto se lo lleva la empresa montada por la multinacional Sony y Michael Jackson, que en 1985 compró parte de los derechos de 250 temas del catálogo de Lennon y McCartney por 36,5 millones de euros—, John Lennon (es decir, su avatar Yoko Ono) es uno de los muertos que más dinero gana desde el más allá: en 2009 ingresó 15 millones de dólares según Forbes (dos años antes fueron 44 millones). George Harrison, cuya contribución como compositor era muy pobre, más o menos una canción por álbum, tarifó 22 millones de 2007 por el pleito contra la discográfica EMI por regalías imapagadas.

Con unos mil millones de discos vendidos en todo el mundo, los Beatles son, empatados con Elvis Presley, los artistas más comerciales de la historia. La explotación de su exiguo catálogo —sólo existieron como grupo diez años, de 1960 a 1970— ha sido intensiva y despiadada desde finales del siglo XX: un aprovechamiento cruel del cariño con que los viejos y nuevos fans recuerdan la inigualable carrera de los Fab Four.

The Beatles Stereo Box Set (2009)

The Beatles Stereo Box Set (2009)

Si el proyecto Anthology (1 | 2 | 3), editado entre 1995 y 1996, jugaba con el factor arqueológico y permitía descubrir, pagando una buena pasta (ahora anda por 85 euros), la manera altamente creativa en que trabajaba el grupo en el estudio (aunque también cometía el pecado de la necrología publicitaria al manipular una maqueta de Lennon y resucitarlo tocando con los beatles vivos), la edición remasterizada de todos los discos del grupo en 2009 (140 euros, en principio costaba casi lo doble), que publican en vinilo el 12 de noviembre, con t-shirt incluida (230 euros), era una engañifa para exprimir a los hijos y nietos del público incondicional de la banda. Clientes que, por cierto, sólo debían buscar en la discoteca familiar para encontrar los mismos discos y con mejor sonido.

Aún peor fue el pobrísimo proyecto Love (2006), un mix montado para un espectáculo en Las Vegas del Cirque du Soleil que permitió a Sir George Martin —productor del grupo— conseguir un buen trabajo para su hijo Giles.

Cubierta original del doble EP "Magical Mistery Tour", 1967

Cubierta original del doble EP “Magical Mistery Tour”, 1967

La última operación de ordeño de la agotada vaca llega ahora con la publicación y lanzamiento con fanfarria de Magical Mistery Tour, que en su edición de lujo para coleccionistas cuesta 53 euros (gran gancho: ¡un clip de 2:30 minutos titulado Ringo the actor, donde el batería reflexiona sobre su pasión por la actuación!). La película ya se ha estrenado en algunos cines de los EE UU. En España no hay fecha.

Aprovechando la jugada de McCartney, Ono, Harrison y Starr, que escamotean la avidez dineraria tras la presunta celebración del 45º aniversario del estreno de la película y el disco, hablemos de uno de los proyectos más descabellados de la factoría de sueños beatle: Magical Mistery Tour, una película desastrosa que produce vergüenza ajena y una casi perfecta colección de canciones.

Para empezar un trailer promocional. No es necesario creer lo que ofrece: se trata de publicidad.

La película que reeditan, de una hora de duración, fue estrenada el 26 de diciembre de 1967 —el boxing day de los británicos— por la BBC. Aunque los créditos atribuyen la dirección a los cuatro beatles, el film fue una idea de McCartney, que llevó la voz cantante y se encargó del guión (que había escrito, en abril del mismo año, durante un vuelo transoceánico entre los EE UU e Inglaterra), la puesta en escena y la realización.

Con muy poca maña cinematográfica, Magical Mistery Tour cuenta el atribulado y surreal viaje en un autobús Bedford —por supuesto, made in England— de un grupo de personas entre las que están los Beatles y algunos de sus colaboradores. No hay mucho más que contar. La historia es una deshilvanada sucesión de disparates y el resultado final deja al espectador una muy certera sensación de que acaba de ver el capricho de unos millonarios que se aburren y creen, dada su genialidad musical, que también pueden hacer cine.

Foto fija del 'clip' de "I am the walrus" en "Magical Mistery Tour"

Foto fija del ‘clip’ de “I am the walrus” en “Magical Mistery Tour”

La mayor parte del rodaje —que se les fue de las manos: 11 semanas de duración y diez horas de metraje— tuvo lugar en una base aérea abandonada de Kent en un momento de transición para el grupo: su descubridor y agente, Brian Epstein, había muerto en agosto de 1967 por una ingesta de barbirtúricos que oficialmente fue determinada como accidental;  acababan de conocer al falso santón Maharishi Mahesh Yogui, a cuya disciplina sectaria se apuntaron con entusiasmo inicial para descubrir bien pronto que el gurú sólo quería dinero y sexo —a Harrison le importó poco y siguió siendo fiel hasta la muerte al embacuador—, y el tremendo esfuerzo de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (junio de 1967), que les había dejado en una encrucijada creativa.

El estreno de la película en televisión fue recibido con unas merecidas muy malas críticas. Incluso la prensa británica aquejada de beatlemanía se preguntó qué pretendía el grupo con aquel ejercicio absurdo y pedante.

Interior del doble EP de "Magical Mistery Tour"

Interior del doble EP de “Magical Mistery Tour”

La música es otra cosa. El doble extended play inicial con la banda sonora de Magical Mistery Tour, primorosamente editado con un libreto-cómic (y un primerizo y torpe logotipo de la manzana de Apple), contiene seis canciones entre las que sólo sobra la babosa Your Mother Should Know, una baladita de McCartney en uno de sus momentos-sacarosa.

Los demás es oro puro, sobre todo I Am the Walrus, un viaje astral e inspiradísimo que está entre las mejores canciones compuestas por Lennon.

¿Consejo? Vean los vídeos de la película en Internet (los colocó tras el post), compren las canciones en ediciones baratas —el doble EP fue lanzado más tarde como álbum, con el añadido de algunos temas sueltos para completar el producto: se puede encontrar a precio decente (unos 8 euros)— y no contribuyan a que los hombres y viudas de negocios sigan viviendo con los réditos de lo que una vez fueron y nunca volverán a ser (McCartney) o sacando partido a las falsas lágrimas de luto eterno (Ono).

Ánxel Grove






El cartel de circo sobre el que Lennon escribió una canción

Cartel del circo de Pablo Fanque

Cartel del circo de Pablo Fanque

El cartel es de 1843. Más de un siglo más tarde, en enero de 1967, John Lennon encontró una copia original en una tienda de antigüedades de la pequeña villa de Westerham durante un descanso en la filmación de las películas promocionales de Stawberry Fields Forever y Penny Lane, que los Beatles estaban grabando en la cercana y lujosa mansión de Knole.

Era un tiempo en que los Fab Four cultivaban el amor por la cámara lenta, las estrechas e inútiles gafas de sol rectangulares, los mozos de cuadra con trajes afrancesados y las charreteras militares. Consumidores de LSD, todavía no contaminados por el budismo sectario del Maharishi y deseosos de hacer música más sinfónica y de vodevil que roquera, buscaban en los códigos british más vernáculos —té con pastas, caza del zorro, jardines otoñales…— elementos para construir un nuevo glosario musical. A Lennon le pareció que el póster de circo de la época victoriana estaba lleno de posibilidades literarias.

Utilizando los textos del cartel casi textualmente escribió la letra de Being for the Benefit of Mr. Kite, poblada de camas elásticas, aros de fuego, caballos que bailan vals y saltos mortales. El 17 de febrero empezó a grabarla en los estudios Abbey Road.

Dijo a George Martin, arquitecto del sonido beatle, que quería una “atmósfera de carnaval” y “oler el serrín del suelo”. Fue complicado (es una de las canciones más complejas del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band —en el que cerraba la cara A— y una de las más sobrecargadas de efectos), pero más o menos lo consiguieron.

Al principio Lennon estaba contento, dijo que el tema era “una acuarela” y le hizo gracia que la BBC lo censurase por entender que en el nombre Henry the Horse, citado en la letra, se escondían dos maneras de mencionar en clave a la heroína entre los consumidores. Con el paso del tiempo, el beatle más dotado se desentendió de aquel entusiasmo y declaró que no se sentía “especialmente orgulloso” de Mr. Kite y su fantasioso mareo de carrusel.

Pablo Fanque (izquierda) y Lennon con su copia del cártel

Pablo Fanque (izquierda) y Lennon con su copia del cártel

El cartel del que nació la pieza acaba de ser recreado en una edición de lujo —todo lo beatle parece ser en estos tiempos opción exclusiva para el 1%— que se vende a más de 300 euros.

Los artistas implicados, Peter Dean y Andy English, han lanzado un vídeo para anunciar el producto pero no pueden usar la música de Lennon —la vieja dama Ono y el soy-vegetariano-pero-desalmado-con-mis-semejantes McCartney exigen plusvalía—.

En todo lo relacionado con Being for the Benefit of Mr. Kite no se otorga ningún crédito a la que persona que debería ser considerada coautora de la letra, Pablo Fanque. Empresario de circo, caballista, equilibrista, promotor y hombre para todo, era hijo de africanos, masón, ferviente católico y una figura bien conocida en la Inglaterra del siglo XIX. Cuando murió de bronquitis en 1871, un caballo negro sin jinete participó en el cortejo mientras la banda de música tocaba una marcha fúnebre. A Lennon le hubiera gustado.

Ánxel Grove

El aburrido verano de John Lennon en Almería

John Lennon en Carboneras (Almería)

John Lennon en Carboneras (Almería)

Septiembre de 1966, en una de las playas del municipio almeriense de Carboneras. El hombre sentado en la arena es el beatle John Lennon, que en unos años se convertiría en adalid del pacifismo. Es justo sospechar —para los Beatles sólo existía un mundo y empezaba y terminaba en el Reino Unido— que Lennon no tenía idea de que unos meses antes, el 17 de enero, dos bombas atómicas de 1,5 megatones cada una  (la Little Boy de Hiroshima tenía una potencia mil veces menor) habían caído al mar a menos de 40 kilómetros del lugar de la plácida fotografía, en el también almeriense término de Palomares.

Con el ánimo de un turista cansado y sin crema solar en las maletas —algunas fotos le muestran con el habitual matiz de cangrejo de río de los ingleses en vacaciones—, es necesario disculpar a Lennon de vivir en otro universo y no enterarse de casi nada (aunque no olvidó que le trajeran a Almería un Rolls Royce de pop star millonario con chófer): estaba en la costa mediterránea española disfrutando de un merecido break para jugar a hacer cine y le importaba un bledo todo lo demás.

Ticket de entrada del último concierto de los Beatles

Ticket de entrada del último concierto de los Beatles

Menos de un mes antes, el 29 de agosto, los Beatles se habían despedido de los conciertos comerciales tras comprobar que no eran capaces de reproducir en directo los cada vez más complejos sonidos y juegos de voces del estudio —escuchen la desafinadísima versión estilo Factor X de Paperback Writer con la que castigaron a la audiencia en el último show—. También estaban muy quemados: su agente, Brian Epstein, les había embarcado en una demencial y desordenada carrera de ratas de 1.400 actuaciones en los últimos cuatro años. Nada importaba con tal de facturar, sostenía el menesteroso Epstein, un tipo tan aparentemente cordial como ambicioso al que sólo le quedaban unos meses de vida.

Cartel original de "Como gané la guerra"

Cartel original de “Como gané la guerra”

Antes de empezar a grabar el nuevo álbum del grupo, que sería Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club, los cuatro beatles decidieron perderse de vista por unos meses, romper la pesada convivencia diaria, salir de la espiral gira-disco-gira e intentar reencontrar el dinamismo. Paul McCartney se dedicó a hacer vida social e interesarse por la música electrónica, George Harrison pasó unas semanas en la India recibiendo clases de sitar de Ravi Shankar, Ringo Starr se dedicó “a engordar”, como él mismo admitió, y Lennon se vino al mini Hollywood de Almería a participar como actor en la película Cómo gané la guerra [en este YouTube puede verse completa].

El film, una sátira de las películas bélicas, es tan malo como las dotes como actor de Lennon [este vídeo es un montaje de todas las escenas en las que interviene, unos ocho minutos en total], a quien convenció para que aceptase el papel el director Richard Lester, el efectivo artesano que había trabajado con los Beatles en las operetas promocionales ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y ¡Socorro! (1966) —pese a las admiraciones, ni siquiera admisibles para comer palomitas— y que ahora veía en el nada autocrítico Lennon, una de esas personas convencidas de que, hiciese una canción o un garabato, el arte estaba en sus genes, un buen gancho para un taquillazo. No fue el caso.

Lennon declaró más tarde que se aburrió mucho en la costa de Almería. Para celebrar su 26º cumpleaños (9 de octubre) hizo traer de Londres a su mujer, Cynthia, y a Ringo. Cuarenta años más tarde, invitada de nuevo a la ciudad, ella fue sincera al reconocer su provincianismo (“era completamente distinto de lo que conocíamos. Jamás había visto a una mujer vestida toda de negro“) y cierta tendencia a la histeria o intolerancia a la marihuana: “Allí ocurrían cosas extrañas (…) Las cosas se movían, las luces se apagaban y encendían (…) Una vez se fue la luz durante más de media hora”.

Cortijo de Santa Isabel

Cortijo Romero

Para alojar a los invitados Lennon alquiló el Cortijo Romero. Tras tres décadas de abandono, el caserón palaciego, con grandes jardines, huertos con frutales y piscina, ha sido restaurado y alberga ahora la Casa del Cine del Ayuntamiento de Almería para recordar el efímero pasado de la zona como lugar de rodajes baratos.

Lennon y sus invitados dejaron la casa el 6 de noviembre tras una trifulca con los propietarios, se fueron a Madrid en tren y de allí a Londres en avión. Mientras tanto, McCartney hacía el camino Londres-España en coche para darle una sorpresa a su colega, pero se desvió hacia Málaga y, al enterarse de que Lennon ya estaba de vuelta en el Reino Unido, regresó él también.

En suma, las seis semanas del beatle en la costa almeriense dejaron una pésima película, un bronceado mal llevado, la primera vez que Lennon usó los espejuelos de la Seguridad Social británica (una exigencia del guión) que se convertirían en imagen de marca, bastante aburrimiento y —el oro entre tanto carbón— una canción compuesta en soledad en la playa de San Miguel y grabada en un magnetofón portátil en uno de los cuartos del Cortijo Romero: Stawberry Fields Forever. La esplendorosa demo de Almería es la primera que se escucha en este vídeo.

Cartel de la exposición de Yoko Ono

Cartel de la exposición de Yoko Ono en la que conoció a Lennon

El 9 de noviembre, dos días después de llegar a Londres, Lennon fue a visitar la exposición que tenía en cartel la Indica Gallery, entre cuyos fundadores estaba McCartney. Exhibía cuadros “no terminados” de una tal Yoko Ono.

No soy el primero en hacerme estas preguntas: ¿y si McCartney hubiese pasado de Málaga y llegado a tiempo para encontrarse con Lennon en el cortijo? , ¿y si los dos músicos decidiesen quedarse unos días más en aquellos arenales donde casi nadie les molestaba?, ¿y si grabasen más canciones en el magnetofón?, ¿y si el destino hubiese dejado plantada a la mujer que arruinó los campos de fresas para siempre?.

Ánxel Grove